Skip to main content
Internet Archive's 25th Anniversary Logo

Full text of "Castilla la Nueva;"

See other formats


Google 



This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as parí of a projcct 

to make the world's books discoverablc onlinc. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the 

publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prcvcnt abuse by commercial parties, including placing lechnical restrictions on automated querying. 
We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfivm automated querying Do nol send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ Maintain attributionTht GoogXt "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct and hclping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remove it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any specific use of 
any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite severe. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs 
discover the world's books while hclping authors and publishers rcach ncw audicnccs. You can search through the full icxi of this book on the web 

at |http: //books. google .com/l 



Google 



Acerca de este libro 

Esta es una copia digital de un libro que, durante generaciones, se ha conservado en las estanterías de una biblioteca, hasta que Google ha decidido 

cscancarlo como parte de un proyecto que pretende que sea posible descubrir en línea libros de todo el mundo. 

Ha sobrevivido tantos años como para que los derechos de autor hayan expirado y el libro pase a ser de dominio público. El que un libro sea de 

dominio público significa que nunca ha estado protegido por derechos de autor, o bien que el período legal de estos derechos ya ha expirado. Es 

posible que una misma obra sea de dominio público en unos países y, sin embaigo, no lo sea en otros. Los libros de dominio público son nuestras 

puertas hacia el pasado, suponen un patrimonio histórico, cultural y de conocimientos que, a menudo, resulta difícil de descubrir. 

Todas las anotaciones, marcas y otras señales en los márgenes que estén presentes en el volumen original aparecerán también en este archivo como 

tesümonio del laigo viaje que el libro ha recorrido desde el editor hasta la biblioteca y, finalmente, hasta usted. 

Normas de uso 

Google se enorgullece de poder colaborar con distintas bibliotecas para digitalizar los materiales de dominio público a fin de hacerlos accesibles 
a todo el mundo. Los libros de dominio público son patrimonio de todos, nosotros somos sus humildes guardianes. No obstante, se trata de un 
trabajo caro. Por este motivo, y para poder ofrecer este recurso, hemos tomado medidas para evitar que se produzca un abuso por parte de terceros 
con fines comerciales, y hemos incluido restricciones técnicas sobre las solicitudes automatizadas. 
Asimismo, le pedimos que: 

+ Haga un uso exclusivamente no comercial de estos archivos Hemos diseñado la Búsqueda de libros de Google para el uso de particulares: 
como tal, le pedimos que utilice estos archivos con fines personales, y no comerciales. 

+ No envíe solicitudes automatizadas Por favor, no envíe solicitudes automatizadas de ningún tipo al sistema de Google. Si está llevando a 
cabo una investigación sobre traducción automática, reconocimiento óptico de caracteres u otros campos para los que resulte útil disfrutar 
de acceso a una gran cantidad de texto, por favor, envíenos un mensaje. Fomentamos el uso de materiales de dominio público con estos 
propósitos y seguro que podremos ayudarle. 

+ Conserve la atribución La filigrana de Google que verá en todos los archivos es fundamental para informar a los usuarios sobre este proyecto 
y ayudarles a encontrar materiales adicionales en la Búsqueda de libros de Google. Por favor, no la elimine. 

+ Manténgase siempre dentro de la legalidad Sea cual sea el uso que haga de estos materiales, recuerde que es responsable de asegurarse de 
que todo lo que hace es legal. No dé por sentado que, por el hecho de que una obra se considere de dominio público para los usuarios de 
los Estados Unidos, lo será también para los usuarios de otros países. La l^islación sobre derechos de autor varía de un país a otro, y no 
podemos facilitar información sobre si está permitido un uso específico de algún libro. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en 
nuestro programa significa que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de 
autor puede ser muy grave. 

Acerca de la Búsqueda de libros de Google 



El objetivo de Google consiste en organizar información procedente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal. El programa de 
Búsqueda de libros de Google ayuda a los lectores a descubrir los libros de todo el mundo a la vez que ayuda a autores y editores a llegar a nuevas 
audiencias. Podrá realizar búsquedas en el texto completo de este libro en la web, en la página |http : / /books . google . com| 



Spa-n l«iO.T " Z¿,.Sx^..,iríL. 




CASTILLA LA NUEVA 




GASTILLA la Í5UEVA 

D. José M.' Quadrado v D. Vicente de la Fuente 



DlDUJOS k PLUMA DE PaSCiJ, OmS Y O. DELGADO - HELIOGRAFÍAS DE ThOMÍS 
Grabados de GOmez Poi.o-CnoMOS de Xumetra 



TOMO 11 



BARCELON^A 

ESTABLECIMIEBTO TIPOGRÁFICO - EWTORIAL DE DANIEL CORTEZO Y C 
Calle de Ausias-Mabcii , NOmehos q; v g7 

1886 






Cl > L-O 




ctr-L-ej -jít ) uoU 



4 



^1 



-taSaf5Rfei«te4 




•"^^Sl^JK®^- 



GUADALAJARA 




Geología. — División déla Provincia: Serranía, Alcsrria 7 Campiña. 

Línsltea y ríos. — Caminos. — Pueblos principales. — Montañas. — Historia: 

Su situación en la Celtiberia: los lusones y arevacos 



* Y i^LZASE á la parte meridional de Aragón una áspera y di- 
3"^ latada sierra, la cual corre paralela á la cordillera que 
los antiguos llamaron Idubeda y que sirve de valladar al Ebro, y á 
España de segunda muralla, antes de llegar á la cordillera carpeto 
vetónica {6). Esa otra tercera sierra y á la vez tercer baluarte no 
tiene nombre propio, y lo va tomando de las célebres pobla- 
ciones que cerca de ella tienen su asiento ; llamándose de Alba- 



(a) Adicionada 

(b) Después de so derrota i 
se refuf^ió el general Castaños 



segunda edición, como lodo lo que va anotado ni prin- 



el centro de! Idubeda, á ella 
restos del ejército español. 



VIH INTRODUCCIÓN 



rracín, Cuenca, Molina y Medinacelí, avanzando por la provincia 
de Soria hasta el punto donde ésta parte linderos con Guadala- 
jara y Segovia. De esta serranía parten casi todos los ríos más 
célebres y caudalosos que bañan la España central, el Tajo, el 
Júcar, el Guadiela, el Henares y el Jarama que la separa de Se- 
govia. A la vez entre esta Serranía y el Idubeda corren el Gua-^ 
dalaviar, el Jalón y el Duero que recogen los afluentes que de 
una y otra cordillera se derivan. 

* Casi de un mismo paraje, en los confines de Aragón y 
Cuenca brotan las fuentes de varios caudalosos ríos, de los más 
célebres y nombrados en nuestra geografía. Vierte al Oriente 
sus aguas el Guadalaviar, que, después de saludar los muros de 
Albarracín y Teruel y los confines de la provincia de Cuenca, 
viene á fecundar las fértiles vegas de Valencia. De otros no 
lejanos manantiales en la vertiente opuesta nacen el Tajo, el 
Gabriel y el Júcar, que de norte á sud bañan la provincia de 
Cuenca, y luego de este á oeste surcan la de Valencia, unidos 
como de un origen. Á las inmediaciones de Molina brotan el 
Guadiela y más allá el Tajuña que desde cerca de Sigüenza 
corre paralelo á estos con escaso pero bien aprovechado caudal. 
No lejos de allí y también al norte de Sigüenza nace pobre- 
mente el Henares de más fama que caudal, y después de sa- 
ludar á Sigüenza, Guadalajara y Alcalá que le dio su fama, corre 
á unirse con el Jarama, límite entre las provincias de Segovia y 
Guadalajara, yendo ambos unidos con el Tajuña á verter sus 
aguas en el Tajo, el cual ya para entonces ha recogido los cau- 
dales del Guadiela, que vienen á engrosar los suyos, después 
de separar las dos Alcarrias. 



* Divídese la provincia de Guadalajara, bajo el punto de 
vista geológico, en tres partes, según la tradición del país: la 
Serranía^ la Alcarria propiamente dicha, y la Campiña. Com- 



INTRODUCCIÓN IK' 



prende la Serranía el áspero terreno del señorío de Molina^ 
que es la clave del territorio de las dos provincias gemelas, 
pues el señorío forma un recodo que entra en la provincia de 
Cuenca. Forma la Alcarria propiamente dicha el país que media 
entre el Henares y el Guadiela y bañan el Tajo y el Tajuña faj. 
Con el nombre de la Campiña se conoce el territorio occidental 
y llano que baña el Henares, y se extiende hasta más allá de 
Alcalá, fuera ya de la provincia y la línea del Jarama, que 
suelen llamar Campiña de Alcalá^ para diferenciarla de la de 
Guadalajara. 

* Cortando en dirección de poniente á levante, desde Uce- 
da y las márgenes del Jarama hasta Castilforte y Valtrablado, 
ofrece la provincia de Guadalajara una serie de cuencas de ríos 
y altas mesetas de montañas que las separan ; como si allá en 
los tiempos prehistóricos, las corrientes que bajan de la Serranía 
hubiesen ido labrando anchos surcos en aquel terreno de mu* 
cha elevación sobre el nivel de los mares. 



* Dejando á un lado las villas de Atienza y CogoUudo y 
pasado el Henares por cerca de Sigüenza ó Matillas, se trepa á 
la alta meseta que denominan los pueblos de Grajanejos y Al- 
madrones, la cual se extiende hasta Torija, de donde por rápida 
cuesta se baja hasta Guadalajara, puesta no en el centro sino 
en el confín de la provincia; pero que no se desdeña, y con razón, 
de llamarse capital de la Alcarria. Cruzada por Masegoso la 
estrecha cuenca del Tajuña, se trepa á la feraz meseta de Ci- 
fuentes cuyo claro y bullicioso río corre precipitado hacia Trillo, 
donde en vistosa cascada rinde al Tajo sus caudales. Cruzado 



(a) De la otra Alcarria á la parte oriental del Guadiela se tratará en la segunda 
parte de este tomo al hablar de la Provincia de Cuenca. 

a 



X INTRODUCCIÓN 



este río por antiguo puente, se sube á otra prolongada meseta, 
sobre la cual descuellan las altas y gemelas cumbres de las cé- 
lebres tetas de Viana (a), atalayas de toda la Alcarria, y del Tajo 
y sus afluentes. De allí se baja á la cuenca del Guadiela, límite 
de las dos Alcarrias, penetrando en la provincia de Cuenca por 
el territorio de Huete. 

* Otra carretera de Madrid á Zaragoza construida en 1826, 
conduce de Guadalajara á Torija, donde se bifurca, bajando un 
ramal á Brihuega y Cifuentes y el otro á Medinaceli. La vía 
férrea sigue precisamente la vía celtibérica y romana, por la 
cuenca del Henares, por las estaciones designadas por Anto- 
niño. 



* Ocupan los cuatro puntos cardinales de la provincia otras 
cuatro ciudades de alta importancia histórica, y célebres por 
más de un concepto. Guadalajara, capital de la provincia y pues- 
ta en su extremo meridional, cuya historia se liga con las tra- 
diciones de la célebre casa de Mendoza y sus muchas y glorio- 
sas ramas. Sigüenza, de alta importancia eclesiástica, capital 
del territorio bajo el punto de vista religioso. Molina, centro de 
su señorío, fué más bien en su origen una behetría, cuyo título 
no se desdeñaban de llevar los Reyes con el de condes de Bar- 
celona, y señores de Vizcaya, y de Molina. Finalmente Bri- 
huega, de importancia histórica más moderna, teatro de san- 
grientas luchas, la cual reclinada en alto repecho á guisa de 
anfiteatro, domina el curso del Tajuña. Atienza, Cifuentes y 
Pastrana no sufrirían que se dejase en- silencio, no como quiera 
su celebridad, sino también su importancia. 

* No descenderemos á notar los límites de la provincia 
pueblo por pueblo, ni todos los ríos y arroyos afluentes á los 



(a) Véase la cabecera de esta introducción. 



INTRODUCCIÓN XI 



ya nombrados. Una ojeada sobre el mapa facilita ahorro de 
tiempo, papel y trabajo, sin perjuicio de irlos describiendo más 
detalladamente al recorrer los pueblos de su nacimiento ó de su 
tránsito. 



* Descrita ya la parte fluvial de la provincia, y aun algo 
de la parte orográfíca, sin lo cual no sería posible describir la 
Alcarria, conviene notar sus principales prominencias, ya que se 
habló de los humildes valles, prolongadas mesetas y las cuencas 
de sus principales ríos (a). 

* € Siguiendo al E. la divisoria general donde principia 
la provincia de Guadalajara, nos encontramos con varias estri- 
baciones notables, que separan y accidentan las cuencas del Ja- 
rama, y de los afluentes occidentales del Henares, sobresaliendo 
entre ellos el pico Ocejón á 2,063 metros (¿), el Alto Rey y 
el Padrastro de Atienza á 4,278, los cuáles forman aun sepa- 
rados por los arroyos que van al sur, una especie de cadena 
paralela á la cumbre divisoria, á la cual dominan completamen- 
te: el último punto se nivela con las mesetas del N, pareciendo 
un trozo desprendido de ellas. Pasando más al £. se llega al 
punto donde se dividen las tres vertientes al Ebro (c), Duero y 
Tajo, y aunque allí en los orígenes del Henares y el Jalón, se 
da á la cumbre el nombre de Sierra Ministra, éste no le corres- 
ponde, pues sólo se compone de altos páramos que presentan 
caídas de ambos lados, pero más pronunciadas hacia el N. De 



(a) Poco competentes en esta materia de alturas barométricas y metros cúbi- 
cos, preferimos copiar los datos suministrados por la Junta general de Estadística, 
la cual con su carácter ofícial y docto le da casi exclusiva competencia. 

{b) Las alturas van referidas al nivel del mar. 

(c) Las aguas de la parte Septentrional de las Serranías de Molina y Albarra- 
cín, el Mesa, el Piedra y el Filoca las recoge el Jalón, que vencidas las estrechas 
hoces del Idubeda y sierra de Vicor, las conduce al Ebro. El Jalón, rio celtibero, 
•como le llamó Marcial, nace junto á Medinaceli en la parte opuesta del Henares. 



XII INTRODUCCIÓN 



igual modo continúa la divisoria, siempre al E. por los altos de 
Alcolea y de Maranchón, donde nace el Tajuña; luego tuerce 
al S.E. por un páramo, elevado constantemente á unos i,ioo á 
i,ooo metros de altitud barométrica, cuando menos, marcándose 
apenas la Peña Cordera, el Cerro del Guijo y los altos de Ara- 
goncillo, hasta encontrar la pequeña sierra del Águila y Peñón 
de Ituero, próxima á Molina, cuyo segundo punto se eleva 
á 1,480 metros, que es la única que presenta el carácter de tal, 
á pesar de su escasa importancia. Las vertientes á uno y otro 
lado, que pertenecen á distintas cuencas, van profundizando 
sucesivamente, y las del S. que corresponden á las que nos 
ocupan, ahondan más para llegar al Tajo, que aquí corre muy 
cercano > . 

* € Pasada la pequeña sierra que hemos citado se encuen- 
tra un elevado lomo, marcado en los mapas con el nombre de 
Sierra Menera,el cual se dirige alS. donde se notan algún tanto 
el alto de Setiles, á 1,552 metros, y los montes de las Meneras, 
Ojos negros y San Ginés: después tuerce al N. donde se en- 
cuentra la Sierra del Tremedal, con sus picos del Alta y Calmo- 
doro, y, por último, el límite déla cuenca marcha otra vez al S. 
por la Muela de San Juan á unos 1,700 á 1,800 metros de alti- 
tud, y en la provincia de Teruel, formando luego un arco para 
encerrar en una pequeña hoyada las primeras vertientes al Tajo, 
que nace allí en la masada de García faj^ dominándola al S. el 
Puntal del Corzo á 1,620 metros, que separa sus vertientes 
de las que van al Mediterráneo por los ríos Gabriel y Júcar. 
Todo este trozo, que se ha representado siempre como un gran 
nudo de sierras, que se alzaban en agudos picos, es sólo una no- 
table protuberancia ó gibosidad, sobre la que se elevan poco 
los puntos que hemos señalado y los demás que señalaremos 
en la parte occidental de la cuenca» (¿). 



(a) Dentro esta de la provincia de Teruel. 

{d) Omitimos el resto de la descripción que se refiere más bien á la Alcarria y 
la Campiña, 



INTRODUCCIÓN XlII 



* Terminada la parte orográfica ó montañosa que se refiere 
principalmente á la parte septentrional de la provincia, y sin 
perjuicio de citar en sus respectivos parajes noticias de otras 
montañas, picos, lagunas y pequeños ríos, cuya nomenclatura 
acumulada sólo serviría para hacer la relación monótona y pesa- 
da^ conviene decir algo acerca de la historia antigua de las dos 
provincias gemelas de Guadalajara y Cuenca, la cual las une y 
caracteriza aún más que la naturaleza misma, que les dio igual 
clima, ríos nacidos en vecinas fuentes, igual flora, igual fauna y 
condiciones en muchas cosas parecidas. 

* Constituyen estas dos provincias en su parte montuosa 
y alcarreña, junto con los territorios de las cuatro comunidades 
de Aragón {a)^ sus aledañas, el centro ó corazón, como solía de- 
cirse, de la célebre, belicosa é indomable Celtiberia, más bien 
ganada por los romanos que vencida. 

* Estrabón y Plinio fijaron los límites de la Celtiberia más 
bien tales cuales eran en tiempo de los emperadores romanos, 
que no en los de su primitiva independencia. Plinio, que escribía 
más como funcionario público que como geógrafo, pone el 
principio de la Celtiberia por E. en Segorbe, mirando desde 
Roma y según sus mapas murales, y el límite occidental en 
Clunza (Coruña del Conde), más allá de Osma. Estrabón, más 
geógrafo y observador de las costumbres y caracteres, pone los 
límites de ella de N. á S. en contraste con el anterior desde la 
parte meridional del Moncayo y cordillera del Idubeda, hasta 
las fuentes del Betis y el Guadiana. 

* Dentro de tan vasto territorio yacían los belitanos 
que ocupaban la serranía de Belchite y Teruel, hasta Albarracín 
y Segorbe, los lusones de la cuenca del Jalón y las fuentes del 
Tajo, en el señorío de Molina, los lobetanos de la serranía de 
Cuenca y su tierra, los oretanos de Alcázar de San Juan y en- 
tradas de la Mancha, los carpetanos de la parte occidental del 



(a) Albarracín, Teruel, Daroca y Calatayud. 



XIV INTRODUCCIÓN 



Tajo al Guadarrama, los arevacos desde Segovia la sierra del 
Guadarrama y cordillera carpeto vetónica á Cantalojas y la di- 
visoria de Guadalajara, Segovia y Soria, los pelendones de la 
provincia de Soria incluyendo á Numancia (Garray), Uxama 
(Osma) y Clunia, y luego el territorio principal de los celtíberos 
por antonomasia que era el del Jalón y sus afluentes, á cuyos ha- 
bitantes llamó Estrabón celtíberos principales {a). Extendíase el 
territorio de estos desde Arcos (Arcobriga) á Calatorao ó Riela 
(Nertobriga) á raíz del Idubeda hasta cerca de Cazlona, el terri- 
torio de la Mancha (¿) y las lagunas de Ruidera (^). Al río 
Jalón lo llamó Marcial celtíbero por antonomasia, y ciudades 
principales de los celtíberos llamó á Segorbe y Bílbilis en cuyos 
territorios guerrearon las huestes de Mételo y Sertorio. 

* Pero dejando para otra parte lo relativo á estos celtíbe- 
ros, hoy aragoneses de Calatayud y Daroca, cuya historia se 
liga con la del señorío de Molina, la de los belitanos de Teruel, 
los segobricenses de Albarracín, los pelendones de Numancia, 
los carpetanos del territorio madrileño, los arevacos segovia- 
nos, los oretanos ó manchegos, y aun para más adelante los lo- 
betanos de la parte de Cuenca, cumple ahora á nuestro propó- 
sito decir algo de los celtíberos lusones, de la serranía de Molina 
y la Alcarria, y los carpetanos y arevacos de la Campiña, 

* Caracteriza Estrabón el sitio central de los lusones por 
el nacimiento del Tajo [d) y añade que llegaban hasta sus ma- 



(a) Ad orium esi Jdubedaj ei Celtiberis in guaiuor partes divisis, i>r(BstantíSSimi 
eorum ad ortutn habitant et meridiem, 

{p) Pirro Idubeda supéralo siaiím additur Celtiberia, ampia regio et inaqualis 
narh per hanc dejluunt Anas et Tagus. 

Si el Jalón, Tajo, Guadiana y Duero eran los ríos principales de la Celtiberia, se 
ve claramente cuáles eran las cuatro regiones principales que Estrabón marcaba 
entre los cuatro puntos cardinales E. Segorbe, O. Clunia, N. Nestobriga y S. 

(c) La explicación de esta parte de Toledo corresponde á los tomos de Toledo 
y Ciudad Real, 

(d) Lusones quoque orientales sunt et ipsi ad fontes T ag i per tin gentes. 
Véase el tomo 49 de la España Sagrada en que se dieron los límites y contorno 

de toda la Celtiberia. El Diccionario de Cortes no goza ya de tanto crédito como 
tuvo hasta mediados de este siglo, aunque sirvió no poco para lo que después se 
ha adelantado. 




OUADALA.JARA.- Hombre del" pueblo 



^ n* 






— * •■ • « . 



INTRODUCCIÓN XV 



nantiales y pertenecían á la parte oriental de la Celtiberia donde 
moraban los más fuertes de aquella belicosa confederación. Así 
que estos celtíberos más notables, probablemente por su carác- 
ter generoso y aguerrido, se extendían desde el Idubeda que 
por aquella parte son el Moncayo y la sierra de Vicor hasta la 
parte de Albarracín y el seftorío de Molina donde nacen el Tajo 
y el CigUela de vecinas fuentes. Marcial en su preciosa des- 
cripción de la Celtiberia no omite nombrar el Tajo como río de 
ella, llamándole áureo por su fama de arrastrar arenas de oro, 
sombrío por la frondosidad de sus arboledas (¿í), y á propósito 
para pasar en sus riberas los rigores del estío. Por último el 
mismo Estrabón, después de decir que la Celtiberia comienza 
pasado el Idubeda, la llama región muy vasta y desigual 
por la que corren el Tajo y el Guadiana (¿). 

* Tajo (Tagus) se llamaba el celtíbero á quien mató el 
cartaginés Asdrúbal con atroces tormentos, y que fué vengado 
por un esclavo suyo, que á su vez asesinó al cruel cartaginés, 
y que se esforzó para no dar ninguna muestra de dolor en el 
suplicio. 

* La palabra Lusón subsiste todavía en un pueblo del 
seftorío de Molina (Luzón)^ que conserva su primitivo nombre, 
áspero quizá en la pronunciación celtibérica, y suavizado por los 
romanos, cambiando la z en s. Sigüenza era también una de las 
ciudades celtiberas^ pero ya no de los lusones, sino de los are- 
vacos ; así pues el término de aquellos era en Medinaceli y las 



(a) A tsius serenos áureo franges Tagu 

Obscurus umbris cuborum. 

Y en el otro dedicado á Lucio llama nuestro al mismo río. 

Qui Gravium veterem Tagumque nostrium. 

Cuál fuera el Gravio es cuestión entre los eruditos ; mas no puede ser el Ebro 
porque éste no tocaba en la Celtiberia. Río vascon llama Prudencio al Ebro. 

(b) Pirro Idubeda superato staiim Celtiberia additur, amfla regio et inaqualis, 
nam j>er hanc defluuni Anas et Tagus^ et alii fluvii qui in hac j>arie Celtiberia orti 
in mare occiduum fluunt. 

Alude pues al Henares, Tajuña y Guadiela, y aun también al arevaco Jarama. 



XVI INTRODUCCIÓN 



fuentes del Jalón, y el de estos desde Sigüenza y las fuentes del 
Henares, hasta las del Jarama y aún más allá comprendiendo á 
Segovia y las riberas del Areva {a). Cuando los turdetanos 
se decidieron á pelear con los romanos, acudieron, como pací- 
ficos comerciantes y sencillos agricultores, á impetrar el auxilio 
de los belicosos celtíberos orientales y lusones de la serranía de 
Molina y cuenca del Jalón. Diez mil de estos, al marchar á la 
Bética, dejaron sus equipajes en SigUenza (6). 

* Por el contrario, desde Zorita y la conclusión de la Alca- 
rria, en que ya el Tajo, recogidas las aguas del Guadiela sale 
á las llanuras, comenzaba la poca parte de la Carpetania, que 
á la provincia de Guadalajara corresponde, en que estaba Pas- 
trana si esta es la Paterniana de Tolomeo (¿r). 

* El fijar el paraje donde fué derrotado Amílcar por los 
celtíberos, ahogándose al pasar un río, que con más ó menos 
razón se supone el Tajo, y el territorio donde Aníbal derrotó á 
cien mil de estos mal dirigidos celtíberos, que le disputaban el 
paso de este río, son puntos oscuros, difíciles de averiguar y 
ágenos á nuestro propósito {d). Y aún es más agena á él la 
relación de las batallas, en que los belicosos celtíberos, que no 
podían vivir en paz, dadas las condiciones de su montuoso 
territorio, se alistaban á sueldo de sus verdugos los romanos 
y cartagineses, tan funestos unos como otros para la moralidad 
é independencia de nuestra patria. 



La historia, la geografía y el clima influyen no poco en 



(a) Tito Livio llama á Sigüenza Segontia Celiiterorum, porque en el territorio 
de Cartagena y Murcia había otro Sef^ontia^ de donde fueron expulsados los bizan- 
tinos ó imperiales á principios del siglo vii. 

Tolomeo puso á Segontia en los Arevacos. 

{b) Tito Livio, libro 22, cap. 14. 

(c) En ella estaban también Thermida y Titulíia, pero estas no son de las pro- 
vincias de Guadalajara y Cuenca, pues no admito que Thermida fuese Trillo. 

(d) Más bien se cree que esta derrota de los celtíberos ocurriese en la parte de 
la Mancha ó la Vetonia, 



INTRODUCCIÓN XVll 



la formación del genio y carácter de los habitantes de un país. 
£1 montaftés ó serrano es generalmente más apegado á su duro 
é ingrato suelo, que el habitante de las tierras llanas. £1 terre- 
no poco productivo le acostumbra á un trabajo constante, y la 
escasez de riquezas le hace sobrio y económico. La pureza de 
una atmósfera por lo común limpia, fría y serena le hacen refle- 
xivo, frío en sus cálculos, sereno en los peligros. £1 serrano y 
el alcarrefto descendientes de los celtíberos principales participa 
de estas condiciones, duro en lo que tiene de vecino de Aragón, 
y honrado pero astuto al estilo castellano. 





CAPITULO I 

Gu3dalai'3''3 antigua 



*Y^o es la perspectiva y semblante exterior de la ciudad tal 
-^^como conviniera á su histórica nombradía : fáltale desahogo 
y vista, asediada como está por todos lados, menos por el nor- 
doeste, de altillos y ondulaciones, que ni á cerros llegan; fáltan- 
le ediñcios que descuellen, torres que la coronen, viejas mura- 
llas que la ciñan, quedando de éstas solamente dos torreones 
junto á las puertas de Santa María y de Bejanque (a). El He- 
nares, que á su occidente corre, no se acerca bastante á ella 
para reproducir en las aguas su caserío, contentándose con re- 
flejar los arcos del sólido puente, situado no lejos de su principal 
entrada. A esta corriente sin embargo, desde los primeros años 
de la invasión sarracena, debió su nombre la población que río 
de piedras signiñca : su fundación empero se reputa harto más 
antigua ; de' suerte que á los recuerdos de Compluto, de que 
durante muchos siglos la opinión común la creyó heredera y que 
más detenidas investigaciones arqueológicas hicieron reducir 
después á los contornos de Alcalá, sustituyeron los anticuarios 
para explicar el origen de Guadalajara la Arriaca de Antonino 



(aj Ha sido demolido c 



4 por el propietario á quien ae enageaú. 



y la Caraca de Tolomeo y Plutarco, tomándolas por una mis- 
ma (i). Sólo una vez fígura Caraca en la historia, mas no con 
sobrado brillo: sus habitantes vivían en humildes cuevas con la 
entrada vuelta al norte, cuando Sertorio vencido por Mételo y 




ea?^^^>^v 



Puerta de Bejakqub 



viéndose de ellos hostigado, hizo acumular en frente grandes 
montones de tierra, los cuales hollados repetidamente por la ca- 
ballería levantaron tal remolino de polvo, que cegándoles en sus . 
escondrijos les obligaron á salir y á rendirse. 



(i) Plutarco menciona á Caraca como situada sobre el río Tagonio, nombre 
que conviene exactamente al Tajuúa y de ningún modo al Henares, por lo cual va- 
rios autores prefieren reducir aquella población á Caravana que está más abajo 
Sobre la derecha del primer río. En cuanto á la situación de Arriaca, puesta sobre 
el camino de Mérida á Zaragoza, no corresponde mal á la de Guadalajara. Otros 
sin harto fundamento le atribuyen el nombre de Forum oufuxfum. Francisco de 
Medina en sus anales manuscritos cita varias lápidas romanas que ca el puente 
había, y que según el contexto parecen apócrifas, y asegura que en la puerta de 
la Feria ó de Alvar Fáñez se halló hacía t 543 una piedra donde se lela el nombre 
de Julio César. 



CUADALAJARA 21 



Régulos ó valíes subordinados al de Toledo gobernaban en 
tiempo de los moros á Guadalajara: la tradición caballeresca cita 
á Bradamante rival de Carlomagno en los amores de la princesa 
Galiana, derribado por aquél en un torneo ; los anales del si- 
glo XI indican otro cuyo auxilio solicitó el intruso emir de Cór- 
doba Suleimán contra Hixem II y su fiel ministro Wadha. Flo- 
recían allí las letras, y crecieron en los siglos ix y x hombres 
insignes, entre los cuales se nos ha transmitido el nombre del 
sabio cadí Casim-ben Hilel-elCaisi, fallecido en 850, de Muha- 
mad-ben-Jusuf, historiador y muy privado del califa Alhakem II, 
de Ahmed-benChalaf y Ahmed-ben-Muza, discípulos ambos de 
Wahib-ben-Masera, que se distinguieron en el poético certamen 
celebrado por la jura de Hixem. Los mozárabes eran allí tolera- 
dos, y no falta quien crea haberse trasladado á Guadalajara la 
silla episcopal de la derruida Compluto, á cuyo prelado Venerio 
visitó San Eulogio. Llevaron hasta sus muros la guerra y el es- 
trago el tercer Alfonso y Fernando el primero, aquél en 866, éste 
hacia 1050: su conquista empero se atribuye á Alvar Fáfiez de 
Minaya, digno primo del Cid campeador. Refieren las historias 
de la ciudad, sin convenir en si fué antes ó después de ganada 
Toledo, que le puso cerco el valiente caudillo con numerosa 
hueste, que penetró una vez, solo, hasta el centro de ella en 
persecución de los sitiados, abriéndose paso con la espada, que 
vencidos en lid campal los moros le entregaron las llaves en día 
del Bautista, estipulando se les reservase una mezquita y á los 
judíos una sinagoga, y que al fin terminó allí sus gloriosos días 
el conquistador, depositándose sus restos en la parroquia de San 
Miguel hasta su traslación á Cárdena (i). Quedóle el nombre 
de Alvar Fáñez á la puerta por donde entró (2), y su imagen 



(i) Según los Anales Toledanos no murió Alvar Fáñez en Guadalajara, sino en 
Segovia asesinado. «Los de Segovia, léese allí, después de las octavas de pascua 
mayor mataron á Alvar Hannez, era MCLII (i 1 1 4 de C.).» 

(2) Estaba dicha puerta al extremo del jardín de Infantado, donde aún se nota 
el antiguo cubo del torreón. 




armada de pies á cabeza sobre un 
caballo encubertado y levantada en 
alto la espada, vino á formar el 
blasón de la ciudad, cuyo fondo 
sembrado de estrellas parece recor- 
dar que de noche fué rendida. 

Dos veces amenazaron reco- 
brarla sus antiguos dueños; en 1 1 13 
los almorávides que obligaron al 
conde García, señor de aquella, á 
levantar el sitio de Medinaceli, to- 
mándole sus máquinas y bagajes; 
en 1 196 los almohades que la de- 
vastaron en su asoladora correría. La villa, sin embargo, que 



'^m. 



. Duque del I 
10.— Portada 



IUADALAJAKA 




—Salón db Cazadc 



24 GUADALAJARA 



hasta mediados del siglo xv no ascendió á ser ciudad, siguió cre- 
ciendo y prosperando bajo la protección de los monarcas. Declaró 
Alfonso VII, en 1 133, á sus moradores exentos de portazgo en 
todo el reino; dispensóles notables mercedes San Fernando; con- 
cedióles Alfonso el Sabio franquicia de caballeros, como á los de 
Ciudad Real, por los servicios que prestaron á su bisabuelo y á su 
padre, estableció dos ferias quincenales por Pentecostés y por 
San Lucas, y prometió jamás enagenarla de su corona; otorgóles 
por fin Alfonso XI el fuero de Sepúlveda. Oriunda de aquel 
suelo ó por ventajosos enlaces atraída, habitaba allí numerosa 
nobleza ; y cada año el día de San Miguel salían al arrabal de 
Santa Catalina los caballeros á hacer alarde con sus armas y 
caballos, dispensándose así de todo pecho. Los bandos y los de- 
safíos y muertes de ahí derivadas, no escaseaban entre los beli- 
cosos vecinos, bien que los odios no fuesen muy duraderos ; y á 
veces los inferiores, cansados de ser juguete de tan estériles dis- 
cordias, se reunían para imponer la paz á los principales, y res- 
tablecer el orden y buen gobierno (i). Regían el concejo doce 



(i) Para conocer cuál era el de Guadalajara, son de sumo interés los capítulos 
de la concordia propuesta á los caballeros en 28 de Octubre de 1406 por los ornes 
buenos, pecheros y sesmeros reunidos en la iglesia de San Gil. En ella les propo- 
nen elegir por su parte seis regidores temerosos de Dios, quienes en unión con 
los dos elegidos por dicho brazo menor, rijan la tierra y desháganlos agravios de 
los alcaldes y oficiales; que los jurados sean elegidos, en número de cuatro y no 
más, de entre los vecinos de probidad y arraigo ; que ni regidores ni jurados usen 
de su oficio sin aprobación real, y que lo posean en perpetuidad ; que para los de 
alcaldes y alguacil se echen suertes al otro día de San Miguel entre personas bue- 
nas, llanas y abonadas; que á cada regidor se den 1000 mrs. de salario y á cada 
jurado 700; que los productos de propios se expendan en la obra de los muros; 
que los regidores tengan ayuntamiento tres veces á la semana para oir querellas, 
que no tomen voz y bando en ningún bullicio ó parcialidad, antes inquieran sobre 
ello severamente ; que ni caballeros ni escuderos puedan traer armas por la villa, 
ni amparen ú oculten á ningún malhechor, rufián ó vagamundo, y si se resistiere 
cualquiera á entregarle y fuere persona tal que no pueda prenderle el alguacil, 
acudan al son de la campana de San Nicolás todos los vecinos de 20 á 60 años, y 
préndanle en auxilio de la justicia; que en las cuestiones de montes con los vasa- 
llos del arzobispo, á saber, con los de Alcalá, Santorcaz, Uceda, Brihuega y Aleo- 
lea, no se acuda á la audiencia eclesiástica que los fatiga con excomuniones. En 
el citado documento del archivo municipal se habla de los caballeros de la Alca- 
rria y del Campo como de dos comarcas distintas, de las cuales se extendía aquélla 
al oriente y sur, y ésta al poniente y norte de Guadalajara. 



GUADALAJARA 2^ 

ornes áltenos, que en 141 7 se redujeron á ocho regidores, á quie- 
nes tocaba enmendar y deshacer los agravios que el juez, alcal- 
de ó jurados infíríeran (i): álos jurados incumbía la jurisdicción 
civil y conocer criminalmente de las causas de homicidio y de 
las tocantes á moros y judíos. Los corregidores no empezaron 




Palacio dbl Duqub del Infantado. — Salón i 

DCTALLSa DEL FRISO 



sino en 1455, siendo el primero Pedro de Guzmán; pero su 
elección por consentimiento de la ciudad pertenecía al duque 
del Infantado, hasta que en 1543 se mandó fuesen letrados y de 
real nombramiento. En las cortes del reino representaban dos 
procuradores á Guadalajara, de los cuales el uno era sorteado 
del seno de los regidores, el otro por el estado de caballeros 



(i) Hállase esta disposición eo las ordenanzas municipales de 11Í41, 
cuales j de varios otros documentos se eitraieron las noticias coDsignadae 
texto. 



GUADALAJA 



de entre doce al efecto elegidos, sin que por 
esto se evitasen las rencillas que procuró ata- 
jar la real sentencia de 1565. 

De las frecuentes estancias que hicieron 
allí los reyes, del señorío de las reinas y prin- 
cesas á quienes por turno fué cedida, no ha 
quedado en Guadalajara monumento alguno, 
ni siquiera ruinas de sus palacios. Frente á la 
parroquia de San Miguel desígnase el sitio 
del que la tradición apellida de D.^ Urraca; 
y hacia la fuente de Santa María, en las casas 
que después fueron de Rodrigo de Morales y 
de D/ Juana de Lujan, dícese que moró la 
reina Berenguela, digna madre de San Fer- 
nando, desde su divorcio con el marido hasta 
el término de su virtuosa y larga existencia, 
criándose á su lado Felipe y Sancho, sus nie- 
tos, bajo la dirección del arzobispo D. Ro- 
drigo. Heredera de su nombre y virtudes, 
biznieta suya é hija de Alfonso X, era la 
princesa que á fines del propio siglo xiii po- 
seía á Guadalajara juntamente con Aillón, 
Salúk m caiadoibs Pastrana é Hita, rechazada la mano y las orien- 
DMi AíTEsoHADo talcs pompas que el sultán del Cairo le ofre- 
cía (i); virgen se mantuvo toda su vida, y entre vírgenes á su 
muerte fué sepultada. Sucediéronle en el dominio de la regia villa 




(1) Ignoramos qué Tundamento tenga este aserto de varios cronistas, y mucho 
menos el sobrenatural castigo que suponen reca(do en la princesa, según referimos 
en la pág. go del tomo i.° de esta edición, confundiéndolo sin duda con U desas- 
trada muerte de su hermano D. Pedro, señor de Ledesma, ú quien hirió en la caza 
un azor en 1 383 ¿presencia de D.* Berenguela. Tampoco es cierto y averiguado 
que hiciese donación de Guadalajara á las monjas de Santo Domingo el Real de 
Madrid, ni que esté sepultado en dicho convento, pues asimismo pretende poseer 
sus cenizas el de Santa Clara de Toro. Antes que D.* Berenguela, tuvo el señorío 
de Guadalajara. según cuenta Míndez Silva, sin expresar por qué titulo y razúD, 
U infanta de Portugal D.* Blanca, hija del rey Sancho I, fallecida en 1 340. 



GUADALAJARA 27 



dos hijas de Sancho IV, Isabel y Beatriz, viuda ésta de Alfonso IV, 
rey de Portugal, y aquella del duque de Bretaña; después de frus- 
trado su enlace con el monarca de Aragón, con quien á los nueve 
años en 1292 había sido desposada allí mismo, reuniéronse en 
aquel honrado asilo las dos hermanas, y por ellas acaso tomó el 
nombre de las Infantas el antiguo puente de Alamín. Por la paz 
acordada en 1388 fué dada la villa con las de Olmedo y Medina 
del Campo á la hija del rey D. Pedro, Constanza, duquesa de 
Lancáster, en cambio de sus derechos á la corona paterna; y 
otras reinas, como Leonor, viuda de Francisco I de Francia y 
hermana del emperador, como la viuda del último rey austriaco 
Mariana de Neoburg, hallaron en Guadalajara, al bajar del tro- 
no, una tranquila aunque no oscura residencia. Pero el real al- 
cázar con su adjunta capilla pereció, sin dejar de su situación 
más que vagas conjeturas : y ya no es posible fijar el punto 
dónde Alfonso VIII en 1 207 otorgó treguas por cinco años al 
abatido rey de Navarra, dónde Sanpho IV hizo las paces con el 
de Aragón, en presencia de los embajadores de Roma y Fran- 
cia, dónde Alfonso XI reunió Cortes en 1337, y convaleció de 
una larga dolencia, é instituyó en día de San Juan la orden de 
caballeros de la Banda, condecorando con ella á los Pechas, 
Orozcos y Ceballos, dónde Juah I trató de reformar su casa y 
de renunciar la corona en su hijo poco antes de su prematura 
muerte, dónde creció Juan II bajo la tutela de su madre domina- 
da á la sazón por su favorita Inés de Torres, y dónde tuvo Cor- 
tes en 1408 y en 1436. 

Mayor lustre dio á Guadalajara la residencia de un simple 
magnate, y mejor y más durable monumento le dejó de su po- 
derío. Oriunda del suelo alavés, y preciándose de reunir en sus 
venas la sangre de los jueces de Castilla y la del Cid con la de 
los señores de Vizcaya, domicilióse en Guadalajara, á mediados 
del siglo XIV, la noble estirpe de los Mendozas; y del enlace de 
su progenitor Gonzalo Yáñez, montero mayor de Alfonso XI, 
con Juana Fernández de Orozco, señora de Buitrago é Hita, na- 



ció la primer grandeza de la casa de Infantado. Acrecentáronla 
rápidamente Pedro González, su hijo, mayordomo mayor de 
Juan I, cuya vida salvó á costa de la suya en AljubarroU, y su 




Duque del Infantado. — Antesala del Salón de Linajes 



nieto Diego Hurtado, almirante de Castilla, que casado con Ma- 
ría, hija natural de Enrique II, y después con Leonor de la Ve- 
ga, heredera de los Garcilasos, agregó por éstos á su herencia 
el blasón del Ave María y los estados deSantillana. Pero llevó á 
su apogeo la gloria y pujanza de los Mendozas, y al paso la de 



Guadalajara, donde se crió y terminó sus días, D. Iñigo López, 
el famoso marqués de Santillana, primero de este título, á quien 
el rey concedió además el de conde del Real de Manzanares y 




señor de Junqueras, y á quien la posteridad, confirmando el 
juicio de sus contemporáneos, ha conservado los de poeta, sabio, 
político y guerrero (i). A favor de su primogénito D. Diego 



(i) Excniamos repetir lo que de este célebre personaje y de 9U8 antepasados 
escribimos en la pág. 328 y siguiente del tomo i .° de Castilla la Nueva en esta 
ediciúD, mas no será fuera de propósito dar una breve noticia de bus descen- 
dientes, empezando por su hijo D. Diego Hurtado de Mendoza, primer duque 
del Infantado, que cbsiJ en primeras nupcias con D.' Brianda de Luna y en segun- 
das con D.* Isabel Eoríquez, y poseyó sus estados desde que en 14^8 murió su 
padre hasta su propio fallecimiento en 1479. El segundo duque D. Iñigo López, 
casado con D.* María de Luna y distinguida por su piedad y magniGcencia, 
murió en 1500. El tercer duque, llamado D. Diego Hurtada como su abuelo, 
casó con D.* María de Pimentel, hija del conde de Benavcnte, falleciendo en 
1 ; 1 1 : el cuarto D. Iñigo López, muy dado á las letras, gran cazador y músico, 
y tan puntilloso como caritativo, pues en un año solo diú 10,000 ducados á 



30 GUADALAJARA 



Hurtado, cuyas primeras bodas con D.^ Brianda de Luna, tía 
del famoso D. Alvaro, honró con su presencia Juan II, crearon 
los Reyes Católicos en el real sobre Toro en 1475 el título de 
duque del Infantado; y el matrimonio del segundo duque D. ífti- 
go López con D.* María de Luna, hija y heredera del infortuna- 
do condestable, contraído secretamente á despecho de rivales 
poderosos (i), duplicó el valor de sus rentas y el número desús 
vasallos. Entonces la grandeza del jefe de los Mendozas, realza- 
da con la autoridad de su tío el gran cardenal de España, no re- 
conoció igual entre los ricos-hombres de Castilla, y hasta á la 
real hubiera eclipsado bajo reinados menos gloriosos que el de 
Fernando é Isabel : ochocientos lugares y noventa mil vasallos 
le reconocían por señor y acudían á su tribunal privativo; caba- 
lleros componían su servidumbre; sus pajes y oficiales llevaban 
ilustres títulos ; condes, marqueses, prelados de su apellido ó 
parentela, giraban como planetas al rededor de su centro, retri- 
buyéndole el esplendor que recibían. 

Guadalajara, corte pero no subdita de un poder aristocrá- 
tico que en días menos bonancibles habría puesto en cuidado al 
trono, vio en adelante identificada su historia con la de esta 
opulentísima casa. Quitada en 1459 al primer duque por el 



los pobres, tuvo por esposa á D.* Isabel de Aragón, hija de D. Enrique, duque 
de Segorbe, y terminó sus días en i$66 sobreviviendo á su primogénito Don 
Diego. Heredóle su nieto D. Iñigo, quinto duque del Infantado, que casó con 
D.* Luisa Enríquez de Cabrera y murió en 1601, sucediéndole á falta de hijos 
varones su primogénita D.* Ana, casada en primeras nupcias con D. Rodrigo, 
su tío, 7 en segundas con D. Juan de Mendoza, hijo del marqués de Mondéjar, 
la cual falleció en 1630. En D.* Luisa, hija del primer enlace y esposa de D. Diego 
Gómez de Sandoval, hijo segundo del duque de Lcrma, espiró la línea directa de 
ios Mendozas, y su hijo D. Rodrigo, octavo duque, tomó el apellido de Díaz de Vi- 
var, en memoria del Cid, de quien se preciaba de descender. La casa y título de 
Infantado pasó más tarde á la familia de Toledo, y de ésta últimamente á la de 
Osuna. 

(i) De éstos el principal era D. Diego López Pacheco, hijo del ambicioso maes- 
tre D. Juan, para quien el mismo rey Enrique IV solicitaba la mano de la rica he- 
redera hasta el punto de ponerle guardas de vista en su castillo de Arenas. Pero 
el joven Mendoza á la sazón conde de Saldaña, llamado secretamente por la madre 
de aquella, y escalando los muros con el auxilio de unas sábanas, ganó á todos por 
la mano, desposándose con la doncella ante un sacerdote prevenido al efecto, y 
publicándose enseguida el matrimonio. Sucedió esto hacia los años de 1460. 



GUADALAJARA 



^^B 




^H 






IH^^^^^á^^l 


* jUM^ tw 


' "^'"^ ^^9H 


HBbhJ^^w^ 


'^®'á 


¡^ '^ 


Hh^^^^ 


i'm^J 




BBBHMHpf^^ 1 




m 




^^É 


1» ¡m 


l^'l 


t J 






1 


M 








^^^B 




^^ 


t=-.^~:-- 


— — -^ — =" 



Palacio del Duque del Infantado. — Salón de Linajes 



32 GUADAL AJARA 



entrego que de su fortaleza hizo el agraviado alcaide introdu- 
ciendo de noche á las tropas reales de Enrique IV (i), restitu- 
yesela poco después el monarca, reconciliado con el magnate; y 
para honrar el enlace de su valido D. Beltrán de la Cueva con 
la hija del duque D.^ Mencía de Mendoza, otorgó á la villa como 
presente de bodas el título de ciudad , asistiendo á ellas con su 
esposa (2), y en 1467, como á muy noble y muy leal, confirmóle 
sus privilegios. Los Reyes Católicos la visitaron por tres veces, 
y una de ellas para recoger el último aliento de su principal 
servidor el insigne cardenal que espiró allí en 11 de Enero 
de 1495. La autoridad del tercer duque D. Diego contuvo 
en 1520 los desmanes de los comuneros sublevados, aterrán- 
doles con el suplicio de Diego de Coca, su jefe (3), é impidien- 
do al obispo Acuña la entrada en Alcalá : su magnificencia y 
liberalidad asombraron en 1525 al cautivo rey de Francia, 
quien ciíró la mayor grandeza del emperador en tener tal vasa- 
llo como aquel, y ciudad poblada de tanta nobleza como Gua- 
dalajara. 

Tales fueron las expresiones del mismo rey, que llegando 
á Guadalajara de paso para Madrid en 10 de Agosto, tuvo allí 



(i) Llamábase el alcaide Hernando de Gaona, quien resentido de Mendoza 
por haber solicitado éste á su mujer Constanza de Lasarte, abrió las puertas del 
alcázar á las prevenidas gentes del rey que deseaba cobrar á Guadalajara, de la 
cual su padre le había hecho merced en 1441. Sorprendido en su casa Mendoza, 
hubo de abandonar la población con sus hermanos y deudos, si bien al poco tiem- 
po volvió á ella, reconciliado públicamente con sus enemigos, por mediación de 
su hermano el gran cardenal. Dícese que en esta ocasión se le ofreció el señorío 
de Guadalajara, y no lo admitió, diciendo: que sus vecinos eran mejores para ami- 
gos que para vasallos. 

(2) Expidiósele dicho título en 25 de Marzo de 1460, y se mandó pregonarle 
por todas las ciudades, villas y lugares del reino. 

(3) Para escudarse con la protección del duque, los sublevados eligieron por 
caudillo á su primogénito el conde de Saldaña, quien no consintió alzasen ban- 
dera contra el emperador, mas no pudo impedir el derribo de las casas de los pro- 
curadores D. Luís y D. Diego de Guzmán que en las cortes de la Coruña conce- 
dieran el subsidio. Eran, motores del tumulto Diego Medina, albañil. Gigante, 
buñuelero y albardero, y Diego de Coca, carpintero, á quien prendió el duque é 
hizo dar garrote en la cárcel, exponiendo al público su cadáver. Los únicos nota- 
dos de comuneros entre la gente principal fueron el doctor Medina, Juan de Uf- 
bina y Diego Eaquivel, enviados por procuradores á Tordesillas. 



34 GUADALAJARA 



algunos días de descanso. La comitiva que salió á recibirle ocu- 
paba todo el trecho que media desde la ermita del Amparo fuera 
del arrabal hasta el mismo palacio del Infantado, á cuyas puer- 
tas le aguardaba el duque detenido por la gota. Obsequiósele 
el primer día con corrida de toros y cañas por los caballeros 
de la ciudad, el segundo con una lid de ñeras, onzas, tigres y 
leones, el tercero con una justa real rematando con un torneo 
á caballo, además de las músicas, saraos y danzas. Hizo el duque 
á Francisco I ricos presentes de hermosos caballos con jaeces 
bordados de oro y plata, muías muy lucidas con gualdrapas de 
terciopelo, halcones y perros de caza acompañados de muy dies- 
tros cazadores, telas de oro y plata y piezas de brocado. Con 
motivo del desafío del rey de Francia consultó al mismo duque 
Carlos V en 1528 con mucho amor y deferencia, y él le contestó 
con una carta tan llena de sensatez como de pundonor aconse- 
jándole no admitirlo. 

Bajo el cuarto duque reclamó la nobleza la provisión de los 
oficios que siglo y medio atrás había sometido al arbitrio del 
almirante; y Carlos V vino personalmente en 1543 á favore- 
cer su emancipación, dejando allí á sus dos hijas María y Jua- 
na, concertándose en aquel mismo punto el enlace de la primera 
con su primo Maximiliano, que fué emperador de Alemania. 
Felipe n hizo más, cediendo en 1557 la ciudad á su tía la reina 
viuda de Francia, y compeliendo casi por fuerza al duque á 
desalojar su propio palacio (i); pero honrólo dos años después 
celebrando en él sus terceras nupcias con Isabel de Valois y 
aceptando la hospitalidad suntuosísima de su dueño. Extingui- 
da al principio del siglo xvii la línea masculina de los Mendozas, 
y trasladada á Madrid la residencia de los nuevos duques del 



(i) a últimos de dicho año entró la reina viuda en Guadalajara; pero al si- 
guiente murió en Badajoz. En 3 1 de Enero de i 560 verificáronse los desposorios 
de Felipe II con Isabel de Valois, que vino desde la frontera acompañada por el 
mismo duque y por el cardenal arzobispo de Burgos, y cuya entrada se solemnizó 
con brillantísimos festejos. 

En 1 7 14 celebráronse allí mismo los de Felipe V con Isabel Famesio. 



36 GUADALAJARA 



Infantado, aflojáronse los vínculos entre Guadalajara y sus an- 
tiguos patronos, y alejóse de su recinto el esplendor de las 
ñestas y la pompa cortesana: cúpole solamente el honor de hos- 
pedar en 1669 al bastardo D. Juan de Austria, que, acantonado 
allí con su pequeña división, impuso la ley á la reina regente 
dictándole el destierro del padre Nithard , y de recibir en 1 6 de 
Julio de 1 740 el último suspiro de la viuda de Carlos II D.^ Ma- 
riana de Neoburg. 

En los tiempos del segundo duque y al terminar el siglo xv, 
fué cuando se levantó con más lucimiento que gusto, y con más 
ufanía que pureza de estilo, el suntuoso palacio correspondiente 
á la grandeza de tales dueños y moradores. Su fachada, su 
patio, sus salones y galerías ostentan aquel género indeciso y 
caprichoso, en que los últimos alardes del gótico se dan la mano 
con los primeros ensayos del renacimiento, y en que descarria- 
da la fantasía en busca de nuevas formas sustituyó el refina- 
miento á la belleza. En medio de dos columnas esculpidas de 
cuadritos resaltados y ceñidas con trenzado anillo, describe la 
portada su grande ojiva (i), cortada casi en su mitad por un 
arco rebajado, bordando el macizo testero ricos arabescos gó- 
ticos sobre fondo de jaqueles. Cuatro escudos de armas de la 
familia resaltan encima del dintel, y otros dos en las enjutas 
sostenidos por grifos, descollando sobre la cúspide de la ojiva 
un yelmo con águila por cimera. La fachada toda se ve en 
hileras sembrada de gruesas cabezas de clavo triangulares; pero 
á sus antiguas ventanas han sucedido dos órdenes de sencillos 
balcones con frontispicio, notándose sin embargo sobre el del 
centro, que es doble, vestigios de gótica crestería y un gentil 
grupo de blasones que aguantan dos colosales y velludos salva- 



(i) Corre á lo largo de ella una inscripción en gruesos caracteres góticos flo- 
reados, cuyas borradas extremidades no se prestan á la lectura, pudiéndose sola- 
mente leer... fi<;o D. Iñigo López de Mendoza, segundo duque del In/antasgo; 
acabóse esta obra año... Tomó el citado duque por empresa unos dalles con esta 
letra: Amigos y enemigos dalles, jugando con el equívoco de dalles y darles. 



38 GUADALAJARA 



jes. Corona de esta fachada es la galería, cimentada sobre una 
saliente cornisa estalactítica, que malamente interrumpen los 
segundos balcones, y entre cuyos áreos pareados avanzan unos 
cubos ó garitones, que cobija labrado doselete gótico descansan- 
do sobre una columnita ; columnas y antepecho todo bordado 
asimismo de cuadritos de relieve, presentando un conjunto más 
bien minucioso y rico que elegante. 

Si suponemos abiertas de par en par las claveteadas puertas, 
cual debieron estarlo en solemnes días, cuando pisaban su um- 
bral los príncipes y monarcas, aparece el cuadrilongo patio con 
sus dos órdenes de galerías de siete arcadas á lo largo y cinco á 
lo ancho, que aplanadas, y compuestas de varias curvas y rompi- 
mientos, estriban en el primer cuerpo sobre sencillas columnas 
dóricas, y en el segundo sobre pilares de molduras y follajes 
retorcidos en espiral, ceñidos en su mitad y en su remate de 
ingeniosa guirnalda. Sobre las columnas primeras alternan los 
escudos de Mendoza y Luna con águila ó griíos por cimera de 
su casco; y dentro de las enjutas resaltan en campo ajedrezado 
grandes y nada primorosos leones de extraña catadura, en el 
segundo cuerpo sustituidos por griíos, que figuran sostener con 
sus garras otro escudo intermedio. Da vuelta á la galería supe- 
rior un antepecho, de puro diseño gótico por dentro, hacia fuera 
recargado de follajes; y en los ángulos de sus corredores se 
atraviesa de muro á muro un arco suspendido , con heraldos de 
rodillas y sendos escudos ducales en el centro. La fecha de la 
obra, y su erección desde los cimientos, y el nombre de su ilus- 
tre fundador, y la serie de sus títulos, y la cristiana protesta de 
que todo es vanidad^ se leen repetidas en la ondulante cinta anu- 
dada por cima de los arcos inferiores (i): nada empero interesa 



(i) La inscripción está repetida en castellano y en latín, y la damos tal como 
nos filé posible copiarla, atendida la altura de los arcos, las sinuosidades que 
forma el letrero, y los frecuentes vacíos que presenta de vocablos borrados ó 
carcomidos. «El ilustre señor don íñigo López de Mendoza, duque segundo del 
Infantado, marqués de Santillana, conde del Real y de Saldaña, señor de... mandó 
fa... portada... XXXllI años... seyendo esta casa edifícada por sus antecesores 



GUADALA4ARA 




Patio del Palacio del Duque del Infantado 



N 




^Kl 



GUADALAJARA 39 

y sorprende tanto en aquella difícil lectura como el nombre del 
artífice principal, que á otro monumento más insigne descubri- 
mos ya vinculado, i Qué relación ni correspondencia guarda la 
bellísima y elegante fábrica de San Juan de los Reyes, fiel toda- 
vía al sistema ojival en medio de su exuberante adorno, con 
las bastardeadas líneas del palacio de Guadalajara, tipo si lo hay 
de gótico barroquismo? Y, sin embargo, de uno y otro fué arqui- 
tecto el hasta aquí desconocido Juan Guas, ayudado de Enrique, 
tal vez su hermano, y de otros maestros, que en la parte de es- 
cultura no siempre le secundaron dignamente : y para explicar 
tal desemejanza de carácter entre dos obras de un mismo genio, 
preciso es apelar á las fluctuaciones del gusto en épocas de 
transición , y recordar por analogía las de Góngora y de Lope 
de Vega, modelo tan pronto de noble y fácil elegancia como de 
sutil y ampuloso culteranismo. 

En las salas es de admirar principalmente la riqueza de la 
techumbre, que unas veces presenta una grata confusión de col- 
gantes y estalactitas imitando la erizada bóveda de las grutas, 
otras veces una octógona cúpula con estrellas lindamente entre- 
lazadas, y repartidas por el ancho friso figuras de velludos 
salvajes armados de rudas mazas (i). La del prolongado salón 
de cazadores ó guardamuebles^ sembrada de estrellas y florones 
suspendidos y arqueada notablemente, descansa sobre un friso 



con grandes gastos y de sumptuoso edificio, se... so toda por el suelo, y por 
acrescentar la gloria de sus progenitores y la suya la mandó edificar otra vez 
para más onrrar la grandeza... año de mil quatrocientos e ochenta e tres. — ///u5- 
irU dominus S. Ennecus Lopesius Mendosa dux secundus del In/aniado, marchio 
Sanctiliane, comes Regalis el Saldante.., de Mendoza ei de la Vega dominus, hoc 
falatium á>.,. progenitoribus quondam magna erectum tmpensa sed.., ad solum 
usque /erme.,. ad illustrandam majorum suot^m... amet suam magnitudinem posi,., 
dandam pulcherrima et sumptuosa mole, arte miro.,, sculptoris,,. Esta casa ficieron 
Juan Guas e M. Anrri Gua... otros muchos maestros que aquí tr... Vanitas vanita- 
ium et omnia vanitas.^» Esta máxima se encuentra repetida en los arcos atrave- 
sados de la galería superior y en el friso de la sala de Cazadores. 

(i) Labróse el mencionado techo á mediados del siglo xxii en tiempo del oc- 
tavo duque, según la siguiente leyenda del friso: «D. Rodrigo Diaz de Vivar de 
Mendoza, marqués de Zenete y duque del Infantado, reedificó este cuarto y ar- 
tesón.» 



corrido de ramajes con escudos de trecho en trecho: de sus 
desnudas paredes desaparecieron ya los antiguos trofeos de 




guerra y caza ; pero llena todavía el fondo de la estancia una 
inmensa chimenea sostenida como al aire por sutiles columnitas; 
sus molduras imitan mimbres entretejidos, en sus cinco compar- 
timientos figuran tres blasones y dos atletas luchando á brazo 




^,-- ,'■ M-^"» 



42 GUADALAJARA 



partido con un león, y sírvele de dosel una gruesa cornisa de 
arquitos góticos terminada en cinco torrejones. A todas sin em- 
bargo se aventaja en extensión y magnificencia la sala de lina- 
jes^ bajo cuyo estalactítico artesonado hecho una ascua de oro, 
corre una gentil galería cuajada de calados arabescos, ocupando 
el vacío de sus arcos los numerosos escudos de la casa con sus 
acostumbrados grifos, águilas y leones, y avanzando á trechos 
repisas y doseletes para acoger los bustos de los insignes ascen- 
dientes distribuidos en sendas parejas, los varones con airosa 
gorra, las damas con toca revuelta en torno de la cabeza á 
guisa de turbante. La grande inscripción que orla el friso por 
debajo declara que estas labores datan de la fundación misma 
del edificio (i); y aunque su primor no iguale á su riqueza, no 
es mucho que excitaran el asombro del prisionero de Pavía 
regiamente hospedado en semejante aposento, y que en las so- 
lemnes fiestas con que la piedad del tercer duque celebraba 
cada año la institución de la Eucaristía, pareciera aquel un digno 
tabernáculo del Altísimo, vestidos sus muros de preciosos tapi- 
ces, y brillando al través del incienso las luces reflejadas en los 
dorados artesones. 

Refiere Alvar Núftez de Castro en su historia de Guadalaja- 
ra, que el tercer duque convirtió esta sala en capilla, dotándola 
de capellanes cantores y ministriles con órgano y otros instru- 
mentos y proveyéndola copiosamente de cálices, candeleros, 
incensarios y otros vasos de plata, como lo eran asimismo los 
apóstoles, andas y custodia que mandó labrar: el retablo ocu- 
paba toda la pared del testero [cC). t Celebraba solemnísima- 



(i) El contenido de esta inscripción es casi el mismo de la del patio: «El ilus- 
tre señor don Iñigo López de Mendoza, señor de las casas de Mendoza e de la 
Vega, duque segundo del Infantado, marqués de Santillana, conde del Real e de 
Saldaña, seyendo esta casa idifícada por sus antecesores, la puso toda por el 
suelo, y por acrescentar la gloria de sus progenitores y la suya la mandó... año 
de MCCCCXCII.» 

(a) Hoy día sirve de capilla, ya que el tercer duque del Infantado á veces des* 
tinaba este salón al culto divino. 



:^ALAJ ARA 



mente cada año la fiesta del Corpus, y todo el octavario estaba 
descubierto el SSmo. Sacramento en su capilla, adornado el 



f 



^^^^^É^. 




altar con suma curiosidad, y cada día se cantaban misas y vís- 
peras. El primer jueves de esta festividad á la tarde hacía una 
procesión muy solemne en torno de los corredores altos de su 



44 GUADALAJARA 



casa, que tenía adornados con ricas colgaduras y cuadros, con 
cuatro altares en las cuatro esquinas : tenía danzas, máscaras, 
toros y juego de cañas en honra del SSmo. Sacramento... Con- 
curría á esta festividad toda la ciudad. 

Una ojeada y no más á la galería posterior, que vista entre 
la espesura de frondoso jardín, despliega sus dos órdenes de 
arcos semicirculares sobre columnas de elíptico y como aplas- 
tado fuste, y cuyo muro bordan trebolados arquitos resaltando 
encima de prismas istriados, y puede ya el viajero despedirse 
de la mansión soberbia, donde compitieron la suntuosidad del 
dueño y el capricho del artífice. Aislado brilla en Guadalajara 
este monumento, como aislada descolló la grandeza de los Men- 
dozas ; y el vulgar caserío de la ciudad se anonada ante el pala* 
cío, como ante la ducal pujanza el poder y lustre de su nobleza. 
Reducido á corral en la plaza de Santa María, vese el solar 
primitivo de aquella ínclita prosapia, donde espiró el gran carde- 
nal de España su restaurador, y donde estuvo después guardada 
su abundante é histórica armería (i). La escasez y pobreza de 
los públicos edificios manifiesta hasta qué punto careció la pobla- 
ción de vida propia é independiente bajo la prepotencia de los 
duques; y hasta 1585 no apareció la casa consistorial con su 
pórtico y galería de arcos semicirculares, que flanqueada ahora 
desde 17 16 por dos mezquinos cuerpos y acompañada de la mo- 
derna torre del reloj, domina la plaza que ocupaba un tiempo la 
pequeña iglesia de Santo Domingo de Silos (2). Una centella de 
animación debe tan sólo la ciudad al reciente colegio de inge- 



(i) Refieren los historiadores que había en ellas armas bastantes para armar 
4000 hombres á pié y á caballo, que los arneses solos valían cinco mil ducados, y 
que entre ellos estaban los de Carlos V, de D. Juan de Austria y de Astol/o, uno de 
los doce pareSf juntamente con la espada de Boabdil y la de Recaredo. Derruyóse 
el edificio, y las armas se perdieron ó fueron mal vendidas. 

(2) Edificáronla en 1407, acaso sobre las ruinas de otra más antigua, Gómez 
Suárez Gutiérrez de Écija y Constanza Dávila, su mujer, y renovóla su nieto Alonso 
Gutiérrez de Écija, alcaide de la fortaleza de Guadalajara por los Reyes Católicos: 
en 1816 la alcanzó todavía una nueva reparación. En el corral de Santo Domingo 
y en el pórtico de San Gil celebraba sus asambleas el concejo. 



GUADALAJARA 



DÍeros, que con sus tres portadas y su ligera torre da vista á 
otra larga plaza, teniendo á un lado el palacio descrito, y al otro 




el gallardo pórtico, á estilo del renacimiento, del que fué con- 
vento de jerónimas y es actualmente hospital. 

Los mismos templos aunque numerosos son allí insignifican- 



/\0 GUADALAJARA 



tes, y dejan sentir la falta de una catedral que los ennoblezca y 
presida. Santa María de la Fuente^ que aspira entre las demás 
parroquias á cierta preeminencia de matriz, no encierra más de 
notable en sus tres naves y capillas que ilustres y no muy anti- 
guos entierros (i) ; pero los arcos de herradura de sus dos puer- 
tas bien que lisos y visiblemente imitados, y el pórtico que las 
cobija, y la alta torre de ladrillo con sus ventanas encuadradas 
que dominaría la ciudad á estar situada en terreno menos bajo, 
ofrecen un conjunto pintoresco y semi-oriental, que completa 
una fábrica contigua á semejanza de fortaleza, flanqueada de 
redondos cubos, y ceñida de modillones casi arábigos y de una 
cornisa estalactítica que remeda los bélicos matacanes. Es aque- 
lla la capilla titulada de los Urbinas, que comunica con la supri- 
mida parroquia de San Miguel, y que á pesar de su aspecto 
monumental no remonta su fundación más allá del siglo xvi, 
según adentro atestiguan las pinturas al fresco de sus bóvedas 
y las inscripciones de sus sepulcros (2). 

La de Santiago, inmediata al palacio ducal, era á par de an- 
tigua la más insigne por la magnificencia de su nave, y por las 
bellas tumbas y gloriosos recuerdos atesorados en la capilla de 
los Pechas cuyo ábside polígono ostentaba hacia fuera cuatro 



(i) Datan casi todos de los siglos xvi y xvii, perteneciendo los de la sacristía á 
la familia de Núñez de Guzmán, y los de la capilla mayor en otro tiempo á los Albor- 
noces, á quienes se la compró el cardenal Mendoza con el proyecto de erigirla en 
panteón, dejándoles sin embargo en ella quince sepulturas. Al lado del evangelio 
hay un sepulcro con estatua de un dependiente del cardenal, cuya letra dice: 
«Este bulto es del honrado Juan de Morales, tesorero de los muy altos e muy po- 
derosos señores D. Fernando e D.* Isabel, reyes de Castilla, etc. : fálleselo á XXII 
de abril de MDII años.» 

(2) Hay en sus nichos dos estatuas arrodilladas, la una del fundador Luís de 
Lucena, médico y penitenciario del Papa, la otra de su sobrino el canónigo Anto- 
nio Núñez*, he aquí las inscripciones : Gens sine consilio ei prudentia, uiinam sape^ 
res ei intelligeres et novissimís iuis provideres. — Conditorium hoc, alterumque quod 
juxta positum est, Ludovicus Lucentus qui hoc sacellum dedícavit, possuit sibi et 
suts postertsque eorum, anno ¿t Chrisio nato MDXL. La parroquia de San Miguel 
del Monte, que comunica con dicha capilla por debajo del coro, fué reedificada 
en 1520 por el bachiller Antonio de León y Medina, canónigo de Toledo, que yace 
en su capilla mayor. 



GUADALAJARA 




San Gil.— Antigua Capill» 



48 GUADALAJARA 



series de ventanas ojivas lindamente boceladas y divididas por 
sutiles columnas. 

Llamábase esta capilla de San Salvador ó de la Trinidad, y 
al rededor de ella corría la inscripción siguiente: cEsta capilla 
de S. Salvador mandó hacer Fernán Rodríguez Pecha, camarero 
del rey (Alfonso XI) á servicio de Dios, y fué hecha en la era 
de MCCCLXX aftos (1332).» En medio yacía el fundador, figu* 
rado de medio relieve en una plancha de bronce, cuya labor, 
según el P. Sigüenza, era extremada y tal que en España no se 
sabía hacer entonces, refiriendo largamente el epitafio las victo- 
rías del rey D. Alfonso y fijando la muerte de aquel su camarero 
en la era de 1383 ó año de 1345. Á un lado se levantaba un 
arco que apellidan de labor mosaica, y debajo de él la tumba 
del obispo de Jaén D. Alonso Pecha, hijo de Fernán Rodríguez 
Pecha y de Elvira Martínez, que estaba allí retratado de rodillas 
ante un altar (i). 

Pero tras de varias renovaciones harto fatales, vino por 
fin al suelo en 1837 esta capilla y con ella las restantes de 
mano izquierda y la portada del templo, dejándolo feamente 
mutilado para ensanchar un raquítico paseo. Nuevo género 
de vandalismo, peculiar hasta aquí de Guadalajara, que no de- 
rriba por completo, sino que cercena y trunca, según su me- 
nester ó su capricho, lanzando su inflexible línea al través de 
los edificios, como si fuera la dirección de un sendero por entre 
las malezas de los campos. Así fué cortada con ignorante osadía 
la mitad inferior de la parroquia de San Andrés, cuyas tres na- 
ves cerradas en ábside semicircular, cuyas altas bóvedas de im- 
perceptible ojiva apoyando sobre labradas ménsulas, participan 
del carácter bizantino (2). Así caerán, si no han caído ya, los dos 



(i) Afirma el historiador Núñez de Castro que la iglesia es edificio antiquí- 
simo, obra de romanos, y que tuvo siete puertas, de donde procedió la mal fundada 
tradición de que por ellas entraban los siete infantes de Lara. j 

(d) De los epitafios que trae Núñez de Castro se desprende que la reedificación ¡ 

de esta iglesia se hizo ya muy entrado el siglo xiv, pues en una piedra pequeña de ¡ 

alabastro puesta sobre el arco de una capilla asegura que se leía: «Aquí yace 



GUADALAJARA 49 



ábsides de San Esteban ceñidos exteriormente por tres ñlas de 
dobles arcos, único vestigio que en la renovacla' iglesia subsiste 
de su venerable antigüedad (i). San Gil conserva el pórtico bajo 
el cual en el siglo xiv tenía sus asambleas el concejo; y Santo 
Tomé la tradición ilustre de haber sido templo de mozárabes 
durante la opresión sarracena. Pero San Julián, menos afortuna- 
da, desapareció del arrabal cercano al puente del Henares ; San 
Nicolás, desalojada de su primitivo asiento por un teatro, y en- 
mudecida su campana concejil, se ha trasladado al vecino y vasto 
templo de los jesuítas, ostentoso por su cúpula, churrigueresco 
en el ornato. Empezáronlo no sin contradicciones los jesuítas 
en 1 63 1 con la hacienda que doce años atrás les cedieron el 
licenciado Diego de Molina y Lasarte y D.* Mencía de Lasarte. 
Hay en el pórtico varias lápidas antiguas trasladadas del demo- 
lido templo parroquial, y en la iglesia una bella estatua de ala- 
bastro, representando á un caballero con manto y armadura y 
un pajecillo á sus pies sobre el casco, con esta inscripción : c Aquí 
está sepultado el honrado y virtuoso caballero Rodrigo de Cam- 
pusano, comendador en la borden de Santiago, hijo de Rodrigo 
de Campusano, nieto de Gomes Gutierres de Herrera y de doña 
Hurraca Lasa, visnieto de Alonso de la Vega y de Juan Gutie- 
rres de Herrera, cavallero que fue de la vanda, y de Pero Dias de 



D. Fernán Martínez de Cortinas, freile que fué de Santiago, y finó en el mes de 
agosto, era de M e CCC e XXXII años (i 294). E otrosí yace aquí D.*" Urraca Diaz, 
su muger, fija de D. Ñuño Díaz y de D.* Blanca, y finó después del en el mes de 
abril, era de M e CCC e LXXI años (1333); y fué hijo destos D. Juan, obispo de 
Lugo, y este obispo fizo fazer esta iglesia de S. Andrés á servicio de Dios y á hon- 
ra del dicho su padre y su madre, y comenzóla á fazer en el mes de junio, era de 
M e CCC e LXXVI (1338).» Á la izquierda hay la siguiente inscripción renovada, 
pero sin arco ni bulto de piedra, como en tiempo de dicho historiador lo había : 
«Aquí está sepultado el noble y virtuoso caballero Hernán Rodríguez de S. Vicen* 
te, hijo de Diego Rodríguez de S. Vicente, el qual edificó esta capilla para él y sus 
descendientes; falleció año del Señor de 1470.» 

( 1 ) En un nicho á la izquierda hay una estatua yacente de alabastro, muy des- 
figurada con el blanqueo, representando á un caballero armado, que tal vez sea 
Juan Sánchez de Oznayo, camarero del primer duque del Infantado y natural de 
Santander, que falleció en 1502, tal vez Francisco Beltrán de Azagra fenecido 
en 1547. 
7 



^O GUADALAJARA 



Savallos; pasó de esta vida presente año de MCCCCLXXXVIII. > 
Junto á éste yacen D. Diego José Carrillo de Albornoz, conde de 
Montemar y señor del castillo de Mirabel, y su mujer D.* María 
Antonia de Oviedo, muerto aquél en 1789 y ésta en 1785, por 
cuyo cuidado se verificó la traslación. Por último San Ginés ha 
pasado á la sólida iglesia de dominicos que dejó incompleta el 
arzobispo Carranza, y cuyo principal adorno constituyen, por 
fuera el grande arco artesonado que debía cobijar la portada, 
y por dentro el delicado nicho plateresco y las estatuas arrodi- 
lladas de los fundadores del convento de Benálaque (i). 

Los demás templos de religiosos, que no se trocaron en 
parroquias, han perecido en el abandono, como los de la Mer- 
ced (2), de franciscanos y carmelitas, ambos descalzos; sólo el 
de San Francisco subsiste con diferente destino y forma en poder 
del cuerpo de ingenieros. Construido sobre un alto al extremo 
oriental de Guadalajara, parece el castillo de aquella ciudad, y 
recuerda á sus primitivos y belicosos poseedores los templarios, 
para quienes lo erigió á principios del siglo xiii la reina Beren- 
guela. Un siglo después extinguida la poderosa orden, la infanta 
D.* Isabel dio á los frailes menores el edificio, que, devorado por 
las llamas en 1394, renació con mayor grandeza bajo los auspi- 
cios del almirante D. Diego Hurtado de Mendoza, primero de 
la familia que lo escogió para sepultura. Su magnífica y grandio- 
sa nave, digna de una catedral^ si bien de ojivas poco esbeltas 



(x) En este lugar, distante una legua de Guadalajara, erigiéronlo ¿ fínes del 
siglo XV Pedro Hurtado de Mendoza, señor de Tamajón, séptimo hijo del marqués 
de Santillana,'y su segunda mujer D.* Juana de Valencia, dama de Isabel la Cató- 
lica ; pero los frailes, deseosos de mudarse á la ciudad, estableciéronse de noche 
en una pequeña capilla al extremo del Mercado en i 556, y tras de reñido pleito 
conel.¿lero parroquial, fundaron allí su convento, protegidos por el arzobispo 
Carranza, que había tomado el hábito en el de Benálaque. Escriben algunos que 
Santo Domingo pasó por Guadalajara en 1 230. 

■(2) Fundólo hacia j 300, extramuros junto al puente de Henares, la infanta 
D.' Isabel, hija de Sancho IV, antes de su casamiento con el duque de Bretaña, ce 
diendo unas casas suyas á los frailes mercenarios, contiguas á la ermita de San 
Antolín. La capilla mayor la fundó Elvira Martínez, mujer del ya citado Fernán 
Rodríguez Pecha. 



y apuntadas, se extiende 190 pies á lo largo y 90 á lo ancho, 
conteniendo cuatro bóvedas de sencilla crucería, y la capilla ma- 
yor alumbrada por un gótico ajimez, con sus arcos replegados 
en estrella. Vacíos nichos sepulcrales rodean sus capillas, y en 




uno de ellos á la izquierda yace destrozada cierta cabeza notable 
y expresiva; y es la que representa, según aseguran, al poeta 
más elegante del siglo xiv, la del buen Juan Ruiz, arcipreste de 
Hita, cuyas graciosas cantigas y festivos apólogos, divirtiendo 
el tedio de su prisión, nos legaron una fiel pintura de las co9- 



52 GÜADALAJARA 



lumbres de su tiempo (i). Las sepulturas de los Mendozas espar- 
cidas por la iglesia, empezando por la del esclarecido marqués 
de Santillana, las reunió la duquesa D.^ Ana en un isuntuoso 
panteón debajo del presbiterio, que luego de 1696 á 1728 se 
revistió de mármoles y bronces bajo la dirección de Felipe Sán- 
chez y Felipe de la Peña, excediendo el coste de un millón de 
reales. Al bajar la marmórea escalera, al penetrar en el elíptico 
recinto cubierto por un cascarón de la misma forma, y dividido 
por ocho pilastras en compartimientos que ocupan veintiséis ur- 
nas y una capilla, al ver por todas partes la profusión de már- 
moles blancos y negros y de colores con adornos y perfiles de 
oro, créese transportado el viajero al regio panteón del Escorial, 
á cuya semejanza fué fabricado el de los duques, como si hasta 
en la mansión de la muerte quisieran competir con sus sobera- 
nos : pero las violadas tumbas, los huesos esparcidos, el altar 
desmantelado muestran ¡ ay ! que para conjurar el estrago en los 
últimos tiempos de nada han valido el esplendor de los nombres 
ni la riqueza de las obras {a). 

Entre los conventos de monjas obtiene la primacía Santa 
Clara la Real, erigido en vida de la santa por la virtuosa reina 
Berenguela, que le concedió la villa de Alcolea con singulares 
privilegios. En su claustro buscaron piadoso retiro D.* María de 
Albornoz, divorciada esposa de D. Enrique de Villena, y D.* Ma- 
ría Coronel, casta viuda de D.Juan de la Cerda, cuyo degollado 
cuerpo trajo de Sevilla, dándole sepultura con el de su también 



(i) Escribía por los años de i 343 estando preso de orden del arzobispo de 
Toledo D.Gil de Albornoz; pero su estatua parece mucho más reciente por su 
buen trabajo y por su postura arrodillada, según la describe Núñez de Castro, 
siendo de sentir que la desaparición del epitafio nos prive de saber la precisa fe- 
cha de la muerte y demás circunstancias del esclarecido arcipreste. En otra capilla 
de la misma iglesia yacía el famoso y discretísimo bachiller Alvar Gómez de Ciu- 
dad-Real, secretario de Juan II y Enrique IV y señor de Pioz, que estuvo avecin- 
dado en Guadalajara. 

(a) La mayor parte de ellos han sido conducidos al nuevo panteón cons- 
truido en la colegiata de Pastrana. Véase la serie de ellos en los Apéndices de este 
-tomo. 



GUADALAJARA 



degollado padre en la capilla mayor. El suyo descansa en el 
coro, según afirman, incorrupto, en premio del heroísmo con que 
supo guardar la fe con- 
yugal, cauterizando con 
hierro candente la flaque- 
ra de su propia carne (i). 
De personajes algo más 
recientes son las estatuas 
sepulcrales é inscripciones 
que hoy contiene la igle- 
sia. 

En el presbiterio se 
ven actualmente dos urnas 
con estatuas de alabastro 
tendidas, la una de mujer 
con tocas, la otra de ca- 
ballero con armadura y 
hábito de Santiago, y en 
ellas se lee: * Aquí yace 
sepultado el noble cava- 
llero el comendador Juan 
de Zúñiga, embajador del 
emperador y rrei nuestro f^ 
señor en Portugal, y con- 
tador mayor de la empe- 
ratriz y rreina nuestra se- 
fiora en Castilla, fué uno de los que concertaron el casamiento 




Santa Clara 

S»™lc»o di Dos Juau m ZdBiOA 



(I) Sabido CB lo que de esta virtuosa daraa bc refiere, que fatigada una vez por 
torpes estimules los apagd con un tizón 6 con un hierro ardiente, aplicándolo d 
aquella parle donde los sentía, cuya singular decisión celebró en sus versos Juan 
4e Mena : 

Digna corona de los Coroneles, 

que Bupo con fuego vencer dos hogueras. 

Era D.* María hermana de D,* Aldonza Coronel, robada por el rey D. Pedro á bu 
marido, é hijas ambas de D. Alonso Fernández Coronel, seflor de Aguilar, que «os- 



GUADALAJARA 



<£>fc££í 




de SS. MM.; murió en To- 
ledo en su servicio á dos 
dias de enero de mili y 
D y XXXX aflos.— Aquí 
yace sepultada la magfnífica seño- 
ra D.* Isabel de Deza, sefiora 
que fué de Relio, muger del noble 
cavallero Bertrán López de Zúfii- 
ga, agüelos de este Juan de Zú- 
ñiga que aquí está. > £n la capilla 
de la derecha, que conserva su 
bóveda de crucería y su gótico 
retablo, corre por el friso la ins- 
cripción siguiente: «Esta capilla 
es del noble cavallero Diego 
García, secretario del rey Don 
Juan... acabóse aAo de mil CCCC 
¿LII.. 

El edificio ya en parte ruino- 
so conserva en su alto mirador (a) 



Santa Clara 

HlUtAJES DI LAS Hia¡ 

a la torre del Oro de Sevilli 



teniendo contra el rey un porfiado cerco en 
8U castillo, íué preso y ajusticiado en Fe- 
brero de i3;-j. Cuatro años después lo íuú en la torre del Oro de SevillaD. Juan 
Lacerda por igual motivo, llegando ya tarde el perdón que su esposa D." María 
habla obtenido de D. Pedro en Tarazona. No falta quien asegure que D." María no 
se retiró al citado convento de Guadalajara, sino al de Santa Inés de la misma or- 
den de Sevilla, fundada por ella en las casas de sus padres ; lo cierto es que vivía 
aunen i'í8r),pue3 en dicbo año mandó restituirle Juan í su villa y Tortaleza de 
Torija. Sus casas de Guadalajara frente á San Miguel las dejó para hospital de pe- 
regrinos. 

{a) Véase la cabecera del capitulo siguiente. - 



GUADALAJARA 55 



y en otros parajes vestigios de su antigua opulencia, y hasta 
en los curiosos herrajes de las puertas de su iglesia y otros ob- 
jetos. Por desgracia la iglesia perdió gran parte de su plateresca 
elegancia, habiendo sido renovada en sus tres naves, á las cuales 
introduce una portada del renacimiento decorada de columnas 
jónicas ; pero conserva sin embargo cierto histórico carácter, que 
se echa de menos no sólo en los dos conventos de carmelitas, 
fundado el uno en 1594 por el arzobispo Loaisa y el otro en 1 623 
por la duquesa D.^ Ana de Mendoza, sino hasta en el antiquísi- 
mo de San Bernardo, el cual incendiada en 1 296 su primitiva 
fábrica^ fué reedificado en su actual sitio fuera de los muros por 
la infanta D.^ Isabel. Sin notable pérdida para las artes han 
dejado de existir el de la Concepción y el de Jerónimas, cons- 
trucciones del siglo XVI (i) ; mas el de la Piedad, fundado á prin- 
cipios de la misma centuria por una hija del segundo duque 
D.^ Brianda de Mendoza, contiene ricas obras, á las cuales no ha 
podido menos de perjudicar la aplicación del edificio á los hete- 
rogéneos usos de cárcel, escuela, biblioteca y museo. Su portada 
de abalaustradas columnas y menudas labores en los frisos con 
un relieve de la Virgen dolorosa dentro del arco artesonado que 
la encierra, su gentil y despejada nave del postrer estilo gótico 
adornada de crucería y cerrada en hermosa estrella, reclaman 
ser devueltas á su religioso destino primero (2) ; ya que los ob- 
jetos artísticos instalados en sus estancias y recogidos en otros 
conventos, pagan á éste la hospitalidad protegiendo su conser- 
vación. Digna decoración de un museo es aquella primorosa 



(i) Fundaron el convento de la Concepción Pedro Gómez de Ciudad-Real, hi^o 
del famoso Alvar Gómez, y su mujer Catalina Arias ; la iglesia hizo labrarla Pedro 
^óraez de Mendoza, caballero de Santiago, y concluyó su fábrica en i 526. El de 
jerónimas fué edificado en 1 560 para doncellas pobres por el obispo de Salaman- 
ca D. Pedro González de Mendoza, hijo del cuarto duque, y en 1 63 1 se establecie- 
ron en él las monjas. 

(2) La inscripción, que contiene el nombre de la ilustre fundadora, expresa 
que se concluyó la obra en 1530. £1 sepulcro de jaspe de D/ Brianda, situado en 
la capilla mayor, ha desaparecido, lo mismo que los de la familia de Zúñiga en los 
brazos del crucero. 



56 GUADA LA JARA 



portada plateresca del claustro, aquellas galerías alta y baja 
cuyo arquitrabe sostienen columnas corintias con sus impostas, 
y cuyo antepecho bordan caladas escamas como el pasamano de 
la escalera, aquellas ventanas con frontón semicircular y lindo 
alero de ladrillo, aquellos artesonados de exágonos casetones ó 
de pintadas estrellas : y á su sombra han encontrado asilo entre 
algunos regulares cuadros, los sepulcros de los condes de Ten- 
dilla, la sillería gótica del capítulo de Lupiana, y sobre una urna 
ceñida de graciosas hojas de cardo la bellísima estatua de Doña 
Aldonza de Mendoza, nieta por su madre de Enrique II y esposa 
del infortunado duque de Arjona D. Fadrique, suelta la toca, 
ceñido el sayal, reviviendo la morbidez de sus delicados miem- 
bros en la blancura del alabastro (i) (¿í). El monasterio de donde 
procede esta artística joya es el célebre monasterio de Lu- 
piana. 



(i) En la orla del sepulcro se lee : «...Doña Aldonza de Mendoza, que Dios aya, 
duquesa de Arjona, muger del duque don Fadrique, finó sábado XVIII días del mes 
de junio, año del nascimiento de nro. Salvador Jhu. Xpo. de mili e quatrocicntos 
e XXXV años.» Su esposo, nieto del maestre D. Fadrique, había muerto en 1430 
preso en el castillo de Peñafíel por haber incurrido en desgracia del rey Juan II. 

(a) Nada de esto existe ya en el Museo provincial, que después de varias pere- 
grinaciones ha vuelto á instalarse en el Instituto el año 1883. El sepulcro de doña 
Aldonza incautado por el Gobierno fué traído indebidamente al Museo de Madrid. 
De no estar en Lupiana debiera estar en la iglesia de San Ginés. 



:^^t\ 




^ 







CAPITULO I[ 



1 estado actual.— Sus vtctsltudes en la secada mitad de 
este siglo 



^^TXucHO ha cambiado la faz de Espafia de siete lustros á 
>JL^ esta parte, y mucho más la de varías de sus capitales y 
principales poblaciones. Preciso es distinguir lo antiguo, que en 
parte ha desaparecido, ó está próximo á desaparecer, de lo 
nuevo, no siempre bueno ni homogéneo, y separar los recuer- 
dos y bellezas de la tradición de las innovaciones, hijas en gran 
parte de las exigencias de lo que se llama la civilización moderna, 
cada vez más exigente, perdidos los hábitos de la sencillez anti- 



58 GUADALAJARA 



gua (a). Cinco guerras fratricidas y dos extranjeras (í) nos han 
dejado tan atrás con respecto á las demás naciones de Europa, 
las cuales han podido gozar los beneficios de la paz y de buena 
administración, que no nos es dado alcanzarlas por mucho que 
pretendamos apresurarnos, y la vista de su opulencia, comodi- 
dades y adelantos es un poderoso acicate que nos estimula á 
procurar alcanzarlas é igualarlas, sin fuerzas y sin recursos para 
conseguirlo. 

* Guadalajara, capital de la Alcarria y del célebre Señorío 
de Molina, y otros varios territorios señoriales de gran impor- 
tancia, es buen ejemplo de ello: lo antiguo de tal manera se 
aparta de lo nuevo, y aun de lo que se ha procurado conservar 
ó restaurar, que pretender unirlos fuera absurdo. Fué Guada- 
lajara hasta fines del siglo xvi una población altamente aris- 
tocrática. La casa del Infantado y los Mendozas en sus nume- 
rosas ramas llenaban y aún absorbían todo y toda su vida. 
Pudo allí el duque presentarla en todo su esplendor y opu- 
lencia, cuando los grandes de España eran grandes^ y oían 
de boca de Francisco I al salir de aquel bello y grandioso pala- 
cio, que los grandes de España en otros países se llamaban 
Príncipes. No logró empero ser población industrial, y desde 
principios de este siglo tomó un carácter militar, igualando casi al 
burocrático y civil, sin que el religioso y literario lleguen á des- 
collar. Por el contrario Sigüenza, su opuesto polo, conserva su 
antiguo y tradicional carácter eclesiástico y literario ; pues lo 
mismo las poblaciones que los individuos tienen su índole pecu- 
liar, que á veces se revela en su fisonomía , y que cambian en 
unos por la edad y circunstancias, al paso que otros lo conser- 
van hasta en la senectud. 



{a) Por ese motivo, en la imposibilidad de amalgamar la parte antigua de 
Guadalajara con las nuevas reformas y construcciones, hemos preferido dejar in- 
tacto y á la cabeza de este tomo el lindísimo capítulo anterior del Sr. Quadrado, 
inimitable en su rara y preciosa concisión, que tanto dice en tan poco trecho, que 
harto siento la desventaja de la comparación. 

(Jb) La de la Independencia y la de África en 1860. 



6o GUADALAJARA 

* Tiene hoy el elemento militar en Guadalajara su primero 
y principal ediñcio, el palacio del Infantado convertido en Colegio 
de los huérfanos de la guerra civil , asilo de las pobres víctimas 
de nuestras interminables miserias y discordias; tiene asimismo 
la antigua fábrica de paños, convertida en brillante escuela del 
cuerpo de Ingenieros, el convento de San Francisco, converti- 
do en fuerte y arsenal del mismo cuerpo, un grandioso y nuevo 
cuartel de infantería, próximo á la Academia y en buenas condi- 
ciones estratégicas, y posee además vastos campos para ejerci- 
cios militares. 

* Pero el ediñcio de la Academia no se hizo para el objeto 
á que hoy está destinado, siquiera haya tenido que sufrir grandes 
reformas, aumentos y mejoras. 

* De tiempo inmemorial existía en Guadalajara la fabrica- 
ción de paños ordinarios, siendo D. Pedro Astruq el primero que 
en 1 7 14 empezó á labrar piezas de paño fino, é intentando lle- 
var á la perfección su empresa, ofreció al gobierno en 1 7 1 7 es- 
tablecer fábricas de paños finos que compitieran ventajosamente 
con las de Inglaterra y Holanda. Al efecto, marcó las condicio- 
nes que juzgó procedentes; pero el espíritu monopolizador que 
tantas remoras y tantos males económicos ha producido en 
nuestra patria, en lugar de alentar y proteger la actividad pri- 
vada, desatendió las proposiciones laudables de aquel inteligen- 
te y activo fabricante, realizando en cambio otro proyecto que 
había de producir desastrosos resultados para la industria lane- 
ra y para el Erario. Aprovechándose los ingleses de nuestra in- 
dolencia habitual, se llevaban nuestras abundantes y ricas lanas, 
devolviéndolas á subido precio convertidas en paños y otras 
telas. Con este motivo, deseoso Felipe V de hacer perder á los 
ingleses las grandes ganancias que obtenían , confió al cardenal 
Alberoni la empresa de establecer en nuestra patria fábricas de 
paños de buena calidad , pero los sucesos políticos acaecidos 
en aquel tiempo y la caída de Alberoni suspendieron los desig- 
nios del monarca. No desistió, sin embargo, Felipe V de su 



GUADALAJARA 6l 



pensamiento, y al efecto, en 1718 encargó su realización al 
famoso holandés Riperdá , quien muy pronto trajo de su patria 
operarios inteligentes bajo la dirección de M. Turing, montando 
en breve las fábricas en el castillo de Azeca del Real sitio de 
Aranjuez. Pero las enfermedades principiaron á dejarse sentir y 
á diezmar á los operarios holandeses, efecto de las condiciones 
insalubres del sitio de Azeca. Murió M. Turing, director de 
las fábricas, experimentando igual suerte muchos de sus com* 
patriotas, por cuyo motivo fué preciso pensar en su traslación á 
otro punto de condiciones mejores de salubridad. Designada la 
ciudad de Guadalajara por sus tradiciones fabriles y por sus 
condiciones climatológicas, se comunicó á su Ayuntamiento una 
Real Orden fecha 3 de Enero de 18 19 (a). 

* £1 Ayuntamiento de Guadalajara coadyuvó cuánto pudo 
auxiliando al barón de Riperdá en su cometido, y muy pronto 
la casa palacio de los marqueses de Montesclaros quedó conver- 
tida en grandiosa fábrica, levantándose algunos años después el 
edificio llamado de los Batanes, situado cerca del puente sobre 
el Henares y se procuró por todos los medios posibles que este 
gran centro fabril pudiera competir con los mejor montados de 
Europa. Pero todo fué en vano, pues la incuria de unos y la 
mala fe de otros produjeron el que se fabricase mal y caro, y 
que comprendiendo el gobierno los inmensos sacrificios que la 
fábrica de paños le imponía, sin ventaja alguna para la industria 
ni el comercio, dictara la Real Orden de 29 de Julio de 1757 en 
virtud de la que las fábricas de Guadalajara y San Fernando 



{a) Deseando el Rey que esa ciudad no llegue á experimentar más crecida 
despoblación que la en que se halla, y teniendo presente que por su situación es 
á propósito para establecer fábrica en ella, para que (medíante el comercio que 
con éstas se fomenta) consiga restablecerse, aumentar su población y lograr los 
demás subsiguientes beneficios que trae consigo la opulencia del comercio, ha 
resuelto que las fábricas de paños finos que se plantificaron en el castillo de Aze- 
ca (en que están empleadas ochenta familias católicas holandesas) se muden y 
establezcan en esa ciudad de Guadalajara, y para que esta resolución tenga cum- 
plimiento, ha mandado S. M. al Barón de Riperdá, Superintendente de las fábri- 
cas, que pase ahí á reconocer los parajes que hubiese á propósito para esta planti- 
ficación, lo que participa á V. S., etc. 



62 GUADALAJARA 



fueron concedidas al gremio de Mercaderes de paños de Ma- 
drid por tiempo de diez aftos, medíante inventario formal y en* 
trega de enseres y pertenencias {a). De esta modificación se 
esperaron resultados beneficiosos, pero no fué así, hasta el 
punto que cumplido el decenio, el gremio en vista de las pérdi- 
das considerables que había tenido se separó de la contrata, y 
después de muchas proposiciones hechas y no admitidas, ya 
con este gremio particular, ya con los cinco gremios mayores de 
Madrid, por Real resolución de 23 de Abril de 1767, la Hacien- 
da volvió á encargarse de la administración de las Reales fá- 
bricas. Mas si funestos habían sido los resultados á una corpora- 
ción particular que por su profesión misma y por sus conocimien- 
tos especiales debía prometerse beneficios, mucho más funestos 
fueron durante esta segunda etapa llevada á cabo por el go- 
bierno, sin que las cuantiosas sumas que el Erario suministró, 
especialmente en el reinado de Carlos III, las elevase á la altu- 
ra que sacrificios tan costosos demandaban. 

* Los esfuerzos que se hicieron para habilitarlas en el 
presente siglo fueron también infructuosos. 

* En tal estado de abandono se hallaban las fábricas y su 
edificio cuando se trasladó á Guadalajara la Real Academia de 
Ingenieros, la cual creada en Alcalá en 1 803 y después de va* 
rias vicisitudes había sido instalada aquí en 1823. 

* La expulsión de los jesuítas y la de los regulares en 1 83 1 , 
produjeron también trascendentales cambios en la capital de la 
Alcarria. Á la iglesia de los expulsos pasó en aquel mismo 
afto {ó) la parroquia de San Nicolás. No fué poco que se tras- 



ca) Los documentos y curiosas noticias que D. Eugenio Larruga publicó en el 
tomo XIV de sus Memorias políticas y económicas, en la parte referente á las Rea- 
les fábricas de Guadalajara, ponen de manifiesto gravísimos abusos. 

{b) Por Real Orden de 3 de Abril de 1 769. 

La parroquia estaba en la plaza del Conde de la Coruña, llamada hoy el Jardi- 
nillo^ y la parroquia donde está hoy el teatro. 

Hlzose la traslación en 2 1 de Octubre de 1772 por D. Diego José Carrillo, Al- 
bornoz y Campuzano, conde de Montemar y Señor del castillo de Mirabel, previa 
una Real Orden y permiso del Consejo de la Gobernación de Toledo. Allí fué ente- 



GUADALAJARA 6^ 



ladó el sepulcro de mármol con la estatua yacente de D. Ro- 
drigo de Campuzano que estaba en la capilla de los caballeros 
de aquel apellido; y que hoy día está en la segunda capilla 
á la derecha. Su epitafio dice todo lo relativo á su noble alcur- 
nia, pero nada acerca de sus virtudes y proezas, que más inte- 
resaban para la Historia {a). 

* El célebre convento de Santo Domingo que fundó en Be- 
nalaque D. Pedro Hurtado de Mendoza en 1 510, hubo de sufrir 
también análogas vicisitudes y presenciar tales inhumaciones en 
aquel siglo y en el presente. Era D. Pedro de Mendoza séptimo 
hijo del marqués de Santillana, adelantado de Cazorla, señor de 
los inmediatos pueblos de Tamajón, Sarracines, Palazuelos y Al- 
gecilla, y su segunda mujer, D.* Juana de Valencia, había sido 
dama de D.^ Isabel la Católica. Los fundadores al erigir aquella 
iglesia y convento en casi solitario paraje, la eligieron también 
para panteón suyo, según la costumbre de aquel tiempo, bien 
ágenos de pensar que ni aun allí gozarían de reposo; pues can- 
sados los religiosos de la estancia en aquel pueblo, al que de 
húmedo y mal sano acusaban, compraron un mesón junto á la 
puerta del Mercado, en uno de los arrabales de Guadalajara, y 
allí se metieron de improviso aprovechando la oscuridad de la 
noche, víspera de la Ascensión del Señor en 1556, trayendo lo 
más indispensable para el culto. Sorprendióse la vecindad al oir 
la campana que llamaba á la Misa matutina, surgieron las consi- 
guientes protestas de parte del clero parroquial, hubo pleito y 
dificultades que logró vencer la comunidad bien apoyada por la 
jurisdicción eclesiástica, pues en el convento de Benalaque había 
tomado el hábito el religioso fray Bartolomé Carranza, arzobispo 
de Toledo, con cuyo valimiento se contaba. Y no se contentó con 
aprobar la traslación sino que quiso construir allí un grandioso 



rrado en 27 de Diciembre de 1789 el mismo D. Diego Marqués de Montemar, á 
quien ya había precedido en 23 de Diciembre de 1 787 su esposa Doña. María An- 
tonia de Oviedo y Aguilar. 

(a) Véase en el capítulo anterior. 



64 GUADALAJARA 

convento en que perpetuar su memoria, como se echa de ver por 
lo que resta de aquel tiempo. Pero sobrevino la prisión del ar- 
zobispo dos años después ( 1 5 59) y la fábrica comenzada bajo tan 




I, i-^ 



Exterior de San Ginéb 



grandiosos auspicios, hubo de terminarse harto modestamente, y 
aun de lo construido hubo de perderse no poco en el fuego que 
se prendió en él pocos afios después (1 564) y en cuya extinción 
se tardaron dos días. En medio de estos contratiempos no se ol- 
vidaron los religiosos de lo que debían á sus primitivos fundado- 
res, antes bien trajeron á su nueva iglesia los restos mortales 
del D. Pedro Hurtado y su consorte D.* Juana, colocándolos en 



GUADAL AJARA 65 

el presbiterio á derecha é izquierda en los marmóreos sarcófagos 
donde habían sido depositados, ostentando sus efígies en actitud 
orante. 

* Cerca de ellos y en 
las dos primeras capillas 
laterales han sido coloca- 
dos reciente y oportuna- 
mente los restos mortales 
de los primeros condes de 
Tendilla, parientes y coe- 
táneos de los fundadores 
del convento de Benala- 
que, viniendo á ser la pa- 
rroquia de San Ginés un 
improvisado panteón de 
las diferentes ramas de la 
Emilia de Mendoza, dis- 
persas por la Alcarria ; 
ojalá que aquí se hubieran 
traído los malbaratados 
sepulcros de Doña Brian- 
da de Luna y otros de 
gran mérito artístico que 
existían en la iglesia de la 
Piedad. 

* Era D. Ifligo Ló- 
pez de Mendoza digno hijo 
del célebre marqués de Santillana , nacido en Guadalajara 
en 15 15. En la batalla y toma de Guelma salvó la vida á su 
padre, dándole un caballo oportunamente y con harto riesgo. 
En premio de éste y otros no pequeños servicios y proezas dióle 
el marqués su padre el pueblo y estado del inmediato pueblo 
de Tendilla, que poco después erigió en condado Enrique IV, 
el año de 1467. 




San GiNés 
&iruicn> D> D . Finito HviTAD 



* El «Resaniengeaealógioodelacasa deMond^ar* rec^M- 
tula los honores y dignidades dd conde en estos ténutnos: *Fué 




Conde de TendÜIa, Se- 
ñor de Hita y de Bul- 
trago y otros muchos 
lugares, por merced dd 
Rey D. Juan II {a) caba- 
llero de la Orden de 
Santiago, Comendador 
de Socuellamos, Trece 
de dicha orden, dd Con- 
sejo de Enrique IV, dos 
veces embajador de Ro- 
ma... Fué asimismo Ca- 
pitán general contra los 
moros de Granada tres 
veces, como tambioi 
contra Aragón y Nava- 
rra, Asistente de Sevilla 
y Adelantado Mayor de 
Andalucía , en cuyos 
cargos y otros que ob- 
tuvo se portó con el 
valor, celo é integridad 
correspondiente á' su 
glorioso linage mere- 
ciendo confíanza y gran- 
des favores de los Re- 
yes de su tiempo.! 
• • El Sr. D. Valentín Carderera publicó una preciosa descrip- 
cñSn de los sepulcros de D. ÍAigo López de Mendoza, que ^lledó 



(a) Más bien de Enrique IV. 



GUADALAJARA t^ 



en 17 Febrero de 1479, y de su esposa D.* Elvira de Quiñones, 
hija de D. Diego de Quiñones, señor de Luna, de quien hubo 
aquél larga sucesión {oí). cLas estatuas de ambos esposos, dice, 
están recostadas sobre su urna sepulcral, con un devocionario en 
la mano. Las cabezas presentan un gran sello de verdaderos 
retratos. Don íñigo trae un birrete en la cabeza y está armado 
de punta en blanco: defiende el cuerpo la coracina puesta sobre 
una malla corta, que sólo aparece por el hombro ; en el codo se 
ve un codal con orlas de clavos dorados ; un grandioso ropón 
guarnecido de armiños, cubre casi toda la figura y sobre ella está 
la espada, que es de notable longitud. Finalmente, á los pies se 
halla el casco sobre el que apoya el brazo un paje con cota de 
armas, y con expresión de profundo sentimiento por la muerte de 
su amo. D.^ Elvira aparece modestamente ataviada con una toca 
en la cabeza, vistiendo un brial sencillo, sobre el que cae desde el 
cuello una larga cadena ó collar. El gran ropón tiene aberturas 
laterales, por las que cuelgan las mangas bobas, que parecen 
ser de fino cendal como todas las que se usaron desde mediados 
del siglo XV. Una monja menor {b) del tamaño natural, así como 
el paje anterior descrito, está sentada á sus pies con un libro en 
la mano, diciendo preces por la noble condesa. Esta costumbre 
de colocar á los pies de las estatuas de dama ó caballero las de 
sus respectivos pajes ó doncella, que se hizo muy general en los 
monumentos fúnebres del siglo xv, reemplazó á la que en los dos 
siglos anteriores estaba en práctica de poner ángeles, aunque 
éstos se colocaban regularmente junto á la cabeza de la estatua 
sepulcral.» 

"^ El conde había mandado en su testamento se le enterra- 
se en su monasterio de Santa Ana en Tendilla, donde esperaba 
reposar en paz, según la usual y cristiana frase. Pero nuestro 



(a) Iconografía Española, tomo II, lolio LIV. En una preciosa lámina se ven 
las dos estatuas yacentes, que en el siglo xvi solían llamar bultos, 

{b) Clarisa: quizá más bien de dueña, pues el traje de éstas, con sus reveren 
das tocas poco diferia del de las monjas. 



68 GUADALAJARA 

siglo de poca paz no la ha consentido üi aun á los muertos. 
Dd expediente - formado muy oportunamente por la Comisión 
Provincial de Monumentos de Guadalajara, en 1845, para ave- 
riguar el paradero de los restos del conde y traer su sepulcro 
y el de su mujer á Guadalajara, constan las tristes vicisitudes 
del monasterio y de su célebre fundador, que no son para olvida- 
das (a). Los monjes de Tendilla que habían tenido que abandonar 
el monasterio en 1 509 volvieron allá en 1 5 1 4: fueron expulsados 
en 1822, volvieron el 25 y fueron expulsados nuevamente diez 
aftos después para no volver. 

* < Á fines de Octubre de 1 845 pasó á Tendilla el secretario 
de la Comisión de Monumentos de aquella provincia, D. Fer- 
nando Ahumada, por encargo y comisión de la misma, á investi- 
gar el paradero de los restos mortales de aquel personaje y el 
estado de su sepulcro. £1 convento se habfa vendido, la iglesia 
estaba sin culto: el secretario hubo de impetrar permiso del 
dueño del convento para entrar en la iglesia á cumplir su come- 
tido. Allí no había ya ni altares, ni epitafios, ni vestigios de tal 
cosa: una fábrica de mampostería indicaba solamente dónde había 
estado el altar mayor. Se cavó en varios parajes del presbiterio, 
con permiso del dueño del monasterio, se picó en las paredes con- 
tiguas, pero nada se pudo hallar. Por algún indicio que se tenía 
de que se habían metido algunos restos del cadáver debajo del 
altar mayor, se hizo que uno de los trabajadores entrase allí para 
reconocer lo que hubiese. « A corto tiempo de entrar y tantear, 
» dice la declaración que se tomó ante el Alcalde y Escribano, ma- 
>nifestó que tocaba una calavera, la cual extrajo, y examinada 
>por dicho Sr. Secretario y Sr. D. Pedro y los declarantes, vie- 



(a) El Sr. Carderera hizo en el paraje citado un justo elogio de la Diputación 
que costeó los gastos de investigación, traslación, restauración y colocación de 
los sepulcros. ¡Ojalá todas hubieran desplegado tan laudable celo I La restauración 
fué costosa, pues llegaron los sepulcros muy destrozados, y la hizo con esmero é 
inteligencia D. Benito Sagrado, artista y vecino de Guadalajara. 

Del expediente se dio un extracto en el cuaderno VI del tomo 11! del Boletín que 
publica la Real Academia de la Historia. 



GUADALAJARA 69 



»ron tener algunas cuchilladas en la parte alta y posterior del crá- 
»neo, y notando que sonaba dentro alguna cosa, se sacó, y era 
>un cabito de vela de cera. Luego el dicho Secretario extrajo 
»del nicho, según vieron los que declaran, algunos huesos como 
»de manos y pies, otro del pecho y canillas, todo de persona 
» humana, que con el mayor esmero hizo el referido Sr. Secre- 
»cretario que condujesen los declarantes.» 

* Entre las declaraciones que se tomaron es la más curiosa 
la del licenciado D. Casimiro José Olivera, de edad 70 años, que 
dice así : c Que le consta, á no dudarlo, que D. íñigo López de 
•Mendoza, Conde de Tendilla, Fundador del convento de Jeró- 
tnimos de Santa Ana, extra-muros de esta villa (de Tendilla), 
•estaba enterrado en una caja con dos llaves, que una tenía el 
»Sr. Conde, y otra el Prior del enunciado Monasterio, y colo- 
reada en un nicho al lado del Evangelio de la iglesia de dicho 
•Monasterio, debajo del sepulcro artístico que hay en su pared, 
»y el nicho estaba cerrado con dos puertas, y encima de ellas el 
•epitafio de su cadáver {a), el cual estaba embalsamado, cubier- 

• to con el hábito de la orden de Santiago ; lo que sabe el decla- 
•rante por haberlo visto en ocasión de haber venido el señor 
•Conde {6), á fines del siglo pasado, haberse sacado la caja al 
•cuerpo de la iglesia, y abierto para la exposición pública, y ad- 
•virtió también que el cadáver se hallaba acartonado.» 

* «Que asimismo le consta, que en la noche del quince de 
•Enero de mil ochocientos nueve, se alojaron en el Monasterio 

• unas compañías de tropas francesas, quebrantaron las puertas y 

• caja, sacando el cuerpo acartonado, le destrozaron y anduvieron 

• con sus huesos por el Monasterio, cantando entre otras cosas 
•la Letanía, pues sé oía en el pueblo. Que luego que marcharon 



(a) Así dice. 

ib) El presbítero D. Raimundo Olivera, hermano ó pariente del declarante, y 
de edad de 67 años, dice que vio el cadáver con motivo de encontrarse en esta 
villa el excelentísimo Sr. Marqués de Bólgida, conde de este pueblo, que estaba 
(el cadáver) cubierto con hábito blanco, como de seda, con franjas y cordones do- 
rados, al parecer de caballero de algunas órdenes militares. 



70 GUADALAJARA 



>las tropas, subió el testigo, y vio el destrozo del cadáver, ha- 
«liando huesos por la iglesia, los claustros y el corral, y lo que 

> había sido carne se hallaba convertido en un polvo como de 
«tabaco y serrín, y además se veían algunas paftes de piel cuar- 

> tonada. Que los huesos que vio y más le llamaron la atención 
«fueron los de las piernas y brazos, y habiendo visto en la no- 

> che del diez y ocho del que concluye, los que de aquellas par- 

> tes recogió el señor secretario de la Comisión, le parece son 

> los mismos ; tanto más forma este juicio y presunción quanto 

> que después que los monges colocaron los huesos, oyó decir lo 
» habían hecho en el Altar Mayor, que comunmente se llama el 
«presbiterio, que es donde se han hallado. Por todo lo cual cree, 
>si no por una evidencia física, al menos moral^ que los referi- 
>dos huesos son del Sr. Conde de Tendilla D. íñigo López de 
«Mendoza; corroborando este juicio por la señal que tiene la 

> calavera de haberla dado un golpe con sable, ú otro instrumen- 
>to cortante, en la occipital, con el fin tal vez de destrozarla, 
>como lo hicieron las tropas francesas con las demás partes 

> del cuerpo de dicho Señor. » El presbítero Olivera añade, que 
oyó á diferentes gentes de esta población, que en la referida 
noche las tropas francesas llevaban en procesión la calavera del 
Sr. Conde, con una luz dentro de ella, cantando lo que no en- 
tendían. Lo mismo dice otro vecino de edad de 75 años. Añade 
asimismo el citado clérigo que c le consta que los monjes reco- 
gieron la calavera y huesos que quedaron de aquel cadáver, que 
noticiaron lo ocurrido al Excmo. Sr. Marqués de Bélgida, quien 
les mandó los depositaran en su iglesia, pero que ignora el decla- 
rante el sitio en que los pusieron, aunque infiere sería en lugar 
distinguido é inmediato adonde estuvo colocado.» Tal es la 
triste historia del sepulcro del primer conde de Tendilla, terror 
de los moros de Granada [a) y la ruina del monasterio que 
fundó. 



(a) Dicen sus biógrafos que los moros no lograron reposo ni.se daban por se- 
guros mientras el conde de Tendilla estaba en sus inmediaciones. 



GUADALAJARA 7I 



* Otra traslación de sepulcros y mortales despojos pre- 
senció Guadalajara á mediados del siglo xvii. £1 historiador de 
ella Núñez de Castro, al hablar de la parroquia de Santa María 
dice (a) : <£n la sacristía, que está en la nave de la parte 
del Evangelio (¿), labró un entierro y puso los huesos de sus 
antepasados y deudos Don Luís de Guzmán, caballero de lá or- 
den de Calatrava y Regidor de esta Ciudad que murió siendo 
Corregidor de la de Jaén; y porque los epitafios que allí se 
miran son dignos de historiarse, los refiero y á continuación 
copio » {c). 

* £1 historiador Torres en su historia inédita de Guadala- 
jara (úQ, añade algunas noticias más sóbrela traslación de aque- 
llos sepulcros y sus restos mortales á Santa María á mediados 
del siglo XVII. Dice éste al hablar del monasterio de Bernardas 
de aquella ciudad : c Los caballeros Guzmanes de esta ciudad 
se enterraron muchos afios en la capilla mayor y no há mu- 
cho {é) que se levantó gran pleito sobre el patronazgo. Lo que 
resultó fué que la capilla y convento quedó libre, y D. Luis de 
Guzmán, caballero del hábito de Calatrava y Regidor de esta 
ciudad, sacó de allí los huesos de sus antepasados y los llevó á 
la parroquia de Santa María, y así el monasterio se llamó Real 
por haberlo fundado D.^ Isabel Reina de Aragón, Infanta de 
Castilla, Duquesa de Bretaña y Señora de Guadalajara.» 

* Posteriormente se han enterrado en la misma capilla 
hasta nuestros días otros señores de la misma familia, según 
resulta de otros epitafios que allí se leen (J^. 



(O) Cap. X, pag. 55. 

(b) Es una capilla, cerrada con grandes verjas de madera, bajo la advocación 
de Nuesta Señora de la Paz y San Ildefonso. 

(c) Son los que copia el Sr. Quadrado en el capítulo anterior. 

{d) Se conserva en la Biblioteca nacional y se han sacado copias para la ciudad 
é Instituto. 

* (e) Escribía en 1647. 

• (/) Aquí yace el Sr. D. Luis Zuñiga y Guzman, Cavalléro de la Orden de San- 
tiago, Marqués de la Ribera, Gentil hombre de boca de S. M. : falleció en 30 de Oc- 
tubre de 1710. 

Aquí yace el Excmo. Sr. D. Juan Antonio Ramírez de Baquedaz, López de Zuñi- 



72 GUADALAJARA 



* Tampoco tuvieron la suerte de que se respetara su se- 
pulcro la fundadora del convento de la Piedad y otros caballeros 
de su linaje enterrados en su linda iglesia, de gusto gótico dege- 
nerado y de transición al plateresco. De su fundación dejó cu- 
riosas noticias el citado cronista Torres. 

* «Mucha parte del sitio donde está edificado, era barrio de 
judios. Esto consta por el privilegio que dio D. Juan I á D.^ Al- 
donza de Ayala, mujer segunda de Pedro González de Mendo- 
za, Mayordomo mayor de dicho Rey, Seflor de Hita y Buitrago, 
que murió en la de Aljubarrota: fuéronle estos barrios consig- 
nados en dicho privilegio, y así quiso Dios de este barrio tan 
sucio y profano hacerle vaso trasparente de virtud y santidad. 
Otra parte del sitio era de los frailes de la Merced y allí tenian 
una casa que les servia de enfermería en tiempo de verano, por 
ser su convento enfermo en los caniculares. Después de todo 
esto, D. Antonio de Mendoza, hijo de D. Diego Hurtado de 



ga, Tovar, Guzman y Mendoza, Marqués de Andia, de la Ribera y de Auñon, Señor 
de Arbolleque, Caballero de la Orden de Carlos III y primer Caballerizo de la Prin- 
cesa de Asturias. Se trasladó á este Panteón en 27 de Marzo de 1 786 y su Muger 
la Excma. Sra. D.* Petra Vigil de Quiñones, Alamos y Miranda, Osorio Beaumont, 
Marquesa de Villasinda, Condesa de Sevilla la nueva, Dama de la Real Orden de 
María Luisa. Falleció en x8 de Diciembre de 1697. 

Aquí yace el Excmo. Sr. D. Juan Remigio de Sabedra, Ramirez de Baquedaz, 
Duque de Ribas, Gentil hombre de Cámara de S. M. con egercicio. Exento de Rea- 
les Guardias de Corps. Valeroso soldado en la guerra de la independencia. Falle- 
ció en I 5 de Mayo de 1834. ^- I- ^' 

Aquí yace la Excma. Sra. D.* María Dominga Ramirez de Baquedaz, Vigil de 
Quiñones, Zuñiga y Guzman, Marquesa de Andia, de Villasinda, de Auñon y de la 
Ribera, Duquesa Viuda de Rib&s, Grande de España, etc. Falleció el 8 de Marzo 
de 1848. 

En la iglesia de Santa María existen también otros dos sepulcros notables. 

El uno está situado al lado del Evangelio de la Capilla mayor con la inscripción 
siguiente : 

«Este bulto es del honrado Juan de Morales, tesorero de los muy altos, é muy 
poderosos señores D. Femando é D.* Isabel, Reyes de Castilla, é de León, é de 
Aragón, 6 de las dos Sicilias,é de Gerusalen,é de Granada. Fálleselo á 22 de Abril 
de X 502 años.» 

El otro sepulcro se halla situado en la Capilla de la Purificación, que está al la- 
do de la Epístola del altar mayor, es de mármol con la estatua yacente de D. Alon- 
so Yañez de Mendoza, dignidad de la Santa Iglesia de Toledo y persona á quien 
el gran Cardenal encargó siempre los asuntos de mayor confianza. Murió D. Alon- 
so Yañez en 1 5 c 4. 



GUADALAJARA 73 



Mendoza, primer Duque del Infantado, y de D.* Bríanda de Lu- 
na, su mujer, hija de Juan Hurtado de Mendoza, Señor de Aco- 
ron y Homar y de D.^ María de Luna, su mujer, hizo allí casas 
para su vivienda, siendo las puertas principales de ellas, aque- 
llas por las que se entra al torno, las cuales están adornadas de 
trofeos labrados en las piedras del pórtico ; con razón los puso, 
porque fué valiente Capitán, y en las guerras de Granada acau- 
dilló la gente de Guadalajara : murió sin hijos, y así su sobrina 
la Sra. D.^ Brianda de Mendoza y Luna, hija de los Excelentí- 
simos Sres. D. Iñigo López de Mendoza y de D.* María de Luna, 
segundos Duques del Infantado, edifícó en las dichas casas este 
convento, llamándole de la Piedad, en memoria de la poca que se 
tuvo con su abuelo el Maestre de Santiago D. Alvaro de Luna. 

* > Fundóle con licencia y Breve del Papa Clemente VII, en 
el año de 1524, dejando por Patronos á los Excmos. Sres. Du- 
ques del Infantado, y por protectora á la ciudad, y así ella nom- 
bra en cada un año un Comisario para que cuide de lo que se 
le ofreciere á esta Casa que es de las mas lucidas de la provin- 
cia ; toda por dentro y fuera es muy bien edificada. Dejó la Se- 
ñora T).^ Brianda toda su hacienda á esta Casa y un Colegio 
de Doncellas agregado á ella, en el cual quiso que se criasen 
en honestidad y santas costumbres, estando á cargo para este 
efecto de algunas espirituales Religiosas, y que si después qui- 
siesen ser monjas las ayudasen para este fin santo... 

* > Tienen facultad los Duques Patronos de esta Casa de 
nombrar las monjas que hubieren de entrar sin dote, que son 
veinte. Y las cinco han de ser de su linaje y á las otras quince 
se las puede pedir á cada una cincuenta mil maravedises. 

* > Tiene el Convento un buen patio y en él gozan las monjas 
diferentes fiestas ; en varias ocasiones se han hecho allí grandes 
altares, y desde las ventanas (que están altas y tienen celosías) 
han cantado las Religiosas en las procesiones sonoras letras {a). 



(a) Véase en el capítulo anterior la costumbre que tenían los Duques del In- 
fantado de hacer lo mismo en su palacio. 
10 



74 GUADALAJARA 



* >E1 Comendador mayor de Aragón, D. Diego López de 
Zúñiga fué bienhechor de este Convento, blanqueó la Iglesia, 
pulió y doró las rejas de la capilla mayor y coro de las monjas 
y dejó tapicerías á la Iglesia, la cual es capaz, alegre y hermo- 
sa, y alrededor del alto de ella tiene escrito el rótulo siguiente: 

* c Esta Iglesia y Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad 

> desde los fundamentos edificó la Ilustre Sra. D.^ Brianda de 

> Mendoza y Luna, hija de los Ilustres Sres. D. Iñigo López de 

> Mendoza y D.^ María de Luna, Duques delln^ntado, y dotóla 

> en la renta necesaria para las monjas y doncellas y gasto de la 
>casa y limosnas de los casamientos: acabóse año de 1530 
»afíos.> 

* >La Sra. D.^ Brianda está enterrada en la capilla mayor, en 
un sepulcro suntuoso y elevado, curiosamente labrado de ala- 
bastro, cubierto todo de una hermosa piedra de jaspe, con pri- 
mor acabada: para las festividades y dias señalados tiene ricos 
paños de brocado con que la cubren. 

* > A los lados de la capilla mayor, al pié de dos altares co- 
rrespondientes, están sepultados los dos hiermanos y grandes 
Caballeros ; al lado del Evangelio D. Bernardino de Zúñiga y 
Mendoza, gran Prior de San Juan en Castilla, y á la parte de la 
Epístola Diego López de Zúñiga, del hábito de Santiago, Co- 
mendador mayor de Aragón y General de las costas del reino 
de Granada, cuyas insignias militares están pendientes de aque- 
llas paredes.» 

* Nada de esto queda ya sino el patio del convento, de 
graciosa arquitectura, que debió concluirse también hacia el año 
1530, antes citado, como ella misma lo indica. Allí instaló un 
Instituto de segunda enseñanza, harto modestamente, D. Pedro 
Gómez de la Serna^ en Setiembre de 1837, gracias á lo cual ha 
podido conservarse y aun restaurarse de las injurias del tiempo 
al cabo de tres siglos. 

* Pero la iglesia y gran parte del edificio restante fueron 
convertidas en cárcel pública. De la iglesia abandonada sólo 



quedan los ruinosos muros, hundida su hermosa bóveda de ele* 
gante gótica crucería, y los sepulcros de D.' Brianda y los dos 
hermanos ZúAiga han desaparecido con sus profanados restos. 




* Algo profanó también la fachada del edificio contiguo á 
la iglesia, la torpe abertura de ventanas que en ella se hizo para 
el salón que allí construyó la Diputación provincial (a) durante 
su pasajera estancia en aquel recinto. Afortunadamente ésta en 
época más reciente se ha trasladado ya al elegante y cómo- 
do (Ó) edificio, que honra á su dignidad y buen gusto y de paso 
á la provincia y á su capital (c). La fachada del edificio sencilla 



(a) DcDunciú este hecho á las Reales Academias de la Historia y San Fernando 
el Excmo. 5r. D. José Amador de tos Klos. 

(^) Menos la escalera: los patios adornados al estilo llamado mudejar ofreccD 
un sapecto agradable. 

(c) En elogio de su Diputaciún y de la honradez de aquella provincia y su 
buena administración, hay que decir que parece imposible, dadas las condiciones 



76 GUADALAJARA 

pero elegante, ostenta en medallones los bustos de algunos de 
sus hijos célebres. 

* La nueva cárcel construida también de nueva planta y 
con arreglo á los adelantos del sistema celular y de aislamiento, 
en paraje ventilado y extramuros de la población, es otro de los 




Iglesia db La Antigua 



nuevos edificios que la honran, y con qué se logrará no sólo la 
v^itaja de moralizar á los desg^raciados hijos del crimen, ó de 
faltas, sino su comodidad y mejora y el ablamíento del antiguo 
monasterio de la Piedad. 



de su suelo, pueda sostener sus cargas con la puntualidad que lo hace, y que ae 
echa de menos en más ríeas provincias, sosteniendo ésta congran decoro no sola- 
mente las cargas de lastruecióo pública y Beneficencia, sino también las Artes, 
subvencionando á varios hijos de la provincia que Ib honran. 



78 GUADALAJARA 



* Algunas mejoras hechas en la muzárabe y veneranda 
aunque modesta iglesia de Ntra. Sra. de la Antigua, Patrona de 
la ciudad, honran la piedad y los buenos deseos del municipio, 
que proyecta su restauración, conforme á las tradiciones de su 
antigüedad y origen, y acreditará su buen gusto, si llegan á 
realizarse con el debido acierto. 

* ¡Ojalá que alguna piadosa y opulenta mano de las que 
no faltan en aquella población, se compadeciera del mísero esta- 
do de la linda, histórica y desgraciada capilla de Lucena! (¿r), 
llamada comunmente la capilla de las Urbinas, por haber veni- 
do á ellos el patronato de la fundación (6). 

* Aquella linda capilla adyacente á la antigua iglesia de 
San Miguel del Monte, presentaba tan distintos tipos y caracte- 
res, que no se puede creer fuera hecha de una vez y por uno 
mismo. Unas letras que existen todavía en uno de los contra- 
fuertes, que á modo de torreones con figurados matacanes y 
agudos cupulines flanquean la capilla, conservan la fecha del 
año 1 5 10, la cual reclama la estructura misma en todo mudejar 
del edificio, bien agena del arte en 1540, fecha que le da la otra 
inscripción más conocida. Una tribuna flanqueada por otras dos 
torrecillas en su parte occidental y frente al altar mayor, bien 
orientado, y dedicado á la Virgen y á las jerarquías angélicas, 
servía á los patronos para asistir á los oficios de la contigua 
iglesia y á la vez á los de su capilla. Mas el ornato interior de 
ésta desdecía de su arquitectura española, y revelaba el gusto 
clásico florentino y el plateresco de 1540 en su decoración in- 
terior y quizá restauración. Así se explican las dos encontradas 
fechas que revela el arte mismo, pugnando en el interior con 
el exterior {c). 

(a) Véase lo que sobre ella dice el Sr. Quadrado en el capítulo anterior. 

(¿7) Vendida la capilla por los patronos, sirve hoy de cuadra y almacén, y aún 
hay que dar las gracias á su actual poseedor por no haberla arruinado, como más 
de una vez se intentó. 

(c) Algunos frescos que se conservan, aunque deteriorados, representan las 
virtudes cardinales: la Prudencia con la serpiente, la Fortaleza con el león, la Tem- 
planza con el freno. 



GUADALAJARA 79 



* Igual desgracia ha cabido á sus antiguos muros que re- 
cordaban la tradición de la entrada nocturna de Alvar Fáftez 
dentro de su recinto, que cual glorioso recuerdo ostentan las 
armas de Guadalajara y su provincia. Las crónicas locales re- 
fieren que persiguiendo á los moros durante el sitio, entró 
revuelto con ellos por la puerta de la Feria y salió por la del 
Monte {a). 

"^ Escritor muy competente en la materia decía hablando de 
los antiguos muros de Guadalajara (6). 

* tHay en el antiguo perímetro de la Ciudad de Guadalajara 
varias obras muy interesantes para la historia de la ciencia del 
ingeniero. Una de ellas es el torreón con flancos, que cubría el 
ángulo frontero al convento de las Bernardas y que, aunque 
muy deteriorado, no deja lugar á duda en su traza, así como 
se hace notar por su construcción la torre de la puerta del Ala- 
mín, dividida en dos naves con tres pisos sobre bóvedas. Pero 
lo más importante para la cuestión que aquí se discute son 
cuatro obras en forma de baluarte, de caras poco extensas con 
flancos muy prolongados y casi todos perpendiculares á la corti- 
na, que se conservan más ó menos deteriorados en diferentes 
puntos del mismo recinto, y señaladamente la que está á la de- 
recha de la puerta de Bejanque. Examinada cuidadosamente 
esta última obra, se encuentra un muro que llega por su parte 
interior á los encuentros de las caras con los flancos, y una co- 
municación subterránea que une dicha obra con el baluarte in- 
mediato de Santo Domingo. De estas observaciones se podrá 
inferir que las dos caras del referido baluarte de Bejanque fueron 
sobrepuestas á una torre ordinaria rectangular, cuyo lado ex- 
terior es el muro arriba citado, si ya no es que se quiera supo- 
ner que aquella ol:»a en su construcción primitiva era un dimi- 
nuto rebellín ó torre triangular, acaso semejante á las que 



(«) La puerta de la Feria tomó el nombre de Alvar Fáñez; la del Monte el de 
Mercado de Santo Domingo. 

(¿) En el resumen histórico del arma de ingenieros. 



8o GUADALAJARA 



emplearon los árabes en la fortífícación de Túnez y á la cuál se 
añadieron después dos flancos. Sin embargo, más plausible pare- 
ce la idea de que el enunciado baluarte fué en su origen una 
torre albarrana, con una de sus diagonales paralela y otra per- 
pendicular al recinto. Opiniones muy autorizadas suponían en el 
siglo XVI que las fortificaciones de Guadalajara sino de origen 
romano, eran en g^n parte visigodas. El analista Francisco 
Medina decía: < Siendo Alcalde de esta ciudad Bríviesca de Mu- 
ftatones, se hundió un gran pedazo de cimiento de la torre que 
está en la puerta de Alvar Fañez; descubriéronse enormes sillares 
y entre ellos una grandísima piedra con inscripción romana, tan 
gastada que solamente se podían leer estas letras Julius CíCSAr. 
Macizóse aquella profundidad y quedó debajo de tierra esta 
piedra > . Si á estas indicaciones históricas se agrega la circuns- 
tancia de que, según la opinión de persona competente en la 
materia, las mamposterías de la torre de Bejanque y el duro 
hormigón de ella, pertenecen á la clase conocida con el nombre 
de opus incertum entre los romanos, no faltarían probabilidades 
para atribuir á éstos la edificación de las enunciadas torres. Por 
desgracia todos los restos y aun vestigios tan antiguos y glo- 
riosos han desaparecido (^), y si bien la nueva generación que 
los desdeñó, y ha visto desaparecer, prefiere las casas modernas 
que los han sustituido y á las que encuentra más bellas y al 
decir moderno confortables, los amantes de las glorias patrias, 
de las tradiciones respetables, de las artes en. sus diferentes 
manifestaciones no podrán menos de lamentar su desaparición 
(¡estériles pero necesarios lamentos!) al aprovecharse de las 
nuevas construcciones, diciendo: ¡bien pudo hacerse esto y con- 
servar aquello! 

* Trasladada la Academia de ingenieros del ejército de Al- 
calá de Henares á Granada en virtud de lo dispuesto por Real 



(a) El torreón de Bejanque, último recuerdo, fué demolido en 1884. Las Rea- 
les Academias no pudieron evitarlo, á pesar de las gestiones que hizo la Comisión 
Provincial de Monumentos, por haber pasado á ser de dominio particular. 



r 



<i lii i »i iw«ii iii Mnni»<i iiii n i n. ii ii i i imuimn iii n i i i Miiiw i 



? i 




82 GUADALAJARA 



orden de 8 de Abril de 1823, según queda indicado, los sucesos 
políticos que en el expresado año tuvieron lugar produjeron la 
Real orden de 27 de Setiembre declarándola extinguida; pero 
como quiera que las instituciones cuando la necesidad las reclama 
se imponen, pasado algún tiempo, y calmados los enconos políti- 
cos, el ingeniero general D. Ambrosio de la Cuadra pudo conse- 
guir se dictase la Real orden de 4 de Agosto de 1826 por la que 
se ordenó su restablecimiento en Madrid. 

"^ La Academia, sin embargo, continuaba en estado de lan- 
guidez hasta que el gran cambio político ocurrido poco antes del 
fallecimiento de Fernando VII y las activas gestiones de los que 
se interesaban por el lustre del cuerpo dieron por resultado la 
Real orden de 13 de Setiembre de 1833, disponiendo que la 
Academia de ingenieros del ejército, que se hallaba á la sazón 
en Arévalo, se trasladase juntamente con su Regimiento á la 
Ciudad de Guadalajara, á cuyo efecto se le concedió para su 
instalación el anchuroso ediñcio antiguo palacio de los marque- 
ses de Montesclaros y después reales fábricas de paños. Á esta 
medida que tanta importancia y tanta vida había de dar á la 
ciudad de Guadalajara, se siguieron otras muchas encaminadas 
á promover la instrucción y restituir su decaído esplendor al 
cuerpo; pero amenazada con frecuencia durante la guerra civil 
de los siete años la seguridad de Guadalajara, se hizo indispen- 
sable en Agosto de 1837 sacar la Academia de esta ciudad y 
establecerla provisionalmente en la Corte, hasta que asegurada 
la tranquilidad del reino se restituyó nuevamente á Guadalajara 
en Agosto de 1840. 

* El ediñcio en que se halla instalada la Academia está 
situado en la anchurosa plaza que todavía lleva el nombre de 
Plaza de la Fábrica^ que se le dio al constituirse aquella en el 
siglo pasado en el palacio de los marqueses de Montesclaros, 
según queda dicho. Este ediñcio es sólido y tan capaz cual le 
exige el ñn á que en la actualidad está destinado, si bien carece 
interior y exteriormente del carácter monumental que ostenta 



GUADALAJARA 8^ 



el palacio de los duques del Infantado situado en la misma plaza. 
Contiene un patio central rodeado de cuatro alas de edificios, 
algunas de las cuales se prolongan más allá de la intersección ; 
un extenso campo cercado en la parte posterior con algunas de- 
pendencias secundarías y que sirve á la vez para ejercicios mili- 
tares y prácticas; anchurosas y bien dispuestas clases, especial- 
mente la de dibujo, que puede contener cómodamente ciento 
sesenta alumnos. Los gabinetes están provistos del material de 
enseñanza más moderna, un observatorio astronómico y meteo- 
rológico con torre giratoría; gabinetes de materiales de cons- 
trucción y modelos de arquitectura, de los elementos de la 
construcción, de artillería, fortificación y telegrafía; sala de 
armas y picadero. Contiene también una biblioteca que cuenta 
hoy 13,000 volúmenes de obras selectas nacionales y extranje- 
ras llamando por último la atención el gran salón de recepcio- 
nes con una notable galería de ingenieros militares célebres y 
directores generales del cuerpo. 

* £1 mal aspecto que presentaban los muros posteriores 
de la Academia, que perteneciendo á sus dependencias acceso- 
rías constituyen las fachadas de poniente de los edificios anexos 
á la misma , formaba notable constraste con el conjunto del 
edificio príncipal y con la de los Observatorios astronómico 
y meteorológico situados en lo alto del terreno conocido 
bajo el nombre de Huerta de la Academia y del que los ci- 
tados muros forman parte y no escasa de su perímetro ó re- 
cinto. 

* Con objeto, pues, de armonizar el conjunto de las edi- 
ficaciones contiguas, dispuso el general Trillo, director del 
cuerpo, se procediese al estudio de un proyecto de transforma- 
ción de los citados muros; significando al mismo tiempo su deseo 
de que las obras no se encaminaran á un fin puramente estético, 
sino que, afectando las formas de un antiguo recinto fortificado, 
pudieran ser útiles para la enseñanza. Así se ejecutó en 1879 
construyendo un trozo de fortificación al estilo árabe del siglo xii 



84 GUADAL AJARA 



con almenas del género de las llamadas vulgarmente de picos^ 
al lado de la defensa del siglo xiv. 

* £1 personal de esta Academia lo compone en la actuali- 
dad un brigadier director; un coronel jefe de estudios; un te- 
niente coronel jefe del detall; once profesores comandantes ó 
capitanes 9 cinco tenientes ayudantes de profesor, un médico , un 
capellán, un profesor de esgrima y otro de equitación. 

* Los talleres y parques del cuerpo de ingenieros se hallan 
establecidos en el antiguo convento de claustrales de San Fran- 
cisco situado á extramuros de la ciudad sobre una pequeña 
eminencia que domina el barrio llamado de Santa Ana. Hoy se 
le denomina con el nombre poco apropiado de Fuerte^ por 
hallarse rodeado de unas tapias aspilleradas que más bien cons- 
tituyen cerramiento que fortificación. 

* La organización de los talleres y parques . fué debida 
en 1844 al ingeniero general Excmo. Sr. D. Ramón Lara del 
Valle, que tanto interés demostró siempre por el engrandeci- 
miento del cuerpo. Tienen por objeto la construcción de las he- 
rramientas y efectos que constituyen el material de los parques 
de ingenieros, y están separados los que constituyen los de car- 
pintería, herrería, carretería y bastería, todos ellos provistos de 
las máquinas apropiadas para los respectivos trabajos, movidas 
por un motor de vapor. 

"^ En la nave de la antigua iglesia está apareado el mate- 
rial del tren á lomo de los regimientos, el de los parques de 
campaña de reserva, tren de sitio y parque de escuela práctica. 
En otros locales están los trenes de puentes de reserva, los ata- 
lajes, etc. 

* Otro incremento notable y de mucho lustre para la po- 
blación ha tenido Guadalajara en estos últimos años y durante 
el breve reinado del malogrado D. Alfonso XII. Tal es el Cole- 
gio de Huérfanos de la guerra civil. Apenas terminada ésta se 
pensó, como es justo, en proporcionar algún consuelo y alivio á 
las desgraciadas familias, que no sólo lloraban la pérdida de 



GUADA I- AJARA 85 

seres queridos llevados á perecer por la fuerza de la ley ó de 
las circunstancias, sino que á duras penas podían mantener 
viudas de aquellos, huérfanos, ó inutilizados en campaña. Ini- 
ciada por un decreto del gobierno, dado en 14 de Marzo 
de 1876, en suscrición nacional, tuvo lisonjero resultado, pu- 
diendo adquirir con su producto el grandioso palacio, levantado 
por la munificencia de los opulentos Mendozas, y que recuerda 
no solamente las glorias de éstos y del Infantado, sino también 
de los Lunas y de la casa de Osuna, su última poseedora. El 
estado del palacio dejaba ya mucho qué desear. A la adquisi- 
ción contribuyó también generosamente el Ayuntamiento de 
Guadalajara, conocedor no sólo de sus intereses sino también 
de las glorias á que debe atender. 

* En 23 de Marzo de 1879 se instaló el Colegio de Huér- 
fanos bajo la dirección de un coronel de infantería, y un coman- 
dante como jefe de estudios; como establecimiento militar á la 
vez y literario. ¿Cómo podían figurarse los opulentos magnates 
que fundaron su casa, erigieron ese grandioso monumento, y 
lo adornaron y enaltecieron, ellos los grandes guerreros, polí- 
ticos, también literatos y poetas, que hacían casa para desgra- 
ciados huérfanos? Y de haber desaparecido las familias, ya que 
no los títulos, ¿qué destino mejor pudo dársele? 

* La Providencia lo ha dispuesto así, y poco amor á la 
humanidad, respeto á la desgracia, caridad en el corazón tendrá 
quien lo sienta ó lo deplore. 

* Hoy la sala de linajes, con su admirable artesonado, sirve 
de capilla, y ha vuelto al destino que le daba el tercer duque 
del Infantado {a), dedicándola á capilla y celebrando con gran 
culto en ella y en sus corredores la fiesta del Smo. Sacramento. 

* Igual destino tiene el salón de cazadores, delante de cuya 
gran chimenea se alza otro altar para el culto en el otro colegio 
de niñas huérfanas , que ocupa la otra parte del edificio, en el 



(a) Véase el capítulo anterior. 



86 



GUADALAJARA 



que educan á éstas con gran esmero religiosas ursulinas. Un 
consejo de Administración compuesto de altos funcionarios pú 
blicos dirige ambos establecimientos (a). 



(a) Presídelo el Excmo. Sr. marqués de Novaliches, á quien se debe en gran 
parte su instalación con tanto celo como acierto. 





CAPITULO III 

Monasterio de Luplana 



'TT' upiANA, célebre curia de la orden de San Jerónimo, aunque 
,J^ distante dos leguas al oriente de Guadalajara , más que 
por la situación está ligado con ella por la historia. 

Vivían en Guadalajara á mediados del siglo xiv dos Ilus- 
tres hermanos, Pedro y Alonso Fernández Pecha, nietos de un 
caballero de Sena, á quien el infante D. Enrique, hijo de San 
Fernando, había traído consigo de Italia, camarero del Rey el 
uno y obispo de Jaén el otro. Desengañados entrambos del 
mundo en que brillaban, imitaron sucesivamente el ejemplo de 
su amigo Fernández Yáñez de Figueroa, natural de Cáceres, 
que había pasado de la Corte al Cabildo de Toledo y de ahí á 
la soledad. A estos tres varones se unieron ciertos ermitaños 
italianos, venidos á España á impulso de varias revelaciones, que 



88 GUADA LA JARA 



profetizaban el establecimiento de una nueva orden en la Penín- 
sula; y de yermo en yermo, fijáronse al fin, hacia 1370, en Lu- 
piaña, pequeña aldea, donde Diego Martínez de la Cámara, tío 
materno de los Pechas, había de antes edificado una capilla á 
San Bartolomé (i). 

Para desmentir las sospechas de ociosidad y aun de he- 
rejía, que pudo despertar su vida ascética y aun extraordinaria, 
pidieron una regla al Pontífice, que les dio la de San Agustín, bajo 
la advocación de San Jerónimo. Pedro Fernández Pecha, aunque 
lego, fué el primer prior, Fernando Yáfiez el segundo. El obis- 
po, renunciada su mitra, murió en Roma, legando sus bienes al 
monasterio, y la casa de los Pechas se unió á la de Mendoza por 
el casamiento de la hermana D.* María con Pedro González, el 
mayordomo de Juan I. 

Levantóse un claustro pequeño y pobre, que en 1463 res- 
tauró con mejor ornato el arzobispo de Toledo D. Alonso Ca- 
rrillo ; dio Juan I cinco mil maravedís de juro par¿ ayuda de la 
fábrica, Juan II aumentó sus rentas, y la benéfica duquesa de 
Arjona mereció aquel honorífico sepulcro á la izquierda del pres- 
biterio, alargando la nave de la iglesia y haciendo labrar su 
techumbre de madera, el coro y el primer retablo (2). 

Á estas obras, cuya antigüedad tan bien sentaba á la decana 
y matriz del instituto, reemplazó una pálida imitación del Esco- 
rial, su augusto dependiente, con quien nunca debió entrar en 
competencia ya que tan atrás había de quedársele. Su fachada 
con triangular frontispicio, su' dórica portada, su torre de piedra 



(i) Existía en la iglesia el entierro de este su primitivo fundador con el si- 
guiente epitafio : 

«Aquí yace Diego Martínez de la Cámara, que Dios perdone, que finó Domingo 
doce dias andados del mes de Setiembre, Era de M et CCC et LXXVI años, el cual 
fizo esta iglesia de San Bartolomé á servicio de Dios e á su costa.» 

La capilla se edificó en 1 330. La Era i 376 se reduce al año 1938. 

(2) De estas obras dice el P. Sigüenza, gran conocedor, pero harto exclusivo 
en materia de artes, «que se labraron con el mejor ornato que la rusticidad de 
aquel tiempo supo dalle.» Y luego añade : « Estaba España en esta y en las demás 
artes muy pobre, mendigando los cristianos viejos de las reliquias de los árabes 
hasta los mas bajos oficios.» 



GUADALAJARA 89 



rematada en cupulilla, asomando por entre copudos árboles á 
orillas de la hondonada donde se oculta el pueblo, remedan en 
menor escala las de la octava maravilla; é igual pretensión se 
advierte en la disposición del coro alto que ocupa casi toda la 
nave, y en el anchuroso crucero, sobre cuyos arcos torales no 
llegó á levantarse la cúpula, y en la esbelta capilla mayor con 
tribunas á los lados, y en las ñguras é historias de la orden pin- 
tadas al fresco en sus bóvedas y paredes. Del pequeño claustro 
primitivo restaurado por el arzobispo de Toledo, no queda más 
que la inscripción y el artesonado techo (i), habiéndose renova- 
do mezquinamente de ladrillo ; y lo más antiguo é interesante de 
Lupiana es ya el claustro principal, bien que construido hacia la 
mitad del siglo xvi, cuyos arcos, semicirculares en el primer 
cuerpo y rebajados en el segundo, aquellos con lindos medallo- 
nes en sus enjutas, estos tachonados de florones en su arquivol- 
to, cerrados los de abajo con balaustrada de piedra, los de arriba 
con calado antepecho, gótico en el estilo sin serlo en los deta- 
lles, forman espaciosas galerías enlosadas de mármol, cubiertas 
con techos de labrada madera. Sobre la galería superior en una 
ala del claustro se levantaron posteriormente otras dos, con ar- 
quitrabe é impostas en vez de arcos, y balaustres de piedra en el 



(i) La inscripción en caracteres bordados que da vuelta al claustro, dice así : 
« Este es el primero claustro, en el qual fué primeramente fundada la orden del 
bienaventurado Sant Ycrónimo en España por el muy santo padre Gregorio undé- 
cimo de santa memoria, en el año del Señor de mili CCCLXXIIU años á suplicación 
de les venerables padres fray Pero Fernandez Pecha e fray Ferrand Yañez de Cáce- 
res, primeros frailes de la dicha orden, recibiendo el nuestro abito de la mano del 
dicho santo padre ; el qual dicho claustro fué eregido en monesterio por el muy 
reverendo padre D. Gómez Manrrique, arzobispo de Toledo en el sobredicho año.» 
Y en el opuesto muro se lee : « Este claustro fué mandado reedificar, apostar e 
adornar alto e baxo, em la forma que ahora está, á sus propias espcnsas por el muy 
rev. e magnífico padre e señor don Alfonso Carrillo, arzobispo de Toledo, primado 
de las Españas e canciller mayor de Castilla, seyendo prior de este monesterio el 
rev. padre fray Alfonso de Oropesa, año del Señor de mili CCCCXIIIaños.» 

Los antepechos de este claustro, según lo describe el P. Sigüenza que los al- 
óanzó en su tiempo, eran « de piedra dura y fuerte que tira á color de pizarra, con 
sus claraboyas de la mejor traz^a y labor que aquella arquitectura moderna, here- 
dada de godos ó de moros, sabia.» 

Z9 



90 



GUADALAJARA 



tercer cuerpo y de madera en el cuarto, destruyendo la simetría 
y proporciones del conjunto. 

Y si al viajero no satisface la contemplación de este monu- 
mento, realzado por la soledad y por el temor de su ruina, entre 
en la desnuda sala capitular, donde para la elección de general 
se congregaban los priores de todos los monasterios de la pe- 
nínsula, como familia patriarcal al rededor de la mesa de su 
abuelo en las mayores festividades ; lea los rótulos que señala- 
ban á cada uno su asiento (i); y no podrá menos de sentirse 



(i) Para dar una idea del número de monasterios de esta insigne orden, copia- 
mos dichos rótulos inscritos en tarjetones, cuya serie marca la respectiva antigüe- 
dad ó preeminencia de cada convento : 



S. Bartolomé de Lupiana. 

S. Lorenzo del Escorial. 

Sta. María de la Sisla (Toledo). 

S. Gerónimo de Cotalva. 

S. Gerónimo de Valdebron (Barcelo- 
na). 

Sta. María de Mejorada. 

Sta. María de la Murta de Valencia. 

Sta. María de la Estrella. 

Sta. María de Frexdelbal. 

S. Gerónimo de Yuste. 

Sta. Catalina de Corban. 

S. Miguel del Monte. 

S. Isidoro del Campo. 

Sta. María de Prado. 

sta. María del Parral (Segovia). 

S. Gerónimo de Omato. 

Sta. María de Espineiro. 

sta. María de la Vega (Salamanca). 

S. Gerónimo de Granada. 

sta. María de la Luz. 

Sta. María de la Esperanza. 

Sta. María de Baza. 

Sta. María de Benavente. 

Sta. Marina de la Costa. 

Rector del colegio de Sta. María de Gua- 
dalupe. 

Prior de S. Miguel de los Ángeles. 

Prior de Sta. María del valle de Écija. 

Prior de S. Pedro de Murcia. 

Procurador de San Bartolomé de Lu- 
piana. 



Sta. María de Guadalupe. 

Sta. María de Betleen (Lisboa). 

S. Gerónimo de Guisando. 

Sta. María de Peñalonga. 

S. Blas de Villaviciosa. 

Sta. Catalina de Talavera. 

S. Gerónimo de Espeja. 

Sta. María de la Armedilla. 

S. Gerónimo de Córdoba. 

S. Gerónimo de Zamora. 

S. Gerónimo del valle de Belén. 

S. Gerónimo de Sevilla. 

S. Juan de Ortega. 

S. Leonardo de Alba. 

S. Gerónimo de Madrid. 

S. Marcos de Coimbra. 

Sta. Ana de Tendilla. 

S. Antonio de Portaceli (Sigüenza). 

Sta. Engracia de Zaragoza. 

Sta. María del Rosario de Bornos. 

Sta. María de la Peña. 

Sta. María de Valdebusto. 

Sta. María de Valdeinfeito. 

S. Miguel de los Reyes. 

Sta. María de Barrameda. 

Sta. María de Gracia. 

Rector del colegio de San Marcos de 

Coimbra. 
S. Gerónimo de Caravaca. 
S. Gerónimo de Avila. 
Procurador de Sta. María de Guadalupe. 
Procurador de San Lorenzo del Esco- 



rial (a). 

{a) Los Priores de Guadalupe y el Escorial no sólo traían sus procuradores respectivos, sino que venían ea 
coche, que dejaban en una granja del monasterio para entrar montados en muía como todos los demás. 



GUADALAJARA 



91 



penetrado de reverencia hacia aquel solar ilustre, del cual deri- 
varon tantas y tan célebres fundaciones sin poder jamás eclipsar 
su gloria ni arrancarle la primacía. 

Trazó este salón Francisco de Mora en 1598. 

La sillería no está ya en el museo de Guadalajara como 
tampoco el sepulcro de D.* Aldonza de Mendoza, que indebida- 
mente se trajo al Museo arqueológico de Madrid en 1870. 

Véase su descripción en el capítulo anterior. 




CAPITULO IV 



La Alcarria. — Pastrana. — Zorita 



y I \ EMORiAs halagüeñas é impresiones más vivas que las de 
3 ^^* ^ una excursión ordinaria, debidas acaso, más bien que á 
los objetos mismos, á circunstancias accidentales y al estado fn- 
tímo del corazón, servirán al autor de disculpa, si al referir las 
siguientes jomadas, sustituyendo la forma de narración á la 
descriptiva en beneficio de la variedad, deja por primera vez 
asomar ese yo tan molesto y continuo en los modernos escrito- 
res de viajes. Sin ganar al lector con indiscretas conñanzas, sin 
prometerle extraños lances y aventuras, si es que le place el 
guía, seguirle podrá por la quebrada y pintoresca Alcarria, se- 



94 GUADALAJARA 



guro de que no ha de abusarse dé la compañía para distraer su 
atención de las cosas, y ocuparle mal su grado de la persona 
que poco ó nada le interesa. 

Espiraba en el raso horizonte la luz postrera del 14 de 
Agosto de 1 848 ; y quedábase á la espalda el pueblo de San- 
torcaz ó San Torcuato con su palacio arzobispal, cuya cua- 
drada torre en el siglo xvii tuvieron por prisión el marqués 
de Siete iglesias y el duque de Híjar; y el castillo de Pioz, 
defendido en los ángulos por cuatro redondos torreones, aso- 
maba una legua después á la vera del camino: cuando se 
presentó á nuestros ojos aquella montuosa y agreste comarca 
de indecisos límites y de arábigo nombre, que recordando las 
alquerias y dispersos caseríos de sus pobladores sarracenos, 
ofrece singular analogía con el nombre y situación de la primi- 
tiva Olcadia entre los celtíberos y los carpetanos contenida. 
Alta, pedregosa, surcada en todas direcciones por hondos valles 
ó más bien barrancos por donde se deslizan apacibles y nom- 
brados ríos, pingüe y feraz en las cañadas, desnuda y yerma en 
las alturas ó de bajos matorrales solamente vestida, pero brin- 
dando con sabrosos pastos á numerosas greyes, y á densos en- 
jambres de abejas con aromáticas flores, encierra reducidos jar- 
dines, variadas perspectivas, y un pueblo sencillo y bueno, cuyas 
patriarcales costumbres, á pesar de los corrompidos hálitos de 
la corte no lejana, mantiene allí generalmente el pastoril ejerci- 
cio. Sus lugares, frecuentes aunque cortos, parecen haber brota- 
do del seno de la hondonada al par de la pequeña huerta que 
los circunda, ó haberse fabricado un nido de verdor en los re- 
codos de las calizas peñas; nada anuncia su proximidad, ni des- 
cuella sobre sus techos siquiera la humilde torre de la parroquia: 
su caserío, disimulando la vejez á fuerza de aseo, se engalana 
con frondosas vides y toldos de pámpanos, como para avergon- 
zar la desnudez de que harto á menudo adolecen las campiñas. 

Loranca de Tajuña, dominada por un castillejo, y tomando 
-el nombre del río que á sus plantas corre, presentaba en este 



GUADALAJARA 95 



género el primer tipo : pero la noche ya cerrada sólo me permi* 
tió divisarla entre arboleda y dispuesta en anfiteatro ; y la cues- 
ta rápida y larguísima como todas las del país, y los densos va- 
pores del valle plateados por espléndida luna, y el murmullo 
del río todavía riachuelo, formaban en mi fantasía aquel sencillo 
y quieto paisaje que adivinar se deja en los misteriosos versos 
de San Juan de la Cruz : 

Y la caballería 

Á vista de las aguas descendía. 

Más de una legua serpeó nuestro camino á orillas del Tajuña 
por entre áridos y blanquecinos cerros, en cuyos ángulos y ca- 
vidades se abrigan sonoros ecos prontos á despertar al menor 
ruido del hombre ó de la naturaleza, hasta el pueblo de Honto- 
va, menor todavía que Loranca, y sito al pié de otra cuesta no 
menos fatigosa. Atravesado un' erial y pedregoso monte, al 
principio de la nueva bajada volvieron á aparecer los árboles y 
á murmurar las corrientes; y el ladrido de los perros vigilantes 
en las eras publicó nuestro arribo á Pastrana, que en el declive 
de la colina desplegaba una tras otra sus pendientes calles. El 
pueblo dormía todo; pero amable y franca hospitalidad (i) 
aguardábame á deshora en el palacio de los antiguos príncipes 
de Éboli y duques de Pastrana, que alumbrado de lleno por la 
luna, dominaba la desierta plaza con sus dos cuadrados torreo- 
nes. Á uno de ellos correspondía la estancia que se me previno; 
y á la dudosa luz que penetraba por las cortinas de la ventana 
abierta en el macizo muro y defendida con fuerte reja, bajo 
aquella artesonada techumbre robusta y sombría como el carác- 
ter de su época, triunfaron por buen rato del cansancio y del 
sueño, á que mullido lecho convidaba, el recuerdo del anciano 



( I ) El plan de este libro no me permite decir más acerca de la que debí á D. Ma- 
nuel Somalo, administrador del duque del Infantado en Pastrana, y á su aprecia- 
ble familia. 



96 GUADALAJARA 



Rui Gómez de Silva vaciado en el molde de Felipe II, y el de 
su bella consorte D.* Ana de Mendoza y Lacerda, única mujer 
acaso que tuvo imperio en el corazón del austero monarca, y 
cuyos galantes favores tan ominosos fueron á su incauto valido 
Antonio Pérez (i). 

Despertóme, ya muy entrado el siguiente día, el solemne 
repique de campanas con que la iglesia festejaba la Asunción 
de nuestra Señora : una devota procesión recorría las calles que 
no desdeñara de tener por suyas alguna ciudad de provincia, y en 
pos de sí me condujo hasta la colegiata, honrada con este título 
en 1573 á instancia de los ilustres esposos. Su hijo fray Pedro 
González de Mendoza, obispo de Sigüenza, renovó á sus expen- 
sas el edifício para entierro propio y de su familia, según la ins- 
cripción que el ámbito rodea; y á su época pertenece el altar 
mayor, obra de buen gusto, cuyos tres cuerpos adornan colum- 
nas estriadas. Pero el templo, ' con sus tres naves y ancho cru- 
cero y aplanada cúpula, ha quedado insignificante ; aunque las 
negruzcas piedras y semicirculares ventanas de la gruesa torre, 
las macizas columnas cilindricas del trascoro con algún capitel 
de corte bizantino, los arcos de aguda ojiva, y de leve herradura 
alguno, correspondientes á la bóveda del coro, algunos restos de 
crucería en forma de estrella, y la sencilla portada gótica de arco 
rebajado entre dos pilarcitos, son vestigios de su antigua exis- 
tencia, cuales en el siglo xiii, cuales en el xv. Siete urnas idén- 
ticas de mármol, colocadas dentro de nichos en el subterráneo 
panteón, custodian las cenizas del consejero y de la dama del 



(i) Aunque la poesía ha coloreado sobradamente la dramática historia de este 
personaje, están fuera de duda sus relaciones con la princesa de Éboli, que tanta 
parte tuvieron en el asesinato de Escovedo, secretario de D. Juan de Austria, y 
que excitaron todo el rigor del celoso monarca contra su infiel ministro. En sus 
relaciones el mismo Pérez indica algo de la pasión del rey hacia la hermosa dama 
y del desvio con que era correspondido. Fué presa en Madrid la princesa, á la 
misma hora que el valido, en 28 de Julio de i $79, y desde su palacio de la calle 
de la Almudena conducida á la fortaleza de Pinto; puesta algún tiempo después 
en libertad, murió en Pastrana año de 159a. Su esposo Rui Gómez había ya falle- 
cido en I $77. 



GUADALAJARA 



gran Felipe y de la ducal estirpe de entrambos (i); y en sus 
fúnebres aniversarios brillan aún los candeleros y la cruz de 
ébano, los negros ornamentos de terciopelo y el paño de tumba 
ricamente bordado que se estrenaron para sus exequias. 




Formando gradería con sus techos y cubriendo la empinada 
ladera, goza Pastrana (2}, cabeza de aquel distrito, de ameno 
bien que reducido horizonte; y los huertos de su angosto valle 
y las vidas y olivares de las fronteras lomas brindan con sus 
umbrías sendas á deleitosos paseos. Dentro de su cerca quedan 



(1) De estas Biete urnas ocupan las dos Rui Gúmez de Silva y s 
otrasdoa D.Diego de Mendoza y Lacerda y D.* Catalina de Silva, padres de la prin- 
cesa; la quinta el nieto de los principes Rui Gómez de Silva, tercer duque de Pas- 
trana, muerto en 1626; la sexta D.* Leonor de Guzmán, su esposa, princesa de 
Mélito, fallecida en 1656; y la séptima D.' Rodrigo de Silva, cuarto duque de Pas- 
trana, hijo de los dos anteriores, que muríú en 1 67 í- En el mismo panteón yace 
sin lápida el restaurador de la colegiata fray Pedro González de Mendoza, que por 
una singular anomalía bajó de arzobispo de Granada y Zaragoza á ser obispo de 
SigUenza. Su hermano D. Rodrigo, segundo duque de Pastrana, que murió en 
FUndes en 1 596, está enterrado en el convento de San Buenaventura. No existen 
en la colegiata otros sepulcros, sino dos de mármol traídos del convento de Bo- 
larque y colocados en !a capilla de las reliquias, donde yacen D. Francisco de 
Contrcras, comendador mayor de León y presidente de Castilla, gramie amtinU 
de ló justo, de los forres y áe los religiosos, y su mujer D.' María Gasea de Is Vega 
de ejemplar virtud, que murieron el uno en i6ío,laotra en 163;, 

(a) Redúcese por algunos á esta villa la Paterniana nombrada por Tolomeo. 



98 GUADALAJARA 

ya comprendidos los que antes eran arrabales, y uno de ellos 
conserva el nombre de Albaycín importado probablemente de 
Granada. Perteneció la villa un tiempo como otras sus vecinas á 
la orden de Calatrava, hasta que en calidad de maestre la ven- 
dió Carlos V en 1542 á D.* Ana Lacerda, viuda de Diego Hur- 
tado de Mendoza, y abuelos entrambos de la famosa princesa 
de Éboli, cuyo esposo Rui Gómez de Silva agregó á dicho es- 
tado en 1569 las encomiendas de Albalate, Zorita y otras, com- 
pradas al soberano por veinte y ocho millones ó algo menos de 
maravedís. De entonces dátala construcción del palacio: su ro- 
busta fachada de sillería, ocupando el frente de una plaza ro- 
deada de pórtico y recién plantada de arbolitos, reduce todo su 
ornato al de la portada, que forman dos estriadas columnas de 
orden corintio, medallones con bustos en las enjutas, y un friso 
donde se leen los apellidos La- Cerda y Mendoza; por dentro el 
gran salón y las demás estancias, desmanteladas casi todas, no 
tienen más que sus grandes chimeneas y sus techos artesonados 
con gruesos casetones y friso de relieves. Al palacio domina el 
convento franciscano de San Buenaventura, fundado por el 
mismo obispo de Sigüenza para los religiosos de su orden 
en 1637; y la despejada nave de su iglesia, que en fecha tan 
avanzada se engalanó aún con gótica crucería, y la de religiosas 
franciscas de la Concepción, y la de carmelitas descalzos en las 
afueras acogen todavía las oraciones de los fíeles: mas no han 
salvado de la ruina al último convento el recuerdo de haber sido 
uno de los primitivos semilleros de la orden y las huellas en él 
estampadas de Santa Teresa (l). 



(i) Dentro de las tapias de su huerta consérvanse dos ermitas que llevan el 
nombre de Santa Teresa y de San P^dro. Del casi inspirado viaje que hizo la Santa 
á Pastrana desde Toledo en i 569, á instancia de los príncipes de Eboli, del con- 
vento de monjas descalzas que allí fundó y donde permaneció por algún tiempo, 
del momentáneo ímpetu de la princesa de meterse religiosa durante los primeros 
días de su viudez, de su amor al instituto trocado en aborrecimiento, por no ha- 
llarle acomodado á su genio violento y caprichoso, y de la nocturna retirada de 
las monjas, que á los pocos meses abandonaron su convento, habla largamente la 
vida de la insigne fundadora. Mejor suerte cupo al de religiosos establecido al 



GUADA LA JARA QQ 



De la excursión emprendida por los contornos al incierto 
albor del inmediato día fué primer objeto otro humilde conven 
to de carmelitas descalzos en el nombrado desierto de Bolarque 
á dos leguas de Pastrana, temiendo hallarle víctii[na de aban 
dono semejante. Desde los viñedos de Sayatón, lugar pequeño 
empezó el camino á desplegar amenísimas escenas : aquí un an 
tiguo puente cortado en parte y suplido por tablas sobre la co 
rriente ya unida del Tajo y del Guadiela, cascadas pintorescas 
formadas por las presas de los molinos, poco más arriba la con- 
fluencia de ambos ríos, éste más ancho, aquél más profundo, y 
luego enfilando el cauce del verdoso Tajo una hoz estrecha, de 
altos y densos pinos poblada, por cima de los cuales asoman 
pardas y rojizas peñas, campeando en el fondo hacia el norte el 
castillejo de Anguíx. ¡Qué bien parece allí sentado sobre un re- 
cuesto á la izquierda, "y blanqueando entre la espesura, el pobre 
asilo de los penitentes religiosos! ¡qué sitio tan á propósito 
aquel, en que el alma como comprimida por la angostura de acá 
abajo, lanzábase disparada al cielo! ¡qué acordadamente se unía 
el compasado rezo ó la silenciosa oración al grave rumor de las. 
ondas ó al solemne bramido del viento en los pinares! Suave 
calma embarga el pecho todavía al salvar la puerta exterior del 
piadoso recinto: pero ¡ah! el convento yace desierto y mudo; 
iglesia, claustro, portería, todo reducido, sencillo todo hasta la 
desnudez, sólo hablan con las escogidas sentencias de la Escri- 
tura y Santos Padres que cubren sus paredes, y con los inge- 
nuos y sentidos versos, que no son de época ni escuela alguna, 
como las verdades religiosas que recuerdan. Esparcidas por los 
agrestes cerros se ven de doce hasta veinte ermitas para oca- 
siones de extraordinario retiro, en que á la vida de comunidad, 
por más que austera y solitaria, reemplazaba la de los primiti- 



mismo tiempo por fray Mariano bajo los auspicios de la Santa, que le ganó para la 
orden, y encomia altamente sus virtudes. No es poco interesante ver á la de Éboli 
en relaciones á un tiempo con Santa Teresa y con Antonio Pérez, luchando tal vez 
entre si la pasión y los remordimientos. 



100 GUADALAJARA 



VOS anacoretas ; y el alma llora sobre las ruinas de aquella po- 
breza, cual sobre las del más antiguo y suntuoso monasterio, 
pues algo más que el arte, . algo más que la historia es lo que 
envuelven en su caída. Soledad estéril y pavorosa, abrumador 
desamparo, guaridas salvajes de fieras y alimañas, precipicios al 
débil peligrosos, al desesperado tentadores, ved ahí lo que ofre- 
ciera el páramo, arrancada una vez la cruz que todavía lo ale- 
gra y vivifica ; y ved ahí lo que del mundo intentan hacer, sin 
quizá pensarlo, los que todo lugar de refugio cierran á la ino- 
cencia ó al arrepentimiento. 

Gustado el sabroso almuerzo sobre la fresca yerba cabe el 
río, á falta de la religiosa hospitalidad, retrocedimos hacia el sur 
costeando la sierra de Buendía, allende la cual se dilata el mon- 
tuoso término de Huete, y en cuyas faldas occidentales se asien- 
tan florecientes pueblos entre viñas y olivares de regadío. A 
Almonacid distinguen un almenado torreón puesto en una de 
sus entradas y resto casi único de su antigua cerca, la torre de 
piedra para el reloj construida en 1589 y rematada en cupulilla, 
el santuario de la Virgen de la Luz que fué iglesia del suprimi- 
do colegio de jesuítas, un convento de monjas á la salida, ahora 
de la Concepción, antes de Calatrava, cuyo estilo es del siglo xvi, 
y \ma parroquia harto ahogada de techo, con labores de la de- 
cadencia gótica en su portal y ventanas, que valiera mucho más 
á haberse continuado el magnífico ábside y crucero con su de- 
coración de columnas estriadas, que empezados en aquel siglo 
yacen al presente en abandono á espaldas del templo. Restau- 
ración más completa alcanzó la parroquia de Albalate, alta en 
sus tres naves, espaciosa, adornada con bóveda de crucería, en 
cuya portada se combinan las pilastras platerescas con moldu- 
ras y follajes góticos, destacando la figura de la Virgen dentro 
un arco trebolado, rodeada de arabescos que le sirven como de 
aureola. Arábigas de nombre y de origen estas villas, crecieron 
al amparo de Zorita la fuerte, cuyo título por sobrenombre 
toman ; y al par de Almoguera y Albares y de casi todo el dis- 



GUADALAJARA lOI 



trito, rindieron vasallaje á la orden de Calatrava, señora de sus 
viejos castillos. Y remontando á épocas más inciertas y remotas, 
el despoblado de Rocafrida entre Zorita y Almonacid trae á la 
memoria el antiguo romance y la caballeresca fama de Monte- 
sinos (i); y algo más arriba, entre Guadiela y Tajo, sobre una 
cortada peña han creído reconocer insignes anticuarios los ves- 
tigios de la goda Recópolis fundada en 578 por Leovigildo en 
honor de su hijo Recaredo (2). 

Zorita, cabeza un tiempo de aquellos lugares, les queda en 
¿aga hoy día, reducida á triste aldea : el pueblo^ que según fama 
se extendía sobre la derecha margen del Tajo, se ha acurruca- 
do á la otra parte en torno del castillo, ocultándose casi total- 
mente. De su muralla queda tan sólo una puerta con torreones, 
-de su puente un arco y un robustísimo machón : y visto á cierta 
<listancia, parece el castillo una ciudad fuerte y poderosa, y el 
pueblo á sus plantas un arrabal mezquino. Grandioso por sus 
ruinas, más grandioso por sus recuerdos, aparece aquel la vez 
primera en los anales sarracenos del siglo ix durante las rebe- 
liones de Muza y de Aben Hafsún : gánalo Alfonso VI, piérdese 
en los infaustos días de la reina Urraca, cayendo en poder de los 
valíes de Sevilla y Córdoba que lo abastecen y fortifican, y re- 
<:obrado por Alfonso VII probablemente, pasa al señorío de los 
Castros, á quienes Alfonso VIII, llegado apenas á la mayor edad, 



(i) En este bello romance que empieza: 

En Castilla está un castillo 
que se llama Rocafrida, 

figura una castellana que atraída por el renombre de Montesinos, le envía á París 
un mensajero, pidiéndole por esposo. 

(2r) Dice de ella el Biclarense : Civiiatem in Celtiberia ex nomine fiUi condidit 
guce Reccopolis nuncupatur^ quam miro opere et mcenibus et suburbanis adornans, 
j>rivHegia populo novce urbis inslituil. Siendo celtíbera esta ciudad, de ningún 
modo pudo corresponder á Ripoll, como han pretendido algunos seducidos por 
una falsa etimología. El moro Rasis escribió de Recópolis como existente en su 
tiempo, es decir, á fines del siglo x. «La ciudad de Rocapel, dice, es muyfermosa, 
e muy buena, e muy viciosa de todas las cosas de que los omes se han de mante- 
ner». Y hablando de Zorita añade: « es fuerte cidad e muy alta, e fíciéronla de las 
piedras de Rocapel, que las hay muy buenas en un rio que llaman Guadielas». 



I02 GUADALAJARA 



intenta quitárselo por instigación de los Laras sus rivales. La 
hueste real se ve detenida al pié de aquellos muros defendidos 
por Lope de Arenas, y los dos condes Ñuño de Lara y Ponce 
de Minerva, que pasaron á conferenciar con el obstinado alcaide, 
quedan allí prisioneros : pero he aquí que por sus puertas sale 
un cierto Dominguillo, propone al rey su pérfido estratagema, 
hiere en fingida lucha á un escudero que se presta á auxiliar la 
ficción aun á costa de su vida, y corre á refugiarse en el castillo, 
alabándose de su hazaña y ganando así más y más la confianza 
de su amo. Pocos días después vuelve al campamento el traidor 
cubierto de sangre con las llaves del castillo; su venablo ha 
atravesado por la espalda á Lope de Arenas mientras se estaba 
rasurando ; cobra la pactada recompensa, pierde empero los ojos 
y luego la vida para escarmiento de alevosos. Sucedía esto 
en 1 169, y en 1 174 confió el rey á los caballeros de Calatrava 
la defensa de Zorita y demás fortalezas vecinas, para contener 
las incursiones de los muslimes de Cuenca, al paso que la rica 
hembra Sancha Martínez les cedió el señorío de los mismos pue- 
blos. Otorgóles fueros especiales en 1 180 el tercer maestre Don 
Martín Pérez, y el santo rey Fernando cuidó de su observancia 
contra las demasías de los comendadores (i). Guardada Zorita 
por sus muros y por formidables perros de presa, de donde 
aseguran que tomó su epíteto de los Canes y fué el baluarte prin- 
cipal de la orden sobre la ribera del Tajo; y cuando en 1210 



(i) Tan notable en el fondo conio curiosa por su lenguaje es la carta escrita 
por el santo reyá los consejeros de Almoguera y Zorita, que trae Rades en su cró- 
nica de las órdenes militares : Sciaiis, dice, quod ego seto quod los mesquinos suni 
male tractati per multas guisas... Onde mando firmiier Commendatori ut tractet los 
mesquinos etomnes illosquos sciverit tortum reciñere, ad directum; etnon consen- 
Hat quod aliquis facial illis tortum vel forciam, sin autem, ad illum me tornarem et 
facer em illum jactare de suabaylia. Et mando quod quicumque juraverit falsum vel 
firmaverit, et probatum illi fuerit per tonas probas^ quod quintent illi denles, vel 
bene recaudatuni venial ante me, quia ego vetabo illud de guisa quod alii sint inde 
escarmenlati : et istud non fallat ullo modo ; sin autem, de Commendatore et de illis 
qui istud contrariaverint, bonum directum prender em ego^ et vetabo illud de guisa 
quod alia vicemelius faciantquod ego mandavero. Datis in Toleto XXVI die novemb. 
era MCCLVIII (i aao de Cristo). 



J 



GUADALAJARA lOJ 



sucumbió á la furia de los infieles su segundo convento de Sal- 
vatierra, sirvió aquella á los freyles de refugio y centro para 
replegar sus fuerzas y lanzarse con más brío á la victoria. 

Tales sucesos revoloteaban en mi fantasía; en tanto que tre- 
paba la áspera loma, cuya vasta meseta abarca el castillo, fun- 
dado y como incrustado en las desiguales peñas, irregular y 
oblongo en su figura, ceñido de barbacana por algunos lados, 
flanqueado de no muy salientes torreones que en su diversa 
forma y diverso colorido declaran la variedad de su fecha. A un 
arco de aguda ojiva, por cuya canal desplomábase el rastrillo, 
y que sirve de entrada principal, dominado por una gigantesca 
ventana de medio punto, sigue más adentro otro de herradura 
y ya denegrido, obra acaso sarracena ; y al extremo opuesto del 
recinto ábrese otra puerta, gótica en la traza, bizantina en las 
molduras, que á grande elevación contiene en una lápida el 
cuándo y por quién fué construida (i). Grandes ojivas apoyadas 
por bizantinos capiteles, ó bien formando arcos concéntricos, 
adornan el atrio de la capilla ; y en uno de los flancos exterio- 
res de ésta, donde brilla mejor la variedad de ménsulas carac- 
terística de aquel género, asoman á flor de tierra dos nichos, el 
uno semicircular y el otro de arco rebajado, que según las cru- 
ces esculpidas en la delantera de la urna dieron sepultura á ca- 
balleros de la orden. La portada de la iglesia es completamente 
bizantina y ruda, con aristas en degradación en vez de columnas 
y boceles, y en lugar de capiteles una sencilla faja de oblicuos 
cuadros, completando su frontispicio una claraboya y un arco 
para las campanas; la bóveda, labrada toscamente, estriba sobre 
capiteles embadurnados de cal ; y solamente el ábside, rodeado 



(i) En cuanto permite la altura á que esta lápida se encuentra y lo gastado de 
los caracteres, parecióme leer en ella : Don Pero Diaz me fecit en,., era TCC e 
XXVIII que sería año de J. C. 1 190. De este nombre de Pedro Diaz no hubo maes- 
tre alguno de Calatrava, y el que más se le aproxima es el de Rui Diaz, que lo era 
al tiempo en que la casa matriz de la orden se trasladó de Salvatierra á Zorita; ni 
entre los comendadores de aquella villa que nombra Rades hubo por aquel tiempo 
ninguno asi llamado. 



104 GUADALAJARA 



por dentro de arquitos semicirculares, aunque por fuera desnudo 
y macizo cual torreón, deja traslucir la gallardía que ostentan 
los de su clase. En el ajimez de doble arco que alumbra la pieza 
situada sobre el ábside y á la cual conduce una escalera de ca- 
racol, en casi todas las ventanas así las abiertas hacia afuera, 
coriio las interiores que recibían luz de los patios, por do quiera 
domina el semicírculo, por do quiera gruesos paredones de pie- 
dra, por do quiera techos hundidos ; y entre aquellas enormes 
ruinas de obras cuyo plan y destino no le es dado siempre re- 
conocer (i), detiénese el viajero con el mismo afán é impaciencia 
con que el naturalista^ ante un colosal esqueleto antediluviano, 
se esfuerza en adivinar las robustas formas del ignorado bruto, 
ó en reunir y descifrar un anticuario los destrozados fragmentos 
de preciosa lápida. 



(i) Tal es una rotonda, á la cual aún ahora se baja por ocho escalones con in- 
dicios de haber existido muchos más, labrada perfectamente como á tomo con 
bóveda hemisférica, rodeada por un angosto corredor, y conduciendo por una 
escalera de caracol al terraplén ó baluarte que la domina. En medio del patio hay 
un gran pozo cuadrado y profundo, que tal vez estaba en comunicación con el río. 





CAPITULO V 



Señoríos de PastraiM, Uondéjar y Tendilla 



* y í' guisa de viajeros, que después de recorrer una comarca 
j-^ rápidamente y por primera vez, disfrutando del encanto de 
las primeras impresiones, vuelven á viajar por ella para explo- 
rarla, estudiarla con detención y fijar los detalles, tenemos que 
recorrer nuevamente ese territorio, en que radican importantes 
villas, que dan nombre á las ilustres casas de los duques de 
Pastrana, marqueses de Mondéjar y condes de Tendilla, como 
luego recorreremos los pueblos que dan su nombre á las casas 
no menos aristocráticas de Cífuentes, Bélgida y Cogolludo. . _ 
* Y es curioso y no poco importante para el estudio de la 



lOb GUADALAJARA 



Historia, y de sus aplicaciones á la moral y la política, observar 
cómo esas ilustres casas se engrandecieron por aquellas tierras 
en los siglos xv y xvi, cómo por algún tiempo las cultivaron y 
fomentaron construyendo por allí alcázares en que residían, cas- 
tillos que de cuando en cuando restauraban, monasterios en que 
colocaban sus sepulcros, para pedir á título de patronos las ora- 
ciones de austeros cenobitas, parroquias, torres y capillas para 
proporcionar á sus vasallos los auxilios espirituales- á cambio 
de las rentas y temporales rendimientos que aquellos les tribu- 
taban. 

* Fué todo este territorio señorío de la Orden de Calatrava 
y Encomienda de Zurita, una de las mayores y principales dig- 
nidades de aquella valerosa y prepotente caballería. Pobló á 
Zurita el rey D. Alonso VII con mozárabes aragoneses, que 
trajo de Calatayud y otros puntos de aquel país, rayanos de 
Castilla (¿i;). Dependían de la Encomienda de Zurita entre otros 
varios pueblos comarcanos Albalate, Albares, Almonacid, Es- 
cariche, Fuentenovilla, Fuentelencina, Hontova, Hueva, Illana, 
Mondéjar, Moratilla, Pozo de Almoguera, Pastrana, Escope- 
te, Yebra, y el mismo pueblo de Zurita con su importante cas- 
tillo y fortalezas; así que todo el territorio meridional de la 
provincia de Guadalajara, y el triángulo en que concluye, desde 
Pastrana á Zurita y Mondéjar, teniendo por límites el Tajufia y 
el Tajo, desde la confluencia del Guadiela, eran de Calatrava. 

* Y se comprende fácilmente, cuál era el objeto político y 
estratégico de fortificar allí el castillo de Zurita, que por muchos 
años fué atalaya y baluarte contra los moros de Cuenca ; pues 
colocado al otro lado del Tajo, venía á ser un adelantamien- 
to^ como entonces se decía. Fué D. Alfonso VIII quien princi- 



(a) Los mozárabes del Ebro aquende eran más adictos á los Reyes de Castilla 
en Aragón que á los de Aragón y Navarra, y se cree que apoyaron la invasión de 
Alonso VII. El fuero de Zurita dice; Et ad tilos Aragoneses qui veneruni popu- 
lare cum ipsis mozarahis Zuritam, qui mozárabes veneruni de Calaiayu et de ierra 
de Saragoza el Aragón a. 



GUADAL AJARA IO7 



pálmente favoreció esta milicia, antes y después de la toma 
de Cuenca (i 177). Frente á la Encomienda de Zurita se fijó en 
Uclés, y ya en territorio de Cuenca, la no menos poderosa orden 
de Santiago. Pero aquellas briosas y austeras milicias tuvieron 
las vicisitudes de todas las cosas humanas, y degenerando de las 
santas miras de sus fundadores y primeros héroes, hubieron de 
servir no pocas veces de instrumentos inconscientes ó involunta- 
rios de algunos ambiciosos. De aquí su decadencia, de la deca- * 
dencia el descrédito y de éste la ruina. 

* Nombrados los Reyes Administradores de estas órdenes, 
con título de Maestres, hallaron más sencillo arruinar sus mal 
administradas riquezas y codiciada fortuna, que reformar los 
abusos, y en la gran almoneda que á título de desamortización 
hicieron Carlos V y su hijo, los Mendozas lograron adquirir el 
seftorío de casi todas las citadas villas y convertir en feudos 
aristocráticos aquellos despojos casi monacales, y dar títulos no- 
biliarios á varias de las ramas de su extensa y pujante prosa- 
pia. Buen ejemplo de ello es la fundación del ducado de Pas- 
trana {a). 

* Durante la menor edad de Alfonso VIII, en las luchas de 
Laras y Castros, se habían apoderado éstos de la villa y castillo 
de Zurita. A la reconquista y recuperación de ambos había 
ayudado al Rey la caballería de Calatrava (i 169). Cinco años 
después (i 1 74), y tres antes de la conquista de Cuenca, los cedió 
el Monarca al Maestre y Orden de Calatrava, con su castillo, 
collazos, tierras y aguas {6). Los Maestres y Comendadores la 
siguieron mejorando, y en 1369 llegó á tener el honor de ser 
erigida en villa. 



(a) Historia de Pastrana y sucinta noticia de los pueblos de su partido, por el 
Pbro. D. Mariano Pérez Cuenca : impresa en Madrid en casa de Aguado, año 
de 187 1 . Es libro muy curioso y bien escrito. 

(&) Dono et concedo grato animo Deo, et vobis Domino Martino Petro de Siones 
de Calatrava Magistro... castellum illud quod Zorita vocatur^ super ripam Tagi si" 
ium, totum scilicet cum castello videlicei et villa, cum collatiis, terris... 



Io8 GUADAL AJARA 



* .Con bulas pontificias de Clemente VII y Paulo III (a) 
vendió el Emperador la villa de Zurita á D.* Ana de la Cerda, 
mujer de D. Diego Mendoza, conde de Mélito. Tuvo lugar ja 
venta en Ocaña, á 24 de Diciembre de 1541. Importó al Rey 
la venta 19.406,922, tasando cada vecino á razón de 16,000 ma- 
ravedises uno con otro inclusos los clérigos. La venta expresaba 
que adquirían los duques, tanto la villa, como los inmediatos 
pueblos de Escopete y Sayatón, c desde la hoja del árbol hasta 
la arena del río, y desde la arena del río hasta la hoja del ár- 
bol.» Quedó pues Pastrana en la casa de Medinaceli, que^por 
entonces adquirió no poco en aquellas tierras y otras comar- 
canas de bienes que habían sido de la Iglesia. D.^ Ana muy 
prendada de su adquisición, construyó allí un palacio y alcázar ó 
casa fuerte, no sin haber sostenido algunos pleitos. Muerta esta 
señora, compró á sus hijos y herederos esta villa y todos sus 
derechos el célebre Ruy Gómez det Silva, gran favorito de Feli- 
pe II, casado con la no menos célebre D.* Ana de Mendoza y 
la Cerda, hija de los condes de Mélito; así que todo se quedaba 
en casa. No menos encantado Ruy Gómez de esta adquisición 
en 1569, obtuvo de Felipe II poco después que se erigieáíé en 
ducado (¿), y con generoso aliento trajo allí industriales para 
poner fábricas de seda, sin reparar en que fuesen moriscos. Ex- 
pulsados éstos, pereció la industria. 

* Recientemente ha venido á enriquecer la historia de Pas- 



ca) Las Bulas desamortizad oras llevan las fechas de 1526, 15367 1538. 

(b) Los duques de Pastrana han sido doce hasta el presente. Puede verse su 
curioso catálogo á la pág. 214 del citado libro. 

Aún es más curiosa la descripción del panteón de dichos duques y otros perso- 
.najes de la familia, trasladados casi todos á dicha Colegiata en i 5 Octubre de 1 859. 

Además de los que cita el Sr. Quadrado en el capítulo anterior se han aumen- 
tado recientemente, de resultas de varias recientes profanaciones. Contiene hoy 
día el panteón los sepulcros de veinte personajes, varios de ellos históricos y cé- 
lebres, y puede contener ocho más. En el testero del panteón yace el obispo de Si- 
güenza D. Fr. Pedro González de Mendoza, hijo del primer duque, cuyos restos 
mortales fueron hallados en 1862. De acuerdo con la casa de Osuna se trajeron 
siete urnas de mármol: otros desde Santa María de Madrid en 1868 al demoler 
esta parroquia. 



GUADALAJARA IO9 



trana la residencia del poeta Moratín en aquel pueblo : su casa 
compró y conservó Ramón Mesonero Romanos (a). 

* Los títulos del condado de Tendilla y marquesado de 
Mondéjar, son también antiguos entronques de la casa de los 
Mendozas, más antiguos que el ducado de Pastrana y no debi- 
dos á enagenaciones ni desamortizaciones antiguas. 

* Yace Tendilla en una hondonada, á tres leguas de Pas- 
trana. y cuatro de Guadalajará, y fué por mucho tiempo depen- 
diente del común y concejo de Guadalajara. Posteriormente pasó 
al señorío de los Mendozas. £1 origen del condado y la bizarría 
de los primeros condes la describe tan concisa como fielmente 
D. Valentín Carderera al darnos los preciosos y esmerados di- 
bujos, que representan los bultos sepulcrales de D. ífiigo López 
de Mendoza y su mujer {6) y sus estatuas yacentes. 

* € Digno hijo, dice, del célebre marqués de Santillana y de 
la marquesa D.^ Catalina de Figueroa, se aplicó desde su moce- 
dad al estudio de las letras y principalmente al ejercicio de las 
armas, en las que dio insignes pruebas de soldado intrépido y 
capitán valeroso; así como en todo el curso de su vida, de varón 
sabio y prudente. Nació en Guadalajara, según Ibáñez de Sego- 
via, el año de 141 5^ acompañó á su padre en todas sus joma- 
das. Las primeras muestras de valor del ilustre conde se vieron 
en la toma de la villa de Huelma, para cuya expedición le había 
nombrado su padre su teniente de capitán general y llevó á su 
cargo toda la gente con que se puso el cerco. El moro Aben- 
Farrax, hijo de Aben-Jusef, capitán valiente y aguerrido, que 
el rey de Granada envió á socorrer dicha villa, fué muerto y 
derrotado á una legua de ella por el marqués de Santillana, 
quien en tan gloriosa acción también hubiera perecido, á no ha- 
ber tenido á mano un caballo, que oportunamente y con el ma- 



(a) Véase la cabecera de este capítulo. 

(b) En su preciosa obra titulada : /coMO^ra/ia Es^a^o/a. Véase lo dicho en el 
capítulo II. 



lio GUADALAJARA 



yor riesgo le presentó su hijo (a). Por tal servicio mereció éste 
la donación que entonces le hizo su padre del estado de Tendi- 
lia, que poco después, en 1469, fué erigido en condado por el 
Rey Enrique IV, agradecido á la lealtad de D. íftigo, á quien 
debió el verse libre de una conspiración fraguada contra su per- 
sona. Además este monarca le honró en otras muchas ocasio- 
nes, y sobre todo nombrándole embajador en Roma, donde 
acababa de ser elegido para la cátedra de San Pedro Eneas 
Silvio que tomó el nombre de Pío II y en cuya Corte el ilustre 
conde demostró gran prudencia, cordura y discreción en la de- 
fensa de la autoridad de su príncipe y en la acertada gestión de 

los más difíciles negocios Falleció este ilustre capitán en 17 

de Febrero de 1479. D.* Elvira de Quiñones, hija de D. Diego 
de Quiñones, señor de Luna, fué su esposa de quien hubo larga 
sucesión.. «» 

* En Tendilla dejó fundado un hospital bajo la advocación 
de San Juan Bautista y un monasterio de Jerónimos bajo la ad- 
vocación de Santa Ana. Para estas fundaciones obtuvo del Papa 
un jubileo plenísimo, de que sacó grandes rendimientos para sus 
fundaciones. 

♦ A media legua de Tendilla está el célebre convento fran- 
ciscano de Nuestra Señora de la Salceda, santuario muy vene- 
rado en la Alcarria y muy reputado en toda la Orden, y con 
fama de gran austeridad. Fundólo en 1366 el venerable fray Pe- 



(a) Los Mendozas venían ya con tradición análoga desde mucho antes. D. Gon- 
zalo Yáñez de Mendoza, montero mayor de Alonso XI, casó en Guadalajara con 
D.* María de Orozco, hija de Iñigo López de Orozco, señor de Santa Olalla, vecino 
de Guadalajara. Tuvieron por hijo á D. Pedro González de Mendoza, señor de Hita 
y Buitrago. 

En la batalla de Aljubarrota cedió su caballo á D. Juan I, y desmontado peleó 
hasta que le mataron. El romance de Guadalajara cuenta el hecho en sencillo len- 
guaje. Véase en el tomo I de Castilla la Nueva, pág. 329: 

Si el caballo vos han muerto 
sobid. Rey, en mi caballo, 
y si no podéis sobir 
llegad, sobiros hé en brazos. 



GUADALAJARA III 



dro de Villacreces, para franciscanos observantes, vista la deca- 
dencia de los conventos después de la peste negra. La eñgie se 
decía aparecida á unos caballeros de la Orden de San Juan {a). 
Allí vivió y no por poco tiempo el cardenal Cisneros, cuando, 
desengañado del mundo y después de larga prisión, acordó dejar 
aquello mismo que luego vino á buscarle y sacarle de su querido 
retiro (ó). Posteriormente favoreció mucho aquel convento el 
arzobispo de Granada D. Fr. Pedro González de Mendoza, hijo 
de los príncipes de Éboli y primeros duques de Pastrana, qué 
prefirió el apellido materno al paterno (c), 

* La parroquia de Tendilla es grandiosa, de gran eleva- 
ción, toda de piedra y todavía de la buena época del arte gótico; 
pero, por desgracia, quedó sin concluir. Un arroyo que cruza 
por el pueblo ocasiona que tanto éste como dicha iglesia sean 
muy húmedos. El castillo que fué fundado por D. Luís Hurtado 
de Mendoza, hijo del D. íñigo, como alcázar y casa solariega 
está ya convertido en ruinas, como casi todos los de la provincia. 
De las antiguas murallas apenas quedan vestigios mas que en 
alguna de las puertas de la población. 

* El marquesado de Mondéjar fué creación todavía poste- 
rior á la de los señoríos anteriores. Era en el siglo xii depen- 
diente de Almoguera y á su vez de la Orden de Calatrava, como 
aquella. Erigido el marquesado con título de esta villa, la favo- 
reció mucho el segundo conde de Tendilla, célebre en nuestra 
historia por haber seguido las huellas de su padre, asistiendo á 
la conquista de Granada, siendo después virrey, primer veinti- 
cuatro y Alcaide de la Alhambra, donde todavía se conservan 
vestigios de su estancia y tradiciones de su buen gobierno. 



(a) Historia del Monte Celia, escrita por el Arzobispo Fr. Pedro de Mendoza : 
un tomo ea folio con los retratos de los Arzobispos de Granada, casi todos ficticios 
y algunos de ellos disparatados. 

(b) Sacóle de allí su confesada la reina D.* Isabel. 

(c) Este cambio ha inducido alguna confusión, pues además del gran carde- 
nal Mendoza, hubo otro Fr. Pedro Mendoza, obispo de Salamanca, que estuvo en 
Trcnto. 



112 GUADALAJARA 

* Del marquesado de Mondéjar, puesto ya en los límites 
y parte más meridional de la Alcarria, dependían Aranzueque, 
Fuentenovilla, Loranca, Mazuecos y Pozo de Almoguera. 

* Reedificó la iglesia de Mondéjar en 1 5 1 6 el mismo don 
íñigo, su primer marqués (o:), con la esplendidez propia de su ge- 
nio y cual correspondía al buen nombre de su marquesado. Cons- 
ta de tres naves y es muy sólida y elegante, como de aquellos 
buenos tiempos de la Regencia de Cisneros, en que el arte gó- 
tico, ya degenerado, comenzaba á engalanarse con los primores 
del arte plateresco, que de la orfebrería pasaba á la arquitectura. 
Tiene también alta y esbelta torre y la fábrica es toda de piedra 
sillar. Dícese que es la mayor de la Alcarria y superior á la 
de Cifuentes. 

* Los sucesores de D. íñigo fundaron allí en 1546 un con- 
vento franciscano. También tenía un buen castillo y sus vecinos 
pelearon contra los comuneros. 

* Hay en la población una ermita que llaman del Calvario, 
con un subterráneo dividido en varios compartimentos, en que 
se representan con figuras de estuco los dolorosos misterios de 
la Pasión de Jesús, que siquiera sean toscas y no de buen gusto 
llevan fama por la Alcarria y la Campiña. 

* Hoy los señoríos de Mondéjar y Tendilla radican en la 
casa de Bélgida. No es de la Alcarria como los otros el título 
de Bélgida, que se aclimató allí poco después de los de Tendilla 
y Mondéjar y hubo de absorber á éstos. 

* El año 1538 vendió Carlos V al marqués de Bélgida el 
pueblo de Almoguera, con todo el territorio de su común, que 
también era de la Orden de Calatrava y Encomienda de Zurita, 
Albares, Brea, Drieves, Mazuecos, Pozo de Almoguera y varios 
despoblados. 

* Por armas tiene Almoguera tres cabezas de moros, un cas- 



(a) Esta fecha debe ser la de la conclusión, pues el marqués murió en julio 
de I 5 I 5 y fué enterrado en Granada. 



GUADALAJARA II3 



tillo y una cruz. Era la cruz g^les, y estaba flanqueada por dos 
banderas también rojas que recordaban una curiosa tradición de 
la villa de Almoguera. Dícese que en ella había nacido D. Do* 
mingo Pascual, canónigo de Toledo, que en la batalla de las Na- 
vas llevaba el guión metropolitano del arzobispo D. Rodrigo 
Jiménez de Rada. Espantada su cabalgadura por el estruendo de 
la batalla hubo de desbocarse, pasando el cruciferario por medio 
de las haces combatientes, recibiendo flechazos enemigos en la 
adarga que defendía su brazo. Dióle D. Alonso el Noble (a) por 
divisa estas armas y en las banderas unas letras que en arábigo 
decían : Galler gcUuin y la Alá {S) . 

"^ Otra de las casas que por aquella tierra llegó á ingerir* 
se en el siglo xvi á costa de la Orden de Calatrava, fué la de 
los marqueses de Auñón, cuya villa cedió Felipe II en 1572 á 
un caballero de Madrid, llamado Melchor de Herrera, que le ha* 
bía prestado 204,000 ducados. 

"^ Al hablar de la villa de Auftón no queremos omitir ailgu- 
nas curiosas noticias que acaban de investigarse acerca de uno 
de los magnates que más funestos fueron para la Alcarria en el 
siglo XV {c). 

* En la relación ó informe que dio Auftón á Felipe II 
en 1575 se lee lo siguiente: 

* cEn la era de 1430 aftos, siendo el Infante D. Alonso de 
» Aragón, hermano del Rey D. Juan de Aragón, Maestre de Ca- 
» latrava, se levantó un tirano que por su nombre se llamó Car- 
ene de Cabra^ y ganó todas las villas y lugares de esta provincia 
»de Zorita, solamente no pudo ganar esta villa de Auftón, por- 



(a) Dicen que hizo la concesión D. Alfonso IX : debe ser error cronológico mo- 
tivado en el cómputo que rigió hasta mitad del siglo xvi, pues contando como 
contaban á D. Alfonso el Batallador por rey de Castilla y León, con el titulo de 
Alfonso Vil, D. Alfonso el de las Navas resultaba ser Alfonso IX. 

(^) Dudamos mucho que fueran esas las letras arábigas de las banderas. 

(c) Acaba de publicarlas en 1 884 el cronista de la provincia, nuestro querido 
amigo D. Juan Catalina García, en un curioso folleto titulado : El madroñal de 
Auñón, 

XS 



114 GUADALAJARA 



»que los hombres y vecinos que en ella había en aquellos tiem* 
>pos fueron tan belicosos y leales á su Rey y Maestre, que la 
> defendieron, poniendo sus vidas y haciendas en todo peligro, 
» con mucho derramamiento de sangre y otras cosas que por su 
tprolixidad las omitimos.» 

* Y más adelante añade : 

* cAnsi mismo en el dicho tiempo (año de 1430) se levan- 
»tó un tirano que se llamó por nombre Carne de Cabra^ fué 
» Capitán contra el Alonso Merchante, vecino de esta villa y sir- 
» vio lealmente á S. M., y este tirano ganó toda la tierra de esta 
» provincia de Zorita de los Canes, y nunca pudo entrar en esta 
» villa porque la defendieron muy belicosamente, el dicho Alón- 
»so Merchante combatió con un caballero de los de Carne de 
«Cabra, y le venció y le cortó la cabeza, y por otras cosas y 
>por este respeto alzó el cerco el tirano de Carne de Cabra que 
» tenia puesto en esta villa.» 

* cEl singular apodo del tirano, continúa diciendo el cro- 
nista de la Provincia de Guadalajara, y las quejas análogas á las 
de Auñón que acerca de él expresó en su relación á Felipe II el 
pueblo de Almoguera {a) me han hecho indagar quién fué ese 
personaje de quien tan mal recuerdo se guardaba en estos pue- 
blos. Mi infelicísima y ñaca memoria no me dijo, cuando me 
aquejó este deseo, que en las Generaciones y semblanzas de Fer- 
nán Pérez del Pulgar se atribuye ese extraño título á un caba- 



(a) «Carne de Cabra entró en Almoguera y destruyó su castillo.» 

aEn Auñón no había fortaleza, pero el pueblo estaba murado. La relación, ha- 
blando de ciertas ruinas, dice : 

o En término de esta villa hay una torre de cal y canto de sillería, á la cual lla- 
man la torre del Cuadren y tiene un epitafio y letrero, del cual no se ha podido 
entender por ser letra muy extranjera y peregrina y que vulgarmente dicen que 
la hizo el Rey Jaime de Aragón, para desde ella combatir una ciudad y población 
que estaba en un cerro muy alto, que se dice el Cerro de la Campana. La muralla y 
edificios denotan lo que era la dicha población, que están todos arrobinados, pero 

mucha parte de la muralla está por parte sana y que no se entiende aver otros 

epitafios, ni letreros, ni antiguallas más de esto.» 

«Presumo que las líneas anteriores se refieren al castillo de Anguix. Allá de 
chacho oí decir que en uno de los paredones que aún subsistían había una ins- 
cripción.» 



guadalajara 115 



Uero de ilustre sangre y de grandes merecimientos, aunque de 
muy inquieta condición. Luego he visto que también Oviedo 
había de él en los Acrescentamientos á sus Quincuagenas^ ahora 
dadas en parte á la imprenta por la Academia de la Historia, y 
que asimismo Alonso de Falencia dice algo de Carne de Cabra 
en sus Décadas j aún inéditas {a). 

* > Carne de Cabra no fué otro que D. Juan Ramírez de 
Guzmán, primero Comendador de Otos, luego Comendador ma- 
yor de Calatrava y por último una y otra vez pretendiente, con 
hado adverso, al Maestrazgo de su orden {b). Personaje singu- 
lar en quien se halla retratada aquella nobleza castellana del 
siglo XV, inquieta, valerosa, pronta para los combates, llena de 
ambición y tornadiza de continuo. Amparóse D. Juan Ramírez 
unas veces del Condestable D. Alvaro de Luna y otras del in- 
fante D. Enrique, y púsose otras, cuando á su ambición conve- 
nía, frente al mismo soberano, figurando siempre en primera 
línea en el bando á que se ayuntaba ; favor que debía á lo ilus- 
tre de su sangre, á su parentesco con el Maestre de Calatrava 
D. Luís de Guzmán, así como con la casa de Niebla, á las dig- 
nidades que llevó en la Orden y al fiero valor con que arrostraba 
los mayores peligros. Cuando el Condestable puso cerco á ¡llo- 
ra y taló los campos de Loja, Archidona y otras plazas de los 
moros granadinos, ganó D. Juan mucha gloria mandando la van- 
guardia de los cristianos, sucediendo lo mismo en la batalla de 
Higueruela. Al lado del de Luna peleó también en el memora- 
ble combate de Olmedo ; en la corte de D. Juan estuvo casi 



(a) Hace años que las tiene preparadas para la imprenta la Real Academia de 
la Historia, merced al celo y laboriosidad del Excmo. Sr. D. Antonio Fabié, no ha- 
biendo podido publicarlas por falta de recursos, como tampoco la continuación 
de la España Sagrada y las Quinquagenas y Batallas de Oviedo. No es justo pa- 
dezca por eso la reputación de los Académicos. 

(¿>) «Para trazar la historia de este personaje pueden consultarse, además de 
las obras de Falencia y Fernández de Oviedo, la Crónica de las Ordenes de Rades, 
la Crónica de Juan II, de Fernán Pérez de Guzmán y la de D. Alvaro de Luna que 
publicó D. José Miguel de Flores. En estas crónicas se cita á cada paso á D. Juan 
Ramírez de Guzmán.» 



Il6 GUADALAJARA 



siempre figurando en todos los sucesos notables: con los más 
ilustres proceres firmó documentos históricos de alto aprecio (a): 
no hubo, en fin, suceso de monta en que no interviniese mos- 
trando sus altas partes como cortesano y como hombre de 
guerra. 

* »En el año de 1442 falleció el Maestre de Calatrava Don 
Luís de Guzmán^ deudo muy cercano del Comendador D. Juan. 
Aspiró éste á sucederle ; mas opusiéronse á sus deseos los más 
grandes obstáculos, con lo cual, y habiendo recibido grande 
ayuda del infante D. Enrique, cuyo íntimo era entonces, puso 
su pretensión al riesgo de las armas. El Clavero D. Fernando 
de Padilla, que tenía en iníerim la gobernación de la Orden, 
dióle una cruda batalla en el campo de Barajas y le venció y le 
puso en prisiones, así como á sus dos hermanos y su hijo Don 
Juan, causando estas pretensiones del Comendador grande eno- 
jo al rey de Castilla; el cual, pretendiendo que el Clavero le 
entregase los presos, fué desobedecido y agraviado por ello. 

* >Fué elegido Maestre dicho Clavero contra la voluntad 
del rey, que ofreciera la dignidad á D. Alonso, hijo bastardo del 
rey de Navarra. El Clavero D. Fernando de Padilla soltó enton- 
ces al Comendador después de jurarle éste obediencia y pleite- 
sía. Mas olvidó pronto su juramento, porque en 1445 aparece 
como pretendiente al Maestrazgo, para lo cual había ganado 
algunos votos. Entonces hubo un cisma en la Orden de Calatra- 
va, puesto que tres personas se titulaban Maestres de ella. 

* > Entonces debió de ser cuando D. Juan Ramírez de Guz- 
man se apoderó de Zurita, de Almoguera y de casi todos los 
pueblos de la comarca, y cuando intentó vanamente apoderarse 
<ie Anfión (¿). No logró sus pretensiones, al cabo, el Comenda- 



(a) «Como el seguro de Tordesillas, y la concordia que firmó el Rey de Castilla 
con D. Alfonso de Aragón y D. Juan y D.' Blanca de Navarra.» 

ifi) «La Crónica de Juan 11, al acabar el año de 1 44$ , dice : «fué pedido por par- 
te del Príncipe que D. Juan Ramirez de Guzman, que se llamaba Maestre de Cala- 
trava, se apartase de aquella comarca, porque teníala fortaleza de Zorita, e la otra 
tierra que era de la Orden de Calatrava.» 



GUADALAJARA II7 



dor mayor, y aceptó los buenos oficios de sus valedores para 
renunciar á sus empeños, no sin conseguir grandes acrecenta- 
mientos de sus rentas (a). No mucho después de estos sucesos 
debió morir el levantisco Comendador. 

* »Nada menos que tal personaje era el que trató de ex- 
pugnar la villa de Auñón, y del cual sólo habla la relación de 
ésta ocultando su ilustre nombre y apellidándole por su apodo 
de Carne de Cabra, cuya significación y origen desconocemos. 
Lo cual es de notar, así como que Almoguera callase también 
en su relación el nombre propio y la alta dignidad en la Orden 
de Calatrava, del que se complace en llamar tirano. Los daños 
que causó en esta comarca debieron de ser muy colosales, para 
que de ellos quedare memoria por más de un siglo, habiéndose 
oscurecido otros posteriores, como fueron los causados por las 
guerras civiles y revueltas del reinado de Enrique IV, y después 
por las comunidades, que también inquietaron los espíritus en 
esta región (¿).» 

* Dejando á un lado lo relativo á la venerada efigie de la 
Virgen del Madroñal, que es una de tantas como acreditan la 
piedad alcarreña, terminaremos con la descripción que de sus 
contomos hace el escritor citado: 

* c Sobre el muro oriental del templo se han construido 
posteriormente algunas habitaciones para el santero, el cape- 
Uán, los mayordomos, etc. En ellas encuentra hospitalidad el 
devoto viajero que al discurrir por aquellas soledades quiere 



(a) «En la concordia que el rey D. Juan y su hijo el príncipe D. Enrique otorga- 
ron y firmaron en Madrigal, á 14 de Mayo de 1446, se estipuló estearreglo de los 
asuntos de la Orden de Calatrava. Al renunciar á sus pretensiones, ó mejor dicho, 
al ser despojado de ellas, ganó D. Juan un aumento de 300,000 maravedís en sus 
rentas anuales, y i 50,000 de parte del Rey en lo vacado, con más otras ventajas 
ofrecidas por el nuevo y definitivo Maestre D. Pedro Girón. De estas cláusulas se 
hi20 requerimiento á D. Juan para que las obedeciese, so pena de grandes daños y 
castigos.» 

(2>) «Dejó D. Juan Ramírez un solo hijo, de su mismo nombre, que tuvo también 
gran representación en su época. Cuando Pero Sarmiento se apoderó de Toledo 
en deservicio del rey, formuló sus pretensiones á éste por medio de Juan de Guz- 
mán, hijo de Carne de Cabra.» 



Il8 GUADALAJARA 



orar y reposar algunas horas, y sirven también no poco cuando 
en la fiesta de la Virgen, que se celebra el domingo siguiente 
al 8 de Setiembre, acuden de Auñón y los pueblos comarcanos 
multitud de piadosos romeros. En torno de estas construcciones 
y para evitar peligrosas caídas, un antepecho de cal y canto co- 
rre por el filo de las rocas sobre que se asientan el santuario y 
sus anejos. Desde tan alto balcón se descubre un hermoso pa- 
norama. Á la derecha llega la vista hasta los fructíferos campos 
de Sacedón ; descubriéndose también la entrada de pavoroso 
abismo ó garganta que se llama la Boca del Infierno, donde se 
abrigaba, según la tradidón, una mahometana, cuya oscura gua- 
rida conserva el nombre de Tabaque de la mora: enfrente des- 
cuella el Monte de los Frailes, tras del cual se esconden los 
pueblecillos de Casasana y Tabladillo y el despoblado de Val- 
deloso: á la izquierda el anfiteatro en que se levantan Chi- 
llaron y Pareja, y más lejos, ocultos al observador, que para 
verlos ha de ascender la montaña puesta á su espalda, los famo- 
sos cerros gemelos que por su singular configuración se llaman 
las Tetas de Viana, y que yerguen sus cabezas á más de mil 
metros sobre el nivel del mar. 

"*" » Y formando los primeros términos de este paisaje están 
los barrancos y laderas cubiertos de chaparro, romero, boj y 
mejorana, la roca que dicen Peña Ubilla en la margen izquier- 
da del río, y más cerca, y á este otro lado, una alta peña aislada, 
y que vista de lejos recuerda un inmenso menhir de la edad de 
piedra. Y en el fondo de todo el Tajo, que por allí corre manso 
y silencioso entre filas de álamos y sauces, y como si después 
de retorcerse por entre las montañas de Alocén, tomase aliento 
para luchar con las enormes rocas que entorpecen su curso en 
las Enírepeñas. 

* >De día ofrece este conjunto un golpe de vista magnífi- 
co. Mas de noche, cuando la luna lo alumbra, es maravilloso é 
imponente. Ni las tibias brisas del estío, ni el cierzo helado, de- 
jan que suba hasta el Madroñal el rumor de las aguas del río^ 



GUADALAJARA II9 



porque en aquellos parajes se deslizan silenciosamente. Allí no 
hay las altas espesuras tan amadas del ruiseñor, ni caminos pa- 
sajeros, ni los ruidos humanos que denotan la proximidad de los 
pueblos. Las aves nocturnas, señoreándose de los aires, callan 
por no espantar su presa. El lagarto duerme en su guarida es- 
perando la salida del sol que ha de enardecer un poco su sangre 
helada, y sólo se oye la esquila de tal ó cual majada, ó á veces 
el fragor de los vientos, que se quiebran en las tajantes aristas 
de los peñascos.» 

* Dejemos por un momento las márgenes del Tajo para 
pasar á las del Tajuña, pues luego habremos de volver á las del 
célebre río al visitar el inmediato señorío de Cifuentes. 




:?'t 4 




OON recuerdos y ñsonomfa propia salpican acá y allá el 
oriente y norte de la provincia villas importantes y nunca 
sometidas en otro tiempo á Guadalajara, que - coronadas de 
castillos seAoriales, cierran por aquel lado la frontera del an- 
tiguo reino de Toledo. A tres leguas de la capital dominan 
la carretera desde un altillo los destrozados y pintorescos to- 
rreones del de Torija (a) ; y dos leguas más adentro hacia le- 



(a) Fué Torija pueblo de la Orden del Temple y muy importante hasta el si- 
glo XVI, atalaya de Guadalajara unas veces y baluarte contra ella en el siglo xv y 
en la época de laa funestas luchas de los llamados infantes de Aragón. 

El castillo, obra de loa Templarios en el siglo xiii, era tan bello como fuerte, 
construido de cuatro lienzos de muralla, adornados con tres cubos, en cada extre- 
mo torrecillas almenadas y en el flanco meridional otro gran torreón cuadrado y 
más alto que era la torre del Homenaje. Lo voló el Empecinado el año de 1 8 1 1 . 

El dibujo representa el estado de sus ruinas en 1894. 

De allí se baja á Guadalajara por rápida pendiente. Las ricas y abundantes 
aguas de Torija han sido llevadas recientemente á Guadalajara por cauce cubierto. 



vante, sobre la ribera del Tajuña, aparece en amena pendiente 
la industriosa Brihuega, cercada de restos de murallas y prote- 
gida por los de viejo palacio 
ó fortaleza. Á pesar de su 

nombre, quizá derivado de ■ 

la voz céltica Briga que en 
tra en la composición del de ^ISeÍP 

tantas poblaciones (r); Bri ^f*\ f 

buega, desconocida en la an ^kjíhÉH o¿í^ \ 
tígua historia, figura por pn ^B^^B^^ K%M \ 
mera vez en el siglo xi como fSB^^^M: ¡ f í 




sitio y parque de montería de los reyes árabes de Toledo, el cual 
cedido por el generoso Almenón á su huésped Alfonso VI, hízo- 
se colonia de cristianos cazadores y agreste corte del refugiado 



(O Algunos autores deducen el nombre de Brihuega de Cenlobriga, cuyo ciu- 
dadano Hhetógenca, pasándose al campamento de Mételo, exhortaba al sitiador 
romano á que combatiera la población á costa de la vida de sus propios hijos que 
los sitiados expusieron en la brecha, lo que no consintió en hacer el generoso cau- 
dillo ; otros la reducen á Rhigusa, bien que ésta fuese carpetana y aquella celtibe- 
ra, por estar Brihuega hacia los limites de ambas regiones. Briga en idioma céltico 
equivalía á lugar fuerte. 



GUADAL AJAR A I23 



príncipe reducido á combatir por entonces los osos y vena- 
dos (i). Más tarde, volviendo allí á fuer de conquistador, puso al 
naciente pueblo bajo el señorío de la iglesia toledana, cuyo ter- 
cer arzobispo D. Juan, por los años de 1 1 50, lo ensanchó y 
acrecentó con el barrio de San Pedro ; y para fomentarlo otor- 
góle Enrique I, en 1 215, la celebración de una feria anual en el 
día de este santo apóstol. De su pasada grandeza quedan hoy á 
la villa cuatro parroquias de poco notable edificio, de su abatida 
industria alguna fábrica de paños que cien años atrás competía 
con la de Guadalajara, de sus recientes glorias la acribillada 
cerca, tras de la cual Stanhope, acorralado con su división ingle- 
sa, se defendió obstinadamente en 9 de Diciembre de 1 7 1 o con- 
tra el ejército de Felipe V. 

* En 1445 vino desde Torija el rey D. Juan de Navarra 
con 400 caballos y 600 infantes sobre Brihuega, pero no logró 
tomarla, defendiéndose briosamente sus vecinos. Atienza y To- 
rija fueron los únicos castillos que por el rey de Navarra que- 
daron en este territorio, después que fué éste derrotado en 
Olmedo por D. Alvaro de Luna (a). La guarnición de Torija de 



(i) Véase cuan poéticamente describe esta fundación el arzobispo D. Rodrigo 
en el libro VI, cap. 1 7 de su Historia : Verum tune iemporis inter condensa arborum 
ei in humare fontium rif>a Tevinice ursis et apris ei aliis testt'is abundabat; et i'Pse 
(Aldefonsus) ascendens per alpeum, locum sibi piacidum, qui nunc Brioca dtcitur^ 
adinvenit, Cumque sibi castellum et loci amcenitas ei venaiionis copia placuissei^ 
reversus Toleium á rege postuians impeiravii ; ei collocaiis ibi moniariis ei venato- 
ribus chrisiianiSy remansii locus suce subdiius dilioni, et pauculos chrisiianos gnc^ 
ros venandi ei officio sagiliandi^ ibi accolas collocavii ; quorum successio ibi mansii, 
usque ad témpora Joannis ieriii archiepiscopi Tolelani^ qui locum ipsum habitaiori- 
bus ampiiavii, ei vicum parochice Sancti Peiri quasi suburbium popuiavit. 

(a) El privilegio que con ese motivo le otorgó D. Juan II en 18 de Mayo de 
aquel año, y en Olmedo, en premio de su lealtad y bizarría, es muy notable. Una 
de sus cláusulas dice así: 

« Sepades que por parte del Concejo de la villa de Brihuega me fué fecha rela- 
ción... é Don Fernando é de otros Reyes... que pues por mi mandado, é aun por 
6u autoridad propia, me hablan hecho ciertos servicios señalados, en especial 
cuando en este dicho año vino el Rey de Navarra sobre la dicha villa é Concejo 
por la tomar con mucha gente de armas, é los vecinos é moradores de essa se la 
defendieron, en lo qual muchos de ellos murieron é otros perdieron todas sus fa- 
ciendas y bienes, en lo qual recibieron muchos daños, é males, é pérdidas por ser- 
vicio mío, por ende pidiéronme por merced que en remuneración de lo susodicho, 



124 GUADAL AJARA 



tal modo molestaba á Guadalajara y Brihuega, que llegó á ve- 
ces hasta las puertas mismas de aquella. 

* Como Brihuega era del señorío de los arzobispos de Tole- 
do, á él tocaba defenderla, y el rey de Castilla le mandó tomar el 
^:astillo de Torija. No era fácil la empresa, pues lo defendía Juan 
de Fuelles, soldado aguerrido y valeroso. Defendió éste los adar- 
ves con tal brío, que hubo de retirarse el prelado después de 
largo asedio, y no próspera fortuna. Reforzadas las huestes 
del prelado con las del marqués de Santillana y la poderosa ar- 
tillería y arsenal de guerra que sacó de Guadalajara, hubo de 
rendirse el navarro con muy honrosa capitulación. 

* Á principios del siglo pasado y el presente volvió Bri- 
huega á ver correr caudalosa sangre al pié de sus muros y veci- 
nos campos, en 1710 y 1823. 

* Las tropas del Archiduque saliendo de Madrid venían en 
retirada hacia Aragón, perseguidas por Felipe V y el duque de 
Vendóme. Al pié de Guadalajara vio el monarca desfilar pasado 
el puente, apiñadas pero en gran orden, sus aguerridas tropas^ 
fuertes en numerosa caballería. Llególe noticia de que ocho ba- 
tallones ingleses y otros tantos escuadrones se hallaban en Bri- 
huega. Adelantóse el marqués de Valdecañas con gran parte de 
la caballería, y el monarca se apresuró á seguirle con el resto 
del ejército y la artillería, dando vista el día 8 á la villa, donde 
construía parapetos lord Stanhope, sitiado desde dos días antes. 
Batidos los muros con la artillería de campaña, que abrió en 
ellos brecha poco practicable, simularon los sitiadores intentos de 
asaltarla, con ánimo de atacar más bien por las puertas de San 



y por la lealtad que ellos me guardaron en lo que dicho es, les fiziese bien é mer- 
ced, mandando guárdasenlcs las dichas Cartas y Privilegios é las exempciones é 
Libertades é Franquezas, é que de aquí adelante non tuviesen cabeza ni pecha, ni 
pagasen pedido, nin monedas algunas... É mando á mi Chanciller y Escrivanos, 
é otros que están á la tabla de los mis sellos, que vos den é libren é passen é 
sellen mi Carta de Privilegio, la más firme ó bastante que menester oviese el dicho 
Concejo... Yo el Rey. o 



126 GUADALAJARA 



Felipe y la Cadena. Despreciada por los ingleses la propuesta 
de capitulación, fué preciso dar el asalto. 

* t Tenaz y prolongado fué el combate, dice un escritor 
moderno, hijo de Brihuega (^), vertiéndose sangre á torrentes, 
no sólo en el recinto murado, sino en las calles de la villa, que 
fué necesario expugnar casa por casa, derribando las paredes 
divisorias de las casas, al paso que la artillería iba barriendo los 
parapetos levantados en las calles de veinte en veinte pasos; 
hasta que los diezmados batallones hubieron de retirarse al cas- 
tillo de la Piedra Bermeja. 

* >£tí la torre del Homenaje esperó Stanhope con inexpli- 
cable angustia oir el estampido de la artillería imperial, avan- 
zando á socorrerle. Amenazado por el duque de Vendóme de no 
otorgar cuartel á los sitiados si demoraban la rendición, tuvo 
que capitular á las siete de la noche, quedando prisionero de 
guerra con sus cinco mil combatientes. ¡Tremenda catástrofe 
para la causa del Archiduque ; ventaja decisiva para Felipe de 
Borbón; gloria inmensa para las armas españolas...! ¡Brihuega 
vengaba moralmente á Gibraltar! 

* > Terrible prólogo del sangriento drama de Villaviciosa 
fué el asalto de Brihuega: al día siguiente, lo de Diciembre, en 
los pagos de Carra Medina y Cerro Molinero, término jurisdic- 
cional de aquesta villa, las huestes castellanas, á las órdenes de 
su Rey, batieron al ejército confederado que capitaneaba el 
conde Guido de Staremberg, hijo del gobernador que defendió á 
Viena contra los turcos hasta la llegada de Sobiesky. 

* > Prodigios de valor brillaron en españoles y extranjeros: 
abrillantó Staremberg su acrisolada reputación de excelente ge- 
neral, y el rey de España afrontó los riesgos y privaciones del 



(a) La Virgen de la Peña de Brihuega. Reseña histórica de esta villa y tradición 
acerca de la sagrada imagen de Marta Santísima, por D. Camilo Pérez Moreno, 
Madrid, 1884. Un folleto en 8.°, de 144 páginas. 



CUADALAJARA 



soldado, resuelto á labrar en las encinas de aquellos montes de 
Bríhuega su trono ó su ataúd (a). 

* » A favor de las sombras de la noche emprendió su reti- 
rada el imperial después de una resistencia heroica, dejando los 
dos tercios de sus legio- 
nes en el terreno del 
combate , abandonando 
su artillería, equipajes y 
banderas, y al amparo 
de la fragosa sierra de 
Cifuentesganó el camino 

de Aragón 

* > El monarca ven- 




cedor ordenó se celebrasen á sus expensas veinte mil misas re- 
zadas por las almas de los católicos de ambos ejércitos, y unas 
solemnes honras fúnebres en el convento de monjes Jerónimos 



(a) (A la caída de la tarde, indecisa la pelea, obligaron al rey á subir á Toríja, 
donde recibió la DOticin del triunlo de sus tropas." 



Í28 GUADALAJARA 



que, bajo la advocación de San Blas, existía entonces en Villa- 
viciosa, en cuyas cercanías tuvo lugar la encarnizada lucha deci- 
siva para la guerra dinástica. 

* »En la iglesia de dicho monasterio se descubrió hace 
veintidós años el sepulcro de D. Juan de Horcasitas, conde de 
Moriana, de quien desciende el ilustre académico de la Historia, 
que lleva aquel título de nobleza, nieto asimismo del valeroso 
marqués de Villadarias, que con su intrepidez y astucia defendió 
la Andalucía en 1702 contra la expedición anglo-holandesa, que 
mandaba el príncipe D'Armestad. 

* >E1 campo de batalla de Villaviciosa debe ser para los 
españoles un orgullo nacional: triunfo superior al de Almansa, 
pues en éste combatieron las francesas tropas como aliadas y 
era generalísimo un lord inglés ; en aquel pelearon únicamente 
los españoles, y era su caudillo el regio vastago de San Fer- 
nando y de San Luís. 

* >E1 monumento del campo de batalla de Villaviciosa, se- 
gún el diseño del inteligente arquitecto provincial D. Vicente 
García Cardiel y Ron (a), consiste en una elegante cruz, en cuyo 
árbol estala fecha cío Diciembre 1 7 io> de la memorable jornada 
militar, tan gloriosa para las armas españolas. Esta cruz sencilla 
de piedra debe ser respetada por todos los españoles, sin dis- 
tinción de partidos, pues únicamente representa la idea religiosa 
y un homenaje al valor de aquellos ínclitos guerreros que espi- 
raron en defensa de su religión católica, de su patria y de su 
rey. En el pedestal del monumento fúnebre puede establecerse 
un altar de campaña para ofrecer el precioso y santo sacrificio 
de una misa rezada por las almas de aquellos buenos españoles, 
el 10 de Diciembre de cada año, aniversario de la batalla de 
Villaviciosa. 

* > Durante la invasión napoleónica sufrió muchas vejacio- 



(a) «La Excma. Diputación provincial de Guadalajara acordó en 1881 se eri- 
giera en aquel terreno memorable un severo y sencillo monumento que perpetúe 
Ja victoria del león español contra la coalición extranjera.» 



nes la víIla de Bnhuega, sumamente adicta á la noble causa de 
su nación y su rey. La fortificó en 1810 el general Hugo, padre 
del célebre poeta y novelista, levantando además en el Cerro de 
la Horca el artillado castillejo de Rio Milanos. 




BRIHUEGA.-PuEBTA 



* >£1 34 de Enero de 1823 los realistas catalanes manda- 
dos por Bessiéres, á cuyas órdenes estaba el coronel de caballe- 
ría D. Nicolás de Isidro, batieron á las columnas del ejército 
constitucional y milicia de Madrid, que dirigía el capitán general 
de Castilla la Nueva O'Daly, haciéndose dueños de las baterías 
colocadas en la fuente de Quiñoneros, y rechazando aquella mis- 
ma noche á la columna del Empecinado, que, ignorante de lo 



130 GUADALAJARA 

acaecido á los suyos, trató de penetrar en aquella población, 
teatro de sus hazañas muchas veces contra las tropas del Corso. 

* » En 16 de Agosto de 1825 llegó á Brihuega, punto de 
reunión para el alzamiento en armas de los ultra-absolutistas, el 
mariscal de campo D. Jorge Bessiéres. Fracasó el movimiento, y 
apresado por el teniente coronel Albuín (el Manco )^ fué fusilado 
Bessiéres diez días después, en Molina de Aragón, por su com- 
patriota el general conde de- España. 

* >En Setiembre de 1836, después de la acción de Mati- 
llas, pernoctó en Brihuega el jefe carlista Gómez, y en 20 del 
mismo mes del siguiente año la expedición mandada por D. Car- 
los de Borbón, batida en Aranzueque por el general Espartero, 
ante quien venía retrocediendo desde las puertas de la capital 
de España.» 

* Por conclusión de la historia de Brihuega y sus vicisitudes 
conviene no omitir la cariñosa y entusiasta descripción que de 
ella hace el mismo autor. 

"" € Elevadas rocas, dice, contrastando con sus valles pin- 
torescos, hacen desigual la superficie de Brihuega, ceñida por 
antiguos muros revestidos un tiempo con fuertes torreones. Al- 
zase sobre gigante risco, dominando la vega y verdes orillas del 
Tajuña, el vetusto castillo de la Piedra Bermeja, contiguo al 
templo de Santa María. Su excelsa situación, robusta fábrica, re- 
bellines y defensas exteriores, le constituían antiguamente en 
importante fortaleza, á la que se penetraba por una puerta de 
hierro. 

* > Recuerdo de la Edad media, llamado vulgarmente Cas- 
tillo de los moros^ vio no obstante en su almenado recinto al 
legionario de Roma, y tal vez al celtíbero indomable. Soberbio 
resguardo de Brihuega durante el turbulento feudalismo, sirvió 
como prisión de Estado bajo la austríaca dinastía. Los reos por 
su recuerdo memorables son : D.^ Ana de Mendoza, de la fami- 
lia ducal del Infantado, aya de los Príncipes Reales en 1 604, 
trasladada al poco tiempo á Salamanca : el licenciado Alonso 



Ramírez de Prada en 1606, del Consejo Real y de Hacienda, y 
en 1 609 D. Jaime de Cárdenas. Éste era hermano menor del du- 
que de Maqueda, á quien sucedió en el título y estado. 

* > Ameno y de frescura deliciosa, en manantiales de agua 
exquisita abundantísimo, el término de Bríhuega es ondulado. 




BRI HUECA .—Sepulcro de Molina en San Migu: 



Brotan varios en el área de la población, inestimable tesoro en 
los prolongados asedios de la antigüedad, cuando no era cono- 
cido el uso de la pólvora. 

• > Fértil, si bien fragoso, su terreno, sus perfumadas coli- 
nas á enjambres de abejas numerosas ofrecen el néctar de sus 
flores para producir una miel tan blanca como dulce. Osténtanse 
fructíferas sus vides en un suelo calcáreo plantadas ; embellecen 
su campo pintoresco sombrosos olivares, y una vegetación rien- 
te alfombra su rica vega, que baña manso río, coronado de es- 
beltos álamos y melancólicos sauces. Rodean la histórica villa 
con majestuoso manto, constituyendo un elemento valioso de su 
riqueza, umbríos y ásperos bosques de encinas arrogantes, que 
han desafiado los huracanes y los siglos.) 



GUADALAJARA I33 



* Al hablar de los edificios religiosos y de la capilla de San 
Femando, en la antigua Intendencia, añade: tEste edrfício sólido 
y majestuoso empezó á construirse en el reinado de Fernan- 
do VI de Borbón, y se terminó en el de Carlos IIL Elemento de 
riqueza y bienestar para la población, cada vez más floreciente, 
hasta la invasión napoleónica, empezó á languidecer y marchi- 
tarse en el huracán de nuestras revoluciones. Sucursal de la cé- 
lebre fábrica de paños de Guadalajara, dirigida por el holandés 
Riperdá, en el Ministerio del cardenal Alberoni, se hizo después 
á Brihuega, en 1750, la regia concesión, á instancia de uno de 
sus hijos más preclaros, D. Juan de Brihuega y Río, mayordomo 
de la dignidad arzobispal de Toledo, Teniente Corregidor de la 
villa y alcaide del castillo de la Piedra Bermeja. Fundó en 1760 
la elegante capilla de San Rafael en la nave izquierda del tem- 
plo de Santa María. » 





HílgleG de ta Virgen y santuarios celebres 
ea Brihuega y señarlas adyacentes 



* Tr^.A historia de Brihuega se 
,^a1 enlaza de tal modo con la 
aparición de una efigie de la Vir- 
gen, hacia la época de la recon- 
quista, que no es posible pasar 
por ella sin recordarla ; pues el 
recuerdo de estas antiguas tradi- 
T u 'i ¡gíi'* I L^ ciones es uno de los objetos de 

^^^^ a'í '3L^ '' nuestra obra, sean piadosos ó pro- 

fanos, y más ó menos aceptables 
para la crítica , siempre que el 
pueblo las crea, las repita y las 
transmita de una generación áotra. 
Y ¡cómo ensaflarse contra ellas con el cefio de la impiedad y de 
la sátira, ni aun pesarlas con todo el rigor de la crítica severa ! 



136 GUADALAJARA 



¿Quién quitará á los de Romanones que, en el sitio que todavía 
llaman Alvaráñez^ está en una piedra el pesebre donde el con- 
quistador de Guadalajara piensaba su caballo? Y con todo 
hallaremos igual tradición al otro lado del Tajo y del Guadiela 
en la provincia de Cuenca. Hay que dejar al poeta lo suyo y al 
pueblo las creencias que le agradan y á nadie perjudican. 

* Todo este territorio de la Alcarria está sembrado de 
estas piadosas tradiciones, y algunas de ellas pasando al otro 
lado del Henares se asimilan á ellas ; pues la de Brihuega se da 
la mano con la de Sopetrán, de tal manera, que parecen fundi- 
das en una misma turquesa. Á la demasiado candorosa y ana- 
crónica narración del P. Béjar, parece muy preferible la más 
delicada, aunque no menos entusiasta, del ya citado cantor de 
las glorías de Bríhuega y su patrona {a)^ aunque descargando 
su narración de las excesivas galas de su exuberante fantasía. 

"^ En Bríhuega residía á mediados del siglo xi el fugitivo 
infante D. Alonso, que huyendo de las iras de su hermano, se 
había acogido al amparo de Aly-Menón de Toledo, tan traído y 
llevado por los romanceros y poetas. 

"^ t En aquel tiempo, dice la Crántca de España ^ habia en 
la ribera del Tajo mucha abundancia de osos, de puercos y de 
otros venados. E Don Alonso, andando de caza Tajo arriba, falló 
un lugar de que se pagó mucho, que habia por nombre Bríbiega {S) 
y porque era lugar vicioso (frondoso) y de mucha caza, e habie 
y buen castillo para contra Toledo, pidió al rey Alí-Majmion 
aquel lugar, e diógelo, e puso el allí sus monteros e sus cazado- 
res cristianos e fincó el lugar por suyo, e el linage de aquellos 



(a) D. Camilo Pérez Moreno en su libro de La Virgen de la Peña de Brihuega. 
El P. Béjar habla de un canónigo de Toledo que vino de allí á Brihuega en tíempo 
de Alymenon. i Dónde estaban tales canónigos por entonces en Toledo > 

{b) Brihuega está sobre el Tajuña, no sobre el Tajo, como pudiera creer algu- 
no al leer lo que la crónica dice; la cual por cierto no es muy de fiar, pues recopiló 
en ella D. Alfonso el Sabio muchas patrañas y romances de cosas antiguas que en- 
tonces corrían por Castilla en boca del pueblo y cantos de trovadores. 



GUADALAJARA I37 



fincó así hasta Don Juan, el tercero Arzobispo de Toledo que 
ensanchó el lugar.» 

* A Bríhuega vino también á residir una hija del rey moro 
Aly-Menón, llamada Elima, á la cual había tenido como fruto de 
sus relaciones con una cautiva cristiana. Alojóse en el alcázar 
de la Peña Bermeja^ á fin de respirar las puras brisas de aque- 
llos contornos. En compañía de la infanta andaba un cautivo 
mozárabe, á quien llamaban el Cimbre ^ confidente que había 
sido de su madre, y á quien mostraba la infanta especial predi- 
lección entre los demás moros y cristianos de su servidumbre. 
Era éste muy devoto de la Virgen, á la cual pedía con instan- 
cias la conversión de la joven infanta, implorando divino favor 
para llevar su obra á feliz término. Logróla por fin y el cronista 
moderno de Brihuega {a)^ la refiere en estos términos: 

* cEn una noche de estío, impregnada de encantos y mis- 
terios... aparecióse la Santísima Virgen á la fervorosa infanta, 
que absorta la contempló, iluminando con sus celestes rayos los 
próteres olmos que coronaban la excelsa roca, frontera del cas- 
tillo... Indescriptibles son el respeto, júbilo y ternura de la ex- 
tasiada Elima al contemplar la celestial imagen de la Virgen con 

su Divino Hijo el Niño Jesús en sus maternos brazos Mas 

vio desaparecer repentinamente aquellas dos imágenes tan aéreas 
y encantadoras, cual jamás pudo soñarlas el poeta... Sintió he- 
rida su alma por acerada flecha de dolor, cual náufrago que 
al borde de la playa es repelido por el embate de las ondas. 
I Dónde os habéis ido. Reina y Madre ? exclamó con desgarra- 
dor acento. — Mirad bien, ordenó dirigiéndose al Cimbre y á 
los demás esclavos, no os detengáis; esa celestial figura se 
abismó en las raíces de los olmos... ¡está allí!... apresuraos; 



(o) El ya citado D. Camilo Pérez Moreno. Pero como es muy difusa y algún 
tanto recargada, parece preferible extractarla, dejando su apreciación al arbitrio 
de cada cual, no sin advertir que lo mismo en ésta que en la de Sopetrán hay que 
oir á la piedad más que á la crítica, como queda dicho. 

z8 



1^8 GUADALAJARA 



¡ cuidad que no se desplomen las rocas y sepulten para siempre 
ese tesoro que encierran ! 

* » Confuso quedó Ponce, no acertando á discernir si era 
mística ilusión ó real este milagro ; mas pronto abandonó sus 
reflexiones para cumplir el mandato de la princesa. Descendió 
al precipicio, cuya profundidad ocasiona vértigos, ceñido con 
fuertes ligaduras, de modo que pudieran sostenerle los esclavos 
que permanecían en la cúspide de la peña. Halló escondida en- 
tre los silvestres álamos una caverna ó gruta natural, y en una 
circular excavación de su base, protegida por una campana con- 
tra las filtraciones de las lluvias y los detritus de la roca, distin- 
guió una escultura de la Santísima Virgen. 

* » Cayó de rodillas ante la imagen el cristiano, tributando 
á Dios gracias humildes por hallazgo tan precioso, y alzán- 
dose después radiante de alegría, mandó á los que arriba esta- 
ban esperando, le subiesen. Llegado á la presencia de la hija de 
su rey, turbado por la emoción y asombro, refirió cómo había 
visto el cielo en la concavidad oscura de la peña ; que allí se en- 
contraba una imagen de la inmaculada Virgen María, teniendo 
en sus brazos al Niño Jesús, resplandecientes ambos de hermo- 
sura. Con devoción y ternura elevaron la imagen de Nuestra 
Señora hasta la abrupta cúspide, prosternándose de hinojos ante 
su serena faz.» 

* Desde este momento la piadosa leyenda toma un carác- 
ter menos fantástico, pero con aires de novela. Bautizada la 
princesa, los mozárabes se envalentonan, los moros se irritan y 
más que todos el noble moro Alhakem, capitán de guardias, 
pariente de AlyMaimón, perdidamente enamorado de la infan- 
ta. Trata el moro nada menos que de robarla de su palacio, 
los mozárabes la defienden, y uno de éstos mata al moro de 
una estocada. Pero afortunadamente, al traer en procesión la 
efigie de la Virgen, resucita el moro y se hace cristiano. El 
emir toledano, en vez de mostrarse irritado, se resigna con el 
habitual íatalismo musulmán , porque así lo dispone Alá , y 



GUADALAJARA 1 39 



porque al fin su hija tiene la sangre cristiana de su madre. 
* Entretanto su hermano, convertido por otro mayor mi- 
lagro de la Virgen, se hace cristiano y monje en Sopetrán, y ella 
después de pasar su vida virginalmente á los pies de la santa 
efigie, muere el día 15 de Abril de 1095, fecha que nos da el 
rector Osorio, y es enterrada en el pavimento de la iglesia por 
voluntad de su hermana Santa Casilda y de su hermano Aly el 
ermitaño de Sopetrán. 

* La conversión de éste es todavía más novelesca, y tam« 
bien más popular y conocida, puesto que el monasterio benedic- 
tino de Sopetrán la afianzaba y transmitía á la pública venera- 
ción (a). 

En una de las fi'ecuentes correrías, dice el Sr. Quadrado, 
que ocurrían hacia la mitad del siglo xi, entre Almenón, rey 
de Toledo, y Fernando I de Castilla, llegó á aquel fi-esco valle 
el joven Aly, hijo del primero, con rico botín y numerosos cau- 
tivos ; pero mientras cuidaba de repartirlos entre los suyos, cegó 
de repente á los moros un resplandor extraordinario, á favor 
del cual los cristianos rompiendo sus ataduras se apoderaron de 
los opresores. Sintióse trocado Aly, y ciego como estaba, pidió 
que le acercasen á un árbol, sobre el cual acababa de aparecer- 
sele María, pidiendo á la Madre de los cristianos que le manifes- 
tase su voluntad. — No encrudezcas contra mis hijos y bautízate, 
respondió una voz sobrenatural; y cuéntase (i) que la misma 
Virgen, tomándole de la mano y conduciéndole hasta una fuente 
vertió sobre la cabeza del príncipe el agua regeneradora y con 
la vista del alma le devolvió la del cuerpo. Aly, cambiado su 
nombre en Pedro, habiendo vuelto de su peregrinación á Roma, 
y gozoso con la santificación de su hermana Casilda, edificó un 



(a) En aquel monasterio se albergó con su escasa hueste Felipe V, al pasar por 
allí fugitivo de Madrid en 1 706. 

(i) De este suceso, añade el Sr. Quadrado, faltan no sólo documentos sino has- 
ta indicios en los antiguos historiadores. Algunos atribuyen al principe sarraceno 
el singular nombre de Petrán, sin advertir que la etimología de Sopetrán, más bien 
que de éste, se deriva de su posición subius Peiram. 



140 GUADALAJARA 



santuario en el sitío de su dichoso bautismo y en él acabó sus 
días. 

* La tradición de Brihuega pretende enlazarse con la de 
Sopetrán, pero ésta no responde. En todas ellas se echa de ver 
que la imaginación meridional no se contenta con la narración 
primitiva, sencilla y verídica que para fomentar la devoción bas- 
taba; que no se satis&ce, si no llega á lo extraordinario, mará vi* 
lioso y el milagro, y que luego los oradores con sus encomios y 
los poetas con sus cantos populares, vienen á abrumar y oscure- 
cer la primitiva tradición sencilla. 

* Ello es que la primitiva capilla revela origen morisco (a) 
y se sabe que la efigie allí venerada, desde los tiempos de la 
reconquista, estaba toscamente pintada en muy antiguo lienzo, 
por cuyo motivo los piadosos é ilustrados benedictinos, dudando 
si ya podrían darle culto, mandaron traer de Flandes, á fines 
del siglo XV, una bella efigie de la Virgen, que desde entonces 
systituyó á la antigua, casi borrada, sin mengua de su primitivo 
culto. No así la de Brihuega, que ridiculamente disfrazada, se- 
g^n el depravadísimo gusto de vesíir imágenes^ que se introdujo 
en el siglo xv, oculta bajo ricos trapos su remoto origen, siquie- 
ra por su talla no se la crea anterior al siglo xi. ¿Por qué disfra- 
zarla con vestidos y adornos de pésimo gusto {b) ? . 



■ (a) De él se hablará al llegar á la descripción de aquel territorio. 

{b) Baste decir á propósito de esto que San Francisco de Sales prohibió á 
sus monjas tener efigies vestidas. 

Por la descripción que de la escultura hace el Sr. D. Camilo Pérez, del simbo- 
lismo de la manzana que la Virgen presenta al Niño, y estar éste sobre la rodilla 
izquierda de la Virgen, no se le puede dar mayor antigüedad. 

« La milagrosa escultura de Nuestra Señora de la Peña, es antiquísima escultu- 
ra de madera preciosa, aunque de ignorada clase. Primorosos y elegantes son el 
ropaje del manto y escultura del vestido, de colores de oro y carmín, esmaltados 
por rosas, estrellas y azucenas. Exterior adorno de la imagen, sus vestiduras ri- 
quísimas la hacen aparentar mayor altura y cual si estuviese de pié, siendo su 
actitud realmente majestuosa y hierática, sentada como todas las más antiguas efi- 
gies de la Virgen en trono de igual estofo, entrelazado con vistosas labores, flores 
y matices áureos, si bien de más pálido color. Desciende desde el cuello hasta las 
plantas de la imagen una túnica no entallada, sino talar y majestuosa, y del 
mismo modo el manto con amplio vuelo lateral, ondeando en pliegues muy 
graciosos, que realzan la escultura. Sobre la bella frente de la efigie hay una 



G U A D A L A J A R A I4I 



* Convenía consignar juntas estas gemelas tradiciones. 

* Al culto . de las efigies antes citadas, aflade el piadoso 
cronista de la Alcarria los nombres del Socorro, la Esperanza, 
la Salceda y el Madroflal, y además un largo catálogo de los 
escritores que han dado noticias acerca de ellos (a). 



primitiva corona de una madera análoga, y sobrepuesta triple diadema de plata 
sobredorada.» 

Y en efecto, la tosca lámina la representa con unas enormes coronas, que abul- 
tan como todo el conjunto de ella, disfrazada con rostrillo monjil y la estrambótica 
vestimenta que llaman de alcuzán. ¡ Cuánto mejor estaría sin ellas, aunque otra 
cosa crean las beatas ! 

(a) «Es bastante copioso el número de escritos referentes á los santuarios de la 
Alcarria. Sin contar con las novenas, casi todas ellas precedidas de^ una noticia 
histórica acerca del santuario á que se refieren, mencionaré aquí las principales, 
que son : , 

»-— Historia del Monte Celia de Nuestra Señora de la Salceda, por Fray Pedro 
González de Mendoza, arzobispo de Granada. Granada, 16 16. Imprenta de Mu- 
ñoz. Es la más notable de estas obras. Su ilustre autor, hijo de Ruiz Gómez de Sil- 
va y de la famosa Princesa de Éboli, era alcarreño, aunque otra cosa diga Baena 
en sus Hi/os ilustres de Madrid. Dicha historia del Monte Celia lleva un catálogo de 
los arzobispos de Granada, con buenos retratos de los mismos grabados en cobre. 

»— Historia de Nuestra Señora de la Peña de Brihuega, por Fray Francisco de 
Béjar. Madrid, 1773. Imprenta de Mojados. 

^—Historia del Monasterio de Nuestra Señora de So^etrán ('¡unto á Hita), por Fray 
Basilio DE Arce y Fray Antonio de Heredia. Madrid, 1676. Imprenta de Her- 
vada. 

9 ^Historia de Nuestra Señora de Monsalud de Coreóles, por Fray Bernardo de 
Cartes. Alcalá, 1721. Imprenta de Espartosa. 

9^Historia de Nuestra Señora de la Oliva, por D. Juan Caro del Arco. Alca- 
lá, 1 646. Imprenta de García Fernández. 

•-^Poema de Nuestra Señora de la Esperanza, por D. Alvaro López de Vega. 
Madrid, 1653. El Sr. Muñoz y Romero, al citar este poema histórico, que sin duda 
alguna no conoció, lo atribuye al santuario de la Esperanza en Asturias. Pero se 
equivocó, pues se refiere al santuario de dicho nombre en la Alcarria y junto al 
pueblo de Durón. Es una obra rarísima de que tampoco he visto ningún ejemplar, 
no obstante mis diligencias para conseguirlo. 

T»^Historia de Nuestra Señora de la Esperanza en Durón, por D. Juan Alcalde 
Aliqub, 1742. Forma un tomo en folio, MS., de 142 hojas, y se guarda inédita en 
el archivo parroquial de Durón. El autor sigue mucho la traza y noticias del poe- 
ma antes citado. Es obra de pésimo gusto. 

»^Historia de Nuestra Señora de Sopetrán. MS. Se me han dado noticias de 
ella, pero no la he visto. 

»En las historias de poblaciones, en crónicas de órdenes religiosas y en las vi- 
das de personas ilustres en santidad procedentes de este país, hay muchas noticias 
relativas á los santuarios de la Virgen, á los monasterios, etc. 

*— Sagrada novena de Nuestra Señora del Madroñal, por Fray Julián de San 
José ó Gascueña. Va precedida de una nota histórica del santuario. 

»La última edición es la de 1864.» 



142 GUADALAJARA 



* £1 ya citado cronista de Guadalajara al hablar de la gran 
devoción de los alcarreftos al culto de la Virgen María, dice: 
« Por donde quiera que se camine se levanta alguna ermita, llena 
todavía de dulcísimos recuerdos. Y se hallan en las enhiestas 
cumbres de las montañas, ó en sus laderas, ó en los más floridos 
valles, templos consagrados á la que desde el primer siglo de la 
redención compartió con su Divino Hijo el amor de los españo- 
les. En esta región de la Alcarria hay santuarios tan nobles y 
devotos como este del Madroñal, y los que llevan las advocacio- 
nes dulcísimas de Monsalud, Montecelia, el Socorro, los Desam- 
parados y la Esperanza, todos ellos puestos en la soledad de 
los campos, como si quisieran apartar á los hombres de los peli- 
gros de la sociedad y los convidasen á la vida contemplativa. 
Los dos primeros ya no existen, porque junto á ellos se levan- 
taban famosos monasterios ; pero en cambio, aún permanecen y 
son centro de las almas y objeto de romerías y piadosos ofreci- 
mientos, además de los otros, el Peral, la Soterraña, la Oliva, 
el Espinar, el Saz, el Collado, la Fuensanta, la Bienvenida y otros 
muchos. ¡Qué historias tan dulces las de estas imágenes! ¡Cómo 
ha derramado sobre ellas los rasgos más poéticos la piadosa y 
envidiable credulidad de nuestros padres! ¡Qué conjunto de dra- 
máticos sucesos contiene la historia de los milagros de estos 
divinos simulacros !. . . 9 



:íOO©" 






CAPITULO VIII 



Señorío de Cifuentes. 
Ijy^ Gárgoles. ~ Trillo y sus baños. 



de Ovila.— Las 

tetas de Viana. 
tros baños de Sacedón y la Isabela. 
Las ruinas de Recopolis 



C^^AMiiiÉN á Cifuentes la domina un castillejo desde 
V-^un cerrillo (i), dominado á su vez por otro más 
elevado ; y de la antigua muralla del pueblo queda un 
portal flanqueado de cubos y marcado con el león ra- 
pante que forma el blasón de los Silvas. Erguíase en la 
plaza el palacio de esta familia poderosa, oriunda de 
Portugal, que poseyó la villa desde principios del si- 
glo XV, y que adoptó su nombre por título del condado, 
erigido por Enrique IV en 1455a favor de Juan de Silva; 
pero mandólo demoler y sembrar de sal Felipe V, casti- 
gando en él la rebeldía de uno de sus condes, parti- 
dario acérrimo del archiduque. La población por su 
parte, si bien crecida, conserva con sus frecuentes ruinas las 
huellas de la devastación francesa á principios de esta cen- 
turia ; aunque permanecen de pié las iglesias de franciscanas 



(i) Por tos restos de la muralla que aún quedan en la parte meridional del 
cerro, ¿ehase de ver que debió tener en el siglo xvi amplitud y comodidades. 



144 GUADALAJARA 

y dominicas, ésta con una recomendable fachada del año 1625, 
y el convento de monjas franciscanas con su portada del re- 
nacimiento, en el cual muchos condes se procuraron sepul- 
tura. Sólo yace derruido no lejos de la villa el de religiosas do- 




ClFUENTES.-PAHRonriA del Salvador 

minicas, que en honor de las reliquias de San Blas fundó el 
infante D. Manuel, hijo de San Fernando, y que años después 
fué trasladado á Lerma. Pero la atención del artista se concen- 
tra toda en la venerable parroquia del Salvador, y lamentando 
que se tapiaran las ventanas del ábside orladas de molduras bi- 
zantinas, lánzase dentro á contemplar las nacientes ojivas de sus 
tres naves y los cilindricos pilares revestidos de dos órdenes de 
columnas, cuyos capiteles perdieron tal vez su ornato propio en 



GUADALAJARA 



la fatal renovación que ha invadido gran parte de la iglesia Y 
al salir de allí, dando una ojeada á la cuadrada torre ceñida de 
modillones, cual torreón de gue- 
rra, y al magnffíco rosetón, cuyos 
radios forman columnas bizanti- 
nas y arquitos góticos sus cala* 
dos, detíénese con placer ante 
la profunda y hendida portada 
que llaman de Santiago, estudia 
los toscos relieves á gnjisa de 
geroglíficos (i) en los capiteles 
de las columnas, que á seis por 
lado sostienen los arcos en de< 
gradación ya bocelados al estilo 
. gótico ; y sobre todo le deleitan 
las bárbaras y misteriosas figu- 
guras esculpidas en los arquivol- 
tos, de ángeles, mujeres envuel- 
tas en sus mantos y con libros 
en las manos, diablos grotescos 
y deformes, monjes, ciudadanos, 
y entre ellas la de un obispo, 
que representando, según el ró- 
tulo, á Andrés, que debió serlo 
de Sigüenza hacia la primera mi- 
tad del siglo XIII (2), coincide con la fecha de aquel interesante 
monumento de transición. 

Con amenos paisajes y saludables aguas bríndale á cami- 




CIFUENTES 
Parroquia de San Salvador 



(1) En uno de la derecha ae reconoce fif{urada la Anunciación. 

(i) Ni en el catálogo de Gil González Dávila, ni en las mcrnorina de la iglesia 
de Sigüenza hay mención de este obispo Andrea, que probablemente debe colocar- 
se en el vacío que media entre los prelados D, Rodrigo Jiménez de Rada y D. Fer- 
nán Pérez, de iao8 é 1334, ó entre este y D. Lope Diaz de Haro, que florecía 
en 1370, pues que la serie de sus antecesores y sucos o rea se nota apenas inte- 



14^ GUADALAJARA 



nar dos leguas hacia mediodía el frecuentado pueblo de Tríllo, 
recostado en la pendiente de un valle, entre risueñas cascadas, 
en la confluencia del inquieto Cifuentes y del verdoso Tajo, que 
fertilizan al par su vega y ponen en movimiento su reducida in- 
dustria (i). Mejor que por ésta, casi destruida en las sangrientas 
vicisitudes de la guerra de Sucesión, mejor que por los vestigios 
de cierta población antigua, algo más oriental, llamada vulgar- 
mente villa vieja (2), distingüese Trillo por sus famosos baños 
erigidos en el reinado de Carlos III, que cada verano atraen una 
variada concurrencia en busca de salud ó de esparcimiento. Sus 
nuevos edificios blanqueando entre copudos olmos, cabe el río, 
que serpea por la deliciosa cañada, aparecen á vista de pájaro 
desde las alturas que se encrespan al mediodía; ni á las peñas 
faltan, en toda la extensión de la cordillera, frondosa vegetación 
y caprichosos y extraños cortes, descollando entre ellas ocho 
leguas á la redonda las tetas de Viana^ cuyo nombre toman del 
pueblo situado á su opuesta falda, enormes conos truncados que 
ni de cerca ni de lejos ni por lado alguno pierden la regularidad 
de sus torneadas formas. 



**" Preciso es que nos detengamos algo en las tradiciones 
que ofrece este territorio, siquiera todas se hallen convertidas 
en ruinas, y también de su moderna y no despreciable industria; 
y al hablar de sus saludables aguas termales, extendamos tam- 
bién una mirada á las no menos ponderadas de Sacedón con sus 



(i) Morales habla con encarecimiento de sus máquinas de aserrar madera, que 
en 1 7 1 o fueron destruidas, y á las cuales han sustituido al presente algunas fá- 
bricas de tejidos. Ambos ríos tienen su puente de piedra, y el del Tajo, cortado por 
los franceses en 1 810, fué reedificado en 1816, según la inscripción, por orden 
de Fernando Vil. 

(3) Esta población, situada á un cuarto de legua de Trillo, dudan los anticua- 
rios si reducirla á Contrebia, á Bursada ó á Thermida, celtíberas aquellas dos y 
carpetana la última, cuya etimología le conviniera por razón de los baños, si otros 
no la aplicaran á Tielmes. Del actual pueblo de Trillo se halla memoria en 1322. 



GUADALAJARA I47 



tradiciones y las no menos célebres ruinas de Recopolis, siquie- 
ra estas aguas y estas ruinas estén ya fuera del señorío de Ci- 
fuentes, aunque no distantes. 

* Entre Cifuentes y Trillo, en una meseta no muy eleva- 
da entre el Tajo y el Tajuñá, álzanse dos pueblecitos limítro- 
fes, conocidos con los nombres de Gárgoles de arriba y Gárgoles 
de abajo. La fábrica de papel de ésta, más antigua, utiliza las 
claras aguas del Cifuentes ; pero la de arriba, con su moderna 
maquinaria y adelantos ha llegado á eclipsarla, aprovechando 
además las límpidas aguas para formar al rededor de las fábri- 
cas un extenso y lindo parque con bellas y suntuosas viviendas. 
Y cuando el viajero á vista de estas vuelve la espalda al feuda- 
lismo antiguo, prefiriendo los adelantos que crea la civilización 
moderna, si ha de ser justo no debe olvidar que no todos los 
seflores territoriales descuidaron el fomento de la industria, que 
Ruy Gómez de Silva la fomentó en Pastrana, trayendo moriscos 
que labrasen ricos artefactos (a), especialmente de tapicería y 
objetos de seda. 

* Perdieron también Guadalajara y Brihuega sus fábricas 
de pafío. Cifuentes la de gamuzas, Budia la de cordobanes y 
Trillo sus sierras de agua, que convertían en tablas los maderos 
que allí venían por el Tajo. En cambio se han aumentado á las 
fábricas de papel de Gárgoles, la establecida en el célebre con- 
vento de la Cabrera, que ha logrado mucha reputación, y otra 
en Civica, granja dependiente en otro tiempo del monasterio de 
San Jerónimo de Villaviciosa. 

* Poco después el Cifuentes se despefla en el Tajo, formando 
vistosa cascada, entre peñas, pretiles y matorrales, sombreada 
por la robusta y cuadrada torre de la iglesia, coronada de airo- 
sa galería, como casi todas las de los pueblos comarcanos, que 
carecen de los chinescos chapiteles ó piramidales capuchones 
con que terminan las de otras comarcas. El puente que tiene 



(a) Véase en los apéndices la relación de ellos. 



148 GUADALAJARA 



sobre el Tajo es de un solo arco ojival y de gran antígUedad {a). 
Tuvo también su castillejo en el siglo xiv (¿), edificado por 
el infante D. Juan Manuel, que tenía por entonces el señorío 
de este territorio. 

* Pero lo más antiguo y notable de ella son unas ruinas de 
población, quizá más bien celtibérica {c) que romana, á una milla 
al oriente del pueblo, c Su cima es un llano murado de peñascos 
por la parte en que desde su eminencia se descubren los baños, 
y por la de Trillo y del mediodía está rodeado de indicios y se* 
nales de edificios fuertes, que circunda á modo de foso el río 
Tajo con la figura de un medio círculo perfecto {d).^ 

* Los escritores del país quieren suponer, con poco acier- 
to, que fué Bursada (^). El vulgo, aún con peor criterio, la llama 
la ciudad de Capadocia, y uniendo esto con la noticia de un San 
Blas, venerado en Cifuentes, cuyo sepulcro y reliquias se lleva- 
ron á Lerma, supone que allí fiíé donde se retiró el santo obispo 
de Sebaste (/). 

* Otras ruinas más modernas llaman la atención allí cerca 
y también á orillas del Tajo, donde tuerce de norte á sud la co- 
rriente que desde la Serranía trae de levante á poniente. El 
monasterio cisterciense de Ovila se fundó en el siglo xii : de 



(a) Del siglo xvi lo suponen ; pero es dudoso si se construyó entonces ó se 
restauró de los desperfectos de alguna inundación. 

{b) El cronicón del infante D.Juan Manuel (Es^afia sa^ro^a, tomo II), pone 
que entre otros pueblos recobró á Cifuentes en 12177 íortifícó á Trillo en 1323. 

Era M.CCC.LV recuperavit Druy Joannes Centum Fontes, in Madio. 

EraM.CCCLX incepit Dnus, Joannes Castellum de Trillo, in Aprili. 

(c) Según relación fidedigna, se veían no hace mucho tiempo algunos nichos 
excavados para recibir los cadáveres, guardando la forma del cuerpo humana al 
estilo de los de Olérdula. 

{d) Tratado de las aguas termales de Trillo, por el Dr. D. Casimiro Ortega: 
año 1778. 

{e) El mismo Ortega, refiriéndose á D. Francisco Antonio Fuero, cura de Aza- 
ñon, sujeto muy ilustrado, dice, que los del pais llaman á estas ruinas Villavieja. 
Yo le he oído más de una vez á la gente de Trillo llamarlo la ciudad de Capadocia, 

(J) El crédulo, aunque muy erudito Tamayo Salazar, refiere que un benefi- 
ciado de Cifuentes le llevó á visitar la cueva, cerca del Tajo, donde encontró y 
prendió al Santo el pretor Agricolao, y que no logró disuadirle de su error, por 
más que hizo. 



GUADALAJARA 1 49 



visitarlo venía San Martín de Finojosa, obispo de Sigüenza y 
abad del de Huerta, cuando enfermó y murió en una aldea inme- 
diata. La soledad allí es completa en medio de vetustas y cor- 
pulentas nogueras, que hacen el paisaje aún más sombrío. Los 
arcos descamados, ojivales, anchos y de escasa altura, semejan- 
do las costillas descarnadas de un esqueleto, indican la primitiva 
y pobre construcción de aquellos ascéticos agricultores, que ni 
celdas tenían, reduciéndose su primitivo albergue, á la capilla, el 
capítulo, el dormitorio común y el modesto comedor, junto á la 
pobre cocina. Cuando la opulencia y riquezas del siglo xvi traje- 
ron las comodidades, la pobre capilla de la Virgen de Ovila se con- 
virtió en iglesia gótica del gusto decadente de fines del siglo xv, 
hízose el patio un claustro alto y bajo, construyóse palacio al 
P. Abad, y á fines de aquel siglo concluyó la fachada de la iglesia. 
* En la opuesta ribera se alzan los modernos edificios que 
de un siglo á esta parte vienen haciendo necesarios la cre- 
ciente fama de sus aguas termales, que por su baja tempera- 
tura debieron llamar poco la atención de los antiguos {a). Su 
importancia creciente no pasa de mediados del siglo xviii, 
y su vida y reconocimiento oficial del año 1777, si bien ya eran 
conocidas y usadas como medicinales anteriormente, pero en 
abandonados y sucios charcos. Para el uso de ellas se formó 
al pronto un conjunto de mezquinos edificios, que reunidos 
forman lo que se llama el Establecimiento^ que luego ha sido 
aumentado y mejorado. Lleva uno de ellos el nombre del rey, 
en recuerdo de la importancia que lograron desde el año 1771, 
en que logró en ellos la salud el consejero D. Gregorio de Nava, 
que por gratitud influyó para su mejora y habilitación de edifi- 
cios. Por igual motivo construyó en ellos otro edificio la condesa 
de Cifuentes (¿). Pero todo ello estaba ya en plena decadencia 



(a) Tan abandonadas estaban, que la relación acerca del estado de la villa 
en I 580 ni aun las nombra. 

( & ) Es un edificio sólido y aislado á orillas del Tajo, que todavía lleva el nom- 
bre de Baños de la Condesa. 



150 GUADALAJARA 



á principios de este siglo (1802), en que el obispo de Sigüen- 
za, D. Inocencio Bejarano, no solamente mejoró los edificios y 
construyó albergues y hospederías para los pobres, sino que se 
proponía hacer mucho más, que le estorbaron la ingratitud de 
los que recibían los favores, y las exacciones abrumadoras del 
fisco. 

* No lejos de allí, cerca de Sacedón y á las márgenes del 
Guadiela, se alzan otros dos establecimientos termales de aguas 
análogas á las de Trillo, en Sacedón y el moderno pueblo de 
la Isabela. Supónense conocidos y usados por los musulmanes, 
los de Sacedón, y que en ellos recobró su salud el Gran Capi- 
tán, hacia el año 15 12. En 1666 los favoreció la reina gober- 
nadora D.^ María de Austria, construyendo allí palacio y hos- 
pedería. Otros se edificaron á principios de este siglo por el 
infante D. Antonio, y les dieron celebridad en 1817 los viajes 
que á ellos hicieron Fernando VII y su segunda esposa D.^ María 
Isabel de Braganza. £1 entusiasmo de ésta por aquellas benéficas 
agfuas llegó ai extremo de fundar allí un pueblo entero con diez 
y ocho manzanas de simétricas y alineadas casas, cuarteles, 
oficinas, real palacio y puente sobre el Guadiela, dándole en 1 826 
el título de Sitio Real, con nombre de la Isabela, en recuerdo de 
su augusta y agradecida fundadora. 

* También estas termas tienen á sus inmediaciones gran- 
des ruinas de ciudad antigua, que se quiere suponer fuesen de 
la celtíbera Contrebia, la cual otros colocan en Zorita de los 
Canes (a). 

* Más cierta parece ser la existencia de Recopolis allí cer- 
ca en la confluencia del Tajo y el Guadiela, cerca de Almoncid 
de Zurita, erigida por Leovigildo en honor de su hijo Recare- 
do (ó). 

* Entre Sacedón y Trillo álzanse las ya citadas eminencias, 



(a) Cortes en su Diccionario se inclina á esta segunda opinión. V. Contrebia. 
{,b) Véase en los apéndices la descripción de las ruinas de Recopolis, 



GUADALAJARA IJI 



impropiamente llamadas tetas de Viana. Sobre dos montecillos 
probablemente de origen plutónico, pues abunda en ellos la 
piedra pómez, se alzan otras dos enormes prominencias parale- 
las y casi iguales en su figura romboidal ; cada una de las cuales 
tiene una vasta planicie de más de 300 metros (a). De la más 
oriental se ha desgajado un enorme peñón que el vulgo apellida 
el ntño. Desde ella se domina no solamente toda la Alcarria con 
las entradas y salidas del Tajo, Tajuña y Guadiela, sino tam- 
bién gran parte de la provincia de Cuenca, siendo por tanto una 
de las posiciones estratégicas más notables de España. 

• Más allá de Sacedón, el Tajo camina por una estrechu- 
ra, rugiendo entre las peñas que obstruyen su paso. Á duras 
penas se abre en la roca estrecha senda, entre escarpados riscos 
y un horrible despeñadero. Unos rudos pero sencillos versos, 
grabados en la roca, recordaban una tradición lúgubre de la Edad 
media, que conservan los de aquella tierra con variantes no fá- 
ciles de avenir, como sucede con todas las leyendas que trans- 
mite la voz popular. 

* Un caballero de la familia de los Mendozas, poderoso en 
Guadalajara y llamado D. Apóstol (6) de Castilla, asistía á unos 
toros que se lidiaban en Sacedón. Prevalido de su prepotencia, 
hubo de propasarse con una lindísima villana. En la clase del 
ultraje la tradición varía. Alborotáronse los jóvenes del pueblo, 
pues, aunque villanos, tenían carácter para no sufrir impunemente 
tales desmanes. En vista de la furia popular y por consejo de per- 
sonas prudentes, montó D. Apóstol en su brioso alazán, y seguido 
de su escudero salió de la villa, mas al llegar á este áspero desfila- 
dero hallóse atajado por los mozos de Sacedón, que, por trochas 



(a) La occidental se considera inaccesible : á la otra trepan los pastores con 
gran dificultad, ayudándose con cuerdas y escalas y dejando allí algún ganado 
cabrío que suben también con cuerdas. Durante la guerra civil de los siete años, 
Qabrera comenzó á fortificar allí, con objeto de dominar la Alcarria y Cuenca y 
llevar sus incursiones hasta Aranjuez. 

(¿7) Con este nombre figura algún individuo de la casa de Mendoza en Cortes 
del siglo XV, y hubo más de uno que lo usara. 



1^2 GUADALAJARA 



y atajos de ellos conocidos, se habían adelantado, y armados de 
ballestas y ganosos de venganza le cerraban el paso, difícil aun 
sin tales estorbos. Retroceder era imposible y no lo permitía su 
nobleza afrentada; revolver el caballo entre la escarpada roca y 
el abismo, aún más imposible ; hubo pues de arremeter á los vi- 
llanos que le recibieron con sus azagayas y ballestas. Resbaló el 
caballo y rodó con el joven caballero por el precipicio : las aguas 
oscuras del profundo río arrastraron el destrozado cadáver del 
desgraciado mancebo. La dolorida madre, ó alguno tomando su 
voz, grabó la ruda pero tiernísima endecha, que perpetúa la 
tradición, en vez de la fúnebre cruz que marca el sitio de una 
desgracia {a). 

Don Apóstol de Castilla, 
I Fijo de mi corazón I 
I Qué caros que te han costado 
los toros de Sacedón 1 



(a) La fecha de esta tradición no se sabe, ni hay por qué buscarla. 

Al construir la carretera de Sacedón, ensanchando á duras penas la antigua 
escarpada senda, ha desaparecido la gastada inscripción, pero no su recuerdo en 
los pueblos inmediatos. 





CAPITULO IX 

Monasterios de Sopetrán y Valfermoao, 

Hita, Cogolludo, Jadracjue 

y Hiendelaencina 



J7V 



* '-*~V EJANDO el señorío de Cifuentes y las agrestes y sombrías 
-4—/ riberas del Tajo (a) y el Guadiela en la Alcarria, tiempo 
es ya de que bajemos á las más llanas de la Campiña, y á las 
márgenes tranquilas del Henares y su vecino el Jarama, con 
quien al íin viene á juntarse poco antes de rendir sus caudales 
al famoso rfo. 



(a) Obscurus umbris aitorum llamii al Tajo el poeta Marcial, en su preciosa 
deacripciÓD de la Celtiberia. 



154 GUADALAJARA 



* Pueblan también esta parte de la Campiña célebres mo- 
nasterios, villas opulentas y algunos pueblos de dominio ora cle- 
rical ó monástico, ora de señorío feudal fundado con desprendi- 
mientos de la Orden de Calatrava, aprovechados como los de 
la Alcarria por Lacerdas y Mendozas. 

* El origen del célebre monasterio de Sopetrán se debe á 
la aparición de la Virgen al moro Aly en aquel sitio, según la 
tradicional leyenda que se enlaza con la ya narrada de Bri- 
huega (a). 

Existe en la vega del monasterio la ermita de la Fuensan- 
ta, de gótica estructura, renovada en parte con un ajimez ojívo 
á cada lado; y bajo sus bóvedas de crucería está la escalera 
que conduce á las benditas aguas en otro tiempo solicitadas con 
devota fe por los enfermos. La iglesia del monasterio, reedifica- 
da por el cardenal Mendoza, cuyos blasones resaltan sobre el 
portal orlado de follajes, ostenta bien que hundida su espaciosa 
y esbelta nave, anchísimo crucero, ventanas sencillas y elegan- 
tes ; y á un lado señalan el estrecho recinto de la primitiva unos 
denegridos paredones y ventanillas árabes dentelladas. El claus- 
tro greco-romano, de orden toscano en el primer cuerpo y dóri- 
co en el segundo, se recomienda únicamente por sus regulares 
y severas proporciones. 

Habitado por religiosas benedictinas, permanece no lejos 
de Sopetrán el monasterio de Valfermoso, que bajo la advoca- 
ción del Bautista erigieron en 1 182 Juan Pascasio y D.* Flambla 
su mujer, llamando de Francia como fundadoras á Novila y á 
Guiralda, y sometiéndole el lugar contiguo que acababan de 
comprar á la villa de Atienza, recién poblado, con la concesión 
de fueros particulares. Título de Jiea¿ impropiamente le dieron, 
al retirarse allí, por disposición de Felipe IV, su querida María 



(a) Véase lo dicho ea el capítulo VII, acerca de la aparieión de la Virgen y su 
culto. 



GUADALAJARA I^J 



Calderón, á quien arrancó del teatro la pasión del monarca, y la 
hija natural de entrambos D.^ Luisa Orozco Calderón, madre y 
hermana del esclarecido D. Juan de Austria, de cuya grandeza 
no participaron en su oscura soledad. 

Señorea desde eminente altura aquellos ondulosos y rojizos 
campos la noble villa de Hita, de quien se reputa antecesora la 
antigua Caisada ó Ccesaia que Tolomeo y Antonino mencionan 
en el itinerario de Mérida á Zaragoza, y cuya actual etimología 
de Fita ó mojón parece indicar su posición límitrofe entre la 
Celtiberia y la Carpetania. Ganóla Alfonso VI, y en el reinado 
del VII la custodiaron como alcaides Fernán Fernández, que pe- 
recio derrotado en un encuentro con los moros de Calatrava, y 
Martín Fernández, compañero en las victorias del valiente Mu- 
nio Alfonso. En el siglo xiv el señorío de la villa fué transmitido 
á Gonzalo Yáñez de Mendoza por casamiento con Juana Fer* 
nández de Orozco, hija de Diego, su último poseedor ; y allí 
levantó banderas por D. Enrique en 1368 Pedro González de 
Mendoza, abandonando el servicio del cruel D. Pedro. Sobre el 
arco ojivo de su puerta principal, flanqueada por dos torrejones 
y defendida por salientes matacanes, nótase aún el escudo de 
los Mendozas entre dos cascos de relieve, y á uno y otro lado 
prolóngase la cerca fortalecida de cubos : pero el fuerte castillo 
apenas dibuja ya sus formas en la cima del cóhico cerro, cuya 
vertiente meridional cubría la población en anfiteatro ; los barrios 
altos han desaparecido, y con ellos la parroquia de Santa María, 
cabeza de vasto arciprestazgo, que rigió un día el poeta Arci- 
preste. En lo más bajo, donde se repliega no sin huecos el case- 
río, descuellan las renovadas torres de San Juan y de San Pedro, 
templos de tres naves con techumbre de madera, cuyos arcos de 
comunicación, cargando sobre gruesas columnas y presentando 
una curva algo reentrante en sus extremos, recuerdan el tipo 
arábigo-bizantino, aunque probablemente por su fecha pertene- 
cen al renacimiento. Lápidas sepulcrales nada antiguas enlosan 
el suelo de ambas parroquias ; pero bajo el pórtico de San Pe- 



156 



GUADALAJARA 



dro, al lado del portal abierto en herradura y encuadrado con 
varías molduras al estilo árabe, remonta su data del siglo xii 
al xiii una que lleva el nombre de Clemente, deán de Sigüenza 
y arcipreste de Hita (i). 

Copernal en un barranco no desnudo de verdor, Espinosa 
al lado de un puente de arcos ojivos sobre el Henares, divierten 
el breve camino que conduce desde Hita á Cogolludo, villa se- 
mejante á la primera por su fuerte posición y por su presente 
decadencia. Cuadradas torres de sillería flanquean sus magníficas 
puertas de arco semicircular, coronadas de modillones, sobre los 
cuales asentaban los adarves, ya casi derruidos; y las murallas su- 
bían hasta la cumbre del cabezo á enlazarse con el castillo, que 
no conserva sino vestigios de los cubos que guarnecían los ángu- 
los de su polígona planta, y el paredón levantado á lo largo de la 
cresta. Domina desde allí la vista un extenso horizonte, montuo- 
so y quebrado al norte, más llano hacia mediodía; y ciérnese 
sobre el pueblo, crecido aún y floreciente respecto de los comar- 
canos y del mismo Tamajón, al cual está ahora subordinado. Su 
convento de San Francisco yace entre escombros desde que sir- 
vió como fuerte en la guerra de la Independencia, salvándose 
únicamente su dórica portada ; el de carmelitas, que lleva la fe- 
cha de 1622 en la suya, va desmoronándose á la salida de la 
población ; y únicamente subsisten las dos parroquias con sus 
torres de piedra cuadradas y con dobles ventanas por sus cua- 
tro lados. Santa María, inmediata al castillo, apoya sobre boce- 
lados pilares los arcos sembrados de florones y las ricas bóvedas 
de crucería de sus tres esbeltas naves, iguales todas en altura 
conforme al estilo gótico postrero; San Pedro, modernamente 



(i) Dedúcese su antigüedad de los caracteres, pues no contiene sino estas pa- 
labras : Clemens decanus Segunlinus archipresbiter de Hita, Unido á la iglesia de 
San Pedro hay un moderno camarín dedicado á la Virgen y adornado con gran 
lujo de espejos, mesas de mármol y otras curiosidades nada propias de un templo, 
el cual construyó á sus expensas D. Antonio de Sesma y Gamboa. El convento de 
dominicos más arriba de las parroquias es pobre é insignificante en su estruc- 
tura. 






qvonp 



i. 



GUADAL AJARA 1^7 



reedificada con crucero y cópula^ engalana las suyas con vistosos 
dibujos de yeso, cuya blancura resalta sobre fondo rosado. 

Pero el monumento especial de CogoUudo es el palacio que 
en el fondo de su vasta plaza, rodeada de soportales^ levantaron 
sus señores los duques de Medinaceli, entrado ya el siglo xvi, 
compitiendo por ventura con el de Infantado en la vecina Gua- 
dalajara. Almohadillados sillares componen su fachada, que á 
media altura divide en dos cuerpos una comisa, y que remata 
otra con muchas y prolijas molduras del renacimiento, sostenien- 
do un pretil en otro tiempo calado, bordado de labores más bien 
platerescas que góticas, y orlado por encima de crestones. Pla- 
terescas asimismo son las que cubren el dintel y jambas, los 
fustes de las dos columnas y el frontón semicircular de la porta- 
da ; al paso que en las seis ventanas, cuyos dobles arcos partidos 
por sutil columnita cobija otro arco festoneado, ostenta el arte 
gótico su decadente gentileza. Dentro del frontón de la puer- 
ta, en el testero de las ventanas, y de mayor tamaño en el cen- 
tro de la fachada con guirnalda al rededor, campea el semi-real 
escudo de los Lacerdas, juntando el león y castillo español con 
las lises de Francia, y sostenido por dos ángeles velados ente- 
ramente de plumas. En todo el palacio, maltratado asaz por los 
franceses y digno de conservación más esmerada, se observa el 
mismo género de transición, indeciso en el gusto pero elegante 
en el ornato : ricas orlas de arabescos guarnecen las jambas de 
las puertas y el alféizar de las ventanas, airosas hojas de cardo 
resaltan al lado de menuda ataujía, y en el testero de la sala 
principal ofrece una gran chimenea delicados relieves de enca- 
denados círculos y rosetones, entre los cuales figura como enci- 
ma de las puertas el escudo de familia. Los capiteles de las 
columnas que sostienen los arcos semicirculares del patio, y los 
de la doble galería que mira hacia el que fué jardín, presentan 
una libre imitación de los corintios ; mientras que el calado ante- 
pecho de la galería superior recortado en estrellas, y las gárgo- 
las que avanzan de la cornisa remedando varios monstruos y 



158 GUADALAJARA 



caprichos, conservan el carácter ya que no la pureza de la gótica 
arquitectura. 

Por muchos señoríos pasó Cogolludo antes de llegar al de 
losLacerdas. Dióla Alfonso VIII en 1 176 con su castillo, aldeas 
y demás pertenencias á la Orden de Calatrava, que la poseyó 
por dos siglos, amparándola en sus querellas concejiles con 
Atienza y Belefia, y otorgándole en 1254 el maestre Fernando 
Ordóftez los fueros de Guadalajara (i). Adquirióla en 1378 En- 
rique II del maestre Pedro Muftiz de Godoy juntamente con los 
lugares de Loranca y Torralva, permutándolos con Villafranca, 
para formar el dote de su hija natural D.^ María, quien casando 
con el almirante Diego Hurtado de Mendoza, los legó á D.^ Al- 
donza, su única hija, más adelante duquesa de Arjona por su 
infeliz enlace. Fenecida sin sucesión la duquesa en 1435, dispu- 
táronse la herencia con las armas, su hermano paterno el mar- 
qués de Santillana y Diego Manrique, su primo, que se encerró 
con sus tesoros en el castillo de Cogolludo ; pero interviniendo 



(i) De los documentos que extractamos en el archivo de Cogolludo consta: 
que Alfonso X en 1254 otorgó á sus vecinos el uso común de los pastos y montes 
en unión con los de Atienza, según acostumbran desde los tiempos de Alfonso VIII, 
y que renovadas en 1284 las disensiones con motivo de las muchas presas que 
los de Atienza les hacían, nombró Sancho IV, por arbitros de ellas, á Gonzalo Pé- 
rez y á Juan Díaz de Guadalfajara. Otra concordia existe del concejo de Bcleña, 
villa hoy casi despoblada, con el de Cogolludo en 1 299, en que se declara satisfe- 
cho aquel de la villa, de sus aldeas y de todos sus vecinos, hombres y mujeres, 
grandes y pequeños, cristianos, moros y judíos, acerca de las querellas que entre 
sí tenían «así del tiempo que vos érades de la orden, como del tiempo del infant 
D. Enrique, del tiempo que vos, Juan Ramirez de Gugina, teniedes en su lugar, 
tan bien de la conquista de Aragón com después, por el conciertoque se fizo entre 
Pero Melendez, señor en Beleña, y Juan Ramirez, señor en Cogolludo.» De estas 
palabras parece deducirse que la villa por aquel tiempo había ya salido del domi- 
nio de la Orden de Calatrava, mas en tal caso no pudo ser sino temporalmente, 
pues á más de otros documentos que prueban la continuación del citado dominio, 
hallamos la condonación que á los de Cogolludo, como á vasallos de la misma 
Orden, otorgó Fernando IV, en i 309, de las cuotas de los servicios votados en las 
cortes de Madrid, en atención á los muchos servicios que le prestaba la Orden en 
sus guerras con los moros. En 1314 les concedió Alfonso XI que no pechasen por 
cabezas sino por padrón como medio más equitativo. Salazar y Castro, historiador 
de la casa de Lara, asegura que fué el conde Pedro Manrique de Lara, y no Alfon- 
so VIII, quien hizo á la Orden la cesión de Cogolludo, y cita el instrumento otor- 
gado en 1 182 : en el texto seguimos la opinión de Rades de Andrada. 



GUADALAJARA 1 59 



en concordarlos el monarca, quedó la villa por el marqués, y con 
la mano de su hija D.^ Leonor, fué cedida á Gastón de Lacerda, 
conde de Medinaceli, cuyos descendientes la retuvieron desde 
entonces con el título de marquesado. Dábase la mano este cas- 
tillo con otros más antiguos que guardaban las riberas del He- 
nares, de cerca con el de Jadraque que, con el nombre de Charada- 
que, mencionan las crónicas arábigas por los años de 8oi (i) (^); 
más allá con el de Castejón, punto fronterizo sorprendido por 
el Cid, según refieren sus poemas, desde el cual vertía la deso- 
lación sobre los sarracenos de Hita y Guadalajara. 

* En contraposición á estos históricos recuerdos y antiguas 
tradiciones, el positivismo moderno, que ha destruido sus obras 
arquitectónicas y borrado casi sus vestigos, los ha sustituido con 
el laboreo de varias minas argentíferas en ese mismo territorio 
y sobre todo en Hiendelaencina. 

* Sobresale entre ellas la que á cierta distancia de este 
pueblo formó una sociedad inglesa, al pié de la encumbrada 
montaña de Alto Rey, en el fondo de un barranco, por el que 
arrastra sus aguas el arroyo llamado Bornoba. 

* Acribillóse todo aquel territorio de pozos y calicatas en 
busca de la codiciada plata, de la que se lograron más de veinte 
millones de onzas. Pero agotados casi todos los filones, que lle- 
gaban á una profundidad de 400 metros en el subsuelo, han 
sido invadidos por caudales de inagotables aguas. 

* Cuando la industria minera estaba ya en plena decaden- 
cia (i 870- 1 876), los aficionados á estas empresas han hallado 
vestigios de filones de oro en las inmediaciones de Jadraque, en 
criaderos que ya conocieron y explotaron los romanos. 



(i) En 8u castillo encerraron por aquel tiempo los rebeldes toledanos al petu- 
lante gobernador Jusuf, como se dirá en la descripción de Toledo. 

(a) El castillo de planta cuadrada y defendido por ocho cubos, está todavía en 
pié con sus desmantelados y ruinosos muros, dominando la estación del ferro-ca- 
rril y las frondosas huertas de su ameno valle, célebres en el mercado de Madrid 
por sus variadas y abundantes frutas. Véase la cabecera de este capítulo. 



* Más allá se extiende la provinda hasta las riberas del 
Jarama, lindando con la de Madrid, las villas de Úceda y Torre- 
laguna, quedando dentro de la provincia la de Tamajón y sus 
útiles canteras. 





CAPÍTULO X 



^Según nos aproximamos á la sierra que continuando la de 
p~^ Guadarrama, y con dirección al nordeste divide ambas 
Castillas, la naturaleza más adusta y los monumentos más 
sombríos parecen tomar el colorido de la región cercana, cu- 
yos recuerdos se internan más hondamente en la noche de 
los siglos : hay algo allí de más feudal, algo de propiamente 
godo donde apenas se reconocen vestigios de la vivacidad me- * 
ridional y de la molicie agarena, perfectamente caracterizado 
por las construcciones bizantinas del siglo xii. En aquel tiempo 
ñorecfa Atienza entre los pueblos fronterizos, y todavía retiene 
el sello de su época, situada como está en la &lda oriental de 
un cerro y al abrigo de un castillo, del cual parten tres líneas 
de muralla, atravesando unas por medio de la población, y otras 
cercándola por fuera, flanqueadas de torres y guarnecidas de 
cubos sus puertas. Seis parroquias cuenta aún hoy día, catorce 



l62 GUADALAJARA 



contaba antiguamente (i) ; y aunque unas por pequeñas, otras 
por renovadas en el siglo xvi, no merecen detenido examen, sus 
altas torres de piedra y la casa gótica del Cordón y los sombríos 
soportales de la plaza hablan á la fantasía como testigos de lo 
pasado. Corría el siglo ix, y ya la fuerte Atincia^ cuyo nombre 
entre los romanos si es que lo tuvo se ignora, fué tomada por 
Alfonso III en una de sus aventuradas excursiones; en 985, vol- 
viendo de la asolada Galicia el terrible Almanzor, la castigó ñe- 
ramente por haberse levantado, ora fuese sacudiendo el yugo de 
los sarracenos, ora tomando parte en sus discordias intestinas. 
En 1012 la libertó pasajeramente el conde Sancho García; 
en 1083 siseguró su conquista Alfonso VI, aunque la tradición la 
hace teatro de los triunfos del Cid contra los moros valencianos 
que acudieron á socorrerla. No há muchos años que sus recue- 
ros recordaban con una solemne cabalgata el servicio prestado 
á Alfonso VIII en su menor edad, cuando para librarle de las 
manos del rey de León, su tío, le acogió la villa en 1161 bajo 
el amparo de su fortaleza, y secundando el celo de los Laras, 
supieron sus naturales conducirle hasta Avila sin tocar en po- 
blado. Los fueros de Atienza remontan á la primera mitad del 
siglo XII ; sus términos, celebrados por su copiosa caza en los 
viejos libros de montería, se extendían á gran distancia ; gozaba 
de voto en cortes; sus armas eran las mismas que las reales; y 
su pendón concejil brilló en el gran combate de las Navas y en 
la toma de Algeciras. En 1367 se declaró por D. Enrique con- 
tra D. Pedro, y ofreciéronla á Duguesclin casi á un tiempo los 



(i) Las subsistentes son la Trinidad, el Salvador, San Juan, que es la más es- 
paciosa y de tres naves, situada entre dos plazas, San Bartolomé, San Gil y Santa 
María, que, según tradición, es la más antigua: las destruidas son San Esteban, San 
Martín, Santiago, San Nicolás el alto, San Miguel, San Pedro, San Nicolás de Cova- 
rrubias y Nuestra Señora del Val. Existían además en Atienza dos conventos, de 
San Francisco y de San Antonio, y permanece un espacioso hospital, al cual se 
han agregado otros varios. En el distrito de Atienza y sierra de Alto-rey hubo un 
convento de templarios, cuya iglesia reedificada en el último siglo es hoy ermita 
de gran devoción, conservándose la casa del maestre en el vecino pueblo de Bus- 
tares. 



GUADALAJARA 163 



dos competidores, el uno para obtener su libertad en Montiel, 
el otro para recompensarle de su cooperación al fratricidio. 

* En las desastrosas luchas de D. Juan de Navarra contra 
D.Juan II de Castilla, que impropiamente llamaron de los Infan- 
tes de Aragón hasta en los cantos populares, Atienza y Torija, 
en poder del entrometido y turbulento navarro, fueron el azote, 
Torija de la Alcarria, Atienza de la Campiña. 

* Derrotado en Olmedo el rey de Navarra por D. Alvaro 
de Luna, dejó aquél por alcaide del fuerte castillo de Atienza y 
su bien murada villa, á Rodrigo de Rebolledo, valeroso y arris- 
cado caudillo de aguerrida y no escasa guarnición. Para abaste- 
cerlas de lo necesario saqueó las villas y aldeas inmediatas, que 
en su ira acudieron al monarca con quejas, súplicas y ofertas. 
Desde Berlanga vino el rey D. Juan II con su favorito D. Alva- 
ro, poniendo su campo al pié del muro, de tal modo, que las 
piedras de los sitiados herían á los del real. Pensó el rey tomarla 
de rebato, pero fracasaron sus asaltos. 

* Reforzado su ejército con más numerosa hueste, bom- 
bardas y otros aprestos militares, logró apoderarse del arrabal, 
no sin que el maestre de Santiago, D. Alvaro, expusiera su 
libertad y aun su vida ; pues llegando á la puerta de la villa con 
sólo cuatro soldados, vióse preso, llegando uno de los sitiados 
á coger las riendas de su caballo, librándose á duras penas des- 
pués de cortar el brazo con su tajante espada al que sujetaba su 
caballo. 

* Por conciertos con el de Navarra entró D. Juan en la 
villa, mas no en el castillo. Uno y otro monarca se acusaron de 
mala fe, y después de estar allí ocho días, el de Castilla salió 
de la población el 20 de Agosto de 1 446, no sin haber derro- 
cado casas y muros, y pegado fuego á la villa, que mucho tardó 
en reponerse de tamaño estrago. 




CAPITULO XI 

SlgQeiua. — La catedral 



*Y~\ ESCANSO á tan larga excursión por villas y lugares, donde 
"^^ las memorias suplen por las bellezas, donde el artista calla 
para escuchar al historiador, nos ofrece por fín á la sombra de su 
magnífíca catedral la episcopal ciudad de Sigüenza, que coloca- 



l66 GUADALAJARA 



da en el lindero de las dos Castillas, extiende casi por igual so- 
bre una y otra provincia los límites de su diócesis. Su historia 
pasada y su importancia presente, su gobierno civil y sus monu- 
mentos eclesiásticos, todo se reasume en la augusta silla que 
ocupaba á la vez el prelado como señor temporal y como pastor 
de las almas. Á media legua de sus muros, en el sitio llamada 
Villavieja, existió la antigua Segoncia ó Sag^ncia, fundada, á lo 
que suponen, por colonos griegos ó fugitivos de Sagunto (i), 
cuya reducción á la actual Sigüenza, entre las varías de aquel 
nombre^ comprueban las distancias del itinerario de Antonino; 
pero tampoco han quedado de ella más noticias que los nombres 
de sus obispos en la época goda (2), y la mención harto confusa 
de la victoria que en sus cercanías consiguieron los caudillos del 
rey Witerico á príncipios del siglo vii contra las agonizantes 
fuerzas del imperio romano en la península. Sometida por Tarík 
en su tránsito de las riberas del Tajo á las del Ebro, la vemos 
nombrada á la vez por los sarracenos Segoncia ó Secunda; y en 
las sangrientas guerras que precedieron al establecimiento de 
los Omíadas en España, figura como residencia del poderoso 
Samail, valí de Toledo, jefe de la facción egipcia, y principal 



(1) Esta hipótesis inadmisible no tiene más fundamento que la aparente eti- 
mología, aunque en apoyo de ella se suponen algunas lápidas descubiertas junto 
á la ermita de los Huertos y en el sitio de Villavieja, cuyo estilo y singulares abre- 
viaturas bastan para demostrarlas apócrifas, una de las cuales caprichosamente 
interpretada decía: Hic fuit civiias Seguntina Magna a Groecis /undata, ¿I Cipione 
Africano vastata, quam parvum /lumen médium irrigat. Escriben algunos eruditos 
que las ruinas de Villavieja indicaban una población considerable, y que entre 
ellas se encontraban monedas romanas, piedras, vasijas, etc. Además de esta Se- 
goncia, que por sü situación se cree ser la misma que dominó Tolomeo Setorlia 
Lacia^ había otra en la Bética entre los turdetanos, llamada hoy Gisgonza, y otra 
á cuatro leguas de Zaragoza que se reduce á Epila, disputando los eruditos á cuál 
de ellas deba referirse la mención que hace de dicha ciudad Tito Livio, hablando 
de la guerra del cónsul Catón con los celtiberos. 

(2) Dejando á un lado las fábulas de los supuestos cronicones, que suponen 
obispo de Sigüenza á San Sacerdote, que lo fué de Limoges en Francia, y formando 
el catálogo de los prelados segoncienses sobre las actas de los concilios toledanos^ 
consta que al III asistió Protógenes de 589 á 6io; al IV, V y VI Ildisclo de 63^ 
á 638; del VII al X de 646 á 56, Widcrico; al XI en 675, Egica; al XII, XIII y XIV 
de 681 á 84, Ela; al XV y XVI de 688 á 693, Gunderico, el mismo acaso que ocu- 
pó más tarde la silla primada de Toledo. 



GUADALAJARA I&7 

sostén del gobernador Yusuf el Fehri. Allí en su magníñco pa- 
lacio ofreció el valí pérfida hospitalidad á su enemigo Amer-ben- 
Amrú, quien advertido de la traición durante la cena por los 
alaridos de su comitiva bárbaramente degollada en el patio, se 
le escapó abriéndose paso con la espada ; allí mismo fué preso 
Samail en 759 de orden del primer califa Abderramán, temero- 
so éste de su inquieta ambición y poco confiado en su aparente 
sosiego. 

En el siglo ix subsistía Segoncia, tolerada por los sarrace- 
nos su numerosa cristiandad, y era su obispo el prudentísimo 
Sísemundo cuando la visitó de paso San Eulogio ; pero sin duda 
en posteriores tiempos decayó mucho de su rango, ó se despo- 
bló enteramente, pues su nombre no aparece más en las cróni- 
cas, ni suena aun entre las conquistas de Alfonso VI, que sometió 
toda la comarca. La historia de su restauración es oscurísima, 
pues si bien noticias más recientes la atribuyen al rey citado por 
los años de 1 102 al 1 106, ora recayese en poder de los maho- 
metanos, ora fuese repoblándose lentamente, hasta veinte años 
más tarde no se reanuda la serie de sus prelados en D. Bernar- 
do, natural de Agen, traído de Francia y formado en Toledo 
por el famoso arzobispo de su mismo nombre (i). Para remediar 



(i) En X $98, trasladado á su actual sitio el sepulcro de D. Bernardo con mo- 
tivo de la obra del trasaltar, se le puso el epitafio que extractado dice : «Aquí yace 
D. Bernardo, natural de la ciudad de Aguino en Francia ; fué capiscol de Toledo y 
primer obispo de Sigttenza; ennobleció y cercó esta ciudad, reedificó y bendijo 
esta iglesia en el dia de S. Esteban de 1 1 23, instituyó en ella canónigos reglares, 
é hízoles donación de los diezmos de esta ciudad... En esta era toda la tierra de la 
otra parte del Tajo estaba ocupada por los moros, y por tradición antigua se refie- 
re que este prelado fué á la guerra, y dejó ordenado que si en ella muriese le tra- 
jesen á esta iglesia y en ella le enterrasen en la forma que le hallasen muerto. Fa- 
llesció siendo electo arzobispo de Santiago, año de 1141. Hallóse en su antiguo 
sepulcro la cabeza al oriente, y de la misma manera se trasladó y se puso aquí en 
el año de i 5 98...» Varios documentos de este obispo, que cita Pellicer, posteriores 
al año 1 143, y la vacante de la silla de Santiago que no ocurrió hasta 1152 por 
muerte de D. Diego Gelmírez, demuestran que D. Bernardo falleció mucho des- 
pués de la fecha que designa el epitafio. Su nombre figura por primera vez en 112a 
en un privilegio dado á la catedral de Segovia, y algunos aseguran que su nom- 
bramiento precedió á la toma de Sigüenza. Añádese con efecto que fué ganada en 
3 a de Enero de 1 123, día de San Vicente, después de porfiado combate, en que 



l68 GUADALAJARA 



la necesidad de aquella iglesia, por cuatrocientos y más años des^ 
truida de raíz ^ según expresión de los privilegios, concedióle la 
reina Urraca, en i.° de Febrero de 1124, I21 décima parte de 
todo el portazgo ; y en 1 4 de Marzo de 1 1 40, hallándose en 
Atienza Alfonso VII, hizo donación al obispo y cabildo de los 
nuevos pobladores que se habían establecido cerca de la iglesia, 
con sus casas y heredades, otorgando permiso de avecindamien- 
to á cien familias más, y dándoles el fuero de Medinaceli. De ahí 
aparece que la catedral se fijó desde luego en su actual sitio, 
inaugurando la nueva población, mientras que la vieja, reducida 
á aldea de Medina, fué perdiendo ya su corto vecindario ; y estas 
dos partes ó barrios de Sigüenza, dispuso el monarca en 1 146, 
que formasen un solo concejo y se rigieran por un fuero mismo, 
al trocar con el obispo el señorío de ella por los lugares de Ca- 
racena y Alcubilla. La tenencia del castillo, la percepción de 
rentas é impuestos (i), el nombramiento de alcaldes y jurados 
y demás oficios concejiles (2), fueron desde entonces atribucio- 



tres veces fué perdida y otras tantas recobrada, en memoria de lo cual se erigió 
una parroquia.á dicho santo, é iba á ella anualmente el cabildo en procesión ; mas 
no acertamos con qué fundamento afirmó Gil González Dávila, después de referir 
todo esto, que la iglesia fué ya consagrada en 19 de Junio de 1 1 02. Es error tam- 
bién que Alfonso VI diera la ciudad y su tierra al primer arzobispo de Toledo, y 
que éste la transmitiera luego al obispo D. Bernardo, el cual como atestiguan los 
documentos, no la recibió sino directamente de Alfonso VII, y en celebridad de 
esto se hacia otra procesión en la fiesta de Epifanía. Hizo D. Bernardo un convenio 
con el obispo de Zaragoza D. García, acerca de Daroca y sus términos por aquel 
tiempo reconquistados, que al parecer pertenecían antiguamente á la diócesis 
Segontina^ 

(i) Los mencionados en antiguas escrituras son : el pecho forero de dos mara- 
vedís y un sueldo viejo cada año por San xMiguel, el portazgo mitad para el obispo 
mitad para el cabildo, de las caloñas ( penas pecuniarias ), un tercio para el obis- 
po, otro para el querelloso y otro para los alcaldes, y la renta de la camecería, 
almudes y peso que era toda para el obispo. 

(2; Algunas condiciones á este derecho parece imponer el rey Alfonso XI en 
su sentencia dada á 6 de Enero de 1331, prescribiendo que los alcaldes, jurados 
y demás oficiales, que deben poner en Sigüenza el obispo y sus sucesores, que 
sean omes buenos e vecinos de Sigüenza e abonados, e non sean de su casa ni sus 
criados, e que usen de sus oficios bien e lealmente ; e que no prendan ni maten á 
ninguno por mandado del obispo, mas los alcaldes que cumplan de derecho á los 
querellosos e hagan justicia según fuero e derecho, e si así no lo ficieren que el 
rey ó reyes se puedan tornar á ellos por ello asi como á los otros alcaldes e oficia- 
les ; e que sean puestos de cada año porque los omes buenos de la dicha cibdad 



GUADALAJARA 1 69 



nes del prelado, única autoridad en la cual se refundieron todos 
los poderes. 

A Bernardo, tras de su largo episcopado, sucedió Pedro, y 
á éste Cerebruno, que viendo la población de la vieja Sigüenza 
transmigrada ya enteramente á la nueva, erigió en ésta las dos 
parroquias de Santiago y San Vicente (i) y dio principio, según 
parece, á la fábrica de la presente catedral. Después de éstos 
ciñeron la mitra el inglés Jocelino que asistió con el rey á la 
toma de Cuenca, Arderico trasladado á Falencia, el santo abad 
de Huerta Martín de Hinojosa que renunció su dignidad en 1 192 
para volver al monasterio, y su inmediato sucesor Rodrigo, de 
largo y glorioso pontificado (2). Ilustres prelados en los siglos 
posteriores gobernaron aquella iglesia, vasta por su jurisdicción, 
riquísima por sus productos : muchos vistieron la púrpura car- 
denalicia, los más fueron desde allí promovidos á las principales 
sillas metropolitanas, y algunos por este simple obispado abdi* 
carón la dignidad arzobispal (3). 



ayan comunalmente parte en los oficios. Otrosí que los de Sigüenza deben ir á las 
mis cortes cuando yo las mandare facer ; otrosí que deben facer homenage á mí e 
á los reyes que vinieren por tiempo e á los sus fijos; porque, añade, después de 
varias pesquisas fallo que el señorío de dicha cibdad pcrtenesce á mí y es mió, 
como el de los otros lugares de abadengo.» En las sede-vacantes ejercía la autori- 
dad temporal el corregidor de Atienza y Molina como lugares más próximos de 
realengo. Conservaron los obispos este derecho de nombrar los alcaldes, hasta 
que el Sr. Guerra lo cedió á S. M. hacia el año de 1 790. 

. (i) Consta por antiguas memorias que dicho obispo, con beneplácito del ca* 
bildo, otorgó en el claustro de Santa María la Vieja que los hijos de moradores de 
Sigüenza, promovidos á las sagradas órdenes, percibieran porciones íntegras en 
las dos nuevas parroquias ; y en la de Santiago pusieron luego los canónigos un 
capellán suyo y lo percibían todo por entero, á excepción de la tercera parte de los 
diezmos, reservada primero al concejo y luego destinada á la obra de los muros. 
Á San Vicente se trasladaron los clérigos de Santa Cruz, iglesia que en tiempo del 
anterior obispo se había construido en la nueva puebla. En la vieja existieron al 
principio otras dos iglesias. 

(2) Aunque expresa el cronicón de Coímbra que en la derrota de Alarcos mu- 
rieron los obispos de Avila, Segovia y Sigüenza, hay que poner en duda respecto 
del último la exactitud de esta noticia, pues las memorias del obispo Rodrigo, 
distinto de su contemporáneo el de Toledo, alcanzan desde el año 1192 hasta 
el I 23 1. 

(3) En vista de las notorias inexactitudes y contradicciones en que abunda 
el catálogo de los obispos de Sigüenza, publicado por Gil González Dávila, y que 

aa 



lyO G. UADALAJARA 



£1 inquieto reinado de Sancho IV y las azarosas menorías 
de Fernando IV y Alfonso XI, hicieron la diócesis teatro de obs- 
tinadas guerras con los infantes de Lacerda y con D. Juan Nú- 
ñez de Lara, exponiéndola á los embates del frontero y enemigo 



no logró rectificar completamente el del canónigo Renales, emprendió el deán 
D. Diego Chantos, hacia 1800, la difícil tarea de rehacerlo mediante un escrupu- 
loso examen de los documentos y memorias de aquel archivo; cuyo trabajo, com- 
pletado á petición nuestra con particular laboriosidad y criterio por el Sr. D. Ro- 
mán Andrés, á quien nos confesamos deudores de este obsequio, extractamos á 
continuación en gracia de la brevedad. 

D. Bernardo, primer obispo después de la conquista, floreció desde 112a has- 
ta 1 1 $ I.— D. Pedro, hasta 1 1 56.— D. Cerebruno, trasladado á Toledo en 1 167. — 
D. Joscelino, de 1 169 á 1 180.—D. Arderico, trasladado á Falencia en i 184.— Don 
Gonzalo.— Fray Martín de Hinojosa, de 1 185 á 1 192.— D. Rodrigo, hasta 1221. — 
D.Lope, hasta 1237.— D. Fernando, de 1239 ^ 1250.— D. Pedro, hasta 1259,7 
vacó la silla hasta 1262.— D. Andrés, hasta 1 268. — D. Lope, hasta 127 1.— D. Mar* 
tín, después de larga vacante, de 1 276 á i 278.— D. Gonzalo, hasta 1 282, vacando 
la silla de 128$ á 1288.— D. García, de 1291 á 1299.— D. Gonzalo.— D. Simón Gi- 
rón de Cisneros, de I 300 hasta 1327; bajo su pontificado en 1301 se secularizó 
la iglesia de Sigüenza.— D. Arnaldo.— Fray Alonso, de i 329 á i 342.— D. Gonzalo 
de Aguilar, trasladado á Toledo en 1348.— D. Pedro Gómez Barroso, renuncia 
en I 361.- D.Juan García Manrique, trasladado á Santiago en 1382.— D. Juan de 
Logroño.— D. Lope de Villalobos, de 1383 á 1388.— D. Juan Serrano, de 1390 
á 1402.— D. Juan de Illescas, de 1404 a 141 $.—D. Juan González Grajal, en 1416. 
—Fray Alonso Arguello, trasladado á Zaragoza en 1419.— D. Pedro de Fonseca^ 
cardenal, como administrador perpetuo del obispado, hasta 1422.— D. Alonso Ca- 
rrillo, cardenal de San Eustaquio, como administrador, hasta 1434.— D. Alonso 
Carrillo de Acuña, trasladado á Toledo en 1446.— D. Gonzalo de Santa María, mu- 
rió en 1448. — D. Fernando Lujan, m. en 1465.— D. Juan de Mella, cardenal, murió 
sin tomar posesión en 1467.— D. Pedro González de Mendoza, gran cardenal de 
España, m. en 1495.— D. Bernardino de Caravajal, cardenal, desposeído en 1 5 1 1. 
— D. Fadriquede Portugal, trasladado á Zaragoza en i 5 3 2.— D. fr. García de Loaisa, 
cardenal, trasladado á Sevilla en i 540.— D. Fernando de Valdés, cardenal, trasla- 
dado á Sevilla en 1 $46.~D. Fernando Niño de Guevara, antes arzobispo de Grana- 
da, m. en 1 5 $2.— D. Pedro Pacheco, cardenal, m. en i 560.— D. Francisco Manrique 
de Lara, m. en el mismo año.— D. Pedro de la Gasea, m. en i 567.— D. Diego de 
Espinosa, cardenal, m. en 1572.— D.Juan Manuel, renunció en 1 «579.— D. fr. Lo- 
renzo de Figueroa, dominico, m. en i6o5.~D. fr. Mateo de Burgos, franciscanOf 
m. en 1611.— D. Antonio Venegas, m. en 1614.— D. Sancho Dávila, trasladado á 
Plasencia en 1622. — D. Francisco de Mendoza, que antes fué almirante, m. antes 
de llegar á su diócesis en 1623.— D. fr. Pedro González de Mendoza, franciscano^ 
antes arzobispo de Granada, m. en 1639.— D. Fernando Valdés, m. en id.— D. Fer- 
nando Andrade, traslado á Santiago en i64S*— D. fr. Pedro de Tapia, dominico^ 
trasladado á Sevilla.— D. Bartolomé Santos Risoba, m. en 1657.— D. Antonio de 
Luna, m. en 1661.— D. Andrés Bravo, m. en 1668.— D. Frutos de Ayala y Patón, 
m. en 167 1.— D. fr. Pedro Godoy, dominico, m. en 1677.— D. fr. Tomás Carbonell, 
dominico, m. en 1 692.— D. Juan Grande Santos de S. Pedro, m. en 1 697.— D. Fran- 
cisco Alvarez de Quiñones, m. en 1710.— D. Franciscp Rodríguez de Mendaroz- 
queta, m. en 1732.— D. Juan de Herrera, m. en 1725.— D. fr. José García, muerto 



GUADALAJARA 171 



reino de Aragón. En una noche de 1 297 ciertos caballeros de 
Lacerda, parte por traición, parte por sorpresa, escalaron el cas- 
tillo de Sigüenza, que era á la vez palacio del obispo D. García; 
refugióse éste á la catedral, acudieron al rumor los ciudadanos^ 
y con piedras y dardos y fuego, aplicado á las puertas del alcá- 
zar, desalojaron de él á los invasores y les obligaron á vergon- 
zosa fuga (i). En 1355, reinando el cruel D. Pedro, gimió por 
algún tiempo prisionera en aquel castillo la inocente reina Doña 
Blanca de Borbón, arrancada de su asilo de Toledo; y al obispo 
D. Pedro Gómez Barroso, sabio jurista y después cardenal, le 
costó su piedad hacia la víctima dura prisión y prolongado des- 
tierro, debiendo su libertad á la mediación del Pontífice. Dentro 
de sus muros se atrincheró más tarde, en 1465, un temerario 
deán, Diego López de Madrid, arrogándose la dignidad episco- 
pal como presentado por el cabildo, y resistiéndose sucesiva- 
mente á reconocer al cardenal D. Juan de Mella y á D. Pedro 
González de Mendoza : años enteros duró su pertinacia sosteni- 



en I 749.— D. Francisco Santos Bullón, trasladado á Burgos en 1 761.— D. José de 
la Cuesta, m. en 176H.— D. Francisco Delgado, trasladado á Sevilla en 1776.— 
D. Juan Díaz de la Guerra, m. en 1 800.— D. Pedro Inocencio Vejarano, m. en 1 8 1 8. 
— D. Manuel Fraile, m. en 1837. -D. Joaquín Fernández Cortina, desde 1848. 

* Por defunción del Sr. Cortina en el mismo año 48 le sucedió D. Francisco 
de Paula Benavides y Navarrete, caballero de la Orden de Santiago. Promovido 
éste al Patriarcado de Indias en 1875 le sucedió D.Manuel Gómez Salazar, consa- 
grado en 1876. Trasladado éste á Málaga en 1879, le sucedió en la mitra de Si- 
güenza, en aquel mismo año, D. Antonio Ochoa y Arenas, actual obispo de Sigüenza. 

Téngase este catálogo presente para completar la noticia del obispo Andrés, de 
que se carecía al redactar la nota 2.* de la página 145 y del cual existe memoria 
jsn varios documentos de la iglesia de Sigüenza desde el año 126a al de i 268. 

(1) De este heroico hecho hace mención el rey Fernando IV en el privilegio 
que les concedió desde Valladolid á 18 de Mayo de i 297, y que después confirmó 
é hizo perpetuo en i 308 á ruego del obispo D. Simón : «Por fazer bien e merced, 
dice, á vos el concejo de Sigüenza, señaladamente por servicio que fiziestes quan- 
do García López de Trillo e Johan García e Alfonso López, sus hermanos, con gente 
de don Alfonso, fijo del infante D. Ferrando, sitiaron el castiello de hi de Sigüen- 
za, por quanto parastes muy bien á amparar vuestra villa para mió servicio, e co- 
brastes el castiello, e los echastes ende por fuerza de armas; tengo por bien de vos 
quitar d'aquí adelante para cada año mil dozientos mrs. de esta nueva moneda que 
agora mando labrar que facen dos dineros el maravedí, de los mrs. que vos cabio 
£n vuestra parte de los cuatro mil ochocientos mrs. que vos e los de la Riba me 
avedes á dar cada año por razón del privilegio.» La crónica del citado rey refiere 
este suceso al año 1 299, dos años más tarde. 



172 GUADALAJARA 



da por el bando de los magnates rebeldes á Enrique IV, hasta 
que Pedro de Almazán, castellano de Atienza, penetrando de 
noche en el alcázar por medio de secretos tratos, se llevó pre- 
sos al deán y á sus secuaces. £1 gran cardenal Mendoza gozó la 
mitra de Sigüenza juntamente con la de Toledo, hasta su muerte 
en 1495; su sucesor en la primera, el cardenal D. Bernardino 
de Carvajal, la perdió en 1 5 1 1 , declarado cismático por Julio II 
como uno de los promotores del conciliábulo de Pisa. Obtuvié- 
ronla después insignes purpurados, fray García de Loaisa, Don 
Fernando Valdes, D. Pedro Pacheco, D. Diego de Espinosa, y 
otros varones por saber ó por nobleza eminentes ; mas no por 
esto fué más ruidosa la historia civil de Sigüenza, si por aconte- 
cimientos no se toman el establecimiento del tribunal de la in- 
quisición á fines del siglo xv, trasladado poco después á Cuenca, 
alguna leve inquietud suscitada por las comunidades de Casti- 
lla, y la permanencia del Archiduque pretendiente desde el 1 2 
al 16 de Setiembre de 17 10 con harto disgusto de sus habi- 
tantes. 

Hállase Sigüenza fundada entre áridas colinas que la ocultan 
á la vista del ya cercano viajero, tendida de levante á poniente 
en el declive de una loma, bañada de este último lado por el mo- 
desto Henares, que fecundiza su vega, y defendida al norte por 
un barranco á cuyo pié florecen huertas deleitosas. Al poniente 
y al sur ha rebosado la población de su primer recinto, dejando 
de pié é incrustada en sus edificios la fuerte cerca de sus mura- 
llas, y metidas en lo interior, á la entrada de angostas calles, sus 
antiguas puertas, sombrías y flanqueadas de torreones. Descue- 
lla en la cúspide de la ciudad el imponente castillo, destinado 
desde remotos tiempos á palacio de los obispos sus señores, é 
inutilizado últimamente por los estragos de la guerra, que á gran 
costa va reparando el celo de su actual prelado ; á su ruina ha- 
bía precedido por dentro el estrago de las renovaciones, respe- 
tando sólo, no sin blanquear alguna, sus robustas y almenadas 
torres, una de las cuales encierra el gabinete, adornado más tar- 



GUADAL AJARA I73 



de con labores del renacimiento, que bañaría con sus lágrimas, 
mas no con su sangre, según falsa tradición, la infortunada reina 
D.^ Blanca. Otra prisión más siniestra aguardábala en Medina- 
Sidonia para recibir su lamentable holocausto. 

Las pendientes calles y tortuosas travesías de la ciudad 
alta, y lo general del caserío, aun cuando desnudo de arquitec- 
tónicos detalles, opaco y severo, le imprimen un grave sello de 
antigüedad, que nada envuelve de mísero ni de ruinoso. Al re- 
dedor de San Vicente nótanse casas de remotísima fecha, cuyos 
arcos semicirculares parecen los unos remontarse al género bi- 
zantino, los otros tocar ya al renacimiento, con molduras de 
perlas en los tres cuerpos del edificio. No lejos de allí se forma 
una irregular plazuela cercada de soportales, en la cual estuvo 
la antigua casa del consistorio ; y la cuadrada torre del ángulo 
lleva escrito su destino en el confuso letrero del cual solamente 
se lee : esta cárcel... acabó año de 1573. Más abajo en desierta 
calle está el hospital de San Mateo erigido en 1445, avanzando 
sobre la sencilla ojiva de su portal y el escudo y memoria del 
fundador un labrado cobertizo (i); pero sobre todo en la espa- 
ciosa plaza de la catedral abundan las fachadas de la decaden- 
cia gótica ó platerescas, levantadas sobre arqueado pórtico, y 
&brícadas en su mayor parte por el opulento cabildo. Entre 
ellas se distingue la del ayuntamiento, marcada con el escudo 
de la ciudad, en el cual figuran un castillo sobre peftas y un 
águila coronada con un hueso entre las uñas. 

Más nuevo y desahogado aspecto presenta la parte baja de 
la población, compuesta de uniformes manzanas, que á fines del 
pasado siglo hizo levantar el obispo D. Juan Díaz de la Guerra, 
y cuya propiedad cedió generosamente al hospital. Una grata y 
frondosa alameda, cercada de boj y rosales, tiende allí sus um- 
brías calles á las márgenes del río, bordando la opuesta orilla 



(1) Al escudo de armas acompaña la inscripción siguiente : «Este ospital man- 
dó fazer el venerable Sr. D. Mateo Sánchez, bachiller en decretos, chantre de Si- 
güenza, e dexó propios para él ; fué natural de Monreal de Hariza.» 



174 GUADALAJARA 



huertos amenísimos al pié de eriales cuestas. De ellos toma su 
nombre la antigua ermita de Nuestra Señora, que á un lado del 
paseo ostenta su portada del renacimiento y el flanco de su lar- 
ga nave^ cuyos estribos adornan en vez de botareles toscas 
figuras, y cuya fábrica del siglo xvi no fué sino reedificación de 
otra, que según tradiciones sirvió interinamente de catedral (i). 
Varios templos y edificios rodean aquel sitio espacioso, por don- 
de principió á remozarse Siguenza: el Humilladero, pequeña 
ermita gótica contemporánea de la de los Huertos, el churrigue- 
resco convento de Franciscanos con su convexa fachada, el mo- 
derno de Ursulinas, antes casa de los infantes de coro, el hos- 
picio y el cuartel de milicias, obras ambas episcopales, construido 
aquel por el Sr. Cuesta en 1768 y éste por el Sr. Vejarano al 
empezar el corriente siglo ; más adelante el renovado colegio de 
Jerónimos y el contiguo de San Antonio fundado para trece co- 
legiales en 1477 po^ el arcediano de Almazán Juan López de 
Medina, criado del cardenal Mendoza, en los cuales residió uni 
versidad de estudios por más de tres siglos ; y en el centro del 
arrabal la nueva parroquia de Santa María erigida á expensas 
de un obispo en la presente centuria (2). 

Pero las parroquias primitivas de Santiago y San Vicente 
conservan su monumental carácter en armonía con el de la an- 
tigua ciudad : paredones denegridos, torres bajas y gruesas, por- 
tadas de arcos semicirculares en degradación, esculpidos con 
estrellas, tableros y éntrelazos, sostenidos ya por seis ya por 



(i) Compruébalo el ser propiedad antigua del cabildo, el cual se mostró de 
ella tan celoso que se negó á cederla é los jesuítas para la fundación de un colegio. 
Atribuyese no sabemos si su fundación ó su restauración al deán D. Clemente, y 
fué insigne bienhechor suyo Juan Martínez de Guriczo, cuya estatua se colocó so- 
bre la cornisa á la entrada de la capilla' mayor, representándole de rodillas con un 
bolsón en la mano, y el nombre de maese Juan escrito en la repisa, expresándose 
en el epitafio de su losa : «que fué vezino desta cibdad, el qual dexó doctadas en 
esta hermita doze missas, las onze rezadas, y la una cantada con sus vísperas, y 
un responso en el fin de cada missa, y dexó para ello á los Sres. deán y cabildo 
'dos mil maravedís de renta.» 

* (2) Fué este D. Manuel Fraile y García, cuyas entrañas se enterraron en aquel 
templo y su cuerpo en la Catedral. 



GUADALAJARA I75 



tres columnas á cada lado con capiteles de tosco follaje ; en el 
testero de la de San Vicente una estatua gótica de la Virgen 
bajo afiligranado doselete, en el de la portada de Santiago un 
busto del apóstol de escultura más adelantada. Una y otra ca- 
pilla mayor f de cuadrada forma, apoya el arco ojivo de su en- 
trada sobre pareadas columnas bizantinas, y los cruzados arcos 
de su bóveda sobre otras semejantes en los ángulos colocadas ; 
en sus muros laterales ábrense rosetones ó ventanas de medio 
punto flanqueadas también de columnitas, y en la parte inferior 
de ellos nótanse vestigios de hornacinas sepulcrales. Las naves 
de ambas iglesias han sufrido restauración, especialmente la de 
Santiago, que agregada desde el siglo xvi al convento de mon- 
jas franciscas y cesando en su parroquial destino, sin duda por 
aquel tiempo revistió su bóveda de crucería. Á la derecha yace 
el fundador del convento D. Francisco de VillanuAo, arcediano 
de Soria, cuya tendida estatua en traje sacerdotal cobija un ni- 
cho plateresco (i). 

Como rival del castillo en fortaleza, y en magnitud harto 
superior, levántase la catedral en la falda de la colina, presen- 
tando hacia dos plazas descubierta de frente y de costado su fá- 
brica majestuosa ; [perspectiva incomparable para la vista que 
desde el ángulo la abarca ! Á los lados de la fachada írguen- 
se á notable altura dos cuadradas y macizas torres, sin más 
adorno que sus cordones horizontales y sus irregulares y adus* 



(i) «Aquí yace sepultado, dice en caracteres góticos la inscripción, el muy no- 
ble e muy reverendo Sr. D. Francisco de Villanuño, arcediano que fué de Soria en 
la iglesia de Osma y canónigo de la iglesia de Sigüenza, falleció en el Burgo de 
Osma á XXVIII de marzo MDXXXV. Dexó por su heredero á este monasterio de 
Santiago que fué casa de los muy nobles Sres. D* Diego de Villanuño e D.* Catali- 
na de Sant Clemente, sus padres ; mandóse sepultar junto á este altar de nuestra 
Señora donde en su vida por su devoción eligió su sepultura : el qual juntamente 
eon el muy noble e muy reverendo Sr. D. Juan de Villanuño, su hermano y ante- 
cesor y arcediano de Soria, y las muy muy nobles y devotas Sras. D.* María e 
D.' Catalina de Villanuño, sus hermanas, abbadesa e priora de este monasterio, 
fundaron, dotaron y edificaron esta casa á gloria de Dios. Requiescant in i>ace.T» La 
casa de los Villanuño unida á la iglesia de Santiago es la que entonces se trans- 
formó en convento. 



176 GUADALAJARA 



tas ventanas y su corona de almenas, terminadas en gruesas 
bolas á semejanza de perlas ; y nadie, al observar su estructura 
y colorido, dejaría de suponerlas gemelas en antigüedad, á pe- 
sar que la izquierda declara expresamente su data de 1533, 
mostrando el escudo y nombre del obispo D. Fadrique de Por- 
tugal. Márcase en la fachada la distribución interior del templo, 
correspondiendo á la división de sus tres naves dos fuertes y 
desnudos estribos, y á la forma y respectiva altura de sus bóve- 
das tres arcadas ojivas, apoyadas sobre los bizantinos capiteles 
de elevadas columnas cilindricas, y orlada la del centro con mol- 
duras de aquel estilo. Debajo de estas arcadas enñlan las naves 
de la basílica, para bañarlas de luz, en los compartimientos la- 
terales dos rasgadas ventanas de medio punto, decoradas con 
el rico ornamento bizantino bien que maltratadas por el tiempo, 
y en el central un grandioso rosetón bordado de análogas labo- 
res con breves columnitas en vez de radios. En las tres porta- 
das, que separan los estribos, triunfa también et severo semicír- 
culo, disminuyendo gradualmente á medida que ahonda el muro, y 
descansando sobre columnas con capiteles de follaje, que en la 
del medio como más profunda no son menos de diez y seis por 
lado, interpoladas grandes con pequeñas ; pero una bárbara ma« 
no, ó por necio escrúpulo ó por destructor capricho, picó los 
adornos y esculturas que cubrían los arquivoltos, y únicamente 
los de la portada izquierda conservan sus dibujos de lindas ho- 
jas y lazos para hacer lamentar la desaparición de los restantes. 
Mal indemnizan de semejante pérdida el incongruo remate mo- 
dernamente sobrepuesto á la portada principal para acomodar 
un bajo relieve de la aparición de la Virgen á San Ildefonso, y 
la balaustrada de piedra, costeada por el obispo Herrera á prin- 
cipios del xvni, que de torre á torre corona la fachada; pues 
entre las obras posteriores sólo merece alabanza el atrio espa- 
cioso y enverjado, en cuyos pilares asientan leones y otras figu- 
ras de piedra. 

La pluma y aun el buril, al trazar fríamente las líneas de 



178 GUADALAJARA 



aquel magnífico cuadro, no pueden expresar todos los variados 
juegos de la luz, á medida que sube ó baja, en los numerosos 
ángulos y molduras del edificio, ni las bellísimas inimitables tin- 
tas verdosas y violadas que imprimió en sus robustos sillares la 
huella de seis siglos, ni la animación de la gente, que si bien 
harto reducida en la ciudad, concentra al rededor del inmóvil 
coloso su escaso movimiento. A lo largo del Mercado desplie- 
gan su flanco las naves, cuyos estribos marcan la división de las 
arcadas interiores, descollando la principal como á un tercio de 
altura sobre la menor, y formando ángulo con la primera el de- 
recho brazo del crucero. Distribuyéronse acordadamente ambos 
cuerpos entre sí los dos géneros de arquitectura que concurrie- 
ron á la formación del monumento : pues en el inferior abrió el 
bizantino entre machón y machón una de sus severas ventanas, 
y lo guarneció con doble cornisa de arquería semicircular de be- 
licosa gentileza ; en el superior ensayó el gótico tímidamente sus 
ojivas, subdividiéndolas por medio de columnitas y bordando su 
parte superior con arabescos, sin desprenderse todavía del pri- 
mer estilo, y esculpió cabezas de mascarones en las ménsulas 
del alero. Adorna el frente del crucero un precioso rosetón, cu 
yos calados describen arcos bizantinos ; pero en la parte inferior 
se avanza, turbando la armonía, una moderna y pesadísima por- 
tada á manera de cancel, ceñida de balaustres, como lo está asi- 
mismo la esbelta torrecilla que á su lado se levanta, cuyas anti- 
guas aberturas se tapiaron al renovar su chapitel. Más adelante 
aparecen las agudas ventanas de la capilla de Santa Catalina y 
un pedazo de su ábside ; el de la capilla mayor no se descubre 
sino desde las afueras, asomado al barranco, metidas entre con- 
trafuertes sus prolongadas ojivas. 

Á artífice desconocido debió su erección este monumento 
como casi todos los principales de la Edad media, ni del tiempo 
de su fundación existen otros datos que los que arroja de sí el 
carácter de su arquitectura. Sobre la puerta interior de la torre, 
abierta en el crucero á la derecha, se advierte el venerable sig- 



GUADALAJARA I79 



no del lábaro y escrita la era de MCCVII que corresponde al 
año 1 1 69 : pero si esta piedra no fué allí trasladada de otro si- 
tio, demuestra cuánto tardaron en cerrarse las bóvedas, cuya 
esbelta y bien pronunciada ojiva parece aun admirable para 
construida en los primeros años del siglo xiii. Sus pilares, aun- 
que gruesos, osténtanse ya revestidos de multitud de columni- 
tas, que no bajan de veinte, agrupadas de tres en tres ó parea- 
das, las cuales si bien cilindricas y coronadas con capiteles de 
anchas hojas, se apartan por su ligereza de las proporciones bi- 
zantinas ; y sin embargo, no atreviéndose el arquitecto á prolon- 
garlas sino hasta el arranque de los arcos de comunicación, so- 
brepuso á éste un segundo orden de columnas, que avanzadas 
sobre el capitel de las inferiores y estrechando así la distancia, 
suben á recibir las bóvedas de la nave principal. De estos pila- 
res, algunos á media altura se engalanan con doble capitel, otros 
torneados y macizos, ceñidos de una simple guirnalda ó de aus- 
teros modillones, pudieran ñgurar entre las torres de feudal 
castillo : los de las naves laterales empotrados en el muro se 
componen de haces de columnas como los primeros. ¡Qué gran- 
dioso espectáculo, si imaginamos removido el embarazo del coro 
intermedio, ofrece, vista de frente, aquella doble y gigantesca 
columnata, midiendo de abajo á arriba la prolongada nave, cuya 
elevación, sorprendente respecto de su estrechez, figura como 
dos templos uno al otro sobrepuestos ! Las naves de los la- 
dos, iguales en amplitud á la mayor y en altura muy proporcio- 
nadamente inferiores (i), la acompañan hasta su intersección 
con el crucero, y sus ojivales arcadas de comunicación, á cuatro 
por fila, no disimulan con molduras y boceles el espesor de su 
liso arquivolto: todo respira en el edificio sencilla y grave ma- 
jestad, no enriquecida con posteriores adornos ni con renova- 



(i) Según las medidas que traen Ponz y Ceán Bermúdez, tiene q8 pies de al- 
tura la nave principal y 63 las laterales, la longitud del templo es de ^ 1 3 pies, su 
total anchura de 1 12, y cada uno de sus diez pilares aislados tiene hasta 50 de 
circunferencia. 



G L A D A L A J A R A 



■*' '"•' ■ -^^J"— r' 




Sir.üENzA. —Crucero de la Catedral 



GUADAL AJARA l8l 



clones alterada. Las bóvedas, cuyos arcos cruzados sujeta una 
simple clave, muestran desnudas su gentileza; las ventanas, 
aunque sin vidrios de colores, mantienen íntegra su forma, bi- 
zantina en las naves laterales y gótica en la principal tal como 
aparecen hacia fuera; hasta el colorido de la piedra, oscuro y 
sin afeites, añade dignidad á este venerable monumento de tran- 
sición bizantino gótica, que adelantándose en su conclusión á las 
grandes basílicas de León, Burgos y Toledo, y cediéndoles me- 
nos en la gallardía de la traza que en la riqueza de los detalles, 
debió asombrar, como un colosal adelanto del arte, á la genera- 
ción contemporánea. 

Desde el espacioso crucero empieza la capilla mayor como 
continuación de la nave principal ; y arrimados á los pilares de 
su entrada, que cierra linda reja, brillan dos pulpitos de alabas- 
tro, asentados sobre precioso capitel y adornado de estatuas su 
antepecho, gótico el del lado de la epístola, plateresco el del 
evangelio, ostentando aquel las armas del cardenal Mendoza, y 
éste la jarra de azucenas que constituye las del cabildo. Una 
inscripción, que rodea el friso de la capilla, atestigua que el 
gran cardenal, obispo al mismo tiempo de Sigüenza, hizo agite- 
lia obra y enterramientos y y su escudo se ve sembrado con pro- 
fusión por las paredes ; pero ni las columnitas que trepan por 
los ángulos, ni las rasgadas ojivas abiertas en los entrepaños y 
orladas de bizantinas labores, desdicen del estilo general del 
templo, para reconocer en su fábrica tanta diferencia de fechas. 
Nada despliega en aquel recinto el lujoso ornato de la deca- 
dencia gótica tan marcado en las obras de la última mitad del 
siglo XV, sino los sepulcros erigidos á los costados del presbite- 
rio y encima de sus ingresos laterales. £1 más rico, sobre el in- 
greso del lado de la epístola, contiene los restos trasladados 
desde Roma, de D. Alfonso Carrillo, cardenal de San Eusta- 
quio y obispo de Sigüenza por los años de 1420, en cuya urna 
prodigó el arte sus más exquisitos relieves, cubriendo de dose- 
letes y figuras los pilares de su nicho : al lado yace su sobrino 



l82 GUADALAJARA 



Gómez Carrillo de Albornoz y la esposa de éste D.^ María, ten- 
didas y dispuestas en gradería sus estatuas ( i ) ; en el nicho de 
enfrente nótase la del obispo Pedro, segundo de Sigüenza des- 
pués de la conquista (2), y contiguo á él descansa otro prelado 
en sepultura harto reciente. Bajo una simple losa yace allí mis- 
mo el obispo fray Mateo de Burgos, sirviéndole de monumento 
el insigne retablo, que costeó en los primeros años d^l xvii. Di- 
vidido éste en tres cuerpos donde se suceden el orden jónico, el 
corintio y el compuesto, lleva en sus compartimientos laterales 
seis grandes relieves representando misterios del Salvador, y en 
sus basamentos, intercolumnios y remate multitud de esculturas 
y efigies de santos, con tal regularidad en el todo y tal esmero 
en las partes, que no dudara el viajero Ponz en presentarlo co- 
mo perfecto tipo, á no provocar su indignación el churrigueres- 
co tabernáculo del centro. 

Las dos series de ventanas, ojivas ó semicirculares, pero 
todas antiquísimas, que por lo bajo asoman á espaldas del re- 
tablo, parecen indicar que según la primitiva traza del templo, 
acorde aún con la forma bizantina, se cerraban las tres naves 
en otros tantos ábsides ó capillas ; y lo mismo comprueba la 



(i) Léese en este entierro el siguiente epitafío: «Aquí yaze el noble cavallero 
Gómez Carrillo de Albornoz, camarero del rey D. Juan segundo nuestro señor; 
finó en Escalona jueves dos dias del mes de noviembre de mili e CCCC e quarcnta 
e un años... La muy noble su muger, cuya ánima Dios aya, finó en Brihuega á cin- 
co dias por andar del mes de octubre año del nascimiento de nuestro Salvador 
Jhu. Xpo. de mili CCCC quarenta e ocho años.» Fué su esposa D.^ María hija de 
D. Diego que fué bastardo del rey D. Pedro el Cruel, y de ella se hace mención en 
el libro de aniversarios de la Catedral á 26 de Mayo. Ilac diejii anniversarium pro 
anima nobilis viri dni, Gomecii Carrillo^ quodfecit fieri domna Marta uxor ejus, qui 
concessü huic ecclestce unam capam de damasco brocato cum sua ceneja. Hermano 
de D. Gómez fué el famoso D. Alfonso de Carrillo, que sucediendo á su tío el car- 
denal de San Eustaquio en el obispado de Sigüenza antes de ocupar la silla de To- 
ledo, cedió al cabildo de aquella un juro de tres mil maravedís para fundar una 
capellanía entera en el altar de San Ildefonso. 

(2) Al tiempo de la restauración de su sepulcro, púsoscle sin duda la inscrip- 
cien que dice : «Aquí iace el rev. Sr. D. Pedro, obispo que fué en esta iglesia, mu- 
rió el año de 1 1 56, el qual dio al cavildo la mitad del pontifícal de Molina e la mi- 
tad de la heredad que se dice Avellaneda y la sexta parte de otros diezmos y 
rentas.» Las colgaduras, que cubren habitualmente los lados del presbiterio, no 
nos permitieron reconocer el inmediato sepulcro. 



GUADALAJARA 



i8, 



moderna construcción del trasaltar, que pone ahora en comuni- 
cación las naves laterales dando vuelta á la del centro. Promo- 
vió dicha obra en 1585 la generosidad del obispo fray Lorenzo 
de Figueroa; y su 
misma desnudez, sus 
proporciones, sus bó- 
vedas de medio pun- 
to bien que adorna- 
das con casetones de 
relieves , el color 
sombrío de su piedra, 
no imitan mal, sin 
pretensión alguna 
probablemente , el 
carácter de una vie- 
ja fóbrica bizantina. 
Destruyen empero 
esta ilusión las irre- 
gulares ventanas que 
taladran en línea rec- 
ta el grueso muro, y 
las simétricas capi- <' 
Has en él excavadas 
con levísima profun- 
didad y provistas de 
sencillos retablos. 
Allí, dentro de un 

gran nicho inmediato á la entrada de la sacristía, una enorme 
estatua tendida y una inscripción más prolija que exacta, re- 
cuerdan la memoria del primer obispo D. Bernardo transferido 
á la sazón de su antigua sepultura (i). 




(i) Al ñu de la ii 
espresa que en el mi 



ripciún, cuyo extracto copiamos pocas páginas atrás, se 
lO año de la traslación, ea decir en i íqS, se acabó la obra 



184 GUADALAJARA 



Sí en alguna catedral pudiera aplaudirse la tan recomendada 
traslación del coro desde el centro de la nave á las espaldas de 
la capilla mayor, sería ciertamente en la de Sigüenza; y no por- 
que la sillería, mal acompañada en cuanto á la forma de dos 
órganos churriguerescos, merezca escaso aprecio por sus me- 
nudas y delicadas labores del postrer estilo gótico, contempo 
raneo del cardenal Mendoza ; sino que, ganando la estrecha 
nave en desahogo y libertad, dejaría de figurar en primer tér- 
mino el barroquísimo y disonante trascoro. Seis columnas salo- 
mónicas de mármol negro con bases y esculturas bronceadas, y 
en medio otro pequeño cuerpo de mármoles de mezcla roja, 
forman el costoso cuanto desatinado altar, que cumpliendo la 
voluntad postrera del obispo D. Andrés Bravo, se erigió á fines 
del siglo XVII á la venerada imagen de Santa María la Mayor; 
antigua figura que, según tradición, trajo consigo el obispo Don 
Bernardo, y colocada un tiempo en la capilla principal como 
titular de la iglesia, ardían en su presencia siete lámparas noche 
y día. 

Privadas de capillas las naves laterales en el primitivo plan 
del arquitecto, no pudieron admitirlas posteriormente sin tapiar 
ó destruir las ventanas bizantinas que las alumbraban ; la dere- 
cha empero permanece exenta de innovaciones, y no contiene 
más que urnas y lápidas sepulcrales (i). Solamente en el brazo 



de aquel trascorOt debiendo decir trasaltar (a). Más abajo se lee en letra gótica el 
obispo D. Bernardo^ y á continuación su madre del obispo /). Bernardo, 

(i) Bajo la arcada inmediata al crucero, en la delantera de la urna vese una 
efigie muy gastada con esta inscripción: « Sepoltura del reverendo Sr. Juan de 
Montalegre, dotor en decretos, canónigo que fué en esta santa iglesia, fallesció 
á... dias del mes de octubre año MDXXVI años; requiescat in facer* Sigue una 
simple lápida con el nombre de Juan Alvarez de Espinosa, canónigo, y más ade- 
lante otra en la contigua arcada hacia abajo, que dice : « Aquí delante está sepul- 
tado Joan de Villel, canónigo que fué en esta sania iglesia quarenta años, fálles- 
elo á XVII de agosto MDLVI, donde se han de decir los responsos de la festividad 
de St. Ildefonso y las XII misas perpetuas que docto en esta iglesia.» Al lado hay 
otra urna con estatua de plano muy maltratada, no menos que el epitafio, del cual 
tan sólo se lee: Ázcc/ ve»era¿?i7í5 úfnws. Bernardus,., bacha archidiac. qui migravit 

(a) Antes de hacer la obra del trasaltar, el coro estaba en el presbiterio, segün la antigua y mejor disci- 
plina. 



GUADALAJARA 185 



del crucero, y contigua á la puerta del Mercado, existe una in- 
signe capilla de Santa Catalina, antes dedicada á Santo Tomás 
de Cantorbery, pocos años después de su martirio, por el obis- 
po Jocelino, que vino desde Inglaterra acompañando á la reina 
Leonor (i). Dio á la capilla su esplendor presente, al empezar 
el siglo XVI, D. Fernando de Arce, obispo de Canarias; adornó 
su portada con. platerescas labores, abalaustradas columnas y 
frontón semicircular que encierra un buen relieve de la adora- 
ción de los magos ; y en las jambas del grueso arco artesonado 
abrió dos hornacinas para depositar las urnas y estatuas yacen- 
tes de sus abuelos maternos, Martín Vázquez de Sosa y Sancha 
Vázquez. En el centro de la capilla erigió un sarcófago á las 
cenizas de sus padres Fernando de Arce y Catalina de Sosa, 
cuyas eñgies se representan tendidas sobre la cubierta : para sí 
y para su hermano Martín, gloriosa y precozmente muerto en 
la guerra de Granada , hizo construir arrimados á las paredes 
dos magníficos sepulcros, cuajados de finas y diligentes labores 
en sus arcos, pilastras, urnas y pedestales, con nichos y peque- 
ñas figuras á los lados, y encima de su respectivo lecho dos 
excelentes efigies de mármol, armada la del joven caballero y 
en actitud de leer un libro, la del obispo vestida de pontifi- 
cal (2). Algún otro enterramiento de personas de la familia, un 



ad Deutn quinto idusjuUii MCCCCLXXI: y abajo entre los leones que sostienen la 
urna: «el arcediano don Fernán Gómez e madre del mismo.» En un pilar se lee: 
«Pero Alonso de Miranda, racionero.» 

(i) Muchas fueron las capillas y aun iglesias levantadas por aquel tiempo en 
Castilla al santo obispo inglés, pareciendo este celo un obsequio, más bien que 
un agravio, á la hija de Enrique II de Inglaterra, reina entonces de Castilla. 
Habiendo fallecido fuera de su iglesia el obispo Jocelino, dispuso que fuese traído 
y depositado un brazo suyo en dicha capilla, y en la cuadrada piedra que lo cubría 
se grabó este verso: 

Hic esi inclusa Jocelini f>rcesulis ulna. 

(2) De las numerosas inscripciones que existen en esta capilla sólo copiare- 
mos las principales. La del friso de la portada dice: «que á gloria de Dios y de su 
Madre y de los santos Reyes fízo el obispo de Canarias esta obra, para mas devo- 
ción de la iglesia y de la capilla que dotó, pidiendo que rueguen por las almas de 
los católicos rey D. Fernando y reina D.* Isabel que le fizieron merced , y por las 
de sus padres, hermanos y parientes, presentes y por venir.» Las de los sepulcros 

«4 



bello retablo purista de la crucifixión 
trasladado del altar á su sacristía, y dos 
banderas tomadas á los ingleses delante 
de Lisboa en 1589 por D. Sancho Bravo 
de Arce, completan el ornato de aquel 
interesante panteón. 

La primera entre lasi capillas de la 
nave izquierda ofrécese la parroquial de 
San Pedro, anchurosa, larga, compuesta 
de cuatro arcadas de crucerfa, presentan- 
do junto á la pila bautismal el entierro y 
colosal efigie del obispo D. Fernando de 
Lujan, fallecido en 1465 (i). Unidas bajo 
una misma bóveda, sucédense las ricas 
ca«dr*l portadas de las capillas de la Anunciación 
y de San Marcos, entrambas de arco semicircular, pero el de ésta 




de sus abuelos contienen el Dombre de ellos, 
al marido, y que el obispo su nieto mandó ha 
declaraa las de sus padres Fernando de Arce, 
talina de Sosa, añadiendo que aquél murió á 
Setiembre del siguiente año. En el enterramit 
Martin Vázquez de Arce, comendador de Si 
moros enemigos de nuestra santa fé católica 
riranada, miércoles añc del nac. de 

e CCCC e LX.NX c VI años: fué muerto en cdal 



expresando que la mujer sübreviviú 
ccr aquellas sepulturas; y lo mismo 
comendador del Montiío, y D.* Ca- 
7 de Enero de i 504 y ésta a 28 de 
nto del hermano se lee: «Aquí yace 
.ntiago, el qual fué muerto por los 
peleando con ellos en la Veg-a de 
nlro. Salvador Jliu. Xpo. de mili 
Je XXV.. Y en otra lápidamás arriba 



se refiere que murió, isocorriendo al muy ilustre Sr. duque del Inl'antadgo, 
señor, á cierta gente de Jahen á la Acequia Gorda en la Vega de Granada ; cobró 
en la hora su cuerpo Fernando de Arce, su padre, y sepultólo en esta su capilla 
año sobredicho: este año se tomaron la ciudad de Loxa, las villas de lllora. Mo- 
dín y Montcfrio por cercos, ea que padre e hijo se hallaron.» El epitaño del obis- 
po se reduce á las siguientes palabras: Ferdinatidvs de Arce, prior Oxomensis 
ecc¡esi<^ , el demum episc. Canariensis , regix majestatis consiliarius , obiit 
JUBO MD.A:;fíí. Tienen asimismo inscripción los sepulcros de la noble señora Doña 
Catalinade Arce Bravo, mujer del Sr. Caravajal, que falleció i 29 de Setiembre 
de 1 ( 1 7, y del muy noble señor Pero Diaz de Caravontes, fenecido en i 2 de No- 
viembre de i; 78. Debajo del trofeo de las banderas hay una tabla que expresa 
por quién y dónde fueron tomadas. 

(ij Hay en la sepultura varias figuras de santo 
ci4n en modernos caracteres; «El Sr. obispo Luxi 
electo por el cabilda.» Acerca del año de su mucrtt 
poniendo 14^8. 



s de bajo-relieve y esta inscrip- 
in año de .MCCCCLXV, último 
; se equivocó González Dávila 



.87 



revestido decolumnitas y follajes gó- 
ticos casi perdidos en la oscuridad, el 
de aquella cubierto de labores pla- 
terescas en sus jambas, y de menu- 
da y preciosa ataujerfa arábiga en 
su arquivolto, enjutas y friso, termi- 
nando en una cornisa de estalactitas. 
Ambas contienen dentro de sepul- 
cros del renacimiento los restos y 
tendidas estatuas de sus fundado- 
res (i), y la de San Marcos conser- 
va un retablo gótico de su titular. 
En la siguiente arcada, junto á una 
pequeña capilla del Bautista con 
portada plateresca, adviértense en 
una misma sepultura dos grandes 
bultos de sacerdotes, llevando altos 
bonetes y exquisito ropaje, el uno 
echado sobre la urna, el otro de 
plano metido en la pared (2). Al 




iglesií 
de jun 



;n el de la capilla de San Marcos: «Esta capilla edificó y dotó el muy 
n Ruiz de Pelegrina, protonotario apostólico, maestre escuela de la 



de Burgos y chai 

lisa en Hierhm, en el sepulc 

por e! dote y r 



Qlas 



:abalas 



:a. los cuales ac gastaron er 
en Burgos t XXV de noviembre d 
repite: oEsta capilla de 5. Marco i 
prothonot. D. Juan de Pclegrii 



Anunciación, no tan bien conservada, d: 
nando de Montemayor, arcediano de / 
del rey, en la qual... para si y todos su 
presbíteros. Dotóla del beneficio simplí 
capitular. El cabildo es obligada de ' 



iglesia, e aquí esté sepultado. Celebró la pri- 
'o santo. Dio á los Sres. deán y cabildo de esta 
a un año XVIII mil mrs. de renta, los XV mil 
:sta cibdad. y por los 111 mil restantes dio VIII 
las heredades de Bonilla y Alcuneza. Fallesció 

MCCCCXCVEI años." En lo bajo del retablo se 
Sta. Catalina dotó e mandó facer el rcv. Sr. 
La inscripción sepulcral de la capilla de la 



Esta capilla fundó el reverendo Fcr- 
Imazan, natural de Arjona e del consejo 

parientes y criados, siendo sus criados 
de... y de XXX mil mrs. que dio ala mesa 
ecir en cita cada dia une misa y cada año 

y otro el dia de S. Lázaro, y sostener la 



unión del dicho beneñcio y ornamentas para a 
ralleció año de .MDXXI.» Encima de la portada : 
Partí dicatum sum; adeste, ckristiani. 

(3) En la orla de esta sepultura se advierte el siguiente epitaño : nAquí están 



l88 GUADALAJARA 



claustro dan salida por aquel lado una puerta de góticas mol- 
duras inmediata á la capilla de San Pedro, y otra más reciente 
en el brazo del crucero, vistosa por sus dorados y profuso 
adorno, que en su friso lleva el nombre del cardenal obispo 
Don Bernardino de Carvajal, y que por su estilo armoniza per- 
fectamente con el contiguo altar de Santa Librada. 

Á esta santa virgen, tutelar de Sigüenza, y cuyas reliquias, 
procedentes sin duda del gran depósito de Asturias y Galicia, 
vinieron á ilustrarla desde la restauración de su diócesis, ha for- 
mado la tradición una singular historia, atribuyéndole ocho her- 
manas, compañeras en su exposición de recién nacidas, compañe- 
ras después en la confesión de la fe de Cristo ante el tribunal 
de su mismo padre Catelio, compañeras por último en el marti- 
rio, aunque dispersas por distintos países (i). Prohijaron esta 
leyenda ya en el siglo xii las lecciones de su rezo tal como exis- 
ten en el santoral del obispo D. Rodrigo ; las bulas de Inocen- 
cio IV en 1243 y ^251 hacen mención de su culto y de los mi- 
lagros que por su invocación se obtenían (2); y hacia 1300 el 



sepultados los rever. Sres. D. Antón González e D. Juan González, maestre es- 
cuelas.» 

(i) Llegando hasta lo absurdo, cuentan seriamente varios escritores y entre 
ellos el autor de Las nueve infantas de un f>ario, que pariéndolas de una vez su 
madre Calsia en ausencia de su marido, hizo exponerlas en el río, y que las salvó 
una santa mujer llamada Sila y diólas á criar á nueve amas cristianas. Apoderáron- 
se de esta tradición los forjadores de las supuestas obras deFIavioDextro y Julián 
Pérez, y en ellas dan á las nueve hermanas los nombres de Genivera, Victoria, 
Germana, Gema, Marciana, Eumelia, Quiteña, Basilisa y Wilgefortis por otro nom- 
bre Liberata (a); del régulo Catelio hicieron un personaje consular, presidente de 
Galicia y Lusitania y ciudadano de Braga; y situaron junto á Tuy la ciudad de Bal- 
cagia, de donde eran naturales las nueve santas, según el antiguo rezo, que la 
coloca in paríibus occtdentalibus, por las cuales otros entendieron el reino de Por- 
tugal. 

(2) Cum igitur, dice en la última el papa, ad ecclesiam Segunlinam in qua 
sanctorum Sacerdotis el Literatee virginis corfora requiescunty in eorum J estivitaii- 
bus^ operante Domino in ea ob iliorum merita multa miracula, confluat Christi fide- 
lium multitudo^etc. Acerca de San Sacerdote, obispo d¿ Limoges en el siglo vi, han 
prevalecido también varios errores, suponiéndolo unos prelado de Sigüenza, y 
otros confundiéndolo con el santo Martín de Hinojosa, que lo fué á últimos del si- 
glo XII. 

(a) Sobre la llegada de las reliquias de Santa Librada á Sigüenza, véase el capítulo siguiente adicional. 



GUADALAJARA 189 



obispo D. Simón hizo trasladar los sagrados restos á una pre- 
ciosa urna de plata traída de Florencia, de donde han creído 
algunos erradamente que vino en aquella ocasión el propio cuer- 
po de la santa. En 1498 trabajaban varios escultores en la or- 
namentación de su retablo (i); pero la obra no desplegó la 
magnificencia que hoy tiene, sino después que en 1 5 1 1 ciñó la 
mitra D. Fadrique de Portugal, movido de especial devoción 
hacia la que miraba como lusitana y compatricia. Ocupa el arco 
del primer cuerpo la imagen de Santa Librada y su historia de- 
bida á un distinguido pincel de escuela purista, el segundo la 
urna que contiene sus reliquias, y en el ático se reproduce su 
efigie transportada por ángeles al cielo. Sus ocho hermanas figu- 
ran dentro de los nichos abiertos en las pilastras, en los del 
entrepaño escudos episcopales ; y llenando casi el retablo la 
pared del crucero, cubierto todo él del más copioso si no del 
más exquisito trabajo, dorado después y estofado mediando el 
siglo XVII por el obispo Andrade, y cerrado por primorosa reja, 
publica la generosa piedad de los prelados de SigUenza hacia su 
ilustre patrona. Promovido á la metrópoli de Zaragoza, y mu- 
riendo en Barcelona con el mando de virrey, quiso D. Fadrique 
descansar al pié del sepulcro de la santa virgen sin distinción 
alguna (2) ; pero infiíngida en esto solo su voluntad, elevóse al 



(i) En el libro de fábrica del citado año constan las siguientes partidas : «ítem 
di á Cherino, entallador de la talla que fizo para Sta. Librada desde el retablo arri- 
ba, dos mil e quinientos mrs. ítem di á Francisco de la Nestosa, pintor, 3 1 00 mrs. 
en esta manera : 2589 mrs. de asentar 863 panes en esta talla de Sta. Librada á 
tres mrs. cada pan, y los $11 de la pintura e follages que fiso en el arco do está el 
cuerpo de Sta. Librada. ítem df á Juan de las Quexigas de labrar el arco donde 
está el cuerpo de Sta. Librada c de cortar los pilares mas adentro asi para el cuer- 
po como para do estuviese el retablo, e de retundir los pilares e cerrar los aguje- 
ros donde estaba antes el zaquizamí, e de desfacer el altar e las gradas e tornarlo á 
facer, mil quinientos mrs.>> Estuvo antes colocado el santo cuerpo en la capilla ti- 
tulada de San Ildefonso. 

(2) Falleció D. Fadrique en i 5 39, y su epitafio dice : Hoc tegiiur lapide iilust, 
dnus. Fredericus a Portugalia, hujus almce ecciestce prcBSul^ potentissimorum prin- 
cipum Ferdinandi et Helisabeth, Castellce ei Legiom's, Aragonum et utriusque Sici- 
licet etCj regum invictissimorum servus ei factura. En el zócalo del altar dentro de 
dos medallones se lee : Ilmus, et rev» Dr. D. Ferdinandus de Andrade et Sotomayor 



190 GUADALAJARA 



lado del retablo con no menor riqueza su mausoleo, viéndose en 
el nicho su estatua de rodillas rodeada de asistentes, y repre- 
sentando oportunamente dos relieves en la parte superior, el 
entierro y la resurrección de Cristo. 

No fué esta sola la brillante muestra que de su pompa dejó 
en la catedral el arte plateresco; sino que por medio del insigne 
arquitecto toledano Alonso de Covarrubias (i), trazó y escogió 
la sacristía, apellidada también Sagrario^ para cumplido alarde 
de sus riquezas. Ya desde la portada empiezan las menudas y 
delicadas labores, que tapizan luego de arriba abajo la vasta y 
cuadrilonga estancia; su bóveda de medio punto aparece tacho- 
nada de variadísimos bustos y cabezas de venerables ancianos, 
de bellas vírgenes y de grotescos bufones; y los arcos, abiertos 
en derredor y orlados en la misma forma, encierran la cajonería 
también esculpida de mil relieves. Crece todavía la admiración 
al penetrar en la capilla de las reliquias y cuajada toda de capri- 
chos, medallones y figuras, y sobre todo al levantar los ojos á 
la hermosa cúpula ochavada, que en la profusión y bondad de 
la escultura apenas tiene semejante. Á lo suntuoso del local co- 
rresponde el número y preciosidad de las alhajas, brillando entre 
todas el viril de oro incrustado de pedrería, rico don del carde- 
nal Mendoza, y la elegante custodia de dos cuerpos, octógono 
y circular, sostenidos uno y otro por ocho columnas corintias, 
que hizo labrar á fines del xvi el obispo Figueroa: única que 
permanece después que robaron los franceses la gran custodia 
sexágona de cuatro varas de altura casi, más estimable por su 
tamaño y coste que por su gusto, trabajada en Córdoba en 1 779 
y regalada á su antigua iglesia por el cardenal Delgado. 



archiepisco^us episcopus ei dominus Seguniinus.—Ardenti zelo susciiaviU cmro et 
pictura sociante /ormosum reddidit opus, 

(i) Por una nota existente en el archivo de la catedral se sabe que en el mes 
de Marzo de 1532 se empezó á tratar de la construcción del Sagrario con el maes- 
tro arquitecto Antonio de Covarrubias. Creemos que en vez de Antonio deberá 
leerse Alonso, pues la obra conviene con la época y estilo y es bajo todos concep- 
tos digna de la mano del famoso artífice, que trazó la capilla de los Reyes nuevos 
de Toledo, la fachada de su alcázar y tantos otros notables monumentos. 



ClUAOALAJAKA 



■áj-M^^ 




— Sacristía de la Cateoral 



192 . GUADAL AJARA 



Corría el año de 1507, cuando bajo los auspicios del carde- 
nal obispo Carvajal se terminó la reedificación del espacioso 
claustro (i); y sin embargo en las bóvedais de sus galerías man- 
tiene aún la ojiva toda su pureza y gracia, corriendo de clave á 
clave una moldura en línea recta. En cada uno de sus lienzos 
ábrense hacia el patio siete arcadas, subdivididas por pilastras 
en tres arcos prolongados ; y la decadencia del estilo no se ma- 
nifiesta sino en los gruesos y nada gentiles calados que se enla- 
zan en su parte superior. De la ruina del antiguo claustro pre- 
serváronse por fortuna, si no todas, varias lápidas sepulcrales de 
los siglos XII y XIII, cuyos rimados dísticos conservan la memoria 
de los que fallecieron al nacer apenas la catedral (2). Con ellas 



(i) Tiene cada una de sus cuatro galenas 45 varas de largo por 7 de ancho, y 
en el friso de la una se lee: Hoc claustrum á fundamenits /ieri mandavit reveren- 
diss, dnus. B. Carvajal card. Sane. ® in Jerusaiem, patriarcha Yer oso ly mitán, 
episc. Tusculanus, aniistes hujus almas basílicas; quod completum fuit mense novem- 
bris anno salutis MCCCCCVII, procurante D. Serrano abbaie Sanctce Columbee, 
ejusdem ecclesioe operario. 

(2) Procuraremos transcribir por orden cronológico las más notables, obser- 
vando desde luego que si la fecha de la primera, correspondiente al año de 1 1 30, 
no está equivocada como tememos, es anterior á la fundación de la presente cate- 
dral, pues coincide con los primeros tiempos del obispo D. Bernardo : 

I. 

Migrat ab hac vita Garsias archilevita, 
Cui tribuas, Domine, veram réquiem sine fine. 
IIIl kls. decembris era MCLXVIII (i i 30 de C.) 

En el siguiente epitafio sin fecha se hace mención de una iglesia ó catedral vieja^ 
anterior á la actual. 

2. 

Ecclesie vcteri servivit tempore longo 
Presbiter ille Petrus, quem tcnet iste locus. 

3- 
Tumba sacerdotem Xi. fChristi) tegit hec Simeonem ; 
Regnet ut in celis exoret turba fidelis. 
Obiit in sexta decembris luce calendas. 
Era MCCXXX. (i 192 de O.) 

4- 
Vitalis vita sublatus sorte levita 
Primus in hoc atrio clauditur hospitio, 
Era millesima ducentésima tricésima (i 192). 
Presbiter hunc sequítur VV. (Wilhelmus) et hic sepelitur. 



GUADALAJARA I93 



alternan, compartíendo la atención del curioso, diferentes porta- 
das platerescas de esmerada labor y gusto, que introducen á 
espaciosas capillas, como la de Mora, la de San Pedro Mártir, 
y en especial la de la Concepción, que fundada por D. Diego 
Serrano, abad de Santa Coloma, obrero durante la fábrica del 
claustro, tiene mucho del estilo gótico todavía (i). Una de estas 
lindas portadas corresponde á la sala capitular de verano; la de 
invierno, vestida por dentro de antigua y preciosa tapicería, 
avanza hacia la calle formando ángulo con la grandiosa fachada 



Según este epitafio, en dicho año de 1 192 empezaron á abrirse sepulturas en el 
antiguo claustro, siendo la primera la de Vital. 

5- 
Clauditur hac petra Petrus optimus archilevita : 
Huic est appositus Garcias sanguine junctus; 
Arnaldo comité prefulgent ambo levite. 
Ordine tum minor est simul ac etate Joannes : 
Quinto cantorem tumulus capit iste Joannem 
Sub bis centena cum mille decem quater era (i 202 de C.) 

Sancius Arnaldus ttimulo conjungitur is/o 
Tercius hac petra tegcñs Raimunde sacerdos. 

Dicha lápida está colocada transversalmente y muy borrada, marcando la letra 
cursiva los huecos que hemos suplido. La siguiente es muy curiosa y poco menos 
antigua, aunque carece de data : 

7- 
Anglia cui mater, ars physica, Gallia nutrix, 
Urbe Segontina sepeiit pia Virgo Ricardum. 

8. Era MCCLXV (1227 de C.)... Jhs. Dominici archipresbíteri de... 

9. Era MCCLXXII Ci 234 (fe C.) Obiit Joannes pbr. de Guadalediara IIII nonas 
septembris. 

10. Obiit doroinus Ja. archípresbiter Atencie III idus marcii sub anno... 
MCCCLXVII. 

En otra lápida se ve el nombre de D.' Aldonza de Zayas, noble matrona de gran 
santidad, que falleció en 147 1, y dio al cabildo el lugar de Señigo, en recompensa 
de lo cual se le señaló una silla fuera del coro y una ración ó porción canonical, 
siendo por esto llamada la canóniga. 

Al rededor de una efigie de relieve puesta de plano en el muro, se lee : «Johan- 
ni Alvari Davila de... doctorí canónico Saguntino pii executores hoc posuerunt 
monumentum; obiit anno salutis millesimo quingent. I, quinto die mensis no- 
vembris.» 

(i) «Falleció, dice el epitafio, el phto. (protonotario) D. Di. Serrano abbad de 
Sta. Coloma, fundador de esta capilla, á 14 dias del mes de marzo de 1522 años.» 
35 



194 GUADALAJARA 

de la catedral, decoradas sus ventanas de medio punto con pilas- 
tras y gracioso frontón por mano del renacimiento. 

Nuestra peregrinación artística toca ya á su término por esta 
vez ; ¿y en qué templo pudiéramos suspender mejor que en éste, 
á manera de ofrenda, nuestro báculo de peregrinos? {a) Las moder- 
nas grandezas y bullicio de la corte, el esplendor y amenidad de 
los reales sitios, los augustos monumentos y más augustas me- . 
morías de Toledo, las llanuras de la Mancha, las montañas de 
Cuenca, los paisajes de la Alcarria, todas las escenas de nuestro 
dilatado viaje reaparecen y desfilan rápidamente en el silencio y 
oscuridad de aquellas bóvedas opacas, y todas vienen á aumen- 
tar la tristeza del solemne momento de la despedida, harto 
amargo para el viajero, si á los goces del arte no debieran reem- 
plazar en el seno de su patria los goces del corazón. ¡Adiós, 
venerable, majestuosa catedral ! los ojos trasladan ávidamente á 
la fantasía tus formas y colorido, mal seguros de tomar á verte; 
y en ella vivirás tanto más presente, cuanto menos conocida y 
visitada. El placer de recordarte sera vivo y grato, á proporción 
que más exclusivo fué el placer de contemplarte : ¡ ojalá que la 
pluma pueda transmitirlo dignamente, haciendo fecundo el ho- 
menaje de nuestra admiración ! 



{a) En el orden seguido en la primera edición concluía el tomo i ."" con la 
descripción de la catedral de Sigüenza. 




CAPITULO XII 



SlgOenza: la ciudad 



* f .A donación de Sigüenza al obispo D. Bernardo se supone 
■f-»** hecha por D,' Urraca (a), pero el privilegio no se halla. 



(a) Esiaba citado el primero en el Legajo de Privilegios y Donaciones, pero no 
se halló en su sitio al registrar aquel legajo en iSSa. Se supone que desaparecid 
«n la incautación, el año 1670, según se me dijo. 

En la nota i.' de! capítulo anterior se aclaran mucho y rebaten conrazóa 
los anacronismos amontonados sobre el origen de SígUenza. Aún lo aclara más la 
preciosa donación imperial de la que se copiaron las primeras lineas á cootinua- 
ciÓD del Crismón que va á [a cabeza que dice: «In nomine Patrisetñlis ct Spiritus 
Sancti aro. Quoniam singuHs ecclesiia sua jura restituere, destructas reedificare, 
reediñcatas di tare, di tatas manutenere preceterishominibuscertum est | convcni- 
re: ego dei gratis Imperator Adefonsus uaa curo uxore mea Berengaria Sagontina 
Ciic) ecclc beate sciticet marie que per qusdringentos et amplius annos stitit de* 
solata et per studium domini Bcmardi ciusdem I loci Episcopi est restaúrala, dig« 
num duxi pro mea parcntumque meorum salute et pcccatorum nostror remisaione 
de propriis facultatibua et si non multas pia mente donare et eai 
asionibus libcrtati restituere | Dono siquidem Dno Deo et pred: 
hereditatis domaoquc Bernardo eiusdem loci epo omnibusque 
eccla Oco et beate M arie sc rvientibus eorumque successoribus illoa hominea 
qui íam circa | futum ecciam populati sunt cum eorum cas 



[m «uis posse- 
ecclesie | jure 



igí» GUAÜALAJARa 

En cambio hay tres autógrafos de D. Alonso VII en que este 
emperador supone despoblada á Sigüenza que estaba repoblando 
el obispo D. Bernardo. La donación que es de 1 140 (Era 1 1 78), 
según el estilo de aquel tiempo, no es al obispo como se ha 
querido suponer, sino á la iglesia de Santa María de Sigüenza (a). 




Después de expresar la utilidad de reedificar las iglesias, y, reedi- 
ficadas, dotarlas y enriquecerlas, expresa que hacía más de 400 
aftos que estaba desolada y que D. Bernardo la estaba restau- 
rando. Concédele, pues, á dicha iglesia y á nombre de ella á 
D. Bernardo y sus canónigos (no al obispo solo), el señorío so- 
bre los vecinos que ya habían poblado allf y levantado sus ca- 
sas y derecho á traer cien pobladores más. Dales también dere- 
cho á tener por suyas libremente y á juro de heredad todas las 
tierras que roturasen y cultivasen {b) y por fuero el de los po- 
bladores de Medinacelym, y medianeto con estos (c). 



(a) Eatns donaciones ó Dios y Santa María, como la de Palencia á Sao AotolÍD 
por O. Sancho el Mayor, y Otras, daban lugar á pleitos entre el Obispo y el Cabildo, 
puea decían ¿stos que el Cabildo era cuerpo inmortal y et obispo un individuo 
temporal y mortal. 

(b) Se ve, pues, con cuánta razón supone el Sr. Quadrado que Sigüenza no 
existía al tiempo de las reconquistas de Alfonso VI, 6 eran bub restos tan escaso* 
que ni aun se la refiere entre las reconquistadas, y eso que se citan Atienza y 
otras inmediatas. El privilegio alude á esta conquista: «.atemporequorextneus 
avus rex adefonsus ipsam terram acquisivil n 

(c) El medianeto, tan citado en los fueros de aquel tiempo, era una especie de 



GUADALAJARA 



197 



La fecha de la donación es de la era 11 78 y del em- 
perador, en el quinto año de su imperio reinando en Toledo, 
León, Zaragoza, Nájera, Castilla y Galicia, pues este terri- 
torio y el de Galicia en este do- 
cumento y los de entonces aún no 
se apellidaba Castilla. 

* El privilegio lleva el signo 
grande del emperador {a) con la cruz 
aureolada (¿) en el centro y las 
letras st-g-num im-pe-ra-to-ri-s. 

* La efigie de la Virgen titular, 
quitada del altar mayor, fué uno 
de los absurdos que allí se cometie- 
ron en la decadencia del buen gusto 
á fines del siglo xvi, haciéndole el 
agravio de quitarla de su sitio para llevarla al trascoro de la 
Catedral, donde la gran devoción del clero y pueblo de Siguen- 
za le da satisfacción honrosa con ferviente y afectuoso culto. 

* Era D. Bernardo de carácter belicoso, como casi todos 
los obispos galicanos de aquel tiempo, incluso su metropolitano 
D. Bernardo, y el compostelano Gelmírez, español pero afran- 
cesado. Para defender á su rebaño de las incursiones de los nor- 




SiGNo DBL Emperador Alfonso 



jurado para conciliación y arbitraje entre vecinos de diferentes pueblos, por jo 
común fuera de población, á fín de que no tuviesen ventaja unos sobre otros. 

(a) Hasta tres autógrafos del privilegio pude registrar en el archivo, de la 
misma fecha, pero de distinta letra. El que copiamos expresa que lo escribió Ge- 
raldo por mandado del maestro Hugón, canciller del emperador. Los signos del 
emperador vienen á ser los mismos pero no iguales en tamaño, pues los escri- 
bientes, guardando lo esencial de la forma, los adornaban á su capricho. El Empe- 
rador ponía la mano sobre ellos, para decir como en este : et confirmo et manu 
mea corroboro. 

Falta en este el sello que era de cera, envuelto en tela y pendiente de una 
correa. Conjeturo que los privilegios del archivo episcopal bajaron al de la cate- 
dral en alguna sede vacante. El archivo episcopal ha desaparecido por completo 
en las últimas guerras civiles. 

(•¿>) Con el círculo de puntos indicaban la aureola de la Cruz, que, de llevar co* 
lores, sería dorada. El espigón inferior de la Cruz, lo mismo en ésta que en la de 
Aragón, representa la Cruz de divisa en la punta de una pica. 



mandos y de los inñeles solían los prelados de Francia, y aun 
los de España, dejar el báculo y empuñar la espada ; menos 
mal que cuando era contra cristianos y en reyertas políticas (a). 
La efigie llamada de Santa María la Mayor era la titular como 
indica su misma denominación. Es 
de antigua talla del siglo xi y de más 
de un metro de altura, y de buena 
escultura para aquel tiempo. Por des- 
gracia se la oculta bajo los trajes, 
á veces ridículos, con que se viene 
disfrazando á las eñgies de la Virgen 
desde el depravado gusto del si- 
glo XV, exponiéndolas á roturas y 
desperfectos con inconvenientes y 
' SiGüENz A.— Catedral aun ¡rrevcrentes manoseos. Esta 

cabscsía i iKiciAi. misma ha perdido en ellos la sim- 

i>o«*cidNi«LE».ii*i>o« bólica manzana que tenía en la si- 

niestra mano, enseñándola al Niño, 
el cual sentado sobre la rodilla izquierda de su Madre bendecía 
con los dos dedos de su diestra (símbolo de la redención ab> 
solviendo del pecado original), mientras que con la siniestra 
tiene abierto el libro del Evangelio que vino á enseñar (ó). 

* Pero una de las cosas que más caracteriza á esta vene- 
randa eíigie es el haber servido en las campañas del siglo xii, 
siendo de las que llaman los arqueólogos por ese motivo soct'a 
belli, pues servían á la vez de sagrario llevando en el interior un 
coponcito con algunas formas consagradas, á cuyo efecto tienen 




(a) La tradicióD supone á D. Bernardo muerto ea batalla, como d¡ce la poco 
exacta inscripción de su sepulcro copiada en el capitulo anterior. 

(,£) Este simbolismo es el usual de España en las efigies de los siglos x, xi y 
jcii, que en considerable número hemos podidoestudiar,logrando, aveces á duras 
' penas, ver su talla sin ridiculos disfraces. Las más antiguas (como la de Montse- 
rrat) tienen el Niño en la falda : las posteriores en la forma que la de Sigüenzs, 

La de la Merced de Barcelona, del siglo xii:, todavía está sentada, si bien para 
vestirla se mutiló el doselete de su elegante síllán. 




y\ I 



V 







2C0 GUADALAJARA 



portezuelas á la espalda (a). D. Bernardo de Agen debió llevar 
ésta en sus campañas, pues tiene su concavidad cerrada con por- 
tezuelas. 

* Cuando la elegante opulencia del siglo xiii comenzó á 
fabricar efigies de la Virgen, de plata y oro (como la de Burgos 
y otras), se adoptó la moda de platear las de madera, dando co- 
lorido al rostro y dorando la profusa cabellera. La Mayor de 
Sígüenza fué plateada entonces por el obispo Cisneros, cuyo es- 
cudo de escaques campea en varios parajes de la catedral {6). 

* En el siglo xv se construyó el hermoso altar de már- 
mol blanco, que destrozado y lleno de polvo y telarañas yace 
olvidado y casi sepultado detrás del que se construyó á fines 
del siglo XVI y comienzos del xvii, triste remedo de los del 
Escorial, como casi todos los de aquel tiempo. En aquel altar 
mayor, hoy día ya apenas visible, y que quizá compitiera con los 
de Forment en las catedrales de Aragón, tenía la efigie de la 
Mayor su colocación en tosco nicho de berroqueña y en la parte 
inferior de él, por respeto á su primitiva y vetusta cámara. 
Sobre ella debía estar el camarín del Santísimo al estilo de varías 
catedrales de Aragón. 

* Por desgracia para la iglesia, se hizo en ella á fines del 
siglo XV un horrible destrozo que estuvo á pique de producir su 
ruina. Era la catedral primitiva como casi todas las iglesias bi- 
zantinas del siglo XII, de tres naves que remataban en tres capi- 
llas con sus tres ábsides, mucho mayor el del centro donde ha- 
bía de estar el presbiterio y en las catedrales la silla del obispo 
y los estalos de su cabildo (¿r). Colocado en paraje alto y emi- 



(a) Pertenecen á este género la de Roncesvalles, la del conde Fernán Gonzá- 
lez, que después de peregrinar por varias iglesias, ha venido á parar á la catedral 
de Sevilla, y otras varias que no he visto pero de las que se me asegura que son 
huecas y con portezuelas en el dorso. 

(6) En el siglo XVI, dejando en parte su postizo plateado, se la pintó con man- 
to azul y túnica de color de rosa al estilo de aquel tiempo, lo cual indica que en- 
tonces aún no se la vestía, y que se comenzó á manosearla y disfrazarla con ana- 
crónicos y abigarrados trajes al despojarla de su sitio en el altar mayor. 

(c) El culto de Santa Librada no fué conocido en Sigüenza hasta el siglo ziii 



GUADALAJARA 



nente el Sacramento con un gran cristal por delante y otra ven- 
tana en el ábside con reja de seguridad y algunos cristales, la 
escasa luz que despedían las lámparas, iluminando la cámara 




eucarística interior y exteriormente, hizo que se diera á ésta el 
nombre de Iransparente^ que aún se conserva en Toledo y Sí- 
güenza, como recuerdo de la costumbre y forma antiguas. 

* Mas á fines del siglo xv la pestífera y antilitúrgica moda 
de trasladar al centro de la iglesia los asientos de los cabildos. 



én que el obispo trajo de las catacumbas de Roma las reliquias de una Santa már- 
tir llamada Liberata. La devoción se echó á discurrir sobre su vida cosas que la 
sana critica no admite, pero tampoco deben ser objeto de audaces y agresivas im- 
pugnaciones. Víase sobre ello al P. Flórez, lomos 14 y 33 de la España S:tgrada. 



202 GUADALAJARA 



sucesores del antiguo presbiterio, alterando la antigua disciplina, 
fué funesta á casi todas nuestras antiguas catedrales y sobre todo 
para esta de Sigüenza. Por entonces se amplió el crucero hacia la 
época en que el obispo y cardenal Carvajal hizo el lindo claustro 
y, poco después, se demolieron los dos medios cubos que forma- 
ban los ábsides de las dos naves laterales. Entonces se labró el 
plateresco sepulcro de Santa Librada, medio escultural, medio 
pintado, se construyó la grandiosa y bella sacristía también pla- 
teresca en que lució Covarrubias (a) los primores de su rica fan- 
tasía, y se hicieron también las oscuras y achaparradas capillas 
que decoran aquel ándito añadido á la catedral antigua. Pero 
ésta quedó gravemente resentida y amenazando ruina. Falló el 
machón que cierra el coro por la parte del evangelio, la más 
trabajada por las obras hechas en aquel lado, abrióse la bóveda 
como una granada, y fué preciso apuntalar gran parte de la igle- 
sia, sujetar las bóvedas con enormes grapones de hierro, mudos 
testigos que denuncian la existencia de enormes grietas, y re- 
vestir el machón ruinoso de piedra maciza, privándole de sus 
columnitas, capiteles y demás adornos^ que conservan los res- 
tantes y su mismo compañero del lado de la epístola, el cual 
denuncia también aquel fracaso. 

* Para mayor dolor se construyó el enorme retablo de ma- 
dera tallada y dorada de cinco cuerpos, que oculta al otro mejor 
de alabastro en forma de díptico, que al estilo de los de Zaragoza 
y Huesca coronaba el templo; y expulsada de su sitio indebida- 
mente la efigie de la Mayor, se la llevó al nuevo trascoro, sus- 
tituyéndola en el nuevo retablo de madera con una efigie en el 
sublime misterio de la Asunción, la cual es quizá lo menos ar- 
tístico del enorme retablo. 

* Del nuevo altar, que en el trascoro se hizo á la Mayor 
no hay por qué hablar: sus enormes y retorcidas columnas de 
mármol negro de Calatorao, llamadas por antífrasis salomb- 



(a) Véase el capítulo anterior. 



nicas, calumniando el buen gusto del regio vate israelita y sus 
arquitectos, son buenas para olvidadas. Afortunadamente estas 
extravagancias que indignan al artista y disgustan con razón al 




crítico y al anticuario, importan poco al católico español, que en 

su piedad sencilla siente más que mira. Mas ¿por qué á Dios no 

se le ha de dar en todo lo mejor y más bello en materia de arte? 

* Pero dejando ya la catedral y lo mucho que habría que 



204 GUADALAJARA 



decir de otras preciosidades que encierra y las ricas alhajas de 
su sacristía, su plateresca custodia al estilo de las de Arfe, sus- 
tituyendo á la enorme y barroca que robaron los franceses, sus 
hermosos relicarios, el báculo abacial del monasterio de Huerta 
atribuido á San Sacerdote, y el rico y soberbio paño fúnebre de 
terciopelo y rico bordado de oro, regalo, según se dice, de un 
señor obispo Zapata {a)^ tiempo es ya de que saliendo, aunque 
con pena, de tan grandiosa y bella basílica y su almenado y es- 
tratégico recinto, subamos la pendiente cuesta que conduce al 
palacio alcázar del obispo y señor de Sigüenza (¿), albergue más 
de una vez en el siglo xvi de regias comitivas, y que desde sus 
altos torreones domina la ciudad toda y los campos y valles in- 
mediatos con todo el aire de feudal fortaleza. 

* Era el obispado de Sigüenza, en los antiguos tiempos, de 
los más ricos y opulentos de España, y no debe extrañarse por 
tanto que algunos arzobispos lo solicitasen y obtuvieran con 
mengua de la disciplina y murmuraciones de los canonistas aus- 
teros ; pero la verdad es que sus desmantelados muros no reve- 
lan la proverbial elegancia de los Mendozas. Los recuerdos que 
por aquí dejaron son de carácter belicoso, más que artísticos^ 
religiosos ó literarios. Costó no poco su adquisición al gran car- 
denal Mendoza, que añanzó allí el poderío de su casa y familia 
en toda aquella tierra, llegando á tener alojamientos y cuadras 
para looo hombres y 400 caballos, y añadiendo á los bastiones y 
torreones de poniente el fuerte baluarte que obstruye en gran 
parte la poterna del alcázar (¿r). El espesor de sus antiguos mu- 
ros es tal, que en la concavidad de uno de ellos se hizo cons- 
truir alcoba un anciano obispo que, acostumbrado á otros climas 



(a) No figura su nombre entre los de Sigüenza. 

(b) Los edictos y demás documentos episcopales se dicen expedidos « en 
nuestro palacio- al caviar de Sigüenza.» 

(c) Allí se defendieron cuando la invasión de Villaín, en 1 873, durante algu- 
nas horas, unos pocos guardias civiles que se alojaban en el alcázar, el cual venía 
ya muy maltratado desde la época de la invasión francesa y en cuya época perdió 
sus artesonados, archivos, cuadros y muchos objetos de valor, según se dice. 



GUADAL AJARA 



30S 



cálidos, sentfa demasiado la iniluenda de los aires fríos de Si- 
güenza. 

• En vano se ha tratado de suavizar la pendiente cuesta 




—Tortada db San Vicbktb 



que de la catedral sube al alcázar, y que pone pavor en tiempos 
de hielos y de nieves, pero tampoco se concibe cómo algunos 
de los opulentos prelados que allí residían, y sus arquitectos, no 
idearon el sencillo medio de suavizar la bajada á la catedral por 



206 GUADALAJARA 



la parte exterior de la población y el alcázar, convirtiendo en 
Jardines y parterres con sus pórticos y escalinatas las incultas y 
desaseadas laderas que se dominan desde los balcones de palacio, 
teniendo á la vez solaz y esparcimiento más próximo que en la 
huerta del otro lado del valle. Lo mismo sucede en la parte 
interior del alcázar luego que se penetra en él por el portal que 
<lefíenden los torreones con sus saetías y matacanes, pues se 
echan de menos un vestíbulo decente y un patio que, rodeado 
de soportales ó de un buen pórtico y columnata, condujera hasta 
-el palacio al abrigo de la intemperie {a). 

'*' Bajando ya desde el alcázar hasta las orillas del Henares, 
dejando á un lado las ya descritas modernas fundaciones del 
espléndido y caritativo Sr. Guerra en el siglo pasado y el ce- 
menterio de los judíos, encontramos en esta parte septentrional 
y llana la alberguería de Ntra. Sra. de los Huertos (¿), el Cole- 
ro de San Antonio el Grande y el monasterio de San Jerónimo, 
hoy día grandioso seminario y establecimiento de segunda ense- 
-ftanza, y el grandioso y también moderno hospicio. 

* La fundación de la alberguería de Ntra. Sra. de los 
Huertos se remonta al siglo xii, pero quedan allí pocos vestigios 
-de aquel tiempo. Quizá lo más antiguo en ella es la eñgie tosca 
de la Virgen incrustada en el tímpano de la fachada, que la re- 
presenta sentada con el Niño en la rodilla izquierda, con toca y 
<:orona como la de la Mayor, á la cual representaba proba- 
blemente como dependencia del cabildo. Las humedades y las 
inundaciones del Henares destruyeron la antigua fábrica, que 



(a) Con laudable celo consiguió fondos el obispo Sr. Gómez Salazar para res- 
taurarlo, pero su laudable celo de morar allí y traer allá las oficinas no hallaban 
buena acogida en el público, acostumbrado hoy día á las comodidades de la civi- 
lización moderna y poco aficionado á subir cuestas. 

ib) Véase su oportuna refutación en el capítulo anterior; pero no extrañaré 
que por aUí morasen los mozárabes, de quienes era obispo Sisemundo,á quien vi- 
-sitó allí San Eulogio al regresar á Córdoba en el siglo ix, después de su excursión 
por la Vasconia cristiana. Los árabes obligaban á los mozárabes á vivir fuera de 
las murallas, en parajes bajos é indefensos, y sin permitirles edificios fuertes ni 
sólidos: por eso es muy posible que allí morasen los mozárabes seguntinos en el 
-siglo IX. 



GUADALAJARA 207 



restauró un deán en el siglo xv al estilo del gótico flamígerOy. 
ya decadente en aquel tiempo; y es probable qiie entonces sus- 
tituyera en el altar á la antigua eñgie sentada la moderna en pié 
al estilo que los flamencos iban introduciendo por entonces 
con las eñgies de talla que de allí se traían. Todavía algunos 
detalles de gusto plateresco indican otra restauración posterior 
y de la primera mitad del siglo xvi. 

* No lejos de allí se alza la parroquia de San Lázaro en el 
sitio donde estuvieron la ermita de este santo y su leprosería, 
siendo extraño que se permitiese construirla entre la ciudad y 
el río, dadas las costumbres de la Edad media (a). 

* Álzase frente á ella el Colegio grande de San Antonio,, 
antigua y aún importante Universidad de Sigüenza, á la que 
hizo mala sombra la fundación de la de Alcalá por el cardenal 
Císneros, que en esta catedral fué prebendado y provisor del car- 
denal Mendoza, á quien se acogió huyendo de los duros trata- 
mientos de su adversario el arzobispo Carrillo. 

* No fué allí donde lo fundó en 1476 el opulento arcedia- 
no de Almazán D. Juan López de Medina, hijo de amorosos 
extravíos de alguno de los ilustres vastagos de la casa de Men- 
doza. 

* Para convento de franciscanos observantes y casa de es- 
tudio más que de enseñanza, lo fundó aquel magnate, al otro 
lado del Henares y en los cerros que miran á la población, es- 
tando poco afortunado en la elección de sitio. Por ese motivo,, 
vistos los inconvenientes que para todo ofrecía el alejamiento de 
la ciudad, acordaron los colegiales en el siglo xvii mudarse á 
las inmediaciones de la ciudad, aunque en la parte inferior y 
junto al convento de Jerónimos, que habían aceptado lo que 
los franciscanos rehusaban, incluso el patronato del colegio. 



{a) Generalmente se establecían las leproserías bajo la advocación de San Lá- 
zaro, al otro lado de los ríos y no lejos de los puentes, para que los leprosos pi- 
dieran limosna á los transeúntes sin acercarse, á cuyo efecto golpeaban unas ta» 
blitas ligeras. Lo mismo solía suceder con las ermitas de San Antonio Abad, y 
casas de los canónigos antonianos en su origen. 



208 GUADALAJARA 



* Expuestos estuvieron los colegiales á quedarse sin cole- 
gio, pues demolido el antiguo, que se suponía ruinoso, para apro- 
vechar los materiales en el nuevo, murió el obispo bienhechor, 
Sr. Santos Risoba, y á duras penas y pleitos lograron que la 
testamentaría y comisaría de expolios concluyeran el edificio. 
Sencilla y severa es su fachada, pero de buen gusto y aun mejor 
su lindo y serio patio de dos cuerpos al estilo de Vignola que 
entonces prevalecía. 

* Posteriormente se ha unido al colegio el monasterio de 
San Jerónimo, con su sencilla iglesia de gusto moderno, que 
nada ofrece de notable sino la frialdad característica y vulgar de 
las construcciones eclesiásticas del siglo xvii. Una gran fábrica 
construida entre el colegio de San Antonio y el antiguo monas- 
terio de San Jerónimo, siguiendo las líneas y proporciones de 
éste, ha venido á convertir el Seminario en vasto y grandioso 
edificio, que, apareciendo en primer término desde la estación 
del ferrocarril , forma la primera línea de la circunvalación 
aunque con algo de monotonía, como ofrecen también por lo co- 
mún los edificios modernos de este género asimilados á con- 
ventos, que, por más que se haga, siempre parecen conventos. 

* Aún había otros establecimientos notables en la pobla- 
ción, aunque de inferior nombradía. £1 obispo D. Pedro Gómez 
Barroso fundó en 1 343 un colegio para seis niños de coro, que 
sirviesen en la catedral, dotándolo con cátedras de canto y gra- 
mática. En tres años les hizo un buen colegio el espléndido 
Sr. Guerra, el cual acogió asimismo á principios de este siglo 
una comunidad de Ursulinas expulsada de Francia, haciéndoles 
cómodo colegio. 

* Parten de Sigüenza numerosas carreteras, que ponen á 
esta ciudad en contacto con las limítrofes provincias de Soria y 
Cuenca, y además con Molina y los pueblos de su señorío. Más 
allá de Alcolea del Pinar, antes de bajar al nacimiento y cuenca 

■ 

del Jalón, sale de la carretera general que conduce de Madrid 
á Zaragoza, otro ramal de carretera que á Molina conduce. 




^Y^i^ región más silvestre y áspera des- 
--4_/ciende el Tajo por el lado de levante; 
y si el deseo nos tienta de remontarnos 
por sus márgenes á la cuna del egregio río, 
¿í "J^lifí j\ que en la Alcarria vimos juvenil y bullicioso, 
profundo y melancólico en Toledo, anchu- 
roso y soberbio en TaJavera, nos introduci- 
rá, de cada vez más estrechamente enca- 
jonado, en las gargantas y desfiladeros del 
señorío de Molina, cuyo límite al sudoeste 
traza dividiéndolo de la provincia de Cuen- 
ca. Cuidado de los rtyes de Aragbn, deseo 
de los de Castilla, corte de infantes, dote de reinas y desvelo de 
ricos ornes, apellida á este país su historiador Sánchez Portoca- 
rrero (a); y su posición fronteriza, avanzando á manera de ba- 
luarte dentro del dominio aragonés, y cerrada al sur y al este 



(«> Diego Sánchez Portocarrero, natural de Molina, escribió la Historia de esta 
villa en 1 64 1 . Continuóla después hasta la ¿poca de los Reyes Católicos, pero no 
se llegó á publicar. Sus noticias, no siempre exactas, han guiado casi siempre á los 
que han escrito acerca de Molina. Su catálogo de los obispos tampoco es muy 
exacto, pero hay que tenerlo en cuenta. 



2IO GUADAL AJARA 



con alta cerca de montañas, semeja un palenque neutral coloca- 
do sobre los confínes de ambos reinos. Viejos pinares coronan 
sus crestas, excelentes minas de hierro se cobijan en sus entra- 
ñas, numerosos rebaños pastan por sus laderas ; y cien pueblos, 
aunque humildes en importancia y nombradía, abríganse en las 
sinuosidades del montuoso terreno. Tal cual ruinoso castillejo 
encima de ellos asentado para atalaya ó defensa, es el monu- 
mento único de antigüedad que ofrecen : y la capital misma del 
distrito, la pequeña ciudad de Molina, situada á orillas del be- 
néfico Gallo, que rinde al Tajo su tributo, puede ostentar apenas 
otra cosa que sus murallas y su fortaleza de cinco torres sobre 
la colina cuya falda ocupa. Las once parroquias que en otro 
tiempo contenía se han reducido á tres, presentando la de San 
Martín, al estilo de las antiguas de Aragón, el lábaro ó mono- 
grama de Cristo marcado sobre su puerta. £1 convento de San 
Francisco reconoce por fundadora á la infanta D.^ Blanca, cuyas 
cenizas posee ; pero los pergaminos atestiguan mejor que las 
piedras el remoto origen de sus templos. Por ellos consta que 
el conde D. Pedro dio en 1168 á la iglesia de Santa María, 
como capilla propia, el diezmo de sus molinos y huertos y las 
casas y solar desde la plaza Mayor hasta la calle frontera á su 
palacio ; que la mitad de las casas de Molina, que pertenecieron 
á Avolafifia (Abu Yahie), fueron cedidas en 11 75 por la con- 
desa viuda D.^ Ermesenda al maestre de Calatrava; que en el 
mismo año permutó el conde con Jocelino, obispo de Sigüenza, 
la mitad de Cobeta que éste poseía, por el monasterio de Santa 
María de la Hoz, cuya imagen, patrona de Molina, se apareció 
milagrosamente á un pastor entre las breñas; que en 123 1 se 
instalaron en dicho monasterio canónigos reglares con el maes- 
tro Ricardo al frente; que á los que había en Buenafuente suce- 
dieron en 1 246 monjas del Císter establecidas por la condesa 
D.^ Sancha Gómez, viuda de D. Gonzalo; y que en 1280 la ci- 
tada D.^ Blanca fundó la parroquia de Nuestra Señora, llamada 
de Pero Gómez, que la edificó por su mandato. 



GUADALAJARA 211 

^^^~^^~~^" ■■■■'■■■ ■ ■ .-. .1- ■— III I -^— ^^ «lili. ... É. I - I . _ ■ . .... . ■ I _ _ ■ 

Celtíberos eran y de los más belicosos, conocidos particu- 
larmente con el nombre de lusones, los que habitaban hacia 
las fuentes del Tajo; pero ni Molina, ni lugar alguno de su se* 
florío, acreditan exactamente su procedencia de las poblaciones 
primitivas mencionadas por los antiguos geógrafos é historiado- 
res (i). Las crónicas árabes, al referir los triunfos de Tarik, ha-* 
blan de las sierras de Molina superadas por el conquistador de 
Toledo ; los anales Complutenses la nombran, consignando que 
en 1009 penetraron hasta allí las algaras de Sancho García, 
conde de Castilla; y en las tradiciones del país viven las proezas 
del Cid campeador, de quien su régulo se hizo tributario (2). Su 
conquista definitivamente fué debida en 11 29 á Alfonso I de 
Aragón ; pero suscitada contienda entre su sucesor y el monarca 
de Castilla acerca de la posesión de aquel territorio, que preten- 
día cada cual incorporar á sus dominios, erigióse en arbitro de! 
litigio el poderoso conde D. Manrique de Lara (3) reservando 
para sí la disputada presa, con mutuo beneplácito de ambos 
contendientes, á trueque de no verla en poder de su rival. Cuen- 
tan que el de Aragón ofreció labrarle á su costa la villa, y el de 
Castilla el alcázar, como así lo cumplieron ; y á la vieja Molina 
asolada por las guerras, en cuyo solar no lejos de Rillo se des- 
cubrían poco tiempo hace restos de mezquitas y edificios sarra- 



(i) Hay quien reduce la antigua Molina á Manila, quien á Bursada, quien á 
Mediolum, y hasta Morales se inclinó á situar en sus inmediaciones á Ercévica, 
opinión de que desistió más tarde. Todas estas conjeturas fundadas en los falsos 
cronicones ó en arbitrarias hipótesis, las reunió Portocarrero para mejor adornar 
la historia de su país, esforzándose en conciliarias sin rechazar ninguna. 

(2) Nómbrale á cada paso el poema del Cid, llamándole Abengalvon, y refiere 
la magnífica hospitalidad que diÓ al valiente campeador á su paso para la conquis- 
ta de Valencia, y más tarde á sus yernos los infantes deCarrión, que intentaron en 
pago armarle una asechanza. 

(3) Los más acreditados genealogistas de la casa de Lara, no admitiendo su 
procedencia de uno de los siete romancescos infantes, ni mucho menos del bastar- 
do Mudarra, su vengador, derivan su primer origen del principe Fruela, hermano 
de Alfonso I el CatólicOi cuya estirpe, injerta en la real por el casamiento de Urra- 
ca Paterna con Ramiro I, fué la misma de los condes de Castilla. D. Manrique con- 
taba por sexto abuelo al famoso conde Fernán González, desde el cual empezó la 
separación de las dos ramas : por padre tuvo al poderoso D. Pedro de Lara, tan 
conocido por sus relaciones con la reina D.* Urraca. 



212 GUADALAJARA 



ceños, sustituyó algo más abajo la nueva población, á la cual 
otorgó el conde especiales fueros por los afios de 1 1 54 (i). 
Reuniendo á los estados paternos su fácil adquisición y por su 
mujer D.* Ermesenda el vizcondado de Narbona, titulado ya 
conde por la gracia de Dios, reinó D. Manrique en nombre de 
su pupilo Alfonso VIII; y al morir á manos de Castro, competi- 
dor eterno de los Laras, dejó por heredero de su grandeza y 
soberanía á su hijo D. Pedro, quien, como yerno del rey de Na- 
varra y jefe de los magnates cuyas inmunidades defendió en 
cortes denodadamente, ocupó la primer grada del trono caste- 
llano. De esta condal dinastía Molina fué la corte, y su panteón 
el monasterio de Huerta, enriquecido con sus dádivas, donde 
pasó á descansar en 1 202 el conde D. Pedro al lado de su es- 
posa D.^ Sancha (2). 

Su hijo segundo D. Gonzalo Pérez, sucediéndole en los esta- 
dos de Molina, como el primogénito Aimerico en los de Narbo- 
na, con menor prudencia ó menor fortuna que su padre, hallóse 



(i) En el preámbulo de ese prolijo fuero del cual sólo existen copias roman- 
ceadas, dice el otorgante: «Fallé logar desierto mucho antiquo... e quiero que 
seya poblado.» En él se admite por varios delitos, especialmente por los de homi- 
cidio en refriega, que eran allí los más comunes, la compurgación, es decir, la 
presentación de doce vecinos que atestiguasen con juramento la inocencia del 
acusado, juicio que fué un verdadero adelanto respecto de las lides personales. 
Los sesmeros, ó procuradores de los pueblos, formaban el concejo, que en unión 
con los alcaldes elegidos por los vecinos de la capital, regía y administraba el se- 
ñorío, hasta que en 1430 empezó el rey á nombrar corregidores. 

(2) Por su testamento otorgado en 1 1 8 1 había el conde cedido á Huerta la he- 
redad de Arandilla, con el objeto de que se edificara allí un monasterio para se- 
pultura suya y de sus descendientes, previniendo que si por culpa de estos ó 
pobreza de los monjes no pudiera aquel llevarse á cabo ó sostenerse, fuese llevado 
su cuerpo á Huerta : el proyecto no se realizó. Sobre el sepulcro del conde se lee 
este epitafio, único que hay antiguo entre los muchos que encierra el claustro : 

Lux patrise, decus populi, gladiusque malorum, 
Sub petra Petrus tegitur Comes inclitus ista. 
Obiit quarto idus Junii, era millesima ducentésima quadragesima. 

Las demás inscripciones, mucho más modernas y nada críticas, hablan de otro 
conde D. Pedro, hijo del anterior, que casó con D.' Violante y mató al moro Zafra, 
según lo transcribimos al hablar de Cuenca y su conquista, y al cual y á su her- 
mano Aimerico sucedió en el condado de Molina á falta de hijos su hermana Doña 
Sancha Gómez, casada con D. Gonzalo Pérez, á quien suponen yerno y no hijo del 
conde. Es un tejido de errores y anacronismos. 



GUADALAJARA 21^ 

envuelto en la rebelión de sus ambiciosos primos los Laras con- 
tra Femando III y á peligro de perder el señorío. Sitiado su 
fuerte castillo de Zafra por el joven soberano, en 1222, y ame- 
nazadas con formidable ejército sus tierras, túvose por dichoso 
en aceptar la intervención de la reina madre D.^ Berenguela, 
mediante la cual casó á su hija Mofalda con el infante D. Alfon- 
so, hermano de San Fernando, instituyéndola heredera de Moli- 
na en perjuicio de su hijo Pedro González el Desheredado (i). 
Conservó D. Gonzalo la autoridad y el título hasta su muerte 
por los años de 1 240, en que D.^ Mofalda y su esposo amplia- 
ron el fuero de la villa é hicieron nuevas donaciones al monas- 
terio de Buenafuente : escogiólo ella para lugar de su entierro, 
al morir prematuramente sin dejar más sucesión que su hija 
D.^ Blanca; y el infante D. Alfonso, pasando á segundas y ter- 
ceras nupcias, tuvo de estas á la ínclita D/ María de Molina, 
esposa de Sancho IV. También á D.^ Blanca cupo un infante 
por marido, que fué D. Alfonso Niño, hijo natural de Alfon- 
so X, y juntos en 1272 adicionaron los fueros; pero quedando 
sola en breve la varonil señora, fundó templos, reparó fortale- 
zas, instituyó para defensa del país su célebre compañía de ca- 
bcUlerqSy y en 1285 arrancó el botín y la presa á los aragoneses 
invasores. Sin embargo, excitada la suspicacia de Sancho IV 
con el temor de que Molina pasara por algún enlace al poder 
de sus enemigos, visitado al año siguiente en Valladolid por 
D.^ Blanca, la envió presa al alcázar de Segovia, exigiendo para 
su rescate el entrego de su única hija D.^ Isabel para que se 
críase al lado de la reina su tía, quien en 1290 otorgó la mano 



(i) Para explicar tan dura exigencia en el santo rey, que no justifícaran plena- 
mente sus derechos de soberano y vencedor, recuerdan algunos escritores que el 
fuero de D. Manrique concedía á los de Molina la facultad de elegir por señor de 
entre sus hijos y nietos aquel que á vos pluguiere e á vos bien ficiere; y el histo- 
riador de la casa de Lara observa que, puesto que D. Pedro González ni siquiera 
sucedió en el condado de Trastamara perteneciente á su madre, fué sin duda pri- 
vado de la herencia de sus padres por alguna otra grave causa, conjeturando que 
esta fuese el haberse declarado por los derechos de D/ Blanca, reina de Francia, 
al trono de Castilla contra D.* Berenguela su hermana. 



214 GUADALAJARA. 



de la doncella á su primo D. Juan Núñez de Lara en arras de la 
paz con él establecida. Fallecida dos años después sin sucesión 
la joven heredera, sobreviviéndole por poco tiempo la madre, 
legó sus estados en i o de Mayo de 1 293 á su hermana la reina 
D.^ María; y al cabo de un mes, entrando en Molina Sancho el 
Bravo, unió para siempre á la corona el codiciado señorío. 

Molina, sin echar de menos su antigua independencia y re* 
presentada con voto en cortes, permaneció adicta á los monar- 
cas y sobre todo al rey D. Pedro, bajo cuyas banderas invadió 
en 1356 las tierras de Calatayud y Daroca talando campos y 
yermando aldeas. Después de la catástrofe de Montiel, negán- 
dose á reconocer al monarca fratricida, y dada por éste con otras 
villas y título de ducado á Beltrán Duguesdin en premio de su 
sangriento auxilio y á fin de empeñarle más tn la reducción de 
los rebeldes, quiso mejor entregarse á Pedro IV de Aragón, 
quien conñó su castillo y fortalezas á García de Vera, alcaide á 
la vez que alcalde del señorío, haciéndole merced de varios 
pueblos de la comarca. En 1375, por la paz celebrada entre 
ambos reyes, fué restituida al de Castilla, trocado su sobre- 
nombre de Molina de los CabaMeros en el de Molina de Aragón, 
al cual por tan pocos años había pertenecido. 

La donación que de ella hizo Enrique IV á su favorito Don 
Beltrán de la Cueva, renovó un siglo después la agitación en 
aquel pueblo nunca sedicioso, sino por sobrado apego á la ju- 
risdicción real : aunados sus habitantes, y olvidadas domésticas 
rencillas, tomaron la voz del infante D. Alfonso, proclamado á 
la ^azón por los magnates descontentos, rechazaron á las tropas 
reales con ayuda del arzobispo de Toledo en 1468, y reco- 
braron á viva fuerza el alcázar que habían sorprendido por 
traición las gentes del favorito. Pero después que Isabel la Ca- 
tólica en 1475 prometió no separarla jamás de la corona, pro- 
mesa por sus sucesores confirmada, tampoco se apartó Molina 
de la ñdelidad jurada. En 1520 negó entrada lo mismo que 
Atienza á los insurgentes comuneros. En 1641 prodigó sus 



GUADAL AJARA 



215 



caudales y servicios para la reducción de Cataluña, en la gue- 
rra de Sucesión se mantuvo con heroica ñrmeza por Felipe V, 
en la última de la Independencia alistó un batallón de hijos su- 
yos, y abandonó sus vacías casas al saqueo y á la ruina. 

Recompensada con el título de ciudad, mantiene su rango en 
el seno de los riscos, sin esplendor, pero con nobleza, como un 
hidalgo montañés; y en su blasón, del cual ya desaparecieron las 
calderas de los Laras, campea todavía gloriosa la doble rueda 
de molino y el armado brazo con anillo de oro, que simboliza el 
enlace de sus herederas con infantes de Castilla. 



. \ 





CAPÍTULO XIV 



Señorío de Molina 



^ "T^o era este señorío formado con desprendimientos de las 
-*-^ órdenes de San Juan y Calatrava, como los anteriores 
de Pastrana, Tendilla, Mondéjar, Cifuentes y Cogolludo, que 
hemos recorrido en las excursiones anteriores por la Alcarria y 
la Campiña. 

* Dejando á un lado las ya dichas tradiciones de moros y 
cristianos y de las romancescas proezas del Cid por aquellas 
tierras y lo relativo á los reyes de taifa que por allí hubiera, que 
probablemente no pasarían del modesto papel de caciques de 



2X8 GUADALAJARA 



aquella tierra; ello es que por allí apenas quedaba nada de mo* 
ros n¡ cristianos á principios del siglo xi. Créese que hasta aque- 
llos contornos llevó sus conquistas Alonso VI en la época de su 
pujanza y grandes avances de reconquista después de ganada la 
ciudad de Toledo, gloria de su corona y corona de su gloria. 

* Pero cuando acabó su bienandanza, y la fortuna le volvió 
la espalda, muerto su hijo en la aciaga batalla de los siete con- 
des, y con él muertas sus esperanzas de porvenir y de rejuvene- 
cimiento en la persona del mancebo, hecha su corte hervidero 
de intrigas y ambiciones de propios y extraños, expuesto estuvo 
á perder lo que había ganado y volvió á ver á los moros en los 
mismos campos de Toledo. Y éstos, ufanos en su triunfo, no se 
limitaron á llegar hasta las márgenes del Tajo (a), sino que las 
rebasaron y avanzaron hasta las del Duero, llevando por todas 
partes desolación y espanto ; pues las hordas últimamente veni- 
das, más ansia traían de venganza y de botín que de conquista 
y adelantos. Perdióse pues entonces todo lo ganado á orillas del 
Tajo; la tierra de Almazán, Osma y Soria quedó estragada por 
hordas de bandidos almorávides, y entonces quizá fué cuando 
quedaron arruinadas Sigüenza, Molina y otras villas, si ya no lo 
estaban de antes. 

* Luego que D. Alfonso el Batallador se apoderó de las 
cuencas del Jalón y del Jiloca, avanzó la reconquista hasta Medí- 
naceli y Molina ; ésta no debió costarle mucho, destruida como 
estaba , pero las reyertas con su entenado Alonso VII, y el des- 
tronamiento de su madre D.* Urraca por éste, le impidieron 
repoblar la antigua villa y su territorio, haciéndola comunidad 
como las inmediatas de Calatayud y Daroca sus colindantes (ó). 



(a) Algún historiador moderno lo supone así, pero no se cree. Á la muerte de 
Alonso VI dudaban llevar á San Pedro de Osma á su iglesia desde Falencia, por 
estar el territorio de su diócesis infestado por bandidos y musulmanes, según laa 
lecciones de su rezo. 

(b) Se ha querido suponer que D. Alfonso cl Batallador destruyó á Molina al 
apoderarse de ella en 1 1 29. Lo tengo por falso, pues creo anterior la conquista de 
Molina, y desde dos años antes, D. Alfonso Vil se oponía á que su padrastro tuvie- 
ra territorios más allá de Sierra Ministra. Supongo que abandonada Molina des- 



GUADALAJARA 219 



* En tal estado halló á Molina el conde Almerique hacia 
el año 1 147, cuando acordó repoblar la villa y su territorio, con- 
tando con el beneplácito del emperador, pues la donación no 
consta y lo del supuesto arbitraje no pasa de legendaria hablilla. 
Alfonso VII tenía puesto el pié dentro de Aragón y no quería 
desprenderse de Calatayud. Las iglesias y diezmos de aquel te- 
rritorio había quitado al obispo de Zaragoza y dado al de Si- 
güenza con su exagerado y anti-canónico cesarismo adulado por 
los galicanos. Calatayud tiene poco que agradecer á D. Ramón 
Berenguer: quitóle pueblos para darlos á Daroca, dejó á su pa- 
riente y protector tomar los que quiso, y á D. Almerique me- 
terse por los pueblos de su comunidad y concejo, como por 
tierra ganada de moros, pues quería llegar con su pretendido 
señorío, no sólo hasta las riberas de los ríos Piedra y Mesa, sino 
hasta las puertas de Calatayud, donde está Címballa. 

* Habla el conde y señor de Molina en el fuero que dio, no 
como donación de rey, sino como un descubridor en Indias {a). 
cYo el Conde Almerich fallé lugar muncho antigo desierto, el 
qual quiero que sea poblado e ai sea Dios adorado, t 

* Don Almerique estableció el señorío de Molina, no en 
forma de feudo, sino de behetría 6 bene&ctoría, dando derecho 
á los de la villa para elegir un señor á su placer, siempre que 
fuera de la familia del conde. 

* Mas antes de visitar las particularidades de cada uno de 
estos pueblos del Señorío, conviene decir algo más acerca de su 



pues de 1137, fué destruida por musulmanes; pues Alfonso VII, adulado por loa 
escritores contemporáneos, se empleó entonces más en usurpar tierras de cristia- 
nos que en ganarlas de los moros. 

(a) En la Exposición provincial de Guadalajara, el año de 1876, me llamó la 
atención, como no podía menos, un vetusto códice en vitela, entre dos toscas y 
apolilladas tablas, que había mandado allá con muy buen acuerdo el ayuntamien- 
to de Molina. Pude disfrutarlo cómodamente, y escribir sobre él unos artículos 
que se publicaron en la Re^nsla del Ateneo de Guadalajara, tanto más, que la ver- 
sión publicada por Llórente deja mucho que desear. Por desgracia, el códice no 
era el privilegio autógrafo de D. Almerique, sino su versión romanceada en el si- 
glo XIII. 



220 GUADALAJARA 



fuero comunal, que del concejo de la villa trascendía en sus dis- 
posiciones administrativas á las aldeas, consideradas como ba- 
rrios suyos, y las vicisitudes de su señorío y señores, principal- 
mente con respecto á su grande y célebre señora, la no siempre 
afortunada D.^ Blanca, y sus peligros en el siglo xiv, hasta su 
reincorporación á Castilla. Los Laras habían convertido Alba- 
rracín y Molina en dos nidos de bandoleros, desde donde sa- 
queaban los pueblos indefensos de Aragón y de Castilla, cuando 
los señores no se desdeñaban de ser ladrones y aun tomaban el 
oficio por apellido. De la guarida ladronesca é inmediata de AI- 
barracín, los echó D. Jaime no sin trabajo. Á D. Gonzalo Pérez 
de Lara, que ejercía la profesión desde Molina, vino á combatir- 
le San Fernando, en compañía de su madre, la varonil y discreta 
D.^ Berenguela, demasiado ofendida de los Laras* 

* Á D.^ Mafalda sucedió su hija D.^ Blanca, que con título 
de infanta, fué, durante gran parte del siglo xiii, señora de Mo- 
lina, y cuyo recuerdo es siempre grato á los de aquella villa, que 
ya de ella sólo conservan su venerado y precioso manto (a). 

* Casó D.* Blanca con D. Alonso el Niño, hijo natural de 
D. Alfonso el Sabio, que no fué muy afortunado en su matrimo- 
nio, el cual desapareció de Molina, sin que se supiera más de 
él: según unos, marchó en peregrinación á Tierra Santa, solu- 
ción piadosa, pero poco satisfactoria; mas según otros, marchó 
á lueñes tierras, no pudiendo sufrir la altivez de su señora más 
que esposa. 

* D.^ Blanca realzó á Molina con religiosas fundaciones, 
aumentó las fortificaciones de su villa, instituyó una compañía 
de cien guardias, compuesta de los mejores caballeros déla villa, 
con cierto aspecto de confraternidad {ó), mejoró los fueros de la 
villa, y quizá fué ella quien hizo romancearlos. 



(a) Es blanco y con labores de pluma : sobre él juraban y juran sus cargos los 
concejales de Molina. Estaba en el convento de San Francisco, y servia para cu- 
brir la mesa donde se colocaba el Santísimo el día del Corpus, lo cual y las indis- 
cretas sustracciones, obligó á ponerlo entre cristales para evitar su deterioro. 

(6) La palabra mileSf que en el lenguaje foral y jurídico de aquel tiempo signi- 



GUADALAJA.RA 221 

* Los caballeros de Molina, que por su número y brío die- 
ron nombradía y sobrenombre á su villa, vivían en lo que se 
llamaba el Cinto ^ que era la parte superior de la población, inme- 
diata al alcázar señorial y con especial muralla. Todos los veci» 
nos de Molina eran excusados (exentos de tributos), pero no 
todos iguales. El vecino que vivía c dentro de adarves» no pecha- 
ba, sino para la reparación de ellos y su defensa, pues en la es- 
trategia de aquella época, el que arrimaba su casa al adarve 
tenía que defenderlo ó buscar quien defendiese casa y muro. 
Pero el que tenía t caballo e arma de fuste (pavés ó yelmo de 
madera, pues de madera los había) e de hierro, casa poblada, 
muger e hijo » nada pechaba, antes bien, era caballero en todo 
el rigor de la palabra, no por ejecutoria, sino porque en hacien- 
do la señal de alarma, tenía que salir en hueste (in hostem)^ 
mientras los demás guardaban los adarves. Esta organización 
militar alcanzaba al régimen administrativo. Los concejales lle- 
vaban el título de aportelladosy porque cada uno, á guisa de al- 
calde de barrio, guardaba uno de los portillos del recinto fortifi- 
cado, ó entradas de la población, y regía el barrio inmediato^ 
llevando su voz y voto en el Concejo. Pero el aldeano de tierra 
de Molina que se establecía en la villa, no era excusado, sino 
después de que tuviera casa, mujer é hijos y un año de residen- 
cia fija. 

* Tal es el origen de este célebre y ponderado señorío, 
cuyo título han llevado siempre los reyes de España desde su 
incorporación á la corona, llamándose desde la época de los Re- 
yes Católicos, Condes de Barcelona y Señores de Vizcaya y de 
Molina {a). 



fícaba caballero, se tradujo posteriormente por militar 6 soldado. Después de va- 
rias vicisitudes, la guardia de D.» Blanca se convirtió en cofradía de la Virgen del 
Carmen; pero sólo podían ser individuos de ella, los que pudieran usar algún traje 
militar; así que los voluntarios realistas y milicianos nacionales daban un buen 
contingente á la cofradía, según los tiempos. 

(a) Las palabras textuales del fuero romanceado y confirmado por D.* Blanca 
dicen : «Yo el Conde Almerique (no Almerich, como antes dice) do vos en fuero 



222 GUADA J. AJARA 



* El territorio que dio D. Manrique á la villa y su concejo 
debió ser el adyacente y dentro de su sierra y de sus puertos. 
El que se le dice concedido por el infante D. Alfonso en el si- 
glo XIII, no debió pasar de las márgenes del pergamino, ó sería 
para cuando lo ganasen y no lo llegaron á ganar. 

* Estos son los términos de Molina de los Caballeros (a): 
ca Tangonez, a Santa María de Almalaf, a Abestradiel, a Ga- 
liel, a Sisemon, a Xaraba, a Ceballa (¿), a Cubiel, a la laguna 
de Alsucan, al Poyo de mió Cid, a Penna Palomera al puerto de 
Escobiola, a Casador, a Ademuz, a Cabriol, a la laguna de Ber- 
naldez, a Huelamo, a los Casares de Joan Remirez, a los Ar- 
mallones. Esto departió D. Alonso e diolo en fuero con conseio 
de homes buenos que dio el Conseyo.t 

* Esta donación, que ha pasado como cierta y demarca- 
ción del señorío es apócrifa, anacrónica y disparatada: debió 
fraguarla algún mal entretenido, cuando en las luchas de Don 
Pedro el Grande quiso D. Sancho el Bravo apoderarse de par- 
te de Aragón. El castillo de Sisamón era de Aragón, pero lo 
poseyeron varias veces los reyes de Castilla. Jaraba era propie- 
dad de la iglesia de Santa María de Calatayud desde que la 
ganó y pobló D. Alfonso el Batallador {c). Cubel y Cimballa 
eran de la Comunidad de Calatayud. ¿ Cómo podía D. Almeri- 
que darlos á Molina en el siglo xii? 

* Pero donde aparece más clara la superchería que ha 
pasado inadvertida entre todos los escritores, viene á ser en la 
supuesta confirmación del fuero que supone confirmado ese fuero 
por ante el Emperador en 1 2 1 3 , año de la muerte del rey don 
Pedro de Aragón, suponiendo á éste coetáneo del emperador 



que siempre de mis hijos o de mis nietos hayades aquel que a vos ploguierc e a 
vos bienjiciere (benefactoría, 6 behetría) et non hayades si non un sennor.» 

(a) La locución de Molina de los Caballeros no podía ser del siglo xii, pero era 
ya muy propia en el xiii. 

(b) Diría Céballa, y suprimieron la tilde. El pueblo es Cimballa y en algunos 
documentos latinos Comballa: era del monasterio de Piedra. 

(c) Véase el tomo 49 de la España sagrada^ pág. 346. 



GUADALAJARA 22^ 



D. Alonso VII y su hijo D. Sancho con torpe embrollo (a). 

* De todos modos allí aparece que el emperador reina y 
reinan sus hijos, pero no que estos confirman. 

* Pero aun descartando todos los pueblos que siempre fue- 
ron de Aragón y no del seftorío de Molina, aún le quedaba á su 
vasto señorío todo el territorio que medía entre las sierras de 
Molina y sierra Menera (de la mena ó del hierro), que le sepa- 
ran de Aragón, y la sierra Ministra que lo separa del territorio 
soriano y de los manantiales del Duero. 

* En el siglo xvi y principios del xvii contaba el seftorío 
con dos villas realengas, y exentas por tanto de la jurisdicción 
del Concejo, aunque enclavadas en su territorio, doce aldeas de 
señoríos particulares allí ingeridos, sesenta y cinco aldeas con 
sus concejos, pero ya por tanto no dependientes del alcalde y 
concejo de Molina, sino de un corregidor nombrado por el rey; 
de modo que desde el tiempo de los Reyes católicos y su cen- 
tralización administrativa, el señorío era ya solamente una cosa 
histórica y nominal. 

* Dividíase el territorio en cuatro sexmos á estilo de las 
comunidades de Ávila, Soria y Salamanca, y se denominaban el 
Campo, el Sabinar, la Sierra y Pedregal. Cada sexma nombra- 
ba un diputado ó sexmero anualmente, y tenían sus juntas y ar- 
chivo comunal en el convento de San Francisco titulado Real y 
muy importante en Molina. 

* Entre sus villas principales sobresalían Tortuera, Traid, 
Checa, Pedregal y la industriosa villa de Maranchón {ó). 



(a) El autor de esta falsa y embrollada confirmación, que debió hacerse en los 
revueltos tiempos de D. Sancho el Bravo, confundió al emperador D. Alonso con 
D. Alfonso el Noble. Dice la confirmación, según el texto de Llórente: Ego Malri- 
cus Comes cum uxore mea Armesend hanc casíam Jieri jussimus regnante Alfonso 
Imperalore (murió en 1 1 57) in tota Hispania tum in paganis quam in christianis. 
Sancius Rex Castelloe. Ferrandus Rex Legionis (entraron á reinaren 1 1 57). Petrus 
Seguntinus Efiscofus (el obispo D. Pedro murió en 1156, según el episcopolo- 
gio)... Roboramentum huius charte Jactum est in Aurelia (Oreja) coram pUssimo 
¡mperatore Aldejonso et filio suo Rege Sancio.,, (fecha de día sin año). Quando Pe- 
trus Toloscc obiil (D. Pedro II de Aragón murió en 1 2 1 3 cerca de Tolosa). 

(b) Maranchón y Checa figuran entre las villas más pobladas de la provincia 
con más de i 300 vecinos cada una de ellas. 






224 GUADALAJARA 



* Las salinas de Traid citadas en el fuero de Molina, ma- 
niñestan que además de los caballeros, excusados y pecheros, 
había judería en Molina. £1 artículo relativo á la sal dice: cDo 
a vos en fuero que siempre todos los vecinos de Molina, caba- 
lleros e clérigos e judios, prendan sendos canees (a) de sal cada 
anno e den en precio de aquestos canees sendos mencales...» 

* En el siguiente prohibe que los castillos de Zafra y Mo- 
lina pasen por herencia á sus parientes, pues han de ser siem- 
pre del seftor de Molina, y lo mismo todos los demás que se 
construyeren en yermos 6 poblados. 

* La suerte de D.^ Blanca la gran bienhechora de Molina, 
fué desgraciada en los últimos años de su vida. Acababa de de- 
rrotar con sus guardias y caballeros á los aragoneses de la se- 
rranía de Albarracín, que habían entrado en algarada por tierras 
del señorío : alcanzólos á su regreso entre Tordillego y Torde- 
silos haciendo en ellos tal destrozo, que desde entonces el sitio 
del encuentro se llamó el c campo de la matanza t. Mas habiendo 
entrado en relaciones para casar á su hija Isabel con D. Alonso 
el primogénito del rey de Aragón, temió el suspicaz D. San- 
cho el Bravo que el señorío pasase á la corona de Aragón, lo 
que por cierto no cabía que él lo tolerase, pues por el contra- 
rio, anhelaba en su codicia incorporarlo á la corona. En tan duro 
trance tuvo la infortunada señora que acceder á la invitación del 
rey de pasar á Valladolid á ver á su hermana la reina, y aunque 
su perspicacia quizá comprendió que iba á quedar prisionera, no 
pudo evitar su aciaga suerte, pues hubiera el monarca tomado á 
pechos el desaire. Después de algunos agasajos hízola encerrar 
el rey en el alcázar de Segovia hasta que trajera de Molina á su 
hija Isabel, á la cual malcasó atropelladamente con* su primo don 
Juan Núñez de Lara con harto humillantes condiciones, pues 



(a) Cafíz (cahiz), medida todavía usual en Aragón : tiene cuatro fanegas y ocho 
medias fanegas. La medida de Aragón era la media para sal y cereales. La media 
se dividía en almudes. 



GUADALAJARA 22$ 



necesitaba el rey granjearse á toda costa la influencia de aquella 
levantisca familia. 

* La boda resultó tal que D.^ Blanca murió dos afíos des- 
pués por efecto de los disgustos, y al mes murió su hija por los 
que le proporcionaba el genio altanero, según se dijo, de su 
primo y marido el de Lara, y no habiendo dejado sucesión, en- 
tró á heredar el rey, y acabó con el señorío, pues quedó ya éste 
como mero título y cosa nominal, una vez vinculado en la coro- 
na desde los tiempos de D. Sancho el Bravo. 

* Con todo, los de Molina y su tierra conservaron siempre 
ciertos aires de independencia. El desdén de D. Enrique el Fra- 
tricida cediendo el señorío á Mosen Beltrán Claquin (Du Gues- 
clin) costóle caro, pues los de Molina hubieron de echarse en 
brazos de los aragoneses, al ver las atrocidades que los aventu- 
reros franceses habían cometido en Soria ; y acudieron á toda 
priesa á pedir spcorro al rey de Aragón, el cual mandó al Justicia 
de Calatayud, Diego García de Vera, que acudiese allí presuroso 
con 500 hombres de aquella ciudad, armas y bastimentos, cómo 
lo hizo (a). Mas pasado el apuro, y no estando conformes todos 
los vecinos con la sumisión al rey de Aragón, surgieron algunos 
conflictos hasta que volvió á incorporarse á la corona de Cas- 
taia. 

* Desde entonces comenzó la decadencia de Molina y de 
su antigua pujanza señorial. Bien lo había previsto la infortu- 
nada D.^ Blanca, cuando al morir hizo pintar en varios parajes 
de la torre del homenaje en el alcázar de Molina, donde espiró, 
un triste rótulo que decía: ^Mijin^ mi bien y el vuestro*^ dando 
á entender que en todas sus acciones había tenido por fín el 
cumplir la benefactoría, haciendo el bien posible á la villa y al 
señorío, al paso que ella disfrutaba de esos bienes. Pero los 
que creyeron hallar latente y misterioso sentido en aquellas 



(a) Véase el tomo 2.** de la Historia de Calatayud^ pág. i 5, por D. Vicente de 
LA Fuente. 

99 



<226 



GUAi>ALAJARA 



j)alabras entendieron que predecía que con su fin finaba también 
el señorío de Molina ; y no fué poco para ellos que á la muerte 
Je sus dos últimas señoras y de su perseguidor D. Sancho se 
encargara de la gobernación del reino y tutela de Fernando IV 
doña María de Molina^ á la que reconoce la Historia con el 
nombre de D/ María la Grande^ que con su virtud y altas pren- 
das hizo más llevadera la incorporación del Señorío ala Corona. 




Cuenca 




II»*t¿ :;■ 



■r 



CAPITULO I 



Desorlpcldn general da la Provincia 



^'^mVartiendo de levante y norte las empinadas sierras, cuyo 
,JL^ espinazo ó tronco traza el límite divisorio entre Aragón y 
Castilla, forman de la provincia de Cuenca un extenso declive 
que, bajando hacia poniente y mediodía, viene á p«-derse en las 
rasas llanuras de la Mancha. De su vértice más alto, hacia las 
cumbres de Tragacete, descienden caudalosos y nombrados ríos: 
y mientras el Tajo siguiendo la vertiente opuesta lleva sus na- 
cientes aguas al seftorío de Molina, el Guadiela en dirección al 
oeste enfila los angostos valles de Priego, y el Júcar y el Gabriel, 
casi paralelos en su curso, recorren de norte á sur la longitud 



330 CUENCA 



de la provincia, torciendo en seguida al este para regar unidos 
el reino valenciano. Variada y á menudo risueña es la situación 
de los pequeños lugares plantados en la cúspide de las lomas ó 
en el fondo de las cañadas ; pero la aspereza del territorio en 
gran parte yermo, excluyendo de su seno la abundancia, la hace 
también estéril en recuerdos ilustres y en grandiosos monumen- 
tos. La segur ha abierto brecha en sus bosques seculares de 
robles y encinas, como el soplo corruptor del siglo en las eos* 
tumbres puras é inocentes de sus laboriosos habitantes ; y sin 
embargo aún guardan allí cierta feliz analogía los hombres y la 
naturaleza : suaves aromas se exhalan aún de aquellas vírgenes 
espesuras, preciosos jaspes encubre la rudeza de aquellos pe- 
ñascos. 

Conociólos la antigüedad con el nombre de montes de Idú- 
beda, y abarcábalos la región meridional de la belicosa Cel- 
tiberia, donde á pesar del áspero suelo florecían bajo el dominio 
de los romanos tres ciudades distinguidas, y en la iglesia de la 
España goda tres nobles sillas episcopales. Ergávica y Segóbri- 
ga han apurado sin fruto el ingenio más que el saber de los an- 
ticuarios para fijar su primitivo asiento, y sus memorias han ido 
vagando de ruina en ruina como en busca de domicilio (i): úni- 
camente Valeria, trocando apenas de nombre, pero sí de condi- 
ción, subsiste á cinco leguas y al mediodía de Cuenca, confundi- 



(i) Las indicaciones históricas y geográficas que de Ergávica y Segóbriga se 
hallan en Tito Livio, Plinio y Tolomeo, á pesar de inauditos esfuerzos, no han po- 
dido ser todavía satisfactoriamente conciliadas. La reducción de Segóbriga, cabe- 
za ó principio de la Celtiberia, á la moderna Segorbe, situada en la Edetania, fué 
impugnada vigorosamente por Morales y Zurita, á pesar de la semejanza del nom- 
bre y de los monumentos romanos que allí abundan ; Flórez, Masdeu y otros auto- 
res modernos insisten no obstante en sostenerla. Mayor oscuridad todavía existe 
con respecto á la situación de Ergávica, ciudad noble y poderosa, según Livio, 
que Morales coloca en Santaver ó en el cerro de Peña-escrita sobre la línea del 
Guadiela, conformándose á uno ú otro parecer la mayor parte de escritores. Sin 
embargo, al mediodía de Uclés, en el despoblado de Cabeza de Griego, aparecen 
vestigios de una grandiosa ciudad romana, y el hallazgo de dos sepulcros de obis- 
pos no permite dudar que fuese cabeza de diócesis, en cuyo caso no puede ser 
otra que Segóbriga ó Ergávica : una vez admitida la opinión que reduce á Segorbe 
la primera, aquellas ruinas no pueden menos de pertenecer á la segunda. 



CUENCA 



das en un mismo polvo las gentHicas tumbas de sus patricios y 
venerable cátedra de sus prelados (i). Sobre un cortado peñón, 








Sitio llamado La Ciudad Encat 



ceñido de fosos naturales, al sur de la humilde villa, reconócense 



(O Entre los obispos Valericnscs no son conocidos sino los que asistieron á 
los concilios de Toledo, á saber: Juan en 589, Magnencio en 610, Eusebiode 6^3 
-4 637,TagOilciode 638 é 654, Esteban en 655. Gaudcncio de 675 á 693. El pa- 
dre FlOrez publica hasta veinticinco inscripciones sepulcrales copiadas diligente- 
mente por el P. Burriel, y en una de ellas se menciona la república Valeriense : el 
nombre de la ciudad indica que debió su fundación ó su ensanche á los romanos 
después de sometida la Península. De sus ruinas han nacido dos poblaciones con 
el nombre de Valcra, la dt arriba al norte inmediata á la antigua, la otra una legua 
más abajo, ambas pertenecientes al señorío de los Alarcones. 



232 CUENCA 



las calles del ilustre municipio ; pero unos vestigios de termas ó 
baños públicos es cuanto resta en pié de sus construcciones. 
También á orillas del Guadiela, en el cerro de Pefta-escrita, jun- 
to á Priego, y seis leguas más abajo en el despoblado de Santa- 
ver, aparecen indicios de población romana, sin que haya podido 
aún determinarse su correspondencia á una de tantas que toda- 
vía quedan por localizar (i). 

Desde los primeros años de la dominación agarena vemos 
hundirse las celtíberas capitales, y levantarse en su lugar fuertes 
y pequeñas villas al rededor de un castillo ; Conca, Alarcón, 
Uclis, Webde, Santiberia y Zorita. Ya en 784 dio Alarcón, que 
se interpreta atalaya^ seguro é ignorado asilo á Muhamad el 
Fehri, hijo del postrer gobernador Yusuf, prófugo y derrotado 
por el jefe de la dinastía de los Omeyas, el grande Abderramán. 
A fines del siglo ix, el rebelde Aben Hafsún estableció en aque- 
llas breñas el baluarte de su usurpado imperio, de donde fué á 
gran costa desalojado. En la desmembración de reinos que si- 
guió á la extinción de los califas cordobeses, el señorío de las 
sierras orientales pasó sucesivamente por alianzas ó por conquis- 
ta al de Valencia, al de Toledo, al de Sevilla, quien lo cedió 
como dote de su hija Zaida á Alfonso VI, y lo recobró luego con 
el apoyo de los almorávides. Las portentosas hazañas del Cid 
campeador, que al través de los montes se abrió camino hasta 
Valencia, las de Alvar Fáñez, su digno sucesor, las veleidosas 
ligas de los ambiciosos jeques con los cristianos para combatir 
á los almorávides ó entre sí propios, pusieron repetidas veces al 
estandarte de la cruz en posesión de aquellas enriscadas fortale- 
zas ; pero no se clavó definitivamente en sus murallas, sino des- 



(i) Las reducciones de Caisada á Hita, de Mediolum á Molina ó Moya, de Isio- 
nium á Cañavate, de Libaría á Villar del Maestre, de Urcesa á Requena ó Utiel, de 
Ccnióbriga á Brihuega, eon muy dudosas y fundadas en débiles conjeturas ; y aun 
estas faltan con respecto á Bursada, Laxta y Alaba que, según la graduación de 
Tolomeo, pertenecían á la misma región. En las historias árabes figura la fortaleza 
de Santiberia correspondiente á Santaver, nombre de origen evidentemente cris- 
tiano y anterior á la invasión sarracena. 



CUENCA 233 



pues que hubo sucumbido Cuenca en 1 1 7 7 ante los esfuerzos 
combinados de Castilla y Aragón. Rindióse Alarcón en 11 84 
tras de nueve meses de sitio, escalada por el arrojo de Fernán 
Martínez de Ceballos, que hincando dos puñales en el muro, 
subió el primero hasta la torre del homenaje, tomando desde 
entonces por apellido el nombre de la villa (i) ; cayó dos años 
después Iniesta, que nada tiene de común con la Etelesta carpe- 
tana ; el fuerte castillo de Zafra y su señor así llamado, dieron 
alta prez y gloría con su vencimiento á D. Pedro de Lara, se- 
gundo conde de Molina. La tradición realzó con fabulosos pro* 
digios esta hazaña, como es de ver en el epitafio que de dicho 
caballero se leía en el famoso monasterio de Huerta, y que co- 
piamos entero por sus curiosas indicaciones : € Aquí yace el 
conde D. Pedro Manrique, que nos dio la torre de Zafra que es 
en término de Alarcón, y nos dio la presa y molinos y batan y 
la casa con la heredad y con su capilla de Santiago, que está 
ribera de Júcar cerca de Albadalejo del Cuende que es cerca de 
Cuenca ; y este valeroso conde mató al moro Zafra, que era un 
moro muy descomunal, que tenia de ojo á ojo un palmo y otras 
figuras muy fuertes, que no habia home que con él pelease que 
no le matase ; y el dicho señor conde encomendóse á la Virgen 
Sta. María de Huerta, y ofreció el su cuerpo, y prometió la dicha 
torre si él matase á Zafra, y dicha capilla de Santiago con toda 
su heredad y término ; y ayudándole Dios nuestro señor y la 
Virgen María, el buen conde mató á Zafra y dio la torre á este 
monesterio, la cual dicen hoy la Torre del Monge, que es tér- 
mino de Alarcón cerca de Villar del Sauce, y la presa con los 
molinos y la casa con su término y con su capilla de Santiago: 



(i) La importancia de esta toma de Alarcón por Alfonso VIII, la encarece en 
estos términos el arzobispo D. Rodrigo : Ccepit Alarconem in rupibus semptternis^ 
el firmavit seras defensionis; aldeis multis dotavii illud^ ut abundaret in eo íncola 
fidei; cansliluil fortes in munimine^ut essel Arabibus vianecis; deserla apte replevit 
gentibus^ el in via lutatus est habitatores ; alcarias rvpium domuil pofulis^ el duri- 
tiam silicis converlit in vias, (Lib. VII, c. 27.) 
30 



234 CUENCA 



pasó desta vida el año de 1223» (i). Pobláronse de cristianos 
los lugares, lanz<Sse al enemigo de sus innaccesibles guaridas, 
trocáronse en anchos caminos los densos bosques y matorrales: 
Alarcón, hecha cabeza de la comarca, fué confiada á la custodia 
de los caballeros de Santiago, recién establecidos en Uclés ; y al 
volver en 1 197 los victoriosos almohades de su asoladora incur- 
sión por Castilla, hallando ya defendidas las nuevas poblaciones, 
hubieron de contentarse con devastar los campos. 

Arrollados los sarracenos del suelo meridional de la provin- 
cia allende los confínes de Murcia, mantuviéronse todavía por 
algún tiempo al abrigó de las sierras de levante sobre la fronte- 
ra valenciana. Moya, destruida por los azares de la guerra, fué 
repoblada en 1 209 de orden del monarca por Pedro Fernández, 
señor de Castril de Vela, y por el alcalde Pedro Vidas : la toma 
de Cañete, su vecina, debió ser contemporánea. En la fragosa 
extremidad del sudeste quedaban aún por someter Requena, cu- 
yas cercanías, en 1 1 de Agosto de 1 184, habían visto á Armen- 
gol, conde de Urgel, perecer en una emboscada con la flor de 
sus caballeros, y cuya fortaleza esquivó atacar Alfonso VIII, al 
llevar en 1 2 1 1 por las riberas del Júcar hasta el Mediterráneo 
sus armas victoriosas. Acometió la empresa ocho años más tar- 
de el insigne arzobispo D. Rodrigo, y levantando una cruzada 
de doscientos mil hombres, tomó tres castillos de la serranía y 
puso sitio á Requena : mas hubo de levantarlo al cabo de mes 
y medio, dejando dos mil cadáveres al pié de los aportillados 
muros ; y perseguida la desbandada hueste por el enemigo, aban- 
donó en Cañavate los cautivos y la presa (2). Sin embargo, no 



(i) La fecha está equivocada, ó bien se confunde á éste con otro personaje, 
pues D. Pedro el segundo, conde de Molina, murió en 1202. Zafra es corrupción 
de la voz árabe Saphar. 

(2) Esta expedición, de poco grato recuerdo para su caudillo, pues ni siquiera 
.la apunta en su historia, reñérenla del siguiente modo los Anales Toledanos pri- 
meros : «El arzobispo D. Rodrigo de Toledo fizo cruzada e ayuntó entre peones e 
caballeros mas de ducentas veces mil, e entró á tierra de moros de part de Aragón 
dia de Sant Mathcus evangelista, e prisó tres castiellos, Sierra e Serresuela e Mira; 
después cercó á Requena dia de Sant Miguel, e lidiáronla con almajanequis e con 



CUENCA 235 



tardó Requena en abatir su cerviz indómita, pues en 1223, los 
concejos de Cuenca, Alarcón y Moya invadieron ya los lindes 
del reino valenciano, del cual era llave aquel castillo^ y Zeit-Abu- 
Zeit, su monarca, llegó hasta Moya en 1 225 para besar la mano 
de Femando III y constituirse su vasallo. Cuéntase que el san- 
to rey dio más adelante al convertido valí la torre de Zafra, 
encomienda de la orden de Santiago, antes que el de Aragón le 
otorgara ricos heredamientos en sus dominios como indemniza- 
don de la perdida corona (i). 

Aunque varios historiadores afirman que Abuzeit prestó en 
Cuenca su homenaje á San Fernando , parece que no pasó de 
Moya según la cláusula de una escritura del mismo rey que se 
halla en el bularlo de la orden de Santiago : eo videlicet atino 
(1225) quo Zeit Abuzeit rex Valentue^ accedens ad me apud 
Moyam, devenit vasallus meus, et osculatus est manus m^as. 

Daba la ley en aquel país la poderosa familia de los Laras^ 
cuya pujanza coincidió con la época de su sometimiento, y cuya 
rama primogénita obtenía el cercano señorío de Molina. Dueño 
de las fortalezas de Alarcón y Cañete, el conde Alvaro imponía 
sujeción á los pueblos y temor á sus contrarios, reinando á nom- 
bre del joven Enrique I ; pero hubo de restituirlas á la corona 
luego que entró á reinar San Fernando, á trueque de conseguir 
su libertad. Rescatóla igualmente su deudo Gonzalo Pérez, se- 
ñor de Molina, sitiado por el mismo rey en el castillo de Zafra 



algarradas e con de libra, e dcrrivaron torres e azitaras, e non la pudieron pren- 
der, c murieron hi mas de dos mil cristianos, e tornáronse eJ dia de Sant Martin, 
era MCCLVII (1^19 de C.).» En las historias árabes se lee «que entrando cargados 
de despojos los cristianos en tierra de Valencia, después de haber talado los cam- 
pos de Almanza y Rekina, salieron contra ellos los fronteros y les dieron batalla 
en Canabat, y los rompieron y destrozaron quitándoles toda la presa y cautivos y 
haciendo en ellos cruel matanza.» 

(i) Sobre los milagros de la famosa cruz de Carayaca que prepararon la con- 
versión del valí destronado, y sobre su bautismo en Cuenca por el arcipreste Ginés 
Pérez Chirino, pueden ver singulares cosas en la historia de aquella ciudad por 
Mártir Rizo los que no se contenten con las relaciones más fidedignas de Zurita y 
Mariana. Según Rizo, murió Abuzeit en 1270 en Zafra, dejando su nombre á una 
torre llamada por corrupción del aceite^ y fué sepultado en Santiago de Uclés. 



236 CUENCA 



con la renuncia de sus estados y exclusión de sus hijos varones; 
y el poder real se afirmó sin competencia en toda la serranía. 
Alfonso el Sabio hizo extensivo á Alarcón y Moya el libre fuera 
de Cuenca; y proponíase en 1273 concertar una expedición con- 
tra los moros con su anciano suegro Jaime el Conquistador, 
cuando una grave enfermedad disipó en Requena sus belicosos 
proyectos. La vecindad empero de Aragón fué muy pronto fu- 
nesta al sosiego de la comarca durante los apuros de Sancho el 
Bravo, quien prometió al aragonés la cesión de Requena en 1 281 
con tal de apartarle de la causa de los infantes de la Cerda. 
Emigrado á aquel reino D. Juan Núfíez de Lara, renovando las 
pretensiones de sus abuelos, invadió repetidas veces con estra- 
go las tierras de Castilla, desbarató las tropas reales tomándo- 
les los pendones, apoderóse de Cañete y Moya; mas todo se la 
quitó una paz insegura y llena de asechanzas. Á su hijo fué de- 
vuelta Moya por Fernando IV, que arrepentido luego vinculó la 
posesión de ella á la real primogenitura; Alarcón fué dada por 
el mismo tiempo al infante D. Juan Manuel, é incorporada en el 
marquesado de Villena; de Cuenca hizo donación el rey D. Pe- 
dro á su tía D.* Leonor, que residiendo en la frontera, no apar- 
taba los ojos de Aragón, donde había sido reina y donde sus 
hijos la vengaban de su entenado. La donación no tuvo efecta 
por entonces ; pero fallecido D. Pedro, Requena y Cañete se 
entregaron al rey de Aragón por traición de sus alcaides, y cos- 
tó una guerra á Enrique II su recobro. 

Á pesar de la importancia fronteriza del país, que reservaba 
naturalmente su posesión exclusiva á la corona, formáronse en 
su término vastos y poderosos señoríos. Hacia el norte y raya- 
no de la Alcarria se extiende un territorio poblado de cuantiosas 
villas, que dado por San Fernando á su hijo D. Manuel, empe- 
zó á llamarse del Infantado; y transmitido sucesivamente á 
D.^ Mayor Guillen, dama de Alfonso X, á D.* Beatriz, reina de 
Portugal su hija, y á su nieta D.* Blanca, abadesa de las Huel- 
gas, volvió otra vez por compra á D. Juan Manuel, hijo del pri* 



CUENCA 237 



mer poseedor. Por casamiento de D.^ Constanza, biznieta de 
éste, pasó el señorío á la familia de Albornoz, cuya última he- 
redera D.* María lo llevó en dote al famoso D. Enrique de Vi- 
llena, que divorciado luego de su esposa por ambición del maes- 
trazgo de Calatrava, lo perdió todo á la vez cogido en sus propias 
redes. Entretenido por el «monarca con la esperanza de recobrar 
el marquesado de Villena, é incapaz de dominar la viva resis- 
tencia de Alarcón y demás pueblos á reconocerle por señor, 
hubo de reducirse el sabio nigromante á la villa de Iniesta, os- 
curo teatro de sus doctas tareas y misteriosas vigilias, perdidas 
también para su gloría. De los Albornoces heredaron el Infan- 
tado los Lunas, y de éstos los Pachecos por enlace con la nieta 
de D. Alvaro; pero Enrique IV hizo gracia de él en 1470 a 
Diego Hurtado de Mendoza en premio de los servicios presta- 
dos á su mujer y á su hija, dando á Pacheco en compensación la 
villa de Requena con los derechos de su frontera. De la misma 
noble estirpe de Mendoza y de igual nombre y apellido fueron 
los fundadores de otros dos vecinos estados ; el uno á quien con- 
cedió el propio monarca en 1465 la contigua villa de Priego con 
título de condado, el otro que en 1 440 compró por doce mil flo- 
rínes de oro el señorío de Cañete á D. Juan Martínez de Luna, 
á cuya familia lo otorgara Enrique III. También Moya en 1475 
fué por los Reyes Católicos erigida en marquesado á favor de 
Andrés de Cabrera, á quien sobraran, á falta de méritos pro- 
pios, los de su insigne esposa Beatriz de Bobadilla para obtener 
el primer lugar en la gratitud de sus soberanos. Alarcón y las 
otras villas meridionales quedaron por D. Diego Pacheco, mar- 
qués de Villena, sosegada la proterva lucha que en su término 
sostuvo con los capitanes reales D. Pedro Ruiz y D. Jorge Man- 
rique, entre cuyos estériles horrores sólo descuella la generosa 
porfía de dos hermanos y el sublime sacrificio de una vida ofre- 
cida y aceptada por la otra. Entre los prisioneros cogidos por 
Juan Berrio, capitán del marqués, hallábanse dos hermanos na- 
turales de Víllanueva de la Jara, llamados Martín y Juan Sainz 



238 CUENCA 



de Talaya ; y como al primero, que era casado, le htiblese toca- 
do la suerte de ser degollado con otros cinco por represalias, 
ofrecióse su hermano soltero á sufrir por él la muerte, pues no 
dejaba en pos de sí esposa é hijos. Hubo tiernas reconvenciones 
entre los dos y porfías generosas ; mas triunfó por fin el mance- 
bo, y aceptó el capitán el cruel sacrificio (i). 

. Sobre las villas del Infantado no descuella ningún castillo 
suntuoso que recuerde su feudal historia. Apenas hay vestigios 
del de Alcocer ganado por el Cid con una falsa huida en 1074 
tras de largo sitio, y defendido en el seno de la morisma como 
punto avanzado para la conquista de Valencia, desde el cual en- 
vió al monarca en prenda de su lealtad cincuenta caballos con 
ricos jaeces y otros tantos alfanjes tomados á los sarracenos. 
Igual suerte ha cabido al de Salmerón, origen de la discordia 
suscitada en 1432 entre el señor de Cañete y D. Alvaro de 
Luna, que obligó al primero á renunciar la parte que del casti- 
llo y pueblo le pertenecía. Escamilla no ofrece sino un torreón 
cuadrado y un viejo edificio, de mezquina apariencia para man- 
sión señorial ; en cambio ostenta sobre su parroquia de góticos 
resabios una pretenciosa torre, pesada mole de piedra construi- 
da á principios del último siglo y decorada con el nombre de 
Giralda por el templete y estatua en que termina. Alcocer con- 
serva su real convento de franciscas fundado en vida de Santa 
Clara por Alfonso el Sabio ; Valdeolivas su parroquia bizantina 
desfigurada por los reparos, y en su cuadrada torre cuatro ór- 
denes de ventanas semicirculares (2). La naturaleza del territo- 
rio corresponde al tipo de la limítrofe Alcarria, quebrada, ba- 
rrancosa, cubiertos sus montes de jaras y carrascales, amenos y 
fértiles sus valles regados por el profundo Guadiela. 



(i) Sucedió este hecho lastimoso, que largamente refíere Hernando del Pul- 
gar, en 147Q y en el castillo de Garci Muñoz, término de San Clemente. 

(2) En la sacristía de esta parroquia vimos el retrato de un buen prelado na- 
tural del mismo pueblo, cuyo recuerdo va gratamente unido al de nuestra edad 
primera, D. Antonio Pérez de Hirias, obispo que fué de Mallorca de 1826 á 1842. 



r 



r 




CUE:NCA.-Uu}ar del pueblo 



CUENCA 239 



Costeando las márgenes del río y dejando á la mitad del 
camino los restos de una pequeña iglesia bizantina con tres áb- 
sides en cruz, parroquia según dicen de un pueblo arruinado, se 
da vista á Priego, cabeza del norte de lá serranía, pintoresca- 
mente situada sobre una plataforma, que ciñen con hondo cauce 
por un lado el Guadiela, por otro el Escabas su tributario. Do- 
mina al caserío la cuadrada torre de la parroquia, que elegante 
y de aspecto monumental desde lejos, de cerca se descubre al- 
mohadillada y no anterior al siglo xvi, igualmente que la igle- 
sia. Léense en el primer cuerpo de la torre los nombres de 
Gaspar Muñoz, familiar del santo oficio, y de Miguel López, la 
fecha de 1562. Hasta 181 1 se conservó en la iglesia la bandera 
otomana traída de Lepan to por el sexto conde de Priego D. Fer- 
nando Carrillo de Mendoza^ primer mensajero de aquella insig- 
ne victoria. Poseía á Priego desde el reinado de Alfonso X una 
rama de los Carrillos, que se unió en el siglo xv á otra de los 
Mendozas por casamiento de D.^ Teresa con Diego Hurtado, 
primer conde de aquel título. 

Entre sus casas ni antiguas ni regulares, distingüese una 
cuya galería superior sostienen en vez de columnas figuras al 
parecer de alguaciles, excepto una de mujer, mansión que acaso 
debió pertenecer á los ilustres condes. Contiguo á la villa hay 
un convento de religiosas, á media legua otro moderno y sun- 
tuoso de franciscanos en amena posición. De Priego á Villaco- 
nejos ándase una legua de escabroso monte, y otra á orillas del 
Trabaque por un canal prolongado hasta Albalate de las No- 
gueras, lugar plantado sobre uh cerro entre los frondosos ár- 
boles cuyo nombre toma. Desde allí parten en dirección á Cuen- 
ca dos caminos : el uno más llano y apacible, que enfila de paso 
á Torralva y otras villas; el otro es un atajo que atravesando 
el corazón de la sierra y los lugarejos de Collados, Sotos y Ma- 
riana, desemboca en la magnífica y sorprendente hoz del Júcar, 
antes de introducir á la capital. 

Cañete y Moya, centro y título de dos marquesados hacia la 



240 CUENCA 



frontera oriental, conservan las antiguas murallas que robuste- 
cen su natural fortaleza y que alternativamente conmovieron y 
repararon las últimas guerras civiles con no poca ruina de los 
pueblos. Á dos quedan reducidas las seis parroquias que tuvo 
Moya, sin que sea por otro lado notable su decadencia : funda- 
ción de su primer marqués es el fuerte castillo de Cardenete á 
orillas del Gabriel. Floreciente y populosa sobre la frontera 
misma mantiénese Requena, cercada de caseríos, en ancha y 
fértil vega que sonríe como un oasis en medio de los pinares y 
malezas de la serranía. Aún se distingue cercado de muros y 
torreones, con su castillo en lo más alto de la muela, el primer 
recinto de la villa, enfrente del cual hacia el norte formóse más 
adelante en otra colina el barrio de las Peñas, que la población 
creciente ha unido con aquel, tendiéndose un cuarto de legua 
de cabo á cabo. De sus tres parroquias fundadas á fines del si- 
glo XIII ó en el xiv, San Salvador y Santa María ostentan fa- 
chadas góticas de muchas pero no muy diligentes labores ; San 
Nicolás se ha renovado por completo. Utíel, lugar vecino é in- 
separable de Requena en sus vicisitudes, apenas le reconoce 
ventaja en el número de habitantes y en la amenidad de su llanu- 
ra plantada de viñedos, sin faltarle tampoco su gótica iglesia {a). 
Á la Minglanilla dan renombre en la comarca sus minas de sal 
inagotables y las profundas cuevas excavadas en la roca, que las 
luces convierten en palacios de cristal. 

Las famosas villas meridionales, situadas entre el Júcar y el 
Gabriel hacia los confines de Murcia, han declinado sensible- 
mente de su pujanza, erigiéndose en cabeza de su distrito Moti- 
11a del Palancar, lugar oscuro y recién crecido. Las viejas casas 
de la antigua Iniesta tendidas de norte á sur en el declive de una 
loma entre viñas y olivares, contrastan con la regularidad y 
buena planta de Villanueva de la Jara su vecina, aldea de Alar- 



(a) Utiel y Hequena ya no corresponden á la provincia de Cuenca, por reformas 
hechas posteriormente á la época en que esto se escribía. 



CUENCA 341 



con en otro tiempo, que encierra cuatro conventos y restos de 
almenas arábigas á espaldas de su magnífica parroquia. En las 
ruinas de su castillo y en los solares obstruidos de escombros 
muestra su lastimosa despoblación el Cañavate, lugar para los 
cristianos ominoso por las derrotas que allí sufrieron en Ago&to 
de 1 142 y al volver del sitio de Requena en 1219. Hasta San 
Clemente, cuya torre no concluida domina á larga distancia el 
llano horizonte manchego, acrecentada rápidamente en el si- 
glo XV bajo el señorío de los marqueses de Villena, á quienes 
debe parte de la fábrica de su parroquia y el retablo mayor de 
Santiago, no se ha repuesto de los estragos de la epidemia y 
de la guerra que la afligieron á principios de este siglo. Pero 
ninguna iguala el abatimiento de Alarcón, como ninguna igualó 
su nombradía : la rival de Cuenca, la que defendía sus anchuro- 
sos términos á filo de espada (i), hoy cuenta menos de nueve- 
cientos habitantes alojados en pobres casuchos. Por fortuna per- 
manecen en pié sus cinco parroquias, atestiguando la grandeza 
de la villa en tiempos no muy lejanos : las fachadas de la Trini- 
dad y de Santiago datan de la decadencia gótica contemporánea 
de los Reyes Católicos; la de Santa María despliega bajo un 
arco artesonado en sus columnas corintias, nichos y labores, 
toda la elegancia del renacimiento en el reinado de Carlos V, á 
cuya época también pertenecen su retablo mayor y el de Santo 
Domingo de Silos divididos en multitud de compartimientos ; la 
portada de San Juan guarda rigurosamente el orden dórico, y 
su templo encierra una admirable custodia labrada por Cristó- 
bal de Becerril en 1575. Sirve el Júcar á Alarcón de profundo 
foso deslizándose por bajo de dos hermosos puentes y rodeán- 
dola en forma de herradura ; y al verla tan bien defendida por 



( I ) En el archivo municipal de Cuenca consta la avenencia estipulada en 1 3 5 z 
por esta ciudad con la villa de Alarcón sobre los términos de Campillo de Alto- 
buey, que habian dado motivo entre ambas á «querellas, robos, fuerzas, feridas y 
quebrantamientos de lugares.» En 1398 se hizo nueva división de términos con 
dicha villa y la de Moya. 
3» 



242 



CUENCA 



SU ya ruinoso alcázar y por las torres de sus tres puertas, forti- 
ficadas con puentes levadizos por el único lado accesible hacia 
oriente, no puede menos de recordarse que el enemigo más 
irresistible, que á unas poblaciones ensalza y á otras humilla, 
es la mudanza de los tiempos y el capricho de la fortuna. 





vf'' 



y f la fundax:ión de Cuenca, quien quiera la -^¡^^ 
j-^ fiíndase, presidió sin duda un feliz pensa- - 
miento; nunca obtuvo ciudad alguna situación 
más original y pintoresca. Dominada á la vez y 
dominante, ocupa la pendiente de una loma, 
entre los profundos cauces de dos ríos que al 
pié de ella se juntan, y á la sombra de tres 
altos picos que la protegen y custodian. El río que corre 
por el valle de poniente es el caudaloso Júcar; el que á le- 
vante se desliza es el apacible Huécar, que torciendo sesgada- 
mente á mediodía entre la ciudad y el arrabal, rinde tributo á 
su compaftero. A los tres empinados cerros dieron expresivos 
nombres otras tantas ermitas de que apenas hay vestigios : la 



244 CUENCA 



de San Cristóbal al que descuella al norte formando por decirlo 
así el testero de Cuenca, al de su izquierda allende el Huécar la 
de Nuestra Señora del Socorro, y al de su derecha de la otra 
parte del Júcar la titulada de la Ascensión ó Rey de la majestad. 
La loma ofrece un constante declive, cuya anchura en muchos 
puntos da solamente lugar á una calle, gozando á uno y otro 
lado las casas de idéntica perspectiva ; escarpadas rocas en fren- 
te, en el fondo corrientes aguas y verdes alamedas. La pobla- 
ción se ensancha al par que desciende, como una cascada des- 
prendida de la cumbre ; y en lo más bajo el arrabal imita un 
crecido remanso, rebosando fuera de las murallas. De esta suer- 
te la capital colocada entre ambas regiones de la provincia, 
participa de la doble índole de su territorio ; su cabeza se reclina 
sobre la sierra, sus pies descancan en la llanura. 

Vista de frente y desde abajo la ciudad, presenta un vasto 
anfiteatro, una grandiosa pirámide de edificios erizada de torres, 
por cima de la cual descuellan otras informes pirámides de pe- 
ñascos. Por ambos lados las cortadas y sinuosas breñas, el mur- 
mullo solemne de uno de los ríos, los risueños puentes, los fron- 
dosos árboles, los templos y casas suspendidas á enorme altura 
sobre la roca ó sobre colosales estribos, la variedad de balcones 
y azoteas, comunican á sus angostos paseos singular encanto, 
sembrándolos de bellos accidentes los fantásticos vapores de la 
mañana, los naranjados rayos de una tarde de otoño, ó la aérea 
iluminación que aparece en las entreabiertas ventanas por las 
noches de verano. Pero estas alturas, desde abajo tan asombro- 
sas, en que figuran sobrepuestos unos á otros los edificios» des- 
aparecen y por decirlo así se aplastan, cuando mirada la ciudad 
á vista de pájaro desde cualquiera de las cumbres que la domi- 
nan, se la descubre ceñida por dos abismos sobre incontrastable 
basamento, ocultada en gran parte por el declive, y en último 
término el caserío de los arrabales perdido entre el polvo de la 
dilatada llanura. Un horizonte, casi manchego por lo abierto 
y raso, se extiende por cima de los quebrados cerros, siguiendo 



los ojos la argentada línea del Júcar que sus vegas fertiliza, 
enriquecido ya con los caudales 

del Huécar y más adelante con 
los del Moscas 

A espaldas de los tres picos 
prolónganse otras tantas cordi 
lleras por cujas hoces ó valles 
intermedios bajan los dos ríos 





quellevanáCuen 

ca la fertilidad > 

la delicia Gra\es 

y casi pavorosas 

presiones produce la 

hoz del Jucar poblada 

de cavernosos ecos ce 

rrada entre altísimas 

peñas que imitan gigan 
tescas murallas > to 
rreones culebreando la 
senda por largo trecho 
sobre enhiestos ribazos 
hasta un angosto puen- 
te metido en el desfila- 

. ., , , Puente de San Pablo y la noz 

dero. Indícase todavía 

el sitio donde á fines del 

siglo xii el santo obispo Julián y su digno siervo San Lesmes se 

retiraban á tejer cestillas para vivir del trabajo de sus manos; y 



246 CUENCA 



de entonces acá la naturaleza apenas ha depuesto su salvaje as- 
pecto de Tebaida. La hoz oriental empero, á la cual abre salida el 
magnífico puente de San Pablo, es un canal de huertos no inte- 
rrumpido á orillas del modesto Huécar, cuyo escaso caudal en 
su breve curso no cesa de derramar beneficios, ora regando 
vergeles, ora dando impulso á los molinos (i), presentando á 
cada recodo risueñas y variadas perspectivas, hasta la Palomera 
donde tiene origen, y donde una cueva estalactftica con sus be- 
llezas subterráneas y salones y galerías de alabastro ofrece sor- 
prendente término á la deleitosa correría (2). 

De esta singular posición resulta á Cuenca no menor forta- 
leza que amenidad ; y aunque el suelo ande allí avaro de monu- 
mentos y la arqueología de conjeturas más de lo acostumbrado, 
no es de creer que los belicosos celtíberos, ó los emprendedores 
romanos, desconocieran las ventajas del sitio que á poblarlo 
convidaban (3). El nombre empero de la antigua población, si 
la hubo, quedó olvidado ó confundido entre los de incierta loca- 
lidad ; y el castillo sarraceno de Conca es el primer objeto que 
distintamente vislumbramos al través de las nieblas del siglo ix. 
Fortificólo por los años de 886 Calib-aben-Hafsún, alzándose 
con el dominio de la España oriental , y vencido y acosado en 9 1 2 
por Abderramán III, acogióse á aquellos muros como á su más 
segura guarida. Á mediados del siglo xi gobernaba á Conca á 
nombre del emir de Valencia su valí Abu-Amer-ben-Alferag que 
envió tropas al rey de Toledo para invadir los estados del de 



( 1 ) Los hay de papel establecidos en 1626 por Juan de Otonel, genovés, y vi- 
sitólos según cierta inscripción Felipe IV en 7 de Junio de 1642. 

(2) Llámase de Pedro Cotillas esta cueva, y como ella hay muchas no menos 
admirables en la provincia ; tales son la de los Griegos en el término de Masego- 
sa, la del Hierro en el de Villaconejos por donde corre, dicen, un río subterráneo, 
y la de la Judía junto á Bonache de Alarcón. 

(3) Aéreas y sin fundamento son todas las correspondencias que á Cuenca se 
le han querido encontrar con Suero, Cóncava, Anitorgis y Lobetum; y nada dire- 
mos del empeño de su historiador Hizo en probar que allí mismo estuvo la famosa 
Numancia, refutando antes seriamente el que, por haberse fundado Cuenca en el 
mismo día y hora que Roma, haya sufrido con esta idénticas vicisitudes. 



CUENCA 



Córdoba; su fragosa aspereza díó asilo en 1080 á Yahíe, último 
rey toledano arrojado de su corte por rebeldes subditos ; y á 
favor del mismo, cuando le quedaba ya sólo el reino de Valen- 
da, otro gobernador llamado Aben-Canon invocó en 1088 el 
auxilio del rey de Zaragoza contra las vejaciones del de Denia. 




Ignórase cómo y cuándo pasó Conca al dominio del rey de 
Sevilla, que la entregó á Alfonso VI con la mano de su hija 
Zaida ; y cuándo y cómo la recobraron los sarracenos, ora los 
mandase el mismo Aben-Abed rota ya su alianza con el caste- 
llano, ora el caudillo almoravide Alí aben Aya. La gloriosa bien 
que poco duradera reconquista de la ciudad en los primeros afíos 
del siglo XII, la comprueban antiguos anales y los nombres de 



248 CUENCA 



SUS heroicos adalides Alvar Fáñez y Fernán Ruiz de Minaya que 
retienen algunos lugares de la provincia; y una vieja crónica, 
adornando tal vez el hecho, detalla los incidentes del terrible 
asalto, las hazañas de los caballeros, y la prez que allí ganaron 
los pendones concejiles de Segovia, Avila y Zamora. Esta cró- 
nica cuidadosamente guardada en el archivo de la ciudad de 
Ávila, y equivocadamente atribuida á Pelayo, obispo de Oviedo, 
como prueba el P. Risco en la continuación de la España Sa- 
grada^ tomo 38, aunque escrita con mucha posterioridad á los 
sucesos que relata {cí)^ pudo recoger las tradiciones y memorias 
oralmente conservadas; y bajo este concepto, á falta de otros 
documentos, transcribimos la curiosa relación que en ella se lee 
del sitio y segunda toma de Cuenca, refiriéndola al año 1106. 
€ E por quanto en los reales habia asaz gentes e fueron bien 

bastecidos los caudillos, fueron de acuerdo se viajase contra 
Cuenca ; e Fernán Ruiz de Minaya, ca habia el mando e gobier- 
no de los reales, mandó que en cuanto arribasen las compañas 
se cercase, á tal que los moros no hubiesen socorro ni basti- 
mentos. E dentro de la villa era Alhacen Boalí, este fazia bue- 
nas faziendas á tal que no fuese ganada de los cristianos; e 
Fernán Ruiz fazia currexar ingeños e una fonda cava por la 
parte del mediodia. E se les dio combate en 23 dias de mayo, 
año de 1 106, e fué el primero e postrero que se les dio, ca los 
cristianos con escalas fizieron recio acometimiento e atendieron 
á la subida de los muros; e los ballesteros de Avila e sus caudi- 
llos non cesaban de flechar á los de los muros, e Fernán Ruiz 
Minaya fizo acometimiento á la puerta, e veinte hombres con in- 
genio de piedra tallar cubiertos de madera tolleron el umbral 
de una puerta e la baibenaron con unos palancones e vino á 
tierra. E el caudillo de los moros pugnava contra los cristianos; 
e Alonso Ruiz Minaya, sobrino de Fernán Ruiz Minaya^ des- 



(a) En una controversia crítica con D. Juan Martín Carramolino sobre la pa- 
traña de las llamadas Hervencias de Ávila, donde dicen que D. Alfonso el Bata- 
llador hizo freír á cien avileses, se probó que esta supuesta crónica, publicada 
por el P. Ariz, era una ficción hecha en el siglo xvi. 



CUENCA 249 



montando del caballo con su espada e escudo acometió á la 
puerta con gran fortaleza; e los moros yazian flechas; e uno fírió 
á Alonso Ruiz Minaya á tal que fincó muerto. E vos digo de 
verdad que Sancho Sánchez Zurraquin pasó la puerta fíriendo 
en los moros, e fué ferido de tantas flechas que también fincó 
muerto, e con él otro noble caudillo que acaudillaba la gente 
Zamorana que había nombre Flores Pardo. E los moros no po- 
diendo soportar tanto afán fogieron desamparando la puerta, e 
fué entrada, no embargante que la tela del oriente entró prime- 
ro Pedro Bezudo caudillo de la gente de Segovia e fincó muer- 
to, e tal vos digo ca era cuñado de Martin Nuñez. E de los pri- 
meros fué el noble joven Blasco Jiménez ; e así fué la villa entrada 
en el aflo, mes y dia susodicho. E vos digo que fueron desem- 
bargados mas de mil cristianos del cautiverio; e el siguiente dia 
Zurraquin Sancho con gran amargura e con los nobles de Avila 
soterraron á Sancho Sánchez Zurraquin con grandes honores. 
£ Fernán Ruiz Minaya fué de acuerdo que se viajase contra 
Ocaña e que fincase en la guarda de Cuenca con la gente de 
Avila Blasco Jimeno ; otrosí fincó Juan Yañez Rufo caudillo de 
docientos homes de á caballo, e Gutierre Bezudo, ca le fué fecho 
gracia por el favor que su hermano Pedro Rodríguez Bezudo 
diera en la entrada de Cuenca > . Sea cual fuere la exactitud de 
los detalles y la verdad de los nombres, en los cuales sospecha* 
mos puso alguna cosa de su caudal el cronista, no cabe duda 
acerca de la sustancia del hecho, que el erudito Colmenares his- 
toriador de Segovia refiere al año 1 1 10, y los Anales Toleda- 
nos al siguiente, diciendo : c Alvar Hannez prisó á Cuenca de 
moros en el mes de julio, era de 1 149 ( 1 1 1 1 de C). > La cró- 
nica añade que la ciudad volvió á perderse bien pronto. 

Recayó bien pronto Cuenca en poder de musulmanes ; pero 
mal avenida con la opresión de los almorávides, sufrió en 1 137 
el enojo del príncipe Taxfín, que rindiéndola por fuerza de 
armas, degolló sin piedad á sus moradores. Importante fué el 

papel que en las revueltas intestinas que precipitaron la caída 

3a 



250 CUENCA 



de aquel imperio^ de 11 44 á 11 46, cupo al alcaide de dicha 
plaza Abdalaben-Fetah el Thogray. Cansado de llevar la voz 
por otros jefes, ambicioso y mal contento, uniéndose á los cris- 
tianos con estrecha liga, derrotó y dio muerte en los llanos de 
Albacete al emir Seif Dola aben-Hud, ilustre descendiente de los 
reyes de Zaragoza, venció delante de Murcia á su capitán 
Aben-Mardanis, y entrando en ella proclamóse dueño del oriente 
de España. Disgustaron á la celosa morisma sus auxiliares cas- 
tellanos, rehiciéronse y sitiáronle en la nueva corte sus enemi- 
gos; y huyendo el Thogray por una puerta, cayó en el río con 
su herido caballo, donde acabó la vida y su corta pujanza de 
siete meses. Pero treinta años adelante las armas de la cruz ya 
no necesitaban de aliados infieles para avanzar en sus conquis- 
tas : dos jóvenes reyes, dos Alfonsos, el VIII de Castilla y el II 
de Aragón, seguidos de ricos hombres y prelados y de nume- 
rosos escuadrones, juntaban sus manos al pié de la enrís- 
cada Cuenca, como dos corrientes que se unen para socavar el 
enhiesto muro entre ellas levantado. Nombran los historia- 
dores á Pedro, obispo de Burgos; á Joscelino, de Sigüenza; 
á Sancho, de Ávila ; á Raimundo, de Palencia ; á los arcedia- 
nos de Toledo y Tala vera ; y algunos añaden al famoso Don 
Rodrigo Jiménez de Rada, pretendiendo que era ya entonces 
obispo de Osma, y que él fué quien consagró en catedral la mez- 
quita de Cuenca, no sabemos con qué fundamento, pues consta 
que nació aquel prelado por los mismos años de 1 1 70 á 80, que 
no fué obispo de Osma sino en 1 207, y que murió 70 años des- 
pués de la citada conquista. Á Tello Pérez de Meneses titulan 
capitán mayor del ejército, y alférez mayor á D. Diego López 
de Haro, señor de Vizcaya, citando además al conde D. Ñuño 
de Lara, á Hernán Martínez Ceballos, el conquistador de Alar- 
cón, á Diego Jiménez, señor de los Cameros, á Pedro García de 
Lerma, á Gonzalo Marañón, á Ordoño Garcés y García Garcés, 
á Ñuño Sánchez de Finojosa, señalero del rey, y entre los ara- 
goneses á D. Pedro de Cabrera y D. Pedro Ruiz de Azagra, 



CUENCA 251 



señor de Albarracín, que fué el primero en presentarse delante 
de la ciudad y de los que más contribuyeron á su conquista. Por 
parte de Aragón y Cataluña menciona Zurita á Berenguer de 
Vilademuls, arzobispo de Tarragona; á Pedro, obispo de Zara- 
goza; á Sancho, de Huerta; á Fernán Ruiz, de Azagra, señor 
en Daroca; á Artal, de Foces; á Hugo, de Mataplana; á Ponce, 
de Guardia; y á Guillen, de Beramuy, rico hombre de singular 
esfuerzo. En este sitio por el mes de Agosto absolvió el rey de 
Castilla al de Aragón del homenaje y feudo que desde los tiem- 
pos de Ramiro el Monje le prestaba por los estados sitos á la 
derecha del Ebro, interviniendo en esta concordia además de 
dichos prelados y ricos hombres los condes D. Pedro y D. Gó- 
mez, Rui Gutiérrez mayordomo real, Pedro de Arazuri, Pedro 
Gutiérrez, Gonzalo Copelín, Suer Pelayo y muchos otros. Duran- 
te nueve meses, desde que las nieves blanquearon hasta sazonar- 
se los frutos del otoño, mantúvose la ciudad inaccesible á los 
asaltos de sus bloqueadores ; y no se dio tregua el monarca de 
Castilla, ya cortando el agua y batiendo con máquinas los muros 
inferiores, ya volando alas cortes de Burgos para obtener auxilios 
que los indóciles magnates le negaban, ya volviendo la cara á las 
legiones almohades que volvieron atrás sin socorrer á los cerca- 
dos. Coronó al fin su constancia la victoria; y en 2 1' de Setiembre 
de 1 177 enarboló Alfonso VIII en la cima de Cuenca su glorio- 
so estandarte. Consérvase éste en la sacristía de la catedral; 
es de seda blanca, y al menor tacto se deshace; llévase cada 
año en procesión el día de San Mateo, bien que tal ceremonia no 
data según dicen sino de 158 1. La fecha de la conquista se halla 
consignada dentro de la catedral, en un letrero de carácter gó- 
tico moderno puesto en la esquina de lá capilla de los Caballe- 
ros: El rey D. Alonso IX (siguiendo la cuenta de los que 
llaman así al VIII) ganó á Cuenca miércoles dia de Sant Matheo 
d XXI de septiembre^ año del Señor de MCLXXVII, Sin em- 
bargo, de esta fecha que tenemos por exacta, discrepan en 
cuanto al mes y día los Anales Toledanos y los Compostelanos, 



2^2 CUENCA 



diciendo aquellos : en el mes de octubre prisb el rey D, Alfonso 
á Cuenca; y estos: capta fuit Concha^ et ibi comes Nunius III 
nonas augusti (3 de Agosto). De las últimas palabras aparece 
que concurrió ó murió en el sitio algún conde Nufto, que no 
puede ser el de Lara, si se refieren á su fallecimiento años des- 
pués ocurrido (i). 

La data de aquella reconquista consignada en multitud de 
documentos contemporáneos, y el nombre de Cuenca continuado 
entre los antiguos dominios donde reinaba, manifiestan cuan 
complacido quedó con su posesión el soberano. Otorgó á los 
primeros pobladores la propiedad libre de sus términos, con 
montes, pastos, fuentes, ríos, entradas y salidas, y derecho de 
labrar y poblar sus tierras, y franquicia de todo pecho que no 
sirviese para la fábrica de torres y muros, á la cual todavía se 
hallaban exentos de contribuir caballeros, ancianos, huérfanos 
y viudas. Hizo donación de cuantiosas aldeas á la ciudad (2) ; 



(i) Por absurda omitírnosla tradición de que cierto Martín Alhaxa, cautiva 
del rey moro y pastor de sus ganados, introdujo á los cristianos cubiertos de pie- 
les de carnero por una puerta falsa que guardaba un moro ciego; y terminaremos 
con las magníficas frases que al historiador D. Rodrigo inspiró semejante con- 
quista: Obseda Concham munimentum Arabum^ et laboribus pluribus arctavii eos; 
extruxit in gyro flures machinas^ nec die nec nocte fepercit eis: el cibus et vicius 
de/ecil eú sed cor regium confortavit eum, neglexit delitias seducentes^ et zelatus 
est nomen glorice; longanimitas sua gloríficavtt eum^ et regalis consiantia direxii 
eum, doñee concluderet obsessos in arcto et hostes clementiam tmpiorarent, Miserunt 
legatos ad Almohades^ verba doloris ad genlem Arabice: induratus auditor conclusit 
aures et suum auxilium denegavit; timor belli con/udii eum, et horror belli terruil 
eum. Fama regís conclusit mare^ et nomen ej'us compescuit transeúntes, doñee reddi- 
ta est ei munitio Conchce, et turres ejus subdilce ei, ruf>es ejus Jadee sunt pervice et 
áspera ejus in planities, Possedit eam post labores mullos^ et extruxit eam in urbem 
regiam, posuit in ea cathedram fidei^ et nomen prcesulis exaltavit in ea; congregavit 
ibi diversos populos et univit in populum magnitudinis; staiuitin ea prcesidium for • 
titudiniSy et regiam decoris honestavit in ea. Dedil ei aldeas subjectionis^ et pascuis 
ubertaiis deliciavit eam; ampliavit in alto muros ejus^ etvallavit eammunimine tuto; 
crevit in urbem multitudinis^ et dilátala estin términos populorum, Miratur eam an- 
tiquus Íncola, et in aspeclu ejus formidat Arabs: munitio e/us in rupibus ejus^ ei 
abundantia ejus in decursibus fluviorum; gloria ejus in principe suo^ et sanctimonia 
ejus in cathedra dignitatis; delitioe ejus in pascuis gregum^ et copia ejus in pane et 
vino. Recolé, Concha, diesprincipis, etin memoria ejus exhilara faciem, nomen ejus 
in laudibus tuis, et gloria ejus memoriale tuum; addidit protectionem terminis tuiSy 
et dilatavitjurisdictionem cathedrce tuce. 

(2) Las de Mantiel, Cereceda, La puerta, Viana, Solanilla, Piedeluch de suso. 



CUENCA 253 



premió las hazañas de sus valientes campeones con ricos here- 
damientos ; estableció á más de los hijosdalgo una clase de agui- 
sados^ 6 ciudadanos militares, dispuestos á acudir siempre con sus 
armas y caballo á la defensa del país (i) ; dio solar y rentas á la 
naciente y ya famosa orden de Santiago para fundar cabe los 
muros y á orillas del Júcar un hospital (2). 

Fué éste al principio destinado para redención de cautivos 
y con este objeto dispuso el conquistador se le pagaran por 
todos los labradores del término ciertos almudes de trigo, sobre 
cuya prestación se avinieron los vecinos con la orden en pagar 
de una vez 4500 maravedís, aprobando Alfonso X en 1261 
dicha avenencia. 

Midiendo su amor á Cuenca por el trabajo que le costó ga- 
narla, y adoptando á los moradores por pueblo suyo privilegia- 
do, concedióles un fuero ó código especial, libre é igualador 



Arbeteta, Palomarejos y Huerta Vellida le fueron concedidas en 1 190; la de Tra- 
gacete la compró el consejo en 1205 á la condesa Mafalda, viuda del segundo 
señor de Molina, y á su hijo Gonzalo por el precio de cuatro mil morabatines. 

(i) Á las preeminencias y exenciones concedidas por el rey conquistador á los 
aguisados^ añadióles Fernando IV en 1303 el siguiente privilegio: «Por muchos 
servicios que los omes buenos del pueblo de la cibdat de Cuenca fízieron al rey 
D. Sancho, mi padre, e á mí, e por les fazer bien e merced señaladamente á los que 
estuvieren guisados de caballo e de armas, quito á ellos e á sus mugeres e á sus 
fijos, para en todos sus dias, de todo pecho e de todo pedido, e de todo tributo e 
de fonsado e de fonsadera e de martinicdga e de servicio e de servicios e de yan- 
tar e de azémilas que me dan por la tierra... en las libertades que los caballeros Ue 
hi de Cuenca han»« Para la diputación á cortes, en que tenía voto la ciudad, sor- 
teábanse tres individuos del brazo del hijosdalgo y dos del de aguisados, y de los 
cinco el que la suerte designaba y uno de los regidores también sorteado eran los 
dos representantes de Cuenca. 

(2) Hállase la donación en el bulado de la orden, concebida en estos términos: 
Dono ei concedo Deo et vobis Pelro Fernandi JacobitanCB militioe magistro... duas 
casas circa illas de Aben Mazloca tn ipso alcázar e de Conca, et dúos solares circa 
fr aires Calatravce usque ad torricellas, et zudam illam de Albo/era usque ad pontem 
cum platea quce ibi continetur á via publica usque ad Sucar, et unum molendinum 
inrivo Muscarum, el unum horium circa eundem rivumcum sua albofera, etaldeam 
illam quce Vivera vocatur totam ex integro 6ic. Facía charla in Conca quando fuit 
capta, era MCCXV{i 177 de C.) Kalendis octobris. El diligente Rades de Andrada, 
historiador de la orden, ignorando sin duda dicha escritura, atribuye la fundación 
del hospital de Cuenca á los nobles Tello Pérez y Pedro Gutiérrez, quienes en 1 1 88 
le cedieron varios heredamientos que del rey habían recibido; poseía el primera 
desde 1181 por donación real las villas de Meneses, Villanueva, San Román y 
otras en cambio del castillo de Malagón. 



254 CUENCA 



respecto de las personas, severo contra los delitos, verdadera 
expresión de la época en sus penas y en sus juicios, que se hizo 
extensivo á las poblaciones por entonces conquistadas. 

Antecede á este fuero un prefacio, de latinidad muy amane- 
rada aunque escrito en el siglo xiii, diciendo del rey legislador 
entre otras cosas : Postquam obsidione facta^ post mullos lobo- 
runt cruciaíus, multis angustiis ab iníus afjlictus^ hostibus expul- 
sis^ decursts menstbus noventa Conchensem urbem intravit^ eam 
ccBteris prceferens utpote Conckant Alphonsipolim elegit et prce- 
elegií in habitationem sibi^ et cives ejus in populum peculiarem 
sibi adscivtt. El fuero, dividido en cuatro libros, data del mismo 
año de la conquista, y escribióse sin duda en latín romanzado 
tal como se halla en un códice del Escorial; mas aquí extracta- 
remos sus artículos más notables según la versión castellana 
antigua que tuvimos ocasión de consultar en el archivo de la 
ciudad, suplicando á los lectores que nos dispensen de ser tan 
prolijos para los unos, y tan compendiosos y breves á juicio de 
otros, en el casi desconocido estudio de esa antigua legislación, 
indispensable para conocer la sociedad y las costumbres de 
aquellos tiempos. Sin extendernos á paralelos y consideracio- 
nes, porque no lo consiente la índole de la obra, en esta y en 
otras análogas noticias podrá hallar el curioso nuevos y ricos 
materiales para un trabajo más completo. 

cSi algún noble ó caballero ficiere fuerza en el término de 
Cuenca y fuere ferido ó muerto por ello, non pechen por él ca- 
loña (pena pecuniaria). — Si alguno puebla ficiere en término de 
Cuenca pesando al concejo, non sea estable, y el concejo derri- 
be la puebla sin caloña. — En Cuenca non aya mas de dos pala- 
cios,' el uno sea el del rey y el otro del obispo, e todas las otras 
casas, así del rico como del pobre y del noble como del non no- 
ble, ayan un mismo fuero y un coto. — Todo ome de otra villa 
que matare ome en Cuenca sea despeñado, y non le vala iglesia 
ni palacio ni monesterio, maguer que sea enemigo del muerto 
antes que Cuenca fuese presa ó después, — El concejo de Cuen- 



C U E M C A 25; 



ca non vaya en hueste sino en su frontera y con el rey y non 
con otro. — Aya el concejo de Cuenca só el rey un seftor y un 
alcalde y un merino. — El domingo después de San Miguel pon- 
ga el concejo juez, alcaldes, notarios, andadores, sayón y almo* 
tazan; el juez aya caballo y casa poblada en la villa; y si la 
colación que ha de nombrar alcaldes y juez se desacordare, 
nómbrenlos los alcaldes ó juez salientes. — Quien quier que deba 
seher alcayad en Cuenca, antes que tome nada e renta ninguna 
de la villa, dé casa con peños en el concejo, e rescívalas el juez; 
e si por aventura el alcayad ó el su ome fíciere algún daño ó 
alguna caloña, el juez prende en su casa fasta que el querelloso 
aya derecho á fuero de Cuenca. — A pro e honra de la villa de 
Cuenca otorgo que fagan feria en ella que comience ocho dias 
antes de la fíesta de Quinquagesma e dure fasta ocho dias des- 
pués ; e quien quier que venga á esta feria, si quier cristiano, si 
quier moro, si quier judío, venga seguramente. E si alguno ma- 
tare al que viniere á la feria, sotierren al vivo só el muerto ; e si 
alguno robare alguna cosa en la feria, peche al coto del rey mil 
maravedís e al querelloso el daño que fízier doblado, e si non 
ovier donde lo peche, despéñenle ; y si alguno furtare alguna 
cosa, despéñenle. — Los varones vayan el dia del martes y del 
jueves y del sábado al baño, e las mugeres el dia del lunes y del 
miércoles, y los judíos el dia del viernes y del domingo; y por 
un año non deve dar ninguno si non una meaja, y los sirvientes 
tan bien de los varones como de las mugeres nin los niños non 
den nada ; y si el varón entrare en el baño en los dias de las 
mugeres en alguna casa del baño peche diez maravedís en pago; 
si alguna muger entrare en el baño en el dia de los varones, ó 
de noche fuere fallada en el baño, e alguno la escarneciere ó 
fíciere fuerza, non peche nada ni sea enemigo; y el varón que 
otro dia á las mugeres fuerza ó deshonra alguna al baño fíciere, 
despéñenle. — El adalid cristiano que prendiere villa, aya las ca- 
sas que quisiere, e sus parientes sean salvos á título de cavalle- 
ros. Los cavalgadores y los que salieren en apellido, que tomen 



256 CUENCA 



ganado á los moros aquende Villora, Iniesta y Tovar, tomen la 
trecena parte, y allende dichas villas el diezmo. Quien truxere 
moro adalid al concejo resciba diez maravedís, quien cabeza co- 
noscida cinco maravedís, y el concejo faga matar los moros 
adalides como quisiere. — Quien quier que metiere su fijo en 
arrehenes en tierra de moros por sí solo e no*l guidare fasta á 
tres años, el juez e los alcaldes préndanle con todo lo que ovie- 
re e métanle en tierra de moros e saquen el fijo; y por esto 
mandamos que si alguno en peño echara su fijo en arrehenes 
sin mandado del concejo sinon así como es dicho, muerte mue- 
ra. E la fija nin por rehenes nin por otra cosa non la empeñe; 
e si alguno la empeñare, quémenle; e si el juez e los alcaldes 
non fizieren esta justicia, el concejo préndelos, por tanto puedan 
redimir la rehén ó sacar el peñado. Y lo que de la fija dezimos 
de toda muger que fuere empeñada ó yoguier en arrehenes, y 
esto es establecido por amor que los moros non abaxen los cris- 
tianos, ca así como dizen los sabios, los moros nunca abaxarien 
los cristianos, si non fuese por atrevimiento de los cristianos que 
moran con ellos, y de los fijos que ellos fazen en las cristianas 
que tienen por mugeres. » 

Sigue luego el citado fuero tratando, con la minuciosidad 
propia de un pueblo agrícola, de las mieses, viñas, labranzas y 
ganados, de los molinos y uso de las aguas, de la policía y ser- 
vidumbres urbanas, de los testamentos y herencias, disponiendo 
entre otras cosas que los señores hereden á sus siervos moros 
conversos ó tornadizos que murieren sin hijos. No son menos 
curiosas sus disposiciones penales, advirtiéndose en ellas que 
los delitos cometidos contra los moros de paz se castigaban 
igualmente que si fueran contra cristianos. <E1 homicida, dice, 
peche por caloña doscientos maravedís y al siguiente dia los pa- 
rientes del muerto desafien al matador ó matadores ; el que hi- 
riere ó matare en torneo ó bohordo fuera de los muros, no sea 
responsable del daño ; el homicida alevoso sea enterrado só el 
muerto, quemado el adúltero, el bigamo despeñado, el amanee- 



CUENCA 257 



bado azotado con su pareja ; el forzador de mora ó cautiva pa- 
gue lo que pagaría por una manceba ; la muger que yoguier con 
moro ó judío, quémenlos ambos ; é igual suplicio sufra la acusa- 
da de hechicera, alcahueta ó matadora del marido si no prueba 
su inocencia con el hierro candente.» Á la misma prueba se so- 
metía la mujer que pretendía hallarse preñada de alguno : el 
hierro debía tener un palmo de longitud y dos dedos de grueso, 
los prestes le bendecían, calentábalo el juez, y después de tener- 
lo ella en la mano por un buen rato, cubríansela con lino, esto- 
pas y cera, y al cabo de tres días se miraba si había causado ó 
no lesión alguna. Entre las modificaciones y reformas que en el 
fuero de Cuenca hizo Sancho IV á petición del concejo, y no 
obstante la oposición de algunos, por privilegio dado en Burgos 
á 24 de Marzo de 1 285, una fué la abolición de esta supersticio- 
sa prueba, conociéndose en las restantes el adelanto de la civi- 
lización. Así dispone que cese la responsabilidad de la mujer 
por las culpas del marido, la del padre por las del hijo, la del 
ñador por el malhechor ; que no sea preso el deudor, sino que 
se vendan sus bienes ; que á falta de probanzas se decidan las 
demandas por juramento y no por lid de igual á igual; que el 
que viere matar á su señor ó deudo pueda acudir sin crimen á 
defenderlo ; que las órdenes militares que poseen dominios en el 
término se sometan con sus vasallos á dicho fuero ; que el hijo 
aunque soltero pueda poseer y testar, que el marido pueda le- 
gar á su mujer y ésta á él, que los padres puedan mejorar al 
hijo que prefieran, y que los hijos legítimos no tengan que re- 
partir por igual la herencia con los habidos en las barraganas y 
en las moras ó cautivas: agrava la pena del que hiriere ó mata- 
re á moro ó cautivo ageno, y la del collazo ó paniaguado (de- 
pendiente) ^}i^ yoguiere con la señora ó fija de su señor conmu- 
tándola en pena capital, y al contrarío aligera la del almotacén 
que cayere en falta al concejo condenándole á pagar cien mara- 
vedís en vez de ser desorejado, trasquilado y azotado. 

Un cáliz de oro y una estrella de plata en campo rojo for- 
33 



258 CUENCA 



marón la divisa eminentemente religiosa del concejo. Confiada 
la custodia de Cuenca en los primeros años á sus más ilustres 
conquistadores, gobernábala en 1 1 80 Nufio Sánchez, señalero 
del rey, en 1 1 84 Diego Jiménez, señor de los Cameros ; y se- 
gura bajo la protección de tales adalides, vio pasar en 1197 á 
lo largo de sus muros cual ráfaga asoladora al emir de Marrue- 
cos con su turba de almohades. 

No hizo menos la iglesia que el trono para el engrandeci- 
miento de Cuenca. Revivieron juntas en su silla episcopal, creada 
en 1 1 83 por el pontífice Lucio III, las insignes de Valeria y Er- 
cávica desde la invasión de los moros destruidas (i) ; erigióse 
su mezquita mayor en catedral, y ftié consagrado por primer 
obispo Juan Yáñez, noble mozárabe toledano. Pero en Julián su 
inmediato sucesor, nacido en Burgos y elevado al arcedianato 
de Toledo, resplandeció más que el brillo de la mitra el divino 
rayo de la santidad : desde 1 197 á 1 207 cúpole á la nueva dió- 
cesis la fortuna de admirar la humildad profunda, la caridad sin 
límites, las virtudes todas del incomparable pastor más singula- 
res aún que sus prodigios, y de entonces acá la de poseer sus 
huesos en los altares, y en el cielo su inmortal y visible patro- 
cinio. La silla de Cuenca, ocupada por magnánimos é insignes 
prelados, sirvió á menudo de escalón para las metropolitanas de 
Burgos y Toledo, y á ninguna de las de su clase cedió en es- 
plendor y grandeza (2). 



(i) Entre las varias dignidades de la catedral, en que figuraban los arcedia- 
nos de Cuenca, Huete, Alarcón y Moya, había una titulada del abad de la Sey, co- 
rrupción de SediSj en memoria de la antigua sede de Valeria, si bien no fué insti- 
tuida sino en 141 o. Las diez y seis canongías fueron creadas y proveídas por el 
primer obispo en el mismo año de 1183. 

(2) Por lo que pueda interesar á la historia, insertamos á continuación el ca- 
tálogo de los obispos de Cuenca, con el año en que murieron ó pasaron á otra silla, 
y una breve indicación de los más notables: Juan Yáñez, 1 196.— San Julián, 
1207.— García, 1226.— Lope.— Gonzalo Yáñez, de 1235 á 1243.— Mateo, edificó ó 
renovó las casas episcopales, 1258.— Rodrigo, hacia 1260.— Pedro Laurencio, 
f 272.— Gonzalo Gudiel, después cardenal y arzobispo de Toledo.— Diego, sepulta- 
do junto al altar de San Mateo.—Tello, 1286.— Gonzalo García, 1289.— Gonzalo 
Díaz, 1295, después arzobispo de Toledo.— Pascual, sepultado en el coro, 13 14.— 



CUENCA 259 



De Cuenca partieron como de plaza fronteriza en 121 1 y 
1223 las afortunadas incursiones de Alfonso VIII y Fernando III 
por el reino de Valencia, cuyo desposeído soberano Zeit-Abu- 
Zeit vino á rendir al santo rey humilde vasallaje, y á doblar luego 



Esteban, i 326.— Fernando.—Juan de Ocampo, trasladado á León.— Odón, 13^5.— 
Gonzalo de Aguilar, i 347, después arzobispo de Toledo.— García, i 358.— D. Ber- 
nalte Zafón, i 37 1.— D. Pedro de Toledo.— D. Nicolás de Viedma, i 389.— D. Alvaro 
Martínez, hacia 1400.— D. Juan Cabeza de Vaca, 1406, trasladado á Burgos.— Don 
Juan, 1408.— D. Diego de Ayana Maldonado, 141 3, asistió como embajador de Es- 
paña al concilio de Constanza, fundó en Salamanca, su patria, el famoso colegio de 
San Bartolomé, y murió arzobispo de Sevilla.— D. Alvaro de Isorna, 1444, trasla- 
dado á Santiago.— D. Lope de Barrientos, dominico, maestro de Enrique IV, gue- 
rrero á la vez y letrado, quien á pesar de haber entregado al fuego las obras del 
marqués de Villena, escribió algunas del dormir^ del soñar ^ del dispertar^ y de 
adivinanzas, agüeros y profecías, 146Q-, yace en Medina del Campo, su patria.— 
D. Antonio Jacobo Veneris, legado del papa, 1479.— D. Alonso de Burgos, domi- 
nico, 1486, trasladado á Falencia.— D. Alonso de Fonseca, 1491, á Osma.— D. Ra- 
fael Riario, cardenal, 9obrino de Sixto IV, 1521.— D. Diego Ramírez, natural de 
Villaescusa de Haro, varón de notable ciencia y virtud, que desempeñó importan- 
tes cargos y dejó escritas varias obras -, sepultado en la capilla mayor con el si- 
guiente epitafio : Didaco Ramirio Conchensi episcofo^ viro raro ei doctissimo^ cui 
tanta vis animi ingeniique fuiU ut ad id natum díceres quodcumque aj^eret, obiit 
anno i 536.— D. Alejandro Cesarino, i 54a.— D. Sebastián Ramírez, sobrino del pe- 
núltimo, I 547.— D. Miguel Muñoz, 1S53.— D. Pedro de Castro, acompañó á Car- 
los V en Alemania y á Felipe II en Inglaterra, i 561.— D. fray Bernardo de Fresne- 
da, franciscano, 1571, trasladado á Córdoba y de allí á Zaragoza.— D. Gaspar de 
Quiroga, 1577, después cardenal y arzobispo de Toledo.— D. Diego de Covarru- 
bias, murió sin tomar posesión.— D. Rodrigo de Castro, hermano de D. Pedro, 
1 581, promovido á arzobispo de Sevilla y cardenal.— D. Gómez Zapata, i 587.— 
D. Juan Fernández Vadillo, sepultado en el crucero, i 595.— D. Pedro Portocarre- 
ro, 1600.— D. Andrés Pacheco, renunció en 163a.— D. Enrique Pimentel en 1653, 
después de haber presidido el Consejo de Aragón, y renunciado el arzobispado de 
Sevilla.— D. Juan Francisco Pacheco en 1663, el día del Corpus.— D. Alonso de 
San Martin, hijo natural de Felipe IV, en 1705.— D. Miguel del Olmo, natural de 
Almadrones, letrado y canonista, auditor de Rota y gran Chanciller de Milán, en 
1721, dejando á los pobres por únicos herederos.— D. Juan de Lancáster, duque 
de Abrahantes, en 1733 en el Escorial, recién promovido por el rey al patriarca- 
do.— D. Diego de Toro Villalobos en 1737.— D. José Flores Osorio en 1759, ha- 
biendo fundado el colegio de San Julián, y dejádole todos sus bienes.— D. Isidro 
Caravajal y Lancáster, fundador del oratorio de San Felipe Neri, en 1 77 1 .— D. Se- 
bastián Flórez Pabón en 1 777. ^D. Felipe Antonio Solano, natural de Castelfrío, 
en 1 800, dejando nuevamente arreglada esta santa iglesia por orden de Carlos III. 
— D. Antonio Palafox y Croy en 180a.— D. Ramón Falcón de Salcedo en 1826, ha- 
biendo donado en i8ai, 50.000 rs. vn. á la fábrica de la catedral.— D. Jacinto 
Rodríguez Rico en 1841.— D. JuanRuiz de Cachupín en 1848, y murió en el mismo 
año á pocos meses de gobernar la diócesis.- D. Fermín Sánchez Artesero, fraile 
capuchino consagrado por Pío IX en Gaetar en 1849 Y n^urió en 185 $.— D. Miguel 
Paya, 1858, trasladado á Santiago y actualmente cardenal arzobispo de aquella 



200 CUENCA 



SU cerviz ante la fe de Cristo. Protegió San Fernando á la ciu- 
dad conteniendo la emancipación de sus aldeas y el levantamien- 
to de perniciosas ligas. En uno de sus privilegios otorgado en 
Sevilla á 20 de Noviembre de 1250, se leen estas notables pa- 
labras: tEt yo bien conosco e es verdad que quando yo era 
mas niño que aparté las aldeas de las villas en algunos logares, 
e á la sazón que esto ñze érame mas niño, e non paré hi tanto 
mientes ; e porque tenia que era cosa que devia enmendar, ove 
mió consejo con D. Alfonso mi fijo e con D. Alfonso mió her- 
mano... e tove por derecho e por razón de tornar las aldeas e 
las villas assí como eran en tiempo e en dias del rey D. Alfonso 
mi avuelo. > En el mismo documento pone coto á los gastos y 
donativos de bodas, regula las embajadas ó procuraciones de 
los concejos, dando el nombre de caveros á los procuradores y 
asignándoles sus dietas, y luego añade : tSe que en vuestro con- 
cejo se fazen unas cofradías e unos ayuntamientos malos, á men 
gua de mió poder e de mió señorío, e á dapno de vuestro concejo 
e del pueblo ho se fazen muchas malas encubiertas e malos pa- 
ramientos ; e mando que estas cofradías que las desfagades e 
que de aqui adelante non fagades otras fuera, de para soterrar 
muertos e para luminarias e para dar á pobres e para confuer- 
zos.» Sin embargo estas ligas ó hermandades políticas conti- 
nuaron, pues en 1280 vemos que la hubo en el concejo de la 
ciudad para sostener sus paniaguados contra los pueblos de las 
aldeas; en 1296 para mantener sus fueros, franquicias y liber- 
tades, y su fidelidad al rey menor Fernando IV y á su madre 
D.^ María de Molina; y en 1289 entre los caballeros y escude- 
ros contra los aldeanos «para que si á alguno de nos prenda 
emparase ó nos forzase, ó muerte ó ferida hi acaesciese, ó em- 
plazamiento para nuestro señor el rey 6 pleito sobreviniese, que 



iglesia. — D. Sebastián Herrero y Espinosa, en 1875: trasladado á Vitoria en 1876. 
— D. José Moreno Mazón, en 1877 : Patriarca de las Indias, en 1881 y actual arzo- 
bispo de Granada.—D. Juan M.* Valero: trasladado de Tuy en 1880 y actual obispo 
de Cuenca. 



CUENCA 261 



todos seamos unos, y el que no acuda no pueda tener portiello, 
e peche mil maravedís» (a). 

Confirmó y amplió sus privilegios Alfonso el Sabio al visi- 
tarla por distintas veces. En 1256 confirmó Alfonso X á los ca- 
balleros y hombres buenos de Cuenca los usos y costumbres 
otorgadas por el rey, su padre, y que los caballeros hiciesen 
alarde anual el día i.^ de Marzo, y que no valiese pedido algu- 
no sino el acordado y concedido el martes después de San Mi- 
guel «en concejo que fuese de villa ó de aldeas pregonado en el 
mercado » . Al año siguiente la llama ya cibdat expresando que 
estuvo en ella; y en 1 268 concede entre otras gracias á sus mo- 
radores que no paguen portazgo en ningún lugar, sino en Tole- 
do, Sevilla y Murcia, y el séptimo de todo tributo á su concejo. 
En 1 27 1, estando el mismo rey en Cuenca, advirtióle Moisén- 
Abenasán de los tratos que contra él movían el infante Don 
Felipe, D. Ñuño de Lara y otros magnates descontentos. 

Sancho IV, el reformador de su fuero, reconocido á los ser- 
vicios que en la reducción de Cañete y Moya le prestaron los 
caballeros de Cuenca, donde tuvo que detenerse aquejado de 
cuartanas, y donde la prudente reina D.* María le devolvió á él 
la salud y la paz al reino, casando al inquieto D. Juan Núñez 
de Lara con su sobrina Isabel, heredera de Molina, concedió 
nuevas mercedes á los habitantes, é instituyó para su régimen 
un juez y cuatro alcaldes extraídos por suerte de distintas pa- 
rroquias. En 1 29 1 otorgóles Sancho IV facultad de poblar lu- 
gares en su término; en 1 292 « por mucho servicio que nos han 
fecho, dice, los caballeros de Cuenca en el cerco de Moya e de 
Cañete, e porque estén mejor guisados para nuestro servicio, 
dámosles todos los comunes de la cibdad e de su término, como 
lo solian aver en el tiempo de nuestro padre ; e los comunes son 



(a) Este Real acuerdo, más que privilegio, se dio á todas las demás Comunida- 
des de Castilla y se halla en los archivos de Segovia, Soria y otros. 

Tener portiello equivalía á ser concejal, con jurisdicción en un barrio y su salida 
ó puerta en el muro. 



202 CUENCA 



estos, cuatro mil maravedís en cada servicio, e la almotazanía, 
e las calopnas, e los sueldos, e las entregas de los cristianos. » 
Al año siguiente en atención á los buenos servicios de la ciudad 
y á instancias de la reina D.^ María, dispone «que ayan cuatro 
alcaldes e un juez de hi de Cuenca, e que los tomen de las co- 
laciones cada año por suerte ; e destos alcaldes e juez á quien 
cayere la suerte que vengan luego do quier que nos seamos 
para que les tomemos la jura; e todos los castiellos de su tér- 
mino que los aya el concejo e los guarde para nuestro servicio, 
salvo el de Huélamo que tenemos para nos.» Á la jurisdicción 
de los alcaldes se hallaban sujetos por igual los vasallos segla- 
res de señores eclesiásticos, según avenencia celebrada en 1 207 
entre la ciudad y el clero : veniant ad judicium alccUdorum et 
deinde ad judicium domini regís, et habeant partem in alcaidias 
etjudgados. Los cuatro alcaldes tuvieron primero dos mil mara- 
vedís cada uno, los notarios otro tanto, y el juez siete mil; des- 
pués, despoblándose la tierra de Cuenca y no pudiendo pagar 
tanto los pecheros, redújose á 700 maravedís la soldada de los 
alcaldes y notarios, y á 2000 la del juez; pero en 1322, mejo- 
rando el país en población y riqueza, pidió el concejo que se 
dieran á los primeros 1000 maravedís y 4000 al juez, petición 
que Alfonso XI remitió al arbitrio de su tutor D. Juan cuando 
visitase la provincia. Las reuniones del concejo se tenían en el 
corral de la iglesia catedral. 

Con gracias no menores recompensó Fernando IV la acen- 
drada lealtad de que dio Cuenca noble ejemplo durante su 
agitada menoría, eximiéndoles de todo señorío que no fuese 
el suyo propio, y dejándoles la facultad de gobernarse por 
sí sin intervención del poder real. Á más del privilegio de 
los aguisados concedió este rey á la ciudad otros dos harto 
notables: en 1302, «que no pague pedidos ni moneda forera, 
y que los ricos omes y ricas fembras é infanzones heredados 
en el término ayan de cumplir derecho ante los oñciales de 
Cuenca en qualesquiera querellas y demandas e por las ma- 



CUENCA 263 



las faziendas que ellos e sus ornes avrien fechas.» En 1308, 
t porque sope, dice, que en ningún tiempo non o vieron Adelan- 
tado en el obispado de Cuenca, nin otro señor ninguno, sino á 
mí, mando que non lo ayan en mi tiempo ni en el de los reyes 
que vernán: otrosí tengo por bien que non ayan justicia nin al- 
calde de mi casa, salvo ende quando el concejo de hi de Cuenca 
me lo embiare á demandar, todos acordados en uno á una voz. » 

Sin embargo, Alfonso XI dio á D. Juan Manuel aquel alcázar 
en prenda del cumplimiento de su pactado enlace con D.^ Cons- 
tanza, hija del infante (i), quien vengó la infracción del convenio 
con talas é incursiones por la comarca; pero reconciliado des- 
pués con él y con D. Juan de Lara el soberano, pudo desde allí^ 
en compañía de ambos, intervenir en 1337 á favor de su tía la 
reina viuda de Aragón, contestando á la embajada de Pedro IV 
que satisficiera á D.^ Leonor como primera base del tratado de 
alianza que contra los moros le pedía. 

Las violencias del rey D. Pedro, desmintiendo las bellas es- 
peranzas que sus primeros actos hicieran concebir (2), enseña- 



(1) Otorgóse esta escritura en Valladolid á 8 de Diciembre de 1325. «Sepa- 
des, dice en eUa, que yo rescebí por muger por palabras de presente la reina Doña 

' Constanza, fija de D. Juan fijo del infante D. Manuel, mió adelantado mayor e del 
reino de Murcia; e tomé con ella bendiciones, e mandé que todos los del mió ser- 
vicio la llamasen señora e la oviesen por reina de Castiella e de León ; e otrosí fiz 
pleito e omenage e jura sobre Santos Evangelios e sobre la Cruz al dicho D. Juan 
que yo casase con ella por ayuntamiento de matrimonio deste primero dia de ma- 
yo primero que viene á tres años que ella sería de edad de doze años, e para tener 
e guardar esto dí en rehenes al dicho D. Juan el mió alcázar de hi de Cuenca que 
lo tomase fasta que ayamos dispensación del papa... Porque vos mando que faga- 
des pleito omenage al dicho D. Juan., porque el dicho alcázar sea guardado, e Don 
Juan no resciba ñierza ni engaño.» 

(2) Curiosa es la pragmática que en 1351, primer año de su reinado, dictó en 
las cortes de Valladolid, para que «el que es labrador que labre, el trabajador que 
trabaje cada uno á su oficio ansí omes como mugeres, e que en sus reinos no ande 
ninguno mendigando.» Y por la diferencia del precio de los víveres y demás cir- 
cunstancias locales, íija para el obispado de Cuenca y arzobispado de Toledo los 
salarios de los siguientes oficios : para los jornaleros de labranza de i .^ de Octu- 
bre á I. ''de Marzo, 7 maravedís comiendo dos veces en las labores; de Marzo 
á iJ* de Junio, i s maravedís, comiendo tres veces; de Junio á i .** de Octubre por 
cada día de siega 18 dineros, contándose de sol á sol las horas de trabajo; para 
las mujeres en la primera temporada 4 dineros, en la segunda $ y en la tercera 7. 
A los carpinteros y albañiles por jornal se les señala 2 maravedís y á sus mozos 



264 CUENCA 



ron á Cuenca á insurreccionarse por la vez primera, y á confe- 
derarse con otras ciudades de Castilla en defensa de la inocente 
D.*^ Blanca. Sin escarmentar con el duro castigo de los rebeldes 
toledanos, cerró sus puertas la ciudad en el verano de 1355 al 
cruel monarca, que detenido en la aldea de Jávaga quince días, 
á dos leguas de distancia, hubo al fín de admitir á convenio los 
sublevados y otorgar su perdón completo á la poderosa familia 
de Albornoz (i); mas no bien asegurado el jefe de ella Alvar 
García, refugióse á Aragón con el infante D. Sancho, hijo de la 
Guzmán, á su tutela confiado. Fué Cuenca de las primeras en 
proclamar á Enrique de Trastamara en vida de su hermano, 
obteniendo la confirmación de sus privilegios y exención de tri- 
butos en cambio de los daños por su causa sufridos (2) ; y aun- 
que á favor de aquellos disturbios esperó adquirirla el rey de 



la mitad; á los alfayates ó sastres de coser el tabardo con su capirote 4 marave- 
dís, con forradura y guarnimento de orofreses ó de trenas ó de armiños 6 marave- 
dís, por un gabán 3 maravedís, por las calzas de orne forradas 8 dineros y por las 
de mujer $,porla saya de mujer 2 maravedís y por el redondel con su capí- 
rot 2 maravedís, e por las capas de los perlados forradas 8 maravedís; á los zapa- 
teros por unos zapatos de cordobán 2 maravedís, con lazo 4, por unos borce- 
guíes 7, por unos estivales 8, por zapatos dorados 6 maravedís, por los platea- 
dos 4; á los armeros por el escudo catalán de almacén dos veces enconado 
2 maravedís, y por el escudo caballerid el mejor e de las armas más costosas 1 10, 
por el escudete 30, por la adaraga 18. Á las amas de leche señala 60 maravedís 
al año, y á las sirvientas 40, á más de la comida y vestido. En el mismo año con- 
firmó el rey D. Pedro el acuerdo tomado por el concejo de Cuenca en i 329, de 
impedir la introducción del vino forastero en la ciudad y su distrito. 

(i) Asegura el historiador Rizo haber visto en el archivo de la catedral el per- 
dón otorgado á 4 de Setiembre de dicho año á Alvaro García, Garci Alvarez, Fer- 
nán Gómez y Gómez García, todos de la casa de Albornoz. Alvaro García era uno 
de los embajadores que habían ido á Francia para pedir á D.' Blanca de Borbón 
por esposa del rey de Castilla. 

(a) Á 7 de Febrero de 1 367, en las cortes de Burgos, confirmó ya Enrique II 
á los de Cuenca sus buenos usos y costumbres, nombrando á su hermano D. Pe- 
dro aquel malo tirano que se llamaba rey. En m68 á 28 de Agosto, hallándose en 
Cuenca, después de ratificarles los privilegios de los reyes anteriores, añade: «por 
los daños que aveis recebido en esta guerra que agora es en la nuestra tierra, 
otorgo que non paguedes pecho ni tributo alguno;» pues de varias treguas fir- 
madas en 1367 y 1373 parece que además de las contiendas civiles que ardían 
en todo el reino, se hallaba dicha ciudad en guerra con la de Albarracfn del do- 
minio aragonés. En 1 379 concedió franquicia el mismo rey á Juan Martínez de 
Cuenca, su escribano, y á toda la familia de éste en términos los más latos y hon- 
rosos. 



CUENCA 265 



Aragón, á quien sucesivamente la prometieron los de Portugal 
y de Inglaterra, la ciudad permaneció castellana! Su paz no fué 
turbada durante medio siglo, sino por el temerario celo de los 
moradores, que á campana tañida se lanzaron sobre la sinagoga 
de los judíos, matando á unos y obligando á los más á volverse 
cristianos. De este atropello, que debió coincidir con los que 
cundieron en Castilla y Aragón por el año de 1 391, no tenemos 
más noticias que las que suministra una reclamación de Mari 
Rodríguez Mejía, mujer de Alfonso Yáñez Fajardo, en 1408, 
pidiendo indemnización del pecho anual de 5000 maravedís que 
su madre Teresa Gómez de Albornoz, mujer en primeras nup- 
cias de D. Pedro Martínez de Heredia, por merced de Enrique II 
percibía sobre los judíos, hasta que el concejo diz que los hizo 
tornar cristianos por fuerza matando á muchos de ellos, y los 
oficiales y hombres buenos de la ciudad, á campana repicada y 
de común acuerdo se armaron para robar y destruir la citada 
judería, como en efecto lo ejecutaron. El concejo se defiende 
diciendo que aquello fué tumulto de algunos particulares, y que 
si robos hubo, llevóse dichas cosas el mismo padre de la deman- 
dante Rui González Mejía quitándolas al judío D. Yanto Vitón 
según pública fama. Replicó ella que si no autores fueron los 
oficiales consentidores del atentado, por no haberlo impedido 
como personas poderosas; sin embargo el concejo fué absuelto 
de la demanda (1). 

Pero llamado al trono aragonés Fernando de Antequera, 
que recibió en Cuenca la nueva de su elección, lejos de allanarse 
las fronteras entre ambos reinos, fueron teatro de más frecuen- 
tes y encarnizadas porfías. Acometieron á Cuenca en 1429 el 
rey de Aragón y su hermano el de Navarra ; mas el alcaide Diego 
Hurtado de Mendoza, fundador de la casa de Cañete, después 



(i) Entre los copiosos documentos que el archivo municipal encierra y que 
procuramos extractar con la brevedad posible, hallamos dos avenencias del con- 
cejo con la aljama de los judíos en 1318 y 1326, arreglando las condiciones de 
los préstamos y el tanto de las usuras, y fijando éste á 40 maravedís por ciento. 
34 




de admitirlos como obsequioso huésped dentro de los muros, 
les obligó como leal y esforzado á levantar el 
sitio atropelladamente. Andando empero los 
afSos, en el de 1449, incurrió en sospechas 
de pactar con los aragoneses la entrega de la 
plaza, por enemistad con D. Alvaro de Luna, 
el que con tanto valor la había defendido: 
recibió el obispo D. Lope de Barrientes en- 
cargo de quitarle el 
mando de la forta- 
leza, resistióse con 
las armas Mendoza ; 
y en las empinadas 
calles de la ciudad y 
al rededor de su cas 
tillo empeñóse una 
viva lucha, en que la ventaja quedó por el 
prelado, retirándose el alcaide á sus dominios. 
La fidelidad de Cuenca á Enrique IV y 
después á Isabel y Fernando, debida en gran 
parte al generoso ejemplo y saludable influjo 
de su patricio Andrés de Cabrera (i), le me- 
recieron de aquellos príncipes en 1465 y 1476 
una exención perpetua y general de pedidos 
y monedas y el dictado de muy noble y muy 
leal, alterando los últimos su gobierno y sus- 
tituyendo corregidores de real nombramiento 
álos cuatro alcaldes. Pero en 1507, oprimida 
la ciudad por el corregidor Felipe Vázquez de 
Acuña para que no obedeciese á la reina 
D.' Juana después de muerto su marido. 




(1) Oriundo de Aragón y biznieto de un hermano del famoso D. Bernardo de 
Cabrera, degollado por orden de Pedro IV, nació en Cuenca n. Andrés año 
de 14^0, y iai bautizado en la parroquia de San Miguel. Sus esclarecidos aervi- 



CUENCA 267 



echóle de ella Diego Hurtado de Mendoza, y nombráronse 
otra vez alcaldes ordinarios. Mayores trastornos allá traje 
ron las Comunidades, á cuya cabeza se pusieron en Cuenca 
dos audaces plebeyos, un frenero y un tal Calahorra: pero una 
dama varonil, D.^ Inés de Barrientos, vengó las insolencias co- 
metidas contra su marido Luís Carrillo de Albornoz que al 
principio había secundado el movimiento. Convidados á su casa 
los jefes de la insurrección, después de opípara cena, pasaron 
del letargo de la embriaguez al sueño de la eternidad, asesina- 
dos por servidores ocultos tras de los tapices de la sala ; y la 
mañana siguiente alumbró sus cadáveres colgados de las venta- 
nas, excitando, en vez de enojo, mudo espanto en la aterrada 
plebe (i). 

Durante el siglo xvi y xvii, en que visitaron á Cuenca los 
tres Felipes, el II en 1564, el III en 1604, el IV en 1642 per- 
maneciendo un mes en ella, la población bien que decaída, y 
reducido á menos de una tercera parte su antiguo vecindario de 
cinco mil familias, conservaba su nobleza, sus estudios genera- 
les, su fábrica de moneda (2), sus fecundas imprentas, su indus- 



cios y los de su esposa D.** Beatriz de Bobadilla á los Reyes Católicos pertenecen 
á la historia de la monarquía y se hallan gloriosamente consignados en dos reales 
privilegios, el uno creando á su favor el marquesado de Moya en i 5 de Julio 
de 1480, el otro en i 500 concediéndoles cada año la copa de oro en que bebieron 
los monarcas el día de Santa Lucía. Además de este y de otros ilustres varones 
que iremos nombrando, se envanece Cuenca de haber dado el ser á Diego de Va- 
lera, doncel de Juan II, cronista y escritor de muchas obras, que se distinguió 
por su prudente consejo en las cortes de Valladolid de 1448, á Alonso de Ojeda, 
compañero de Colón y de Cortés, á los plateros Becerriles, al arquitecto Francisco 
de Mora, al divino poeta Figueroa, al jesuíta Luis de Molina que dio nombre á su 
escuela teológica, á Baltasar Porreño, escritor del siglo xvii, y á otros que sería 
largo referir. 

(O Trae Sandoval en su Historia, de Carlos V este memorable hecho acaecido, 
según tradición, en las casas fronteras á la parroquia de San Juan. Era Luís Carri- 
llo, señor de Torralva y Beteta, y su esposa D.' Inés, nieta por su padre del obis- 
po D. Lope de Barrientos, á lo que se creía, y por su madre de Juan Hurtado de 
Mendoza, señor de Cañete. 

(2) Las casas de la moneda estuvieron debajo de las del marqués de Cañete, 
después convento de la Merced ; y Felipe IV, en sus últimos años, las hizo trasla- 
dar á expensas suyas á orillas del Júcar extramuros, donde subsistió la fábrica 
hasta 1 728. Construyó el edificio eq. 1 664 José de Arroyo, y lo continuó en 1669 
Luís de Arriaga, los mismos que hicieron ó reformaron la fachada de la catedral. 



268 CUENCA 



tria de tintes y alfarería, sus manufacturas de tejidos de lana: 
más numerosos ganados pastaban sus montes, más abundantes 
viñas vestían sus collados. £1 caserío, sin ocupar mayor recinto, 
apiñábase en calles más angostas con poquísimas plazas (i), 
defecto que corta enmienda sufre como nacido de la áspera 
situación. Rendida en i o de Agosto de 1706 por los ingleses 
tras de dos días de cruel bombardeo, y recobrada á los tres 
meses por las tropas de Felipe V, cayendo prisionera la guarni- 
ción enemiga ; entregada por los franceses al saqueo y á las 
llamas en 1808 y 18 10, Cuenca padeció terriblemente en ambas 
épocas por su fidelidad á los Borbones ; y quizá estos sufrimien- 
tos no fueron extraños á su decadencia progresiva. La verdad 
es que Cuenca, en el día, corresponde mal á sus históricos re- 
cuerdos ; que su fisonomía, sin ser nueva, ha dejado de ser anti- 
gua ; que á sus casas, á sus edificios públicos, á la mayor parte 
de sus templos, les falta el carácter tradicional, y que aparte lo 
singular de su asiento y lo pintoresco de sus perspectivas, no 
compensa con otras bellezas al viajero de lo agrio y resbaladizo 
de su continua cuesta. 

Ocupan la cúspide de la ciudad las ruinas y paredones del 
que fué castillo, destruido poco después de la fatal contienda 
entre el obispo Barrientos y el alcaide Mendoza, y trocado 
desde 1583 en residencia del tribunal de la Inquisición, que 
en 1498, no sin oposición del concejo, se había trasladado allí 
desde SigUenza (2). De aquel punto partían las murallas, cuyo 
circuito fué gradualmente ensanchándose cuesta abajo, hasta 
llegar al pié de la colina. Como á un tercio de la bajada, dejan- 



(1) Eq un documento del año 1397 nómbranse dos plazas, la de !& picola y la 
de San Andrés. La multitud de transeúntes en Cuenca se deduce de un proceso 
del siglo XVI, por el cual consta que se buscó á un reo en treinta y cuatro mesones 
distintos. 

(2) Antes de 1583 estuvo la Inquisición en unos apartamientos de las casas 
episcopales, y luego frente del colegio de jesuítas. En los solemnes autos desem- 
peñaban el oñcio de soldados de la fe los cardadores y peinadores de lana, que 
tenían en San Pedro cofradía sacramental. 



CUENCA 269 



do atrás la plaza de la catedral, se eleva sobre la derecha un 
ruinoso barrio, cercado también en otro tiempo y titulado toda- 
vía del alcázar y por haber allí construido el suyo el rey conquis- 
tador. Conforme se desciende, presenta la población un aspecto 
más renovado; y el arrabal de la Carretería^ situado en la lla- 
nura á la otra parte del Huécar, que crece á expensas de la ciu- 
dad y acabará tal vez por matarla, se acomoda ya puntualmente 
al moderno tipo: tan sólo á su espalda descuella sobre un ce- 
rríto el hospital de Santiago perteneciente á los caballeros de 
la orden, que nada de antiguo tiene sino la fundación. 

Trece parroquias, á más de la catedral, contaba desde el 
principio Cuenca, si bien hasta 1535 no se arregló la división 
de sus feligresías : la mayor parte permanecen aún en su desti- 
no. En lo más alto junto ál castillo asiéntase la de San Pedro, 
en su exterior polígona, rotonda en su interior y barrocamente 
renovada toda, á excepción de la cuadrilonga capilla de San 
Marcos cubierta de pinturas, que según la inscripción trazada al 
rededor de su bello artesonado romboidal, « fundó y dotó Don 
Miguel Enríquez, capellán mayor de Cuenca, y acabóse en 24 de 
Diciembre de 1604 ». Siguen luego, pendientes sobre la gargan- 
ta del Júcar, San Nicolás hoy cerrada, y San Miguel cuya anti- 
güedad denotan el ábside y varios retablos y sepulturas conte- 
nidas en sus dos naves irregulares. Domina el barrio del Alcázar 
Santa María de Gracia, la más reciente de todas, pues desti- 
nada antes á sinagoga, no fué erigida en templo sino en 1403 
después del asolamiento de la judería. Su fábrica no respira 
sino pobreza; pero en dos capillas aisladas de su nave, dentro 
de nichos gótico el uno y plateresco el otro, yacen hermosas 
efigies sepulcrales de varones que llevaron el noble apellido de 
Montemayor. En el nicho gótico, sobre una urna muy bien la- 
brada con hojas de cardo, hay dos estatuas de alabastro tendi- 
das, representando la de más afuera á un mancebo, la otra á un 
caballero anciano de hermosa cabeza, con estas inscripciones: 
€ Aquí está sepultado el honrado caballero Juan Alfonso de 



270 CUENCA 



Montemayor, cuya ánima Dios aya... LXXV años en XXI de 
noviembre en el año de mili CCCCLXV años. — Juan Alfonso 
de Montemayor, el mozo, cuya ánima Dios aya, fijo de Al.° de 
Montemayor, finó de edad...» En el nicho plateresco adornado 
de pilastras se ve una bella estatua de sacerdote que bárbara- 
mente destrozaron los franceses, y esta leyenda en el testero : 
€ Aquí yaze el venerable s. D.° Pe."* de Montemayor, cura de la 
iglesia de S. Andrés de Cuenca, cuya ánima Dios aya, el qual 
finó de edad de LX años á XXIX dias del mes de diziembre, 
año de nuestro Salvador Jhux.° de MDXXIU años, el qual re- 
edificó esta capilla que primero yso su visagUelo Ernán Sánchez 
de Teruel, regidor y tesorero de esta cibdat > . 

Sembradas por la pendiente de uno y otro río, ó saliendo al 
paso hacia la calle principal, sucédense en la bajada San Juan, 
Santa Cruz, San Esteban, San Martín, San Andrés, San Gil, 
Santo Domingo de Silos, San Salvador y San Vicente; y si en 
vez de cuadradas y mezquinas como son sus torres, guardaran 
la bizantina ó gótica estructura, parecieran robustas encinas ó 
graciosos álamos que del fondo de los valles se levantan. Se ha 
dicho que Alfonso VIII las situó al rededor de los muros como 
otros tantos centinelas, y como enseñas sagradas que en caso de 
ataque reunieran á los feligreses y animaran su religioso brío; 
la verdad es que, atendida la estrechez de la loma, en cuanto al 
sitio hubo poco que escoger. Ahora tal cual portada dórica, jó- 
nica ó del renacimiento, como en San Andrés, Santo Domingo 
y San Gil, tal cual vestigio del arte gótico como en San Este- 
ban, alguna tabla purista, algún altarito arreglado ante el cual 
se detenía el viajero Ponz á respirar de sus invectivas contra el 
churriguerismo, es cuanto pueden presentar las parroquias de 
Cuenca al que emprenda una por una visitarlas. 

En el arrabal existía el mayor número de conventos, aun- 
que algunos bien antiguos ; pues San Francisco, situado al ex- 
tremo de aquel en una vasta plaza, reemplazó desde 1313a una 
casa de templarios dada á estos en premio de sus servicios al 



CUENCA 271 



tiempo de la conquista (i); y la Trinidad desde 1385 fué asen- 
tada sobre la ermita de San Jorge. Sus edificios se renovaron 
empero al par del de San Agustín y del de carmelitas descalzos, 
que sobre una isleta formada en el confluente de ambos ríos 
fundó en 161 3 el obispo D. Andrés Pacheco destinándolo para 
propia sepultura. En 1684 abandonaron los mercenarios su re- 
tiro de la Fuensanta, donde vivido habían casi tres siglos, y su 
iglesia cuya capilla mayor costearan hacia 1427 Sancho de Já- 
rava y su mujer María de Toledo, para trasladarse á la magní- 
fica residencia del marqués de Cañete en el barrio del Alcázar, 
junto á la cual se edificó más tarde el seminario de San Julián. 
Fundó este seminario en 1584 el obispo D. Gómez Zapata, 
en 1628 lo trasladó D. Enrique Pimentel á unas casas detrás de 
San Pedro, y en 1 745 lo edificó D. José Flórez Osorio tal como 
ahora está sobre las del marqués de Valverde. Las del marqués 
de Cañete, antes de establecerse en ellas los mercenarios, eran 
grandiosas según la descripción de Mártir Rizo, con cuatro ó 
cinco pisos y jardines y fuentes en lo más alto. 

Algo más arriba y sobre los derrumbaderos del Júcar cons- 
truyeron su humilde convento los descalzos de San Francisco, 
respirando dentro de la ciudad misma el horror sublime de la 
soledad: y ya en 1554 se habían establecido los jesuítas en la 
calle alta con la protección de los canónigos Pedro del Pozo y 
Pedro Marquina, mostrándose todavía en la portada del edificio 
el gusto noblemente sencillo de aquel tiempo. En la cima junto 
á San Pedro las carmelitas descalzas habitan su convento fun- 
dado en 1 603 y adornado de estimables pinturas ; las justinia- 
nas establecidas en la plaza de la Catedral desde principios del 
siglo XVI por el canónigo Alonso Ruiz, se envanecen de su elíp- 
tica iglesia reedificada en el último siglo, y de sus frescos, es- 
culturas y simétricos altares. Las benitas, reunidas á las ber- 



(1) Reedificó la iglesia de franciscanos Juan Pérez de Cabrera, arcediano de 
Toledo, que murió en i $ xq, y su sepulcro de mármol y los de sus padres desapa- 
recieron con la renovación posterior del edificio. 



272 CUENCA 



nardas, en su pequeño templo pegado á San Salvador, nada 
conservan sino la complicada crucería de la cabecera, que nos 
acerque á la fecha de su erección en 1 446 por el chantre Ñuño 
Álvarez como' delegado del obispo de Mondoñedo. Los de la 
Concepción angélica y Concepción francisca en el arrabal, fun- 
dado aquel en 1 561 por D. Constantino del Castillo y este 
en 1504 por Alvar Pérez Montemayor, canónigo de Toledo, 
carecen de interés artístico, por su pobreza el uno, el otro por 
su renovación. Ni lo encierra muy grande, á pesar de su ovala- 
da cúpula y de sus frescos y adornos la grande ermita de San 
Antón, cuyo origen se remonta á los años de 1350; pues lo 
mejor que tiene es su portada plateresca, y su bella situación 
entre la frondosa alameda del Júcar y el puente inmemorial de 
dos ojos, por donde ya mezclados se deslizan ambos ríos. Sobre 
la inmediata puerta que introduce á las adjuntas habitaciones, 
se nota la siguiente inscripción en letras góticas: cEsta obra y 
la iglesia hizo el venerable Sr. frey Xpistobal Agustin de Mon- 
talvQ, comendador de las casas y encomienda de S. Antón de 
Cuenca y Murcia y Huete; acabóse en el año de mil y quinien- 
tos y veinte y tres años > . La renovación última de esta iglesia, 
lo mismo que la del hospicio, Concepción francisca^ justinianas 
y la construcción de San Felipe, tomando casi todas la ñgura 
rotonda ó elíptica, son debidas al arquitecto D. José Martín de 
la Aldegüela que vivía en Cuenca á fines del siglo pasado. 

Único monumento de Cuenca, campea la catedral en la falda 
del cerro casi á dos tercios de su altura, en una plaza costanera 
á la cual tres arcos dan entrada por bajo de las casas consisto- 
riales. Bien parece la fachada vista á media luz ó á la mayor 
distancia posible, sobre su escalinata ceñida de balaustres, con 
sus tres portadas las dos ojivales y semicircular la del centro, 
con su rosetón en el segundo cuerpo protegido por una ojiva; 
y aunque inspira cierta inquietud desde luego la indefinible for- 
ma del remate, sólo de cerca se reconoce que á la obra gótica 
sustituye una parodia temeraria que hizo de ella el barroquismo 



CUENCA 




Puente de San Pablo t la Catedral 



274 CUENCA 



hacia 1664 por mano de un tal José Arroyo, ora revistiendo la 
armazón todavía desnuda de la fábrica, ora destruyendo, lo que 
fuera imperdonable, las primitivas labores. Vense lisos los ar- 
quivoltos de las portadas, sin efigies las repisas, colgajos y fru- 
teros por todas partes en vez de las delicadas hojas y sutil 
arquería, dos tremendos balconazos á los lados del rosetón, y 
sobre una cornisa abrumadora* entre dos octógonas linternas una 
estatua informe de San Julián. No le lleva en mérito gran ven- 
taja la cuadrada torre, de cuya plataforma se alzan en pirámide 
tres filas de arcos sobrepuestos, terminando en una figura de 
bronce ó giralda con bandera en la mano que domina de cual- 
quier lado la perspectiva de la ciudad (i). 

Empezada desde el tiempo inmediato á la conquista para 
suceder á la mezquita sarracena, pertenece la catedral al estilo 
gótico primitivo del siglo xiii, con no pocos resabios del bizan- 
tino en sus detalles. La nave principal, llamada asimismo de los 
reyes ^ excede en altura notablemente á las dos laterales ; anchos 
y profundos boceles guarnecen las agudísimas ojivas de comu- 
nicación ; cilindricas y gruesas son las columnas, levantándose 
sobre sus capiteles delgadas haces, ceñidas á trechos de colla- 
rines, á sostener las bóvedas mayores, cada una de las cuales 
comprende dos arcadas. Encima de estas ábrense hasta la mis- 
ma bóveda otras grandes ojivas orladas de follajes, que á ma- 
nera de ándito cierra un gracioso antepecho calado, y que sub- 
divide en dos arcos un pilar al cual se arrima un ángel enorme 
bajo doselete, ocupando ancho círculo el vacío superior. Incom- 
parable efecto produjera esta galería, si entretejiesen copiosos 
arabescos sus líneas principales, que harto aisladas se diseñan 
ahora sobre la luz, demasiado viva, que penetra por las clarabo- 



(i) Del libro de fábrica de i 590 aparece que por el maestro de obras Alonso 
Serrano se gastaron 328,882 maravedís en la torre del Ángel (nombre que se 
daba también al cimborio del crucero) «en desbaratar todo el chapitel viejo de ma- 
dera que estaba podrido, y en hacerlo todo de nuevo con la pirámide y el ángel». 
Ignoramos si estas obras se refieren al cimborio según lo dicho, ó bien á la torre 
de las campanas, no obstante que su remate se demuestra harto más moderno. 




IntekíOr db la Cateori 



276 C Ú E N C A 



yas circulares abiertas á su espalda. Las demás renovaciones no 
han sido más felices, exceptuando las pinturas de profetas que 
cubren los espacios intermedios de las arcadas: el resto de la 
nave aparece blanqueado, marcados con líneas amarillas los si- 
llares, embadurnados los mascarones de arcos y repisas, que la 
cal hace grotescos, si el color de piedra respetables ; y las naves 
laterales, aunque escapadas del revoque, han perdido la luz de 
sus claraboyas circuidas de ornatos casi bizantinos. Hasta se 
ensayó picar las columnas y sustituirles pilastras lisas, horrible 
ensayo que no pasó por fortuna de la bóveda primera. Añádase 
á esto el estorbo que producen á la entrada los ponderados can- 
celes y el desatinado trascoro ; y se comprenderá que á primera 
vista parezca estrecho y sofocado un templo, que no cuenta 
menos de 31 2 pies de longitud interior y 140 de anchura, hasta 
que al extremo de las seis arcadas se presenta á los ojos el 
magnífico crucero. 

Igual éste á la nave principal en altura, y abarcando la an- 
chura de todas inclusa la profundidad de las capillas, reúne bajo 
un golpe de vista los más gentiles encantos, las más variadas 
perspectivas del ediñcio. Fórmanse desde aquel punto cinco 
naves, girando en semicírculo las cuatro á espaldas de la cen- 
tral, y produciendo vistosísimo juego los cilindricos pilares co- 
ronados de bizantinos capiteles, alternados con otros más lige- 
ros de agrupadas columnitas que despliegan su tallo superior á 
manera de palma. Macizos y robustos cual torreones los cuatro 
pilares del centro, flanqueados por una sutil columna que á su 
arrimo trepa, reciben poderosamente sobre su capitel los arcos 
torales, anchos, bocelados, revestidos dentro y fuera de puntas 
recortadas al uso bizantino, irregulares y con todo esbeltos en 
su ojiva. Sobre ellos se levanta un cuadrado cimborio, en su 
parte superior octágono, embellecido con dos órdenes de aji- 
meces á tres por lado, cuyas gallardas ojivas ciñen anchas mol- 
duras, tirando más al gusto bizantino los del primer cuerpo y al 
gótico por su mayor esmero los del segundo. Tiene el cimborio 



CUENCA 277 



doble muro, y en el exterior corresponden ventanas idénticas á 
las descritas para transmitirla luz al templo (i). 

El fondo de uno y el del otro brazo del crucero está muy lejos 
de guardar entre sí correspondencia en el estilo. Ofrece el de la 
derecha tres prolongadas lumbreras ojivas, privadas de luz y 
de los brillantes colores con que encima de ellas resplandece 
una grande claraboya ; y en uno de sus ángulos campea alta 
portada gótica del siglo xv, con relieve del Calvario en su tes- 
tero, que abre paso á una capilla de San Julián y al palacio del 
obispo. En el brazo empero de la izquierda ostenta su triunfo el 
arte plateresco, que á mediados del siglo xvi, concurriendo fe- 
lizmente la generosa munificencia del obispo D. Sebastián Ra- 
mírez con el fecundo ingenio y primorosa destreza del artíñce 
Jamete (2), quiso dejarnos en la portada del claustro uno de sus 



(i) Ahora el cimborio está obstruido por una bóveda sencilla, y fuerza le será 
al curioso encaramarse á los desvanes si quiere contemplar aquella obra esplén- 
dida, que la indiferencia 6 la barbarie segregaron de la basílica, á la que coronaba 
tan dignamente, y abandonada cual desecho al polvo y á la intemperie, sin más 
que unos tablones en reemplazo de su hundida cubierta. 

(3) El diminutivo de jamete más bien parece lemosín que italiano, y lo único 
que de este eminente artífice se sabe es que hacia 1537 ejecutó en la catedral de 
Toledo, según consta en su archivo, los remates de la portada de la torre por en- 
cargo de Alonso de Covarrubias, y que en 1539 trabajaba en la pared del crucero 
en el interior de la puerta de los Leones. En los libros de fábrica de la catedral de 
Cuenca unas veces se le llama entallador y otras imaginario, y se mencionan otras 
varias obras que hizo, tales como el retablo de San Mateo y San Lorenzo por 
10,295 maravedís y un dibujo para el monumento por 408. Según los citados 
libros de 1 547 á 1554, la fábrica hubo de sostener pleito con los herederos del 
obispo Ramírez acerca del legado que hizo para la construcción de la portada del 
claustro, y apeló de la desfavorable sentencia. En 1547 empezóse á sacar piedra 
para dicha obra, vendiéndose la de la claustra antigua; era maestro de cantería 
Francisco de Luna, que ganaba diariamente tres reales y medio, y á quien después 
de muerto le fueron contados 4267 maravedís por los jornales que el obrero le 
había quitado. A Juanes de Mendizabal, cantero, que trajo las piedras para las fi- 
guras de San Pedro y San Pablo y para las gradas e vasos y para la portalada^ se- 
ñalósele cuando viejo un real diario, no obstante de haber sucedido en i (;59 á 
Juan Vélez en la importante empresa de conducir las aguas á la ciudad con 90,000 
maravedís de salario. Para poner la gran claraboya de dicha portada diéron- 
se 1039 maravedís y medio á Giraldo de Holanda, que hizo otras vidrieras sobre 
las puertas principales de la iglesia, pagándosele en diferentes partidas más* 
de 100,000 maravedís. Las vidrieras de la nave mayor las puso más tarde Pedro 
de Valdivieso. Hacia el mismo tiempo se halla mención de Angelo, imaginario que, 
por 8 ducados, hizo dos imágenes para el retablo de Santiago, y de Martín Gómez, 
pintor del mismo retablo y del de cabildo y de la imagen que estaba á la entrada 
de la puerta mayor. 



278 



CUENCA 



prodigios de riqueza. 
Cogiendo la amplitud 
del muro, trazó un gran- 
dioso y elegante arco 
semicircular, flanquea- 
do por dos gigantescas 
columnas de orden co- 
rintio, estriadas y ceñi- 
das de guirnalda con 
,tos blasones del funda- 
dor, que asientan sobre 
repisas prolijamente la- 
bradas en vez de pe- 
destales. En el intradós 
del arco esculpió gra- 
ciosos niños entrelaza- 
dos con festones, en el 
éxtrados los bustos del 
apostolado y el de Je- 
sucristo en el centro, 
en las enjutas las figu- 
ras expresivas de Judit 
y de Jael ; el friso lo cuajó 
tccio de ángeles y jarrones y 
caprichos mil á cual más delica- 
do, resaltando en el tarjetón de 
enmedio la fecha de 1546. No igua- 
lan del tcdo el mérito délos relieves 
las dos colosales estatuas que cargan so- 
bre el vivo de las columnas representando 
la Ley antigua y la Ley nueva; pero la vasta 
claraboya que entre ellas se dibuja, pintada con 
admirable brillo y minuciosidad por Giraldo de 
Holanda, remata vistosamente aquel cuerpo ar- 




CUENCA 279 



quitectónico, asomando por encima el Padre Eterno en acto 
de bendecir la obra. Dentro del arco referido, cuyas grue- 
sas jambas adornan dos nichos con abalaustradas columnas 
y estatuas de San Pedro y San Pablo, fórmase una especie 
de capilla, á que sirve de lecho una elíptica cúpula artesonada 
de bustos y casetones, con los evangelistas esculpidos en las 
pechinas. Al rededor de los muros corre una serie de colum- 
nas estriadas y un friso sembrado de ángeles^ que en el muro 
del frente llevan guirnaldas, en el izquierdo trofeos de guerra y 
en el derecho insignias de la muerte. En ambos lados hay hor- 
nacinas, acaso destinadas á recibir sepulcros, que ocupan ahora 
dos estatuas advenedizas y nada bellas del Bautista y de la Vir- 
gen; pero el muro del fondo, entre las exquisitas guarniciones 
de las puertas que comunican al claustro, ostenta un devoto 
Ecce homo^ y en los nichos del segundo cuerpo la Adoración de 
los reyes y á su pié la data de 1550, terminando aquel retablo 
de piedra en un frontón con medallones y candelabros. Si por 
algo peca tamaña obra, es por el exceso mismo y monotonía de 
sus primores, que llegan á producir fatiga y confusión, y por 
sus paganas reminiscencias de tritones y centauros, aplicadas tan 
fuera de sazón por el renacimiento á los monumentos religiosos. 
En la cabecera del templo nótanse evidentes indicios de en- 
sanches y reformas ; columnas truncadas desde sus mismos ca- 
piteles, ventanas bizantinas desmochadas hacia fuera y cubiertas 
de blancos vidrios, la arcada del presbiterio guarnecida de folla- 
jes de estilo gótico ya decadente, y las columnitas, aristas y 
ventanas de la capilla mayor disfrazadas y corrompidas con 
adornos harto más recientes. Cerrábase sin duda el ábside donde 
ahora está el presbiterio, según pedían las proporciones del edi- 
ficio; y aunque se ignora la época de dicha prolongación, lo más 
seguro es referirla al tiempo del obispo Barrientos, hacia los 
años de 1457, cuando se colocó aquel antiguo retablo, que en 
expresión del enfático Rizo era ¿acosa más insigne de Europa {i). 



(i) mártir Rizo, Hisiorijt de Cuenca, p. 11, cap. i. Sin embargo en el libro de 



CUENCA 



Persuádelo el examen de las naves que ciñen el trasaltar, cuyos 
pilares en vez de seguir su curva natural se apartan y divergen 
describiendo herradura; sus multiplicados boceles, sus capiteles 
de follaje revelan ya el 
gusto del siglo XV, si es 
que la crucerfa y dora- 
das claves que esmal- 
tan su bóveda con nu- 
merosos escudos de ar- 
mas no arguyen una 
fecha todavía posterior. 
Sacada así de quicio la 
órbita de estas naves, 
y harto poco diferentes 
en altura las medianas 
de las menores , no 
^ producen desde el tras- 
altar todo el efecto que 
esperarse pudiera de su anchura y de la 
combinación de sus arcos y columnata. 

Ignoramos por qué infortunio des- 
apareció de la capilla mayor el gótico 
retablo, para sustituirle otro, perfecto en 
su línea cuanto se quiera, pero nada 
acorde ciertamente con la arquitectura 
del templo. Perdónenos la memoria ¡lustre de D. Ventura 
Rodríguez, si en la traza regular de su obra, aunque labrada de 
ricos mármoles de la provincia, hallamos cierta desnudez y hasta 
en el remate ciertos resabios de barroquismo : las esculturas son 
todas extranjeras, como el mármol blanco de Carrara, habiendo 
venido de Genova el gran relieve de la Virgen, las estatuas de 




*"*//j- Cftuz 

A Catedral antigua 



fábrica de i $ 7 j ae habla de «mudar el retabla y de blanquear y dorar la capilla 
mayor». Ponz dice que aquel retablo fué trasladado luego á la iglesia de domiai- 
cos de San Pablo, donde lo vid, formando de él un iuicio harto severo. 



CUENCA 281 



San Joaquín y Santa Ana, la del Padre Eterno, y los ocho me- 
dallones de estuco que, figurando historias de la madre del Sal- 
vador y los cuatro evangelistas, adornan en dos series los muros 
de la capilla (i). Menos gracia á nuestros ojos merece todavía 
el transparente que á espaldas del retablo se hizo en el trasal- 
tar bajo la dirección del mismo Rodríguez hacia 1751 ; pues no 
por ser más arregladas sus formas, está más en su lugar que el 
tan famoso de Toledo. Dos columnas y dos pilastras corintias 
de mármol verde con capiteles de bronce dorados sustentan el 
arco exterior del transparente, al cual aparece pegado un ángel 
con las alas tendidas; sobre las columnas asientan las estatuas 
de la Esperanza y la Caridad, y en lo más alto la de la Fe des- 
tacando sobre un círculo iluminado. De la abertura del transpa- 
rente despréndense dorados rayos á manera de colgajos, según 
la moda de aquel siglo en que el arte, material cual nunca, pre- 
sumía con singular empeño imitar lo más sutil é impalpable de 
la naturaleza, las nubes y la luz. En el fondo del retablo, entre 
dos columnas iguales á las de fuera, se representa á San Julián 
recibiendo una palma de la Reina de los cielos, y en dos meda- 
llones laterales el bautismo del santo obispo y su trabajo manual 
en compaftía de San Lesmes ; relieves debidos al escultor Don 
Francisco Vergara, cuyo mérito deslustran la hinchazón de los 
ropajes y el amaneramiento de las actitudes. Sobre la mesa del 
altar descansan tras de unas rejas doradas, en urna de plata no 
por cierto del mejor gusto, los restos del glorioso patrón de 
Cuenca, que guardó por largo tiempo en depósito la pequeña 
capilla arrimada con otras al mismo trasaltar, y cubierta de gó- 
ticas y ya degeneradas labores (2). 



(i) Las estatuas y medalla del retablo costaron t 30,000 reales, los medallo- 
nes de estuco 1 00,000, y las esculturas del altar de San Julián ó iranspareníe tra- 
bajadas en Roma por Vergara 192,000. 

(3) Sobre el altar de esta capilla vese la tribuna donde fué colocado en i $ 18 
el cuerpo del Santo, que antes yacía en el trascoro entre los prelados más anti- 
guos. Al lado de esta hay otra capilla con graciosa portada del renacimiento, en 
cuyo frontón se lee : D. O. M, Divo Juliano secundo ef>isc. Conchensi Anionius 
36 



282 CUENCA 



Dos modernas insignificantes rejas cierran los lados del pres- 
biterio; no así la de su entrada^ labrada con plateresco primor 
por Hernando de Arenas á mediados del siglo xvi, corriendo 
por su promedio y su remate delicados frisos de ángeles enlaza- 
dos con guirnaldas, y terminando en primorosa crestería. Con- 
temporánea bien que menos rica es la del coro, que colocado 
antiguamente en uno y otro brazo del crucero, al construirse la 
portada del claustro debió ser trasladado al sitio que actualmen- 
te ocupa bajo la nave principal^ desde la tercera hasta la sexta 
arcada. Sin embargo, sus dos órdenes de sillas, en cuyo respal- 
do superior resaltan imágenes de santos divididas por columnas 
estriadas, no se esculpieron hasta mediados del xviii, resintién- 
dose bastante sus labores del extravío de la época, á la cual 
asimismo pertenecen los dos pulpitos de jaspe arrimados á los 
pilares del crucero y adornados con figuritas de bronce en el 
antepecho. Pilastras corintias flanquean la cerca exterior del 
coro barnizada de blanco con dorados perfiles, formando varias 
capillitas, entre las cuales se distingue á la izquierda la de San 
Mateo por sus bellas pinturas antiguas, bien diferentes de las 
infelices tallas que afean el trascoro. 

Entre los dos coros^ de que hablan á menudo los libros y 
memorias de aquel tiempo, quedaba desembarazada y libre la 
anchura de la nave principal en su intersección con el crucero. 
La obra de desvolver 6 de trasladar el coro empezóse al parecer 
en 1570, bien que ya en 1551 se pagaron á Hernando de Are- 
nas, rejero, vecino de Cuenca, varias partidas por ciertas cosas 
de hierro que en él adobó y otras obras que hizo para la igle- 
sia; y en 1557 se le dieron 94,452 maravedís á cuenta de la 
reja de la puerta del coro, y al entallador Villadiego, que repa- 
ró la sillería, por el pulpito que esculpió con medallas y moldu- 
ras, 16,875 maravedís. En 1578 el mismo rejero Arenas hizo 



Barba archidiac» Conchen, dei'ott'onis ergo hanc capellam erexit ac dicavit ann. 
Dni, MDLXVin. 



CUENCA 283 



dos águilas para dicho coro por 60 ducados, y el escultor Ge- 
raldo labró la imagen de alabastro de Nuestra Señora que en él 
había, y cortaba sus pilares Juan Andrea, el arquitecto del claus- 
tro, y el entallador Pedro Saceda trabajaba en el coronamiento 
de las sillas. En las fiestas de Navidad y del Corpus se hacían 
por entonces en el coro representaciones ó autos, mencionándo- 
se á Pedro Rodríguez que desempeñaba el papel de bobo^ y á 
Gaspar Vázquez, representante, gastándose algunos miles de 
maravedís en vestidos y aderezos. 

£1 que, examinado en un conjunto el templo, enfila la nave 
derecha para recorrer por orden desde la entrada sus capillas, 
sin parar la atención en los modernos altares de la Magdalena 
y del Pilar, corre á mirar de cerca la plateresca portada de la 
de los Apóstoles, cuajada de menudos detalles aunque no la 
más elegante en su conjunto, y la primorosa reja en cuyo rema- 
te se representa la creación y el pecado de los primeros padres. 
Fundó esta capilla D. García Osorio de Villareal, chantre y ca- 
nónigo que fué de 1518 á 1542; y dentro de este período se 
resumen perfectamente la complicada crucería de sus dos bóve- 
das, el carácter gótico plateresco de sus ventanas, el estilo del 
renacimiento marcado en los relieves y arquitectura del retablo 
principal y combinado con pinturas aún puristas. En la inmedia- 
ta de San Antolín, cuya erección se atribuye á Juan de Cabrera, 
hermano del célebre Andrés, cobija un retablo la esbelta ojiva, 
construida acaso para un sepulcro, y su bóveda estriba sobre 
capiteles formados por tres cabezas, cuyas columnas probable- 
mente se cortaron. Entre las capillas de la izquierda nótase 
alguna de no menor antigüedad; tal como la de San Miguel, 
dotada á mediados del siglo xv por el virtuoso chantre Ñuño 
Álvarez de Fuente Encalada, á cuya reja se asoma la sepultura 
del arcediano D. Gómez Bailo con su efigie tendida bajo un arco 
gótico rebajado (i). La siguiente del Bautista en su retablo co- 



{i) En el friso se lee la siguiente inscripción : «Aquí yace el noble e muy revé- 



284 CUENCA 



rintío ostenta un bello cuadro de la predicación del santo en el 
(lesierto, firmado por Cristóbal García Salmerón, pintor de Cuen- 
ca en el siglo xvii ; las otras dos de San Bartolomé y de Santa 
Catalina encierran obras anteriores en su línea apreciables, de- 
biendo aquella su fundación al arcediano D. Rui Gómez de Ana- 
ya, sobrino del obispo D. Diego, á principios del xv, y la cons- 
trucción de su reja al canónigo Jerónimo de Anaya en 1578. 

Más copia y variedad de objetos atesoran las naves del tras* 
altar, á cuyos pilares y al semicírculo formado por la capilla 
mayor se arriman varios retablos y capillitas, que con su sencilla 
traza y pinturas excelentes, deponen á favor de las artes del 
siglo XVI. Una de ellas es la de Santa Ana, erigida en memoria 
de la peste de que se libró Cuenca á fines del siglo xiii por in- 
tercesión de aquella, y dos veces renovada en 1522 y 1652. 
Otra es la de los santos Fabián y Sebastián con buenas efigies; 
y arrimadas al trasaltar se distinguen por sus apreciables pintu- 
ras la capilla de los Pozos, perteneciente á la familia de este 
apellido, la llamada de los Pesos y la del Cristo en la Columna. 

Empezando por la derecha del crucero, preséntanse desde 
luego á lo largo del muro cuatro urnas sepulcrales, donde yacen 
cuatro obispos de Cuenca primitivos, á saber : D. Juan Yáfiez el 
primero, el tercero D. García, D. Lope el cuarto, y el octavo 
D. Pedro Lorenzo (i) ; bien que sus efigies en la delantera escul- 



rendo Sr. D. Gómez Bailo, arcediano desta iglesia de Cuenca, natural de Santiago 
de Galicia, el qual con licencia e auctoridad de los nobles e muy reverendos Sres. 
el deán e cabildo de la dicha yglesia ansy como patrones desta capilla que es def 
npble... Ñuño Alvarez de Fuente Encalada, chantre desta iglesia que la dotó...» 

(i) Hizo éste grandes servicios á Alfonso X ; y un sobrino suyo enviado á Já- 
tiva con misión secreta, para que la plaza, saliéndose del dominio de Aragón, 
pasase al de Castilla, fué ahorcado como espía por orden de Jaime I. Los sepulcros 
de dichos obispos, malamente pintorreados, no llevan más epitafio que su nom- 
bre; en el de García leíase, antes acaso de la traslación, el siguiente que trae Gon- 
zález Dávila: 

Teritus hoc túmulo Conchensis proesul iumuiaiur, 

Nomine Garsias, cui domus alma daiur, 
Et lumen cleri, populi decus, aucior honorts, 

Intus proeclarus extitii atque/on's. 

jEra MCCLXV (año de C. 1327). 



CUENCA 285 



pidas parecen todas de una mano y de época ya bastante ade- 
lantada. Buenas tablas y esculturas conserva la próxima capilla 
de San Martín, fundada hacia 15 18 por el tesorero D. Martín 
de Huélamo ; pero la eclipsa con sus preciosos mármoles y sus 
frescos y su alta cúpula la de la Virgen del Sagrario que erigió 
en 1 63 1 el obispo Pímentel en obsequio de la devota imagen 
compañera de las batallas de Alfonso VIII, ante la cual penden 
antiquísimas banderas. Sin otro intermedio que el pésimo sepul- 
cro del moderno obispo D. Ramón Falcón de Salcedo (i), siguen 
al Sagrario las portadas de la Sacristía y de la Sala capitular, 
gótica pero sin gracia la de aquella, construida según los escudos 
de armas durante el obispado de Barrientos. Hacen vistosa la 
pieza sus pinturas y dorados, por más que pertenezca á la deca- 
dencia gótica su techo, y su retablo y sus cajones al más exage- 
rado barroquismo: mas el primor hereditario de los plateros 
Becerríles, que establecidos en Cuenca en el siglo xvi, llenaron 
de admirables obras la provincia (2), reservó sus mayores pro- 
digios para el templo catedral. La delicadeza de aquel estilo 
plateresco aplicado al arte de que tomó origen y nombre, la mu- 
chedumbre de figuritas sin cuento, la prolijidad y perfección de 
las labores, ante cuyo valor desaparece el de la materia, son 
más para vistas que para descritas ó alabadas ; y ya que no es 
dable admirarlas en la gran custodia de tres cuerpos en 1528 



(i) Fué dicho obispo natural de Sigüenza, y trasladado en 1803 cíe la silla de 
Zamora á la de Cuenca, permaneció en ésta hasta su muerte en 1826. 

(2) De la información de nobleza recibida en i 529 á instancia de los herma- 
nos Alonso y Francisco Becerril, consta que su abuelo Rodrigo, natural de Potes 
en tierra de Liévana, se avecindó y casó en Paredes de Nava, y su padre Alvaro 
en Cuenca con Mari López Alonso. De Alonso dice Juan de Arfe que en su casa se 
trabajó la custodia de Cuenca, «obra tan nombrada donde se señalaron todos los 
hombres que en España sabían en aquella sazón.» Continuó Francisco la obra de 
su hermano desde i 546 hasta 1573* coincidiendo casi su muerte con la conclu- 
sión de ella, y además hizo las custodias de Iniesta, Villaescusa de Haro y Huete, 
poco menos preciosa que la primera, la que empezó en 1 5 3 3 y acabó en 1552 por 
mandato del obispo D. Diego Ramírez. Casó con Luisa Álvarez,rundando juntos un 
altar en la parroquia de San Miguel , y su hijo Cristóbal, que trabajó la custodia 
de Alarcón en i 575, se mostró heredero de la habilidad de su padre. 



284 



ríntio ostenta 


,•- • 


fjesierto 




ca en r 
CaW 


^ J 


bier 
ys 
t 






^^«Maday en 1573 con- 
í/ií/da (i), deplorable pre- 
sa de la rapacidad de los 
franceses en el primer sa- 
queo de Cuenca, aún bri- 
llan afortunadamente, ora 
en la más pequefía y no 
menos preciosa que des- 
tinaba el obispo Ramírez 
para su pueblo de Villa- 
escusa, ora en los bellos 
portapaces, y en el tesoro, 
harto mermado última- 
mente, de alhajas y reli- 
carios (2). 

£n los libros de fábrí- 
ca de 1547 á 1572 se 
hallan frecuentes y consi- 
derables partidas á favor 
de Becerril, quien, como 
maestro de las obras de 
plata, disfrutaba un sala- 
rio de 3,000 maravedís y 
1 8 fanegas de trigo; pero 
en 1555 negóse á pagár- 
selo el cabildo, preten- 
diendo tener alcance con- 



( ) Aden áa de estas fechas expresóse en la inscripción del pedestal que se 
h 70 d cha cuatod a por mandado del ob spo D. Diego Ramírez, y que la labró 
Tranc s o de Be e y que en 546 mucho antes de su entera conclusión, fui 
sacada ya por p mera ez En su mater a entraron f¡ 1 6 marcos de plata, y costó 
au hechura 16,735 ducados. 

(j) Entre las alhajas merecen atención particular el pendón ya citado de Is 
conquista y el báculo de San Julián, cuya espiral forma una culebra esmaltada con 
escamas, y en el centro un ángel con las alas tendidas, dorado pero muy tosco en 
su trabajo. 



CUENCA 287 



tra él, y despachó un agente á Toledo y á Valladolíd para ob- 
tener sobre esto un breve. Parece sin embargo que triunfó Be- 
cerril, pues en 1557 se le pagaron á cuenta i millón y 63,000 
maravedís y se acordó darle anualmente 600 ducados, hasta 
que, en 1568, según tasación, quedó enteramente solventada la 
custodia. Otras varias obras hizo Becerril para la catedral, pues 
en 1547 se le dieron 9256 maravedís por ciertas cosas de oro 
y plata para el Sagrario; en 1551, 8250 por oro y hechura 
de unos portapaces; en 1560 labró unas cadenas y medallas 
para los gigantes del Corpus; en 1570 se le pagaron á cuen- 
ta 74,500 maravedís por cuatro cetros de plata; pero estas 
alhajas se hicieron en gran parte á costa de las antiguas, pues 
en 1572 se vendieron para deshacerlas la custodia vieja, una 
arquilla de plata, y varias cruces, anillos de oro y relicarios. 

Por alhajas merecen también contarse las puertas de la Sala 
capitular, especialmente la hoja derecha; tal es el exquisito gus- 
to y trabajo de sus figuras completas de San Pedro y San Pablo 
y el de su medalla de la Transfiguración, esculpidas en el nogal 
como en blanda cera con otra infinidad de menudos adornos. 
Cuatro ricas columnas platerescas y un bellísimo relieve del na- 
cimiento del Señor, acompañado de la Fe y la Esperanza, com- 
ponen la elegante portada, notándose en ella las armas del 
prelado D. Diego Ramírez, que lo fué de 1521 á 1537; y cubren 
las paredes de la sala una sillería de orden jónico y un Aposto- 
lado de Andrés de Vargas, otro de los distinguidos pintores de 
la ciudad en el siglo xvii. Plateresca y linda asimismo es la por- 
tada de la capilla de Santa Elena en el centro del semicírculo, 
construida en 1548 por el deán D. Constantino del Castillo; la 
reja, adornada de follajes con los blasones del fundador, fué 
labrada después de su muerte en 1572 (i); pero cuarenta años 
antes habíase ya empezado el retablo de nog^l, entre cuyas aba- 



(i) Era el deán Castillo comendador de la Mota de Toro en el orden Teutónico, 
y murió en Roma, año de 1565. 



CUENCA 




empezada y en 1573 con- 
cluida (i), deplorable pre- 
sa de la rapacidad de los 
franceses en el primer sa- 
queo de Cuenca, aún bri- 
llan afortunadamente, ora 
en la más pequeña y no 
menos preciosa que des- 
tinaba el obispo Ramírez 
para su pueblo de Villa- 
escusa, ora en los bellos 
portapaces, y en el tesoro, 
harto mermado última- 
mente, de alhajas y reli- 
carios (2). 

£n los libros de fábrí- 
ca de 1547 á 1572 se 
hallan frecuentes y consi- 
derables partidas á favor 
de Becerril, quien, como 
maestro de las obras de 
plata, disfrutaba un sala- 
rio de 3,000 maravedís y 
1 8 fanegas de trigo; pero 
en 1555 negóse á pagár- 
selo el cabildo, preten- 
diendo tener alcance con- 



(i) Además de estas fechas exprésese en U inscripción del pedestal que se 
hizo dicha custodia por mandado del obispo D. Diego Ramírez, y que la labró 
Francisco de Becerril, y que en i 546, mucho sotes de su entera conclusión, fu¿ 
sacada ya por primera vez. En su material entraron 6 1 6 marcos de plata, y costó 
su hechura 16,7a; ducados. 

(3) Entre las alhajas merecen atención particular el pendón ya citado de la 
conquista y el báculo de San Julián, cuya espiral Tormauoa culebra esmaltada con 
escamas, y en el centro un ángel con las alas tendidas, dorado pero muy tosco en 
su trabajo. 



CUENCA 287 



tra él, y despachó un agente á Toledo y á Valladolid para ob- 
tener sobre esto un breve. Parece sin embargo que triunfó Be- 
cerril, pues en 1557 se le pagaron á cuenta i millón y 63,000 
maravedís y se acordó darle anualmente 600 ducados, hasta 
que, en 1568, según tasación, quedó enteramente solventada la 
custodia. Otras varias obras hizo Becerril para la catedral, pues 
en 1547 se le dieron 9256 maravedís por ciertas cosas de oro 
y plata para el Sagrario; en 1551, 8250 por oro y hechura 
de unos portapaces; en 1560 labró unas cadenas y medallas 
para los gigantes del Corpus; en 1570 se le pagaron á cuen- 
ta 74,500 maravedís por cuatro cetros de plata; pero estas 
alhajas se hicieron en gran parte á costa de las antiguas, pues 
en 1572 se vendieron para deshacerlas la custodia vieja, una 
arquilla de plata, y varias cruces, anillos de oro y relicarios. 

Por alhajas merecen también contarse las puertas de la Sala 
capitular, especialmente la hoja derecha; tal es el exquisito gus- 
to y trabajo de sus figuras completas de San Pedro y San Pablo 
y el de su medalla de la Transfiguración, esculpidas en el nogal 
como en blanda cera con otra infinidad de menudos adornos. 
Cuatro ricas columnas platerescas y un bellísimo relieve del na- 
cimiento del Señor, acompañado de la Fe y la Esperanza, com- 
ponen la elegante portada, notándose en ella las armas del 
prelado D. Diego Ramírez, que lo fiíé de 1521 á 1537; y cubren 
las paredes de la sala una sillería de orden jónico y un Aposto- 
lado de Andrés de Vargas, otro de los distinguidos pintores de 
la ciudad en el siglo xvii. Plateresca y linda asimismo es la por- 
tada de la capilla de Santa Elena en el centro del semicírculo, 
construida en 1548 por el deán D. Constantino del Castillo; la 
reja, adornada de follajes con los blasones del fundador, fué 
labrada después de su muerte en 1572 (i); pero cuarenta años 
antes habíase ya empezado el retablo de nog^l, entre cuyas aba- 



(i) Era el dedo Castillo comendador de la Mota de Toro en el orden Teutónico, 
y murió en Roma, año de 156$. 




empezada y en 1573 con- 
cluida (i), deplorable pre- 
sa de la rapacidad de los 
franceses en el primer sa- 
queo de Cuenca, aún bri- 
llan afortunadamente, ora 
en la más pequeña y no 
menos preciosa que des- 
tinaba el obispo Ramírez 
para su pueblo de Villa- 
escusa, ora en los bellos 
portapaces, y en el tesoro, 
harto mermado última- 
mente, de alhajas y reli- 
carios (2). 

En los libros de fábri- 
ca de 1547 á 1572 se 
hallan frecuentes y consi- 
derables partidas á favor 
de Becerri!, quien, como 
maestro de las obras de 
plata, disfrutaba un sala- 
rio de 3,000 maravedís y 
1 8 fanegas de trigo; pero 
en 1555 negóse á pagár- 
selo el cabildo, preten- 
diendo tener alcance con- 



<i) Además de estas fechas expresóse en la inscripción del pedestal que Be 
hizo dicha custodia por mandado del obispo D. Diego Ramírez, y que la labró 
Francisco de Becerril, y que en i 546, mucho antes de su entera conclusión, fu¿ 
sacada ya por primera vez. En su material entraron 616 marcos de plata, y costó 
su hechura 16,735 ducados. 

(3) Entre las alhajas merecen atención particular el pendón ya citado de la 
conquista y el báculo de San Julián, cuya espiral forma una culebra esmaltada con 
escamas, y en el centro un ángel con las alas tendidas, dorado pero muy tosco ca 
su trabajo. 



CUENCA 287 



tra él, y despachó un agente á Toledo y á ValladoUd para ob- 
tener sobre esto un breve. Parece sin embargo que triunfó Be- 
cerril, pues en 1557 se le pagaron á cuenta i millón y 63,000 
maravedís y se acordó darle anualmente 600 ducados, hasta 
que, en 1568, según tasación, quedó enteramente solventada la 
custodia. Otras varias obras hizo Becerril para la catedral, pues 
en 1547 se le dieron 9256 maravedís por ciertas cosas de oro 
y plata para el Sagrario; en 1551, 8250 por oro y hechura 
de unos portapaces; en 1560 labró unas cadenas y medallas 
para los gigantes del Corpus; en 1570 se le pagaron á cuen- 
ta 74,500 maravedís por cuatro cetros de plata; pero estas 
alhajas se hicieron en gran parte á costa de las antiguas, pues 
en 1572 se vendieron para deshacerlas la custodia vieja, una 
arquilla de plata, y varias cruces, anillos de oro y relicarios. 

Por alhajas merecen también contarse las puertas de la Sala 
capitular, especialmente la hoja derecha; tal es el exquisito gus- 
to y trabajo de sus figuras completas de San Pedro y San Pablo 
y el de su medalla de la Transfiguración, esculpidas en el nogal 
como en blanda cera con otra infinidad de menudos adornos. 
Cuatro ricas columnas platerescas y un bellísimo relieve del na- 
cimiento del Señor, acompañado de la Fe y la Esperanza, com- 
ponen la elegante portada, notándose en ella las armas del 
prelado D. Diego Ramírez, que lo fué de 1521 á 1537; y cubren 
las paredes de la sala una sillería de orden jónico y un Aposto- 
lado de Andrés de Vargas, otro de los distinguidos pintores de 
la ciudad en el siglo xvii. Plateresca y linda asimismo es la por- 
tada de la capilla de Santa Elena en el centro del semicírculo, 
construida en 1548 por el deán D. Constantino del Castillo; la 
reja, adornada de follajes con los blasones del fundador, fué 
labrada después de su muerte en 1572 (i); pero cuarenta años 
antes habíase ya empezado el retablo de nogal, entre cuyas aba- 



(i) Era el deán Castillo comendador de la Mota de Toro en el orden Teutónico, 
y murió en Roma, año de 1 565* 




empezada y en 1573 con- 
cluida (i), deplorable pre- 
sa de la rapacidad de los 
franceses en el primer sa- 
queo de Cuenca, aún bri- 
llan afortunadamente, ora 
en la más pequeña y no 
menos preciosa que des- 
tinaba el obispo Ramírez 
para su pueblo de Villa- 
escusa, ora en los bellos 
portapaces, y en el tesoro, 
harto mermado última- 
mente, de alhajas y reli- 
carios (2). 

£n los libros de fábri- 
ca de 1547 á 1572 se 
hallan frecuentes y consi- 
derables partidas á favor 
de Becerril, quien, como 
maestro de las obras de 
plata, disfrutaba un sala- 
rio de 3,000 maravedís y 
18 fanegas de trigo; pero 
en 1555 negóse á pagár- 
selo el cabildo, preten- 
diendo tener alcance con- 



(i) Además de estas fechas expresase en la inscripción del pedestal que se 
hizo dicha custodia por mandada del obispo D. Diego Ramírez, y que la labró 
Francisco de Becerril, y que en ! 546, mucho antes de su entera conclusión, fué 
sacada ya por primera vez. En su material entraron 616 marcos de plata, y costó 
BU hechura 16,735 ducados. 

(2) Entre las alhajas merecen atención particular el pendón ya citado de la 
conquista y el báculo de San Julián, cuya espiral forma una culebra esmaltada cod 
escamas, y en el centro un ángel con las alas tendidas, dorado pero muy tosco ea 
su trabajo. 



CUENCA 287 



tra él, y despachó un agente á Toledo y á Valladolid para ob- 
tener sobre esto un breve. Parece sin embargo que triunfó Be- 
cerril, pues en 1557 se le pagaron á cuenta i millón y 63,000 
maravedís y se acordó darle anualmente 600 ducados, hasta 
que, en 1568, según tasación, quedó enteramente solventada la 
custodia. Otras varias obras hizo Becerril para la catedral, pues 
en 1547 se le dieron 9256 maravedís por ciertas cosas de oro 
y plata para el Sagrario; en 1551, 8250 por oro y hechura 
de unos portapaces; en 1560 labró unas cadenas y medallas 
para los gigantes del Corpus; en 1570 se le pagaron á cuen- 
ta 74,500 maravedís por cuatro cetros de plata; pero estas 
alhajas se hicieron en gran parte á costa de las antiguas, pues 
en 1572 se vendieron para deshacerlas la custodia vieja, una 
arquilla de plata, y varias cruces, anillos de oro y relicarios. 

Por alhajas merecen también contarse las puertas de la Sala 
capitular, especialmente la hoja derecha; tal es el exquisito gus- 
to y trabajo de sus ñguras completas de San Pedro y San Pablo 
y el de su medalla de la Transfiguración, esculpidas en el nog^l 
como en blanda cera con otra infinidad de menudos adornos. 
Cuatro ricas columnas platerescas y un bellísimo relieve del na- 
cimiento del Señor, acompañado de la Fe y la Esperanza, com- 
ponen la elegante portada, notándose en ella las armas del 
prelado D. Diego Ramírez, que lo fiíé de 1521 á 1537; y cubren 
las paredes de la sala una sillería de orden jónico y un Aposto- 
lado de Andrés de Vargas, otro de los distinguidos pintores de 
la ciudad en el siglo xvii. Plateresca y linda asimismo es la por- 
tada de la capilla de Santa Elena en el centro del semicírculo, 
construida en 1548 por el deán D. Constantino del Castillo; la 
reja, adornada de follajes con los blasones del fundador, fué 
labrada después de su muerte en 1572 (i); pero cuarenta años 
antes habíase ya empezado el retablo de nogal, entre cuyas aba- 



(i) Era el deán Castillo comendador de la Mota de Toro en el orden Teutónico, 
y murió en Roma, año de 1 56$, 



29 I C U F- N C A 



tre casa, empezando por la lápida que está á la izquierda del 
presbiterio donde yace el primer fundador de la familia Diego 
Hurtado de Mendoza, guarda mayor de Cuenca, y descendiente 
de varón en varón del infante D. Zuria, señor de Vizcaya, hijo 
de Juan Hurtado, que fué ayo de D. Enrique III y de D.^ María 
de Castilla, hija del infante D. Tello; con él descansa su mujer 
D.* Teresa de Guzmán, fallecidos el uno en 1452 y la otra en 
1443. Siguen á la derecha del presbiterio las lápidas de Juan y 
de Honorato, hijo y nieto del primero, con sus respectivas espo- 
sas D.* Inés Manrique y D.* Francisca de Silva, fenecido aquel 
en 1504 y éste en 1498 en vida de su padre. De los cuatro se- 
pulcros colocados á la izquierda del crucero, el uno es de Diego 
Hurtado de Mendoza, hijo de Honorato, primero que llevó el 
título de marqués de Cañete y virrey que fué de Navarra; falle- 
ció en 1542; su esposa D.* Isabel de Bobadilla, en 15 14. Otro 
es del segundo marqués D. Andrés y de su mujer D.* María 
Manrique, que murieron en 1560 y 1578; el otro de D. Diego, 
tercer marqués, que murió sin sucesión en 1591; el más ador- 
nado con columnas y frontón de jaspe es de D.^ Inés, hermana 
del anterior, fallecida en 1 5 70 siendo dama de la reina Ana, á 
quien otro hermano D. Pedro, arcediano de Huete, sepultado 
también algo más bajo, puso esta inscripción : 

Petrus dilecta dicat hac monumenta sóror i. Anno lóoj, 

A la derecha del crucero está sólo ocupado el sepulcro del 
cuarto marqués, hermano del tercero, D. García, virrey del Perú, 
Tierra-firme y Chile, donde descubrió, conquistó y pobló muchas 
ciudades, alcanzó siempre victoria en sus grandes batallas, acre- 
centó la corona real y su propia casa; fué casado con D.^ Teresa 
de Castro, hija mayor del conde de Lemos. Éste fué quien hizo 
poner en 1604 las losas y sepulcros, y así se ven en blanco los 
otros dos de su costado que debieron ocupar su hijo D. Juan 
Andrés y los marqueses sucesivos. Entre varias lápidas de ecle- 



CUENCA 295 



siásticos de la propia familia distingüese en el presbiterio la del 
cardenal y obispo de Burgos D. Francisco de Mendoza, hijo del 
primer marqués^ y fallecido en 1566, quien sirvió en grandes 
ocasiones al emperador y fué gobernador de Sena en Italia. En 
el friso de la capilla se lee: «Fundó esta capilla el ilust. Sr. Juan 
Hurtado de Mendoza, montero mayor del rey D. Juan el II, 
guarda mayor de la ciudad de Cuenca, señor de la villa de Ca- 
ñete, año de 1440: reedificáronla los muy ilust. Sres. D. Rodri- 
go de Mendoza, clavero de la orden de cavallería de Alcántara, 
y D. Fernando de Mendoza, arcediano de Toledo, sus viznietos: 
acabóse de reedificar año de 1575 en tiempo de D. Diego 
Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete. » 

Obras de varias épocas, sin unidad ni concierto, forman el 
palacio episcopal, leyéndose sobre la puerta exterior el senten- 
cioso lema Reliciuro satis ^ que nadie creería puesto en 1 7 1 2 se- 
gún su concisa elegancia : una inscripción en el friso de la segun- 
da puerta atribuye la restauración del edificio al insigne prelado 
D. Diego Ramírez cuyo busto y armas la coronan (i), y otra 
designa como renovadores de la sala de San Julián á los herma- 
nos D. Pedro y D. Rodrigo de Castro sucesivamente obispos de 
la diócesis. Las vistas de su espalda caen sobre la hoz del Hué- 
car, y dominan un magnífico puente, un convento suntuoso que 
no debe pasar por alto el viajero antes de despedirse de Cuen- 
ca. El convento, aislado en la opuesta orilla, fué erigido para 
los dominicos en 1523 bajo la advocación de San Pablo; y apar- 
te su churrigueresca portada, que Ponz no supo cómo calificar 
sino de mastina, conservó el templo en su despejada nave y 
crucero la entrelazada arquería y las ventanas semicirculares del 
estilo gótico reformado. Fueron sus artífices dos hermanos, Juan 
y Pedro de Alviz, á quienes sucedió acaso el maestro Antonio 



(i) Dice la inscripción : Hoc est Didaci Ramírez stemmat capellanorum regincs 

Joannce maximi^ in theologia erudüissimi, hasque cedes episcopii veiusiate diru- 

ios refecii anno ¡$^7, 



2()í) CUENCA 



Flórez (i); su fundador el canónigo Juan del Pozo, hombre de 
altos pensamientos y de vastos recursos, que al fallecer en 1539 
se reservó en la iglesia humilde sepultura. Hállase bajo una bó- 
veda en medio del crucero con su bulto de relieve en la losa, y 
al rededor esta leyenda: «Aquí está el cuerpo del indigno canó- 
nigo Juan del Pozo, primero fundador de esta iglesia y monas- 
terio ; pide y ruega por reverencia de nuestro señor Dios le su- 
pliquen aya misericordia de su ánima: murió afio de 1539 á 5 de 
noviembre.» En muchas partes del edificio se ve esculpido un 
pozo con un árbol, armas del fundador. Era éste hombre de 
grandes proyectos, pues se había propuesto nada menos que le- 
vantar en lo más bajo de Cuenca una nueva catedral abando- 
nando la antigua. Antes empero de cerrar los ojos, vio echados 
los cimientos de otra grande obra que debía inmortalizarle, del 
admirable puente de cinco arcos, que desde el fondo del río se 
levanta á la altura de 144 pies, y se prolonga más de 300, hasta 
nivelarse con las dos enhiestas márgenes juntándolas entre sí. 
Digna de los romanos en cuanto á la osadía, duró su construc- 
ción más demedio siglo, de 1533 á 1589, y costó según fama 
63,000 ducados, atribuyéndose la gloria principal de ella á Fran- 
cisco de Luna, vecino de Uclés, á quien parece sucedieron Juan 
Palacios, montañés, y Juan Gutiérrez de la Oceja, vecino de So- 
lorzano (2). Esto es lo que hacía en el siglo xvi la piedad em- 
prendedora de un simple canónigo, para facilitar la comunicación 
con el reciente convento y abrir esta nueva salida y desahogo á 
los vecinos: pedid hoy á la filantropía, á la cultura, á la espe- 



(1} Hallóse este á un reconocimiento de obras que se hizo en 1538, con los 
maestros Diego de Tiedra, Rodrigo Vélez y Francisco de Luna, para terminar las 
desavenencias de los dos hermanos arquitectos con el lundador, en que fueron 
arbitros el marqués de Cañete y el obispo de Santángelo ; y de este documento 
aparece que Pedro de Alviz trazó y construyó el convento, y Juan la iglesia. 

(2) Desde el principio empezó la obra á quebrantarse algún tanto, y en la no- 
che del 7 de mayo de 1 786 se arruinó parte del segundo arco hacia la ciudad que 
ha sido posteriormente reparado. Otra de las grandiosas empresas del siglo xvi 
fue la conducción de aguas á Cuenca, en que trabajaron sucesivamente Juan Vé- 
lez y Juan de Mendizábal, costando toda ella más de 1 2,000 ducados. 



CUENCA 



297 



culación reunidas que hagan otro tanto, y os contestarán des- 
deñosas á fin de ocultar su impotencia: capara qué tal desper- 
dicio? ¿no podían emplearse trabajo y dinero en mejoras más 
útiles y roproductivas?» 




38 




CAPITULO III 

Cuenca en su estado actual.— Su partido Judicial 



"^^o es gran cosa lo que ha ganado Cuenca en los siete 
-^^lustros que han transcurrido desde mediados de este si- 
glo. Su enriscada posición y apiñado caserío no le permiten 
desenvolverse con grandiosas construcciones, y los amantes de 
las comodidades que proporcionan los adelantos de la civiliza- 
ción moderna preñeren aquí como en otras partes los que fue- 
ron arrabales á las márgenes menos saludables de los ríos, con 
sus paseos y arbolados y recientes construcciones, á las modes- 
tas y antiguas pero más ventiladas viviendas de sus antepa- 
sados. 

* Por otra parte las vías férreas han venido á poner en 
mayor movimiento y contacto á Cuenca, pudiendo ya ir allá có- 
modamente y por recreo, con seguridad de poder volver cuando 



300 CUENCA 



se quisiera, pues antes sólo la necesidad podía obligar á llegar 
allá. 

* Las mejoras materiales de Cuenca comenzaron cien años 
há por la inteligencia y laboriosa caridad del arcediano de aque- 
lla catedral Sr. Palafox, que hubiera transformado á Cuenca sí 
hubiese durado algún tiempo más su pontificado, el cual por des- 
gracia sólo fué de dos años (a). Siendo arcediano emprendió la 
obra colosal de suavizar la pendiente de varias calles á fuerza 
de pico y de barrenos (¿), sacar recta la calle del Adarve hasta 
la de Valencia, ensanchar la plaza mayor demoliendo algunas 
feas y vetustas casas. Enemigo acérrimo de la ignorancia, la 
holganza y la inmoralidad, contra la holganza y la mendicidad 
bribonesca dio trabajo á cuantos lo pedían (c) ; contra el vicio y 
la holganza terminó la Casa de Misericordia principiada por su 
antecesor el Sr. Pavón, para recoger huérfanos, ancianos y mu- 
jeres de mala conducta, con la separación debida. Contra la ig- 
norancia construyó de planta las escuelas gratuitas de niños y 
niñas, con habitación y maestros bien retribuidos y premios para 
estimular la aplicación, y, á pesar de haberlas fundado y dotado 
con bienes propios, tuvo la modestia de titularlas «Escuelas de 
la Sociedad Económica», lo que no aceptó el público que las lla- 
mó y sigue llamando «Escuelas de Palafox». Para comodidad 
dt\ comercio y la arriería construyó un grandioso aunque senci- 
llo edificio que sirviera de parador y almacenes, situado al pié 
de la ciudad y cerca de la confluencia del Huécar en el Júcar. 

* En estas y otras muchas obras del sabio y laborioso ar- 
cediano, y luego obispo, le secundó el arquitecto D. Mateo Ló- 



(a) Murió el año 1802. 

{b) Comenzaron las rozas en 1 77 1 . Más de cinco varas quedó rebajado el piso 
entre San Juan y San Felipe y otros parajes de la Correduría. 

(c) Es popular en Cuenca la anecdotilla que publicó el Sr. Muñoz Soliva en sus 
Noticias de los obispos de Cuenca^ pág. 474. «Estando construyendo la calle que 
de la puerta de Huete sube á la del Conde de Cervera, se acercó á él un sujeto bien 
portado á pedir limosna.— Y ^ por qué no trabaja usted siendo joven y robusto ? 
—Señor, soy noble.— Pues yo soy grande de España y no me tengo á menos de 
venir aquí de sobrestante y de ayudar á los trabajadores.» 



CUENCA 301 



pez, natural de Iniesta y académico de la de San Fernando, su 
confidente y muy versado en las cosas del país. 

* La maledicencia se cebó en la fama del prelado achacán- 
dole malas doctrinas ya que no podía malas costumbres (¿7); pero 
la opinión pública observó que sus detractores tenían buenas 
doctrinas, sólo que no las practicaban, y que las costumbres 
de estos dejaban mucho que desear ; así que la memoria del se- 
ñor Palafox dura todavía en Cuenca y durará como de un bienhe- 
chor del pueblo, y obispo sabio y virtuoso. 

* Siguiendo ese noble impulso D. Lucas Aguirre Juárez ha 
fundado recientemente otras escuelas de nueva planta y bella 
arquitectura, juntamente con algunas instituciones benéficas 
para la educación de mujeres. 

* En el parador fundado por el Sr. Palafox después de va- 
rias vicisitudes, logró instalarse el Instituto provincial, y en la 
parte alta de la población la Escuela Normal de maestros, no 
lejos del Seminario, muy ampliado con la anexión de parte del 
convento de la Merced y su iglesia y por otras nuevas construc- 
ciones, que lo hacen uno de los mayores y más reputados en 
España. 

* Un suceso deplorable hijo de nuestras sempiternas con- 
vulsiones políticas trajo á Cuenca males deplorables en el asalto 
y saqueo de los días 15 y 16 de Julio de 1874. La ciudad se ha 
ido reponiendo á duras penas de aquel quebranto, continuando 
la ardua empresa de suavizar las pendientes de algunas calles y 
rectificar su dirección, ampliar y mejorar los edificios de la Ca- 
rretería con casas nuevas, entre ellas las del contratista de ma- 
deras Alegría, y fortificar los malecones del Júcar y otras varias 
obras de consolidación. 



(«) Fué delatado el Sr. Palafox á la Inquisición por jansenista, según Lloren- 
te. En aquella época corrompida y cesarista se llamaba jansenistas á no pocos 
hombres austeros, si bien abundaban los teólogos y canonistas de malas ideas. 
La delación de Palafox salió, según se dice, de la tertulia de una casa que se de- 
signó poco después como foco de conspiraciones y sociedades secretas. 



302 CUENCA 



* Las demás villas notables del partido judicial de Cuenca 
ofrecen poco para la historia y para el arte : en cambio la natu* 
raleza proporciona mucho que explorar. 

* El Júcar, río principal de la provincia que la recorre en 
toda su longitud de N. á S. (a) entra por Tragacete en el dis- 
trito judicial de Cuenca. Antes de llegar el río á Villalba de 
la Sierra se oponen á su curso dos grandes peñascos, en el 
sitio llamado el Tranco, por entre los cuales salta el río desde 
una altura de tres metros. Vencido este obstáculo entra el río 
por terreno despejado en la hoz de Cuenca, á la que sirve de 
foso, recibe al pié de la ciudad el tributo del Huécar y del Mos- 
cas, y aumentados considerablemente sus caudales pasa á servir 
asimismo de foso á la rival antigua de Cuenca, la célebre villa 
de Alarcón, y torciendo luego su curso hacia levante entra en el 
antiguo reino de Valencia. £1 Júcar es á Cuenca y sus sierras 
lo que el Tajo á las Alcarrias y provincia de Guadalajara. 

* En lo relativo á la historia sólo hay que recordar en el 
partido de Cuenca las ruinas de la célebre Valeria y su catedral 
visigoda de que ni vestigios quedan. Cuál fuera su origen y 
fundación se ignoran, como también la fecha de su ruina, atri- 
buida generalmente á los moros, pues parece que su posición 
estratégica, enriscada y formidable, debieron excitar á los cris- 
tianos á la defensa cuando los de los pueblos llanos y abiertos 
apelaban á la fuga. 

* Está la población sobre una colina entre dos hoces ó 
profundos valles que la cercan por todas partes, teniendo sola- 
mente entrada por la parte del N. donde está hoy el pueblo de 
Valera que recuerda el de la familia Valeria, casa tan célebre en 
la España romana {6). 



(a) Su nacimiento y el de otros ríos, en el c.ipítulo siguiente. 

(¿7) Domus injulata Valeriorum llama Prudencio á la familia del santo obispa 
Valerio de Zaragoza, apellidado comunmente Vaiero^ como hoy día Valeria se di- 
ce Valera. 



CUENCA 303 



* La planicie de la ciudad está defendida por riscos que en 
parte le servían de murallas. Consérvanse aún algunos restos de 
éstas y de termas, algibes de dura argamasa, ladrillos y cemen- 
to romano, trozos de columnas y ruinas de edificios, que, si se 
explorasen más y mejor, darían quizá ocasión para llegar á más 
descubrimientos arqueológicos, como han dado las más afortu- 
nadas y discutidas de Ercávica. Arruinada Valeria se repartieron 
su importancia Alarcón y Cuenca al tiempo de la reconquista. 

* A cuatro leguas de Cuenca y en su distrito ó partido 
judicial, lindando con el de Huete y orillas del río Mayor, se halla 
la villa de Cuevas, que en su tiempo se tituló de Catañazor, se- 
gún dicen por el nombre de un moro que la poseía ó dominaba 
desde su fuerte castillo con un foso abierto en la misma peña. 
Llamóse después de Velasco, del apellido de la familia que la 
poseyó por algún tiempo. En su vega suelen hallarse sepulcros 
que se creen de musulmanes, en los parajes que aún se llaman 
Valdemoros y las Peñuelas. Su parroquia dedicada á la Asun- 
ción es de una sola pero grandiosa nave. 

* En la parte septentrional del término hay una cueva de 
esas misteriosas, de las que dice el vulgo que no se les halla fin, 
dando lugar á que la imaginación popular las pueble dt perso- 
najes legendarios y maravillosos sucesos. Por el contrario, los 
geólogos, gente poco afecta á tales tradiciones, suele penetrar 
en ellas con su linterna en busca de fósiles, objetos prehistóricos 
más ó menos ciertos, calaveras y esqueletos diluvianos, renos y 
mastodontes y otras leyendas científicas que, á veces, allá van 
con los tesoros de duendes, moras encantadas, hadas benéficas 
ó maléficas y bandidos vengativos ó caballerosos. 

* Pero nada más célebre y fantástico en este género que la 
llamada Ciudad encantada junto á Valdecabras y Uña, no lejos 
de las Cuevas y al N. de Cuenca. 

* fComo á una legua de este pueblo (Valdecabras), dice 
el Sr. Muñoz Soliva (a), en la cima de la montaña hay una Ha- 



(a) A la pág. 404 de sus Noita'as de los obispos de Cuenca, 



304 CUENCA 



nura en que plugo á la naturaleza colocar el más raro y vistoso 
de sus juguetes. Remedos de lienzos de manzanas de edificios 
con semejanzas de puertas y ventanas, y con otros lienzos pa- 
ralelos que forman espaciosas calles, que destacan en otras 
transversales, y en espacios que parecen plazas y plazoletas: 
numerosas puntas de roca figuran vestigios de columnas y pala- 
cios de arquitectura ciclópea, arcos magníficos y puentes atrevi- 
dos, aljibes espaciosos y cavidades que recuerdan las habi- 
taciones troglodíticas, destacándose por do quiera en los riscos 
figuras caprichosas, como cabezas de moros con turbantes, cuer- 
pos de palomas, mesas y veladores con sus pies perfectamente 
imitados con otras mil y mil curiosidades, dejan absorto al via< 
jero que contempla aquel juguete que formó naturaleza en un 
momento de travesura y magnificencia... (a) » 

* «La extensión que ocupa esta ciudad encantada difícil- 
mente se puede recorrer en un día de verano y más difícil es 
todavía salir de su recinto sin algún guía del país, práctico en 
las infinitas encrucijadas de aquel laberinto, más vasto y sor- 
prendente que el renombrado de Creta. Para observar bien to- 
das sus rarezas es preciso dedicar ocho ó nueve días á su con- 
templación y estudio (¿).> 

* Hablando el mismo escritor de otras varias curiosidades 
que la naturaleza ofrece en aquel obispado y en especial sus 
cuevas, cita otras dos notables cerca de Valdecabras, y en el 
mismo partido judicial de Cuenca, la de la Judia entre Valera 
de abajo y Buenache de Alarcón, y la de Pedro Cotillas^ cerca 
de Palomera. «Lo que más admira, dice, en estas dos es la ca- 
prichosa variedad de figuras grotescas que las filtraciones de las 
aguas han producido en las bóvedas y los costados. Numerosas 



(a) Véase la cabecera é intercalado del capitulo 1 de esta parte. 

ip) Añade el Sr. Muñoz Soliva que así lo hizo en el verano de 1852 un ingléSt 
que escribió sobre ello unos artículos que salieron á luz en el R^ormador Con- 
quensCy y que le aseguró lo mismo el Doctoral D. José Guarch y Mañero, que visit6 
aquellos parajes en 1858. 



CUENCA 



305 



estalactitas y piedras transparentes de color entre amarillo y 
rojo muy claro y otras blancas como alabastro, ya presentan co- 
lumnas salomónicas y de perlas, ya bultos humanos deformes, 
ya figuras de aves y otros caprichos. Hay en unas espaciosas 
salas, galerías rectas ó tortuosas y á veces hay que andar á ga- 
tas para pasar de una á otra. > 




39 




CAPITULO IV 



Caaete. — Su señorío ¡ patria de D. Alvaro de Lima. 

Villa de Moya: su señorío y vicisitudes. — Huélamo: la frontera de Aragón 

y el nacimiento del Jücar y otros ríos. — Lagunas y sierras. 

Vaidemeca 



* ^Valiendo de la rinconada que el partido de Priego forma 
jOen la provincia de Cuenca, y desde el pié de la sierra de 
Tragacete y nacimiento del Júcar, comienza el partido de Cañete, 
pueblo de renombre é importancia feudales, como también Mo- 
ya, que comparte con él la celebridad histórica en este distrito. 



308 CUENCA 



Cruzan por él los ríos Guadazaón y Moya, los cuales afluyen al 
Gabriel, al llegar al extremo de este partido, lo cual hace á este 
territorio más fecundo que la parte occidental y contrapuesta de 
la provincia ; en su parte manchega, abundante en yeso y arci- 
llas, y por lo común escasa de aguas potables y manantiales. 

* También por aquí llegó la poderosa influencia de la opu- 
lenta casa de Mendoza, fundando en esta villa y sus inmediacio- 
nes el marquesado de Cañete. Dio renombre á esta villa D. Juan 
Hurtado de Mendoza, alférez mayor de D. Juan I, ayo y mayor- 
domo de D. Enrique el Doliente y de su consejo, á quien por 
sus grandes alientos y denuedo llamaron el Esforzado, 

* Dista Caftete siete leguas de Cuenca y cuatro de la fron- 
tera de Aragón, hallándose situada en terreno llano, pero cercada 
de montes. Rodéanla fuertes muros, en su mayor parte conser- 
vados y aun restaurados (a), que bien los necesitaba, como 
pueblo de señorío, próximo á las fronteras de Aragón y Va- 
lencia, y no poco trabajado por las discordias civiles en el pre- 
sente siglo. 

"** Cañete fué la patria del célebre maestre de Santiago 
D. Alvaro de Luna. Los Lunas habían engrandecido su casa en 
Aragón al tiempo de la reconquista de Zaragoza y pueblos del 
Ebro aquende. Halló amparo Enrique II en los de aquella casa 
después de su derrota en Nájera. Triunfante en Montiel, trajo á. 
Castilla á D. Juan Martínez Luna, dándole aquí honores y esta- 
dos en pago de la hospitalidad y favores que recibiera de ellos 
al tiempo de su desgracia, que es cuando más se aprecian (¿). 
Hijo suyo fué D. Alvaro, señor de vastos lugares en Castilla, y 
entre ellos Alfaro y Cañete, y copero mayor de Enrique III. 

* Las costumbres de aquel tiempo eran muy estragadas. 



(a) Figuró mucho Cañete en nuestras guerras fratricidas, especialmente en la 
de los siete años ( 1 8 3 4- 1 840). 

{Jb) Los Lunas no sólo ampararon al fugitivo D. Enrique de Trastamara, y le 
acompañaron á la frontera de Francia, sino que el mismo Pedro de Luna, después 
titulado Benedicto XIII, le dio el dinero que tenía para ir á estudiar á París. 



CUENCA 309 



D. Alvaro tuvo relaciones nada lícitas con la mujer del alcaide 
de su castillo de Cañete, llamado él Cerezuela (a), y ella María 
de Urasandi, más notable por su belleza que por su honestidad. 
£1 vulgo, hallando algo áspero el apellido vizcaíno, acostumbra 
llamarla María Cañete, y aun vulgarmente la Cañeta, En la épo- 
ca de la privanza de su hijo bastardo condestable, maestre de 
Santiago, y casi rey sin corona, olvidóse todo y la llamaron 
Doña María. 

* Enseñan en Cañete la casa y hasta la alcoba en que na- 
ció D. Alvaro. No debió cuidarse mucho de ellas, puesto que no 
era gran cosa lo que le honraban, aunque los escándalos de 
Alonso XI con la Guzmana y de D. Pedro con la Padilla, tenían 
acostumbrados á los castellanos á ser muy tolerantes en estas 
cosas, ni eran más edificantes los ejemplos que de Aragón ve- 
nían, desde la muerte de D. Alfonso II, apellidado también el 
Casto, que se llevó al cielo la castidad de todos sus descen- 
dientes. 

* De los beneficios que hicieran á Cañete los Lunas y Men- 
dozas, si es que alguno hicieron, apenas ha quedado noticia eñ él. 

* Con Cañete comparte la importancia en aquel territorio 
la no menos célebre villa de Moya, título asimismo de otro mar- 
quesado. La posición estratégica de esta villa contribuyó también 
no poco á su importancia en los antiguos tiempos, como la de 
Alarcón y otros pueblos de esta provincia, y aun más en las lu- 
chas entre aragoneses y castellanos, hallándose Moya colocada 
en los límites de Aragón y Valencia, y sobre un alto y enriscado 
cerro, sólo accesible por la parte de levante. Ceñíanle además 
fuertes y aun dobles murallas de piedra, y por la parte del sur un 
buen alcázar, que dominaba el pueblo y le servía de acrópolis y 
último refugio. Defendiéronse así tenazmente los musulmanes al 



(a) Padre del que fué arzobispo de Toledo, y no por su mérito. La D.* María era 
hija de Pedro Fernández de Jaraba, alcaide del castillo de Cañete, y de María de 
Urasandi, originaria de Vizcaya, y no era con él solo pon quien tuvo ella ilícitas 
relaciones, según las noticias de aquel tiempo. 



310 CUENCA 



atacarla briosamente D. Alvaro Muriño {a) , caballero gallego, á 
quien encargó la conquista Alonso IX. Después de porfiado asedio 
tomóla por asalto y á escala vista, pasando á cuchillo á los que 
no se redujeron á ser esclavos. £1 caudillo cristiano, dejando su 
noble apellido gallego, tomó el de Moya, y á las armas de su 
familia añadió una escala de oro en campo gules. Mandó repo- 
blarla algún tiempo después D. Alonso IX, como punto impor- 
tante, no sólo para defender á Cuenca, sino también para tener 
á raya á los moros de Utiel y de Requena, y aun quizá á los 
cristianos de Albarracín, que por entonces poco eran de fiar. La 
repoblación se hizo en 1510, siendo juez de Cuenca Pascual 
Garci Pérez (ó). 

* Quedó la villa como realenga y á fuero de Cuenca, hasta 
que los Reyes Católicos la dieron á su favorito D. Andrés Ca- 
brera, alcaide del alcázar de Segovia, que tanto favoreció allí á 
D.* Isabel para su proclamación por reina de Castilla, pasando 
luego el título á los segundo génitos de los duques de Escalo- 
na. Del señorío de Moya dependían 36 pueblos, que formaban 
su corregimiento, y en el alcázar moró por mucho tiempo la 
marquesa D.* Beatriz de Bobadilla, mujer de Cabrera y dama 
favorita de D.^ Isabel. 

* Aunque ceñida por las murallas la villa de Moya, sobre 
la meseta del peñón en que está fundada, reunía un numeroso 
vecindario, que se desbordaba por los arrabales y campos inme- 
diatos y varias aldeas y caseríos con numeroso y culto vecinda- 
rio, á cuyo frente se ponía un corregidor (í). 



(a) El Sr. Torres-Mena increpa á Muñoz Soliva que le llama Das Marismas. 
Creemos que éste, aunque crédulo y á veces extravagante y aun fantaseador á gui- 
sa de poeta, no dejaría de contestar si viviera. Aún era más crédulo Estrada, á 
quien sigue Torres-Mena, citando á veces (pág. 62Ó) al supuesto Flavio Dextro y 
sin correctivo. 

El Sr. Quadrado en el capítulo 3.'' anterior y de esta parte, al describir la capilla 
de los Albornoces en la catedral de Cuenca, le llama con más exactitud D. Alvaro 
de las Marinas, 

(¿7) Véase en los apéndices el catálogo de Jueces de Cuenca. 

(c) «La población, dice el Sr. Torres-Mena (pág. 7 1 2\ se reducía á seis ú ocho 



CUENCA 3lt 



* Durante nuestras reyertas civiles ha solido servir Moya 
de refugio á las familias liberales, sobre todo mientras que Ca- 
ñete sirvió de baluarte á sus contrarios, tristes consecuencias de 
nuestras luchas fratricidas, de que apartamos la vista con esmero 
en nuestra publicación destinada á más gratos recuerdos. 

* Otra de las villas más importantes en este partido es la 
de Huélamo. Era esta villa de la orden de Santiago, hasta que 
la vendió Carlos V, en 1553, á D. Diego de Zúñiga y Fonseca, 
abad de Parraces, que, poco escrupuloso, la compró con la de 
Villora, Villatoya y otras, para fundar un mayorazgo á favor de 
su hija natural D.^ Inés, la cual casó con D. Bernardino Carrillo 
de Cárdenas, quien murió en la batalla de Lepanto. Resulta que 
en aquella grande y poco estudiada desamortización del siglo xvi, 
las casas aristocráticas compraban bienes de la Iglesia con las 
mismas rentas eclesiásticas que poseían, y formaban títulos, ma- 
yorazgos y vinculaciones en tierra de Cuenca, con los bienes 
de la orden de Santiago^ como al otro lado del Tajo y en la de 
Guadalajara con los de la de Calatrava, cual queda dicho. 

* La relación que dio el pueblo en 1576, habla de esta 
venta y del abandono en que estaba su castillo. Dicen que debió 
su fundación á un castillo que hay en una peña muy alta en la 
ribera del río, en cuyo castillo, más hermoso que fuerte, hay un 
falconete pequeño de bronce, dos herriles y algunos coseletes 
perdidos de orín, pues ni aun había alcaide. Tenía el castillo un 
aljibe en la misma peña. 

* Expresan los de Huélamo que era su pueblo uno de los 
que llamaban entonces puertos secos, pues se cobraban allí los 



calles y una espaciosa plaza con excelentes edificios, así particulares como públi- 
cos por su buena fábrica y lujo de enrejados, distinguiéndose entré ellos el con- 
vento de monjas, el hospital, las casas consistoriales y las seis iglesias parro- 
quiales.» 

Él mismo describe luego con vivos colores las vicisitudes de tan importante 
villa, durante las guerras del presente siglo, la soledad en que yace, privada de su 
antiguo corregimiento, y otras ventajas, y hasta del convento de monjas traslada- 
do á Villanueva de la Jara, y reducidas á dos las seis parroquias, que antes tenía. 



312 C U EN C A 



derechos de importación y exportación para pasar de Aragón á 
Castilla y viceversa, como estados ó reinos distintos que eran 
entonces, no acabada de formar por completo la nacionalidad 
de España. Y, en efecto, á legua y media del pueblo estaba la 
frontera de Aragón, mediando una dehesa llamada la Sema, 
que era de la señora del pueblo con aprovechamientos de pasto, 
labor y caza, y al final de esta se entraba en Aragón por la 
Peña de San Juan y término de Frías, célebre por los nacimien* 
tos de caudalosos ríos. Descríbenlos muy bien aquellos serranos. 
Al E. se ve la sierra Somera, al S. la de Valdemeca y al O. la 
de Canales. En sus montes y breñas abundan los pinos y árbo- 
les silvestres, y la caza de corzos, venados y fieras alimañas. 

'*' El río Júcar, añaden, que pasa junto á la villa, toma este 
nombre á un tiro de arcabuz más arriba en los ayuntaderos {con- 
fluencia) de tres arroyos grandes, que son el de Valdemeca, el 
de Tragacete, y el de Royo Herrero, que éste es el que nace 
más lejos, legua y media al E. de la dehesa de Valtablado. Un 
cuarto del nacimiento de este río y dos leguas al oriente del 
pueblo, nace el Tajo de una fuente que llaman de García. Á me- 
dia legua de éste nace él Guadalaviar (¿z), que toma el nombre 
del de un lugarejo, y á tiro de arcabuz del mismo, ó Fuente 
García, nace el Gabriel, que se junta con el Júcar en Cofrentes. 
Todos estos ríos y otros más pequeños que en ellos mueren, 
nacen casi en la mojonera entre Aragón y Castilla, unos dentro 
de Aragón y otros de este cabo de Castilla. 

* Pero, además de estos ríos, Júcar, que desde Huélamo y 
la vertiente oriental de la sierra de Tragacete, y Gabriel que de 
la oriental de la de Valdemeca, bajan al sur de la provincia, no 



(a) Obsérvase que sería muy fácil hacer aquí que el Guadalaviar afluyera al 
Tajo, por medio de una zanja, ó vice-versa, como también que el Júcar afluyera al 
Guadiana en la raya de esta provincia. Mas no por eso dejarían de existir esos ríos 
con su curso natural, pues aunque les faltase el agua de su manantial primitivo, 
les sobraría siempre con la de los manantiales, arroyos y ríos afluyentes para pro- 
seguir su curso y conservar su nombre. 



CUENCA 31:5 



debe omitirse que cerca de Valdemeca, inmediato á Huélamo, 
nace asimismo el Huécar, que sigue su curso paralelo á la sierra 
de Valdemeca, recogiendo en su cuenca todos los afluentes que 
de ella se derivan, hasta llegar á Cuenca, donde pierde su nom- 
bre uniéndose al Júcar. 

* Valbuena en su Bernardo (libro XVI) describiendo las 
cosas más notables de España, describe en estos términos el 
nacimiento y curso del Júcar : 

Aquel es el río Júcar, que al contrario 
Del Tajo nace y en la misma sierra, 

Y por torcida senda y curso vario 
De Castilla á Valencia se destierra. 
Allí en Huelamo nace, aquí voltario 
A Cuenca dentro de su rosca encierra, 
Hace á Alarcón Tortísima muralla 

Y por Villena, humilde, cruza y calla (a). 

* Á esta riqueza de aguas fluviales corresponden las altu- 
ras de las montañas de donde se derivan los lagos que á sus 
pies se forman, y la exportación fluvial de sus maderas, junta- 
mente con las anómalas costumbres de sus madereros, que con 
los de Priego y Molina comparten los pesados trabajos de esta 
industria. 

* Dase á Cañete comunmente una altura de 1,090 metros 
sobre el nivel del mar, á Valdemeca de 1,309 y á Cabeza de 
D. Pedro, cerca de Cañete, 1,500. 

* Derívase la sierra de Valdemeca de la de Tragacete, ba- 
jando de N. á S., como una estribación de aquella formando la 
divisoria del Júcar y del Guadazaón, así como la de Zafrilla for- 
ma la del Guadazaón y Cabríel. Prolóngase esta sierra hasta la 
atalaya de Cuenca y Villar del Saz. En ella sobresalen la punta 
del Collado, de muy difícil subida, y de 1,838 metros de altura; 



(a) Debiera decir Alcira ó mejor Callera, donde termina y calla, y no por Vi- 
llena por donde ni cruza ni calla. 
40 



314 CUENCA 



Talayuelo, montaña á la que cuadra su nombre, pues se levanta 
aislada, cerca de la aldea llamada la Atalaya, y que por su colo- 
cación pudo y debió serlo en antiguos tiempos: su altura de 
1,233 metros. 

* En la sierra de Zafrilla, junto á Boníches, y muy cerca 
por tanto de Cañete, se alza la sierra y pico llamado de las 
Cuerdas, de 1,401 metros de elevación (a). 

* Dos lagunas notables se forman al pié de estas sierras; 
la una al lado del pueblo llamado Uña, á la margen derecha del 
Júcar, al cual vierte sus aguas formando bulliciosas cascadas, 
siendo notable que hubiera en ella en antiguos tiempos una isla 
flotante de cuarenta pife de circunferencia, con árboles y césped, 
que ya se halla adherida á las orillas {ó). Su profundidad se 
calcula en unos once metros. Al pié de la sierra de Zafrilla se 
forma otra que da su nombre al pueblo de la Laguna del Mar- 
qués, al N. de Cañete, como también al río que de ella sale, y 
afluye al Cabriel, abajo de Cañete. Poco después se le une asi- 
mismo al Cabriel otro pequeño río llamado el Villora, que nace 
en los términos de San Martín de Boniches, y muere allí cerca 
después de breve curso. 



(a) Estas tres alturas han sido marcadas como estaciones por la comisión geo- 
désica del Instituto geográfico con sencillas obras de mampostcría. 
(&) Habla de ella Mártir Rizo (pág. 1 27). 




Priego y su partido. — Serranía de Tragacete. — Alvar Fáñez en tierras de 
Cuenca. — Alcantud. — Gascueña. 



, 'Y^^ '^' manera enlazan á Priego las tradiciones históricas 
•■^— ' con la provincia de Guadalajara, y la naturaleza misma 
de su suelo y de su clima, que parecen éstas continuación de 
aquella, ó mejor dicho, su complemento. Tirando una línea rec- 
ta desde Albendea á Poyatos y Tragacete, la provincia de Cuan- 
ca penetra en la de Guadalajara formando una rinconada donde 
están Alcorón, Armallones y Carrascosa, que linda con el Tajo, 
límite de la provincia por aquella parte. Los de Guadalajara 
reclamaban como suyo este territorio, queriendo tener por lí- 
mite el Guadiela. Los de Cuenca reclamaban por divisoria la 



3l6 CUENCA 



línea del Tajo, y consideran como debido á su provincia todo 
el territorio del Tajo á la actual frontera donde yacen los tér- 
minos y territorios de Arboteta, Castilforte, Murillejo, Recuen- 
co, Valtablado y Villaescusa. Siempre las divisorias por los ríos 
trajeron estos inconvenientes, pues los pueblos tienen sus tér- 
minos jurisdiccionales á derecha é izquierda de sus márgenes (a). 
Límites más seguros dan las montañas, y no hay que mirar 
sino la dirección que toman las aguas y sus arroyos y vertien- 
tes (ó), 

* Iguales quejas hallaremos en la parte S. E. donde Cuen- 
ca supone como suyos los territorios de Almonacid, Illama, Zo- 
rita y otros (c). 

* Á su vez los de Cuenca no satisfechos con los límites 
del Tajo por la parte N. E., consideran como usurpados á su 
provincia los pueblos de Peralejos, Franco, y otros que baña 
el Ocesera, y pretendían llevar sus fronteras hasta Checa y las 
márgenes del río Cabrillas, que después de breve curso rinde 
al Tajo sus escasos caudales como el Ocesera. 

* Lo más sencillo es atenerse á la Ley, mientras ésta no 
altere esos límites, teniendo en cuenta las necesidades locales y 
comodidades de los pueblos, dejando á un lado rivalidades lu- 
gareñas, hijas á veces de enconos de caciquismo y de pasajeras 
intrigas y envidias mal encubiertas. Con todo, la Historia, pa- 
ciente como los jueces rectos, las escucha con calma, aunque 
por lo común sobresee sin dar su fallo. 

* Mas también por este territorio de Priego encontramos 
las tradiciones de Alvar Fáñez y de la casa solariega de Priego, 



(a) Tomada la divisoria extrictamente por el Tajo resultaría que Trillo ten- 
dría que ser de Guadalajara, y los Baños de Trillo serían de Cuenca: esto es ab- 
surdo. 

{t) Aun así y en rigor el Tajo y el Ocesera, su afluente, nacen dentro de Ara- 
gón, y también el Júcar y el Gabriel. El Guadiela es más propio de la provincia de 
Cuenca que de Guadalajara, y los alcarreños de Cuenca dicen: vGuadtela ¡leva el 
a^tia^ y Tafo lleva la fama^y 

(c) Eco de estas reyertas jurisdiccionales y provinciales se hace el Sr. Torres 
Mena en la pág. 28 de su libro, impreso en 1878. 



CUENCA 317 



como en el territorio de Guadalajara, que acabamos de reco- 
rrer, y el apellido de Mendoza va unido al de los Carrillos con 
el título de Condado desde el siglo xiii (a). 

* En nuestros días nació en Madrid un vizcondado de 
Priego á favor de un personaje político andaluz (ó), y la prensa 
jocosa se entretuvo en comparar á los Condes con el Vizconde 
elevado por la pluma periodística. 

* Recuerdan también las tradiciones de estas tierras no 
pocas proezas del sobrino del Cid, Alvar Fáftez, ó sea Alvar 
Yáftez de Minaya, lo mismo que por las de Guadalajara (c), 
rebasando los cerros de las Alcarrias y las márgenes del Tajo 
y el Guadiela, hasta llegar al castillo de Alvaráftez, suyo ó de 
su familia. 

Un cen'o yace en no remota parte 

Que Baraflez siempre ha sido, y es llamado, 

Porque desdél con grande astucia y arte 

Fue este invencible pueblo conquistado 

Por Alvar Faftez, valeroso Marte 

Del bravo Cid sobrino muy amado (//). 

El pueblo invencible aludido es Huete, y el suceso tradicional 



(a) Véase en el cap. I de esta parte de Cuenca la descripción del Sr. Quadrado 
y la nota relativa á este asunto. 

(b) D. Luís José Sartorius, periodista, conde de San Luís y vizconde de Prie- 
go, en donde le hicieron diputado el año de 1843. 

{c) Fermín Caballero en el curioso discurso de recepción que leyó en la Real 
Academia de la Historia describiendo los volúmenes del llamado vulgarmente 
«Censo de 1575» que se conserva en la Biblioteca del Escorial, y las copias de él 
en la de dicha Academia, dice así á la página 3 i : 

«Alvar Fañez, Alvar Añez, Alvar Hañez, Alvar Yañez, ó Alvar Yañez de Minaya, 
que con estas y otras variantes se le nombra, indicio de su frecuente y universal 
sonadía, amen de haber dejado esculpido su nombre en el pueblo el Castillo de 
Alvarañez^ provincia de Cuenca, y en la pendiente de Huete llamada la Cuesta de 
Barañez, le encontramos mencionado en las trece relaciones de Moratilla, Roma- 
nones, Orche, Alcolea de Torote, Tendilla, Mondéjar, Tripieque, Quer, Fuente- 
laencina, Guadalajara, Barujas de Cuenca, Huelves y Uclés, como conquistador 
de todo el país alcarreño y azote en él de las huestes moriscas. Por todos estos 
términos y tierras se citan heredades fuertes, cerros y sitios apellidados de Al- 
varañez.» 

(rf) Poema en verso heroico sobre la peste de Huete en 1600, por Juan de 
Briones Valdelomar, citado por el Sr. Torres-Mena. pág. 680. 



3l8 CUENCA 



en toda aquella parte occidental de la provincia, y á continua- 
ción de la Alcarria, lo consigna la relación de Barajas de Meló, 
dada en 1575, en estos términos : t Media legua distante del 
pueblo hay otro cerro alto que llaman la Talaya^ y en él señal 
de un edificio de piedra y yeso, á manera de pesebre, que dicen 
filé el que hizo allí el Cid, estando con su gente en celada de 
los moros, que habían ido de Uclés á Mondéjar, y á la vuelta 
salió á ellos el Cid y mató á todos los moros. Y corrió Alva- 
raftez á uno de ellos media legua, y donde dicen e¿ salió de la 
yegua^ dio un salto la yegua del moro muy grande, y está amo- 
jonado y puestos unos mojones grandes por señal, y le alcanzó 
en el rio de Huelves y le mató. » 

* Apenas quedan restos del célebre castillo, y el pueblo 
vino tan á menos, que dependía del inmediato Olmedilla de 
Eliz, del cual se decía que se llamaba así por ser del señorío 
de Félix Yáftez, que murió en el cerco de Andújar en 1 154, y 
que era también pariente de Alvar Yáñez. Acerca del sepulcro 
de éste se dirá al tratar del que se dice hallado en la iglesia 
de. Uclés. 

* Al visitar la cima del castillo de Alvarafiez, en 1854, don 
Trifón Muñoz Soliva, apenas halló rastro del castillo, opinando 
que desde él se comunicaba con el de Alcocer (llamado también 
de Alvar Fáñez), por medio de fogatas y humaredas. Al ver 
tal abandono improvisó una especie de elegía, exclamando: 

Del Cid digno rival, amigo y deudo 
que á esta cumbre que huello diste nombre 
y gloria y esplendor y prez y lustre. 
En ella recibiendo más de un feudo 
del poder agareno 

al que este alcázar le sirvió de freno. 
I Alvar Fáfíez ilustre I 
Valeroso caudillo, 
ni vestigios hay ya de tu castillo. 

* No es de tan remota antigüedad la fundación de la villa 



CUENCA 319 



de Gascueña, que se atribuye á varios gascones emigrados de 
Francia (a)y y que después de rodar por varios puntos de Cas- 
tilla, vinieron á fijarse en este paraje, poco poblado, y menos 
codiciado por falta de aguas potables. Créese que era de aquí 
el obispo de Cuenca D. Odón, á quien se atribuía origen fran- 
cés, y que lo fué hacia el año 1331, el cual se mandó enterrar 
en la iglesia de este pueblo. Pasaban por industriosos sus mora- 
dores, y tenaces en la conservación de sus fueros é indepen- 
dencia; aunque nadie sabe qué privilegios eran. Negábanse á 
consentir se establecieran allí hidalgos y gente que no tributara, 
y en tal concepto, dicen que pusieron en su sala consistorial un 
rótulo en letras de oro que decía: 

No consienten nuestras leyes 
hidalgos, frailes ni bueyes (d). 

* Escarmentados sin duda aquellos nietos de caldereros 
con lo que pasaba en las villas de abadengo y señoriales de 
una y otra Alcarria, al ver cómo se vendían los pueblos como 
rebaños, y los vecinos á tanto por cabeza, como corderos, re- 
pugnaban salir de la jurisdicción del Rey, y habiéndolos éste 
cedido los de Gascueña al marqués de Leganés, sostuvieron 
con él largo litigio. Por entonces también vinieron á estable- 
cerse allí unos frailes mercenarios, á los que se opusieron brio- 
samente á pesar de las censuras eclesiásticas, transigiendo al 



(a) Gonzalo Fernández de Oviedo en sus Quinquagenas habla de los caldere- 
ros franceses de Aurillac que circulaban por España. 

{b) Sábese de otros pueblos donde diz que había el mismo rótulo (entre ellos 
San Sebastian de los Reyes) motivado generalmente por los excusados ó exentos 
de pagar contribución: en alguno de ellos el rótulo decía: 

Hidalgos^ galgos^ frailes ni bueyes. 

Se comprende lo de los galgos, pero la prohibición de bueyes es una necedad tal, 
que no se comprende qué leyes fueran esas que los prohibieron, ni quién las dio. 
El rótulo debió ponerse en el siglo xvii después de los pleitos con el Marqués 
de Leganés y los frailes, y cuando comenzó-por entonces á preferirse para la agri- 
cultura el ganado mular. 



320 CUENCA 



Último en que tuvieran hospedería, con muy estrechas condí 
ciones. 

* Lo que más caracteriza sobre todo á Priego y su partido, 
es la serranía de Tragacete, á que da nombre el pueblo que así 
se llama, á siete leguas de Cuenca, que quizá en remotos tiem- 
pos tuvo alguna fortaleza ciclópea {a). 

* Separa esta alta sierra la provincia de Cuenca de la de 
Teruel y la tierra y sierra de Albarracín por la parte de levante, 
y por el norte del señorío de Molina. Salen de ella el Esca- 
bas junto al mismo pueblo de Tragacete, que terminado su bre- 
ve curso rinde tributo al Guadiela junto á Priego, puesto en 
su confluencia. Más al norte nace de la misma sierra el río Cuer- 
vo, que se junta con el Guadiela antes de llegar á Priego. Nace 
éste más arriba de Beteta, paraje de difícil acceso, al que dio 
cierta celebridad la fortificación allí construida durante la gue- 
rra civil de los siete años {ó). 

* Nace allí el Guadiela cerca del Tajo, pues sólo una alta 
meseta los separa, mas el Guadiela tuerce desde luego al Sud, 
mientras que el Tajo, naciendo en la raya de Aragón, se inter 
na en el señorío de Molina donde engrosa sus caudales con los 
ríos de aquel territorio, hasta que al llegar á Carrascosa tuerce 
ya su curso de Norte á Mediodía. 

* Así que de esta sierra salen los cuatro ríos que forman 
los límites de esta provincia, siquiera todos ellos excepto el 
Guadiela nazcan en las vertientes de Aragón. 

* Los montes más elevados de la provincia están asimis- 
mo en esta serranía, que es, á no dudarlo, el vértice de ella y 
de la cordillera llamada celtibérica. £1 cerro de San Felipe al 



{a) El Sr. Muñoz Soliva en la pág. 78 de su tomo I dice que en la Vega del 
Codorno viejo de este pueblo y junto á una ermita se descubren los mayores silla- 
res que han quedado en la Provincia de construcciones antiguas. Tragacete es 
del partido judicial de Cuenca. 

(6) Fortificáronla los carlistas hada el año 1837, y desde allí dominaban los 
pueblos indefensos de los territorios de Priego, Albarracín y Molina. 



CUENCA 321 



Norte de Tragacete y en su mismo término, tiene la altura 
de 1 840 metros sobre el nivel del mar. Es un peñasco de roca 
viva y muy difícil acceso, pues cuesta dos horas la subida {a). 
£1 de la Mogorrita alcanza á 1 700. 

* Resulta pues, que todo este territorio es de lo más mon- 
tuoso, áspero y elevado, no solamente de la provincia, sino de 
toda la Península, lo cual influye precisamente en la vegetación 
y en las condiciones de vitalidad de sus habitantes. 

* La abundancia de nieve en estas altas latitudes, produ- 
ciendo caudalosos ríos, da lugar también á la formación de la- 
gunas, y de útiles aguas termales y medicinales. 

* Al E. de Tobar existen dos lagunas que en antiguos 
tiempos fueron mayores, teniendo la principal una circunferen- 
cia de más de una legua, reducida hoy día á tres kilómetros 
escasos, teniendo en el fondo una profundidad de unos 200 me- 
tros. De ellas nace un pequeño río de escaso curso, que corre 
entre los montes de Beteta y Cañizares, llamado el Mudegar. La 
acumulación de tobas que da nombre al inmediato pueblo, ex- 
plica la disminución de estas lagunas y aun desaparición de al- 
guna que existió en otro tiempo. 

"" Pero entre las varías aguas termales de este distrito son 
las más celebradas las de Solán de Cabras, que brotan en la 
hondonada de un angosto valle en el término de Beteta, á orillas 
del río Cuervo y al pié de un alto cerro llamado el Rebollar. 
Su caudal es copioso {ó) y sus aguas transparentes é inodoras 
son ligeramente aciduladas. En 1826 vino á tomarlas la tercera 
mujer de Fernando VII, D.* Amalia de Sajonia , con cuyo moti- 
vo se hicieron explanaciones en las vías de comunicación, para 
el más fácil acceso, y obras de comodidad para la residencia de 
la regia comitiva; pero los resultados de curación y de la ansiada 



(a) Lo visitó la Comisión geodésica para formar su altura dejando en su cum- 
bre la correspondiente estación de mampostería y ladrillo. 

{b) Se calcula su aforo en cuatro metros cúbicos por minuto. 
4» 



322 CUENCA 



prole no correspondieron á los gastos, quedando por largo 
tiempo casi olvidados, hasta que recientemente han pasado á 
dominio particular, que de seguro les dará más importancia (a). 

* No lejos de allí, y asimismo á un kilómetro de Beteta, 
brotan las aguas termales de una fuente llamada del Rosal, al 
pié del cerro llamado de los Castillejos, menos conocidas y ex- 
ploradas que las anteriores. Otras fuentes hay también y aún 
menos conocidas en el término de Alean tud, llamado Los Baños ^ 
á una legua de este pueblo. 

* Es notable en el término del pueblo llamado la Frontera, 
una corriente de agua, que después de recorrer unos seis kiló- 
metros, viene á sumirse en terreno arcilloso, produciendo un 
ruido cavernoso y subterráneo, que parece indicar el choque 
con algunas otras aguas corrientes, ó con algún otro obstáculo 
en lo profundo de la sima. 

* Tal es el carácter de este distrito, al que da su nombre 
el pueblo de Priego, señorial en otro tiempo, y por tanto de his- 
tórica nombradía. Sus altos cerros y picachos, sus angostas y 
oscuras hoces por donde los ríos pasan, más que corren, á du- 
ras penas; sus abundantes aguas, lagunas, manantiales de ríos, 
los macizos pinares ya hoy muy claros y no repoblados hacen 
que sea muy digno del estudio del geólogo y naturalista, á pro- 
pósito para el admirador de la naturaleza y sus bellezas, sin 
necesidad de ir á Suiza; bello y admirable para el paisajista, pero 
escaso para el artista, el historiador y el arqueólogo. 



(a) Fueron vendidas en 1872 á un farmacéutico de Madrid. 




GIUDADE5 hay que decaen de fortuna mas no de rango, que 
en ilustre pobreza mueren, sin transigir con su destino, y á 
las cuales sus propias ruinas sirven de grandioso mausoleo. No 
así la reducida Huete, que ni ha caído de tan alto, ni posee tales 
recuerdos y vestigios de gprandeza, para que sin embargo de re- 
tener el vano título de ciudad no pueda resignarse á vivir en la 
condición y con la mera importancia de humilde villa. Situada en 
la pendiente de una colina, al pié de fuerte castillo, ha ido la po- 
blación deslizándose hacia abajo, hasta salirse toda del recinto 
amurallado, que se mantiene en pié todavía, trocadas en boque- 
rones algunas de sus ocho puertas y las otras en forma de arcos 
renovadas. Junto á una de éstas descuella en la plaza la torre 
de sillería donde está el reloj, terminada en cupulita y construi- 
da, al parecer, en el reinado de Felipe II; á un lado la cárcel, 
obra de los tiempos del último rey austríaco ; al otro, sobre un 



324 CUENCA 



pórtico, las casas de Ayuntamiento. El caserío es regular en al- 
gunas calles; lo restante se compone de mezquinas chozas. Ador- 
na su entrada hacia el mediodía un frondoso paseo con multi- 
plicadas filas de chopos, y á su pié se dilata una hermosa vega, 
limitada por montecillos al horizonte y regada por el arroyo 
Cauda, que á su paso mueve cuantioso número de molinos, 
mientras que el río Mayor ó Huete, dirige su curso al N. hasta 
desembocar en el Guadiela. 

Dividíase la ciudad en dos barrios antiguamente : el superior 
se llamaba de Atienza, por haberlo ganado ó poblado quizá los 
hombres de esta villa ; el otro de San Gil , del nombre acaso de 
una de sus parroquias. Diez eran las que se repartían su vecin- 
dario, cuando no bajaba de cuatro mil familias : de las cuatro 
que al presente restan, tan sólo la de San Pedro persevera en 
su edificio propio, sin que por esto ofrezca nada dé interesante. 
Las otras, abandonando sus ruinosas iglesias, han pedido hos- 
pedaje á las de los conventos. San Nicolás el Real de Medina, 
es decir de la ciudad^ á la de jesuítas, fundada por el sacerdote 
Esteban Ortiz en 1570; San Esteban á la Merced; Santa María 
de Castejón á la de religiosas justinianas de Jesús María, erigida 
en el siglo xvi por el arcediano de Alarcón D. Marcos de Pa- 
rada. Si algo de primoroso labró en Huete la arquitectura, es 
ciertamente la portada de esta iglesia, compuesta de cuatro co- 
lumnas jónicas en el primer cuerpo con estatuas de San Pedro 
y San Pablo en los intercolumnios, de un bello relieve del naci- 
miento del Señor sobre la plateresca cornisa, y de figuras de las 
virtudes teologales y cardinales, descollando encima del frontón 
la Caridad. £1 templo contiene aún góticas reminiscencias y es- 
timables pinturas y retablos ; el de la Merced empero se reco- 
mienda menos por su barroco ornato que por su espacioso buque 
con cúpula y crucero, pegado á un vastísimo convento, cuyas 
interminables filas de balcones en sus dos fachadas, ancha esca- 
lera, espléndido refectorio y magnífico salón de biblioteca, acre- 
ditan la indiana opulencia del religioso que los costeó. Otros 



CUENCA ^25 



conventos además poseía Huete: el de clarisas fundado en 1503; 
el de San Francisco, hoy casi arruinado en las afueras, que se 
envanecía de deber su erección en 1 2 1 4 al mismo santo patriar- 
ca; el de Santo Domingo, que data de 1425, aunque todo reno- 
vado, menos una efigie vestida de armadura y echada la visera, 
que tal vez sea la de Andrés González de Monterroso, á quien 
los Reyes Católicos armaron caballero. Solitaria en la despo- 
blada altura junto al cementerio, subsiste un trozo de antigua 
iglesia, resto seguramente de alguna parroquia, cuyo ábside ro- 
dean entre uno y otro contrafuerte ojivales ventanas ceñidas de 
dobles dentellones bizantinos y adornadas de sencillos arabes- 
cos, ruina de melancólico encanto en medio de tan yerma des- 
nudez. 

De su castillo en lo más alto del cerro asoman únicamente 
destrozados torreones de caprichosas y extrañas formas, al re- 
dedor de los cuales se agrupan los recuerdos primitivos de la 
ciudad, que empezó sin duda por ser fortaleza. Levantamientos 
y reducciones costosas señalan desde el principio la existencia 
de Aisn Webde bajo el imperio de los califas; y en 797 aparece 
alzando bandera por el príncipe Abdala contra Alhakem, su so- 
brino, que la recobró dos años después á viva fuerza, en 854 por 
el rebelde Muza contra Muhamad, su soberano, en 886 por el 
aventurero Aben-Hafsun contra el joven califa Almondhir, que 
al pié de aquellos muros, envuelto por los enemigos, cayó pa- 
sado de innumerables lanzas. Que las llaves de su fortaleza figu- 
raron entre los bienes dótales traídos por la hermosa Zaida á 
Alfonso VI y recobrados muy pronto por el alfanje mahometa- 
no, consta seguramente de las antiguas historias, mas no la 
época fija ni el afortunado conquistador que sobre sus almenas 
logró afianzar los pendones de Castilla, aunque es probable que 
cupiese esta gloria al séptimo Alfonso, ó á alguno de sus valien- 
tes capitanes. En vano volvió sobre Huete en 1 1 7 2 con formi- 
dable ejército el amir de los almohades; una deshecha lluvia 
vino á reanimar el brío de los sedientos sitiados, desbaratando á 



326 CUENCA 



la vez el campamento de los sitiadores (i); y la enemiga hueste 
se alejó, como después en 1 197, marcando sus asoladoras hue- 
llas en las campiñas. Un león rapante y una media luna forman 
acaso desde entonces el glorioso timbre de Huete. 

Furor empero de civiles guerras había ya turbado á la re- 
cién ganada población durante la menor edad de Alfonso VIII, 
cuya tutela se disputaban al frente de dos partidos D. Fernando 
de Castro y D. Manrique de Lara. Trabaron sangrienta lid ha- 
cia 1 167 en los vecinos campos de Garci Naharro los ejércitos 
de los dos poderosos rivales ; y cuando D. Manrique, dirigiendo 
el blanco contra su personal enemigo, creía haberle ya derriba- 
do, reconoció á éste que trocada con su escudero la armadura 
revolvía sobre él con nuevo ímpetu, y al caer herido de muerte 
dicen que exclamó: € ¡artero, artero, mas no buen caballero!» 
El castillo de Huete, adicto á Castro, recibió prisioneros á los 
vencidos jefes, y entre ellos á D. Nufto de Lara ; pero éste, no 
menos artificioso que su adversario, pidióle libertad para dar 
sepultura al cadáver de su hermano D. Manrique, ofreciéndole 
volver en seguida ; y ni el cadáver fué sepultado, ni volvió Don 
Ñuño, alargando indefinidamente el plazo de su condicional pro- 
mesa (2). Desde aquella población misma, confiando en su adhe- 



(i) Asi se lee en los Anales Toledanos primeros : «El rey de Marruecos Aben- 
Jacob vino á cercar á Huepte, e lidióla, e fué en hora de se perder la villa por sed; 
mas el dia de Sta. Justa envióles Dios agua del cielo quanto ovieron menester, e 
fué la agua tan grand que desvarató las tiendas del rey moro. E era el cardenal de 
Roma en Toledo, e daba grande» solturas (indulgencias) ; e ayuntáronse todos los 
de España e fueron en acorro, e allegáronse hazes conhazes,e non lidiaron, e fue- 
se el rey moro ; mas de tomada que fizo, ganó el regno del rey Lop : era MCCX 
(1172 de C.).» Otra incursión del principe Taxfin por las tierras de Huete y 
Alarcón en 1 137 mencionan las historias árabes; mas no parece que entonces 
poseyeran á Huete los cristianos, sino los musulmanes enemigos de los almorá- 
vides. 

(2) Cuéntalo así Pedro de Medina en sus Grandezas de España^ añadiendo que 
el cuerpo de D. Manrique metido en el ataúd fué puesto por su hermano sobre una 
torre del castillo dcTariego; pero el arzobispo D. Rodrigo atribuye dicho ardid á 
Rodrigo Gutiérrez, partidario de los Laras, cuyo hermano Alvar Gutiérrez murió 
en el mismo combate, y refiere otro artificio de D. Ñuño de Lara, á saber, que 
cumplido el tiempo de su libertad se presentó en Dueñas al frente de 600 hom- 
bres armados á ponerse otra vez en manos de Castro, según decía; mas no atre- 



CUENCA 327 



síón ó en su fortaleza, D. Alvaro de Lara, el hijo de D. Ñuño, 
gobernó á su capricho el reino, en 1 2 1 6, á nombre de su joven 
pupilo Enrique I, de quien estaba apoderado. La importancia de 
Huete {Opta la llama latinizando su nombre el arzobispo D. Ro- 
drigo), parece decaer en los siglos posteriores: sólo del repartí 
miento allí fechado en 1 290 del tributo que prestaban las jude- 
rías del reino, se deduce la opulencia de aquella sinagoga (i); y 
la donación vitalicia que hizo de la villa Juan I á su prima Cons- 
tanza, duquesa de Lancáster, hija y heredera del rey D. Pedro, 
al celebrar la paz con los ingleses en 1388, demuestra que hubo 
de parecer entonces dádiva digna de ser ofrecida en recompensa 
de un trono. Elevóla al rango de ciudad Juan II, y al de ducado 
Enrique IV á favor de Lope Vázquez de Acuña, sobrino del am- 
bicioso arzobispo de Toledo; mas los Reyes Católicos en 1476 
le obligaron á dejar su título y su posesión, uniéndola por siem- 
pre á la corona. 



viéndose éste á prenderle por hallarse iníerior en fuerzas, volvióse aquel protes- 
tando haber cumplido su palabra. Esta prisión de D. Ñuño en Huete, no debe 
confundirse con la que sufrió dos años después en el castillo de Zurita en poder 
de Lope de Arenas. 

(i) Este padrón, existente en el archivo de la catedral de Toledo, expresa por 
diócesis y pueblos lo que pagaban á titulo de servicio y de encabezamiento los 
judíos de ambas Castillas, ascendiendo el total á cerca de tres millones de mara- 
vedís, sobre cuyo dato se calcula que la población hebrea en aquellos tiempos se 
acercaba á un millón de almas. 




CAPÍTULO VII 



Partido Judlcia.1 de Huet«. — Condado de Buendla: los Acuñas. 

¡a antigüedades. — Maxarulloque: la elerra de Altonklra y 
sus recuerdos carmelitanos 



* 'TT' iNDANDO con la Alcarria, pero ya en terreno más bien 
,Ja1 manchego que alcarreño, sirve el partido de Huete como 
de transición para bajar del accidentado territorio del norte á 
los llanos de Tarancón, y los otros tres distritos confinantes con 
la Mancha y que también son afínes por su naturaleza. 

* Todavía la parte septentrional y del condado de Buen- 
día, sierra de Altomira y territorio adyacente a) Guadíela y se- 



330 CUENCA 



ñorío de Pastrana, se considera como Alcarria (a)^ mas no así la 
parte desde Huete al mediodía, y límites con Tarancón, cuyo 
terreno, por lo común llano, calizo y menos accidentado, y sus 
aguas gruesas y algo salobres, indican ya las entradas del terri- 
torio manchego y confines de Toledo y Ciudad-Real. 

* La población mayor y principal después de Huete es 
Buendía, que dio denominación y título á un condado, el cual 
desde 1475 dieron los Reyes Católicos á Pedro de Acufta fój^ hijo 
de Lope Vázquez de Acufta y D.^ Teresa Carrillo de Albornoz, 
señores que eran de este pueblo y de Azaííón al otro lado del 
Guadiela. En la parroquia de Santa María tienen la capilla de 
su entierro con sus bultos sepulcrales. 

* La ascendencia del obispo Acufta venía siendo de revo- 
lucionaria memoria en Cuenca y su territorio y obispado desde 
principios del siglo xv. Como no había entonces la políticoma- 
nía, ni la empleomanía de ahora^ había bandos en todos los pue- 
blos, y hasta entre los moros, que al fin habían nacido en nues- 
tro suelo (¿r). En Cuenca se desvivían por hacer la felicidad del 
pueblo Diego Hurtado de Mendoza, que ya había comprado á 
Caftete, malvendido por los Lunas, y Lope Vázquez- de Cufta, 6 
Acufta, sefior de Buendía, rico portugués por aquí avecindado. 
Para sosegar aquellos bandos, que daban lugar á frecuentes aso« 
nadas y reyertas con muertes, depredaciones y paralización del 
comercio, envió el Consejo á llamar en Octubre de 141 7 á Don 
Enrique de Aragón, marqués de Villena, que á la sazón estaba 
en su castilla de Torralba. Á principios del mes siguiente, aún 
no se había logrado calmar los disturbios, y el consejo de Cuenca 



(a) El Sr. Torres-Mena examina detenidamente esta cuestión, tratada por Don 
Fermín Caballero y otros con mucha divergencia. 

(¿7) La tradición de Carrascosa disiente de esto, pues supone que el Lope Váz- 
quez tenía usurpado este pueblo, que no quería reconocer su señorío, y que los de 
Huete, Carrascosa y pueblos inmediatos echaron de allí al Cuña, como le llaman, 
y sus lacayos (especie de peseteros) por acuerdo de la reina Isabel, acaudillando 
á los realistas Andrés González de Huete, que allí yace. 

(c) Tales eran los zegríes y abencerrajes. Apenas hay pueblo importante en 
que no hubiera bandos de familias nobles. 



CUENCA 3^1 



rogaba al marqués no se volviese á Torralba, quizá poco satisfecho 
dé los resultados de su mediación pacífica. Seguían aún los des- 
acuerdos en 1425, y hubo el obispo de hacer una concordia con 
el señor de Buendía. El obispo D. Lope Barrientos, amigo del 
condestable D. Alvaro de Luna, pugnó dentro de Cuenca con 
los Hurtados de Mendoza que tenían el castillo, arriesgando allí 
grandes contiendas. 

* Por algún tiempo vemos desaparecer de Cuenca y su 
tierra á los Hurtados y Vázquez de Cufia, pues el rey hubo de 
dar al Hurtado el castillo de Cañada de Hoyo, para que dejase 
á Cuenca, y además un gran número de vasallos; pero expulsa- 
dos los Hurtados de Mendoza quedó el campo más expedito á 
los Acuñas y sus afínes, y algún tiempo después aparecen nue- 
vamente alborotando toda aquella tierra en abierta rebelión 
contra los Reyes Católicos, hechos partidarios de la Beltraneja, 
cediendo á los envidiosos rencores]del jefe de la familia, el arzo- 
bispo Carrillo de Acuña, de revoltoso y poco puro recuerdo. 
Unióseles en la traición el marqués de Villena, y los del mar- 
quesado, descontentos de él, se alzaron contra su dominación. 
Enrique IV había dado á Lope Vázquez de Acuña el señorío de 
Huete en 1474, y toda aquella tierra llevaba también su domi- 
nación con impaciencia y se alzó contra él. Éste se vengó come- 
tiendo toda clase de tiranías desde su castillo de Huelves. 

* Confína Buendía con la Alcarria de Guadalajara, pues á 
una legua del pueblo corre la divisoria del Guadiela, que por el 
desierto de Bolarque se une al Tajo, surcando además su terri- 
torio los ríos Mayor y Jabalera. 

* Baja este río de la inmediata sierra de Altomira, que los 
del país llaman también de Jabalera y Buendía, según que á cada 
uno de estos pueblos se halla acostada. 

* Sigúele en importancia Carrascosa, que también dio su 
relación estadística en Octubre de 1578. Según ella, no fué villa 
hasta el tiempo del Emperador, en Octubre de 1537; dándole 
por armas y sello una carrasca con bellotas de oro. Su iglesia, 



332 CUENCA 



dedicada á la Natividad de la Virgen, es de tres naves, y pasaba 
por una de las mejores del obispado. El retablo era muy pon- 
derado y había costado de talla y pintura más de dos mil duca- 
dos. La cruz parroquial pesaba cincuenta marcos de plata y el 
castillete gótico, que le servía de peana, semejaba á la torre de 
la catedral de Toledo, según decían, y para expresar una cosa 
bella y de valor, era proverbial por aquella tierra la frase «como 
la cruz de Carrascosa. > La torre del pueblo es cuadrada, alta y 
esbelta. En una capilla al lado del Evangelio estaban enterrados 
Pedro de Ángulo y Constanza de Alcocer, que hicieron varias 
fundaciones y las dotaron. Está enterrado también el licenciado 
D. Miguel Carrascosa, gobernador del obispado de Cuenca, y 
señor de Balazote, que dio el dinero para construir la iglesia y 
las casas de Ayuntamiento, poniendo el pueblo los materiales. 
Hacíanse estas obras hacia el año 1 5 20, pues había muerto el 
generoso bienhechor unos 48 años antes de dar la relación. 

* Infiérese también por ella que, en las guerras al princi- 
pio del reinado de los Reyes Católicos, había padecido mucho 
aquel territorio, quedando despobladas algunas aldeas, de cuyas 
iglesias, castillos y casas, sólo se conservaban paredones y rui- 
nas, si bien esto no perjudicó á Carrascosa, sino antes al con- 
trario, pues de 250 vecinos, que tenía á principios del siglo, llegó 
á tener 676, motivo por el cual y la riqueza de sus habitantes (a) 
la hizo el Emperador villa y exenta. 

* Entre los despoblados se contaban el de Villaverde, el 
de Olmeda, cuya iglesia ya estaba arruinada, y otra inmediata 
llamada de San Pedro, que había sido de monjas, Villalba del 
Campo, Villalpando, el Castillejo, y los castillos del Pulpón y 
Amasatrigo y el barrio de Valdejudíos, ya despoblado ; así es 
que sus términos alcanzaban muchas leguas. El término de Val- 



(a) Decía la relación de 157$ que tenía la villa abasto de carnero lodo el año, 
y que era excelente. Solía esto ser poco común y de ahí el refrán: «El que se 
levanta tarde ni oye misa ni come carne.» Tiene ahora 1,594 habitantes. 



CUENCA 333 



dejudíos suponían que se lo había cedido la reina D.^ Juana; 
pues estando ausente del pueblo el señor de Valdejudíos, vino 
un enemigo suyo que tenía su castillo en el cerro de Villavieja, 
llamado después de D.* Francisca, y le pegó fuego, de cuyas re- 
sultas quedó despoblado. Hoy día tiene unos caseríos y dista 
dos leguas de Carrascosa. 

* El anejo de la Olmeda era de los frailes dominicos de 
Huete, donde había una ermita muy concurrida y las ruinas del 
castillo de Amasatrigo, de cuya etimología corría por allí un 
ridículo cuento (a). 

* Á una legua de allí, en el centro de una laguna que lla- 
man del Pulpón, hay un cerrito sobre el cual se alzan las ruinas 
de otro castillejo. Debieron ser todos ellos del tiempo de los mo- 
ros y para vigilar las márgenes del Guadiela desde los tiempos 
de Alonso VI y antes de la conquista de Cuenca, abandonándo- 
los luego los cristianos por inútiles. 

* De la laguna del Pulpón sale un arroyo que á poco cur- 
so se incorpora al Jiguela, juntamente con otros dos que bajan 
de la dehesa de Valdejudíos. Como estos terrenos están al pié 
de la sierra de Altomira no escasean de buenas aguas. 

* La relación menciona una cueva al pié del cerro de Doña 
Francisca, en que caben más de 500 personas. De sus paredes 
brotan numerosos caños de agua, que forman en el centro un 
gran estanque, paraje muy fresco para verano y de recreo. 

* Adyacente al pueblo de Mazarulleque, el cual linda con 
Huete al Norte, se hallaba el célebre convento de Nuestra Se- 
ñora de Altomira, poblado por carmelitas descalzos muy auste- 
ros, que hacían allí vida anacorética con gran estrechez. Como 
aquel territorio está próximo á Pastrana y Bolarque, los recuer- 



(a) Estando muy apurado el alcaide del castillo por falta de bastimento, man- 
dó á grandes voces á la criada que amasara. Al oír los moros que decía cAmasa 
trigo (pues entonces quizá aún no amasaban harina), fueron tan tontos que levan- 
taron el sitio, creyendo que tenían los sitiados mucho trigo. 

En otros castillos se cuenta casi lo mismo, que engordaron una vaca y la echa- 
ron fuera para engañar á los moros. 



334 CUENCA 



dos carmelitanos abundaban en aquellos parajes. Fundó el con- 
vento hacia el año 1563, con auxilio del concejo de MazaruUe- 
que, un piadoso clérigo llamado D. Diego del Castillo, á quien 
había sido revelada, según decían, la existencia de una antiquí- 
sima imagen, escondida en lo más alto de la sierra, desde la 
época de la invasión de los moros, á la que se dio la advocación 
del Socorro. Tomó posesión del convento el prior de Pastrana 
fray Francisco de Jesús en 1 571. El paraje era y es inhabitable 
por las nieves y huracanes. El convento, mísero albergue con 
ocho pequeños aposentos, estaba á teja vana. Más adelante pu- 
dieron ensancharlo algo y también la iglesia de la Virgen. Hoy 
está todo abandonado y ruinoso^ y sobre la cupulilla ha estable- 
cido el Instituto geográfico y estadístico una de las estaciones 
geodésicas y barométricas, resultando que el zócalo del torreon- 
cillo tiene i , 1 80 metros de elevación sobre el nivel del mar. 

* También por aquí vuelve á presentarse el recuerdo del 
usurpador de Huete, Lope Vázquez (a) y sus foragidos, pues 
dicen que de parte de los Reyes Católicos vino á combatirle un 
capitán llamado Mudarra, que asentó sus reales en un cerro 
donde hay varias cuevas que llaman las simas de Mudarra. La 
tradición parece poco aceptable, y más seguro lo del otro capi- 
tán citado, aunque no sería uno solo. 



(a) Con artes no buenas, habia logrado de Enrique IV, en su plena decadencia, 
«1 ser nombrado duque de Huete, título de que era poco digno. 




CAPÍTULO VIII 



Uclés 7 la orden de Santiago en Castilla 



"-#^os leguas al oriente de Tarancón, por terreno desigual y 
"KJ sin arboleda, hay que andar solamente hasta Uclés, me- 
trópoli insigne de la orden de Santiago, cuyo prior extendía (a) 
su báculo episcopal sobre una porción de la Mancha, que antes 
recorrió victoriosa la espada de sus caballeros (i). Descuella á 
lo lejos solitaria la imponente mole del convento sobre un alto 
pedestal formado en parte por la colina, en parte por almenados 
murallones; díséñanse en la azul atmósfera los agudos chapite- 
les de sus torres; y el ambiguo aspecto del conjunto y el dis- 
corde carácter de las obras lanzan en mil conjeturas al impa- 
ciente viajero. La villa no se descubre sino muy inmediata, como 
absorbida por el edificio cuyos gloriosos recuerdos casi consti- 
tuyen su única importancia: porque jdel pueblo qué resta desde 
la asoladora invasión de los franceses, más que desiertas calles 

(4> Cuando escribía el 5r. Quadrado existía aúD eJ obispado que fué suprimi- 
do en 187^. 

(1) El prior de Uclís, al cual posteriormente se di<S el titulo de obispo in par~ 
Mus de Tañes, usaba mitra y báculo, y su iurísdícción episcopal ac cxteadiO por 
la Mancha hasta más allá del Toboso, sin comprender la misma villa de Uclés, que 
por una singular anomalía pertenecía al obispado de Cuenca. 



336 CUENCA 



y mezquinas ó ruinosas casas en la vertiente oriental de la coli- 
na, una sola de sus tres parroquias harto pobremente renova- 
da (i), ninguno de sus dos conventos, y en el opuesto declive ni 
siquiera vestigios del antiguo barrio • de la Estr entera^ que en 
más lejanos tiempos contenía otras dos parroquias? 

Los destinos de Uclés, sarracena de origen probablemente, 
anduvieron ligados de tal manera con los de Huete en sus con- 
tinuos alzamientos contra los califas y en sus fluctuaciones de 
moros á cristianos, que parece casi idéntica su historia. En su 
fortaleza halló asilo por los años de 1024, y á los pocos días la 
muerte en unas yerbas ponzoñosas, el destronado Muhamad III, 
efímero soberano omíada del agonizante imperio cordobés. La 
derrota de los siete condes y el trágico fin del hijo de Alfon- 
so VI en 1 108, dieron á Uclés pavorosa celebridad en Castilla; 
y bajo el dominio agareno permanecía aún la población ha- 
cia 1 147, cuando no lejos de sus muros cayó en nocturna em- 
boscada, herido de saeta, el intrépido caudillo Aben Ayadh, 
brazo derecho del príncipe Aben Hud contra los fieros almorá- 
vides y los partidarios del Thogray. Reciente estaba su recon- 
quista por las armas fieles, al tiempo que en 1 174 por donación 
real entraron á poseerla los caballeros de Santiago. Dos años á 
la sazón había que esta nneva cohorte militar, oriunda del reino 
de León, y cubierta de gloria en las campañas de Extremadura, 
pisaba el suelo de Castilla, donde Alfonso VIII, para recompensa 
y á la vez empleo de su valor, les había dado las fortalezas de 
Mora, Alarilla y Oreja (2). Peligrosa era de guardar la línea 



(i) Esta es la de Santa María; las otras dos se llamaban de San Pedro y de la 
Trinidad, que junto con las de Santiago y San Nicolás del barrio de la Estremera 
hacían el número de cinco, existentes ya todas ellas en 1 228, cada una con su al- 
calde y su jurado, según cierto documento citado por Cornide en su memoria so- 
bre las ruinas de Cabeza de Griego. Los dos conventos que en Uclés había eran de 
carmelitas descalzos y de monjas dominicas. 

(2) Dióles el rey en 1 1 7 1 el castillo de Mora, unas casas en Toledo, otras en 
Maqueda, y la villa de Oreja sobre el Tajo; al año siguiente les añadió el castillo 
de Alfarilla, del cual eran aldeas Estremera, Salvanes, Fuentiducña, Tarancón y 
otros pueblos, y en él residieron dos años los freiles tomando el nombre del lu- 



CUENCA 337 



del Tajo sobre que se hallaban las dos últimas, con el río á las 
espaldas, contra el empuje de los moros de la serranía: mas los 
caballeros avanzaron fijándose en Uclés; y desde allí por el 
oriente prepararon al monarca el fragoso camino de Cuenca 
hasta la frontera valenciana; hacia el sur se derramaron inven- 
cibles por los anchos campos de Montiel hasta la raya de An- 
dalucía; y como si á su esfuerzo la península viniese estrecha, 
propusiéronse, una Vez arrojados de ella los musulmanes, perse- 
guirlos sin tregua en África y en Palestina (i). 

En aquel siglo de rapiñas, violencias, discordias de rey á 
rey, de señor á señor, de hombre á hombre, admiración y aplau- 
so hubo de excitar una institución, que hermanando las volun- 
tades y organizando los esfuerzos, señalaba una dirección salu- 
dable y un objeto sublime y santo al espíritu belicoso de tanto 
barón y aventurero. 

Notable por su energía es la pintura que de esta mudanza 
ofrece el prólogo de la regla, que por comisión del pontífice 
Alejandro III, al confirmar éste la orden en 1175, escribió al 
cardenal Alberto, quien doce años después ciñó la tiara con el 
nombre de Gregorio VIII. «La gloria del Espíritu Santo, dice, 



gar. Fué Alfarilla destruida por los almohades en 1 197, y de ella sólo quedaban 
en I 598 vestigios y señales de cimientos y una ermita de Nuestra Señora. «Está, 
dicen relaciones de aquel tiempo, legua y media de las salinas de Belinchon; por 
Este hay un valle hondo, por N. lo bate el Tajo, por O. unos riscos inaccesibles 
suben de otro valle, y por S. corre una fosa del valle de E. al de O.; es tierra agria 
y calcárea. Un cuarto de legua mas arriba hacia la barca de Fuentidueña, nótanse 
cimientos de edificios antiguos de yeso, que llaman las cárceles^ y en efecto lo pa- 
recen. En la misma ribera inmediato está un valle llamado Valdelosfreiles, y en el 
término de Villamanrique restos del que se llamaba castillo de Alboer y el térmi- 
no de Buenameson dado por la infanta Urraca, y mas abajo las peñas de Oreja en 
cuyo castillo estuvo la orden en 1173, molestando desde allí á los moros.» 

(i) De una escritura de Boemundo, príncipe de Antioquía, fechada en 1180, 
en que hace donación de ciertos castillos á la orden de Santiago, parece deducirse 
que en 1 177 pasó el primer maestre con algunos caballeros á la Tierra Santa con 
intención de fundar allí un convento. Ya en 1 1 7 1 se les habían unido ciertos ca- 
balleros de Avila dando la obediencia al maestre, y expresando: «que si los moros 
fueren echados de España á la otra parte del mar, y el maestre y capítulo deter- 
minaren ir á tierra de Marruecos, que le seguirán para la conquista, y lo mismo 
harán si fuere necesario ir á Jerusalen.» 
43 



338 CUENCA 



según se tradujo en el siglo xvi, en aquestos postrimeros tiem- 
pos por su clemencia alumbró en las partes de España algunos 
que eran cristianos mas de nombre que de obra, y los revocó 
misericordiosamente de la soberbia de la pompa seglar y de las 
obras del diablo. Porque havia en España unos varones^ nobles 
por linage y sabios en las cosas del mundo, claros en el ejerci- 
cio de las armas, y abastados de los bienes temporales, y dota- 
dos de toda bienaventuranza mundanal. En estos tan claros 
varones su mal vivir escureció mucho el resplandor y claridad 
de su loor, y no es de maravillar, porque eran gastadores de 
sus cosas y codiciosos de las agenas, prestos para todo mal y 
desenfrenados para cometer todo vicio. Y así como eran dies* 
tros sumamente en los actos de la cávallería terrenal, así esta- 
van totalmente enlazados en todas las enormidades de malicia y 
pecados. Gracias á Dios que hombres tan pecadores... los trasla* 
dó y pasó al reino maravilloso de la claridad de su Hijo., y de 
hijos de maldad se hicieron siervos de justicia, procurando ya 
no sus provechos, mas de sus hermanos, amando á Dios sobre 
todas las cosas y al prójimo, poniendo sus cuerpos á continuo 
martirio por Jesucristo y viviendo en obediencia debajo de ageno 
señorío, se esforzaron á complacer primeramente á Dios y des- 
pués á los hombres por Dios... Haciendo de sí muro de fideli- 
dad., pusieron la cruz en su pecho en manera de espada con la 
señal é invocación del bienaventurado apóstol Santiago, y orde- 
naron que dende en adelante no peleasen contra los cristianos 
ni hiciesen mal ni daño á sus cosas, y renunciaron y desampara- 
ron todas las honras y pompas mundanales, y dejaron las vesti- 
duras preciosas y la longura de los cabellos y todas las otras 
cosas en que hay mucha vanidad y nada de utilidad... Y á todo 
lo sobredicho divinamente compungidos los hizo obligar el celo 
de la casa de Dios y la propia devoción y la ahincada predica- 
ción de los arzobispos y obispos D. Celebrun, arz. de Toledo, y 
D. Pedro, arz. de Santiago, y D. Joan, arz. de Braga, y D. Joan, 
obispo de León, y D. Fernando, ob. de Astorga, y D. Estevan, 



CUENCA 339 



ob. de Zamora, y todos los otros obispos sujetos á dichos arzo- 
bispos se alegraron del comienzo y conversión de la dicha cava - 
llería... Después de esto D. Jacinto, diácono cardenal legado de 
la Sede apostólica, como entrase en los reinos de España á po- 
ner paz entre los reyes y llegase á Soria, recibió al maestre de 
la dicha cavallería con algunos de sus freiles, y á instancia de 
los ilust. reyes D. Fernando de León, D. Alonso de Castilla y 
D. Alonso de Aragón y de sus barones y rícoshombres, y por 
los ruegos y testimonio de Pedro, arzobispo de Santiago, en- 
tonces obispo de Salamanca., recibió al maestre y sus hermanos 
so protección de la sacrosanta romana iglesia, y por la autorí* 
dad apostólica de que usava confirmó la dicha orden. Después á 
cabo de poco tiempo el dicho maestre y freiles parecieron á pre* 
senda de nuestro señor el papa, y fueron del recibidos por pro- 
pios y especiales hijos &c. > Todo lo que se refiere al origen de 
la orden en tiempos más antiguos, ora se la haga datar desde 
la batalla de Clavijo en el reinado de Ramiro II, ora se alegue 
el privilegio dado á las monjas de Sancti Spiritus en Salamanca 
por Fernando I, es harto controvertido. El monasterio de San 
Loyo, al cual se unieron los nuevos freiles, era antiquísimo, y 
tenía hospitales para los peregrinos que acudían de toda Europa 
á visitar el sepulcro de Santiago. 

Una espada con la empuñadura en forma de cruz fué la di- 
visa, el patrón fué Santiago, apóstol de las batallas, su regla la 
de los canónigos de San Eloy ó Loyo, á quienes se juntaron en 
Galicia los nuevos caballeros ; y de ahí el doble carácter religio* 
so y militar en la orden, de monasterio y castillo en sus casas, 
de sacerdotes y de soldados en sus individuos, y los cánticos del 
coro y la vida contemplativa del claustro unidos á la acción y 
estrépito de los combates. Las castidad conyugal, la obediencia, 
el desapropio, formaron las tres bases del instituto que á tanta 
altura de poder y riquezas debía en breve sublimarse. Los 
freiles se levantaban á maitines, y tenían coro y silencio; en 
ciertos días del año debían abstenerse del uso del matrimonio, 



340 CUENCA 



incurriendo en pecado mortal por cualquiera omisión á la regla, 
hasta que en 1486 los dispensó de él Inocencio VIII. Ayunaban 
la cuaresma y el adviento y la mayor parte de los viernes, pero 
la regla no establecía otras mortificaciones, diciendo: «mucho 
mas es y mas dificil cosa poner su cuerpo á grandes y muchos 
peligros por sus prójimos, que estando en la casa del sosiego y 
reposo atormentarlo y enflaquecerlo con muchas aflicciones y 
abstinencias.» Los freiles medrosos ó no convenientes para la 
guerra, debían servir en las cosas y negocios de la casa : del 
botín de las excursiones en tierra de moros se reservaba una 
parte para redención de cautivos. Sobre las obligaciones délos 
caballeros y fin del instituto, dice el Dr. Navarro en sus corola* 
ríos sobre la regla: «Sabiendo que profesar estas órdenes es 
hacerse monje religioso, que es renunciar toda orden y hacienda 
seglar y hacerse incapaz de ellas y desapropiarse de toda su 
voluntad y someterse á la de otro, es pecar gravemente si la 
dicha honra y renta se pone por objeto y fin principal... y es 
querer cosas contrarias y desproporcionadas querer con pobreza 
reglar ganar riqueza secular, y con menosprecio de las cosas 
del mundo honra mundana, y quitarse la facultad de poseer y 
de testar con intención de alcanzarla mayor., y es cargarse de 
mil escrúpulos que le vendrán por gastar lo que es ageno como 
si fuese suyo. Las religiones militares no se ordenaron para 
regalos ni riquezas ni honras seglares, de las cuales renuncian 
sus profesores: ordenáronse para defender la república con 
armas. » 

En los conventos recibían de sus clérigos piadosa enseñanza 
los hijos de los caballeros, y en los de religiosas honrado asilo 
las mujeres por ausencia ó muerte del marido, no pudiendo 
pasar á otras nupcias sin licencia de la orden. Templábase la 
autoridad suprema del maestre con la de los trece^ á quienes 
competía elegirle, aconsejarle, corregirle, y en caso necesario 
deponerle, y cuyo nombramiento ó remoción acordaba á su vez 
el maestre en unión con los demás colegas: en las vacantes to- 



CUENCA 341 



caba al prior ó jefe de los clérigos el gobierno universal y la 
convocación de los trece; y á las asambleas ó capítulos anuales 
eran llamados además los comendadores, acudiendo al sitio que 
designaba el maestre, cuya propia residencia, ó corte, desde prin- 
cipios del siglo XIII se había fijado en Uclés (i). Dieron al cas- 
tellano convento tan ilustre primacía la hostilidad con que el 
rey de León, celoso del de Castilla, empezó á mirar á sus anti- 
guos subditos y su violencia en apoderarse de los bienes de la 
orden; y aunque á favor de las porfiadas guerras entre ambos 
reinos, á menudo levantó el cisma su cabeza, y en San Marcos 
de León más de una vez se opuso maestre á maestre, al cabo 
Uclés triunfó de hecho sobre su competidora, como protegida 
constantemente por el monarca, y más próxima á los nuevos 
dominios que á punta de lanza se extendían. 

Rápidos fueron sí, pero á trueque de grandes hazañas y fa- 
tigas adquiridos los acrecentamientos de la caballería de San- 
tiago. Al tercer maestre Sancho Fernández costó la vida el 
desastre de Alarcos, al noveno Pedro Arias el triunfo de las 
Navas de Tolosa, al décimo Pedro González la reducción de 
Alcaraz. En la conquista de Murcia por el infante D. Alfonso, 
en la toma de Jaén y Sevilla por Fernando III cúpole alta gloria 
á D. Pelayo Pérez Correa, cuya espada, dicen, brilló en defen- 
sa del agonizante imperio de los latinos en Constantinopla, y 
cuya ardiente fe, según fama, detuvo al sol en su carrera para 
llevar á cabo la victoria. Envuelto por los moros junto á Alcalá 
de Benzaide, murió en 1280 con la flor de sus caballeros Don 



(i) En este convento tomaban posesión de su dignidad los maestres, en él se 
guardaba el pendón general de la orden, por otro nombre romano^ bendito por el 
Papa, cuyo alférez era el comendador de Oreja, y en muchos antiguos documen- 
tos y privilegios reales se llama indistintamente á los freiles, al maestre y á la or- 
den, de Uclés ó de Santiago. El arzobispo Don Rodrigo reconoció esta suprema- 
cía, diciendo: In Uclesio statuii capul ordinis, et oj>us eorum ensis defensionis; 
persecutor Arabum moratur ibi, et íncola e/us defensor fideí; vox laudanttum audi- 
tur ibi, et jubilus desiderii hilar escit ibi; rubet ensis sanguine Arabum, et ardet 
fides chariiate. 



342 CUENCA 



Gonzalo Ruiz Girón: fíeles sirvieron á Sancho IV contra los in- 
fantes de la Cerda y contra los sarracenos D. Pedro Mufiiz 
y D. Pedro Fernández Mata; fieles á Fernando IV D. Juan Osó- 
rez en su inquieta menor edad, D. Diego Muñiz en el cerco de 
Algecira. La constante lealtad del maestre D. Vasco Rodríguez 
de Cornado á Alfonso XI, atrajo sobre las tierras de la orden 
incursiones y estragos por parte de D. Juan Manuel; y sin em- 
bargo, á su sobrino y sucesor D. Vasco López, hizo deponerle 
el monarca por conferir el maestrazgo, ya que no pudo á su 
propio hijo, al hermano de su dama, D. Alonso Méndez de 
Guzmán, el cual acreditó al menos su valor en las campañas de 
Andalucía. Aunque menor é ilegítimo, y más tarde casado, al 
fin obtuvo con dispensa pontificia la dignidad el infante D. Fa- 
drique, franco en su vigorosa lucha, leal en su reconciliación 
con el rey D. Pedro, y muerto más tarde á golpes de maza en 
el alcázar de Sevilla á vista de su cruel hermano. Introdújose 
el cisma en la orden como la guerra civil en el reino, y entre 
los partidarios de D, Pedro fué reconocido por maestre Garci 
Alvarez de Toledo, entre los de D. Enrique, Gonzalo Mejfa, 
quien al cabo por renuncia del primero y por el triunfo de su 
partido, quedó en posesión del maestrazgo. Las guerras de 
Juan I en Portugal arrebataron rápidamente uno tras otro á los 
maestres D. Fernando Osórez , D. Pedro Fernández Cabeza de 
Vaca y D. Pedro Muftiz de Godoy, que antes lo fué de Calatra- 
va; pero bajo el dilatado gobierno de D. Lorenzo Suárez de Fi- 
gueroa, esclarecido en paz y en guerra, la orden se repuso de 
sus quebrantos por poco tiempo. El maestrazgo ya no fué en 
adelante sino un empleo conferido por el trono para desarmar 
á sus émulos ó recompensar á sus privados, y cuyo poder y 
riquezas se empleaban harto á menudo contra el mismo favore- 
cedor. Del turbulento infante D. Enrique de Aragón, atizador 
de largas discordias en Castilla, ora opresor, ora prisionero de 
su primo Juan II, pasó cual despojo primero en administración 
y luego en propiedad á su enemigo D. Alvaro de Luna, que jud- 



CUENCA 343 



tamente con la vida lo perdió sobre el cadalso (i); obtuviéronlo 
pasajeramente D. Beltrán de la Cueva, el favorito de Enri- 
que IV, y su hermano el infante D. Alfonso; y al conferir á éste 
la corona los magnates sublevados, se lo apropió el ambicioso 
marqués de Villena D. Juan Pacheco, reteniéndolo por la fla- 
queza del monarca. Disputáronse á su muerte el maestrazgo 
D. Rodrigo Manrique y D. Alonso de Cárdenas, aclamado éste 
en León, aquél en Castilla, ambos empero igualmente adictos á 
la causa de Isabel y Fernando contra D. Diego Pacheco, que, 
sosteniendo á la Beltraneja, pretendía haberlo heredado de su 
padre: arrebató Manrique al marqués de Villena la fortaleza de 
Uclés de que estaba apoderado; mas su muerte, llorada por su 
hijo Jorge en suaves endechas, no le permitió gozar largo tiem- 
po del triunfo. Los Reyes Católicos, resueltos á incorporar esta 
pingüe dignidad en su corona, permitieron que por última vez 
la gozase Alonso de Cárdenas, su fiel servidor, cuyo falleci- 
miento en 1 499 extinguió al cabo la independencia de la orden 
y la gloria de sus jefes (2). 



(i) Respetóse sin embargo su memoria y su sepulcro, pues en la solemne in- 
vestidura del maestrazgo dada en 1480 á D. Alonso de Cárdenas en la catedral 
de Toledo á presencia de los Reyes Católicos, pasáronse los pendones por la capi- 
lla de D. Alvaro, y en ocasión semejante parece que el maestre, treces y comen- 
dadores de la orden, hallándose en Toledo, iban en procesión á cantarle un res- 
ponso. 

(a) Hasta dicha época ejerció la orden jurisdicción absoluta sobre los pueblos 
de su señorío; y de la prudencia y habilidad de su gobierno da favorable muestra 
la resolución que el capitulo general de Llerena tomó en 1480 sobre los conver- 
sos, tan opuesta en su espíritu de fusión al de exclusión y aislamiento de aquella 
raza que las leyes y costumbres del siglo establecían. «Ninguna ni algunas perso- 
nas que sean nuevamente á nuestra ley convertidas, quier de moros, quier de 
judíos, ni persona alguna de su linage de los convertidos de cien años á esta par- 
te, non casen fijo ni fíja ni ellos mismos se casen con personas de su mismo lina- 
ge... fasta que pasen de la quarta generación, mas que se casen e ayunten en ma- 
trimonio con xpianos lindos viejos, e cada uno según su estado e manera que 
toviere e mejor pudiere, porque así entren mezclados con caridad á verdadero 
amor entre todos, ese comuniquen e alcancen el fruto déla dicha nuestra santa fé 
católica ; porque así como por el agua del bautismo del pecado original fueron 
alimpiados, por la fé e conservación de aquella todos sean salvos de la nota de 
infamia de lo que en los tales errados vino, e los otros de su linage que son ino- 
centes de aquella culpa sean alimpiados ; so pena que cualquier que en la dicha 
nuestra orden lo contrario ficiere e esta ley e estatuto non guardare, que muera 



344 CUENCA 



De las antiguas caballerescas formas que el militar conven* 
to de Uclés por aquellos tiempos revestía, sólo quedan vagas 
indicaciones en los archivos. 

«Sobre la capilla mayor que es de bóveda, dice el libro de 



por ello e pierda todos sus bienes c sean aplicados para la dicha nuestra orden.» 
(Lib. de visitas de 1480, fol. 222.) 

Para mayor claridad de esta reseña, ponemos aquí la sucesión cronológica délos 
maestres de Santiago. D. Pedro Fernández de Fuente-encalada, murió en 1 1 84 y fué 
sepultado en San Marcos de León.— D. Fernán Díaz, elegido en Castilla, renunció en 
1 186.— D. Sancho Fernández, elegido en León, murió en 1 195.— D. Gonzalo Rodrí- 
guez, en 1 203.-0. Gonzalo Ordóñez, en 1 204.— D. Suero Rodríguez, renunció en 
130$. — D. Sancho Rodríguez, fallecido en 1 2 06.— D. Fernán González Marañón, sir- 
vió al rey de Castilla contra el de Navarra, y contra los moros al de Aragón, de quien 
obtuvo á Montalbán, murió en 1 2 10.— D. Pedro Arias, en 12 12.— D. Pedro Gonzá- 
lez de Aragón, en 1 2 1 3, sepultado en Alarcón.— D. Garci González de Candamio, 
cisma en León, murió en 1 2 24.'-D. Fernán Pérez Choci, disensiones entre los clé- 
rigos y los caballeros de la orden, 1225.— D. Pedro Alonso, hijo bastardo de 
Alfonso IX de León.— D. Pedro González Mengo, sostuvo contra Fernando III el 
partido de sus hermanas las infantas de León, y le acompañó luego en la conquis- 
ta de Übeda y Córdoba; m. en 1236.— D. Rodrigo íñiguez, en 1242.— D. Pelayo 
Pérez Correa; dícese que en 1 246 trató con Balduíno II, emperador de Oriente, de 
ir en su socorro con 300 caballeros nobles, que fundó conventos de la orden en 
Hungría y Lombardía, y que en un combate contra los moros al pié de Sierra-Mo- 
rena, exclamando Santa Marta deten tu dia, hizo parar el sol, edificándose en me- 
moria una iglesia á Nuestra Señora de Tudía; se duda si está sepultado allí ó en 
Talavera; m. en 1275.— D. Gonzalo Ruiz Girón, en 1280. — D. Pedro Muñiz, en 
1 284.— D. Gonzalo Martel, m. á los tres meses.— D. Pedro González Mata, en 1294. 
— D. Juan Ozórez, en i 306.— D. Diego Muñiz, en 1318.— D, Garci Fernández, re- 
nunció por vejez en i 324.— D. Vasco Rodríguez de Cornado, m. en 1 376.— D. Vas- 
co López, depuesto en el mismo año.— D. Alonso Méndez de Guzmán, m. de enfer- 
medad en el cerco de Gibraltaren 1 242.— D. Fadrique, hijo bastardo de Alfonso XI 
y de la Guzmán; suscitó cisma contra él con la protección del rey D. Pedro, D.Juan 
García de Villagera, hermano de la Padilla, que fué vencido y muerto en un en- 
cuentro entre Uclés y Tarancón en i 3 «; 5 ; D. Fadrique m. en 1 3 58.— D. Garci Al- 
varez de Toledo, en competencia con D. Gonzalo Mejía, renunció en 1366.— Don 
Gonzalo Mejía, m. en 1 37 1.— D. Fernando Osórez, m. en 1 383.— D. Pedro Fernán- 
dez Cabeza de Vaca, m. de peste en el sitio de Lisboa en i 384.— D. Pedro Muñiz 
de Godoy, m. peleando con los portugueses en Extremadura en 1385.— D. Garci 
Fernández de Villagarcía, m. en 1 387.— D. Lorenzo Suárez de Figueroa, en 1409. 
— D. Enrique, infante de Aragón, desde la edad de 9 años; en 1422 se dio en ad- 
ministración el maestrazgo á D. Gonzalo Mejía, y en 1430 á D. Alvaro de Luna; m. 
el infante en 144$.— D. Alvaro de Luna, degollado en 1453.— Tuvieron la admi- 
nistración del maestrazgo Juan II y Enrique IV, quien lo dio ásu valido D. Beltrán 
de la Cueva en 1463, mas hubo éste de renunciarlo en el infante D. Alfonso. — 
D. Alfonso, murió en 1468, pero al nombrarle rey los rebeldes, hizo elegirse maes- 
tre D. Juan Pacheco en 1467, falleciendo en 1474.— Su hijo D. Diego, aunque 
apoderado de Uclés, no fué reconocido como maestre, sobre cuya dignidad compi- 
tieron D. Rodrigo Manrique y D. Alonso de Cárdenas, quien se quedó con ella por 
muerte de su rival, y fué el postrero que la obtuvo. 



CUENCA 345 



visitas de 1 480, estaba una torre que se decia de las campanas^ 
la qual torre físo derrocar Alvar Gomes teniendo la fortaleza, y 
á cabsa de la dicha torre estava en peligro la capilla si no se 
remedia. En ella está el altar mayor, en el qual está un retablo 
grand y bueno y bien rico, en el qual está la imagen de señor 
Santiago, e están en él tres estorias, la una de señor Santiago^ 
e la otra del nacimiento de N. S., e la otra de su Pasión; e en 
el cuerpo de la dicha iglesia están otros tres altares con* tres 
retablos pequeños. £ al cabo de la dicha iglesia está un coro 
muy bueno e bien obrado en el qual están 3 2 sillas sin la del 
prior, muy bien labradas, de buena madera entretallada, e la 
silla prioral en medio muy bien obrada, e en medio del dicho 
coro está un facistor con tres atriles pequeños, e adelant de las 
dichas sillas están sus antepechos e escanyos de la misma obra 
e madera.» Sigue luego hablando de los pequeños órganos 
dados á la iglesia por el maestre D. Rodrigo Manrique, de la 
sacristía ó revistarlo cubierto á la sazón de teja y madera, de 
los libros, ornanientos y relicarios, y continúa: tltem se falló 
que el prior D. Juan Velasco falló en el dicho convento e igle- 
sia e aposentamiento muchas cosas que era necesario reparar 
e reedificar, en especial mandó cobrir... de un suelo de yeso e 
madera, que después fué derribado en el cerco de la fortaleza 
de la villa, todo con la iglesia e casa; e el dicho prior lo tornó 
todo á hazer y reedificar, en que fizo la iglesia de bóveda, e cu- 
brió los dormitorios nuevo e viejo de teja e madera con la sala 
de aposentamiento que dizen del prior, que todo estava hondi- 
do con los tiros de las culebrinas, e alzó la iglesia fasta estado 
y medio con la dicha bóveda, alzando las paredes de yeso e pie- 
dra... y en este y otros reparos se gastaron mas de 30,000 
tejas. ítem fiso la portada de la capilla de S. Agustín., y la ga- 
rita de la torrecilla., y las puertas del castillo de la portería, y 
reparó el adarve y puerta de los vizcainos, y puso dos pares de 
puertas porque las unas quemaron los de la fortaleza. » 

Perjudicó á la conservación de los venerables muros su pro- 

44 



■5-l6 CUENCA 

pía celebridad y opulencia, y la estimación y celo de los mo- 
narcas sus nuevos amos, y al correr sucesivamente sus obras á 
cargo de los más acreditados arquitectos reales, que ensayaron 
cada uno en ellas su sistema favorito desdeñando el de sus an- 
tecesores. Empezó la restauración hacía 1528 por el ladoorien- 




UCL.ÉS.— Antigua casa n 



i Orden de Santiago 



tal en el ábside del templo y lienzo inmediato, donde se advier- 
ten los estribos de aquél adornados con nichos , columnas 
abalaustradas y estatuas de reyes, y salpicado este sin regula- 
ridad ni simetría con dos órdenes de ventanas platerescas, pre- 
ciosas algunas por la delicadeza de sus medallones, figuras y 
trofeos, entre los cuales predomina la venera de Santiago. 
Corresponden dichas ventanas á la sacristía y refectorio, la una 
cubierta xon bóveda de crucería, el otro con sencillo artesonado 
que lleva la data de 1548; y al aposento prioral pertenecen los 



I 

i 

i 

CUENCA 

r ' 



347 



balcones menos elegantes que coronan la fachada, asentando 
sobre primorosa cornisa. A la renovación del templo puso mano, 
al empezar el reinado de Felipe II, Gaspar de Vega, cuyas tra- 
zas siguieron Pedro de Tolosa (i), Diego de Alcántara, Francis- 
co de Mora, Bartolomé Ruiz y otros varios, acercándose cada vez 
más al severo estilo de Herrera, que imprimió acaso en la obra el 
sello de su poderosa mano. Las dos torres, que decoradas con 
arcos y pilastras, coronadas de balaustres y de agudo chapitel, 
flanquean la fachada de poniente; la cuadrada cúpula que entre 
ambas descuella con igual remate, ostentando un gallo entre la 
bola y la cruz de su veleta ; la portada principal y la del norte, 
formada ésta por columnas dóricas y jónicas, y aquella por 
otras corintias y compuestas, con nichos en los intercolumnios 
y frontón triangular por cimera , recuerdan en menor escala las 
grandezas del Escorial ; pero la iglesia blanqueada por den- 
tro, aunque revestida de pilastras estriadas con el desahogo de 
crucero y cúpula, no merece entre las de su género singular 
elogio. Menos todavía es el que se debe al retablo principal 
contagiado ya de barroquismo (2), y al mezquino panteón situa- 
do bajo el presbiterio ; los restos de sus ilustres difuntos, infan- 
tes, caballeros y sacerdotes, desde el poderoso D. Alvaro de 
Lara enterrado allí casi de limosna por la generosa piedad de 
su enemiga la reina Berenguela, carecen de epitafio y losa ; y 
sin la afiligranada silla del maestre que en una de las capillas 
yace arrumbada con cierto retablo gótico de la Virgen y varios 



(i) Por fallecimiento de Vega en 1 576 fué nombrado para continuar la obra 
según sus trazas, con el salario de 60,000 mrs. al año, Pedro de Tolosa, que ha- 
bía sido aparejador en la fábrica del Escorial. Consta de los libros del convento, 
según Ceán Bermúdez, que en 66 años se gastaron 170,000 ducados en la obra 
del cuarto nuevo, 180,000 en la iglesia, sacristía, panteón y lonja, y 80,000 en 
reparos. 

(2) Hízolo en 1 668 Francisco García Dardero, natural de Quintanar, por 9 $00 
ducados. Ocupa el centro de él un buen cuadro de Francisco Ricci que representa 
á Santiago, pintado en 1672 por precio de 1000 ducados y 600 reales de 
guantes. 



^4^ CUENCA 



antiguos jaeces y armaduras, nadie se creyera en un sitio de 
históricos recuerdos. 

En 1598 conservaba todavía el edificio, aunque renovado, 
mucha parte de sus antiguas memorias, según aparece de la 
siguiente relación que se hizo en aquel año, y que hallamos 
entre los restos del archivo: «La capilla mayor es una torre de 
25 pies de ancho, y sus paredes tienen de grueso de 8 á 11 
pies. Cerca del altar mayor al lado del evangelio una sepultura 
rasa en el hueco de una pared, donde están el infante D. Ma- 
nuel, hijo de S. Fernando, y D.* Constanza, hija del rey D. Jai- 
me y de la reina Violante. Al lado de la epístola otra sepultura 
metida con un escudo de barras de Aragón, donde se dice están 
los infantes de Aragón ; bájase de este altar con siete gradas. 
En sepulcro de alabastro con su bulto está D. Rodrigo Manri- 
que, maestre de la orden, y en mitad de la iglesia su hijo el 
célebre Jorge Manrique, comendador de Montizon. Al lado del 
evangelio hay una puerta que sale al claustro de los caballeros, 
separado por un zaguán del de los clérigos, en el cual á mano 
derecha están unos sepulcros metidos en la pared, unos en pos 
de otros; el primero es del prior D.Juan de Velasco. Luego 
está otro sepulcro raso que tiene encima por armas un león, y 
en la pared escrito : «Aquí yace la muy magnífica señora la in- 
»fantaD.^ Urraca, la cual dio á Buenameson á este convento 
» porque tengan cargo de rogar á Dios por su ánima.» Mas ade- 
lante están enterramientos de caballeros. Por este claustro se 
entra á la sacristía que era antes capilla de S. Agustín y es de 
bóveda de cal y canto, en la cual están enterrados los maestres. 
Por otra puerta se entra al refectorio, pieza larga y bien her- 
mosa, en cuya techumbre de artesones hay entalladas figuras 
de freyles, clérigos y caballeros, y estos están armados, y las 
espadas en las manos y en medio el pecho en forma de cruz 
por hábito ; y en la cabecera el emperador Carlos V también 
armado, con una espada en la mano y el mundo en la izquierda. 
Está este claustro cubierto de buena madera y pintado en su 



CUENCA 349 



techumbre con lazos y labores de blanco, azul, vermejo y mora- 
do bien agradable á la vista, y muestra en sí grandeza, porque 
también entre los vacíos del enmaderamiento están las armas 
reales y la cruz en forma de espada y la de cuatro brazos igua- 
les sembrado todo de muchas- veneras. En las paredes hay pin- 
tados muchos pasos de la vida y pasión del Salvador, de su 
resurrección y ascensión, de la venida del Espíritu Santo y asun- 
ción de Nuestra Señora. Tiene este claustro de ancho por los 
lados de oriente y poniente como 90 pies, y los de mediodía y 
septentrión 115 cada uno, y el ámbito tiene de ancho 13 pies. 
De este claustro se sube á la claustra alta, la cual tiene la te- 
chumbre de pino, y los tres claustros están abovedados, y entre 
tirante y tirante está la cruz en forma de espada... La iglesia 
nueva que se va fabricando está muy crecida ; tiene de lar- 
go 229 pies y medio y de ancho 42, y cinco capillas á cada 
lado. Debajo de la capilla mayor está el sepulcro para enterrar- 
se los freiles; tiene de sitio tanto como la capilla mayor, colate- 
rales y cabecera, y dícese está hecho á imitación del santo de 
Jerusalen en proporción y distancia.» En dicho año de 1598 se 
puso el chapitel y veleta del cimborio. 

El claustro perdió igualmente su enmaderada techumbre y 
3us pinturas, reformado en tiempo de Carlos II conforme al de- 
generado gusto que se observa en sus arcos y balcones, en el 
brocal de su fuente, y sobre todo en la monstruosa y absurda 
portada que introduce al convento por el lado de mediodía (i). 
De tantas y tan heterogéneas obras, asentadas sobre un mo- 
derno baluarte en cuyo muro se perdían las almenas, resulta un 



(i) Obra del mismo reinado, aunque más regular, parece asimismo el lienzo 
de poniente, según la inscripción que en una de sus piedras se lee, á saber, que 
«echándose los cimientos en martes 2 de noviembre de 1679, arrolláronse los 
ereros y mataron cinco hombres.» En el interior del edificio se ven obras todavía 
posteriores, tales como el archivo, al cual se entra por la sala capitular, reparado 
y arreglado en la época de Carlos IV, cuyos cajones se hallan casi vacíos desde la 
invasión de los franceses, y la biblioteca, pieza vasta y de suntuosa estantería, 
cuyo techo con molduras de yeso está en parte hundido. 



350 CUENCA 



desacorde conjunto nada monumental, nada belicoso, y que co- 
rresponde sin embargo á las vicisitudes y mudanzas que la orden 
ha sufrido, pasando su gloriosa cruz desde militar insignia á es- 
téril condecoración, y desde la coraza del caballero al traje oficial 
del funcionario {a). No la memoria de antiguos é ilustres servicios, 
sino la democrática vanidad, la más insaciable de todas, es la 
que ha salvado al través de la revolución estas ya difuntas ins- 
tituciones de lo pasado, inmolando otras llenas aún de vida : las 
CQsas la molestan, los títulos la halagan. 

Cedida por Felipe II en 1567 la fortaleza de Uclés para en- 
sanche del convento, sólo conserva hacia la entrada del medio- 
día su almenada torre, donde los moros cautivos eran encerrados 
3egún fama, unida por un puentecillo con otra menor que se 
apellida de la p/a¿a y diz que comunica secretamente con el 
pueblo. Desde allí por la cresta de la altura tira al sur un mura* 
llón flanqueado de torres, terminando en la que dicen a/óarrana, 
que reemplazó á la primera, después de la cesión indicada, en 
la custodia y defensa de la villa. Cubría la rápida y estrecha 
pendiente occidental, trocada ahora en huerta, el barrio de la 
Estremera con sus dos parroquias de San Nicolás y Santiago» 
hasta la antiquísima muralla sembrada de torreones que por 
fuera baña el arroyo Bedija (i). Á melancólicos pensamientos 
convida el espectáculo de aquellas ruinas solitarias y la ondulo- 
sa y rojiza extensión del horizonte donde el sol se oculta, san- 
griento teatro de una aciaga desventura recordada por el nom- 
bre de Szcuendes que la comarca lleva, como fúnebre epitafio de 
los siete condes que en ella fenecieron. 

Amanecía el 30 de Mayo de 1 108 ; y de los muros de Uclés» 
que por sorpresa poco antes ocuparan, salían los almorávides 



(a) Hoy día ocupa el edificio y la iglesia una Comunidad de la Compañía de 
Jesús, que ha hecho considerables obras de restauración y conservación. 

(i) Nótase al mediodía una puerta tapiada cuyo arco parece de herradura, y 
arrimado á la cerca un pilar insignificante que el vulgo cree puesto en memoria 
de uno de los infantes de Lara que allí supone enterrado, confundiéndolo proba- 
blemente con el príncipe D. Sancho, hijo de Alfonso VI. 



CUENCA 351 



con la furia de leones acosados contra la numerosa hueste de 
cristianos que acudía á cercarles en la fortaleza. Temim, el her- 
mano del nuevo califa Alí, estaba al frente de los sarracenos; el 
hijo de Alfonso VI y de la convertida Zaida, el príncipe Sancho, 
mancebo de once años apenas, fué dado por jefe á las armas de 
Castilla, tesoro ¡ ay ! con harta temeridad conñado al azar de una 
batalla (i). Agolpóse el ímpetu de la pelea en derredor del 
tierno infante y de su ayo D. García, conde de Cabra, á quien el 
monarca le había encomendado. — ¡Padre^ padre, gritaba aquel 
á su tutor, herido está mi caballo! Aguarda, le respondía el con- 
de, no te hieran también á ti. — Cual águila que protege bajo sus 
alas al polluelo presentando al agresor su encorvado pico, saltó 
del corcel D. García, colocó al real pupilo entre su cuerpo y su 
escudo, y batióse desesperadamente largo rato, trazando con la 
espada en torno suyo un círculo de matanza ; cortado empero 
su pié por un alfanje, vaciló y vino al suelo cogiendo al infante 
debajo, recibiendo mientras pudo las heridas, y amparándolo 
todavía con su inerte cadáver. Los demás condes huyeron ; Gar- 
ci Fernández, Martín y algunos otros hasta siete, alcanzados 
por los muslimes, sucumbieron en aquel lugar, que el vencedor 
por afrenta denominó de los siete puercos. Veinte mil guerreros 
quedaron tendidos en la llanura. Lloró su muerte Castilla, lloró 
sobre todo la del joven príncipe, en quien fenecía su esperanza, y 
la descendencia varonil de ífiigo Arista; y su llanto corrió veinte 
años, amargado por el fallecimiento del anciano rey y por las 
incursiones de los sarracenos y por las liviandades de la reina 
Urraca, y por la opresión del aragonés, hasta hallar su consuelo 
en Alonso VII, primer retoño de la nueva dinastía. 



(i) Las historias arábigas, que dan muchos pormenores de esta jornada, ex- 
presan que Alfonso envió su hijo á la frontera por consejo de su esposa, que debía 
ser madrastra del principe, pues su madre Zaida había ya fallecido. En cuanto á 
la fecha convienen con nuestros antiguos anales, reñriendo el triste suceso al 
año 1 108 y no al 1 109 como equivocadamente pone Mariana y otros que le han 
seguido. 




CAPÍTULO IX 

Tarancón; au partido Judicial ; persoiiajes célebres par su saber; otros por sus 
travesuras. — Noticias acerca de otras villas importaates 

* 'y^ufi Tarancón uno de los pueblos que respondieron al 
,jn llamamiento hecho de real orden en tiempo de Felipe II 
para comenzar la estadística de España, y no se mostró en ello 
perezoso aquel pueblo, pues contestaba en 27 de Diciembre 
de 1575. El principal en su redacción era el doctor Perusa, cuya 
casa era entonces la principal del pueblo y en ella habían mo- 
rado el Emperador al venir de Monzón, y otros príncipes ex- 
tranjeros {a). 



¡r de Valencia á Guadalajara y Ma- 



354 CUENCA 



* Citando á Rades decían, que Tarancón había dependido 
de Alharilla (a)^ pueblo de la orden de Santiago, donde estuvo 
la orden antes de trasladarse á Uclés. Alharilla quedó despo- 
blado y Tarancón llegó á ser villa importante en 1537 por un 
servicio en dinero que hizo al Emperador: había aumentado su 
población hasta setecientos vecinos desde doscientos cincuenta 
que tenía á ñnes del siglo anterior. 

* Señalóse también Tarancón en los principios del reinado 
de los Reyes Católicos oponiéndose á los desmanes y tiranías del 
intruso Lope Vázquez de Acuña, que vino á ser por la Mancha de 
Cuenca lo que Carne de Cabra por la Alcarria de Guadalajara 
y su campiña : con cien escuderos que levantó á su costa tuvo á 
raya á los lacayos de aquél. 

'*' La relación citaba la multitud de personajes célebres 
oriundos de Cuenca; entre ellos á Melchor Cano, cuyo linaje tenía 
en la parroquia una buena capilla al lado del Evangelio, y del 
que salieron por entonces ilustres personajes, religiosos, letrados, 
jurisconsultos y guerreros. Cita como natural de allí, aunque 
hija de padre francés, á la célebre humanista Luisa Sigea, á la 
que por diferentes conceptos reclaman también Toledo y Coím- 
bra, como dama de la reina de Portugal: poseía muchos idiomas 
y además era muy discreta. 

* Pero aún son más curiosas las noticias de otros que ad- 
quirieron nombradía por sus travesuras y malas mañas. Fué el 
uno de ellos un tal Andrés de Bustamante, que se fingió obis- 
po ó titular (6) de Belén, aprovechando las Bulas de un obispo 
llamado Rodrigo de Bustamante, que murió en la misma nao en 
que el Andrés volvía á España de las campañas de Italia (¿r). 

* El otro se llamaba Francisco de Molina ó Molinilla, y por 
apodo el Marquesillo^ pues se fingió hermano del marqués de 



(a) Alharilla, á tres leguas y orillas del Tajo, era ya un despoblado antes 
dci«;75. 

(^) De anillo le llamaba la relación, según la frase de entonces, 
(c) Por entonces se habló del falso Nuncio de Portugal. 



CUENCA 355 



Cañete, y otras veces se hizo pasar por hijo del secretario Eraso, 
cuando éste privaba con el monarca. Era Molinilla tramposo, 
escamoteador con puntas de ladrón, bien que si era jugador, mu- 
cho tenía adelantado para el oficio. Echáronle á galeras por sus 
bellaquerías y malas mafias, y se halló en la batalla de Lepanto, 
y no como galeote, pues le desamarraron para que pelease, sa- 
biendo su valor, y lo hizo con tanto denuedo, que ganó de botín 
más de setecientos ducados; pero con tan mala suerte, que se 
los jugó en el mismo día, y vista su incapacidad de enmienda y 
posibilidad de que volviera á sus vicios y picardías, fué preci- 
so volverle al remo. 

* En nuestros días ha dado no poca nombradía á Taran- 
con otro ilustre personaje, D. Fernando Muñoz, casado morga- 
náticamente con la reina-gobernadora D.^ María Cristina de 
Borbón, y honrado con el título de duque de Rianzares y muchas 
condecoraciones. Su elevación inesperada y novelesca no le hizo 
perder su inclinación nativa, y mejoró mucho la condición del 
pueblo, construyendo palacios y jardines cerca del santuario de 
Nuestra Señora de Rianzares (¿x), con envidias de los pueblos 
comarcanos que llamaban á Tarancón la corte manchega, y no 
mucha satisfacción de los paisanos, que le acusaban de no satis- 
facer todas sus ambiciones {6). 

* Doce villas de este territorio respondieron al llamamien- 
to que se hizo en 1575, pidiéndoles datos estadísticos y noticias; 
las relaciones de algunos de ellos son bastante curiosas. La ma- 
yor parte de estas villas eran pobres aldeas en el siglo xv y 
habían medrado en el xvi eximiéndose. 

* Barajas de Meló en su relación de Diciembre de 1578, 
le apellidaba tBaraxas de Cuenca». Era de la jurisdicción 
de Huete y la eximió el Emperador hacia el año 1550, hacién- 
dola villa realenga. Al dar su relación contaba con 350 vecinos. 



(a) Río de ánades ó gansos, según su etimología. 

{b) Murió en Havre de Gracia en 1876, y fueron traídos á la villa sus restos 
mortales. 



356 CUENCA 



cuando poco antes de su exención apenas llegaban á 130 {a). 
Fundada en terreno calizo y escasa de aguas dulces, las tiene 
salobres en gran abundancia. Cerca del pueblo nace el río Cal- 
vache, que brota de una piedra por numerosos caños, y después 
de saludar al pueblo y fertilizar su modesta vega y huertecillos^ 
va á morir al Tajo que allí cerca separa los límites de este terri- 
torio de los de la Alcarria de Guadalajara. 

* También había aumentado la villa de Horcajo de San- 
tiago, que por ser de aquella orden y dependiente de Uclés, se 
tituló así. En su relación acreditaba 270 vecinos, entre ellos 
cuarenta hidalgos con ejecutoria (6). De allí decían era natund el 
célebre Céspedes, el de las hercúleas fuerzas (c). En cambio ha- 
bía absorbido el Horcajo la población de Belmontejo, ya despo- 
blado en 1576 al dar su relación. 

"*" Huelves y su castillo recordaban épocas bien distintas. 
En el siglo xi se llena aquel territorio con las fazaftas del Cid 
y su sobrino Alvar Fáñez á uno y otro lado del Tajo, y con la 
fundación de los castillos de Aravia, Almenara y Alvaráfiez y el 
asombroso salto de la yegua (d). Mas á fines del siglo xv vuelve 
á presentarse por aquí la revoltosa familia de los Acuñas, que 
prevalidos de la funesta influencia de su jefe el arzobispo Ca- 
rrillo sobre el ánimo de Enrique IV, más impotente de alma 
que de cuerpo, le da á su hermano Lope Vázquez de Acuña el 
señorío de Huete, con sus aldeas, y entre ellas la de Huelves, 
cuyo castillo fortificó con el nombre de Costil de Cuña^ donde 
eran encerrados y atormentados los de Huete y toda aquella co- 
marca vejada por sus tiranías y sublevada contra ellos; y allí 



(a) Hoy día tiene 1,670 habitantes. Allí nació D. Fermín Caballero, célebre 
geógrafo, político y notable literato que ha publicado las vidas de varios conquen- 
ses célebres. 

(Jb) Hoy día cuenta con 2,$ 5 2 habitantes, que tienen fama de industriosos, li- 
bres ya de la plaga de los cuarenta hidalgos. 

(c) Allí nació también en el siglo pasado el délebre escritor Hervas y Panduro, 
jesuíta, conducido á Italia al tiempo de la expulsión de su orden del territorio 
español. 

(d) Véase el capítulo V de esta segunda parte. 



CUENCA 357 



hubieron de refugiarse el arzobispo y el de Villena, cuando inten- 
taron en vano entrar en Huete. Derrotados en Toro los partida- 
rios de la Beltraneja, hubieron de ceder los rebeldes y someterse 
ellos y sus territorios á los Reyes Católicos en 1476. 

* Mas poco lograron con eso los de Huelves, pues contí-. 
nuando la funesta política de vender vasallos como quien vende 
carneros, después de haber desamortizado y mal vendido todo 
lo que por aquí y otras partes tenían las órdenes militares y los 
cabildos, comenzaron los Reyes á vender villas y aldeas, dismi- 
nuyendo con eso los ingresos del Tesoro y rentas Reales, y aun 
esto, bien mirado, fué un adelanto, pues el Emperador y su hijo 
vendían por dinero lo que sus antecesores prodigaban de barato.. 
Y con respecto á Huelves resultó que Felipe II, en 1 560, vendió al 
arcediano de Alarcón, D. Marcos de Parada, el pueblo de Huelvea 
con su jurisdicción y seftorío, pues las tercias y alcabalas estaban 
ya vendidas al mismo desde el año anterior, y para ello se exi- 
mió á la aldea de la jurisdicción de Huete, se la erigió en villa, 
se le señalaron y acotaron términos y linderos con citación de 
los pueblos colindantes. 

* La venta del ganado humano de Huelves no se hizo por 
cabezas sino por vecinos ; á los clérigos, hidalgos y viudas se los 
calculó por medios vecinos ; así que habiendo en el pueblo tres 
hidalgos, se los computó por vecino y medio, viniendo á resul- 
tar cincuenta vecinos que pagó el arcediano,^ probablemente con 
las rentas del arcedianato, que no le daba la Iglesia para com- 
prar vasallos. ¡ Tales eran aquellos felices tiempos ! En cambio 
tenemos ahora otras plagas políticas que no conocieron ellos. 

^ Uno de los pueblos colindantes citados para el deslinde 
de términos con Huelves, fué la inmediata villa de Leganiel, si- 
tuada ya cerca del Tajo, cuyas aguas bebe, por ser las suyas 
escasas y salobres, partiendo términos con la alcarrefía Illana, 
ya dentro de la provincia de Guadalajara. Próximo á éstos se 
halla también el pueblo de Belinchón, con sus salinas, que eran 
de la corona y no poco productivas. 



358 CUENCA 



* Á las inmediaciones de la villa de Almenara, sobre un 
alto cerro de la sierra Jaramefía, está un castillo, que probable- 
mente serviría de atalaya y torre de señales, cuando Alvar Fá- 
fiez andaba por aquellas tierras. La relación que la Puebla de 
Almenara dio acerca de su estado en 1578, expresaba que la for- 
taleza estaba todavía en pié y que tenía tres puertas, además de 
la que daba paso desde la cerca, y está guarnecida con seis cu- 
bos y cien almenas, patio enlosado y con aljibe, cuadras para 
cien caballos, torre de homenaje y almacenes con armas viejas 
y nuevas, ballestas, rodelas, escopetas y cuatro tiros ó cañones 
de hierro, dos pequeños y dos algo mayores. Á los tiempos de 
D. Alfonso el Batallador remontaba su orígen la tradición que, 
aunque verosímil, no lo es en la fecha de 1 1 19 que le daban {a). 
Por lo que hace al título de Puebla, parece que se refiere á la 
carta-puebla que en 1370 dio D. Juan Manuel, hijo del infante^ 
á los que vinieran para avecindarse. Al dar su relación era la 
Puebla de la princesa de Éboli y contaba con ciento sesenta 
vecinos. 

^ Próximo á la Puebla y sierra de Jarameña está Villanía- 
yor de Santiago que en otro tiempo se llamó Chozas {¿). Mejo- 
rado su caserío y aumentada la población, hízola villa el maestre 
Don Basco Rodríguez en Agosto de 1366, y entonces debió to- 
mar el título ilustre que ahora lleva. Su relación de Diciembre 
de 1575 expresa qiie tenían un convento de Beatas Dominicas 
sin clausura y una fundación para un preceptor de gramática. 

* Llegó á estar murada y con castillo, que se apoyaba en 
la sierra Jarameña {c), enlazando con las de Cuenca por la veci- 
na Puebla de Almenara y Palomares y por las de la parte del 
Guadiana por la Mota y Campo de Criptana. 



(a) En ese año no se metía D. Alfonso el Batallador por aquellas tierras, aiin- 
que sí en las de Molina. 

{b) Así lo dice su relación dada á 3 de Diciembre de 1575. De Belmonte se 
dice lo mismo en el capítulo siguiente. 

(c) La relación expresaba que la sierra Jarameña comenzaba en Hontanaya y 
terminaba en las dehesas de Villalba. 



CUENCA 359 



* Próximo á Uclés, y dependiente de la orden, se halla el 
pueblo de Saclices, el cual con el título de San Hélices (clara 
contracción de San Félix ó Felices) (a)^ se eximió hacia el 
afto 1557, según la relación de Diciembre de 1575, teniendo en- 
tonces 1 60 vecinos, entre ellos once hidalgos. Hablase en ella 
de unas grandes ruinas de una ciudad quemada, de la que se 
habían llevado muchas piedras y figuras al inmediato convento 
de Uclés. Aludían á las del cerro de Cabeza del Griego (ó). 

* También Torrubia del Campo {c) se eximió de Uclés 
en 1558: antes de aquel tiempo tenía unos cien vecinos, que al 
dar su relación estadística en 1575, habían aumentado hasta 
doscientos veinte. En un despoblado inmediato, llamado Sicuen- 
des, se dio la funesta batalla que comunmente se llama de Uclés, 
y aún con más frecuencia de los Siete Condes, pues murió en 
ella el infante D. Sancho, hijo de Alonso VI, con su ayo el conde 
de Cabra y otros seis condes más, como queda dicho. 



(a) El Sr. Muñoz Soliva, entre sus muchas y divertidas extravagancias etimo- 
lógicas, da una harto grotesca á Saclices. Lo mismo aquí que en Castilla la Vieja 
solían llamar San Felices á San Félix. 

(t) Véase su descripción en el capítulo siguiente. 

(c) Hay otro Torrubia llamado del Castillo, en el partido de San Clemente. 



!fe^É^ 



^^j i-fe 



m^<^^^, 




CAPÍTULO X 



Ruinas de Cabeza de Griego. —Ergávlca. —VlUaescusa, —Belmonte 



*^^ECUERD0S sin vestigios acompañan por aquellos campos al 
^ICi pensativo viajero, vestigios sin recuerdos le detienen dos 
leguas más abajo sobre la orilla del Jígüela á corta distancia de 
Sahelices. Allí en lo alto de una muela aparecen señales y res- 
tos aón de construcciones romanas, murallas, torres, anfiteatro, 
pórticos, templos y acueductos; allí la tierra arroja lápidas se- 
pulcrales y fragmentos de arquitectura ; y no lejos de aquel 
sitio se reconoce por varios relieves de caza é inscripciones un 
pequeño santuario 6 delubro de Diana: pero cuando más enteros 
y copiosos, ya no pudieron estos monumentos revelar á los an- 
ticuarios y eruditos del siglo xvi á qué antigua ciudad pertene- 
cían. Cabeza de obispado en la época de los godos la acreditan 



362 CUENCA 



la iglesia subterránea y el sepulcro de sus prelados Sefronio y 
Nigrino que en el siglo pasado se descubrieron (i); y desde en- 
tonces sólo Ergávica y Segóbriga se disputan el derecho de dar 
nombre á sus ruinas. En ellas s6 albergó durante la Edad me- 
dia un pequeño lugar titulado Cabeza de Griego, del cual sola- 
mente queda la vieja ermita de San Bartolomé, hoy dedicada á 
la Virgen de los Remedios. Desapareció el mísero arbusto al 
par de la corpulenta encina en cuyo solar había crecido, sin que 
su existencia sirviese al menos de eslabón para transmitirnos la 
memoria de la primera. 

A la otra parte del Jigüela encréspase el terreno vestido de 
carrascales, y no tarda en asomarse sobre la izquierda el des- 
trozado castillo de Almenara flanqueado de redondos torreones 
y ceñido de barbacana. Pueblos infelices, como Hontanaya y la 
Osa, sucédense á largas distancias en dirección á mediodía; dos 
empero son los que brillan por sus monumentos en aquella 



( I ) Entre muchos fragmentos de lápidas aparecieron en dicho sitio los siguien- 
tes epitafíos: Hic sunt sepulcra sanciorum, y abajo en otra línea: Nigrinus episc, 
Se/ronius episc,^ y en seguida estos dísticos en honor del segundo, que supo- 
niendo algunas letras borradas y defectos ortográficos de la época, pueden leer- 
se así : 

Sefronius tegitur tomólo antistes in isto, 

Quem rapuit populis mors inimica suis. 
Qui meritis sanctam peragens in corpore vitam, 

Creditur etherise lucís habere diem. 
Hunc causae miserum, hunc quaerunt vota dolentum 

Quos aluit semper voce, manu, lacrimis. 
Quem sibi non sobrium probabit transitus iste, 

.^ternum queritur sustinuisse malum. 

El nombre de Sefronio discrepa muy poco del de Sempronio, obispo Arcavi- 
cense que asistió á los concilios XII y XIII de Toledo, y he aquí una razón más para 
reducir á Ergávica las ruinas de Cabeza de Griego. Morales se hizo cargo de los 
fundamentos de esta opinión, que rechazó sin impugnarla, por haber formado la 
convicción de que Ergávica existía á orillas del Guadiela en Santaver ó en Peña- 
escrita. En cuanto al obispo Nigrino pudo ser uno de los muchos cuya memoria 
se ha perdido, pues de los de Ergávica sólo son conocidos los siguientes por sus 
firmas en los concilios toledanos: Pedro en 589,Teodosio en6ío,Carterioen6i3, 
Balduigio en 653, Múmulo en 67 5, Sempronioen 677,Gabinoen686 y Sebastián. 

Sobre las ruinas de Cabeza de Griego puede leerse la memoria del Sr. Cor- 
nide inserta en el tomo III de las de la Academia de la Historia y los varios opús- 
culos que allí se citan. 



CUENCA 363 



adusta y monótona comarca. Villaescusa de Haro, solar de la 
familia de los Ramírez, en prelados bien fecunda (i), les debió 
protección constante y espléndidas obras; tales son el palacio y- 
colegio que á la entrada del lugar se arruina lentamente, y cu- 
yos materiales aprovechan los vecinos anticipándose á los agio- 
tistas, el convento hoy cerrado de monjas dominicas, y el de 
religiosos de la misma orden empezado en 1542, en cuya espa- 
ciosa iglesia con ancho crucero, construida según el moderno 
estilo gótico, yace su generoso fundador el obispo D. Sebas- 
tián (2). Pero la más bella y mejor guardada joya que á su pa- 
tria legaron, es la capilla de la Asunción, fundada hacia 1507 
en la parroquia con diez capellanías por el obispo D. Diego. 
Agujas de crestería en sus ángulos, ventanas ojivas en sus lien- 
zos, cabezas de jabalí esculpidas en sus gárgolas, calado ante- 
pecho sembrado de escudos episcopales tras del cual se eleva 
el moderno chapitel rematando en veleta, adornan por fuera su 
polígona estructura ; su entrada á la izquierda del templo fór- 
manla tres arcos festoneados, ojivos los dos y tricurvo el prin- 



(i) Hasta doce son los obispos que cuenta entre sus hijos Villaescusa, casi 
todos del apellido de Ramírez; á saber, los dos de Cuenca ya nombrados, D. Gil 
Ramírez de Calahorra, D. Antonio Ramírez de Haro, obispo de Orense, Ciudad- 
Rodrigo, Calahorra y Segovia, fallecido en i <;49; D. Diego Ramírez Sedeño, obis- 
po de Pamplona; D. Julián y D. Pedro Carlos Ramírez, priores de Uclés y obispos, 
aquél de Ouadix, y este de Gerona: D. Alonso Ramírez de Vergara, arzobispo de 
Charcas; D. García Guillen Ramírez, obispo de Oviedo; D. Alonso Granero, arzo- 
bispo de la Plata; D. Juan de Cuenca, obispo de Cádiz, y D. Fernando López, obis- 
po de Segovia. 

Villaescusa es población antigua según aparece de las monedas romanas y 
fenicias que en su territorio se descubren y de una lápida, de cuya autenticidad 
no respondemos, que decía: Eolia vixü annos LXIII., ecessil anno í^loriosissimi 
gotorum Vitisce regis, 

(2) «Edificóse la fábrica tan suntuosamente, dice el historiador Rizo, que es de 
las más célebres de la orden, porque aun viviendo el obispo se acabó gran parte, y 
dejó diez mil ducados para labrar la iglesia solamente : ella, la sacristía, el claus- 
tro, refectorio, dormitorio, librería y oficinas, son de los más perfectos edificios 
de España. Murió á 22 de enero de i 547.» Fué D. Sebastián obispo de la isla de 
Sto. Domingo, y de allí pasó en 1531 de gobernador y virrey á Méjico, donde se 
portó de manera que dice de él un historiador: «que fué el origen y fundamento 
después del marques del Valle (Hernán Cortés) de todo el bien de aquellos 
reinos.» 



364 CUENCA 



cipal, con pilares, estatuas y dorados guardapolvos en sus ínter- 
medios, cerrados por exquisita reja en cuyo friso se lee: non 
confundas me ab expectcUiane mea; adjuva me y Domine, eí salvus 
ero. Su planta interior cuadrada^ reducida á octógona en la par- 
te superior por medio de cuatro pechinas, parece imitar la de 
la capilla del Condestable en la catedral de Toledo, recordán- 
dola asimismo, aunque con menor pompa, las góticas ventanas, 
el techo de crucería, los caladas antepechos de dos tribunas, y 
los nichos de arco semicircular orlados de follajes y rodeados 
con cadena de piedra. Los más se ven ocupados por retablitos; 
uno empero de los inmediatos al altar cobija las primorosas es- 
tatuas arrodilladas de dos esposos, sobrinos del fundador, cuya 
unión inseparable describe en sentidos versos el epitafio (i). El 
retablo llena todo el muro derecho de la capilla, compuesto de 
numerosos relieves que representan misterios de Nuestra Seño- 
ra, figurando en el centro su muerte y asunción, y de pequeñas 
efigies de reyes y santos en las pilastras divisorias, cubiertas 
así figuras como relieves con doseletes de menuda crestería. En 
el remate y pulseras del retablo y en dos cuerpos laterales al 
parecer añadidos despunta ya el estilo plateresco: por lo demás 
en el ornato gótico se advierte pureza y cierto atraso en la es- 
cultura, al revés de lo que sucede en las obras de aquel tiempo, 
realzando no poco su belleza el brillo del oro y de los co- 
lores. 

Á Villaescusa sin embargo eclipsa el inmediato pueblo de 



(1) Fueron éstos D. Eugenio Carrillo Ramírez de Peralta, cuya madre era so- 
brina del obispo D. Diego, el cual falleció en 1 $70, y su mujer D.* Luisa de Muña- 
tones que mandó hacer las estatuas. Los dísticos de sü epitafio son excelentes : 

Proeclari generis miro splendore nitentes, 

Servarunt priscum fsmina virque decus. 
Una erat amborum pietas, erat una voluntas, 

Ortus et e puris cordibus unus amor. 
Perculit una dies ambo, nox abstulit una ; 

Alterius letum vulnus utrique fuit. 
Ossa sed amborum tegit árida jam lapis una, 

Concordesque animas pars habet una poli. 



CUENCA 365 



Belmente, del cual fué hijo, ó por lo menos oriundo, el dulce, lí- 
rico y elocuente ascético fray Luís de León, cuya Profecía del 
Tajo y Nombres de Cristo marcan el apogeo literario del si- 
glo XVI (1). Era Belmonte una oscura aldea denominada las 
Chozas^ que en el siglo xv bajo el señorío de los Pachecos 
cambió de nombre y se engrandeció rápidamente : su parroquia 
de San Bartolomé en 1459 fué erigida en colegiata por ser ya 
el lugar insigne y populoso, y reedificóla casi desde los cimien- 
tos el poderoso marqués de Villena. La obra encomendada á 
arquitectos vizcaínos, entre ellos á un tal Marquina y á Bonifa- 
cio Martín, alargóse muchos años; pues mientras que el ábside 
se ostenta todavía airoso con sus agudas ojivas y contrafuertes, 
la decadencia del arte gótico aparece en las dos portadas, aun- 
que la severa estatua del apóstol titular y una pequeña clara- 
boya recortada en estrella, comunican á la principal un carácter 
más antiguo. Ya en 1436 se otorgaban indulgencias por los 
padres del concilio de Basilea á los que con sus limosnas con- 
tribuyesen á la fábrica de la sacristía y de la torre, que cuadra- 
da y lisa no ofrece otro rasgo monumental que sus tapiados 
ajimecillos. Pilares gruesos y bocelados, ceñidos á trechos con 
anillos ó collarines, sostienen las tres naves del templo, á las 
cuales vence en altura y gallardía la capilla mayor, de planta 
ultra-semicircular, donde la luz penetra por altas ventanas bor- 
dadas de sutiles arabescos, y donde en elegantes nichos góticos 
recamados de follajes campean las bellísimas estatuas de Alon- 
so Téllez Girón y Juan Fernández Pacheco, padre y abuelo del 
marqués, juntamente con las de sus esposas, mostrando en la 
perfección de las esculturas y en el gusto de su traje y roza- 



(1) Tal es la opinión de Nicolás Antonio que atribuye esta gloría á Belmonte, 
quitándosela á Granada, y que no nos fué posible comprobar con los libros de 
bautismo de la villa» por suponerse trasladados al archivo de Simancas todos los 
anteriores de mediados del siglo xvi; fray Luís de León nació en 1527. Respecto 
del condestable D. Miguel Lucas Iranzu, asesinado en Jaén en 1473, y del celebre 
teólogo jesuíta Gabriel Vázquez, que comunmente son reputados hijos de Bel- 
monte, nacieron ambos en Villaescusa, aunque se criaron en la inmediata villa. 



366 CUENCA 



gantes mantos haber sido ya trabajadas en el siglo xvi. En la 
sillería del coro, que es la primitiva de la catedral de Cuenca, 
completada al tiempo de su traslación con obras posteriores, 
descífranse con placer pasajes del nuevo y del antiguo Testa- 
mento, tosca pero ingenuamente representados; y entre sus ca- 
pillas la de la pila bautismal merece detener al paso la mirada 
del artista y del literato (i). 

Al mismo tiempo que la colegiata erigía el opulento mar- 
qués en su villa natal de Belmonte un convento de franciscanos, 
al cual se añadió en 1627 otro de jesuítas, y dos de religiosas 
franciscas y dominicas, que subsisten ambos^ el último al lado 
de la parroquia con su modesta iglesia del siglo xvi. Sin embar- 
go, la atención principal del ambicioso magnate dirigióse á for- 
talecer la población ciñéndola con dilatado muro, y á construir 
para sí una morada, al par que fuerte suntuosa, en la cúspide 
del cerro que la señorea. 

Consta en el archivo municipal la escritura que en 1 2 de 
Octubre de 1456 otorgó la villa con el marqués sobre la fábri- 
ca del citado muro, y como tan interesante no dudamos trans- 
cribirla. «Conoscida cosa sea á todos los que la presente vieren 
como nos el concejo, alcaldes, alguaciles, regidores, caballeros, 
escuderos, oñciales e omes buenos de la villa de Belmonte, es- 
tando ayuntados en la sala de la dicha villa... e estando presen- 
tes en el dicho concejo Luis Alfon de Belmonte, mayordomo e 
recabdador del muy magníñco e virtuoso nuestro señor D. Juan 



(i) La del primero se fijará en dos retablos, gótico el uno y el otro del renaci- 
miento con pinturas aún puristas, y en la antigüedad de la misma pila, al rededor 
de la cual en letras góticas se lee: agua lavit nos el redem,,, que in sanguine suo 
aqua benedicta sil. El literato no podrá negar su atención al bello dístico que cu- 
bre el sepulcro de Francisco Dávila, canónigo de dicha colegiata y autor de varias 
obras ascéticas y teológicas, fenecido en i6o i : 

Hic infans fuerat vitali fonte renalus, 
Hic situs, hic surget quo redivivus ovet. 

E)n la capilla de S. Pedro y S. Pablo, fundada por los Hineslrosas, dentro de nichos 
hay dos ataúdes negros de madera con escudo de lobos en campo dorado y orla 
de estrellas. 



CUENCA 367 



Pacheco, marqués de Villena, mayordomo mayor del rey nues- 
tro señor, e Pero Lopes e Gil Ferrandes e Ferrant Ramires, 
alcaldes ordinarios... siendo todos llamados e ayuntados espe- 
cialmente para facer e otorgar todo lo de yuso contenido por 
razón que el dicho Sr. marqués compró e ovo del dicho Sr. rey 
una carta de merced e privillejo e franqueza para que todos los 
vecinos e moradores de dicha villa sean francos e quitos e esen- 
tos perpetuamente para siempre jamás de pedidos e monedas e 
moneda forera e otro cualesquier pedidos e tributos e servicios 
e fonsaderas del dicho Sr. rey, salvo solamente de las alcabalas 
del dicho Sr. rey, por precio e pago e satisfacción que ficieron 
de la tercia parte de la villa e fortaleza de Atienza e su tierra 
con todos sus vasallos e con la jurisdicción civil e criminal e 
rentas e pechos... que el dicho Sr. marqués ovo comprado e 
compró del Sr. rey D. Juan de Navarra e de la Sra. reina Doña 
Juana, su muger... E por quanto el dicho Sr. marqués compró 
e ovo la dicha merced para facer bien e merced á todos los ve- 
cinos e moradores de la dicha villa, porque fuese mas ennobles- 
cida e poblada e acrecentada, para lo qual á su merced place e 
quiere que la dicha villa toda sea cercada en derredor de cal e 
de canto fasta la fortaleza que su merced manda facer e se face 
en el cerro de S. Christóbal, e á su merced place de facer e 
mandar facer á su costa la tercia parte de la dicha cerca, e que 
nosotros fagamos las otras dos... á nuestra costa; por ende 
otorgamos e conoscemos de nuestras propias e libres e agrada- 
bles voluntades... que nos el dicho concejo nos obligamos á nos 
mismos por nos e en nombre de todos los vecinos e moradores 
de la dicha villa e su tierra vieja e nueva... e que en la dicha 
cerca gastaremos cien mil mrs. vn. cada un año contando des- 
de i.° dia de enero próximo que viene del año del Señor 
de 1 45 7 años fasta ser acabadas e fenecidas las dichas dos ter- 
cias partes: la qual cerca nos obligamos á facer e labrar en la 
forma siguiente de esta guisa: que la dicha cerca muro de la 
villa se faga de 8 pies en ancho e de 35 en alto demás del ci- 



358 CUENCA 



miento, e mas pretil e menas de 8 pies en alto e 2 en ancho, e 
que se fagan cubos en todo el cerco de la dicha cerca, en mane- 
ra que haya del un cubo al otro 200 'pies e non mas, e que los 
cubos sean del grueso del cubo que agora se face en la puerta 
de Chinchilla, e que suban los dichos cubos 8 pies mas alto del 
macizo de la dicha cerca fasta el macizo del cubo, e dende arri- 
ba de los dichos cubos, pretil e menas del altura e ancho del 
pretil e menas de la dicha cerca ; e que fagan los dichos cubos 
desde el anden de la cerca á cada uno su escalera para subir al 
dicho cubo, e que se fagan sus escaleras á trecho en que suban 
del suelo á la dicha cerca, e que se fagan sus puertas necesa- 
rias con sus cubos para la dicha cerca e villa. £ la parte que 
copo al dicho Sr. marqués para en su tercio es desrde el cubo 
que está en la esquina de la fortaleza nueva fasta el huerto de 
Gonzalo de Grade; e que vaya por derecho fasta el cubo nuevo 
de la barrera de arriba del alcázar viejo, e desde el dicho cubo 
fasta la torre que se dice de Pero Loras que es en la cerca vie- 
ja, e todo lo otro... en cercano fasta la puerta nueva, e de la 
dicha puerta fasta llegar e tomar á la dicha fortaleza nueva 
que son los dos tercios de la dicha cerca que nos el dicho con- 
cejo de la dicha villa avemos de facer (i).» Las puertas que en 
dicha cerca aún existen, son la de San Juan al norte, la de Chin- 
chilla al sur, y al oeste la de Monreal ó Toledo y la del Al- 
mudí. 

Entera permanece aún la almenada cerca, que bajando en 
dos alas del feudal castillo hasta el pié de la colina y remon- 
tando la pequeña loma en cuyo recuesto se extiende el caserío, 
lo abarca todo en sus brazos, enlazando, por decirlo así, la 
suerte del pueblo en los trances de la guerra á la suerte del 
dominante alcázar. Descuella éste sobre su cónico pedestal, no 
enriscado y amenazador cual tiránico dueño, sino paternalmente 



(1) A más de esta su fortaleza de Belmonte edificó el poderoso marqués las de 
Víllena, Almansa, Sax, Garci Muñoz y otras varias. 



CUENCA 369 

accesible de todos lados por suave cuesta, como quien ejerce 
una autoridad pacífica y tutelar, suavizando su belicoso ceño 
con artísticas galas, y flotando al parecer en una dorada at- 
mósfera de poesía. Seis redondas colosales torres, ceñidas de 
modillones en su mayor parte, las unas con escamas, las otras 




con arquitos esculpidos en el vacío de aquellos, forman los pun- 
tos cardinales de su exágona planta, de cuyos lienzos los tres 
son rectos, los tres describen ángulo hacia dentro, trazando en 
cierto modo una estrella. Escalonadas almenas, cual vistosas 
puntas de encaje, coronaban un tiempo sus muros, y corren to- 
davía fantástica y gentilmente al rededor del antemural ó bar- 
bacana, trepando por cima de los torreones exteriores, ó sus- 
pendidas cual aéreas guías sobre la puerta de entrada. Uníca 



370 CUENCA 



es ahora lá que al cercado recinto introduce mirando hacia el pue- 
blo, después que se tapiaron las dos restantes, la una denominada 
del campo frente á la reja de hierro, la otra á^ peregrinos acaso 
por la cruz y por las veneras de Santiago en su dintel esculpi- 
das; y es fama que por una de ellas salió ocultamente de noche 
la Beltraneja (i), princesa desgraciada, prisionera siempre de 
sus mismos defensores, hecha instrumento de la ambición de 
Don Juan Pacheco y de su hijo, y juguete de sus miras tor- 
tuosas. 

Todavía existen dentro del glacis las escaleras levantadas al 
nivel de los adarves, y las aspilleras abiertas en forma de cruz 
ó terminadas abajo en círculo para las ballestas y los arcabuces: 
lo que de castillo tiene el edificio se conserva mejor que su or- 
nato de alcázar, y los vestigios de su fortaleza sobreviven á los 
de su pompa y suntuosidad. Entre dos torreones, de los cuales 
servía de prisión el más saliente, ábrese la segunda portada 
compuesta de un arco rebajado dentro de otro tricurvo, cuyo 
tímpano ocupa gastada efigie de incierta forma^ y cuya concén- 
trica moldura sostiene á cada lado un fénix con el letrero una 
sin par por divisa. Sembrado de escombros aparece el patio, de 
figura aproximadamente triangular, y en pié dos alas de su pór- 
tico, cuyos arcos achatados pero esbeltos, se engalanan con fo- 
llajes y colgadizos que arrancan de las aristas de los mismos 
pilares; el gótico brocal del pozo asoma en medio entre dos 
gruesas columnas labradas en espiral ; las habitaciones bajas, ó 
derruidas ó trocadas en establos, conservan restos de pintura en 
su enmaderado techo, y anchas orlas de elegantes labores va- 
ciadas en yeso al rededor de sus puertas y ventanas. Pero en 
las salas superiores es donde más lamentable y completa ha cun- 



(i j Poco de fíar nos parece esta tradición, pues de la historia no se desprende 
que dicha princesa, sucesivamente custodiada en los alcázares de Buitrago, Ma- 
drid, Escalona y Trujillo, estuviera jamás en Belmonte, ni en vida de D. Juan Pa- 
checo, que murió hacia el otoño de 1474 pocos meses antes que Enrique IV, ni en 
tiempo de su hijo D. Diego. 



CUENCA 




BELMONTE.— Ventana del Castillo 



372 CUENCA 



dido la desolación : hundida yace la galería que sobre el pórtico 
se levantaba ; fáltale á una estancia el pavimento, á otra la te- 
chumbre ; y las grandiosas chimeneas ceñidas de arabescos, las 
gallardas puertas ojivales flanqueadas por agujas de crestería, 
quedan suspendidas al aire sin comunicación entre sí. Más allá 
sólo vestigios se descubren de un magníñco artesonado impuesto 
sobre primorosa cornisa de piedra, esmaltado con estrellas de 
cristal, y en sus matices y combinaciones variadísimo. En el 
hueco de las torres fórmanse pequeños gabinetes, subiendo de 
uno al otro por escaleras de caracol, con grandes inscripciones 
religiosas en el friso y pintados casetones en el techo (i); y al 
través de aquel laberinto de ruinas persevera únicamente in- 
tacto, como para muestra del esplendor antiguo, un cuadrado 
salón destinado antes á capilla. Allí el suelo enlosado de menu- 
dos azulejos blancos y oscuros ; allí la rica artesonada cúpula de 
alfargía, de figura octógona entre gótica y arabesca, aunque en 
su dorado y colores deslustrada; allí las dos ventanas abiertas 
en el grueso muro, cuyo anchísimo alféizar arriba y á los lados 
reviste una densa enramada de pámpanos y cardos, formando 
hasta cinco nichos por lado en la parte inferior, y entre sus hojas 
presentando mil caprichos de fieras, murciélagos, aves fénix, 
frailes y cazadores. Trabajo no muy exquisito, si bien de origi- 
nal efecto y por su profusión asombroso, que reservando para 
los de adentro todos los primores de su ornato, no asoma hada 
fuera sino al través de la fuerte reja que cierra rudamente la 
cuadrada abertura de las ventanas. 

¡Ah! ¿por qué ha de perecer tan bella, tan magnífica, tan 
robusta en su armazón y marcial en su apostura, la mansión de 
los formidables Pachecos, de los que á precio de un estado ó 
nuevo título otorgaban siempre ó retiraban su amistad al sobe- 
rano, y tal vez en el desvanecimiento de su pujanza llegaron á 



(i) En el friso de una pieza se lee el principio del evangelio de San Juan, en 
el de otra se distinguen estas palabras: in ceiernum peribit^ fides autem caiholica 
hosc esi, ut in Deum..,^ y en todos ellos textos bíblicos ó sentencias religiosas. 



CUENCA 373 



soñar con una corona? ¿Tanto cuesta á los herederos de su do- 
minio levantar las caídas paredes, sostener los vacilantes techos, 
•cerrar las pertinaces goteras que lentamente acaban con aquella 
solidez que los golpes del ariete desafiara? Si hasta los monu- 
mentos que pertenecen al patrimonio de una familia, y álos cua- 
les andan vinculados sus blasones y recuerdos de gloria, no ha- 
llan amparo ni cariño en sus mismos poseedores, ¿ qué mucho 
■que en esta época de individualismo abandone la nación al sa- 
<}ueo y á la ruina, como bienes sin dueño, el tesoro de sus artís- 
ticas é históricas grandezas? ¡Generación indiferente y destruc- 
tora! pides al poeta melancólicas inspiraciones, pides al artista 
un fiel trasunto del espirante edificio; y como quien cuida más 
de los funerales que de la vida de un importuno viejo, crees 
hacer bastante con que su muerte sea plañida y su fisonomía 
•conservada (a). 



(á) Hasta el mes de Noviembre de 1885 ha residido por algún tiempo en el 
•castillo una comunidad de frailes dominicos franceses, á quienes albergó allí la 
piedad de la emperatriz Eugenia, actual dueña del castillo. 





CAPITULO XI 



Partido judicial de Belmonte.— Mon 
y su moderno condado 



küco es lo que ofrecen para la historia y para el 
,-*— ' arte los restantes pueblos de este territorio, : 
tampoco para el naturalista y geólogo. Su terreno, harto escaso 
de aguas y abundante en yeso, sal y salitre, está cruzado por el 
río Saona, de caudal escaso, que á la salida de este territorio 
y la provincia vierte en el Zancara y baja al Guadiana. 

* El Pedernoso, fundado sobre yeso y pedernal, tan sólo 
tiene fuentes de aguas salobres y utiliza el mucho salitre que su 



376 CUENCA 



terreno expele. En la época de los Reyes Católicos (a) se incor- 
poró á la corona, sacudiendo el yugo feudal de los Pachecos y 
marqueses de Villena. La de Montalvo, por el contrarío, re- 
cuerda haber dado nombre á otro prepotente título, que se 
extendía por los términos del Hito, Villar de Cañas y parte del 
de Villarejo (ó). Las reyertas de sus señores con los del con- 
dado de Villena y otros colindantes, amenguaron la importancia 
del título y del pueblo, que aún conserva restos de su antiguo 
castillo. 

* Las aguas pluviales forman á sus inmediaciones unas la- 
gunas, que el calor diseca, dejando en su fondo una gran capa 
de sal. La mayor tiene á veces más de cinco hectáreas de exten- 
sión y un metro de profundidad. En los inviernos templados y 
primavera, frecuentan sus orillas algunas aves acuáticas (c). 

* En lugar de este título que sufrió menoscabo en las con- 
tiendas aristocráticas del siglo xv, surgió en 1790 el condado 
de Cervera, por real cédula á favor de D. Juan Nicolás Álvarez. 
de Toledo y Borja, poseedor en aquel pueblo de un vínculo 
fundado allí el año 1450 por D. Alonso Alvarez de Toledo, á 
favor de su hijo D. Juan, regidor perpetuo de Cuenca y su pro- 
curador en las cortes de la Coruña. El haber asistido el D. Juan 
Nicolás á las cortes de 1790, le valió la conversión del mayo- 
razgo en condado. 

* El Saona que cruza el partido de Belmonte de N. á S. 



(a) La relación que dio la villa en Diciembre de i 576, dice que se redujo á la 
corona en 1470, según escritura de los Reyes Católicos. Debe estar equivocada la 
fecha, pues en 1470 no reinaban aún. 

(¿7) La costumbre de acudir el alcalde á casa de la novia para llevarla á despo- 
sar á la iglesia no era peculiar de este pueblo, y antes bien solía haberla en los 
pueblos donde los collazos y vasallos no podían mudar de domicilio ni tomar es- 
tado sin permiso del señor. Con todo, se quiso suponer que en Montalvo tenia 
esta costumbre un origen ignoble, parecido á cierto derecho, que se arrogaban á 
veces los señores feudales en Francia y Alemania, que ni aun nombrar se debe, 
y que en España fué desconocido. 

(c) Ya Mártir Rizo decía (página 127): «Junto á Montalvo ay otra laguna don- 
de ay muchas y diversas aves de agua, lavancos reales, añades flamencos, forcas, 
garzas reales, garzas rubias, cercetas, dóreles, cabullones y martinetes.» Como el 
terreno es demasiado escueto y desarbolado, la caza no es fácil. 



CUENCA 



tiene su más remoto origen, ó manantiales, en Tres-juncos, villa 
que quizá fué importante en remotos tiempos {a). Cruza luego 
el pobre arroyo por el pueblo de la Osa de la Vega, de donde 
proviene el que en algunos pueblos y aun en modernos mapas 
lo llamen el río la Osa ; auméntase junto á Belmonte con algu- 
nos otros arroyos procedentes de las serrezuelas de Villaescusa 
y La Rada. 



(a) Con motivo de haber supuesto ud escritor del siglo xvii que Tres-iuncos 

I el municipio Triunchense, echóse un párroco del pueblo á buscar inscripcio- 
3 y otras antiguallas, y logró reunir hasta tres lápidas sepulcrales, que desapa- 

a guerra de la Independencia. 
En i8;3, arando uD labrador descubrió una hermosa sala subterránea octógo- 
con un bellísimo mosaico, que fué brutalmente destruido. 





CAPITULO XII 



San Clemente. — La casa y eeñorio de Villena. 

Castillo de Garclntuñox 7 el pozo Ayrdn. — Muerte de Jorge Manrique: 

Bublevacl<in de este territorio contra el marqués de Villena. — CaSavate. 

Santa María del Campo. — Vara del Rey y Sisante 



^ /^ M terreno de Id Mancha, y en lo más meridional de la pro- 
V^ vincia se alza la villa de San Clemente, escasa de historia 
y aún más de aguas, si bien atraviesa su partido el Zancara 
de norte á sud: tampoco ofrece gran cosa bajo el punto de vis- 
ta del arte y de la naturaleza. 

* Su historia va unida á la de la casa de Villena, seAora en 
gran parte de este territorio y el de La Motilla, de que se ha- 
blará luego, pues ambos partidos, enteramente manchegos y 
harto distintos de los del norte de la provincia, enlazan su mal- 
andante historia con la de los Pachecos y la casa de Villena, á 
la que dio alta nombradla el célebre marqués, á quien los ton- 



380 CUENCA 



tos llamaron nigromante por no llamarle sabio, que de esa acu- 
sación no se libraron entre el vulgo ni aun los papas ni tampoco 
varios piadosos obispos (a). 

* En la decadencia del fervor religioso desde el siglo xiv 
hallaban los reyes más cómodo pelear con cristianos que con 
moros, y por la adquisición de un ruin castillejo morían más 
pobres villanos que piedras tenía el muro. 

* Antojósele á D. Juan II de Castilla poseer la villa de 
Agreda, que era del maestre D. Juan Pacheco. Los reyes, unas 
veces por apuros, otras por aduladoras y livianas concesiones, 
enagenaban villas que luego á duras penas lograban rescatar. 
La de Agreda, en frontera de Aragón y Navarra, rescató el rey, 
dando á Pacheco la ciudad de Villena y mil vasallos más 
en 1445: y para completar este número, las villas de San Cle- 
mente, castillo de Garcimufioz, Cañavate, Vara del Rey y otros 
de este partido. Mal avenidos casi todos estos pueblos con sus 
nuevos señores los marqueses de Villena, en la guerra de los 
Reyes Católicos contra los magnates rebeldes, y entre ellos los 
Pachecos, prefirieron hacerse del lado del rey. Vínoles bien, 
pues derrotados los insurgentes, los reyes se apoderaron de 
estos y los incorporaron otra vez á la Corona, demoliendo de 
paso algunos de sus castillos y fortalezas, y entre ellos el de 
Cañavate. 

* En una de estas escaramuzas murió el poeta Jorge Man- 
rique peleando contra los del marqués. Había D. Jorge estable- 
cido su cuartel general en Santa María del Campo. Estaba 
Pacheco atrincherado en Garcimuñoz, donde tenía fuerte castillo, 
edificado en paraje elevado y de difícil acceso. Habíalo fortale- 
cido aún más el maestre D. Juan Pacheco, con cuatro robustos 
cubos ó torreones en cada uno de sus ángulos, coronando éstos 
y los muros de matacanes y vistosas almenas. Vino D, Jorge 
con su gente de rebato hasta cerca de Garcimuñoz, cautivando 



(a) Gerberto, ó sea Silvestre II, Tritemio y varios obispos españoles. 



CUENCA 381 



y haciendo presa en los ganados: salieron los de la villa, y á 
favor de los accidentes del terreno, le esperaron emboscados, 
aprovechando su regreso para caer sobre él en cierto paraje 
llamado camino de la Nava (a). Duró la pelea hasta el anoche- 
cer, saliendo Jorge Manrique herido de una lanzada en los ríño- 
nes. Conducido á Santa María murió allí á los pocos días. En 
el sitio donde cayó herido se puso una cruz, que al tiempo de 
dar la relación se llamaba la Cru2 de D, Jorge. Cuando el 
marqués supo el fracaso de su contrario, al día siguiente 
de la escaramuza, tuvo la atención de enviarle el pésame y dos 
cirujanos suyos distinguidos, llamados maese Rodrigo y maese 
Lorencio. 

"^ Contestes con la tradición del castillo de Garcimufíoz 
los de Santa María del Campo, en la relación que dieron un 
año antes que aquellos, designaban como cosa notoria en el 
pueblo la casa donde murió el célebre poeta y malhadado gue- 
rrero, añadiendo que allí terminó los versos tan alusivos á su 
triste ñn: 

Recuerde el alma dormida, 
Avive el seso y despierte 

Contemplandoi 
Cómo se pasa la vida, 
Cómo se acerca la muerte 

Tan callando. 

* Añaden los de Santa María que dejó á la iglesia del 
pueblo un terno y un palio de terciopelo verde para el Sacra- 
mento. 

* El cadáver del hiarqués se llevó á enterrar en Uclés, al 
lado del de su padre. 

* A pesar de la muerte del general de las tropas reales, 
los Pachecos quedaron vencidos, y perdieron gran parte de lo 



(a) Contiene todos estos pormenores la relación de los vecinos de Garcimu- 
ñoz dada en i579f expresando que se conservaban por tradición do padres á 
hijos. 



382 CUENCA 



que poseían en este territorio, pasando algunos pueblos á no 
mejores manos, después de grandes destrozos, ruinas y repre- 
isalias, pues habiendo ahorcado los del rey á seis prisioneros 
<lel marqués, los de éste hicieron ahorcar á otros seis del rey, 
cacados á la suerte. 

* Y no bien terminadas estas sangrientas luchas, al co- 
menzar su reinado los Reyes Católicos, sobrevinieron en el si 
guiente las otras civiles, y aun peores, de las Comunidades 
que recuerdan también tristemente las relaciones de estos pue 
blos. En Cañavate se alojaron seis compañías de comuneros 
que entrando por casas y haciendas, como por tierra de con 
quista, sublevaron contra sí la gente del país. Los padres y 
maridos que veían deshonradas á sus hijas y mujeres por aque- 
llos foragidos, salieron á los pueblos y campos inmediatos, y 
<lesde Villanueva, Iniesta y otros pueblos vecinos, los perseguían 
como á ñeras. Vinieron de los pueblos del marquesado de Vi- 
Uena, y después de derrotarlos , los llevaron desnudos á Vara 
<ie Rey en el rigor del invierno. 

* Mas, á la verdad, si hubieran de mencionrase los horrores 
de ese género que podrían referir esos mismos pueblos y otros de 
la provincia en el presente siglo, y en épocas recientes, y dentro 
<le Cuenca, al principiar la guerra de la Independencia y en nues- 
tras funestas guerras posteriores, nada extrañaríamos de las 
tristes relaciones que hacían á Felipe II los pueblos, contándole 
sus cuitas y los quebrantos que habían sufrido á ñnes del siglo xv 
y comienzos del xvi. Mas á fines de este siglo se fundaban con- 
ventos que reemplazaban á los castillos roqueros, desmantelados 
-ó derrocados en gran parte: nuestro siglo ha saqueado esos con- 
ventos, y los pueblos que los han dejado hundir reclaman del 
gobierno dinero para construir unas raquíticas escuelas. 

* Mas no todos los castillos se perdieron. El de Garcimu- 
ñoz expresaba en Marzo de 1579, que su castillo, fundado en 
el siglo XIV por un caballero llamado García Muñoz, estaba 
todavía en pié, y que tenía profundas mazmorras en su parte 



CUENCA 38^ 



baja (a), y para su defensa grandes bombardas de hierro, que 
podían disparar balas del grueso de cabeza humana, y que las 
ventanas del castillo estaban defendidas por fuertes rejas. 

* Añadía la relación como muestra de su opulencia por 
entonces, que muchas casas tenían rejas doradas y balcones. La 
iglesia parroquial de San Juan Bautista tenía arcipreste con dos 
curas, y cabildo de beneficiados, un convento de frailes agusti- 
nos y otro de monjas de la misma orden. £1 de agustinos era 
fundación de un hijo del infante D. Juan Manuel , y en sus capi- 
llas tenían enterramientos y sepulcros elegantes con estatuas 
yacentes los Castillos, tesoreros de D. Juan II, y los Bailetes. 
El de agustinas, bajo la advocación de Nuestra Señora de Gra- 
cia, lo fundó Catalina López y restauró en 1500 Leonor Gon- 
zález del Castillo. De ese apellido y familia de Castillo, contaba 
la relación muchos y muy ilustres personajes del siglo xv, y en- 
tre ellos el Dr. Pedro Saiz del Castillo, señor de Santa María 
del Campo, enviado por D. Juan II al Concilio de Constanza 
con el licenciado Juan González de Acevedo, y otros varios 
obispos y alcaldes de Corte. Expresaban también que la había 
hecho villa D. Alfonso XI, en cuya época gozaba de mayor opu- 
lencia, contando con ochocientos vecinos, que ya quedaban re- 
ducidos á cuatrocientos por las indiscretas donaciones de vasa- 
llos, hechas á señores á quienes no querían aquellos sujetarse. El 
pueblo no pasaba entonces por depender de Cuenca, pues de* 
cían ser del reino de Toledo, en la Mancha de Aragón, y bajo la 
jurisdicción de un corregidor que todavía nombraba entonces el 
marqués de Villena. 

* El corregimiento tenía entonces bajo su jurisdicción nue- 
ve pueblos inmediatos, añadiendo que en aquel pueblo acababa 
la Mancha ó tierra llana, y comenzaban las serranías de Cuenca 
y Moya. Más abajo de estos pueblos y en lo más meridional de 



(a) En muchos castillos se ha calificado de mazmorras á los sótanos y almace- 
nes de víveres. 



384 CUENCA 



la provincia, y territorio enteramente manchego, pero depen-' 
diente en otro tiempo de la villa de Alarcón, comenzó á ediñcar 
una casa de labor un hidalgo llamado Clemente Pérez, que á su 
apellido unió el de Rus, de un arroyo que por allí pasa, y quizá 
fuera muy caudaloso por entonces (a). 

* Dio la villa su relación estadística en Diciembre de 1575 
diciendo el nombre de su fundador, el cual, procediendo de un 
castillo inmediato, ahorró á su naciente colonia el tener cerca y 
castillo, pues estaba en llano; pero le dejó por armas un castillo 
con dos estrellas. Fué una de las villas que cedió la corona al 
maestre D. Juan Pacheco , y de las que volvió ésta á incautarse 
en tiempo de los Reyes Católicos. Creció después la villa en 
importancia y hubo corregidor, concejo con veinte regidores 
todos nobles, pues llegó á tener dos mil vecinos y entre ellos 
muchos nobles, mayorazgos y curiales, que daban á la villa 
gran esplendor y vivían con cierta esplendidez manchega, cual 
la describía el c caballero del verde gabán (¿).> Correspondía á 
ella la grandiosidad, ya que no elegancia de los ediñcios, objeto 
de cierta envidia á los alcarreños y serranos de la parte septen- 
trional (¿r). Á la sombra de ellos se fundó un gran convento de 
frailes franciscanos, y otro de monjas, además de las tres parro- 



i^a) Dice la relación que en la iglesia vieja, que fundó el primer colono, al res- 
taurarla, se halló una piedra de media vara en cuadro, que decía: « Aqui yace el 
honrado caballero Clemente Pérez de Rus el primero nombre que fízo casa en 
este lugar, é le puso por nombre San Clemente. Falleció en la era del nascimiento 
de Nuestro Señor Jesu Cristo de mil y ciento y treinta y seis años.» 

Creo poco cierta esa fecha. 

{b) El pueblo y sus tierras escasean de aguas. La relación de 1575 expresa 
que tenían un pozo de agua dulce de que bebían, y que además tenían pozo casi 
todas las casas. Del río Rus expresaba que traía agua cuando llovía, y que los mo- 
linillos que había en él molían en invierno. El Rus afluye al Záncara y por tanto 
ya es de la cuenca del Guadiana. 

(c) Según el Sr. Torres Mena, decía un canto popular en la provincia (sería 
en tierra de Huete): 

Vale más la chopera que tiene Huete 
que todo el balconaje de San Clemente. 

Los balcones de este segundo pueblo estaban principalmente en la plaza. 



CUENCA 38^ 



quias de la villa, siendo notable entre ellas la iglesia ma- 
yor {a). 

* Comparten con San Clemente y el castillo de Garcimu- 
ñoz la importancia en el distrito, las ya citadas villas de Ca- 
fíavate, Santa María y Vara del Rey, juntamente con las de el 
Provencio y Sisante. 

* Fundó el Provencio D. Juan Manuel á fines del siglo xiii 
á orillas del Záncara, uniéndolo á su marquesado de Moya. El 
castillo, de poca importancia, estaba ya cayéndose á fines del 
siglo XVI sin necesidad de arruinarlo {b). 

* La aldea de Santa María del Campo, donde murió Jorge 
Manrique, yace á dos leguas del Záncara y cuatro del Júcar, 
pero escasea de aguas potables, pues sus pozos son salobres y 
su terreno calizo y de mucho yeso. Decían sus vecinos (c) que 
era fundación de moros que la llamaban Barrachína, y que ha- 
biendo fimdado allí los cristianos algunas casas en aquel llano 
y una iglesia de la Virgen, le dieron el nombre que ahora 
lleva. 

* La villa de Vara del Rey díó también su relación en Di- 
ciembre de 1575. Está situada en paraje alto y enriscado y con 
vestigios de fortaleza. Dependía de San Clemente hasta que la 
hizo villa exenta el Emperador hacia el año 1536. Tan opulen- 
ta era entonces, que compró la aldea de Sisante, y eso que en 
su vasto término de más de cuatro leguas en cuadro, tenían 
otras varias aldeas y barrios, considerados como arrabales 
suyos. Acumulóse allí tanta nobleza, que la relación dice que 
había ochenta casas de hidalgos, gran plaga para pueblo tan 
pequeño, pues sólo tenía 350 casas en la villa y su vasto térri- 



ca) En el siglo xvii fundó en la Universidad de Alcalá Sebastián Martínez de 
Tribaldos un colegio titulado de San Clemente de los Manchegos : duró poco y 
estaba en la calle de Libreros. 

(b) Según la relación del pueblo, en Noviembre de 1578. 

(c) Dieron su relación en 8 de Noviembre de i 578. En ella decían que Don 
Juan II la dio al doctor Cristóbal del Castillo, que la hizo villa, y luego la cedió á 
la Corona D. Antonio del Castillo Portocarrero, hacia la época de la relación. 

49 



^86 CUENCA 



torio. Hoy día tiene poco más de 2,000 habitantes. En cam- 
bio Sisante emancipada de su jurisdicción y también conver- 
tida en villa, cuenta con 3,480; paga doble contribución, y por 
razón de la industria, cuatro veces más. 

* Inmediato al castillo de Garcimufioz y en términos de 
Almarcha, que fué en otro tiempo dependencia de su corregi- 
miento, está el célebre Pozo Ayrón^ del que también daba cuen- 
ta la relación de Garcimufíoz {a). La existencia de un lago sala- 
do en tierra tan salitrosa y próxima á grandes salinas nada 
tiene de extrañeza, sin necesidad de inventar que sea ojo de 
mar. Con todo, llegó á adquirir gran celebridad, y los conquen- 
ses y manchegos hubieron de popularizar el nombre del salobre 
lago, aplicándolo á la corte de Madrid (¿). Visitólo el empera- 
dor Carlos V yendo de paso para Valencia, y también su hijo 
Felipe II. Ahora ya se bañan en él, habiéndolo hecho al pronto 
algunos despreocupados por diversión y broma, sin que ningún 
tiburón ni serpiente verde y escamosa con ojos fosforescentes, 
arrastrara al fondo de la inconmensurable sima para devorarlos 
á los incautos profanadores de su sombrío albergue. Y ¿quién 
sabe si algún día hallará algún químico que las temibles aguas 
del Pozo Ayrón son útiles para curar escrófulas sin necesidad de 
ir á puertos de mar.? 

* La fábula y la leyenda contribuyeron también á dar 
fama y celebridad al Pozo Ayrón. A principios del siglo xvii 
corrió la voz entre los noticieros (¿:), ó quizá venía de antes, de 
que D. Buesso echó en aquel Pozo veinticuatro amigas suyas. 



(a) Respuesta 2 i . «2 que hay un lago que se llama el Pozo Ayron que es la 
cosa mas señalada de esta tierra, el cual no cria cosa alguna de pescado, sino es 
sabandixas ponzoñosas y que el sabor y color es como el de la mar, y es tan pro- 
fundo que hasta ahora no se sabe el fondo del; es en forma redonda e mu ancho, 
c quel agua es de tal sabor que ni los hombres, ni bestias, ni aves, ni ningún ani- 
mal bebe della, por ser agua como del mar.» 

(d) Tal es la frase popular que dice: «Madrid es como el Pozo Ayrón, que nada 
bueno cría y para lo malo no se le halla fondo.» 

(c) Baltasar Porreño daba noticia de ello en su Mapok de Cuenca en 1 622; baío 
la palabra «Almarcha.» 



CUENCA 387 



¿Y quién era ese D. Buesso, caballero de nuestros romances po- 
pulares y moriscos {a) ? 

* Un D. Buesso con veinticuatro queridas, tiene más de 
moro que de cristiano, y si á esto se añade que convertido en 
Barbazul manchego, concluye por desnudarlas para quedarse 
con sus alhajas y ahogarlas en el pozo, nos da idea de que no 
pudo ser después de la reconquista^, aunque en el siglo xiv no 
habían perdido los magnates las costumbres de los tornadizos 
muladyes. Y como una fábula suele traer otra por contera, 
poco después se añadía que una de las queridas le suplicó á su 
Barbazul^ ¡extraño melindre! que se volviera de espaldas mien- 
tras se desnudaba, y aprovechando un momento empujó briosa- 
mente á D. Buesso y le arrojó al pozo (¿). 

* Allí cerca en un despoblado llamado Cañada Negrita 
hay también tradiciones de haber existido pueblo de moros y 
con grandes ediñcios, antes de su expulsión de España. Exis- 
tía aún en tiempo del marqués D. Juan Manuel de Villena que 
da noticia de él en su libro de cetrería, como uno de los parajes 
en que había cazado (c). 



(a) El nombre de Buesso se supone contracción de Blassius y Blasco. 
Uno de nuestros romances supone á un D. Buesso yendo á tierra de moros á 
rescatar á una cautiva cristiana: 

Camina Don Buesso 
Mañanita fría, 
En tierra de moros 
A buscar la niña. 

(¿7) Mártir Rizo amplió esta noticia á la de Porreño. 

Todavía en moderna leyenda ha seguido creciendo la ficción. Asómase la 
querida, que por más señas es mora y fornida, á la boca del abismo, á ver morir 
á D. Buesso: éste, asido á la raíz de un árbol que se desgaja, pugna por sostenerse, 
como el Bug-Jargal de Víctor Hugo: alcanza la falda de la mora, y después de una 
desesperada lucha ruedan ambos al abismo. Buen asunto para una novela. 

(c) El arroyo de Almarcha sale del Almarcha y entra en Xucar de yuso de 
Uzcro, y pasa cerca del Pozo Ayrón. «En este arroyo hay parada de ánades, y lo- 
gar para las cazar con falcones; pero ay en el malos pasos.» 

En el mismo punto de Cañada Negrita y sitio llamado el .Molinillo, invirtió 
el Excmo. Sr. D. .Manuel López Santaella, último comisario general de Oranada 
hasta 1852, grandes caudales, para construir una granja modelo y bellos jardi- 
nes, según el Sr. Muñoz Soliva. 



* oprimidos los de Almarcha por los del Castíllo de Gar- 
cimuñoz, pues hasta en el mar el pez mayor devora al menor, 
trataron de sacudir el pesado yugo municipal, que en las aldeas 
no era menos tiránico que el feudal, alodial ó señorial, deque á 
la vez se quejaban las villas. G^n permiso del marqués de Ville- 
na lograron erigirse en villa independiente por Real privilegio 
en 1672. Lleváronlo á mal los del Castillo, y trataron de evitar 
á mano armada el deslinde y amojonamiento de términos, sa- 
liendo 400 armados contra la Comisión, que al cabo cumplió su 
cometido. Almarcha sólo tenía entonces 91 vecinos. 





Villanuevadela Jara! fundaciones d* Santa Teresa 

y la penitente Cardona. 

Inlesta y el marquesado de Vlllena. 

La Uinglanllla y su gran salina. 

Conclusión 



"Y^ECAEN las naciones como los hombres, y los pueblos 

''^— ^como las familias, comunidades y personas jurídicas. Tal 

sucede á la célebre y pujante villa de Alarcón, rival de Cuenca 

en otro tiempo, según queda dicho (a), título célebre de Castilla, 



(a) Véase el capítulo i.° de esta segunda parte y la descrJpciiSn de sus cdiñ- 
ios religiosos por el Sr. Quadrado. 



390 CUENCA 



y capital de vasto señorío. Fundólo, según dicen, Fernán Mar- 
tínez de Cevallos, que ayudó á su conquista en ii 77, acaudi- 
llando á muchos nobles extremeños que allí poblaron, mudando 
Cevallos su apellido en el de Alarcón, que más adelante hicie- 
ron célebre varios individuos de esta familia en las campañas de 
Italia y sobre todo el Hernando de Alarcón en Pavía. Pero por 
lo demás no fué muy grato su feudalismo á los numerosos pue- 
blos de su señorío, y que aún se denominan algunos de ellos 
Picacho de Alarcón y Olmedilla de Alcorcón. 

* Testimonio de ello conservan en la inmediata villa de 
Almodovar del Pinar. D. Juan II, entre sus muchas gracias des- 
graciadas, cedió los vecinos de este pueblo al condestable de 
Castilla D. Rodrigo Manrique, juntamente con los de otros 
pueblos de aquella tierra, en 10 de Mayo de 1454. El condesta- 
ble enagenó los derechos señoriales al comendador de Mérida 
D. Martín de Alarcón, que pagó por ellos y las cabezas de sus 
nuevos vasallos 700,000 maravedises. Pero las extorsiones fue- 
ron tales, que los vecinos hubieron de tratar de sacudir el pesa- 
do yugo pleiteando contra la casa de Alarcón, de la que logra- 
ron emanciparse en 1779, después de largo litigio, mejorando 
mucho con ello la condición del pueblo, cuyos vecinos tienen 
fama de industriosos y muy aficionados á la carretería, base de 
su fortuna en tiempos antiguos de escasas y difíciles comunica- 
ciones. Y mientras Almodovar, Villanueva de la Jara y otros 
pueblos- crecían por el trabajo y pugnaban por sacudir el yugo 
feudal y volver á incorporarse á la corona, Alarcón iba perdien- 
do cada vez más de riqueza y vecindario, reducido éste en el 
siglo pasado á 600 vecinos {a)^ con su corregidor, cuatro alcal- 
des, muchos hidalgos y un extenso territorio de más de cuatro 
leguas en cuadro, pero casi todo despoblado y en muchas par- 
tes erial ó mal cultivado. 

* Despojado Alarcón de juzgado y partido á pesar de su 



{a) El censo moderno arroja 876 habitantes. 



CUENCA 391 



antiguo corregimiento, la importancia política que llevan consigo 
la riqueza^ laboriosidad y movimiento, ha pasado á Motilla del 
Palancar, cabeza de partido judicial ahora, y Villanueva de la 
Jara, que lo tuvo, no se resigna á carecer de esta honra. Fa- 
vorece á Motilla el estar sobre la carretera de Madrid á Valen- 
cia, y ahora ser cabecera del nuevo ferro-carril {a)^ pero escasea 
de aguas potables y en cambio por su posición se halla expuesta 
á inundaciones torrenciales. 

* De gran importancia histórica goza Villanueva de la 
Jara. Vecinos de Alarcón no bien acomodados en la antigua 
villa, se fueron á mejorar de sitio al otro lado del Júcar y dos 
leguas más abajo, desmontando los jarales y roturando aquellos 
eriales, en tiempo de D. Enrique IV, según las más probables 
conjeturas (6). Pretendieron hacerlos vasallos suyos los Pache- 
cos niarqueses de Villena: resistieron los nuevos pobladores, 
avisados en secreto por la reina Isabel, lo cual les acarreó gra- 
ves perjuicios que les compensó luego la corona, haciéndola 
exenta y con título de Villanueva, que para distinguirse de otras 
muchas del mismo nombre, se llamó de la Jara, que quizá tuvo 
mientras fué aldea. En la torre de la iglesia puso las armas rea- 
les, y tanto llegó á crecer que ya en 1753 contaba con 900 ve- 
cinos y tenía corregidor, y no ha disminuido, pues cuenta cerca 
de 2,400 habitantes. Los cuantiosos rendimientos de sus diez- 
mos hacían considerar el curato de este pueblo por uno de los 
mejores del obispado y aun el mejor según algunos. En su tér- 
mino radicaban varías aldeas; San Benito y Santa Cruz, por 
otro nombre casas altas de Casa Simarro (c). 



(a) Inauguróse en Noviembre de 1885. 

{b) Véase el triste suceso de los hermanos Talayas, narrado en el capítulo se- 
gundo. 

(cj Hay por aquel territorio, Simarro, Casa Simarro y Casas de María Simarro. 
Una gran porción de pueblos tanto de Cuenca en esta parte de la Mancha, como 
en las confinantes de Ciudad Real y Albacete, llevan el nombre de casas de Maro, 
de Guijarro, de Ibáñez, de Vez y otros apellidos á^ste tenor, recordando su mo- 
desto origen como aldeas colonizadas por sujetos de esos apellidos. 



392 CUENCA 



* Hasta cuatro conventos llegó á tener Villanueva de la 
Jara y esto acredita su salubridad y riqueza, pues á no tenerla 
no era posible reunir tantos, y más habiendo de ser mendican- 
tes. £1 más célebre de todos era el de Carmelitas Descalzas, que 
vino á fundar la misma Santa Teresa en 1580 (df), y fué el pri- 
mero que admitió así que pasaron las borrascas de la terrible 
persecución que sufrió su reforma carmelitana. 

* Ya para entonces tenían allí convento los franciscanos y 
estaban fundando los jesuítas. Á tres leguas de allí habían fun- 
dado los carmelitas descalzos, en la cueva donde había vivido y 
muerto la célebre penitente D.* Catalina de Cardona, hija de los 
duques de aquel título. La biografía que de ella trazó Santa 
Teresa es muy curiosa, y el capítulo tiene lindísimos episodios. 

* De Pastrana trajo frailes la Cardona, á cuyo efecto fué á 
buscarlos por mediación de su antigua amiga la de Éboli. Detú- 
vose allí la santa fundadora. < Habíamos de ir, dice, á el mones- 
terio de Nuestra Señora del Socorro que ya queda dicho está á 
tres leguas de Villanueva... Está esta casa en un desierto y so- 
ledad harto sabrosa, y como llegamos cerca salieron los frailes 
á recibir á su Prior con mucho concierto... Parecían en aquel 
campo unas flores blancas olorosas... La entrada (de la iglesia) 
es debajo de tierra como por una cueva que representaba las de 
nuestro Padre Elias.» 

* Otra de las poblaciones que han crecido y medrado en 
estos últimos siglos, merced á sus productivas salinas, es otra 
villa del mismo marquesado de Villena, y sobre la carretera de 
Valencia, llamada la Minglanilla. Dio también, á fuer de pueblo 
laborioso y entendido, su relación estadística en Diciembre 
de 1575. Su fundación databa de principios de aquel siglo, pues 
los ancianos recordaban que sesenta años antes era una pobre 
aldea dependiente de Iniesta y del marquesado de Villena, doñ- 



ea) El capitulo 28 del libro de las Fundaciones, en que trata de la de este pue- 
blo, es de los más bellos é interesaates. Debióse la fundación á nueve doncellas 
que se retiraron á vivir en la ermita de Santa Ana. 



CUENCA 393 



de sólo había tres ó cuatro casas fundadas por Juan López de 
Minglanilla, que allí vivía con sus tres hijos {a). Mas ya Feli- 
pe II, visto el aumento de población, la había erigido en villa 
hacia el año 1564. 

* La célebre salina de Minglanilla es una de las mejores de 
su clase, aun fuera de España, por su cantidad y calidad, perte- 
neciendo á la clase cristalina, que por su brillo y transparencia 
se denominaba gema. Hállase situada la boca de entrada á la 
mina en un barranco á dos kilómetros del pueblo, y se baja á 
ella por una escalera de 206 peldaños, llamada el caracol. La 
galería principal, á 40 metros de profundidad, tiene una exten- 
sión de más de mil metros y está sostenida por pilares de la 
misma sal que se dejan al tiempo de hacer la extracción de esta 
en el centro y los huecos laterales. Al ñnal de la galería se halla 
el charco, por hundimiento del terreno, en una extensión de 
300 metros por 60 de ancho. 

^ La villa de Iniesta formaba parte del marquesado de Vi- 
llena, y aun como la primera y principal en las reuniones proco- 
munales. Realenga era esta villa, poblada á fuero de Cuenca, 
cuando la dio el rey D. Juan II al malandante D. Enrique de 
Aragón, el célebre y popular marqués de Villena, que vino á 
refugiarse en ella exahusto de recursos, y acabar los últimos 
años de su vida, pasados en estudios y privaciones. 

* En los tumultos y contiendas que los Pachecos suscitaron 
algún tiempo después contra los Reyes Católicos en esta provin- 
cia, los de Iniesta pelearon á favor de los marqueses sus seño- 



(a) La relación del pueblo deriva su nombre de un granado ó minglano que 
había allí, junto á una tuente. La tradición popular fantasea una leyenda noveles- 
ca de una linda joven, llamada Minga y por mote la Galanilla^ á la cual galantea- 
ban varios opulentos magnates, y entre ellos un hijo del marqués de Villena. Re- 
cordamos haber leído una novela amorosa sobre el asunto, en la cual había cuánto 
pide el género romántico en esos casos; carta remitida por atrevidillo paje, sere- 
nata á media noche con laúd, cuchilladas, rapto, arrepentimientos, fuga, muertes 
prematuras y remordimientos por el triste recuerdo de Minga la Galanilla, en 
cuyo tardío obsequio toma el pueblo el nombre de la Minglanilla»— Lsl cabecera de 
este capítulo es copia de una de las lindas y características rejas que sorprenden 
al poeta y al artista en sus excursiones por aquel pueblo. 
50 



394 CUENCA 



res poco afectos á los reyes por antiguos resentimientos de fami- 
lia {a)\ pero los vecinos descontentos de los marqueses, y entre 
ellos Fernán Muñoz y Pascual de Cubas, se alzaron con otros 
á favor de la corona, y lograron triunfar de los contrarios en 
Iniesta y pueblos inmediatos. Pagóles la corona con mercedes y 
privilegios; y entre otras la de mercado franco en cada jueves, 
que era mucho más y mejor que el privilegio de dos ferias que 
tenían. Derribáronse de paso las murallas y el castillo, quedan- 
do solo un torreón cerca de la plaza. 

* Poco después y durante la guerra de las comunidades se 
presentó por allí el revolvedor Acuña, obispo de Zamora por la 
renta, y pretendiente de la de Toledo, acaudillando «las gentes 
bajas y descontentas de los pueblos del Marquesado y del de 
Moya > . Avínoles bien á los de Iniesta el no tener cerca ni cas- 
tillo, pues con eso pudieron ahorrarse los azares y molestias del 
sitio y la defensa. De allí salieron poco después los de armas 
tomar, acaudillados por los capitanes Pedro y Alonso Parra y 
el alférez Alonso Castellano con el pendón de la villa, en servi- 
cio de la corona, y contra los agermanados de Játiva, y cuando 
volvían de Valencia los Benavides de Andalucía, saqueando los 
pueblos y maltratando á los vecinos, volvieron los de Iniesta y 
pueblos inmediatos á tomar las armas^ y pelearon con aquellos 
malones, cogiéndoles una bandera [b). 

* En las guerras de Perpiñán y levantamiento de Granada 
se esmeró también la villa en servir á la corona, á trueque de 
no volver á caer en manos de sus antiguos señores, aunque 
formando parte del ya casi nominal marquesado. 

* En la curiosa relación que dieron en 2 de Enero de 1576 
para la estadística ó censo que por entonces se deseaba formar, 



(a) El padre del marqués de Villena había tenido que renunciar á favor de la 
corona, y no á gusto, el condado de Cangas y Tineo, no compensado por D. Enri- 
que III. 

(b) La relación dada á Felipe II de donde son estas noticias, expreea que la 
cogió el vecino Blas Martínez, el cual salió herido; lo cual parece indicar que la 
ganó de mano á mano, no por levantarla estando caída. 



CUENCA 395 



expresaba que tenía entonces 986 vecinos y en la aldea 461 {a). 
"^ La misma nos dejó noticias muy curiosas acerca de su 
origen y estado y aun de algunas tradiciones y antigüedades de 
ella. Por ese motivo merecen los pueblos que obedeciendo en- 
tonces á los mandatos superiores, y sacudiendo la habitual pere- 
za dieron noticias, que estas se conserven y propalen. Los igno- 
rantes, holgazanes y desobedientes sigan en el olvido á que sus 
vicios los condenan. 

* Respecto á la etimología del nombre traen las hablillas 
que corrían por el pueblo, que allá se van con las de los sabios {6). 
< Está poblada, dicen, ó asentada en un collado, no muy espeso, 
entre dos vegas, que rodean la población por sus tres cuartas 
partes, y por el norte, que no hay vega, sale llano. La iglesia 
de Nuestra Señora de la Estrella solía ser en lo antiguo la 
parroquial, y ahora lo es la de la Asunción, con capillas y tres 
naves. La de enmedio está adornada con maderas talladas, 
pintadas de colores a la morisca^ muy galanas, y las colate- 
rales de artesones con racimos dorados y molduras, de lo 
mejor que se halla según dicen los inteligentes > . 

* Tenía además un convento de frailes franciscos, fundado 
hacia el año 1550 por la entonces opulenta villa, y dos hospita- 
les, el de San Miguel y el de Nuestra Señora de la Consolación, 
donde se veneraba una efigie muy devota, según aseguraban en 
sus piadosas relaciones. 



^ Desde Madrid y las faldas del Guadarrama, pasamos, 
en la primera parte, á la campiña de Alcalá, y siguiendo el 



(a) Tiene Iniesta anejas las aldeas de Mcahizo, Juan Fernández y la Rivera. La 
estadística actual le da 3173 habitantes. 

ib) Los etimologistas y genealogistas han dado tanto que reir, que han logrado 
convertir estos ramos de literatura en asuntos de saínete. Entre los que más han 
contribuido á esto en la provincia de Cuenca han sido López Cortés en su Diccio- 
narto y D. Trifón Muñoz y Soliva. Los de ¡nicsta daban tres etimologías al nombre 
de la villa. D. Trifón le dio otra fenicia llamándola E^elesta. 



396 CUENCA 

Jarama, encontramos al Tajo, que saliendo de las estrechas ho- 
ces de la Alcarria desemboca en la llanura, vistiendo de galas y 
verdor las florestas de Aranjuez. Remontando su curso desde 
aquí hasta su origen, hemos venido en esta segunda parte reco- 
rriendo las serranías y alcarrias de Guadalajara y Cuenca, hasta 
bajar á las llanuras de la Mancha, en el confín de esta segunda, 
que termina en esos vastos páramos , como la de Guadalajara 
en la rasa campiña, que llamaron los mozárabes el campo lauda- 
ble^ y ahora la campiAa de Alcalá. 

* Tan afínes son entre sí las dos provincias gemelas, Gua- 
dalajara y Cuenca, como distintas de Ciudad-Real y Toledo, 
que á su vez tienen grandes afinidades en sus llanuras y des- 
nudas estepas, cuya descripción formará la tercera parte y tercer 
tomo de Castilla la Nueva, dando en ella preferencia á la im- 
perial Toledo, donde volveremos á saludar al Tajo, cuyo origen 
y curso hemos visto, y que simboliza la España central, como el 
Ebro la del Norte y el Betis la del Mediodía. 




APÉNDICES 



Núm. I 




La «Peña escrita» Junto á Canales (señorío de Molina) 



fA dado ocasión esta peña á largos debates y á curiosas inves- 
tigaciones, de que no se ha sacado fruto, ni se sacará proba- 
blemente. En el si^lo xvii se decía que era cosa de moros: negábanlo 
otros porque tema el escrito (mejor dicho cincelado) muchas cruces. 
En el siglo pasado se creyó que fuese celtibérico. En el presente se ha 
pensado en hacerlo prehistórico. Si esos signos los hicieron algunos 
pastores allí recogidos durante el calor ó la tempestad, entretenién- 
dose en hacer figuras en la piedra con cualquier herramienta, y pu- 
dieran ver cuánto ha dado qué hacer su trabajo á los sabios, de segu- 
ro que no podrían menos de asombrarse de que dieran tanto juego 
para la ciencia sus caprichosos entretenimientos. 

* Don Diego Sánchez Portocarrero que la 'visitó (a) en la primera 
mitad del siglo xvii, la dejó descrita en estos términos: 

* «La peña que llaman escrita, dice, hace como suelo á una cueva 
ó cobertura que forman alli las peñas. Es triangular, de tres varas por 
cada frente y toda esta esculpida, ó mejor dicho, ó mejor cavada de 
varias señales, pero miradas todas con cuidadosa diligencia, ningún 
carácter hay ni letra del arábigo, ni de otras lenguas, sino figuras 
claras, y entre ellas diez ó doce cruces con sus peanas, figuradas de 
diferentes modos, con las cuales se interpolan sin orden otras figuras, 
como son herraduras pequeñas, huellas de ovejas ó cabras, otras de 
pies y manos de hombre, y algunas figuras de grillos, todo formado 
cavando en la peña toscamente sin arte ni igualdad. El cobertizo de 
ésta forma la naturaleza con otra peña mayor, que por la parte de arri- 
ba hace suelo al cerro cercano, y alli se ven esculpidas señales seme- 
jantes á las dichas, y una figura humana tendidos ios brazos y las 
piernas, y mas adelante una gran cruz, cuyo palo derecho muy mas 
ancho que el atravesado, remata en punta arriba, de donde pensaron 
algunos que aquello era cobertura de cabeza á manera de mitra, y lo 
demás figura humana, pero conocidamente es cruz formada tan sin 
arte como todo lo demás.» 



(a) Historia y antigüedad del muy noble y leal señorío de Molina, impreso en 
.Madrid en 1 64 1 . 



398 APÉNDICES 



Núm. 2 



Las ruinas de Recopolis 



* € 1 ORRESPONDEN csUs Fuinas lo mismo á Cuenca que á Guadala- 
^^ jara, siquiera hoy pertenezcan á Buendía. En honor de su 
hijo Recaredo edificó Leovigildo una ciudad y plaza fuerte, según 
dice el Bidarense, y la llamó Recopolis, contracción de Recaredo f>olis^ 
ó pueblo de Recaredo, la cual aún existia en el siglo x, y da noticia de 
ella el moro Rasis, cuyas palabras cita asimismo oportunamente el 
señor Quadrado. (Cap. IV de la provincia de Guadalajara, pág. loi de 
este tomo.) 

* Estas ruinas han sido poco visitadas, poco descritas, y nunca 
dibujado su plano por desgracia. El P. Henao las describió sin verlas, 
y recientemente D. Basilio Sebastián Castellanos, las vio pero las des- 
cribió ligeramente. 

* «He sido informado, dice el P. Henao, por persona noticiosa y 
residente de muchos años atrás en la villa de Almonacid de Zorita, que, 
á niedia legua de ella, hay una eminencia sobre la punta y puente de 
Tajo y Guadiela con nombre de Recopolis, usado inmemorialmente 
por todos los moradores de aquella comarca. Muchos suben á pa- 
searla y ven en lo más alto, no solo ruinas de edificios, sino huesos y 
calaveras.» 

* «La capacidad del espacio llamado hoy ciudad de Recopolis, con 
ruinas y restos de murallas, seria por cuatro mil casas. Asimismo 
tiene fuente de excelente agua en plaza anchurosa. Dicha eminencia 
por el lado de Poniente, tenia subida inaccesible, y toda de peña na- 
tural y tan lisa, que parece hecha con artificio: por el lado del medio- 
día viene el Guadiela, por el setentrion el Tajo; solamente por el po- 
niente hay una caida hacia la villa de Poyos.» 

* En su «Manual del bañista,» asegura el Sr. Castellanos que 
todavía se conservan en aquel paraje grandes piedras labradas y algu- 
nos trozos de mármol, que acreditan su importancia. 

* Que la fundación de la ciudad tuvo un objeto estratégico para 
vigilar desde allí no sólo aquella parte de la Celtiberia, sino también 
la Carpentania lo dice el sitio mismo, el cual aunque inexpugnable al 
parecer, por aquellos tiempos, debió ser tomado por hambre, como 
Toledo, y arrumado probablemente por los almorávides, como las no 
menos fuertes plazas vecinas de Ergávica y Valeria. 



APÉNDICES 399 



Núm. 3 



Las ruinas de Cabeza del Griego y de la Catedral de £rgávlca 




N el tomo III de las Memorias de la Real Academia de la Histo- 
ria se publicó una noticia de las ruinas de Cabeza del Griego 
por D. Josef Cornide, muy exacta en esta parte, aunque desdichada 
en todo lo demás (a). De ella resulta que las ruinas del sitio llamado 
Cabeza del Griego, junto á Sahelices, eran muy considerables en el 
siglo XVI, según queda dicho, que sirvieron de cantera para aquel 
pueblo y el convento de Uclés, como las de Recopolis para Zorita y 
Almonacid, y que á fines del siglo pasado se conservaban en gran 
parte, no solamente los muros de una iglesia, quizá catedral, sino 
también restos de un delubro pagano. 

* Allí se dieron las vistas del cerro donde yacen las ruinas, el 

f>lano de la iglesia muy curioso para el estudio de la arquitectura y 
iturgia góticas, dibujos de la curiosa lápida sepulcral de Sefronio, su 
sarcófago y otras antiguallas, paganas unas, cristianas otras. 

* Las excavaciones comenzaron en 1760, aunque ya desde fines 
del siglo XVI Morales y otros habían hablado de aquellas interesantes 
ruinas. Volvióse á ellas en 1789 y 90 bajo la ilustrada dirección del 
obispo-prior Sr. Tavira. Los epitafios cíe Nigrino v Sefronio los lla- 
man obispos, pero no dicen de dónde, y el rótulo Hic sunt sepulchra 
sanctorum no se sabe de cierto que se refiera á ellos, aunque se ha 
pretendido demostrarlo. 

* Mas si allí estaba la catedral de Ergávica, lo que se dice pero 
no se prueba, ^cómo á pocas leguas de allí encontramos la de Valeria 
en Valera de arriba } Entre las inscripciones de Cabeza del Griego se 
halla en tres mas ó menos completas el nombre de Valerio, y en una 
el adjetivo valeriense integro y bien conservado (b). 



(a) Su opinión de que allí estuvo Segóbriea ya nadie la sigue. Su descripción 
de la Celtiberia es inaceptable y está desacreditada, lo mismo aue el suponer que 
la Sierra de Molina sea el Idubeba, opinión que estoy muy lejos de aceptar, aunque 
se sigue repitiendo por algunos escritores. En el tomo 59 de la Esi>aña Sagrada^ 
tratando de la Santa Iglesia de Tarazona procuré rectificar los yerros de Cornide 
y Cortés. 

t,b) TiTus. Valerius. KAPTI. FILIVS. gALE. VALERIENSIS. 

II. 8. E. 



400 



APÉNDICES 



Núm. 4 



Jueces de Cuenca desde la reconquista (a. 1177) hasta 1248. Copiado de un 

manuscrito del Escorial 



I 



STi fuerunt judices ex quo capia fuit Concha á nobilissimo rege 
Aldejonso Castelle, stib era AICCXV. 

I Juan Pérez de Vicent Anaya. 

II Garci Blasco. 

III Domingo Johannes de Cannet. 

IV Domingo Alvarez. 

V Domingo Magacon. 

VI D. Christoval : quando fué lo de Capderrobres. 

VII Domingo Alvarez. 

VIII Domingo Ferrando. 

IX Martin de Castiello : quando fué priesa Iníesta. 

X Domingo el tirado. 

XI Christoval Galindo. 

XII Ulan Fagan : quando la liz de la Fuentelpez. 

XIII D. Domingo (a) quando nació el infante D. Ferrando. 

XIV Don Ordonno. 

XV Juan de Rielio (b) quando la de Cedriella. 

XVI Pascual de la Picalba. 

XVII Johannes Estevan. 

XVIII Pedro Morciello : quando fué la de Alarcos (c). 

XIX Johan Abat. 

XX Domingo García de Garcimalo. 

XXI Johan de Montalban. 

XXII Pedro Montalban. 

XXIII Pasqual García : quando la de Vitoria. 

XXIV Martin Mocho. 

XXV Galindo de Berlanga. 

XXVI Domingo Minguez de Berlanga. 

XXVII D. Ulan de Albaladeio. 
XXVIII Estevan Scit. 

XXIX Diago hermano de Domingo Ferrando. 

XXX Sancho Pascual. 

XXXI Domingo Martinez de Belmont. 



(a) En 1 189. 
(¿7) Reillo. 
(c) Año 119$. 



APÉNDICES 



40 L 



XXXII 
XXXIII 

XXXIV 
XXXV 

XXXVI 
XXXVII 
XXXVIII 

XXXIX 
XL 

XLI 
XLII 
XLIII 

XLIV 

XLV 

XLVI 

XLVII 

XLVIII 

XLIX 

L 

LI 

LII 

Lili 

LIV 

LV 
LVI 

LVII 
LVIII 

LIX 

LX 

LXI 

LXII 
LXI 1 1 
LXIV 

LXV 
LXVI 



Bernalt del Hoyo. 

Pascual de Garciperez : quando fué poblada Moya (a). 

Pardo de Almayan. 

Domingo Antolmo : quando la de Ubeda (b) e murió el in- 
fante Don Ferrando. 

D. Gil de Corcedo : quando fué presa Alcaraz (c). 

Ferran Pérez de Martin Johannes : quando fué el anómalo. 

Ferrán Pérez de Peronegro : quando murió el rey Don 
Alonso (d), 

Gonzalo de Berlanga. 

Enec de San Gil : quando murió el Rey Don Enrric (e) e 
reynó el Rey Don Ferrando (/). 

Thomas. 

Pasqual Johannes. 

Domingo Minguez de Mingo Ferrando: quando la de Re- 
quena (g). 

Johannes Blasco de Colodriella. 

Johannes Blasco. 

Miguel Johannes : quando fué la de Zafra. 

Don Miguel fi de Ferrant Pérez. 

Don Enec Aicanturo : auando la de fortuna e de Nompó. 

Estevan Ilian, que fué la cerca de Montiel. 

Munoro de Priego. 

Don Sancho de Iniesta. 

Domingo Blasco de Moriana: quando fué priesa Montiel. 

Domingo Moya : quando la cerca de Jahen : la del Tra- 
buquet. 

Pasqual Domingo, nieto de Pasqual undeio (?) e reynó el 
Rey D. Ferrando en Galicia et en León. 

Gil Pardo. 

Don Rodrigo el hermano del arcediano de Moya, quando 
fué presa Ubeda {h). 

Domingo Blancho. 

Guillen de Santian. 

D. Fortuno : quando fué presa Córdoba (i), 

Gutierre, 

Domingo Johannes de Embit, e ganó el Rey á Requena. 

Pero Gil de Ferreruela. 

Johan Pérez de Pero Mosant. 

Blasco Monio. 

Don Alvaro. 

Don Pero Cidez : quando ganó el Infante fixo del Rey á 
Murcia. 



(a) Año I 2 10. 

{b) La Batalla de las Navas, año i 2 1 2. 
(c) Año I 21 7. 
((/) Año de I 2 14. 

(6) Enes dicen las copias pero es error: 
como Enrric de Enrique. 
(/) Año de 1217. 
{g) Año de 1 2 19. 
[h) Año de 123'). 
1) Año de 1216. 

5« 



• 

Enec contracción de Eneco Iñigo, 



í 



402 



APÉNDICES 



LXVII 

LXVIII 
LXIX 

LXX 

LXXl 

LXXII 

LXXIII 

LXXIV 

LXXV 

LXXVI 



Vicein Bollego. 

Ferrant Alvarez. 

D. Pasc^ual D.° de Monford : quando priso el Rey á Jahen e 

murió el obispo D. Gonzalo (a). 
Alvar Pérez : c^uando fué el Rey sobre Sevilia, e los prisie- 

ron á Castelsicio {b). 
Don Gomiel. 

Adam Velaz : quando priso el Rey á Sevilia (c). 
Alvar Pérez : quando ngieron yunta todos los conceios de 

Extremadura en Sepulvega, e fué acabado este libro (á). 
D. Pero Anaya. 
Pero Juanes fi de B.** Pérez. 
Ferrant Pérez fi de ML Ferrandez. 



Núm. 5 



ILa. rica fembra de Guadalajara 

* €IFuerto en la de Aljubarrota D. Pedro González de Mendoza, 
^^^•^ señor de Hita y Buitrago, sucedióle en sus señoríos su hijo 
D. Diego almirante de Castilla. Con cinco galeras castellanas embistió 
á siete portuguesas que de Genova regresaban cargadas de armas. Ata- 
cólas, prendió cinco y echó una á pique, y al mar cuatrocientos tripu- 
lantes. Y no contento con estas sangrientas represalias por la muerte 
de su padre, hizo grandes correrías en tierras de Portugal, co^endo 
prisioneros y banderas, que ondeaban sobre su sepulcro pendientes 
de las bóvedas de la iglesia de San Francisco en Guadalajara. 

* Hermana de D. Diego era D.* Juana de Mendoza, nacida en Gua- 
dalajara, hacia el año 1352. Dotóla espléndidamente su padre, al casar- 
la en 1 38 1 con el adelantado mayor de Castilla Diego Gómez Manrique 
de Lara, aue cuatro años después la dejó viuda, muriendo también en 
la de Aljubarrota. 

* Viuda joven, bella, rica, discreta y elegante, fué muy solicitada 
en segundas nupcias por numerosos y opulentos magnates; pero des- 
deñaba todos los más lisonjeros partidos, pues á su entereza de ca- 
rácter unía un genio sobremanera altivo é independiente. 

* Descollaba entre los pretendientes el hijo mayor del maestre de 
Santiago, D. Alonso Enríquez, sobrino del rey D. Enrique II, que no 
poco apoyaba las pretensiones del apuesto doncel, perdidamente ena- 
morado de la rica fembra, tan amartelado él como ella esquiva. 



(a) D. Gonzalo. 

(b) Año de t347- 

(c) Año de 1348. 

(d) Es notable este hecho. 

Los tres Jueces ó Regidores principales que siguen, son de distinta letra pero 
coetánea. 



APÉNDICES 40^ 



* Con una carta del rey se presentó un día á D.« Juana un bello y 
elegante paje del hijo del maestre de Santiago D. Alonso, solicitando 
en ella accediese al casamiento. Irritóse la rica hembra de que el rey 
quisiera imponerse en aquel asunto, que no era de autoridad sino de 
cariño y libre albedrlo. El paje, bien cursado en estas lides, describió 
con tal fuego y entusiasmo la pasión del D. Alonso Enríquez, cual si 
fuera causa propia, pero la rica hembra, en vez de ceder, se exasperó 
más y respondió inclignada: < — ¡Casarme yo con el hijo de una ju- 
día!» Al oir esto, el paje se irguió y, sin decir palabra, descargó 
una bofetada en el rostro de la dama y salió con paso ñrme de la estan- 
cia. Preso por los escuderos de la afrentada señora, impidió ésta que 
le mataran, y antes bien hizo llamar al cura de Santiago, parroquia 
inmediata á la casa solariega de Mendoza. Creyeron que no quería 
muriese el reo sin confesión, pero lejos de eso mandó al cura que los 
desposara, «porque no se dijese que hombre alguno había puesto la 
mano en ella no siendo su marido.» 

* El presunto paje, á quien ella ya había reconocido, era el mismo 
D. Alonso Enríquez, fruto de los amores del maestre con una bellísi- 
ma judia de Guadalcanal ya cristiana. 

" Pero si mudó de estado no cambió de genio, pues una vez que 
el segundo marido llegó tarde al castillo donde estaba la rica fembra 
prohibió bajar el puente. Porque no usaban las castellanas franquear 
los castillos en ausencia de sus maridos. 



Núm. 6 



Los moriscos en Pastrana: su industria sedera 

If A sublevación de los moriscos de Granada dio lugar á la des- 
#-■ ^confianza, persecución v dispersión no sólo de los montaraces 
y levantiscos, sino también dfe no pocos industriosos y pacíficos. 
Aprovechó Ruy Gómez de Silva su influencia y gran valimiento en 
amparar á varios de estos, trayéndolos á Pastrana, y utilizando allí su 
habilidad en varios artefactos en pro y utilidad de su recién adquiri- 
da villa. ¡ Ojalá hubieran hecho lo mismo otros muchos magnates de 
aquel siglo y aún más el siguiente, en vez de venir de continuo á la 
corte á esterilizar el fruto de los campos y la industria, que campañas 

f>or campañas.el progreso moderno prefiere las de la industria á las de 
a guerra ! 

• Todo un barrio construyeron los moriscos en Pastrana, llamán- 
dole el Albaycin, recuerdo del suyo en Granada, como luego los alca- 
rreños en Nueva España llamaban cNueva Guadalajara» á uno de los 
territorios descubiertos y conquistados. 

* Instalados en Pastrana los moriscos y con el favor del duque hi-^ 
cieron tornos y telares y establecieron tintes, que no era lo de menos 
para dar buenos colores á las sedas y á los artefactos de cintas y pasa- 
manería, utilizando las excelentes plantas tintóreas del país para lo- 



404 APÉNDICES 



grar, á la vez, belleza y baratura en la competencia cod los valencia- 
nos y extranjeros. Pastrana, que á principios del siglo xvi apenas 
contaba con 000 vecinos, á fínes de él empadronaba 2,000, y la villa 
llegó á gran prosperidad y opulencia. 

* En pos de los moriscos vinieron también tapiceros flamencos, 
que labraron reposteros y colgaduras de terciopelo, y aun se dice que 
tapices al estilo de su país, lo cual parece dudoso (a). Pero los tercio- 
pelos es indudable que alli se trabajaban, pues se le formó cargo á 
Antonio Pérez por haber mandado fabricar alH seis reposteros de ter- 
ciopelo carmesí, para regalarlos á una dama. 

* Con la expulsión de los moriscos por Felipe III decayó esta in- 
dustria, que los cristianos siguieron cultivando, pero en aecadencia; 
y que en vano trató de fomentar el duque del Infantado á ñnes del si- 
glo anterior. 



Núm. 7 



Manantiales y lagunas de raras circunstancias en las dos provincias 

IÍa provincia de Cuenca es en general más abundante en aguas 
^ ^ que la de Guadalajara. Aunque de sus respectivos ríos se dio 
noticia y aun de alguna ^ue otra de sus lagunas, todavía conviene ci- 
tar otras que ofrecen circunstancias y aun fenómenos especiales de 
que daban noticias en el siglo xvi las curiosas' relaciones de algunos 
pueblos. 

* En la de Guadalajara es la más importante una laguna cerca de 
Valtablado, bastante extensa y profunda, y con la particularidad de 
que ni cría peces, ni se forma con remansos de arroyos ni de aguas 
pluviales. 

* Igual circunstancia de no criar peces ni poder vivir en ella nin- 
gún pez ni reptil, atribuía la villa de Cifuentes á una fuente que lla- 
maban de los Énculebrados, «Hay, dicen, una fuente de una admirable 
propiedad; y es que en ciertos meses del año, que es en Agosto y un 
ines antes y otro después, ninguna cosa viva entra en ella que no la 
mate, y así acaece (y yo lo he visto), venir ranas por un arroyuelo 
que sale de ella, y entra en otro mayor, y entrando en la dicha fuente 
luego quedan muertas. Han venido diversas veces (á lo que dicen, que 
yo no lo he visto) hombres énculebrados (que se han tragado culebras) 
á beber de aquella fuente, y les han muerto las culebras en el cuerpo, 
y han vuelto sanos.» 

* En la parte de Villanueva de Alcorón hay otra fuente que lla- 
man del becerro, por el extraño ruido que forma el aire comprimido. 



(a) Los tapices que se conservan en Pastrana son portugueses y relativos á 
la toma de Arcilla en 147 1 : es probable que los trajeran los Silvas de Portugal, 
su país. 



APÉNDICES 405 



al salir por un gran boquete, en ocasiones en que trae mucho caudal 
de agua por el deshielo y otros accidentes. Caen estas aguas en cierta 
sima y después de correr más de una legua por conductos subterrá- 
neos brotan en un alto peñasco, junto a una herrería llamada de San- 
ta Cristina. 

* En otro barranco llamado de Júcar, hay una fuente de las lla- 
madas intermitentes, y que el vulgo llama la Loca, que cesa en su 
curso cada media hora. 

* Abundan también los manantiales intermitentes en la provincia 
de Cuenca, V de ellos venían dando noticias los escritores de aquellas 
provincias clesde el siglo xvi. 

* La Burlaca llaman por este motivo á una fuente cerca de Ca- 
ñizares, la cual brota con gran fuerza y caudal del fondo de un hoyo 
poco profundo. Cuando deja de manar absorbe el agua misma que ya 
habia en el hoyo. 

* Otra nace en un alto, cerca de Fuertescusa, que á veces deja de 
manar durante dos 6 tres días, y su reaparición se anuncia con un 
ruido sordo y subterráneo, como de agua que cae de una cascada y 
se oye desde lejos. 

* Los nombres de Burlaca (ó Burladora), Mintrosa (ó Mentirosa), 
que dan á estos manantiales, provienen, según se cree, de las burle- 
tas que suelen hacer los que conocen la duración de estas intermiten- 
cias con otros que las ignoran, diciéndoles que beban cuando el agua 
va á retirarse, ó aproximándolos al caño ó nacimiento, á la sazón seco, 
<:uando conocen que va á brotar. 

* Por el contrario de las citadas en la Alcarria de Guadalajara que 
matan los peces y reptiles, las ha^ en la de Guadalajara en que manan 
truchas y otros peces, cosa que tiene fácil explicación, dadas las ca- 
vernas en que se depositan estas aguas, con aire suficiente y respira- 
ble. Tal es la fuente de la Pumareda cerca de Boniches, y otra cerca 
de Poyatos (a). 

* Del célebre pozo Ayrón se dijo ya en el capítulo xii de la segunda 
parte, ó sea provincia de Cuenca. 



Niim. 8 



Noticias de Pastrana y Balconete conforme á las relaciones topográficas 
pedidas á los pueblos de la Corona de Castilla, en 1575 




N diferentes parajes de este tomo se han citado las curiosas 
^ noticias que dieron algunos pueblos en tiempo de Felipe II, 
«n virtud de una Real Carta de 27 de Octubre de 1575 firmada por el 
secretario Juan Vázquez de Salazar, y á instancias del célebre cronista 



(a) D. Trifón Muñoz Soliva, que da noticia de varias de ellas en su Episcopolo- 
gio Conquense, refiere el susto que llevó viendo á uno del país sumergirse en 
4ique]las hoyas y aparecer, al cabo de largo rato, sacando unas truchas. 



406 APÉNDICES 



Ambrosio de Morales. Iba la carta acompañada de un interrogatorio 
impreso, con 57 capítulos ó preguntas, y dos más adicionales manus- 
critos. Poco se consiguió y fué preciso reiterar la Real Cédula con 
nueva remesa de interrogatorios en 1578. 

* A duras penas, al cabo de siete años, y de tercera amonestación, 
se reunieron 645 relaciones, que se conservan en la Biblioteca del 
Escorial en siete tomos en folio. La de Toledo, en tomo aparte, pasa 
por la mejor y más curiosa. 

* Se ha llamado á este conjunto de noticias Censo general de Es- 
paña^ nombre que no le cuadra, como tampoco el de Descripción de los 
pueblos de España, y otros por el estilo. D. Fermín Caballero lo apelli- 
dó Relaciones topográficas del reinado de Felipe II (a) que parece más 
adecuado. 

* La mayor parte de estas relaciones fueron dadas por los pue- 
blos de la parte central de España, ó sea los de Castilla la Nueva que 
recorremos en este tomo, ó se describirán en el siguiente. Por ese 
motivo, y como por vía de muestra, insertamos como apéndices, con 
los números 10 y 11, los de Pastrana y Balconete en la Alcarria. 

* Entre las mejores relaciones cita D. Fermín Caballero, además 
de las de Toledo y Villena, la de Pastrana, describiendo el ingenioso 
método usado en esta para representar gráficamente los lugares cir- 
cunvecinos, por medio de un mapa circular divido en los 32 compar- 
timientos de la rosa~ náutica. Pastrana ocupa el centro y los 29 pueblos 
comarcanos van ocupando los huecos, expresando la distancia que los 
separa de la villa. 

" «Son estupendas, añade, las especies contenidas en este códice 
relativas á hechos de armas, á pendencias tenaces y sañudas, ya entre 
comarcanos, ya con los extraños. Ved en Villena las luchas terribles 
con valencianos fronterizos, y las atrocidades espantosas con moros y 
judíos, que dejan pavoroso el ánimo y el corazón doliente ; pero se 
templará vuestra pesadumbre por ese carácter pendenciero, al repa- 
rar en la manera caballerosa y leal de hacer las amistades, que ha 
merecido el titulo de paz á uso de Villena. De las invasiones frecuentes 
de los navarros en Castilla, nos dan noticias harto tristes las relacio- 
nes de Santorcaz, Tendilla, Jadraque y Moratilla, robados ó saquea- 
dos con violencia, y la de Rebollosa, que recuerda la destrucción de 
un lugar vecino.» 

* «Más copiosas aún son las reseñas que se hacen de los sucesos 
de las Comunidades y Hermania, de que podían hablar como testigos 
de vista los ancianos declarantes. Santa Cruz de la Zarza, El Cañaba- 
te, Iniesta, Gabaldón, Santorcaz y El Cubillo refieren escenas nume- 
rosas de los comuneros ; si bien merecen atención especial la fechoría 
relatada en Fuentelaencina, las venganzas de que se duelen en la 
Puerta, la severa respuesta del Rey á los de Almoguera, y la sutil 
evasiva del alcalde del Peral. Una observación c.uriosa hacen los de 
Villanueva de Alcaudete, digna de ser consignada: que las caballerías 
y ganados dispersos por el campo, aleccionados en aquella serie de 
conmociones incesantes, entendían ya el toque de rebato, y en oyén- 
dole se venían solos al pueblo.» 



(a) Discurso de su recepción en la Real Academia de la Historia, en 1866. 



APÉNDICES 407 



Núm. 9 



Los «madereros»: organización y trabajos de los gancheros 

* I^A industria de la conducción de maderas por los ríos Tajo, 
^*^ Jücar y Guadiela que constituye una de las principales rique- 
zas de las dos provincias de Cuenca y Guadalajara, ofrece tales con- 
diciones y peripecias, que bien merece ser conocida, y aparte como 
cosa común á las dos provincias aun cuando participe más la de 
Cuenca, de donde proceden casi todas las maderas. 

* Los madereros, nombre genérico que se da á todos los que to- 
man parte en esta industria, desde los empresarios que compran los 
montes para talarlos, hasta los compradores de las maderas ya depo- 
sitadas en seco y para la venta , se dividen en varios grupos á modo 
de gremios. Dejando á un lado los especuladores é industriales, que 
en todas partes son lo mismo, por lo que hace á los trabajadores, los 
dos gremios principales de estos son los hacheros y gancheros (a). 

* Los hacheros trabajan por lo común á destajo en la corta de 
maderos en los grandes bosques de la parte septentrional de la pro- 
vincia de Cuenca, donde se dedican á estas faenas los de Poyatos, Ta- 
layuelas. Cañete, Tragacete, Huélamo, Boniches y otros pueblos ad- 
yacentes, como también los de Arbeteta, Checa, Peralejos y algunos 
otros de la serranía de Molina. Los trabajos se clasifican en corta, 
labra y acarreo. Las cortas se hacen en los meses de invierno, de No- 
viembre á Marzo, y una vez cortados los pinos ü otras maderas, y des- 
pojados de su ramaje y corteza se los apila para que se puedan secar 
y ser conducidos con más facilidad, ó bien al embarcadero ó aguadero 
más próximo, ó bien en este mismo, si no están en buenas condiciones 
para flotar. 

* £1 trabajo y organización de los hacheros para la corta y labra, 
y lo mismo el de acarreo por arrastre ó en en carretas, nada tiene de 
particular, y viene á ser como otro cualquiera, en el Pirineo, en los 
montes de Segura, ó en los valles de Rioja, cuyas maderas bajan por 
el Ebro con mejor disposición, trabadas unas con otras en las que lla- 
man almadias, Pero esta forma de conducción fluvial es imposible 
por el Tajo y el Júcar. De ahí los trabajos especiales de los gancheros 
y su organización peculiar, que viene a constituirlos en un tipo espe- 
cial, y particularidad de estas dos provincias. 

* Las maderadas que bajan por dichos ríos llevan á veces de 
10,000 á 100,000 maderos {b). 



(a) La descripción de éstos está tomada del libro del Sr. Torres Mena, pág. 119. 

{b) Asombrado el autor de estas líneas al ver bajar por el Júcar, en Cuenca, 
una maderada de más de 8,000 piezas, oyó todavía con más sorpresa á los Profe- 
sores del Instituto decirle:— /Eso no vale nada! ¡Si hubiera V. visto la anterior que 
estuvo pasando durante quince días! 



408 APÉNDICES 



* Parala conducción de estas se emplean de ciento á mil hom- 
bres, según el número de piezas que hay para conducir. Su organiza* 
ción es casi militar, y armados con sus varaganchos, terminados en 

xhuzo con un hierro corvo, tienen cierto aspecto guerrero, contribu- 
yendo á ello su traje uniforme de paño pardo, sombrero de ala ancha 
sobre pañuelo de colores y faja de lana negra. 

* Reunidos los gancheros se ordenan de diez en diez por cuadri- 
llas ó compañas; ai frente de cada docena hay un cuadrillero, jefe y 
director de la compaña, la cual nombra además su guisandero y ran- 
chero: éste suele ser un chicuelo que cuida el hato de la cuadrilla. 
Para cada cinco cuadrillas hay un mayoral. Los mayorales tienen 
además un capataz, ó suele serlo el mismo empresario ó contratista. 
Cada cuadrilla hace su rancho, tres veces al día, para lo cual se da 
diariamente á cada ranchero tres libras de pan, media azumbre de 
vino, y además doce onzas de aceite y media libra de sal para toda la 
cuadrilla. La comida se reduce generalmente á migas, á que añaden 
algo de bacalao, pimienta y algún otro alimento barato. Mientras co- 
men, los delanteros forman tijera, especie de represa para que no 
avancen las maderas; por ellas mismas pasan de un lado al otro del 
río y con sus lanzones empujan las maderas que no flotan bien, ó se 
paran á las orillas. 

* Los mayores trabajos de los gancheros son en la parte septen- 
trional, donde los ríos llevan todavía poco caudal de aguas, y lo mon- 
tuoso y accidentado del terreno, las cascadas y caidas de aquellas 
obligan á la formación de canales por donde se escurren las maderas; 
pero en cambio como les cogen estos trabajos cerca de sus pueblos, 
están todavía en más comunicación con sus familias. Al comenzar la 
marcha se entrega á cada cuadrillero la visleta de enganche, que 
suele ser de diez pesetas, la cual los honrados suelen dejar en gran 
parte á su familia. 

* Cada cuadrilla tiene su ropero^ el cual va y viene cada quince 
días llevando la ropa sucia y trayendo la limpia en un saco con el 
nombre del cuadrillero. Las comunicaciones son rara vez por escrito, 
más bien verbales, ó por signos convencionales. En saliendo de las 
hoces y cascadas de las dos Alcarrias, y pasando de Cuenca y de Bo- 
larque, apenas guedan trabajos rudos que practicar; pero en cambio 
se alejan de su tierra, les acomete la nostalgia, y á veces les sustitu- 
yen los de Cofrentes y otros pueblos de Valencia á los que han bajado 
por el lúcar. Los del Tajo y Guadiela llegan hasta Aranjuez, en donde 
desembarcan las maderas. 

* Para avisarse las cuadrillas tienen también sus señales ópticas, 
alzando el sombrero, tocando el ala de él, por cuyo medio en pocos 
minutos corre una noticia por toda la linea que ocupa la maderada 
flotante, que á veces se extiende á dos y tres leguas. 

* Los trabajos mayores son en los puntos donde tienen que ha- 
cer adobos ó canales. Bajando de Beteta, uno délos puntos de embar- 

aue en el Tajo, tropiezan tres leguas más abajo con el primer paso 
ifícil en la Herrería de Paralejos, donde gastan tres ó cuatro días 
para salvarlo. Tres leguas más abajo hay otro sitio de peligro, donde 
tienen que construir con no poco riesgo, y á veces con algunas victi- 
mas, un canal de diez y seis á veinte varas con las maderas mismas, 
para lo cual se utilizan las primeras que bajan, y en pasando las de- 
más deslizándose por esa canal, se deshace el armadijo y bajan estas 



APÉNDICES * 409 



maderas las últimas. En este paso invierten diez, doce y á veces más 
semanas. Las inundaciones y avenidas retrasan á veces estos traba- 
jos. De esta manera van salvando otros muchos obstáculos por la Al- 
carria hasta llegar á Bolarque, sima en otro tiempo de gancheros, y 
hoy de fácil tránsito, merced á dos canales laterales abiertos en las 
laderas, por donde bajan las maderas con poca dificultad y sin peli- 
gro, y allí unidas las aguas del Tajo con las del Guadiela, y lo mismo 
las maderadas que por éste bajan, salvan muy fácilmente las presas 
del Maquilón y otras, hasta llegar al raso de la Estrella en Aranjuez. 

* El describir los trabajos, quizá mayores, que tienen que arros- 
trar los gancheros en los demás ríos de la provincia de Cuenca , sería 
demasiado prolijo; puede formarse idea de ello por los anteriores. 

^ Los del Tajo recorren desde los embarcaderos hasta Aranjuez 
de 60 á 70 leguas. Los del Cuervo y Guadiela, con mayores trabajos y 
peligros unas 80: los del Cabriel unas 90, y los del Júcar hasta el mar, 
de 120 á 130. 

* Y después de tantos trabajos, riesgos, privaciones y fatigas, 
gran parte de los pobres gancheros gastan sus escasos ahorros en cu- 
rarse las tercianas, y gracias si á la vuelta pueden curarse los dolores 
reumáticos en Trillo, Sacedón, Solar de Cabras, Valdeganga, Saheli- 
ces y Beteta, cerca de los puotos de partida. 



Núm. 10 



Pastrana. — Antigüedades de Pastrana, partido de Zorita de los Canes 




N la villa de Pastrana, á seis dias del mes de Marzo de mil 
quinientos setenta y seis años, Nicolás Fernandez de Heredia 
y Fabián Cano, vecinos de esta villa, personas nombradas por la jus- 
ticia y regimiento de ella para hacer las diligencias y relación de 
dicha villa, para la descripción é historia que por mandado de Su 
Mag. está mandado hacer en los pueblos de España, conforme á la 
instrucción impresa en molde, que á los dichos justicia y regimiento 
con requisitoria les fué enviada por Don Pedro del Reinoso, caballero 
del oraen de Calatrava, e gobernador del Partido de Zorita y Almo- 
guera, la cual, vista por nos los susodichos Nicolás Fernandez y Fa- 
bián Cano, respondiendo á ella, decimos lo siguiente: 

* cCapítulo I. — Primeramente, cuanto al primer capitulo de la 
dicha instrucción impresa en molde, decimos : Que este pueblo se 
Uama la villa de Pastrana, cuya denominación no se sabe su origen, ni 
que se haya llamado otro nombre.» 

* «Cap. II. — Decimos que el año 1179, reinando D. Alfonso el No- 
veno, hijo del Rey D. Sancho el Deseado, conquistó la fortaleza de 
Zorita de los Canes contra un Lope de Arenas, teniente alcaide de 
ella, que tiránicamente la poseia, el que requerido por el Rey se rin- 
diese y entregase esta fortaleza, pidió concierto, y para tratar, entra- 
se 



4Í0 * APÉNDICES 



ron en el castillo de parte del Rey, con seguro del dicho Arenas, dos 
Caballeros y Condes, y por no se concertar con el dicho teniente de 
alcaide los puso presos: de lo que sañudo el Rey D. Alonso se prove- 
yó de gente para la conquista del castillo, por el temor de los moros 
que estaban en Cuenca, trece leguas buenas de la fortaleza,, que se 
recelaba venian en favor del tirano. Y entre los que vinieron á servir 
al Rey, parece vino uno á su socorro, que fue el maestre de Calatra- 
va D. Frey Hernando Escasa, natural del reino de Navarra, de una 
villa que se llama CuUera, con doscientos hombres, en agradecimien- 
to de que el Rey D. Sancho, padre del dicho Rey D. Alonso, le hizo 
maestre. Y en este comedio salió del castillo un hombre que se llama- 
ba Dominguillo, algo simple y medio truhán, y ofreció al Rey que 
mataria á Lope Arenas, y asi lo hizo, que le tiró un venablo estándole 
afeitando, el cual tirano, viéndose morir, mandó á un sobrino entre- 
gase la fortaleza al Rey, y asi lo hizo, y el Dominguillo pidió merced, 
y el Rey le dio rentas, que comer, y le mandó cortar los pies y las 
manos, de donde se entiende tomó rigor aquello de «que el Rey se 
paga de la traición, no del traidor.» E desde cuatro años, que fue el 
de 1 183, parece que dicho Rey D. Alonso hizo merced á la orden de 
Calatrava, v al dicho maestre Hernando Escasa, de la villa de Zorita 
y del Castillo , después de lo que los maestres que sucedieron á dicha 
Escasa dieron población en su término é jurisdicción, mediante la que 
se fundó este pueblo como aldea de la dicha villa de Zorita, sujeta á 
su jurisdicción, en que se mantuvo muchos años.» 

* «Cap. III. — A este capítulo decimos, que el maestre D. Fr. Pedra 
Moñiz (ó Muñoz), con consentimiento de los caballeros de su Orden, 
hizo villa este pueblo en 20 de setiembre de la Era de 1407, y su pri- 
vilegio se confirmó por Benedicto tercio (trece) en 7 de noviembre 
del dicho año, y el Rey D.. Juan I de este nombre, lo confirmó en Al- 
calá de Henares á 28 de enero de 1421. Después de lo que el Rey 
D. Enrique, hijo del dicho Rey D. Juan, en cortes que tuvo en Ma- 
drid, lo confirmó todo por su privilegio, insertos en él todos los suso- 
dichos. (Téngase presente que alguna vez confunden en este informe 
Era con año, etc.)» 

* «Cap. IV. — Decimos que este pueblo está en el reino de Toledo, 
sito donde dicen la Alcarria, en el medio, y en lo mejor de ello.» 

* €Cap. V. — No toca á esta villa,^ 

* «Cap. VI. — Decimos que el sello y escudo de este pueblo fue ua 
hábito de Calatrava, por haber sido de dicha orden, é fundado por 
los maestres, é agora, después que fue de señorío trae una cruz^ 
llana.» 

* «Cap. VII. — Decimos que esta villa de Pastrana es de la Esce- 
lentísima Sra. Princesa Doña Ana de Mendoza y de la Zerda, Duquesa 
de Pastrana, viuda del Excmo. Sr. Príncipe Ruy Gómez de Silva, la 
cual posee por sí misma é como usufructuaria del estado del dicho 
Príncipe, su marido. Sacóse esta villa de la Orden de Calatrava , y se 
enagenó por venta del Emperador D. Carlos N. S., en el año de mil 
quinientos y cuarenta y un años, por primera compra que de este 
pueblo hizo Doña Ana de la Cerda, Condesa de Melito, á quien suce- 
dió D. Gaspar Gastón de la Zerda, su hijo, y por muerte de D. Iñigo 
de Mendoza y de la Zerda su primogénito, el que la vendió á los di- 
chos señores Príncipes Ruy Gómez y Doña Ana. Parece que al tiempo 
de la fundación de este pueblo se consintió por pecho predial consti- 



APÉNDICES 411 



tuido sobre el terrón, por razón de los términos y heredamientos, 
treinta mil maravedís en dinero para la mesa maestral, ¿ doscientas 
ochenta y dos fanegas de trigo y media. E por consentir este tributo, 
é porque estuviese seguro y la tierra se poblase , se le concedió privi- 
legio, y á todo este partido de Zorita, para que ninguna persona pu- 
diese vender heredamiento ninguno á hombre exento, ni á clérigo, ni 
á monasterio, ni á persona privilegiada, é si se vendiese, el que lo 
comprase perdiese la cosa que compró, y el vendedor el precio é inte- 
reses que por ella hubo, y que todavía la hacienda que por razón del 
terrón peche, é por quitar estos inconvenientes, é por otras causas 

aue á los antiguos les movió, tienen impuesto el dicho pecho mas há 
e setenta años, en que los treinta mil maravedís en dinero los pague 
este Ayuntamiento cada año, y para lo del pan el dicho Ayuntamiento 
de esta villa compró todos los molinos arineros, y cargó sobre la ma- 
quila ordinaria, tanto mas que con ella basta á pagar las doscientas y 
ochenta y seis fanegas y media de trigo, y asi se hace el dia de hoy, 
y desta manera freiles, clérigos privilegiados esentos y no esentos, 
pagan el dicho pecho predial, é lo oue comen dejan.» 

* «Cap. VIII. — Al octavo capítulo decimos, que por este pueblo 
solia hablar en Cortes la ciudad de Toledo, é sus juntas de concejos 
las hace en la común deste partido de Zorita, y los repartimientos de 
pedidos ú otras cosas las solia hacer, antes queste lugar fuese de Se- 
ñorío, el gobernador deste dicho partido de Zorita, y agora se hacen 
en la común deste partido de Zorita.» 

* Cap. IX. — «Al noveno capítulo decimos, que este pueblo está 
en la Chancillería real de Vailaaolid, en su destnto; tienen los Alcal- 
des ordinarios primera instancia en toda judicatura zevil y criminal, y 
de los dichos Alcaldes se apelan los pleitos, si quieren, para ante el 
Governador que pone el Señor, y de allí para la Chancillería ; y si de 
los Alcaldes quieren apelar para ella, lo pueden hacer sin ir al Gover- 
nador, siendo los tales pleitos cuantiosos para poderse llevar á la 
dicha Chancillería, y lo mismo se hace en los pleitos que penden ante 
el dicho Governador : y deste pueblo hasta la dicha Chancillería de 
Valladolid hay treinta y ocho leguas ; y en los pleitos de diez mil ma- 
ravedís abajo se apela del Governador y del Señor para ante el Ayun- 
tamiento.» 

* Cap. X. — «Al décimo capítulo decimos, que la ffovernacion del 
estado del Señor deste pueblo, está en esta villa, donde antes, siendo 
del Rey, lo estaba la deste partido de Zorita, y aquí tenia casa la go- 
vernacion, y propia suya, donde vivia el Governador, el cual reside 
agora en la villa de Almonecid, después queste pueblo se enagenó de 
la corona Real.» 

* Cap. XI. — «Al onceno capítulo, este pueblo está en el Arzobis- 
pado de Toledo y en el Arciprestazgo de Zorita ; hay veinte leguas de 
aquí á Toledo, y legua y media de aquí á Zorita y Castillo á donde 
está la iglesia del Arciprestazgo.» 

* Cap. XII. — « Al doceno capítulo, este pueblo fue de la Orden de 
Calatrava, y ya no lo es, por haverse sacado della y vendido.» 

* Desde el capitulo trece hasta el die^^^ y seis pone los pueblos de alrede- 
dor^ según los vientos, 

* Cap. XVII. — «Decimos que esta tierra es mas caliente que fria, 
y áspera en mucha mas parte que llana, y es montuosa, é tierra sana, 
donde hay muchos viejos, y en especial es muy sana de cabezas, y su 



412 APÉNDICES 



aspereza es cerros y valles, y algunas partes llana, y todoellofructífero.» 

* Cap. XVIII. — «Al diez y ocho capítulo decimos, questa tierra 
es abundosa de leña, así de pino como de encina, robles, olivos, noga- 
les y otros muchos zerezos de árboles. Críanse en ella venados y lie- 
bres, conejos, perdices é diversas aves de las ordinarias, hállanse en 
ella algunos lobos, es tierra muy poblada y rompida, é así no se crían 
animales ferozes.» 

* Cap. XIX. — «A los diez y nueve decimos, este pueblo está apar- 
tado de serranía.)» 

* Cap. XX. — «Al veinte capítulo decimos, que á una legua peaue- 
ña de esta villa, á la parte del Mediodía, pasa el rio Tajo, grande y 
caudaloso, y á la misma parte se junta con dicho rio otro que antigua- 
mente se llamaba rio de Arles, y es pequeño, y se llama agora el 
arroyo de la Vega, el cual pasa un beintavo de legua de esta villa á la 
parte del Este, quarta al Nordeste, por donde corre una vega abajo 
antes y después, hasta que entra en el dicho rio Tajo.» 

* Cap. XXI. — «Al veinte y un capítulos decimos, queste es pue- 
blo de mucha frescura, de huertas é valles é vegas con muchas aguas 
de que se riegan, de questá cercado todo el lugar, y en muchas par- 
tes de su término cógense muchas frutas, ansí de manzana, pera de 
diversos tenores, é guinda, zereza, nuez, granada, ciruela, membrillo, 
serba, higo é otras diferentes maneras de frutas. Riberas de los dichos 
rios en el capítulo antes deste, son tierras de pan llebar, é con algunas 
huertas, é cañamares, hortalizas, en especial la del rio Arles, que son 
tierras propias de vecinos desta villa, hasta cerca donde este rio se 
junta con Tajo, é todo ello se puede regar. En el dicho rio se crian 
barbos y peces, é alguna anguila é trucha, aunque poco; en el de 
Arles solo se hallan bermejuelas.» 

* Cap. XXII.— «a los veinte y dos capítulos decimos, que los mo- 
linos arineros desta villa están en la ribera del dicho rio de Arles, 
escepto uno y el mejor, que por ocasión del salto está un poco aparta- 
do, el cual renta ai concejo desta villa setecientas cincuenta fanegas de 
trigo cada año, poco mas ó menos, é ni tiene mas que una rueda. Hay 
otros dos en la dicha ribera, de una rueda cada uno ; muelen con re- 
golfo, ¿ rentan al dicho concejo cuatrocientas é cincuentas fanegas 
entre ambos á dos cada año, poco mas ó menos ; son propios desta 
villa comprados por su dinero antiguamente.» 

* Cap. XXIII. — «Al veinte y tres capítulo decimos, questa villa y 
todo su término es abundantísimo de aguas, é todas dulces é muy sa- 
nas ; hay dentro del pueblo nueve fuentes comunes á todos, é por 
defuera otras muchas, y en especial dos grandes que nacen á los lados 
cerca del dicho pueblo, en dos valles de mucha frescura, et guertas y 
arboleras, é tierras, é cáñamos, é linos, é hortalizas, é otras legum- 
bres, é plantas, de donde proceden los arroyos que arriba se dicen : se 
juntan al pie de este pueblo, cuyos nombres de estas fuentes, sin 
otros que los de los dichos valles á ellas ocurren, son : las de la mano 
derecha, la fuente el Zerezo, é la de la izquierda la Fuen-preñal, é las 
laderas destos valles y los cerros dellos, y de la otra parte é otra mu- 
cha parte del término desta villa es plantado de olivos, é demás desto 
hay otras muchas fuentes y valles apartados del pueblo, en frescos y 
lindos valles, especial una no menos que las aichas, donde dicen 
Valdemorales, donde la Reina Doña Berenguela tubo jardín, que hoy 
dia permanece.» 



APÉNDICES 413 



* Cap. XXIV. — «Al veinte y cuatro capitulo decimos, que allende 
los pastos comunes, hay en este pueblo una dehesa gue llaman los 
Cotos, y es propia del concejo de esta villa, y la dan siempre al obli- 
gado de la carne, porque haga baja y porque de diez uno le llevan 
cada año treinta mil maravedís de renta por la yerba, é crece y baja 
algunos años.» 

* Cap. XXV. — « Al veinte y cinco capítulo decimos, que en este 
pueblo hay unas casas que los Reyes Católicos, cuando echaron los 
)udíos de Castilla, hicieron merced á este pueblo é provincia de Zori- 
ta, para vivienda de los Governadores della. Las cuales los dichos 
Reyes ovieron por haberse confiscado á un judio que llamaban Bien- 
veniste. E por haberse vendido este pueblo, se pasó la Governacion á 
la villa de Almonecid, donde agora reside, y las dichas casas se ven- 
dieron y las posee un vecino desta villa. Hay una heredad principal 
que la llaman la Pangia, ribera del dicho rio de Arles, de un cabo y 
de otro, que está de donde se junta el dicho rio de Arles con el rio « 
Tajo, con dos molinos arineros, é muchas tierras donde se coge trigo, 
cebada, panizo, alazor é muchas ortalizas, é con alamedas de olmos é 
frutales. E antes solia ser de la encomienda de Zorita, é agora es del 
mayorazgo del dicho señor Ruy Gómez de Silva, que haya gloria. 
Tiene el concejo de este dicho pueblo una heredad que llaman Seber, 
término redondo con jurisdicción civil y criminal, con muchas arbole- 
das é frutales, é tierras de pan llevar, ¿ cañamares, é ortaliza, é un 
pedazo de dehesa, monte de encina, la cual heredad el dicho concejo 
compró por su dinero en tiempo anticuo. • 

* Cap. XXVI. — t A los veinte y seis capítulos decimos, que en este 
pueblo se coge mucho aceite, que algún año han pasado de cincuenta 
y cinco mil arrobas, é vino y pan en mediana cantidad ; cógese cáña- 
mo y lino, alazor ¿ ortalizas; crianse algunos ganados de lana é cabrio. 
En cuanto á los diezmos valen según se coge de los dichos esquilmos, 
en un año con otro, á nuestro parecer, vale ^el diezmo del aceite mas de 
á cuatrocientos y cincuenta mil maravedís, y^ de vino mas de doscien- 
tos mil; é de ganados mas de cuarenta mil, y esto se dice por no 
cierto, porque algún año solo el aceite ha valido mas de trece mil du- 
cados. Tiene este pueblo falta de pescados, que le vienen de Bilbao y 
de aquellas costas, y si algún trigo y cebada le falta, le viene de la 
Mancha y Leganiel, y tierra del Pozo, y Driebes, y otros lugares de 
este contorno.» 

* Los capítulos 27, 28, 29, ^o jy 31 no tocan i esta villa, 

* Cap. XXXII. — « A los treinta y dos capítulos decimos, que esta 
villa de Pastrana está en cuarenta y dos grados de astrolavio y altura, 
á lo que se ha entendido de los que la han medido : está sita en una 
ladera que hace nariz, y por los dos lados la abrazan los dos valles y 
arroyos de las fuentes Fuenpreñal é fuente el Cerezo, de que eri esta 
relación arriba se hace mención, los cuales arroyos se juntan en uno 
al pie de este pueblo ; es lugar algo áspero, la mayor parte de él fue 
cercado de cal y canto con almenas, y lo está agora alguna parte de 
él, y otra parte caída.» 

* Cap. XXXIII. — «Al treinta y tres capítulo, que el castillo de 
Zorita de los Canes, de que en esta relación en algunas partes se hace 
mención, está dentro de la jurisdicción de mi señora la Princesa, y 
del Governador que pone en esta villa. Es edificio antiquísimo, edifi- 
cado sobre peñas, y es de cal y cantó, muy mal tratado e caido ; no 



414 APÉNDICES 



hay en él armas, sino algunas ballestas y algunas balas de piedras, 
poquitos tiros y sin ningún aparejo ni valor, y el castillo de mucha 
calidad y antigüedad.» 

* Cap. XXXIV.— «Al treinta y cuatro capitulo decimos, que del 
dicho castillo fué Alcaide el Príncipe Ruy Gómez, mi señor, y por 
su fallecimiento lo es D. Rodrigo de Silva y de Mendoza, Duque de 
Pastrana, su promogénito, todo por merced de su Majestad. Tiene 
de gajes el Alcaide sesenta y tres mil y seiscientos maravedís en dine- 
ro, é doscientas é cincuenta fanegas de pan, trigo é cebada por mitad, 
todo en cada un año; tiene aprovechamientos de pacer con sus gana- 
dos los pastos comunes de todos los lugares del partido de Zorita, 
según y como, y cada vecino en su mismo lugar por donde vive, los 
podria pacer.» 

* Cap. XXXV. — « Al treinta y cinco capítulo decimos, questa villa 
de Pastrana es ediñcada de muy buenos edificios, é las tres partes della 
de cal y canto, é muchas casas con patio, é toda la villa muy junta é 
de muy buena apostura; los materiales de cal y arena, yeso é piedra 
é madera tosca, se cria é lo hay dentro de este término, muy cerca 
de la villa, mucho y muy bueno, y por moderados precios. Y lo que 
es madera de rio que viene de la sierra de Cuenca, se provee en Tajo 
della cuando pasa. E los demás edificios son de tapias é tabiques de 
yesso.» 

* Cap. XXX VI. — « Al treinta y seis capítulos; que además de los 
muchos y buenos edificios deste pueblo, hay en particular dos casas 

?iue son de los señores del, é la una, que no está acabada, es casa 
uerte con troneras y salteras, fabricada de cal y canto de ancho muro, 
y todas las paredes por defuera, y bentanas y escaleras, son de sillería 
de piedra, y con muy buenas maderas, y algunas piezas de artesones 
de talla; y tiene delante una plaza cercada de casas pequeñas con tien- 
das para contratación, y encima dellas sus galerías, sobre valles y 
guertas de mucha frescura. Hay en la plaza mayor de esta villa un 
mesón grande, que antes solia ser palacio, casa y vivienda de la Reina 
ó Infanta Doña Berenguela ; tenía esta Reina un vergel en Valdemo- 
rales, que es el que arriba queda dicho, en el cual valle está el sitio é 
señal donde estuvo fundado un monasterio del señor Sanct Fran- 
cisco, que se llamó Nuestra Señora de Gracia, en el cual tomó el 
avito el santo Fr. Diego , cuyo cuerpo está en la villa de Alcalá de 
Henares, en Sanct Francisco. Esta Reina no sabemos cuál fué, por 
haber habido otra de su nombre ; poseyó en este pueblo otras hereda- 
des de tierras é olivos, de los cuales, y del dicho su vergel de Valde- 
morales, hizo merced á un fulano Beltran, su mayordomo, é hoy dia 
lo poseen sus sucesores, aue viven en Guadalajara.» 

* Cap. XXXVII. — « Á los treinta y siete.» 

* Cap. XXXVIII.— «Á los treinta y ocho capítulos decimos, que 
en este pueblo siempre hubo y hay personas de buenos entendimien- 
tos y letras, é valerosos é animosos en las armas, en especial en nues- 
tros tiempos D. Tristán Calbete, Obispo de Obiedo, é primero fué 
inquisidor y el maestro Fray Melchor Cano, obispo de Canaria, fraile 
de la Orden de los Predicadores, desistióse del obispado, fue de los 
nombrados para el Santo Concilio de Trento, donde se halló el Doctor 
Cano, su padre, que después de viudo se puso fraile Francisco, fue 
confesor de las Infantas r>oña María, que agora es Emperatriz, é Doña 
Juana, Princesa de Portugal, madre del Rey de Portugal D. Sebastian. 



APÉNDICES 41; 



El Doctor Calbete, oidor del consejo de las órdenes y el Doctor 
Cano, oidor del Consejo Real, y el licenciado Zereceda, oidor en 
Chancilleria de Granada. E otros muchos letrados criados de Su 
Magestad en oficios judiciales, por tiempo ¿ per memorias de escritu- 
ras, é de gentes que lo oyeron á sus mayores, parece y dicen que anti- 
guamente hubo un maestro de Sanct Tiago, natural de esta villa, el 
cual se llamó D. Fulano de Malvenda: y en tiempo de los Reyes Cató- 
licos, salió de esta villa Alonso de las Pozas, hijo de vecino della, é 
por sus méritos en las armas fue capitán, y en presencia del Gran 
Capitán, estando el ejército contra franceses sobre ganar la puente de 
Savellan, tomó una vandera, é con el apellido de España arremetió 
por la puente adelante tendido el brazo izquierdo, á quien una pieza 
de artillería se llevó, é con el derecho cobró la vandera; con el mismo 
apellido de España pasó la puente, é lo siguieron los españoles, é con- 
siguieron la victoria; y aunque en las crónicas de aquel tiempo se he- 
rró este nombre, pues dicen que este hecho le hizo un Fernando de 
lUescas, en efecto de verdad le hizo éste, y así está provado, y los Re- 
yes le hicieron merced por ello. Ovo otro capitán, Luis Pizano, natu- 
ral desta villa, con el hábito de Calatrava, baleroso en las armas; fue 
Teniente de General de la artillería muchos años, é sin haber en su 
tiempo General; fue Alcaide de la fortaleza de Zorita de los Canes por 
merced de S. M. el Emperador D. Carlos, de gloriosa memoria. Ha 
havido otros é muy buenos soldados é capitanes, y alféreces y oficia- 
les en la guerra, que han hecho buenos valerosos hechos ; por la pro- 
ligida no se dicen.» 

• Cap. XXXIX. — «Á los treinta y nueve capítulos decimos, que 
en esta villa hay mas de mil casas en que hay mas de mil y doscien- 
tos vecinos. Que fué muy menor antes de agora, ansí en tiempo que 
fue aldea como después, ha ido creciendo por la fertilidad de la tierra 
y frescura, y de buenos mantenimientos, y tierra sana, y por el buen 
trato de la gente della. E de cinco años á esta parte ha venido copia 
de moriscos, y oficiales milaneses y de otras partes, anejos al trato de 
la seda, y tejidos de oro, é cada día se va aumentando.» 

• Cap. XL. — « Al cuarenta capítulo decimos, que en este pueblo 
hay hijos-dalgo, alguno cuyo número no se save, ni se conoce por no 
tener estado de oficios aparte, y por la ocasión del privilegio del pecho 

aue se impuso sobre el terrón, que arriba queda dicho, no se ha teni- 
o tanta cuenta en esto como en la limpieza de sangre, que hasta el 
dia de hoy dura, y se estima en mucho, de manera que han acostum- 
brado de que en su Ayuntamiento no se entrase por oficial ni dipu* 
tado ningún converso ni con raza de moro.» 

" Cap. XLI. — «Al cuarenta y un capítulos decimos, que en este 
pueblo hay algunos mayorazgos de bienes raices, é muchos de ellos 
patronazgos obligados á decir Misas y otros sufragios, que por ser 
pequeños no se hace mención dellos, escepto el que arriba queda di- 
cho de la casa y hacienda que la dicha Reina Doña Berenguela donó 
é hizo merced, que hoy dia hel aquí otro, de Nicolás Hernández de 
Polo, señor de Efscariche. E otro de D. Juan Calbet, señor de Valde- 
concha, hijos de vecinos de este pueblo. 

• Cap. XLII.— « Al cuarenta y dos decimos, que siempre en este pue- 
blo obo y hay gente rica, de manera que natural del pueblo no se hallan 
tres mendingantes. Son muchos de los vecinos mercaderes de diversas 
mercaderías de lencerías y otras casas. E salen algunos fuera á tra- 



4l6 APÉNDICE S 



tarlas, é tienen granjeria de encerrar aceite é vino, é otros muchos no 
entienden en otro que hacer cultivar la tierra, sus olivos é viñas, éla 
demás hacienda, y del husufruto se mantienen. Lábrase en este pue- 
blo mucha cantidad de seda, así torcidas y flojas como en telas, que 
se tienen por cercano en bondad á las de Granada, ¿ mejores que las 
de Jaén y Baeza y otras partes, téjense muchos brocados de oro tira- 
do, que en toda España no se hacen como aquí. Lábrase taraza tan 
buena como la mejor que se hallará en Granada. Ahi de todo género 
de oñcios.» 

* Cap. XLllL— «Al cuarenta y tres decimos, que en este pueblo 
reside el teniente del Arcipreste de Zorita, el cual tiene jurisdicción 
civil sobre los eclesiásticos, é cabildos y cofradías. Pone el señor un 
Corregidor ó Governador en la villa : elige el dia de Sanct Mateo de 
cada un año dos alcaldes en esta manera, que los alcaldes é regido* 
res, é alguacil mayor que aora son, nombran cuatro alcaldes en 
dos papeles, dos en cada uno, é cuatro regidores por la misma 
orden, é dos alguaciles distintos, é con estas elecciones van al señor 
de esta villa, el cual escoge cual de aquellos dos papeles de alcalde, 
regidor é alguaciles quiere c)ue lo sean, y aquellos salen, sin poder 
mudar del un papel á otro, isino así como van por cada dos, y en esta 
manera á descoger el Señor, acjuí se usa de siete años á esta parte, 
porque hasta entonces no escogía, sino sin mirar los nombres, sacaba 
por suerte los que hablan de ser, é si habia de ver los otros papeles 
juraba primero guardaría secreto, que no diria quien eran, é para el 
gobierno de aquel año hace nuebe diputados elegidos por nuebe cua- 
drillas, que en este pueblo han como si dijésemos nuebe parroquias, 
é cada una dellas las nombra el suyo, é lo reciben por tal el Ayunta- 
miento, y cada uno dellos tiene el mismo voto que cualquiera de los 
dos alcaldes y regidores, y cada cuadrilla tiene dos alcaldes sin bara, 

Íj se juntan muchos dias de fiestas, é de allí su diputado lleva resuelto 
o que por su cuadrilla ha de hablar en ayuntamiento, en lo que mas 
conviene al bien de la república, y en esta orden pasan su año hasta 
que entran otros que hacen lo mismo.» 

* Cap. XLIV. — «Al cuarenta y cuatro decimos, que los ministros 
de justicia que en esta villa hay es el dicho teniente de Arcipreste, y 
el dicho Governador, é dos alcaldes, dos regidores, dos alcaldes de la 
hermandad, dos alguaciles mayores, uno del dicho Governador é otro 
de la villa, é tienen sus tenientes. Hay los dichos nuébe diputados é 
un procurador general, é un escribano del secreto del Ayuntamiento, 
é otro escribano público, ante quien se libra todo lo de justicia; hay 
receptor de los propios de la villa, que en otra parte llaman mayor- 
domo. Tienen de salario los regidores á mil maravedís, y el escribano 
del Ayuntamiento nuebe mil maravedís y veinte fanegas de trigo, y 
el receptor cuatro ducados é diez fanegas de pan por mitad. 

* Óap. XLV. — «Al cuarenta y cinco capítulo decimos, que tiene 
de término propio esta villa por algunas partes una legua, y por otras 
algo mas ó menos. Hay un término común á todos los lugares deste 
partido de Zorita, cuya jurisdicción tiene comprada el Príncipe Ruy 
Gómez, mi Señor, que haya gloria. Tiene esta villa vecindad en los 
pastos de sus ganados con las villas de Hontova, lugar de realengos, 
y jurisdicción de la Governacion de este partido de Zorita. Tiene de 
renta esta villa por propios cuatrocientos cincuenta mil maravedís un 
año con otro, ansí en dinero como el pan que rentan los molinos ha- 



APÉNDICES 417 



rineros, y ciento treinta y cuatro fanegas de trigo en la heredad de 
Seber, y ochenta fanegas en otra heredad que dicen de Torrejón, y 
en lo que arriendan los hornos de poya, que son suyos, y en otras 
cosas, y en el portazgo que aquí se paga.» 

* Cap. XLVL— «Al cuarenta y seis decimos, que aquí se guarda 
el fuero de Sepúlveda para lo que toca á las herencias que buelven 
los bienes raices al tronco. Hay otro fuero, que si por una cédula con- 
fiesa uno que debe á otro cualquiera cuantía, y en ella dice que entra 
en plazo de nuebe dias según mero de Zorita, y pone dos testigos, y 
firman con él, bale como obligación, pues le e|ecutan al tiempo d^l 
plazo sin reconocer, etc.» 

* Cap. XLVII. — «Al cuarenta y siete capítulo decimos, que el se- 
ñor de este pueblo tiene jurisdicción y pone Governador, y en su 
nombre, y conoce de las causas en primera instancia, y en grado de 
apelación, de lo que ante los alcaldes ordinarios de esta villa se apela 

f)ara ante él, y la misma primera instancia, ansí en lo civil como en 
o criminal, la tienen como él los dichos alcaldes, conociendo de los 
delitos el que mas presto previene, y de los casos ordinarios á quien 
las partes llevan en demanda. Baldríale este pueblo al señor mas de 
ochocientos mil maravedís de renta, ansí en Jas alcabalas como en la 
mesa maestral, é claveria y escribanía, y la parte que le pertenece de 
la renta de menudos, y de la del vino y de ganados que estas tres ren- 
tas crecen y menguan según el fruto que hay, y no ha empezado á 
gozar la renta de feria y mercado, que también compró á S. M.» 

* Cap. XLVIII. — «Al cuarenta y ocho capítulo cfecimos, que hay 
en esta villa una sola Iglesia parroquial, la cual se ha reducido de tres 
años á esta parte en Iglesia Colegial, en la cual hay algunos entierros 
de capillas, y otros sm ellas, con algunas memorias de misas, en es- 
pecial un entierro á la parte donde se dice el Evangelio, en el altar 
mayor está un arcipreste que fué deste Arciprestazgo de Zorita y na- 
tural desta villa. En la parte de la Epístola una principal capilla c}ue 
fundó é dotó Alonso Hernández de Heredia, clérigo natural desta villa, 
con doce capellanes y un capellán mayor dotado de rentas eclesiásti- 
cas anejadas á ella con bulas apostólicas, hicieron el oficio en vida del 
fundador, é por su muerte han sucedido pleitos sobre los beneficios 
anejados, de cuya causa cesa la dicha memoria. Mas abajo, en la mis- 
ma acera, está otra capilla que fundó Alonso López Bravo, cuya ad- 
vocación es de San Ildefonso. En el cuerpo de la iglesia está un entie- 
rro hecho vóbeda muy antiguo, ques de los Garci Albarez. Hay otros 
entierros, y memorias, y aniversarios, que vecinos desta villa han de- 
jado en esta iglesia.» 

* Cap. XIlIX. — «Al cuarenta y nueve capítulo decimos, que en 
esta Iglesia Colegial hay ocho dignidades, y el deán es perlado de 
ella; hay doce calongías, é doce raciones, é diez y seis capellanes; va- 
len dignidades y calongías á dos mil reales cada año, y las raciones á 
setenta ducados, y las capellanías á cuarenta, y subirá todo ello mas 
cuando vaquen algunos beneficios anejados á esta iglesia, que agora 
los gozan sus dueños.» 

* Cap. L. — «Al cincuenta capítulo decimos, questa Iglesia fue solo 
parroquial; tenía cuatro beneficios con el cura, é mas un préstamo, é 
un año con otro valían, de trescientos ducados arriba, los cuales están 
anejados á esta Colegial, escepto uno de los cuatro, que se le tiene su 
dueño.» 



S3 



4l8 APÉNDICES 



* Cap. LI.— «Al cincuenta y uno decimos, que en esta iglesia hay 
mas de tres mil reliquias, entre las cuales están las cabezas de Sanct 
Albin y de San Alejandro, é dos costillas de los santos mártires Justo 
y Pastor, ¿ dos guesos grandes de las once mil vírgenes, ¿ guesos de 
San Zenon, é de otros diez mil y doscientos y tres mártires sus com- 
pañeros, que padecieron martirio en Roma, donde agora es la capilla 
d'escala zeli, y están en el calendario á 9 de julio. Una cabeza de las 
once mil vírgenes, un pedazo de la columna de Cristo Nuestro Reden- 
tor, una cabeza de Santo Albino^ obispo y mártir; un brazo de San 
Bartolomé, cuyo cuerpo está en Roma en el monasterio del Señor San 
Francisco; una costilla de San Lorenzo; un pedazo de la canilla de 
San Bartolomé apóstol; un pié de un Inocente, é otras nluchas é no- 
tables, que por no ser largas no se especifican.» 

* Cap. LII. — «Al cincuenta y dos capítulos decimos, que en este 
pueblo no hay otras fiestas, ni dias de ayuno que los que en todo este 
arzobispado, según orden de la Sancta Madre Iglesia se guardan é 
ayunan.» 

* Cap. LIII. — «Al cincuenta y tres capítulo decimos, que en esta 
villa de Pastrana hay dos monasterios de frailes, uno del Seráfico San 
Francisco de mas de treinta frailes; otro de descalzos de la Orden de 
Nuestra Señora del Carmen, con veinte frailes y mas. No tienen nin- 
guna renta; hay un monasterio de monjas de Nuestra Señora de la 
Concepción: tiene de renta ciento y cincuenta mil maravedís en dine- 
ro, é trescientas fanegas de trigo, del cual monasterio, y de ios frailes 
descalzos, son fundadores los Excmos. Príncipes Ruy Gómez de Silva 
é doña Ana de Mendoza y de la Zerda, su mujer; y el de San Francis- 
co solía estar en Baldemoraies junto al bergel que en esta descripción 
va dicho, de la Reina Berenguela, y un Maestre de Calatrava de cuyo 
nombre no se tiene noticia le pasó á esta villa, donde agora está.» 

* Cap. LIV. — «Al cincuenta y cuatro capítulo decimos, que en 
este pueblo hay dos hospitales, uno de Santiago y otro de Nuestra 
Señora de la Soledad. Hay una cofradía de la Misericordia, donde con 

{>oca renta y la limosna de los cofrades, se casan cada año seis guér- 
anas á cinco mil maravedís cada una.» 

* Cap. LV. — «Al cincuenta y cinco decimos, que no es pasagero 
lugar, ni hay ninguna venta en su término é jurisdicción.» 

* Cap. LVL— «Al cincuenta y seis decimos, aue en la heredad de 
Seber, ques deste concejo, solia ser pueblo y se aespobló luego queste 
concejo la compró, y la causa de despoblarse fue porque se pasaron á 
vivir en Escopete, que es allí junto, aldea arrabal desta villa.» 

* Cap. LvII. — «Al cincuenta y siete, y á lo demás escrito de mano 
que en la instrucción se pide decimos: que en esta villa se hace una 
feria cada año, desde primero de mayo hasta doce del, y dia miérco- 
les de cada semana se hace un mercado, franco y franqueado, é pues- 
to en los libros de los Saibados por S. M., lo cual compró ha poco 
mas de cuatro años los dichos Príncipes, en once mil y tantos cluca- 
dos; no renta por agora todo ello nada, porque está franqueado por 
su dueño. Concurre mucha gente á ello. Concedió esta feria y merca- 
do el Rey D. Felipe, nuestro señor de que dio su privilegio en forma.» 

* «Los lugares de este contorno son: Baldeconcha que es de Don 
Juan Calvete de doscientos vecinos arriba, y Fuente la Encina es de 
la orden de Calatrava y de la jurisdicción de este partido de Zorita de 
mas de seiscientos y cincuenta vecinos: Gueba de la misma Orden y 



APÉNDICES 419 



jurisdicción tendrá ciento y cincuenta vecinos: Hontova, de la misma 
jurisdicción, de mas de ciento setenta vecinos: Escopete aldea y arra- 
bal de esta villa: Yebra, de la misma jurisdicción de Zorita, de mas 
de trescientos y cincuenta vecinos. Zorita, que es del Señor de esta 
villa, veinte y cinco vecinos: Sayaton, aldea desta villa: Anguix, una 
fortaleza y despoblado con dehesa y bosque, es del Marqués de Mon- 
dejar. Hay otros lugares de Señorío que, para ir á ellos, se pasa por 
los dichos. También en este contorno está Moratilla, que es de la 
misma Orden é jurisdicción de Calatrava.» 

* «É lo susodicho es todo lo que en relación podemos decir, y se 
nos pide conforme á la relación susodicha, y lo firmamos de nuestros 
nombres en presencia de Gerónimo Torrontero, Escribano de Su 
Mag. é del Ayuntamiento desta villa, ante quien fuimos nombrados 
por los dichos Señores del Ayuntamiento, para hacer esta relación, 
la qual se acabó en Pastrana á veinte dias del mes de Mayo de mil y 
quinientos y setenta y seis años. — Miguel de Heredia. — Fabián 
Cano.» 

* En la relación transcrita son de notar aquí las inexactitudes si- 
guientes: 

* En el capitulo XXXVI se dice que el santo Fray Diego tomó el 
hábito en San Francisco, refiriéndose á San Diego de Alcalá, que 
era andaluz, y si bien estuvo en el convento citado no tomó el habito 
en él. 

' Melchor Cano, a quien se cita en el capítulo XXXVIIl, era de 
Tara neón. 

* Hay además alguna palabra que necesita explicación, ó es error 
de copia : 

* En el capítulo XXII se dice que se molía el trigo con regolfo (re- 
presa ó agua embalsada). 

* En el capítulo XXXVl se habla de troneras y salteras (saeteras, 
saetías?) 



Núm. n 




Balconete 



N la villa de Valconete, á diez y nueve dias del mes de Diciem- 
bre, año del Señor de mil quinientos y ochenta años, este dia 
)or ante mi Julián de la Peña, Escribano aprobado por el Consejo de 
Su Magestad, y público en la villa de Valconete, el magnifico señor 
Miguel García, Juez ejecutor por el Ilustre Señor el Corregidor de la 
ciudad de Guadalajara, requirió a ios Sres. Juan Peñuelas e Pedro 
Castillo, Alcaldes ordinarios de la dicha villa e á Juan del Rey, Regi- 
dor con las cédulas de Su Magestad e mandamiento del Señor Corre- 
gidor para que se cumplan, según y como en ellas se contienen, y lo 
pidió por testimonio, Escribano Miguel Sánchez, vecino de la dicha 
villa, y Lucas García, criado del dicho Sr. Miguel García, vecino de 
Guadalajara. 



4^0 APÉNDICES 



* E luego los dichos Señores Alcaldes y Regidor, visto y oido leer 
las dichas cédulas de S. M. Real, y mandamiento del señor Corregi- 
dor ; dixeron que lo aceptaban, aceptaron, y en cumplimiento de ello 
dixeron que para hacer la descripción é averiguación como S. M. man- 
da, nombraban y nombraron para ante quien pasó lo que declararen 
los que fueron nombrados y señalados para ello se nombran los dichos 
Señores Alcaldes, y para que declaren los dichos capítulos de la ins- 
trucción nombraban y nombraron á Lorenzo del Castillo el Viejo, é á 
Lorenzo Suarez Redondo, vecino de la dicha villa, que son personas 
mayores y hábiles y suficientes, buena razón y entendimiento para 
que declaren y depongan los capítulos de la instrucción, que el dicho 
Sr. Miguel García les entregó en molde por donde fuesen examinados, 
de todo lo cual yo el Escribano doy fé. Testigos los susodichos Pedro 
Castillo. Pasó ante mi Julián... de la Peña, Escribano. 

* • Declaración de Lorenzo Suarez Redondo : 

* Dicho Lorenzo Suarez Redondo, vecino de la villa de Valconet^, 
habiendo jurado en pública forma de derecho, y siendo preguntado 
por la Capitulación que está en molde, según por el dicho Miguel 
García fué presentada, dixeron é declararon lo siguiente : 

* i.° Primeramente al primero capitulo dixo : que sabe que la 
dicha villa se nombra y dice Valconete, y siempre se ha llamado así, 
después que él se acuerda porque es de edad de cincuenta años, y no 
ha oido decir que se llamase otro nombre, ni se ha llamado en otro 
tiempo, porque no lo ha oido decir mas que siempre se ha llamado 
Valconete y esto responde al primer capítulo. 

* 2.° Al segundo capítulo dixeron, que al presente sabe este que 
declara, que dicha villa de Valconete es de i8o vecinos, y no se acuer- 
da que ha^a sido de más vecindad en otro tiempo, antes ha sido de 
menos vecinos que al presente es, y si se ha aumentado es porque 
como es pueblo templado, se aumenta la gente y se casan en el pue- 
blo, y que los menos vecinos que se acuerda este testigo que ha habi- 
do, era 1 30 vecinos, y esto responde á este capítulo. 

* 3.° Al tercero capitulo dixo : nunca este que declara ha alcan- 
zado á saber ni oido decir cómo era este pueblo, ni de quién fué 
ganado, mas que de cuarenta años á esta parte sabe que ha sido del 
Marqués D. Rodrigo de Mendoza, Marqués de Montesclaro, y ha oido 
decir que sucedió en él por muerte de D. Iñigo de Mendoza, que fué 
Señor de la dicha villa, y después acá de hasta treinta años á esta 
parte ha sido de D. Juan de Mendoza, Marqués de Montesclaro, y por 
muerte del sucedió de diez años á esta parte, en un hijo que se dice 
del mismo nombre, que se dice D. Juan, y que no sabe ni ha oido de- 
cir otra cosa, y esto responde á este capítulo. 

* 4.** A la cuarta pregunta de este capítulo dixo: que. como dicho 
tiene, es villa y se llama del mismo nombre que se dice Valconete, y 
que ha oido decir á sus antepasados, y que asi es público y notorio 
que fué Aldea de Guadalajara, y se sacó cuando sacaron doce lugares 
en el Alcarria, y se hicieron Villas, y se eximieron y ansí es libre y 
jurisdicción por si, aunque esté en suelo de Guadalajara en todos los 
términos y jurisdicción como ellos mismos los de la ciudad pueden 
gozar y que no tienen voto en Cortes, porque la ciudad de Guadalaja- 
ra hacen todos los negocios ansí por las villas que fueron... como por 
los lugares en que están sujetos á la ciudad, cuando entran en Cortes, 
y esto responde á este capitulo. 



APÉNDICES 421 

* 5.'' Al quinto capítulo dixo, que esta dicha YÍlla de Valconete, 
está en el Reino de Castilla, donde clicen el Alcarria, de suso, á cuatro 
leguas de la ciudad de Guadalajara. 

* 6.** Al sexto capitulo dixo, que saben que la dicha villa de Val- 
conete, está lejos de fronteras de Reinos extraños, porque lo mas 
cerca que está de otro Reino, como es de Aragón y de Valencia, estará 
veinte leguas, y aue no es paso para Reino extraño, ni hay aduana en 
el, ni se hacen aduanas. 

* 7."* Al séptimo capitulo dixo : que las armas que el Marqués 
de Montesclaro pone, son de la misma manera de las que se pone el 
Duque del Infantado, porque son todas de una misma, y esto dice á 
este capitulo. 

* 8.<> Al octavo capitulo dixo: que en el tercer capitulo tiene 
declarado cuál es la villa, y de quién sucedió, porque fué de los conte- 
nidos en dicho capitulo, y ha sucedido en el dicho D. Juan de Men- 
doza, Marqués de Montesclaro, y esto responde á este capítulo. 

* 9.*» Al noveno capitulo dixo : sabe que la dicha villa de Valco- 
nete, está en el distrito de la Chancillería de Valladolid que hay hasta 
treinta y siete ó treinta y ocho leguas (a). 

* 10. Al décimo capitulo dixo : que los oficios Corregidor ó Go- 
bernador, ó Alcaldes ordinarios los provee el señor de la dicha villa, 
que siempre ha residido, y reside al presente en la ciudad de Guada- 
lajara, que es á cuatro leguas de la dicha villa de Valconete. 

* II. Al onceno capitulo dixo: que sabe que la dicha villa de 
Valconete, en lo Eclesiástico que es del Arzobispado de Toledo, y que 
es cabeza del Arzobispado, y Iglesia Catedral, y hay veinte leguas 
desde la dicha villa á Toledo, porque éste que declara las ha andado. 

* 12. Al doceno capitulo dixo: que no es de ninguna de las órde- 
nes contenidas en el capítulo, ni está en partido de ninguno de ello, y 
esto responde á este capitulo. 

/ 13. Á la trecena pregunta del capitulo dixo: que sabe aue el 
primero lugar que hay desde la dicha villa de Valconete hacia donde 
sale el Sol, es un lugar que se dice Retuerta, que es villa, y hay hasta 
un cuarto de legua pequeño, el cual está derecho, sin camino torcido 
á otra parte que no se arrodea cosa ninguna. 

* 14. Al catorceno capitulo dixo: que el primer lugar que hay 
á la parte del Mediodía es un lugar que se dice Irueste, que hay desde 
la dicha villa de Valconete al dicho lugar de Irueste hasta media 
legua camino derecho, sin arrodeo alguno, y esto responde á este 
capitulo. 

* i;. Al quinceno capítulo dixo : que el primer lugar que está y 
hay á la parte de donde se pone el Sol, es un lugar que se dice To- 
mellosa, que hay desde la dicha villa de Valconete, camino dere- 
cho, hasta otro, cuatro leguas poco más ó menos, que es camino 
derecho. 

* 16. Á los diez y seis capítulos, dixo: que el primer lugar que 



{a) Dice en su declaracióa el otro declarante Lorenzo del Castillo : 
«Que está la villa de Valconete en el distrito de la Chancillería de Valladolid; 
donde en grado de apelación van en los pleitos cuando quieren, y si quieren van 
ante el Señor, cada uno como Quiere y que hasta la Chancillería de Valladolid hay 
hasta cuarenta leguas poco mas ó menos. » 



422 APÉNDICES 



hay hacia la parte del Norte, es un lugar que se dice Archilla, y hay 
una legua pequeña yendo por camino derecho y esto responde a este 
capítulo. 

* 17. A los diez siete capítulos, dixo: que la dicha villa de Val- 
coñete está en tierra templada, y está plantada de heredades, de viñas 
y olivas, y aunque áspera tierra de cuestas y laderas y que no hay 
montes, smo es dos pedazos de monte de poca anchura para el reparo 
y albergue de los ganados de los carniceros (a). 

* 18. Á los diez y ocho capítulos dixo: que es tierra de leña me- 
dianamente, y que lo más que hay de cazas es liebres, conejos y per- 
dices, y que no hay otros animales por ser tierra rasa, que no hay 
montes, y esto responde á este capítulo. 

* 19. A los diez y nueve capítulos, dixo: cjue como dicho tiene, 
la dicha villa de Valconete esta en la Alcarria, y no hay sierras en 
ella, y que las que más cerca están son las sierras del Rey de la Ma- 
jestad, que hay 10 leguas hasta ellas, y van alargándose hasta la vera 
de Plasencia (b), y esto responde á este capítulo. 

* 20. A los veinte capítulos, dixo: que en la dicha villa de Val- 
conete no hay ni pasa por él rio caudaloso, ni tiene huertas porque 
en un valle que tiene, hay un arroyo que lleva agua para que pueda 
moler un molino, y va á dar á un rio que se dice Tajunia, pasado el 
lugar que decimos de Tomellosa á la parte de Poniente, en el cual se 
cria pesca de barbos y otros peces pequeños, y á dos leguas y media 
cae otro rio á la parte de dó sale el sol, que se llama Tajo, gue es cau- 
daloso, por donde llevan madera hasta Toledo, y el un rio y el otro 
se juntan con Jarama y Henares, cerca de Aran juez el Real, que todos 
son rios caudalosos y de la pesca susodicha. 

* 21. A los veintiún capitulos dixo: que la dicha villa de Valco- 
nete tiene fuentes de buena agua dulce junto al pueblo de donde se 
sustenta el pueblo, y según dicho tienen, por el valle va un rio donde 
hay un molino harinero de la dicha villa que muele con el agua del 
dicho arroyo (c). 

* 22. A los veintidós capítulos, dixo: que no tiene dehesas pri- 
vilegiadas, sino es dos pedazos de monte que tiene declarado, y que 
en los términos hay pocos pastos, sino es en las heredades y tierras 
que quedan vacías de un año para otro, y esto responde a este ca- 
pitulo. 

* 23. A los veinte y tres capítulos, dixo: que la dicha villa es 
pueblo de poco pan, porque está plantado de viñas y olivares por ser 
más para heredades que para coger pan, y por no haber pastos no 
hay ganados por el daño que harían en las heredades, y la sal se trae 
de acarreo de las Salinas de la Olmeda que están 10 leguas de la dicha 
villa de Valconete. 

* 24. A los veinticuatro capítulos, dixo: que en la dicha villa, ni 
sus términos, ni en la comarca, no hay minas de ninguna suerte. 



(a) El otro declarante indica que la tierra es áspera, de cuestas plantadas de 
vinas, olivos, montes, romerales y nogueras. Esta tierra es muy adecuada al cul- 
tivo del nogal. Ambrosio de .Morales habla de una noguera que había en el próxi- 
mo pueblo de Romaneos, la cual era tan grande que muchos pasajeros alargaban 
sus jornadas sólo por el gusto de verla, tanta era su nombradla. 

(t) Así es, formándola cordillera Carpeto Vetónica. 

(c) El otro informante llama á este arroyo de Penarrubia. 



1 



APENDIDES 423 



* 25. A los veinticinco capítulos, dixo: c}ue, como dicho tiene, 
la dicha villa está sita en la Alcarria y muy lejos de la mar, y lo más 
cerca estará más de cuarenta leguas, y esto responde á este capitulo. 

' 26. A los veintiséis capítulos, dixo : que en la dicha villa ni en 
su comarca, no hay cosa de lo contenido en este capitulo. 

* 27. A los veintisiete capítulos, dixo: que no hay cosa délo 
contenido en él, por estar en tierra... da (a). 

* 28. A los veintiocho capítulos, dixo : que la dicha villa de Val- 
conete, está sita en una ladera, cuesta áspera, frontera de cierzo, y no 
tiene cerca ninguna, y en tiempo de invierno le da poco el sol, y por 
la poniente de hacia el mediodía, tiene unas peñas altas con ventanas 
á manera de cobanchas, oue quieren decir, que en otros tiempos se 
abrigaban los moros en ellas (b). 

* 29. A los veintinueve capítulos, dixo : -que en la dicha villa no 
hay fortaleza ni torres fuertes, más de que á sus antepasados ha oido 
decir que á la parte de abajo de las dichas peñas, donde ahora hay 
edificios de casa, en un cerrillo de peña, abre un edificio de una torre 
que decian Alabaras, que ahora les dicen el Castillejo, y andando ca- 
bando en ello, allí cerca, se han hallado tres ó cuatro edificios só tierra, 
á manera de silos, las bocas angostas, y por la parte de abajo anchas, 
á manera de tenajas, y esto ha oido este testigo, pocos años há. 

* 30. A los treinta capítulos, dixo : que los edificios de casas en 
la dicha villa son de tapiería de tierra y de yeso, y de maderas de 
olmo y sauces, y cubiertos con tejas canales. 

* 31. A los treinta y un capítulos, dixo : que no hay cosa de lo 
contenido en el capítulo. 

* 32. Á los treinta y dos capítulos, dixo: que por oidas, ha oido 
acerca de lo que en el dicho capítulo se pide, es que en el término 
que agora es el de la dicha villa de Valconete, hubo una población en 
un valle que se dice Valdemanrique, y oue habia un edificio que de- 
cian que era la Iglesia, y que le decian áan Pedro, y á sus antepasa- 
dos oyó decir que se haoia despoblado porque hablan reñido dos 
hombres, que el uno le decian Ribero, y el otro Ribaldos, y mató el 
Ribero al Ribaldos, y lo habia llevado y sacado á cuestas á un camino 
destaladera arriba, por donde van á Valfermoso. que es un pueblo de 
la dicha villa de Valconete, y que lo habia enterrado en lo llano, cerca 
del camino, donde hoy dia hay un majano, con una cruz que la dicen 
la Crucera, y está entre término de la villa de Valconete, y de Valfer- 
moso, y se acuerda, que yendo á Valfermoso en procesión los de la 
dicha villa de Valconete, cuando llegaba allí, siempre decian un res- 
ponso, y así mismo les oyó decir á sus antepasados, que siendo Señor 
de la dicha villa de Valconete D. Iñigo de Mendoza tuvo cierta dife- 



(a) Contestó el otro declarante en esta forma : 

«Dixo que no hay fortalezas ni atarazanas, ni otra cosa de lo contenido en el 
capítulo.» 

{t) Dice Lorenzo del Castillo : 

«A los veintiocho capítulos, dixo : que la dicha villa está en una ladera áspera, 
frontera de Cierzo, y por la parte de hacia Ábrego, tiene una peña muy alta donde 
hay unas cobanchas, que dicen que en tiempo de moros, se abrigaban en ellas y 
á la parte de abajo hubo un edificio que decían era castillo y lo dicen el castillejo, 
V hará cuatro á cinco años que desvolviendo para hacer edificios de casas, se ha- 
lló edificios de como silos y que no hay cerca en él por ninguna parte mas de la 
dicha peña.» 



^24 APÉNDICES 



rencia con el Marqués de Mondéjar que era Señor de Valfermoso, 
visavuelo del que al presente es, sobre razón de ciertos mojones, don- 
de decian el llano de Valfermoso, y se cartearon sobre ello, y finieron 
en desaño á juntarse en la parte donde había la diferencia con mucha 
gente... y el otro para defenderlo cada uno por su parte, y que desde 

?[ue los clérigos de los dichos pueblos y de la comarca lo supieron, 
ueron con mucha instancia á poner paz entre ellos hasta tanto que 
los conformaron, y á donde se juntaron hoy dia se dice el término de 
la guerrilla; otrosí dijo, que en dicho término en su tiempo ha visto 
que haya habido muchas quebradas y hundideros en los cerros alre- 
dedor del término de la dicha villa de Valconete, especialmente entre 
el término de la dicha villa, y de Tómellosa, á cuarto de legua de la 
dicha villa, que hará cinco años que fué víspera de Nuestra Señora 
de Setiembre en el añode setenta y cinco, se hizo una quebrada é 
hundideros muy notable, que estaba unas peñas altas, frontera de 
solano, y al pié de las peñas en mucho trecho de tierra habia muchos 
y muy buenos olivares y tierras, y se hundió de tal manera que este 
año de ochenta años, siempre ha corrido de manera que tiene mas 
de tres tiros de ballesta donde se comenzó á hacer la quebrada, hasta 
la alda del dicho hundimiento, y mas de dos tiros de ballesta en an- 
cho que en ello de olivos habrá mas de cuatro mil pies de olivos bue- 
nos efe los mejores que habrá en los términos de la dicha villa, y mu- 
cha cantidad de tierras que fué cosa notable que le parece que en 
toda Castilla no hay otra cosa semejante á este hundimiento, en es- 
pecial haberse hecho en tiempo que no habia llovido, y en tiempos de 
Otoño, y hacer como hacia muchos calores de que hubo muchos per- 
juicios; lo que podría ser, {jorque cuando se iba hundiendo, echaba pol- 
varedas, como cuando el aire levanta el polvo por los caminos, y algu- 
nos de que iban á verlo se aterrorizaban y no osaban entrar en ello, y 
luego á pocos dias de como acaeció fué un fraile francisco á verlo, y 
entró buen pedazo en ello, y estándose quedo en una parte, vio como 
se iba alzando la tierra muy en alto, que cuando ha corrido estaba de 
condición que no podía salir, que se volcó la tierra con él, y quedó de 
condición que no le hizo perjuicio, y como habia otros allí le favore- 
cieron en anudarle á salir, y ansí después acá después de todo este 
tiempo ha ido corriendo hasta este año pasado de setenta y nueve 
años y en el valle y va alzándose la tierra, y se hacían requebrajos en 
el mismo valle por donde pudieran caber los hombres, y todo esto lo 
ha visto por vista de ojos, y esto responde á este capitulo (a), 

* 33. A los treinta y tres capítulos dixo: que no ha visto ni sa- 
bido que haya habido en la dicha villa cosa de lo que en el capítulo 
se pregunta. 

* 34. A los treinta y cuatro capítulos, dixo : que no ha sabido ni 
oído decir lo contenido en el dicho capítulo. 

* 35. A los treinta y cinco capítulos, dixo: que la granjeria que 
hay en la dicha villa para poderse sustentar, es labrar las heredades 
y cultivarlas, y que no hay otra granjeria ni de donde se puedan sus- 



(fl) Es muy curiosa la anterior noticia relativa á un fenómeno geológico muy 
natural en las condiciones de aquel terreno terciario. Hace pocos años ocurrió un 
hundimiento análogo en el mismo sitio áque se refiere el declarante. 



APÉNDICES 425 



tentar, si no es sus trabajos y de las heredades de viñas y oliva- 
res (a). 

* 3Ó. A los treinta y seis capítulos, dixo: que las justicias segla- 
res las pone el Señor de la dicha villa, y en cuanto á las Eclesiásticas 
no hay otras mas del mismo Cura, para que haya necesidad de juez; 
si no es para lo Eclesiástico, van al Vicario de Alcalá ó de Guada- 
la jara. 

* 37. A los treinta y siete capítulos, dixo: que la dicha villa de 
Valconete es de pocos términos por estar tan cerca de otros pueblos, 
y que no tiene privilegios ni franquezas, y esto responde á este capí- 
tulo (b). 

' 38. A los treinta y ocho capítulos, dixo: que en la dicha villa 
no hay iglesia más que la Parroquial, que se dice Nuestra Señora de 
la Zarza, donde todo el pueblo va á Misa y donde se entierran, y 
enmedio del pueblo hay una ermita del señor San Martin, que la sus- 
tenta un Cabildo que tiene vocación de guardar su dia, y esto respon- 
de a esta pregunta (c), 

' 39. A los tremta y nueve capítulos, dixo: que en la dicha Igle- 
sia no hay otro beneficio mas del Curato, ni de qué hacer mención, 
si no es que hay un hospital que tiene el Concejo do habitan los 
pobres. 

* 40. A los cuarenta capítulos dixo : que no hay de qué hacer 
relación, mas de lo que dicho tienen en el capítulo antes de este (d), 

* 41. A los cuarenta y un capítulos, dixo: que en la dicha villa 
hay devoción de guardar el dia de San Juan de Porta-latina, porque 
oyó decir á sus antepasados y por una mortandad se optó en que hi- 
ciesen doce cirios de un peso y una marca, y en cada uno pusiesen el 
nombre; y el que menos se gastase, que aquel tomasen por abogado 
y le guardasen su fiesta y le hiciesen ciertas procesiones, y así el que 
menos se gastó fué el del Sr. San Juan de Porta-latina, y le tomaron 
por abogado y le guardan su dia, y le hacen tres procesiones desde 



(a) Dice el otro, que tienen los de su pueblo «tanta cuenta en labrar las here- 
dades, que es pública voz y fama que por labrarlas tan bien, tienen mejor de comer 
que los comarcanos.» 

(b) Explicación de Castillo: «...que no tienen privilegios ni franquezas, sino 
es que entre la dicha villa de Valconete y Retuerta (que es á un cuarto de legua) 
de la parte de do sale el sol de las cumbres arriba, es término de entrambos pue- 
blos, y hay prevención en el que antes llegare aprender alguno, puede oir de la 
causa.» 

(c) Declaración de Castillo: «dijo: que no hay Iglesia Catedral, sino es una 
Parroquia de la advocación que se dice de Nuestra Señora de la Zarza, y que- no 
hay mas de Curato en ella, ni hay entierro de personas notables, sino es de un 
Cura que fué de Fray Francisco de Jiménez, Arzobispo de Toledo, que al tiempo 
que falleció el dipho Arzobispo, auedó en él el cargo de dar cuenta de todas las 
rentas, y fué Cura de la dicha villa, y de la villa de Valfermoso, y de Tomellosa, y 
de Retuerta, y de Fuente-Novilla, y Sacristán de Robredo de Chávela, y tenia un 
préstamo en la Iglesia de Auñón y al tiempo que falleciese mandó enterrar en 1á 
dicha Iglesia de Valconete, y tiene una piedra sobre su sepultura con su letrero, y 
se mandó enterrar como dicho es que habrá cuarenta años, y falleció viviendo en 
Pezuela donde también era Cura y esto responde á la pregunta.» 

(d) Versión de Lorenzo de Castillo: 

«A los cuarenta capítulos dixo: que no hay reliquias en la dicha villa, ni ermi- 
tas notables, sino es una que está en medio del pueblo, del Señor San Martin, qu« 
por devoción tienen un Cabildo de mas de cien cofrades en él, y guardan su fíesta 
y tienen su caridad de pan y vino, y vianda aquel dia, cada ano, y esto responde 
á esta pregunta.» 

54 



420 APÉNDICES 



tres dias antes, cada dia la suya ; y así mediante esto quiso Nuestro 
Señor cesar la mortandad, y ansimismo guardan el dia de la Concep- 
ción, porque se prometió y ^otó por otra mortandad, la cual fué en 
su tiempo de este que declara y se acuerda de ello, y el dia del Señor 
San Jorge y de Santa Bárbara los guardan por las tempestades todo 
con voto del pueblo, y esto responde á este capítulo. 

* /j2. A los cuarenta y dos capítulos, dixo: que no hay cosa de lo 
contenido en el capítulo de que da relación. 

* 43. A los cuarenta y tres capíiulos, dixo: que lo que tiene di- 
cho en este otro capítulo, no sabe otra cosa. 

' 44. A los cuarenta y cuatro capítulos, dixo: que no sabe otra 
cosa que ser notable en la dicha villa de Valconete, si no es haber 
oido un refrán que dicen ahora « holgarás, trotera, y no irás por bre- 
vas á Valconete;» y que se dice porque en una ladera entre la dicha 
villa y donde dicen la fuente del Chorrillo hay huertos é higuerales 
donde se cogen muchas brevas, y que de otro pueblo comarcano vino 
una muger por brevas, y cayó de una higuera abajo y se quebró una 
pierna, y desque la llevaron á su pueblo, y la vio el marido que iba 
coja, la dijo así: «jPese á tal! ahora holgarás, trotera, y no irás a coger 
brevas á Valconete;» y no sabe si ha oido decir otras cosas notables, y 
esto responde á los capítulos, y lo firmó de su nombre juntamente 
con el clicho Pedro Castillo, Alcalde ordinario en la dicha villa. — Pe- 
dro Castillo. — Lorenzo Suarez Redondo. — Julián de la Peña.» 



Nútn. 12 



El Empecinado en Auñón y la Alcarria {a) 

* « 1^ NVADIDA España por los ejércitos de Napoleón y ardiendo en 
'^^los pechos españoles la sagrada llama de la fe y el patrio- 
tismo, dichosamente adunados, viéronse los generales franceses en 
el caso de sujetar la Alcarria, teatro desde Setiembre de 1809 de las 
heroicas hazañas de D. Juan Martín el Empecinado, 

* »Las tropelías de que fueron victimas aun antes de aquella 
fecha los vecinos de aquellos pueblos, teníales en perpetuo y an- 
gustioso desasosiego. Tendilla había visto profanacfas sus iglesias 
y conventos, saqueadas las casas particulares y ofendidos sus habi- 
tantes de muy diversas maneras (¿). Por último, y según hemos visto, 



(a) Del folleto de D. Juan Catalina García, titulado El Madroñal de Auñón^ 
pág. 30. 

{b) El 15 de Enero de 1809 entraron los enemigos en Tendilla. Entonces fue 
cuando profanaron el sepulcro y cadáver del ilustre D. Iñigo López de Mendoza, 
primer conde de Tendilla, famoso en la conquista de Granada, y cuyos restos des- 
cansaban en el convento de Jerónimos de Santa Ana de dicho pueblo. Acerca de 
esta profanación el ilustre académico D. Vicente de la Fuente acaba de publicar 
en el Boletín de la Academia de ¡a Historia un interesante artículo con este epí- 
grafe : La calavera del conde de Tendilla, 



APÉNDICES 427 



en II de Junio penetraron en Auñón. Desde entonces eran frecuentes 
la estancia y transito de los enemigos en dicho pueblo. El Empecina- 
do, movido por su afán de socorrer a los infelices alcarreños y apro- 
vechándose de que el puente de Auñón era camino para pasar de la 
provincia de Guadalajara á la de Cuenca, donde también peleaba de 
continuo, ó en la que hallaba refugio, anduvo con frecuencia por estos 
lugares, por lo cual el agradecimiento de que entonces era objeto 
guárdase aún para su ilustre memoria en el corazón de los alcarre- 
ños (a). 

* ^Conociendo y estimando el general Hugo (b) que mandaba en la 
provincia las armas de José Bonaparte, la importancia estratégica del 
puente de Auñón y de las Entrepeñas, llevó allí sus tropas repetidas 
veces, mas siempre en vano, porque la pericia y el valor del gran gue- 
rrillero burlaban sus planes. Por fin rompió el francés los puentes de 
Trillo y Pareja, y puso en el de Auñón un destacamento fijo al ampa- 
ro de un fortín y de una batería. Para quitar este estorbo, mantener 
libres las comunicaciones entre ambas provincias y pasar á ambas 
orillas del Tajo, el general Villacampa y el Empecinado atacaron tan 
vigorosamente el puente y sus fortihcaciones en la mañana del 23 de 
Marzo de 1811, que la fuerza enemiga se vio en gran apuro para reco- 
gerse en la iglesia de Auñón, no sin dejar 100 prisioneros y muchos 
muertos y heridos. Intentaron los españoles vencedores someterla á 
sangre y fuego, pero la llegada de una columna francesa les hizo de- 
sistir de este propósito cuando ya estaban á punto de lograrlo (c). 
Pero el puente quedó libre en adelante.» 

* En el Libro de la Provincia de Guadalajara, página 129, añade : 
«En el espíritu patriótico de sus habitantes halló cooperación, soco- 
rros y obediencia, y en aquella indomable afición á la guerra que 
siempre han mostrado los alcarreños. encontró el modo de reunir tro- 
pas aguerridas, más dispuestas á recoger la palma del vencimiento 
que la humillación de la derrota. 

" «Ayudóse, pues, el heroico guerrillero de gente del país, donde 
sin descanso luchaba. La mayor y más escogida parte de sus soldados 
eran nacidos en nuestro territorio, y de entre ellos escogió con acierto 
singular jefes de mérito y en quienes el valor más impetuoso no daña- 
ba a la astucia militar, tan necesaria en acuella guerra. De estos jefes 
que sirvieron á las órdenes del Empecinaao, debe citarse aquí á don 
Marcelo Dávila, natural de Valdenoches, y á D. Nicolás Isidro, de 
Úsanos, que ha muerto ciñendo la faja de teniente general, después 
de desempeñar los cargos más elevados en la milicia 1^¿¿). 



(a) El Empecinado es uno dolos héroes de mayor fama en la Alcarria. Durante 
la guerra fué un verdadero ídolo y cuéntase que tuvo en aquella comarca algún 
amorío. En calurosos términos expresó el amor de los alcarreños al célebre gue- 
rrillero D. Santiago López^ natural de Hontova (Alcarria), a] dedicarle su Historia 
y Tragedia de los Templarios. (Madrid. 1813, imprenta de la viuda de Aznarl). 
Este libro lleva al frente un retrato del Empecinado, á caballo y en actitud de 
derrotar á los franceses. 

(b) Era padre del gran poeta francés Víctor Hugo. 

(c) Apuntes de la vida y hechos militares del brigadier D. Juan Martin el Empe- 
cinado, por un admirador de ellos. Madrid. 1814. imprenta de Villalpando. 

{d) Estaba estudiando en Alcalá cuando sentó plaza de voluntario con otros 
muchos estudiantes. Las noticias de Alcalá son que estudiaba Teología y estaba 
de fámulo en el Colegio titulado de Málaga. 



428 APÉNDICES 



* »Puede decirse que apenas pasó día, mientras el Empecinado 
estuvo en la provincia, que no mantuviese algún combate contra los 
franceses, y aunque como es natural, alguna vez fué vencido, casi 
siempre cogió el lauro de la victoria. Por tanto, no hay rincón ni pue- 
blo que no haya sido teatro de su constancia y de sus hazañas, asi 
como del esfuerzo de sus soldados. Uno de los primeros encuentros 
que sostuvo gloriosamente contra los imperiales fué en Solanillos, 
donde derrotó una fuerte columna á la que acuchilló hasta las calles de 
Brihuega. Los puentes de Trillo, Pareja y principalmente el de Auñón, 
fueron una y otra vez testigos de su actividad y de sus victorias. 

* »En las alcantarillas de Fuentes, bajo los muros de Sigüenza y 
Molina, en CogoUudo, en el monte de Atienza, en las calles de Azu- 
queca, humilló la altivez de los soldados de Napoleón y de algunos 
malos españoles que para perseguir el Empecinado organizaron con- 
traguerrillas.» 



Núm. 13 



Historiadores más notables de Cuenca y su provincia 

* J Juan Pablo Mártir Rizzo, presbítero, natural de Madrid, residente 
^J en Cuenca, y familiar de los marqueses de Cañete. 

* «Historia de la muy noble y leal ciudad de Cuenca», impresa en 
Madrid en un tomo en folio de 328 páginas: año de 1629. Imprenta de 
los herederos de la viuda de Madrigal. 

* «Polyencomio de la ciudad y obispos de Cuenca y condes de Be- 
navente», por D. Pedro de Solera y Reinoso. — Cuenca, 1624, un tomo 
en 4.*^, citado por D. Nicolás Antonio. 

* «Noticia de todos los ilustrísimos Señores obispos que han regido 
la diócesis de Cuenca... con muchas curiosidades referentes á la Santa 
Iglesia catedral, y á esta ciudad y su provincia.» Un tomo en 4.*» por 
D. Trifón Muñoz Soliva, Canónigo Magistral: impreso en Cuenca 
en 1860. 

* El autor, á quien no faltaba talento, pero sí buen gusto, publi- 
caba las biografías de los Prelados y sucesos de la Diócesis en el Bole- 
tín eclesiástico, y luego los compaginó en un tomo. 

* El mismo publicó desde 1866 á 68 en dos tomos voluminosos 
«la historia de la muy noble, leal é impertérrita ciudad de Cuenca y 
del territorio de su provincia y obispado.» Es obra de pésimo gusto, 
y con el defecto capital de casi todas nuestras historias locales, que 
no saben hablar de lo que pasó en tiempo de un Rey sin hablar del 
mal desque éste murió á mil leguas del pueblo cuya historia escriben. 
El tomo I consta de 62.^ páginas: el II de 1056. 

* «Descripción física, geológica y agrológica de la provincia de 
Cuenca,» por el ingeniero de minas D. Daniel Cortázar, en 1875. Es ^^^' 
bajo muy curioso y forma parte de las «Memorias de la Comisión del 
Mapa geológico.» 

* El Excmo. Sr. D. Fermín Caballero publicó desde 1868 á 1876 



APÉNDICES 429 



SU preciosa colección biográfica de «Conquenses ilustres» con las vi- 
das de Hervás, Melchor Cano, Montalvo y los Valdés; en otros tantos 
tomos en folio menor. 

* En 1868 publicó otro folleto titulado «La imprenta en Cuenca.» 
En 1878 D. José Torres y Mena, abogado y exdiputado, publicó 

las «Noticias conquenses» en un tomo en 4.*» de 880 paginas, impreso 
en Madrid. Es obra muy curiosa y metódica, sobre todo en la parte 
estadística y geológica, utilizando los datos del Sr. Cortázar; pero 
pobre en la historia, nula en la artística , escéptica y burlona en la 
eclesiástica. Entre su obra y la de D. Trifón, de quien es censor inexo- 
rable, hay la diferencia de un familiar del Santo oficio á un miliciano 
del año 1837. 

* Acerca de las obras manuscritas é inéditas más ó menos cono- 
cidas, puede verse el «Diccionario bibliográfico, histórico de los anti- 
guos reinos, provincias, ciudades, etc.», por D. Tomás Muñoz, impre- 
so en 1858. Los más importantes son, la historia de la ciudad de 
Cuenca por el licenciado Baltasar Porreño, cura de Sacedón, y otro 
de «Cosas notables de Cuenca y su obispado.» 

* La «Estoria de Conca» que escribió el venerable Giraldo, es un 
centón de embustes y apócrifo desde la portada, pues supone chanci- 
ller del Rey al tal Giralao que; nunca lo fué. 

' Aún es más embustera la «Historia de la ciudad de Cuenca» por 
el P. Román de la Higuera, que desde el colegio de Belmonte infestó 
de patrañas esta provincia. 

* Allí se pueden ver asimismo las otras Memorias, viajes, etc., que 
tratan de Cuenca y su provincia, en especial D. Antonio Ponz en el 
tomo III de sus viajes, tercera edición en 1789, y las Memorias polí- 
ticas j económicas de España, por D. Eugenio Larruga, en 1792, y 
las Vidas de San Julián, obispo efe Cuenca, que contienen no pocas 
noticias de esta ciudad y su santa Iglesia. 

* Posteriormente se ha publicado de 1865 á 1871 la colección de 
Memorias, titulada: «Crónica general de España,» en que se publicó 
la de Cuenca en 76 páginas, con varios retratos y vistas tomadas de 
las que publicó Parcerisa en los «Recuerdos y bellezas de España», 
que se reproducen y aumentan en este tomo. 



Nútn. 14 



Historiadores de Guadalajara y su provincia 




LONso Núñez de Castro: «Historia eclesiástica y seglar de la 
muy noble ciudad de Guadalajara.» Madrid, 1653. Un tomo 
en tono. 

* D. Luís Salazar y Castro supone que Núñez de Castro se apro- 
pió la obra del P. Hernando Pecha, titulada: «Historia de Guadalajara 
y fundación de la orden de San Jerónimo y genealogía de los Duques 



430 APÉNDICES 



del lofantado;» inédita y manuscrita. Que la conoció y utilizó parece 
indudable, pero no que sea la misma. 

* «Historia de la muy nobilísima Ciudad de'Guadalajara,» dedicada 
á su Ilustrisimo Ayuntamiento, por D. Francisco de Torres, su Regi- 
dor perpetuo. Es obra manuscrita ¿ inédita, y se conserva en la Bi- 
blioteca Nacional. De esta se han sacado copias para el Ayuntamiento 
y Biblioteca del Instituto. Tiene muchos errores en lo relativo á cosas 
antiguas, pues el autor se fió mucho de los falsos Cronicones. 

" «Antigüedad de Guadalajara» por el P. Fr. Baltasar Campuzano, 
de la Orden de San Agustín. Madrid, 1661, un tomo en folio. La cita 
Nicolás Antonio. 

' Don Eugenio Larruga, tomos xiv al xvi de sus Memorias polí- 
ticas y económicas. 

* «El libro de la Provincia de Guadalajara», por D. Juan García 
Catalina, su Cronista. — Guadalajara, imprenta provincial: 1881. Un 
tomo de 184 páginas en S.® 

* «El Madroñal de Auñón», folleto en 4.'', de 44 páginas, contiene 
también muchas y muy curiosas noticias de otros puntos de la Pro- 
vincia. 

* Otro tanto sucede con el precioso libro « Historia de Pastrana y 
sucinta noticia de los pueblos de su partido, por D. Mariano Pérez y 
Cuenca, Prebendado de la antigua iglesia Colegial. — Madrid, impren- 
ta de Aguado, 1871. — Un tomo en 8.^* mayor de 374 páginas. — Contiene 
noticias curiosas no solamente de Pastrana y de su partido, sino de 
otros de la Alcarria. 

* Él mismo ha escrito otro folleto titulado «Recuerdos Teresianos 
en Pastrana.» 

* En las notas se citan algunos otros que contienen noticias loca- 
les al hablar de las imágenes aparecidas. 

* D. Camilo Pérez Moreno ha escrito otra de «la, Virgen de la 
Peña de Brihuega», con noticias muy curiosas acerca de esta intere- 
sante población. Madrid: Asilo de huérfanos: 1884. Un cuaderno de 
144 páginas. 

" En la Crónica general de España se publicó el año 1869 ^^ ^^ ^^ 
provincia de Guadalajara por D. José Mana Escudero, en 68 páginas 
en folio, con los dibujos de Parcerisa. 



Ii^oia^ 



PÁGINAS. 

GUADALAJARA V 

* Introducción v.i 

Capítulo PRIMERO. — Guadalajara antigua 19 

* Cap. II. — Guadalajara en su estado actual. — Sus vicisitudes en la se- 

gunda mitad de este siglo Sy 

Cap. III. — Monasterio de Lupiana 87 

Cap. IV. — La Alcarria. — Pastrana. — Zorita 93 

* Cap. V. — Señoríos de Pastrana, Mondéjar y Tendilla lob 

* Cap. VI, — Brihuega. — Sus tradiciones antiguas y recuerdos modernos. 121 

* Cap. VII.— Efigies de la Virgen y santuarios célebres en Brihuega y 

señoríos adyacentes i35 

* Cap. VIII. — Señorío de Cifuentes.— Gárgoles.— Trillo y sus baños. — 

Ruinas del Monasterio de Ovila. — Las tetas de Viana. — Los otros 

baños de Sacedón y la Isabela. — Las ruinas de Recopolis. . . . 143 

* Cap. IX.— Monasterios de Sopetrán y Valfermoso. — Hita, Cogolludo, 

Jadraque y Hiendelaencina i33 

Cap. X.— Atienza 161 

Cap. XI. — SigUenza. — La catedral i65 

* Cap. XII.— SigUenza: la ciudad 195 

Cap. XIII. — Molina de Aragón 209 

* Cap. XIV.— Señorío de Molina 217 

Cuenca 227 

Cap. i. — Descripción general de la provincia 229 

Cap. II. — Cuenca 243 

* Cap. III. — Cuenca en su estado actual. — Su partido judicial. . . . 299 

* Cap. IV. — Cañete. —Su señorío: patria de D. Alvaro de Luna. — Villa 

de Moya : su señorío y vicisitudes. — Huélamo : la frontera de Ara- 
gón y el nacimiento del Júcar y otros ríos. — Lagunas y sierras. — 

Valdemeca. 3o7 

* Cap. V. — Priego y su partido. — Serranía de Tragacete. — Alvar Fáñez 

en tierras de Cuenca. — Alcantud. — Gascueña 3i5 



4^2 ÍNDICE 

PÁGWAS. 

Cap. VI.— Huete 323 

* Cap. vil — Partido judicial de Huete. — Condado de Buendía: los 

Acuñas. — Carrascosa : sus antigüedades. — Mazarulloque : la sierra 

de Altomira y sus recuerdos carmelitanos 329 

Cap. VIII.— Uclés y la orden de Santiago en Castilla. ...... 335 

* Cap. IX. — ^Tarancón ; su partido judicial ; personajes célebres por su 

saber ; otros por sus travesuras. — Noticias acerca de otras villas 

importantes 333 

Cap. X. — Ruinas de Cabeza de Griego. — Ergávica. — Villaescusa. — Bel- 

monte 36i 

* Cap. XI. — Partido judicial de Belmonte. — Montalvo. — Cervera y su 

moderno condado 3^5 

* Cap. XII. — San Clemente. — La casa y señorío de Villena. — Castillo de 

Garcimuñoz. — Muerte de Jorge Manrique : sublevación de este te- 
rritorio contra el marqués de Villena. — Cañavate. — Santa María del 
Campo. — Vara del rey y Sisante 379 

Cap. XIII. — Alarcón: su señorío. — Motilla del Palancar. — Villanueva 
de la Jara : fundaciones de Santa Teresa y la penitente Cardona. — 
Iniesta y el marquesado de Villena. — La Minglanilla y su gran salina. 
Conclusión 389 

Apéndices 397 



« 



PLANTILU PARA LA COIOCACIÚN DE LAS LÁiNAS 



GUADALAJARA. Tipo de campesino xiv 

» Palacio del Duque del Infantado 22 

» Patio del Palacio del Duque del Infantado. 38 

COGOLLUDO. . Palacio de los Duques de Medinaceli 157 

I' CUENCA. . . . Tipo de campesina 238 



ERRATA NOTABLE: 

A la cabeza del apéndice n.<* 8, se lee: «Noticias de Pastrana y Baleonete....» 
debiendo decir: aNoticias de pueblos de Guadalajara y Cuenca....» 



3 2044 03S 955 327 



"CrSf.^a, 



witjuí j¿ ro